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- La gracia común y la gracia especial
Para un gran numero de teólogos de tradición reformada, la doctrina mas importante de la reforma fue la de la gracia común. Fue esta doctrina la que trajo una revolución social y cultural a la Europa del siglo XVI-XVII. En este articulo quisiéramos dar una breve introducción a la doctrina de la gracia común y la gracia especial. El Espíritu y la gracia común La gracia común es el favor general de Dios por medio del cual restringe el pecado y sus consecuencias, mantiene la vida y la cultura humanas, y otorga una serie de dones y bendiciones a todas las personas de manera indiscriminada. La gracia común es la gracia por la cual Dios se preocupa de la creación y la humanidad caída sosteniendo y guiando providencialmente a la creación a pesar de los efectos devastadores de la caída. Dejada a su suerte, el pecado habría destruido y diezmado la creación. Pero Dios no dejó a la creación ni a la humanidad solos, permitiendo que el pecado causara estragos. Por lo tanto, después de la caída, mediante la obra del Espíritu Santo Dios sostiene la creación interponiendo su gracia. A diferencia de la gracia especial, por la cual Dios renueva y redime a su pueblo, la gracia común refrena el pecado, mantiene la vida y la cultura humanas, y otorga dones a todas las personas indiscriminadamente. Este favor común no es salvífico. No puede renovar ni redimir; solamente puede restringir y forzar. Aun así, se trata de un aspecto de la providencia de Dios y se considera gracia, y con razón, ya que se refiere al sostenimiento inmerecido y misericordioso del orden creado por parte de Dios y la benevolencia general de Dios hacia la humanidad después de la caída. En las Sagradas Escrituras el sostenimiento misericordioso de la creación tras la caída está estrechamente relacionado con el pacto noético (Gn 9:8–17), en el que Dios no sólo promete no destruir el mundo nunca más mediante un diluvio, sino que también promete sostener y mantener el orden creado a pesar del pecado de los seres humanos. Si bien está relacionado con el pacto noético, el sostenimiento de la creación por Dios y la benevolencia general hacia toda la humanidad después de la caída es evidente en toda la Biblia. Dios está presente con sus criaturas, revelándose a la humanidad por las obras de sus manos de una manera general (no especial o salvífica) (Hch 17:24–28, Rom 1–2, Sal 19). A los malvados se les muestra gracia (Is 26:10). La creación funciona de acuerdo con su diseño (Sal 104). La lluvia cae sobre justos e injustos (Mt 5:45). Las habilidades, poderes y virtudes se consideran dones de Dios (Stg 1:17). La cultura, el arte y las instituciones sociales se mantienen y sirven al bien de la humanidad (Rom 13:4; Ap 21:24–6). En definitiva, las Escrituras muestran que todo lo bueno y hermoso tiene su origen en Dios. Él es quien sostiene y guía su creación. Sin embargo, la gracia común no es suficiente para traer salvación. Puede que restrinja los efectos del pecado y permita que haya cosas buenas y bellas dentro de la cultura y la sociedad, haciendo así posible el desarrollo cultural y cierta medida de florecimiento humano, pero no puede renovar el alma ni quitar la culpa del pecado y redimir a la humanidad caída. Por consiguiente, la gracia común es tan sólo un aspecto de la providencia de Dios; refrena pero no resuelve el problema del pecado. En la medida en que la gracia común mantiene la creación y la humanidad, es el fundamento de la gracia especial. De este modo, la gracia común también se puede considerar como la sufrida paciencia e Dios (la postergación de su juicio), para que pueda actuar a través de Cristo para redimir a su pueblo (2 Pe 3:9), y, en Cristo, toda la creación es verdaderamente restaurada. La doctrina de la gracia común es teológicamente significativa porque permite a los cristianos afirmar y deleitarse en la bondad, la belleza y el valor de la creación y la cultura, al mismo tiempo que reconocen la seriedad del pecado. Incluso después de la caída, hay un valor inherente en la creación de Dios. La gracia no se opone ni entra en conflicto con la naturaleza; se opone al pecado Así pues, la doctrina de la gracia común proporciona la base para una teología de la cultura que no repudia el mundo (ascetismo) ni lo abraza (mundanalidad). Los cristianos pueden apreciar y deleitarse cuando observan la verdad, la moralidad, los actos de bien cívico y la belleza (etc.) en la cultura y la sociedad como regalos de Dios. Pueden utilizar estos dones con frecuencia mientras trabajan junto a los no creyentes. Sin embargo, la realidad del pecado y sus consecuencias permanecen. La gracia común no redime. Ninguna de las buenas acciones de las criaturas caídas, ninguno de los elementos bellos que hay dentro de la cultura, pueden redimir o renovar el corazón; para eso hace falta la gracia especial de Dios. Esto significa que la doctrina de la gracia común también orienta nuestra adoración. En la doctrina, a los cristianos se les recuerda que deben dirigir sus ojos hacia el Dador en lugar de centrarse en sus dones. La doctrina de la gracia común no solo afirma la bondad de la creación sino, lo que es más importante, lleva al cristiano a adorar al Dios que sostiene su creación y la dirige después de la caída. Pasajes clave Gn 8:20–22; Gn 9:1–3; Is 26:10; Sal 104; Mt 5:45; Lc 6:35–36; Hch 14:16–17; Col 1:15–17; Stg 1:17; Ap 21:24–26 El Espíritu y la gracia especial La gracia especial es el favor inmerecido e irresistible de Dios mediante el cual él redime y renueva, salvando a los pecadores y restaurando la creación a través de la obra de Cristo y por el poder del Espíritu. La gracia es el favor inmerecido de Dios otorgado libremente a la humanidad caída. Toda bendición y don encuentra su origen en la gracia de Dios. Sin embargo, mientras que la gracia de Dios es una, se distingue entre gracia especial y común. Esta última se refiere al favor general de Dios, por el cual él restringe el pecado y sus consecuencias, mantiene la vida y cultura humanas, y otorga dones y bendiciones a todos de manera indiscriminada. La primera se refiere al favor especial de Dios, mediante el cual él redime y renueva, salvando a los pecadores y restaurando la creación por la obra de Cristo a través del poder del Espíritu. La gracia común restringe e impulsa, pero la gracia especial redime y renueva. La gracia común se da a todos; la gracia especial se limita a los elegidos. Es especial no sólo porque es salvífica, sino porque es específica y sólo se concede libremente al pueblo de Dios. Las Escrituras dan testimonio de la obra misericordiosa de Dios para redimir a su pueblo y restaurar a su creación caída de las consecuencias del pecado. Como tal, relaciona estrechamente la gracia especial de Dios con su consejo y elección eternos (Is 46:10, Ef 1:11, Lc 7:30, Hch 20:27), establece el pacto de la gracia como la forma que asume la gracia especial (Gn 17:7; Dt 4:31; Rom 11:1–2), identifica a Cristo como el mediador del pacto (2 Cor 1:20; Rom 3:24; Heb 9:20), da testimonio del poder del Espíritu al aplicar la obra de Cristo (Jn 3:3–5; Tito 3:5) y apunta a la renovación completa de todas las cosas en el éscaton (Rom 8:22–24; Ap 21–22). El origen de la gracia especial es Dios, y es únicamente a través de la revelación especial que su gracia especial se da a conocer. De él fluye una gracia especial hacia su pueblo, y en ella manifiesta su bondad y amor a los que ha elegido. La Biblia muestra que su manifestación no puede separarse de la obra de Cristo que, como mediador del pacto, adquiere la salvación en la cruz (Rom 5:20–21). La Escritura revela que la obra de redención de Cristo se aplica al creyente a través de la obra del Espíritu. Por lo tanto, la aplicación de la gracia especial al creyente está íntimamente relacionada con la misión del Espíritu Santo. La gracia especial es pura gracia. No surge de nada que pueda haber en el indigno destinatario. Es sólo por gracia que uno se salva, a través de la fe, que también es un don de la gracia (Ef 2:7–9). Dentro de las tradiciones agustiniana y reformada, la gracia especial se concibe como un don irresistible y eficaz de Dios que está enraizado en su consejo eterno y cambia el corazón de los creyentes para que se vuelvan voluntariamente a Dios (Jn 10:3; Rom 8:30). Así pues, la gracia especial no es una fuerza determinista, sino un don que renueva y restaura de tal manera a la persona que, una vez que la recibe, no puede resistirse a sus efectos. Por último, teniendo su origen en Dios, la gracia especial renueva a los creyentes desde dentro, los redime de la culpa y el castigo del pecado, los limpia de la contaminación del pecado (Fil 1:6) y les da dones espirituales (Gal 5:22–23). Por lo tanto, la gracia especial de Dios no sólo salva a los pecadores de la pena del pecado, sino que también renueva y restaura lo que fue corrompido por la caída. La gracia restaura la naturaleza. Mientras que en las tradiciones agustiniana y reformada, la gracia especial es irresistible, eficaz y se distingue de la gracia común, en la tradición wesleyana-arminiana, la gracia salvadora (justificadora) es resistible y se distingue de la gracia preveniente y santificante. La gracia preveniente de Dios se considera un don universal e inmerecido que precede y permite a la voluntad volverse hacia Dios. Es un don necesario debido a la incapacidad de la humanidad pecaminosa para volverse a Dios, pero no es efectiva y, por tanto, se la puede resistir. La gracia justificadora se produce cuando alguien responde libremente y se vuelve hacia Dios, aceptando la oferta de salvación. La gracia justificadora o perdonadora redime a los creyentes, salvándolos de la culpa y el castigo del pecado. La gracia santificadora, que sigue y fluye de la gracia justificadora, renueva y restaura a los creyentes desde dentro, otorgando dones espirituales y limpiando a los creyentes de la contaminación del pecado. La gracia especial es una doctrina de significado inconmensurable para los creyentes, porque por gracia Dios otorga el don inmerecido de la salvación (Gal 2:21). Además, la gracia especial también muestra que la salvación, aunque concreta, es integral. Dios actúa para redimir y restaurar todo lo que fue corrompido y contaminado en la caída, una obra que finalmente se completará en el éscaton (Ap 21–22). Pasajes clave Dt 4:31; Jn 1:16; Hch 15:11; Ro 3:24; Ro 5:15–21; Ro 11:6; Gl 2:21; Ef 1:11; Ef 2:8–9; Tit 2:11; Tit 3:4–7 Fuente: Gayle Doornbos, «El Espíritu y la gracia común», en Sumario Teológico Lexham, ed. Mark Ward et al. (Bellingham, WA: Lexham Press, 2018).
- El Reino de Dios
Según el testimonio unido de los sinópticos, el primer mensaje de nuestro Señor sobre su aparición en público fue la proximidad del reino de Dios, Marcos 1:15; Mateo 4:17; Lucas 4:19. El cuarto evangelio en la medida en que concuerda con esto, que muestra a Jesús al comienzo de su ministerio al presentar el tema del reino a Nicodemo, Jno. 3:3. Pero, mientras que en los sinópticos el reino sigue siendo el tema central con el que todos los demás elementos de la enseñanza de nuestro Señor están más o menos claramente relacionados, en los discursos joánicos no escuchamos más de él después de esta única referencia. Su lugar aquí lo ocupan otras ideas más abstractas, principalmente la de la vida. Lo primero que debe notarse en los pasajes sinópticos arriba citados es la ausencia de todo intento de definir lo que significa el reino de Dios. Jesús ocupa un terreno histórico desde el principio. Es el reino, el reino bien conocido con el que presupone familiaridad, no sólo por su parte, sino también por parte de sus oyentes. Nuestro Señor no vino a fundar una nueva religión, sino simplemente a marcar el comienzo del cumplimiento de algo prometido mucho antes. En el Antiguo Testamento, con frecuencia se representa no solo a Dios como el Rey del Universo, sino también como el Rey de Israel en un sentido redentor especial. Llegó a ser así en el momento de la liberación de Egipto y la organización de Israel sobre la base del pacto, Ex. 19:4-6, Deut. 33:4-5. En este sentido, el reino de Dios primero significó una relación presente y real entre Él y su pueblo, no algo cuya realización se esperaba en el futuro. Mediante la entrega sobrenatural de la ley y su administración y su dirección del curso de la historia, Jehová ejerce las funciones de Rey en Israel. Más adelante, sin embargo, la concepción del reino, sin perder su sentido anterior, adquiere un sentido claramente escatológico. Este desarrollo coincidió con el desarrollo de la profecía mesiánica, y ambos tuvieron lugar en dependencia de la institución y el desarrollo posterior del reino humano, especialmente el de la línea davídica. Cuando el rey humano fue instalado como vicegerente de Dios, se hizo evidente que en esta forma representativa la perfecta realización del reino no podía ser una cuestión del presente, sino que tendría que pertenecer al futuro. El reino se proyecta así en la era mesiánica. Es especialmente en el libro de Daniel donde esta idea se vuelve prominente. El reino futuro se describe aquí como el reino sobrenatural, universal y eterno del Dios del cielo que derrocará y reemplazará las grandes monarquías mundiales. En la literatura judía que se encuentra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento también encontramos que se habla del reino de Dios. Aquí nuevamente designa tanto el reinado de Dios ya existente sobre el mundo e Israel, como la futura extensión y aplicación de ese reinado en la era mesiánica. Aquí aparece por primera vez la frase ἡ βασιλεία τοῡ θεοῦ, cuya contraparte exacta aún no se encuentra en el Antiguo Testamento. Recientemente se ha sugerido que en el tiempo de la vida terrenal de nuestro Señor la frase no era de uso común para designar la suma de las expectativas mesiánicas, otras frases como «el eón venidero» son mucho más familiares, pero esto difícilmente se confirma por los mismos Evangelios, que en Lucas 17:20; Marcos 15:43 introduce la frase como popularmente conocida. Sin embargo, es muy posible que las mismas razones por las que nuestro Señor lo convirtió en la consigna de su evangelio, impidieron que se convirtiera en uno de los favoritos del judaísmo contemporáneo. Porque los judíos no estaban sumamente interesados en lo que iba a ser la era mesiánica desde su punto de vista más alto, ideal, teocéntrico, sino más bien en lo que iba a traerles el disfrute material, y este último el nombre de «reino de Dios» no expresó adecuadamente. Nuestro Señor nunca da el nombre de «reino de Dios» a la teocracia del Antiguo Testamento, sino que siempre denota con él la nueva forma que el reino de Dios asumirá en el futuro cercano o remoto. La ley y los profetas son hasta Juan, desde ese tiempo se predica el reino de Dios. En Mateo 8:12, los judíos son llamados «hijos del reino», no como poseedores reales, sino como herederos del mismo. Y en el mismo sentido Jesús declara que el reino de Dios les será quitado y entregado a otra nación, Mateo 21:43. De este modo, se adhiere al uso escatológico del Antiguo Testamento. Aquí observamos la misma diferencia en el punto de vista que cuando en Dogmática hablamos del único pacto de gracia en sus dos dispensaciones, mientras que la Escritura suele hablar de estos como dos pactos distintos, el Antiguo y el Nuevo. Además de la frase «el reino de Dios», que se encuentra en los cuatro Evangelios (también en Hechos, Romanos, I Corintios, Gálatas, Colosenses, I y II Tesalonicenses, II Timoteo), nos encontramos con la frase ἡ βασιλεία τω̄ν οὐρανω̄ν, que es peculiar de Mateo. Esta frase se ha explicado sobre la base de la costumbre judía de usar «cielo» como sustituto del nombre de Dios, en contra de pronunciar qué escrúpulos se abrigaban, y rastros de qué costumbre se encuentran incluso en el Nuevo Testamento. Compárese con Lucas 16:21; 20:4. Desde este punto de vista, las dos frases «el reino de Dios» y «el reino de los cielos» serían completamente equivalentes. La explicación es indudablemente correcta en la medida en que encuentra en el cielo un circunloquio de Dios. Pero no es probable que el motivo que llevó a Jesús a poner el uno por el otro fuera el deseo de evitar el uso del nombre divino como tal. El cielo representa a Dios no como un mero sustituto convencional, sino que agrega un nuevo elemento a la concepción expresada por este último. El cielo es el centro de toda influencia sobrenatural que se ejerce sobre el mundo inferior. Decir que una obra es hecha por Dios deja indeterminado el modo de su realización, decir que se hace desde el Cielo es la afirmación más fuerte posible de su origen estrictamente sobrenatural. Cielo significa Dios en un modo especial de actividad; compárese con Daniel 2:44; 7:13; Mateo 16:17; 18:35; Romanos 1:10; 1 Corintios 15:47; 2 Corintios 5:1-2. El cielo es también, como la morada de Dios, en relación con la tierra el modelo ideal al que todas las cosas de aquí abajo deben ajustarse. En este sentido, decir que una cosa es «del cielo» significa no sólo que es «de Dios» en general, sino en ese sentido específico en el que las realidades celestiales concuerdan con la naturaleza de Dios; compárese con Mateo 6:10. Finalmente, el cielo es en la conciencia de Jesús la meta hacia la que debe tender toda aspiración del discípulo en el reino; compárese con Mateo 6:19-21. Ya no es posible determinar la proporción exacta en que nuestro Señor usó las dos frases «reino de Dios» y «reino de los cielos». Parece probable que Mateo refleje más fielmente la preponderancia original del último nombre, y que Marcos y Lucas, escribiendo para los cristianos de los gentiles, hicieron un uso más libre del más inteligible «reino de Dios». También puede plantearse la cuestión de si en estas dos frases la palabra βασιλεία tiene el sentido abstracto de «reinado» o el concreto de «reino». En el Antiguo Testamento, el término hebreo correspondiente se refiere al uso regular de Dios de la autoridad real ejercida por Él. Este significado abstracto se adapta bien a la conexión cuando se dice que el reino en los Evangelios es proclamado o anunciado; también es suficiente cuando se predica un acercamiento, un estar cerca, una apariencia, o cuando se dice que los hombres lo ven y esperan. Pero es diferente cuando el evangelio habla de sentarse a la mesa, o comer pan en el reino de Dios, de un llamado o invitación al reino, de un ser apto o digno del reino, de ser cerrado o gente siendo expulsada de él, del reino como un bien que hay que buscar, que se da, se posee, se recibe, se hereda, se quita. En todos estos casos, la palabra ciertamente tiene asociaciones concretas. Tanto el sentido abstracto como el concreto, por tanto, encuentran apoyo en el uso de Jesús. La cuestión más importante relacionada con esta idea central de la predicación de nuestro Señor se refiere a la naturaleza exacta del orden de los asuntos designado por ella. ¿Quería decir con el reino un nuevo estado de cosas que de repente se realizaría en formas externas, más o menos en armonía con las expectativas judías actuales, o quiso decir con ello, principalmente al menos, una creación espiritual que se realiza gradualmente a sí misma de maneras invisibles? Por conveniencia, estas dos concepciones pueden distinguirse como la concepción escatológica y la espiritual-orgánica, siempre que se tenga en cuenta que estas dos no son ni lógica ni históricamente exclusivas. Sin embargo, es necesario hacer la distinción, porque en los escritos modernos ambos han sido a su vez llevados a un extremo en el que se vuelven exclusivos el uno del otro. La tendencia actual entre quienes creen que Jesús estaba condicionado por su edad y su entorno es a hacer su concepción del reino en gran medida escatológica. Por otro lado, donde se enfatiza fuertemente la originalidad y unicidad de la enseñanza de Jesús frente al Antiguo Testamento y el judaísmo y la doctrina apostólica, aparece la tendencia opuesta, a saber: eliminar tanto como sea posible los elementos escatológicos y atribuir para Él la idea de un reino enteramente espiritual e interno. Una revisión cuidadosa de la evidencia muestra que las concepciones orgánica y escatológica están presentes en la enseñanza de nuestro Señor. En referencia al aspecto escatológico, es casi superfluo establecer esto en detalle. Nuestro Señor habla repetidamente del reino como un estado de cosas que se encuentra completamente por encima de la esfera de la vida terrenal y natural, siendo tan diferente de las condiciones naturales que no podría evolucionar a partir de estas últimas mediante ningún proceso gradual; compárese con Mateo 8:11; 13:43; Marcos 14:25; Lucas 13:20, 29; 22:16, 29-30. Es más importante recopilar las referencias al reino como una realidad espiritual presente. En Mateo 12:20, Lucas 11:19, nuestro Señor apela a su expulsión de demonios por el Espíritu de Dios como prueba del advenimiento del reino. Según Lucas 17:20, declaró que el reino no viene con observación, sino que está entre los hombres o dentro de ellos. Y Lucas 16:16, hace que el reino comience desde los días de Juan el Bautista y suceda inmediatamente a la ley y los profetas como el nombre completo de la dispensación del Antiguo Testamento. Tanto la realidad presente como el carácter orgánico-espiritual del reino se enseñan más claramente en las parábolas del gran reino, Mateo 13, Marcos 4, Lucas 8. En varias de estas parábolas, el punto de comparación se toma de la vida vegetal, con el propósito expreso de ilustrar el modo orgánico de su aparición. Según los tres evangelistas, Jesús era consciente de haber revelado en estas parábolas un pensamiento relativamente nuevo sobre el reino, al que designa «el misterio del reino», Marcos 4:11. Este misterio, esta nueva verdad, podemos encontrarlo en la revelación de que el reino se realiza gradualmente, imperceptiblemente, espiritualmente, porque en comparación con las expectativas exclusivamente escatológicas judías, este era un pensamiento tan novedoso y sorprendente que bien podría llamarse un misterio. Algunos defensores modernos de la visión escatológica han tratado de escapar de esta conclusión asumiendo que en la forma original de las parábolas, tal como fueron entregadas por Jesús, no el reino de Dios sino la predicación de la palabra, como preparación para el establecimiento del reino, y que las fórmulas introductorias, tal como están ahora, fueron agregadas por los evangelistas, pero no hay evidencia crítica para apoyar este punto de vista. Estas fórmulas no son todas iguales y en parte tan idiomáticas que uno difícilmente puede dejar de detectar en ellas la manera de hablar de Jesús; comparar Marcos 4:30. Ambos aspectos del reino, así representados en la enseñanza de nuestro Señor, deben protegerse cuidadosamente de los conceptos erróneos actuales. La doctrina de un reino escatológico no debe confundirse con las expectativas judías ordinarias de la era venidera. Estos últimos eran nacionales, políticos, sensuales. Era inevitable que estas expectativas influyeran más o menos en la comprensión de lo que Jesús enseñó acerca del reino, no solo entre la gente, sino incluso entre sus discípulos. Pero no tenemos derecho a identificar las propias ideas de nuestro Señor con tales malentendidos. Lo que forma el contraste del reino de Dios en la mente de Jesús nunca es ningún poder político, ej., el de Roma, pero siempre un poder sobrehumano, a saber: el de Satanás. Los principios de la catolicidad más irrestricta del Evangelio se dan claramente en su enseñanza, aunque las conclusiones no se extraen formalmente, evidentemente porque no ha llegado el momento de hacerlo. Las declaraciones escatológicas sobre el reino están libres de todo sensualismo. Es cierto, nuestro Señor habla de la bienaventuranza futura en términos de comer y beber, sentarse a la mesa, celebrar un banquete, heredar la tierra. Pero debe recordarse que ya en el Antiguo Testamento tales descripciones a menudo se entienden en sentido figurado, que en algunos casos donde Jesús las emplea, el carácter figurativo está escrito en su misma cara, y que tenemos al menos una declaración explícita suya, que niega la continuación en el reino futuro de los placeres sensuales de esta vida presente, Marcos 12:25. Por otro lado, al comprender estas cosas espiritualmente, no debemos ir al extremo opuesto de vaciarlas de todo contenido sólido. En ese caso, toda diferencia entre el reino orgánico y el escatológico desaparecería. No tenemos derecho a creer que estas cifras se refieran exclusivamente a procesos internos. En contra de esto, es decisivo que nuestro Señor creía en una resurrección corporal. Según Él, el reino escatológico tendrá su propio entorno externo y sus propias formas externas de vida. Solo que estos deben ser de un orden superior a los que pertenecen al estado terrenal de existencia, por lo que prevalecen grandes diferencias entre los dos. Por tanto, al decir que Jesús habla en términos «figurativos», tomamos la palabra «figurativo» en el sentido específico que recibe del principio de paralelismo entre las esferas celestial y terrenal. Lo que Él dice acerca de las formas de vida eterna no se elige arbitrariamente, sino que se toma de cosas que en su misma naturaleza son una copia del mundo superior. Por lo tanto, dan una verdadera revelación acerca de ese mundo y, sin embargo, no están abiertos a la acusación de expresar una concepción sensualista del reino escatológico. Sin embargo, es igualmente necesario protegerse contra el concepto erróneo del otro lado de la enseñanza de nuestro Señor, el que se relaciona con el reino orgánico-espiritual. El hecho de que el reino tenga, en primer lugar, su asiento en la esfera interna, no implica en modo alguno que actúen aquí procesos puramente naturales. La circunstancia de que muchas de las parábolas del reino se hayan tomado del ámbito de la vida vegetal ha dado pie a este error. El punto de comparación, sin embargo, en estas parábolas no es en ninguna parte la naturalidad, sino en todas partes el carácter gradual e invisible del proceso. Tampoco debe confundirse el lado espiritual del reino con el puramente ético, como se hace a menudo en las representaciones modernas del sujeto. El reino orgánico no puede limitarse al ámbito ético. Se extiende mucho más allá e incluye mucho más que «la actividad recíproca de la humanidad sobre el principio del amor». Se asocia en la enseñanza de Jesús con numerosas cosas que, si se hace una distinción entre ética y religión, habrá que llamarlas específicamente religiosas. En la oración del Señor, las peticiones «venga tu reino» y «hágase tu voluntad» son seguidas por las otras peticiones, «perdónanos nuestras deudas» y «no nos metas en tentación». Sin duda, la iglesia también con toda su plenitud de vida es una de las formas en las que el reino se encarna, Mateo 16:10, 19. Por último, la renovación final del mundo con todas sus implicaciones escatológicas pertenece a la venida del reino, por lo que este último debe tener necesariamente un alcance más amplio que el de la actividad ética del cristiano o la vida interior del alma. Pero, ¿Cuál es la relación entre estos dos aspectos del reino? Si a veces se describe que el reino vendrá en el futuro de manera tan absoluta como si aún no existiera, y si a veces se lo representa como existente en el presente de manera tan completa como si no se requiriera más venida de él, ¿no implican aquí los Evangelios? ellos mismos en una contradicción desesperada? La respuesta a esto debe ser que la concepción de nuestro Señor fue la de un reino que vendría en dos etapas sucesivas, y que en la medida en que la vieja distinción dogmática entre un reino de gracia y un reino de gloria no refleja suficientemente su significado. En las parábolas del gran reino, las dos etapas se establecen claramente como parte de un proceso. La cosecha pertenece al crecimiento y maduración del trigo. Sin embargo, la figura también implica que la venida del reino al final se debe a una interposición divina directa. Aunque la cosecha corona adecuadamente el proceso de crecimiento, no es algo que resulte naturalmente del crecimiento en sí. La diferencia entre la venida orgánica y escatológica del reino y la diferencia resultante en sus dos estados sucesivos puede formularse de la siguiente manera: (a) Uno avanza gradualmente, el otro en una crisis con desarrollos repentinos que se acumulan al final. (b) El reino orgánico viene en la esfera invisible interna, de modo que su realización es un proceso oculto; el reino escatológico viene también en la esfera externa, visible, de modo que su realización será un acto manifiesto y observable por todos. (c) La venida escatológica del reino hace más que simplemente manifestar externamente lo que internamente ya estaba allí antes. Todo el lenguaje que Jesús emplea con respecto a él presupone que traerá bendiciones que trascienden las de la etapa actual del reino. Todas las imperfecciones serán eliminadas, todos los enemigos derrotados, el trigo y la cizaña ya no se permitirá que se entremezclen, se disfrutará de la plena satisfacción con la justicia y la visión beatífica de Dios. Es cierto, nuestro Señor siempre enfatiza que el corazón y la esencia del reino pueden poseerse en la vida presente. Pero está claro que Él no podría haber hablado tan absolutamente de la crisis escatológica como la venida del reino, si no hubiera tenido el pensamiento en la mente, que después de todo, solo el fin del mundo puede traer la posesión plena y adecuada de incluso esas bendiciones espirituales en las que consiste el núcleo del reino. Fuente: Por: Geerhardus Vos Historia Redentora E Interpretación Bíblica: Los Escritos Más Breves de Geerhardus Vos, Capítulo XI. Geerhardus Johannes Vos fue un teólogo calvinista holandés-estadounidense y uno de los representantes más distinguidos de la Teología de Princeton. A veces se le llama el padre de la teología bíblica reformada. Nacido en los Países Bajos, se trasladó a Estados Unidos con su padre, que era pastor de la Iglesia Reformista. Completó sus estudios de teología en Alemania. Se doctoró en 1888 en estudios arábigos, en la facultad de filosofía de la Universidad de Estrasburgo. El Dr. Vos, es el más agudo e incisivo exégeta que ha aparecido en el mundo de lengua inglesa en este siglo
- El derecho de nacer…
El mundo reclama sus derechos. Todos exigen ser escuchados; exhiben sus planteamientos, su argumentación y las razones que les han llevado a levantar como banderas de lucha la defensa de sus derechos. Miles de organizaciones, minorías o grupos sociales existen organizadamente y plantean el poder disponer de una tribuna para defender y exponer sus planteamientos ya sea a través de foros televisivos, publicaciones, centros de estudios o simplemente en la calle. Todos reclaman, exigen y luchan, todos excepto los que aún no han nacido, permanecen ocultos inocentes en el vientre de sus madres, no saben nada de su futuro, no saben siquiera que algunos de ellos no tendrán derecho, aún al más básico de los derechos al que puede optar la persona humana, el derecho a vivir. Hoy día en el mundo, millones de personas están siendo violentadas; asesinadas impunemente y en la más absoluta indefensión, y no estamos hablando que mueren víctimas del narcotráfico o de las guerrillas que se suceden a diario en países sumidos en sus guerras intestinas; tampoco hablamos de muertes provocadas por grupos extremistas como el estado islámico o Al- Qaeda, ni por alguna pandemia o plaga que asola una región. No, estamos hablando de millones de personas que en todo el mundo están siendo asesinadas aún antes de nacer, allí en el vientre de sus madres–subrayamos, personas – porque es lo que son, y está sucediendo simplemente porque sus madres no los desean, a raíz de ser producto de un mero accidente, de un descuido. Son una mala noticia; fruto de un desliz o simplemente de la irresponsabilidad de quienes les concibieron. Esos millones de niños que no pidieron ser, están allí y como víctimas inocentes son silenciadas por la acción criminal, irresponsable y egoísta de médicos cómplices, que olvidando todos los códigos y juramentos que les obligan a preservar la vida, les ejecutan actuando respaldados por leyes impulsadas por gobiernos y legisladores que con sus eufemismos aprueban y promulgan, los mismos que ante la muerte de seres inocentes se lavan las manos, en nombre de la democracia. Si vemos el mundo antiguo ya en algunos lugares como Fenicia o Cartago, muchos niños eran sacrificados vivos, quemados para aplacar a las deidades paganas de turno; hoy en día estas muertes están elevadas a la enésima potencia, y este mismo ritual es practicado en todas partes del globo, pero la gran diferencia se produce esta vez, porque estas muertes son provocadas antes de que la criatura nazca, siendo cobardemente asesinadas cuando no puede reclamar, ni exigir y menos defenderse. Y todo esto en el marco de una sociedad, cuya cultura se autodenomina civilizada, culta, progresista y democrática Hoy cerca de 46 millones de mujeres en el mundo se someten a un aborto inducido; de las cuales, el 78% se ubican en los países en desarrollo y el 22% restante en los desarrollados, el 11% sufren un aborto residen en África, el 58% en Asia y el 9% en Latinoamérica y el Caribe. El continente europeo y otros países del primer mundo tienen el 22% faltante. Es paradójico que por un lado la sociedad se preocupa tanto por la precariedad de nacimientos de las ballenas y otros animales, y por el otro, condena al ser humano a no nacer, sino a ser asesinado en el seno materno antes de nacer. Ante tal horror incalificable e inconfesable, nos hacemos la pregunta ¿en qué podrían pretendidamente llegar a basarse los abortistas, legisladores, políticos, y hasta científicos para justificar tamaña abominación y pecado? La situación en Chile no es muy diferente, porque si bien no hay aún una ley que legitime el aborto libre como herramienta de control de los nacimientos no deseados, ya se ha aprobado en el congreso causales específicas que posibiliten la interrupción del embarazo, dicho en otras palabras, una manera de negarle al no nacido el derecho inalienable de la vida. Nadie tiene autoridad sobre la vida del otro, es más, la Constitución del Estado de Chile es explicita en este tema al consagrar en el artículo 19, número 1°, de la Carta magna donde dice: “La Constitución asegura a todas las personas: El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona. La ley protege la vida del que está por nacer…”, ante esto José Joaquín Ugarte, Profesor de Derecho Civil y Filosofía del Derecho de la Pontificia Universidad Católica sostiene, que para la adecuada comprensión del derecho a la vida consagrado en la Constitución es necesario entenderlo como un derecho natural y obra de Dios, que se tiene por el solo hecho de ser persona, y que consiste en el derecho de mantener la vida o conservarla frente a los demás hombres, o si se quiere, en el derecho a que nadie nos la quite, y a que no pueda suprimirla ni cercenarla ni siquiera su propio sujeto.* Los cristianos, tenemos la instrucción escrita de Dios, la cual llamamos la Biblia, y en ella encontramos clarísimamente que la vida humana empieza en el embrión: Dice el salmista: “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; Despierto, y aún estoy contigo.” (Salmo 139: 15-18). Entonces el embrión humano, ¡es humano! La realidad en todos los sentidos, es que el ser humano lo es a partir de su concepción, cuando al entrar en contacto el espermatozoide con en el óvulo se constituye en embrión. Ese embrión es un ser humano, y destruirlo per se, es una abominación y un crimen. El aborto (o interrupción voluntaria del embarazo como eufemísticamente le llaman) se transforma así en un asesinato en primer grado. * Revista Chilena de Derecho, vol. 33 Nº 3, pp. 509 - 527 [2006]
- Predicación virtual: ¿Una herramienta para la cuarentena o un recurso permanente para la iglesia?
¿Se puede sustituir la predicación y la comunión presencial con la virtual? ¿La iglesia podrá mantenerse en la virtualidad? La pandemia provocada por el covid-19 sometió a gran parte de la iglesia mundial a tomar las redes sociales y el ciberespacio como estrategia para mantener su comunicación y la vida como congregación. Pero, ¿se puede sustituir la predicación y la comunión presencial con la virtual? ¿La iglesia podrá mantenerse en la virtualidad? Crecí asistiendo a la iglesia domingo a domingo desde los seis años, pero algo que nunca pensé experimentar como cristiano fue dejar de hacerlo por seis meses consecutivos. A pesar de ser el encargado de las transmisiones por internet de la iglesia local donde asisto, y que pude presenciar gran parte de las predicaciones, el sentido de reunirme con la congregación no estaba; no había comunión con otros hermanos, tampoco el canto congregacional, ni la oración mutua, ni mucho menos el saludo fraternal. La virtualidad nos arrebató como iglesia de Cristo bendiciones que solo la presencialidad puede otorgarnos. La mayoría de los creyentes en medio de la cuarentena fueron alimentados por varios meses con predicaciones a través de Whatsapp, Facebook, Youtube y/o Zoom. Pero ¿este método fue suficiente para cumplir con la ordenanza divina de congregarnos? ¿La iglesia podrá mantenerse a futuro con la virtualidad? Estas y otras consultas fueron respondidas por una serie de pastores y líderes cristianos en varios lugares del mundo, quienes nos compartieron sus experiencias en medio de la pandemia. Alberto Puente, pastor en la ciudad de Sevilla, España, cree que la predicación virtual nunca será igual que la presencial. Para él, la predicación no puede estar desconectada de otros elementos que son parte de la liturgia evangélica y que hacen que un culto gire en torno a la palabra de Dios. Al respecto el pastor destaca algunas de las bendiciones que aporta el servicio presencial: “El cantar las verdades de Dios de unos a otros, las oraciones basadas en arrepentimiento y pastorales, la recogida de ofrendas como ejercicio de adoración, los testimonios de hermanos, la fraternidad entre los creyentes, y la participación en las ordenanzas (bautismo y santa cena)”. Por su parte, Alexis Pérez, pastor en el país caribeño de Cuba, está de acuerdo con lo dicho por Puente: a pesar de que se puede transmitir el mismo mensaje en ambas plataformas, durante la predicación online se pierde la interacción física con la congregación: “La predicación, a pesar de que muchos la consideran un monólogo, pues el predicador es el único que habla, es realmente un diálogo entre el predicador y el oyente, quien se exterioriza en gestos, miradas, etc. [La presencialidad] afecta tanto al predicador como al oyente.” La predicación tiene como objetivo impactar a toda una comunidad congregada en un lugar. Por lo tanto, la interacción antes, durante y después de la predicación es un elemento esencial de cómo el mensaje es recibido e interiorizado por el pueblo de Dios. Por tal razón, el pastor cubano manifiesta que el acto de adorar y tener comunión los unos con los otros, como Cuerpo de Cristo, debe ser realizado con todo el cuerpo en el mismo lugar. “El pueblo de Dios reunido en un lugar físico, bajo la predicación de la Palabra de Dios y adorando unido al Creador y Salvador, es algo que la iglesia ha hecho históricamente sin importar persecuciones o pandemias. ¡Las circunstancias externas no deben jamás cambiar los principios bíblicos, aunque mantener estos nos lleven nuevamente a las catacumbas!”, culminó. Sin duda alguna, los consultados confluyeron en que, a pesar de que en época de cuarentena la predicación online sirvió para alimentar a la iglesia, esta no cumple con el modelo establecido por Dios para con su pueblo. 3, 2, 1, ¡Acción! En los tiempos de cuarentena, los predicadores pasaron de exponerle la palabra a decenas o miles de personas a dirigirse a una o varias cámaras. La falta de un público real se convirtió en un reto que, semana tras semana, los pastores tuvieron que afrontar. Cambiaron la mirada y las reacciones de una congregación expectante por el lente brillante y silencioso de una cámara de video o un celular. Para Nicolás Osorio, pastor de la Iglesia Bautista Renacer en Bogotá, Colombia, fue muy frustrante no tener una audiencia concreta. “Cuando tenemos una audiencia hipotética o etérea, perdemos de vista lo que es la predicación, y fácilmente podemos caer en el error de simplemente dar un discurso genérico y olvidar nuestra audiencia”, afirmó. Según el pastor Alberto Puente, mirar a una cámara no es lo mismo que mirar a la congregación. El llamado a la reflexión y arrepentimiento después de la predicación no es lo mismo cuando no se puede mirar a los hermanos a los ojos. A pesar de que la predicación online fue un arreglo temporal, siempre estuvieron convencidos de que la iglesia no podría sobrevivir a largo plazo en la virtualidad. “Los retos han sido grandes. No es lo mismo pararse delante de una congregación compartiendo el mismo espacio físico que pararse delante de una cámara a kilómetros de distancia. Ha sido, en su mayor parte una experiencia fría, distante, en la cual he perdido la interacción con la congregación en el momento de la predicación. También ha sido más difícil concentrarse por las nuevas distracciones de mirar a una cámara o monitor”, explicó el pastor Alexis Pérez. En el caso de Jeremy Meeks, director del Curso de Chicago en Predicación, su mayor reto en medio de la pandemia y la predicación virtual fue, aparte de enseñar con emoción sin la presencia de la familia de Cristo, el tener que recordar continuamente que estaba predicando a través de una cámara a seres humanos que estaban luchando como él para continuar en fe en un tiempo difícil. “Debo que tener en mente, en cada momento, que la palabra sirve a la comunidad, hasta cuando las situaciones son menos que ideales.” En estos tiempos difíciles para la iglesia, donde muchos creyentes se enfriaron por la falta de comunión y adoración conjunta, se demostró cuán necesaria es la vida y el servicio congregacional para mantener el fervor por el servicio a Dios. La pandemia nos enseñó como creyentes a valorar la adoración conjunta y, en tanto nos sea posible, no dejar de congregarnos, como muchos tienen por costumbre (Hebreos 10:25). ¿Iglesias virtuales? En el ejercicio de mi labor como periodista tuve que realizar algunas entrevistas a varios pastores de la ciudad donde resido para conocer cómo estaban afrontando como congregación el aislamiento obligatorio. Entre el grupo de líderes religiosos, uno de ellos me manifestó que no aspiraba volver a reunirse presencialmente hasta que toda su congregación estuviera vacunada. La entrevista fue realizada para mediados de 2020 y, a la fecha de hoy (comienzos de febrero), Colombia todavía no ha aplicado la primera vacuna de inmunización contra el Covid-19. Pero esta realidad, por extravagante que parezca, se ha convertido en un común denominador en muchas iglesias alrededor del mundo. La pandemia exterminó iglesias completas de la realidad física y las envió a la virtualidad. Para el miembro del ministerio Simeon Trust, Nicolás Osorio, pensar en iglesias virtuales es desconocer lo que en realidad es una iglesia. “Una iglesia virtual es una contradicción de términos”, acotó. Para él, estas congregaciones afrontan el peligro de perder de vista lo que es realmente la iglesia, y al ocurrir esto, la plenitud de Cristo deja de ser comunicada en la tierra, porque la iglesia es la que hace visible el evangelio, la que hace visible la plenitud del Salvador. Al respecto Jeremy Meeks, expresó: “aunque entiendo la tentación, creo que están equivocados. Esta posición demuestra una falta de entendimiento teológico en cuanto a la importancia de la presencialidad. Si estaremos así en el cielo para siempre, creo que es importante que aquí/ahora también lo estemos.” Así mismo, manifestó que uno de los mayores peligros de este tipo de iglesias es que alimenta la pereza y el consumismo de los seres humanos, ya que preferimos la privacidad total y satisfacer nuestros propios deseos. “La predicación virtual abre las puertas a una vida así. Se constituye en una práctica medio lamentable por causa de una pandemia”, expresó Meeks. El pastor español Alberto Puente, por su parte, cree que, ante el modelo de una iglesia virtual, la iglesia deja de ser iglesia. “La iglesia no es una escuela o un taller. Es una familia unida en un pacto de membresía que necesita relacionarse humanamente para poder llevar a cabo la edificación, confesión, restauración, etc.” De igual manera, el pastor Alexis Pérez asegura que el peligro de este tipo de iglesias es asumir que todo va bien en la vida de algún hermano por el solo hecho de estar presente en una predicación a través de redes virtuales. También expresa que existe el peligro de que la iglesia se sienta bien con este tipo de predicación, y piensen que están bien con Dios por el solo hecho de ver estas predicaciones. Predicación presencial El pastor Nicolás Osorio explica claramente las razones por las cuales la predicación debe ser presencial. “Mi entendimiento de la predicación dominical es que es un momento que trasciende a lo natural de escuchar un discurso. Es el momento en el que el Espíritu de Dios obra en Su pueblo reunido a través de la Palabra de Dios expuesta fielmente. Por supuesto, el Espíritu Santo puede obrar en cualquier persona a través de una predicación por YouTube o cualquier otra plataforma, pero no se puede reemplazar la congregación del pueblo de Dios para escuchar la Palabra y esperar la obra del Espíritu.” Osorio aclara que su intención no es llegar a una perspectiva mística de la predicación, pero sí demostrar cómo Dios actúa en toda la Biblia. “Pasajes como Esdras 8, Hechos 2, 1 Corintios 14, etc., me permiten ver que el momento en el que el pueblo de Dios está congregado para escuchar la Palabra de Dios es importante, y eso no lo provee ninguna aplicación”, puntualizó. En países como Cuba, el pastor Pérez cuenta que, a diferencia de otras naciones, ellos no tenían la conectividad suficiente para transmitir las predicaciones de manera online, sin embargo, eran grabadas y luego repartidas a los hogares en memorias USB. Tras siete meses de cuarentena estricta, volvieron a reunirse presencialmente, donde la asistencia y el entusiasmo desbordaron todas sus expectativas. “La iglesia respondió bien a la predicación virtual, pero entiende que debe ser usada sólo circunstancialmente”. La falta de comunión y comunicación personal arropada con la afectación que producen las redes sociales al negarle al ser humano una interacción real y física, pudo haber llevado a los creyentes a un cansancio por la modalidad de los servicios virtuales. “Deseábamos el día cuando estaríamos juntos de nuevo. Lo aprecian (el servicio virtual), pero fue difícil determinar cómo estaban. Mucho más pasa en un domingo antes y después del sermón. No tener ese tiempo con los miembros es sumamente difícil. Sin ese tiempo, es casi imposible determinar cómo la iglesia está respondiendo a la predicación”, finalizó Jeremy Meeks. POR Adrián Jaimes Torrado
- Dios el Padre
Si hay una creencia que es central para la identidad de Israel en el Antiguo Testamento, es ésta: Dios es uno (Deuteronomio 6:4). En contraste con las naciones que rodeaban a Israel, naciones que adoraban a muchos dioses, Israel fue separado como un pueblo que adoraba a un solo Dios. Iban a ser monoteístas. Pero debemos añadir que el verdadero monoteísmo no es simplemente la creencia de que hay un solo Dios. Significa también que este Dios es uno. Los teólogos llaman a esto la simplicidad de Dios. Esto no significa que a Dios le falte profundidad. Más bien, la simplicidad se refiere a la unidad de Dios. Él no es un Dios hecho de partes, mucho menos dividido por partes. No es como si pudieras sumar todos los atributos de Dios para obtener la suma total que llamamos “Dios”. En cambio, Dios es uno. Sus atributos son Su esencia[1] y Su esencia Sus atributos. Todo lo que está en Dios es simplemente Dios. Decir, entonces, que Dios es uno no sólo significa que hay un solo Dios verdadero, sino también que este Dios es uno en esencia. LA REVELACIÓN DE LA TRINIDAD EN EL EVANGELIO Si has leído la historia de la Biblia, entonces sabes que la confesión de Israel de la unidad de Dios no es más que el principio de la revelación de Dios sobre sí mismo. El Dios que se revela como uno también se revela como trino. Esta pluralidad puede haber sido revelada implícitamente en el Antiguo Testamento, pero en el Nuevo Testamento se hace explícita con el advenimiento del propio Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. El autor de Hebreos dice no sólo que Dios se ha revelado a sí mismo en la venida de su Hijo, sino que este Hijo es “el resplandor de la gloria de Dios y la huella exacta de su naturaleza, y sostiene el universo por la palabra de su poder” (Hebreos 1:1-3). ¿Por qué vino? Hacer “purificación de los pecados” (v. 3). ¿Cómo hizo esto? Los cuatro Evangelios nos enseñan que el Hijo pudo salvarnos porque se encarnó por nosotros. Él nos representó en la carne para redimirnos por su vida, muerte y resurrección. Este Hijo, a quien Juan llama el “Verbo” porque es la suprema revelación de Dios mismo, “se hizo carne y habitó entre nosotros” para que recibiéramos “gracia sobre gracia” (Jn 1,14.16). He aquí el punto: con la revelación del evangelio, recibimos la revelación de la Trinidad. Este Dios que es uno es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si Dios el Padre es el arquitecto de nuestra salvación, entonces tenemos gran seguridad de que somos Sus hijos adoptivos. PATERNIDAD Algunos de los mejores teólogos de la iglesia han aportado claridad a la doctrina de la Trinidad al introducir ciertas palabras y frases que no sólo nos dan una visión más profunda de quién es este Dios trino, sino que nos protegen contra la herejía. Han concluido, por ejemplo, que Dios es uno en esencia y tres en persona. Como les gustaba decir a los padres de la iglesia, cada persona es una subsistencia de la esencia divina. Entiendo que esto suena técnico, pero noten, es una manera de asegurar que las tres personas de la Divinidad son co-iguales. La esencia divina no está dividida en partes para ser distribuidas entre las personas. No, cada persona es totalmente divina, porque la única e indivisa esencia divina subsiste en las tres personas eternamente. Padre, Hijo y Espíritu no son tres dioses separados-esa es la herejía del triteísmo. Más bien, son un solo Dios. Ni una persona es inferior a otra; esa es la herejía del arrianismo. Más bien, son coeternas y coequal, siendo un solo Dios. En nuestro intento de evitar el triteísmo no nos atrevemos a caer en la trampa del modalismo, la creencia de que hay un solo Dios que simplemente se transforma en tres formas diferentes. Esto también es una herejía, porque niega que el Padre, el Hijo y el Espíritu sean personas reales, distintas unas de otras. En cambio, enseña que son meras máscaras usadas por la única persona a la que llamamos Dios. Pero, ¿qué es lo que distingue exactamente a las tres personas? Bueno, piensa en los nombres que las Escrituras han usado para revelarnos a estas tres personas: Padre, Hijo y Espíritu. La primera persona es el Padre porque Él es el Padre del Hijo. Pero a diferencia de nuestra concepción humana de la paternidad, Dios el Padre es un Padre para Su Hijo eternamente. También, a diferencia de los padres humanos, Dios el Padre no tiene Padre. Nunca ha sido Hijo. Su paternidad es eterna y sin origen. La segunda persona es el Hijo porque es generado o engendrado por Su Padre. Pero a diferencia de la generación humana, nunca hubo un tiempo en que el Hijo no lo fuera. Su generación es una generación eterna, Su engendradura una engendradura eterna. La tercera persona es llamada Espíritu porque es espirada por el Padre y el Hijo (o procede del Padre y del Hijo). No es un segundo Hijo, como si fuera un hermano del Hijo, ni un nieto del Padre. Él es el Espíritu porque no es generado ni engendrado, sino espirado. En teología, lo que estamos describiendo se llama “relaciones eternas de origen”, y son las únicas que distinguen a las tres personas e identifican sus propiedades personales (desencarnación[2], filiación o engendramiento, espiración o procesión). EL PRINCIPIO Tal vez ya lo hayas notado, pero estas relaciones eternas de origen son únicas para cada persona de la Trinidad. Son incomunicables, lo que significa que no son intercambiables. Considere al Padre, por ejemplo. Sólo Él no es engendrado y no tiene generación ni espiración. Esto no puede decirse del Hijo, que es engendrado eternamente por el Padre, ni del Espíritu, que es eternamente espirado por el Padre y el Hijo. Sólo el Padre no es engendrado; ésta es Su propiedad personal única. Por esa razón, a los padres de la iglesia les gustaba llamar al Padre el “principio” (u “fuente” u “origen”) en la Divinidad. De hecho, Él es el principio sin principio, porque sólo Él no procede de nadie y no es generado o engendrado por nadie. Esto es lo que la paternidad significa en la Trinidad, y explica por qué Dios revela su identidad trinitaria de la manera en que lo hace. Por ejemplo, ¿se ha preguntado alguna vez por qué Jesús, en el evangelio de Juan, da tanta importancia al hecho de que es enviado como el Hijo por el Padre (por ejemplo, Juan 5:24, 30, 36)? ¿Por qué no es al revés, es decir, que el Padre es enviado por el Hijo? Mientras algunos dicen que es arbitrario, nosotros discrepamos. La razón por la que el Hijo es enviado por el Padre es porque el Hijo es del Padre eternamente, porque es eternamente generado o engendrado por el Padre. El punto es que las misiones de la Trinidad en la historia de la salvación (el envío del Hijo en la encarnación y el derramamiento del Espíritu en Pentecostés) reflejan intencionadamente las relaciones de las tres personas en la eternidad. ¿Y qué refleja al Padre como principio y fuente más que cuando envía a Su Hijo en la historia, el mismo Hijo a quien ha engendrado desde toda la eternidad de tal manera que nunca hubo un tiempo en que el Hijo no lo fuera? En esa luz, la Escritura a menudo ordena o nombra al Padre primero (Mateo 28:19; 1 Juan 5:7), no porque el Hijo y el Espíritu sean menos que el Padre en la naturaleza o vengan después del Padre en el tiempo, sino porque los tres son coeternos y coequales, como dice el Credo Atanasio. Más bien, es porque el Padre, como no engendrado, es la fuente y el principio del cual el Hijo es engendrado y del cual el Espíritu es espirado. Ese orden se refleja en la historia cuando el Hijo y luego el Espíritu son enviados por el Padre, su fuente y origen. EL PERITO ARQUITECTO Si el Padre es el principio de la Trinidad debido a Su paternidad, también es apropiado nombrarlo el arquitecto de la creación y la salvación. Por un lado, cada acto externo de la Trinidad hacia el orden creado es el único e indivisible acto de toda la Trinidad. Las obras externas de la Trinidad son indivisas, lo que significa que las tres personas actúan como una sola en la salvación porque son una en naturaleza y voluntad. Al mismo tiempo, las obras particulares pueden terminar en distintas personas de la Divinidad – esto se llama “apropiaciones divinas”. Considere la encarnación, por ejemplo. No lo realiza sólo el Hijo, sino que es el trofeo de toda la Divinidad. Y sin embargo, es la persona del Hijo la que se encarna. Algo similar se puede decir del Espíritu en Pentecostés. ¿Pero qué pasa con el Padre? Mientras que la creación y la salvación son obras de las tres personas, tenemos derecho a hablar del Padre como arquitecto. El Padre crea el mundo a través de Su Palabra (el Hijo) por Su Espíritu. De manera similar, el Padre redime a Sus elegidos mediante Su Hijo por Su Espíritu. En términos más generales, mientras que la redención es planeada, realizada y aplicada por toda la Trinidad, aspectos específicos de esta obra salvadora pueden ser apropiados a las distintas personas de acuerdo a sus propiedades personales únicas. Como principio, origen y fuente, el Padre envía a Su Hijo a encarnarse para lograr la redención, sólo para entonces (con el Hijo) enviar Su Espíritu Santo para aplicar la redención a los elegidos de Dios. El Padre es el arquitecto de nuestra salvación, el Hijo el ejecutor de ese plan salvífico, y el Espíritu es el perfeccionador. Como dijo poéticamente el teólogo reformado Johannes Van der Kemp: “El Padre ordenó la gracia para los elegidos, el Hijo la compró, y el Espíritu Santo la aplica y la dispensa a los escogidos de Dios”. HIJOS DEL PADRE Si Dios el Padre es el arquitecto de nuestra salvación, entonces tenemos gran seguridad de que somos Sus hijos adoptivos. Nuestra filiación es diferente de la filiación de la segunda persona de la Trinidad (la nuestra por gracia, la suya por naturaleza). Sin embargo, es porque el Padre es el principio y el arquitecto de nuestra salvación, Aquel que envió a Su Hijo unigénito, que podemos ser adoptados en Su familia en y a través de Cristo e invitados a llamarlo nuestro Padre. Matthew Barrett
- La Humildad del Conocimiento Reformado y el Servicio Religioso
Una condición que todo cristiano debe tener en sus pensamientos, es que él debe pensar bíblicamente. Esto es un concepto muy frecuentemente afirmado dentro de la apologética presuposicional, Cornelius Van Til escribe: «Cuando, en el nivel de la existencia creada, el hombre piensa de acuerdo con los pensamientos de Dios, es decir, cuando el hombre piensa en sumisión consciente a la revelación voluntaria del Dios autosuficiente, tiene, con ello, la única base posible de certeza para su conocimiento».[1] Cornelius Van Til, Apologética Cristiana. Cuando uno no está tomando en consideración la humildad, fácilmente frases como la anterior pueden ocasionar que si pienso en armonía con lo expuesto por el autor, tengo alguna clase de superioridad por causa de conocer la fuente de la certeza del conocimiento, sin considerar lo que dicha certeza implica en la vida del cristiano. Teología Humilde = Conocimiento Humilde La finalidad de la teología reformada es, soli Deo gloria, pero también lo son los medios para alcanzar dicha finalidad y por supuesto el principio. Reconocemos la humildad de nuestra teología cuando vemos que la construcción de la misma es siempre para rendirle toda y total gloria a Dios. Dejaría de ser humilde si en el principio, los medios o el final, no es con la motivación de glorificar a Dios, sino quizá, al hombre o a cualquier otra criatura. Siempre que el Dios Trino sea el objeto de toda nuestra construcción teológica, habrá quedado el hombre relegado a su posición correspondiente, a saber, glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre.[2] Es esta humildad la que muchas veces pasamos por alto; Cornelius Van Til era un teólogo y filósofo reformado, él creía que la teología era para la gloria de Dios y del mismo modo nos enseñó una epistemología que exalta las perfecciones de Dios. Aunque nuestra teoría del conocimiento pueda sonar muy presuntuosa, es lo que menos tiene, nuestra teoría del conocimiento también carece de elementos que sean inspirados o proyectados en el hombre, lo cual equivale a decir, que es una epistemología humilde, muy humilde, porque el hombre afirma sus pensamientos sobre la base de los pensamientos de Dios y no sobre una base propia. Reconocemos que por nosotros mismos, nuestros pensamientos, nuestra epistemología, carece de coherencia y estaría muy limitada, por ello, Greg Bahnsen dice: «Van Til habla de nuestro “pensar los pensamientos de Dios después de Él”. Es decir, nosotros debemos pensar conforme a los patrones de la mente de Dios, realística y racionalmente. La coherencia perfecta caracteriza la mente de Dios así que para que nosotros razonemos debemos pensar con consistencia lógica».[3] Es bastante humilde reconocer que los pensamientos de los hombres son fútiles hasta que estos sean puestos en armonía con los pensamientos de Dios. Nuestra epistemología inicia reconociendo las diferencias entre Dios y los hombres y que como hombres, no podemos tener o ser base de conocimiento certero, nuestro conocimiento puede ser verdad, únicamente en sumisión a la Palabra revelada de Dios. La humildad de nuestro conocimiento, es porque no parte de nosotros mismos para «buscar» de alguna forma encontrarse con Dios, sino porque inicia renunciando a nuestro propio pensamiento pecaminoso para someterse a los pensamientos de Dios. Podemos decir que conocemos algo, solamente porque hemos sido humildes al reconocer que cómo hombres, poco o nada de conocimiento verdadero podríamos tener (Sal. 139:17-18). Conocimiento Humilde y el Servicio Religioso El puritano William Ames (1576-1633) decía que, «la teología es la doctrina o enseñanza de vivir para Dios».[4] De modo que según está definición, debemos aplicar la construcción de nuestra teología humilde y conocimiento humilde, a un servicio humilde también. En 1 de Crónicas 9:26-30, se relatan ciertas actividades que hacían los levitas en su servicio al templo. Como nuestro conocimiento funciona adecuadamente luego de pensar los pensamientos de Dios después de Él, entendemos entonces que la Palabra de Dios en el anterior pasaje enseña sobre cómo personas hacían sus oficios religiosos de servir en el templo. Entendiendo a la luz del Nuevo Testamento que la Iglesia de Cristo es una nación santa de reyes y sacerdotes (1 Pe. 2:9), entendemos también que en las iglesias locales hay servicios que hacer. Las labores pueden ser muy variadas, no obstante labores, y como tales deben ser hechas. Dios escribió sobre el servicio al templo por medio de los autores inspirados por los que otorgó su Palabra revelada. Nosotros también creemos que Él ha planificado el todo de la existencia con un orden extremadamente preciso, esto supone que hasta el más mínimo servicio hacia el Señor en nuestras congregaciones locales, Él también lo ha planeado. Esta es una verdad de nuestra teología y también lo es cuando alineamos nuestros pensamientos con los de Dios por medio de su Palabra revelada, el resultado directo es vivir nuestra teología en sumisión a los pensamientos revelados de Dios, lo cual hace que en nuestra condición de humildad veamos la necesidad de todo servicio en la iglesia local, desde lo más fundamental hasta lo más básico, todo forma parte del propósito eterno del Señor. Sirvamos con alegría a los hermanos, no importa si conocen más o menos que nosotros en algo, nuestra teología, nuestro conocimiento y nuestro servicio, deben ser humildes, porque son para la gloria de Dios. Por: Osward Daniel Rojas Notas: [1] Cornelius Van Til, Apologética Cristiana. (Buenos Aires: Tinta Puritana, 2019), pág. 58. [2] El Catecismo Menor de Westminster. Respuesta a pregunta 1. [3] Greg L. Bahnsen, ¡Prepárate para la Buena Batalla!: La Metodología Apologética de Greg L. Bahnsen. (Powder Springs, Georgia: American Vision, Inc., 2013), pág. 197. [4] William Ames, La Médula de la Teología, ed. John D. Eusden (1629; Boston, MA: Pilgrim Press, 1968), pág. 77.
- Santificación: El fruto bíblico identificable
Como en siglos pasados, los cristianos todavía hablan con frecuencia acerca de la necesidad de santificación. Sin embargo, no ha surgido ningún mutuo acuerdo sobre la descripción de la santificación. En la presente discusión se ha decidido describir el término en relación a lo que la Biblia dice acerca del “fruto”. La palabra “Fruto” se usa ampliamente en la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, refiriéndose a productos comestibles de la tierra así como a retoños humanos o hijos. Tanto en el AT como en el NT se usa la palabra en forma metafórica para describir acciones humanas. Otros términos relacionados con fruto también asumen significados metafóricos para referirse al comportamiento humano. Romanos 6:22 y 7:4 vinculan dicha terminología con la santificación de los creyentes. Los contextos de estos dos versículos confirman un vínculo muy estrecho entre fruto y santificación, en el pasado, así como en las vidas presentes de los cristianos en su avance hacia la semejanza a Cristo. En Gálatas 5:22-23 se relaciona con la obra del Espíritu Santo al producir la santificación presente de los creyentes. Introducción El apóstol Pedro exhortó a su audiencia cristiana: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: ‘Sed santos, porque yo soy santo’” (1 Pedro 1:14-16). Así como los creyentes del AT fueron llamados para reflejar al Dios santo en su carácter y comportamiento (Lv. 11:44; 19:2; 20:7), los creyentes del NT son llamados a la misma norma. Este estilo de vida santa, que ha de caracterizar al cristiano, es definido por los teólogos como un aspecto de “la santificación presente o progresiva”. La necesidad, para el creyente, de crecer en santificación progresiva está subrayada por la exhortación en Hechos 12:14: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. La seriedad con la cual los cristianos, en el pasado, respondieron a esta apelación por la santificación progresiva (i.e., santidad), es expresada por J.I. Packer así: Hubo un tiempo en que todos los cristianos colocaban un gran énfasis en la realidad del llamado de Dios a la santidad y hablaban, con profunda comprensión, acerca de cómo El nos posibilitaba para ello. Los protestantes evangélicos, en particular, ofrecieron incontables variaciones sobre los temas de qué es lo que la santidad de Dios requiere de nosotros, qué implica para nosotros nuestra santidad, por qué medios y a través de qué disciplinas nos santifica el Espíritu Santo y las maneras en que la santidad aumenta nuestra seguridad, gozo y utilidad para Dios. Packer añade, Antiguamente, entonces, la santidad era resaltada a través de la iglesia cristiana. Sin embargo, ¡cuán distinto es hoy en día! Escuchar nuestros sermones y leer los libros que escribimos los unos para los otros y luego observar la alocada, mundana y pleitista manera en que nos comportamos como personas cristianas. Nunca te podrías imaginar que una vez el sendero de la santidad estuvo claramente marcado para los creyentes en la Biblia de tal manera que los ministros y la gente sabían lo que era y podían hablar del mismo con autoridad y confianza. Sin embargo, aun en los siglos pasados, desde los Reformadores del siglo dieciséis hasta los expositores evangélicos del siglo diecinueve cuando “el sendero de la santidad estuvo claramente marcado para los creyentes en la Biblia”, no hubo acuerdo en lo concerniente a cuáles eran exactamente las evidencias visibles de la santificación progresiva. El difunto evangélico Anglicano del siglo diecinueve J. C. Ryle escribió: Ahora procedo a retomar…la evidencia visible de la santificación. En una palabra, ¿cuáles son las marcas visibles de un hombre santificado? ¿Qué es lo que podemos esperar ver en él? Esta es una sección amplia y difícil de nuestro tema. Es amplia, porque ella necesita la mención de muchos detalles que no se pueden manejar de forma completa dados los límites de un trabajo como este. Es difícil, porque no es posible que ella pueda ser tratada sin cometer ofensa. Sin embargo, a cualquier costo, la verdad debe ser dicha, y hay algún tipo de verdad que, especialmente, requiere ser dicha en el tiempo actual. Esta discusión sobre a qué se parece la santificación (i.e. la evidencia visible) en el creyente cristiano, continúa siendo parte del intercambio sobre la doctrina de la santificación en el evangelicalismo contemporáneo. Así pues, la necesidad de una mayor revisión del fruto bíblicamente identificable, de la santificación progresiva, es beneficiosa y ahora procedemos a la discusión de ese tema. El Entendimiento Bíblico de “Fruto” y Términos Relacionados En el NT hay muchos términos que pudieran ser estudiados como una introducción a las actitudes y acciones que deberían ser visibles en la vida del creyente cristiano. Por ejemplo, el término “Caminar” [peripateo] se usa para describir y definir la conducta que se espera de un santo (ver Ro. 13:13; Gá. 5:16; Ef. 2:10; 4:1, 17; 5:2, 8, 15; Col. 1:10; 2:6; 4:5; 1 Ts. 2:12; 4:1, 12; 1 Juan 1:7; 2:6; 3 Juan 3, 4). O, el concepto de “despojarse/vestirse” puede ser rastreado ya que permite una mejor comprensión de la conducta pre y post cristiana de un creyente (ver Ef. 4:22-32; Col. 3:8-17). Además, las órdenes dadas al santo para que las obedezca pueden ser enlistadas (ver Juan 13:34-35; 1 Juan 2:3-11; 3:23-24; 4:21; 5:2-3; 2 Juan 4-6). Sin embargo, en un artículo como este se necesita una elección. Por lo tanto, la determinación es ver lo que la Biblia enseña acerca del término “fruto”, y otros términos relacionados, como la senda tomada para describir lo que el NT enseña respecto a la santificación progresiva en relación a sus resultados visibles en la vida del cristiano. El Término “Fruto” El término “fruto” aparece muchas veces en la Biblia. Las formas sustantivas (Hebreo peri) se encuentran alrededor de 122 veces en el AT y 65 veces en el NT. Las formas verbales asociadas con estos sustantivos (i.e., “llevar, o producir fruto”) aparecen 29 veces en el AT y 8 en el NT. Como se puede notar, es la forma sustantiva la que se usa predominantemente, aunque también encontramos el uso verbal y adjetival. El sustantivo “fruto” es el resultado del verbo “llevar o producir Fruto”, y esto puede ser descrito como “fructífero” que es la forma adjetival. Tanto en el AT como en el NT también se puede encontrar el concepto/término opuesto, “infructuoso” (2 Reyes 2:19; Ef. 5:11; Tito 3:14; 2 Pedro 1:8). El término “fruto” está ampliamente extendido en la Escritura. Es introducido en Génesis 1 y su uso final se encuentra en Apocalipsis 22. Tanto en su primer, como último, uso bíblico, se refiere al producto comestible de los árboles: “Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según se género. Y vio Dios que era bueno” (Gn. 1:11-12), y “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22:1-2). De acuerdo a Génesis 1:29: “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer”, Dios creó las plantas y los árboles con el propósito de dar a los humanos y a los animales lo que ellos pudieran comer de modo que sustentaran sus vidas. Aquí encontramos el significado más básico de “fruto”, el producto comestible de un árbol. En Apocalipsis 22, en el estado eterno, el árbol de la vida producirá su fruto en un ciclo mensual. No está explícitamente establecido que era para que la humanidad lo comiera, sin embargo muy probablemente está implícito ya que fue por eso que Dios dio el fruto de los árboles en la primera creación. Este árbol sustentará la vida de las naciones al ser comido. Este significado básico de “fruto”, el producto comestible de un árbol, se encuentra a través de todo el AT y el NT (Lv. 23:40; 26:4, 20; 27:30; Neh. 10:35, 37; Sal. 1:3; 148:9; Ec. 2:5; Ez. 36:20; Mt. 7:17-19; 21:19; Ap. 22:2). El significado básico de “fruto” también puede ser extensivo para incluir todos los productos comestibles del suelo/tierra, incluyendo plantas, vegetales y granos así como árboles (Gn. 4:3; Dt. 7:13; 26:2, 10; 30:9; Sal. 107:34, 37; Jer. 7:20; Stg. 5:7). En pocos casos, en el AT, “fruto” se refiere al producto no comestible de un árbol, i.e., el cedro (Ez. 17:9, 23) y el ciprés (Os. 14:8). En dos pasajes, el fruto de la tierra (i.e., el producto comestible de la tierra) se distingue de los árboles (Jer. 7:20; Mal. 311). Tres significados derivados de “fruto” ocurren, partiendo de su significado básico, esencial, de producto de un árbol/o, la tierra. En primer lugar, “fruto” es usado con frecuencia en el AT en la frase “fruto del vientre”, i.e., niños (Gn. 30:2; Dt. 7:13; 28:4, 11; 30:9; Sal. 127:3; Is. 13:18). El sustantivo “fruto” también puede usarse solo, en referencia tanto a vástagos humanos (Sal. 21:10; Os. 9:16) y animales (Dt. 28:4; 30:9). Un uso del verbo “llevar fruto”, especialmente cuando aparece con el verbo “multiplicar”, es llevar vástagos, bien sea humanos (Gn. 1:28; 9:1, 7; 17:20; 28:3; 35:11; 47:27; 48:4; Ex. 1:7; Lv. 26:9; Jer. 23:3) o animales (Gn. 1:22; 8:17). Este uso de “fruto” como vástago se encuentra sólo una vez en el NT (Lc. 1:42). Así, de su significado básico de producir a partir de un árbol o de la tierra, “fruto” llegó a ser usado en la Biblia para referirse al producto del vientre, tanto humano como animal. En segundo lugar, comenzando en el AT, y llegando a ser su uso predominante en el NT, particularmente en las cartas neotestamentarias, “fruto” es usado metafóricamente para referirse a las acciones producidas por una persona, el fruto de la vida de uno, i.e., comportamiento, conducta. Este concepto, introducido en el AT (Prov. 1:31; 11:30; Is. 10:12; Jer. 21:14; 32:19), es retomado, y desarrollado, por autores del NT (Mt. 3:8; 7:16-20; Ro. 6:21, 22; 7:4; Gá. 5:22; Ef. 5:9; Fil. 1:11; He. 12:11). Estrechamente vinculada está la idea de “fruto” como el producto o resultado de los pensamientos de uno (“el fruto de planes”, Jer. 6:19), del habla (“el fruto de la boca”, Prov. 12:14; 13:2; 18:20) o acciones (Is. 3:10; Jer. 17:10; Os. 10:13; Mi. 7:13). En tercer lugar, en el NT “fruto” también puede referirse a la consecuencia, o resultado, de las acciones de uno (Ro. 1:13; Fil. 1:22) o la ganancias devengadas (i.e., producida) por esas acciones (1 Co. 9:7; Fil. 4:17; 2 Ti. 2:6). En Mateo 7:15-20, en la conclusión del Sermón de la Montaña, las palabras de Jesús se refieren a la fructificación natural de los árboles y son aplicadas al producto de las vidas de los individuos. El dice: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:15-20). “Las imágenes vívidas de esta sección son extraídas tanto de la vida animal (Mt. 7:15) como de las plantas (7:16-20) y se supone que intentan describir a los falsos profetas que hacen peligrar el camino de los discípulos”. Jesús empieza por comparar a los falsos profetas con animales. Aun cuando exteriormente ellos parezcan ovejas, “una metáfora común del AT para el pueblo de Dios (ver Salmos 78:52; 100:3)”, son en realidad lobos despiadados, feroces enemigos naturales de las ovejas. Luego, Jesús continúa mediante el uso de la analogía extendida de la planta o el árbol. Debido a que los falsos profetas profesarán ser siervos de Dios, los creyentes sólo discernirán su verdadera naturaleza a medida que vayan evaluando sus palabras y acciones. Los versículos 16a y 20 repiten la misma verdad al pie de la letra, inclusive. Aquí “fruto” es usado en un sentido metafórico refiriéndose al producto de los falsos maestros. Su práctica no va a ajustarse a sus declaraciones; sus acciones revelarán su verdadero carácter. Sin embargo, en los versículos 16b-19, “fruto” es usado con su significado literal. A la distancia, las moras en un espino pueden dar la apariencia de ser uvas, y las flores en un cardo pueden ser confundidas con higos. Sin embargo, al ser inspeccionadas desde más cerca, y con más aproximación, la realidad de la viña y del árbol de higo se hace clara por la naturaleza de sus frutos. De este modo se puede elaborar un juicio, a partir de sus frutos, en relación a qué árboles necesitan ser conservados y cuáles necesitan ser cortados y quemados. El principio esencial enseñado en Mateo 7:16-20 es: así como un fruto natural, el producto de un árbol, muestra evidencia visible de la vida y carácter del árbol, así también lo hace el fruto metafórico, las palabras y acciones de los seres humanos, ellas dan evidencia de su vida y carácter. Este es un principio que se aplica no sólo a los falsos profetas, sino también a los cristianos profesantes (Stg. 3:12). Términos Relacionados En el AT una cantidad de otros términos son usados con “fruto”. El fruto se encuentra en la “rama” (daliyot, Jer. 11:16; Ez. 17:6, 7, 23; 31:7, 9, 12; anap, Lv. 23:40; Sal. 80:11; Ez. 17:8, 23; Mal. 4:1) de un “árbol”. El árbol obtiene nutrición a través de sus “raíces” (shoresh, 2 R. 19:30; Job 18:16; 30:4; Is. 37:31; Jer. 12:12; Ez. 17:7, 9; 31:7; Amos 2:9; Mal. 4:1). Tal como Kedar-Kopfstein nos lo hace notar: El fruto, junto con las hojas (Sal. 1:3) y las ramas, (Ez. 36:8) son una parte de la imagen del árbol saludable cuyas raíces se han extendido en forma extravagante (2 R. 19:30; Jer. 17:8). La destrucción de un árbol así comienza con el atrofiamiento de sus raíces y termina con la sequedad del follaje y su incapacidad de producir fruto (Sal. 1:3; Os. 9:16; Am. 2:9). El merisma en estos pasajes y otros similares evoca al árbol completo mencionando solamente sus raíces, por una parte, y su fruto, por la otra. Un término importante del AT es el verbo samah, que tiene el significado de “echar retoños, crecer” cuando se usa en referencia a árboles, plantas y grama (Gn. 2:5,9; 41:6, 23; Ex. 10:5; Salmos 104:14; 147:8). Un árbol saludable es aquel que echa retoños de la semilla en la tierra y entonces crece, extendiendo más y más ramas llenas de fruto. Esta misma imagen de germinar, de cultivos en crecimiento con una cosecha final es ilustrada en la parábola registrada en Marcos 4:26-29. El Salmo 1 describe la bendición de un hombre justo, un hombre piadoso que vive de acuerdo con las demandas de Dios. Es un hombre que no conduce su vida de acuerdo al consejo, o dirección, de los impíos, los enemigos de Dios y sus normas (v. 1). Más bien, obtiene sus directrices para la vida de la ley de Yahveh, una ley en la cual se deleita y medita continuamente (v. 2). Este hombre es representado como un árbol robusto, bien nutrido, fructífero (v. 3). El prospera y no perecerá cuando el hombre impío sea juzgado (vv. 3b-6). De este modo, la misma Biblia usa aquí la imagen de un árbol fructífero para describir a un hombre piadoso. Esta imagen de un árbol enraizado en suelo fértil, llevando abundante fruto es usada por muchos escritores para ilustrar la santificación progresiva del cristiano. La siguiente descripción, de Kenneth Prior, que incorpora el lenguaje de John Owen en su obra On the Holy Spirit [Sobre el Espíritu Santo], ilustra este uso. En otras palabras, un cristiano crece desde adentro como un organismo. John Owen comenta la manera en que la Escritura tan frecuentemente compara el crecimiento del cristiano, en gracia y santidad, al crecimiento de los árboles y las plantas. Aquí está una de las comparaciones que él hace: “Estos árboles y plantas tienen el principio de su crecimiento dentro de ellas mismas. Ellas no crecen de inmediato debido a una ayuda externa casual —u ocasional— sino a partir de su propia virtud seminal y humedad radical. No es de otra manera en el progreso de la santidad; tiene una raíz, una semilla, un principio de crecimiento en la tierra. Toda gracia es una semilla inmortal y contiene en ella un principio de gracia viviente, Juan 4:14. Aquello que no tenga en sí mismo vida y un poder de crecimiento no es gracia. Y por lo tanto, cualquier obra que los hombres lleven a cabo, dirigidas por la luz natural, o urgidas por convicciones de palabra, si las mismas no proceden de un principio de vida espiritual en el corazón, no son el fruto de la santidad”. Es importante notar la profundidad a la cual un cristiano crece. No es sólo un asunto de ir formando en la vida hábitos frescos, aunque esto muy bien tenga que ocurrir. Más bien, el crecimiento del cristiano es interno y brota desde lo más íntimo de su ser, donde el Espíritu Santo de Dios está obrando. El crecimiento que no es más que la formación de hábitos frescos podría ser como atar fruto a las ramas de un árbol—totalmente superficial. Esto conduce, naturalmente, a otra comparación que John Owen hace: “El crecimiento de los árboles y las plantas es secreto e imperceptible y sólo es discernido por sus efectos y consecuencias; el ojo más avizor puede discernir poco de su movimiento. Así es también en el progreso de la santidad. No es tampoco discernible de inmediato por aquellos en quienes está, o por otros que lo observan, excepto por sus frutos y efectos”. ¿Existe garantía en el NT para vincular la imagen de “fruto” a la santificación en esta forma? Un pasaje nos conduce a una respuesta afirmativa. Una Asociación de “Fruto” con Santificación (Romanos 6:22; 7:4) “Aunque la terminología de santificación se encuentra sólo en 6:19 y 22, estos capítulos [Romanos 6-8] han sido caracterizados, con frecuencia, como una declaración clásica de la doctrina”. Pablo usa el término “fruto” cuatro veces en estos tres capítulos (el sustantivo se encuentra en 6:21 y 22, y el verbo en 7:4 y 5). De manera significativa, en Ro. 6:22, los términos “fruto” y “santificación” son usados literalmente en la misma cláusula, “Tenéis por vuestro fruto la santificación”. De este modo, los versículos Ro. 6:22 y 7:4 demuestran una asociación de “fruto” con santificación en el NT. El Contexto: Romanos 6:1-7:6 En Romanos 5, Pablo declara los beneficios que se acumulan, de parte de Dios, para los que han sido justificados. Los creyentes disfrutan de reconciliación con Dios (5:1-11) y la imputación de la justicia de Cristo (5:12-19). Para los santos la gracia sobreabundó y ahora debe reinar “por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (5:20-21). Sin embargo, Pablo entonces trata (6:1b) con la pregunta, “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”. Su respuesta (6:2a) es un enfático “¡En ninguna manera!”. En los siguientes versículos Pablo explica por qué los cristianos ya no pueden tener un estilo de vida de pecado (6:2b-10) y continúa la explicación con su primer imperativo en la carta (6:11). En estos versículos Pablo escribe acerca de la santificación definitiva, progresiva y (posiblemente) futura, de los creyentes. Dos observaciones son significativas. En primer lugar, el énfasis de Pablo en 6:2b-11 está puesto sobre la santificación definitiva. En la conversión, expresada aquí por el bautismo, los creyentes eran unidos con Jesucristo en su muerte. Justo como Cristo murió al pecado, i.e., el fue separado del dominio del pecado (v. 10), de esta manera, con Él, el cristiano también ha sido separado del dominio del pecado (vv. 6, 11). Y así como Cristo ha sido ahora levantado de los muertos y vive para Dios, i.e., Él vive para glorificar a Dios (v.10) de modo que los cristianos sean habilitados, a través de la unión con él en su resurrección, a vivir estilos de vida que glorifiquen a Dios (v. 11). En segundo lugar, los creyentes están llamados a considerar (imperativo) estas verdades (indicativo) como la realidad (v. 11). Los cristianos pueden, y deben, vivir como “esclavos de la justicia”, y ya no más como “esclavos del pecado”, en la medida que respondan obedientemente a estas verdades conocidas (6:16-23). Pablo continúa su primer imperativo esencial (6:11) con otros tres (6:12-13). Junto con considerarse a sí mismos en la misma manera en que Dios lo hace, como muertos al pecado y vivos para Dios (6:11), los creyentes no deben permitir que el pecado reine en sus cuerpos (v. 12), ni tampoco presentar los miembros de sus cuerpos al pecado como instrumentos de injusticia, sino presentarse a sí mismos como vivos de entre los muertos y los miembros de sus cuerpos como instrumentos de justicia (v. 13; ver Ro. 6:19; 12:1). Los cristianos no tienen la responsabilidad de morir al pecado y estar vivos para la justicia, sin embargo, se les ordena actuar sobre la base de su unión con Jesucristo para asegurarse de que ya no se comportan bajo la autoridad del pecado. Su nueva posición bajo la gracia, i.e., la nueva era en la cual la libertad del poder del pecado está disponible, significa que el pecado ya no reinará más sobre ellos (v. 14). Una vez más (6:15) Pablo trata con una pregunta, “¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia?”, y nuevamente responde con el enfático “¡En ninguna manera!”. Su punto básico es, “Cualquiera que sea el poder al que ustedes voluntariamente se sometan…ustedes son esclavos del poder al que obedecen y sólo tienen dos poderes entre los cuales escoger” (6:16). Al analizar 6:16-23, Pablo asocia los dos poderes con las dos condiciones del creyente, la anterior y la actual: Al respecto el libro de Romanos nos dice: 6:16 La esclavitud al pecado que resulta en muerte, La esclavitud a la obediencia que resulta en justicia 6:17-18 Ustedes eran esclavos del pecado; Ustedes se convirtieron en esclavos de la justicia 6:19 Ustedes presentaron sus miembros como esclavos de la inmundicia y la anarquía lo cual resultó en más anarquía Ahora presentan sus miembros como esclavos de la justicia lo cual resulta en santificación 6:20-22 Cuando ustedes eran esclavos del pecado… Qué beneficio estaban obteniendo de las cosas… La consecuencia de aquellas cosas es la muerte Pero ahora, habiendo sido liberados del pecado y esclavizados a Dios ustedes obtienen su beneficio [de lo cual ahora se avergüenzan] que resulta en santificación y la consecuencia es la vida eterna 6:23 La paga del pecado es la muerte; La dádiva gratuita de Dios es vida eterna en Jesucristo nuestro Señor Nuevamente, hay dos observaciones significativas. La primera es, que en los versículos 18 y 22 Pablo afirma que los creyentes de Roma habían dado evidencias de santificación progresiva desde su conversión. El elogia su obediencia (vv. 17-18; ver 16:19). Los cristianos de Roma eran conocidos por su fe (1:8) y su madurez (15:14). De hecho, la presentación de Pablo, en esta carta, era sólo un recordatorio para estos santos (15:15). La segunda es que, sin embargo, Pablo deja claro que la santificación de ellos no estaba aún completa. Algo estaba todavía faltando en su fiel obediencia a Dios (19a; ver 1:11b). Así como habían obedecido, en el pasado, presentándose a sí mismos como esclavos a Dios para justicia (16, 17-18), necesitaban perseverar en obediencia al presentarse continuamente a sí mismos como esclavos de la justicia lo cual resultaría en su mayor santificación (v. 19). Su santificación final esperaba su glorificación a la vida eterna en el futuro (vv. 22, 23). En el capítulo 7, Pablo explica la relación de los creyentes del NT con la Ley Mosaica. De la misma manera en que la unión con la muerte de Cristo resultaba en un “destronamiento” del pecado por parte de los creyentes (6:2-10), así también ha resultado en la muerte de los cristianos a la Ley y su unión a Jesucristo (7:1-4). De este modo, las antiguas pasiones pecaminosas levantadas por la Ley estaban produciendo muerte, sin embargo ahora los hermanos sirven en la novedad del Espíritu Santo (7:1-6). Pablo desarrolla más adelante el papel del Espíritu Santo en la vida de los creyentes en Romanos 8:1-30. Romanos 6:22 Romanos 6:22 es el único versículo en el NT donde los términos “fruto” y “santificación” se mencionan juntos. Pablo introduce el término “santificación” en 6:19 en contraste con el término “iniquidad”. La estructura paralela demuestra el contraste: Así como ustedes presentaron sus miembros como esclavos a la inmundicia y a la iniquidad lo que resultó en mayor iniquidad, así ahora (ustedes) presenten sus miembros como esclavos a la justicia para que resulte en santificación. En su experiencia pre-cristiana, los romanos habían entregado sus cuerpos, de una forma activa, a la práctica de la impureza, probablemente inmoralidad sexual (ver 1:24) e iniquidad, la desobediencia a las normas de Dios (ver 1:28-32). Esta actividad condujo sólo a (eis, lo cual indica resultado) mayor iniquidad. Sin embargo, si los creyentes obedecieran al Señor entregando sus cuerpos y permitiendo que las normas de Dios los gobernaran, esto los conduciría a su santificación progresiva, a su crecimiento en cuanto a haber sido apartados para Dios y de los caminos del mundo. “Comprometiéndonos nosotros mismos como esclavos para hacer lo que es justo delante de Dios (´justicia´) resulta en una vida que va en aumento, en el hecho de estar centrada en Cristo, y que está renunciando al mundo”. Los versículos 20-22 están estrechamente vinculados al versículo 19 mediante la partícula “porque” (gar). Pablo está explicando la urgencia de su mandato en el versículo anterior. Los creyentes deberían presentar sus cuerpos como esclavos de la justicia por causa de su nueva condición. Un contraste similar, como en el versículo 19, entre su experiencia pre-cristiana y la realidad de su post conversión, es presentado en los versículos 20-22: Así como su “fruto” pre-cristiano (comportamiento, conducta) ahora produce en ellos vergüenza cuando lo recuerdan, de la misma manera su “fruto” cristiano resulta (eis) en su santificación progresiva como en el versículo 19. El fin de sus acciones vergonzosas es la muerte eterna, sin embargo su santificación progresiva culminará en vida eterna. Aquí “fruto” tiene el significado de ser la evidencia visible que demuestra que la santificación progresiva se está llevando a cabo en las vidas de los creyentes. Romanos 7:4 En el AT, la Ley dada a Israel en el Monte Sinaí les proporcionó la guía y las regulaciones de Dios. Israel fue amado, llamado y rescatado por el Señor (Dt. 7:7-8) además de ser separado de las demás naciones, para el Señor, antes que se diera la Ley en Sinaí (Ex. 19:4). Sin embargo, Israel podía cumplir su llamado como “nación santa” obedeciendo las estipulaciones de la Ley dada por el Señor a través de Moisés en Sinaí (Ex. 20:1—Núm. 10:10). El fruto visible de la santificación para el Israel nacional había de ser la obediencia a la Ley Mosaica. Sin embargo, en este punto, Pablo en Romanos no sólo ha declarado que la Ley no puede justificar, lo cual es una verdad confirmada en el AT (3:19-20, 28; 4:1-8), sino que también ha dado a entender que ella es impotente para santificar (5:20-21; 6:14). El va a llamar a la Lay “santa” y al mandamiento “santo, justo y bueno” (7:12), sin embargo la ley era “débil por la carne” (8:3). Aunque fue dada por el Señor como un agente santificante, la Ley era incapaz de controlar la tendencia pecaminosa de Israel (7:7-25). En vez de santificar a la nación, la Ley fue más bien un testigo de la total pecaminosidad de Israel. Así pues, la Ley vino a ser un agente de “pecado” (7:8-11). Los creyentes del NT están unidos a Cristo para ”llevar fruto” para Dios, pero no mediante la obediencia a la Ley Mosaica. De hecho, Pablo hace eco de su enseñanza concerniente al pecado, en el capítulo 6, con la Ley en el capítulo 7, tal como lo muestra la siguiente carta. Romanos 6:16-23 16 ¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia. 17 Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza[a] que les fue transmitida. 18 En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia. 19 Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad. 20 Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. 21 ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! 22 Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. La estructura de 7:1-6 también se hace eco en 6:1-23. Pablo empieza el párrafo (1-3; ver 6:1-14) reafirmando el principio de que la muerte humana lo libra a uno del “señorío” de la Ley. De la misma manera, Dios hizo morir a los creyentes al “señorío” de la Ley a través de su unión con Cristo en su muerte. Esta muerte también les permitió unirse (como en un matrimonio) al Jesús resucitado. Esta unión con Jesucristo ha de resultar en “fruto”, conducta que glorifica a Dios (v. 4). Luego (5-6; ver 6:15-23) identifica la Ley con su vida antigua y su liberación de la Ley con su vida actual. Mientras que previamente la Ley fue usada por la carne para despertar las pasiones pecaminosas que resultaron en muerte espiritual, ahora la libertad de la esclavitud de la Ley significa que los cristianos pueden, como siervos de Dios habilitados por el Espíritu Santo, vivir vidas piadosas. Fruto Específico Visible (Romanos 12:3—15:13) Pablo no dejó a la imaginación de los Romanos el aspecto que tendría, en las conductas visibles de ellos, ser siervos de la justicia habilitados por el Espíritu Santo. Después de renovar el imperativo de 6:19 de presentar sus cuerpos a Dios (12:1), y otros mandatos para no conformarse a este siglo sino ser transformados como ejemplos de la vida justa asociada con el siglo venidero (12:2), Pablo procede a explicar en detalle las obligaciones de los cristianos de Roma usando imperativos y participios imperativos (12:3-15:13). Se les ordenó a los creyentes a pensar y actuar con humildad (12:3-8), aborrecer el mal y aferrarse a lo que es bueno (12:9-21), obedecer a las autoridades gobernantes (13:1-7), actuar en amor los unos para con los otros, vestirse del Señor Jesucristo y no proveer para los deseos de la carne (13:11-14), aceptarse el uno al otro para la gloria de Dios (14:1-15:13). Pablo pone en claro que la santificación debe tener frutos visibles en las vidas de los santos de Roma. De esta manera, Romanos 6:22 y 7:4, particularmente, proveen en el NT la garantía para vincular el concepto de “fruto” con el de “santificación”. La santificación progresiva será evidente en el “fruto” de la vida de un cristiano. Una descripción de este “fruto” se presenta en Gá. 5:22-23 hacia donde la presente discusión se dirige ahora. El Fruto Resultante del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23) “La expresión ‘el fruto del Espíritu’ es una metáfora usada por Pablo para describir las virtudes que manifiestan las realidades de la vida en Cristo. Pablo no habla del fruto de la fe, sin embargo el sí habla explícitamente del ‘fruto del Espíritu’”. Gálatas 5:22-23 es el único texto en el NT que menciona explícitamente el “fruto del Espíritu”. Sin embargo, en estos versículos Pablo presenta una lista de virtudes asociadas con los creyentes cristianos que contrasta con el estilo de vida “carnal” (5:19-22). Este estrecho contraste entre los vicios no cristianos y las virtudes cristianas es común en las cartas de Pablo (Ef. 4:25-32; Col. 3:15-17; 2 Ti. 2:22-25; Tito 3:1-3). Por lo tanto, Gá. 5:22-23 enlista una muestra de virtudes, o gracias, que eran necesitadas, especialmente por los cristianos de Galacia, cuando Pablo escribió. El “Fruto” Identificable En el contexto de Gálatas 5, Pablo exhorta a los creyentes a “andar en el Espíritu” (16, 25; ver Ro. 8:4). Al ellos permitirse a sí mismos ser guiados por el Espíritu Santo (18; ver Ro. 8:14), los cristianos no están sujetos a la Ley Mosaica (ver Ro. 7:4-6). El resultado de esta guía del Espíritu debería ser el “fruto” producido por el Espíritu (22-23) en vez de las “obras” de la carne (19-21). Aquí, el fruto es visto, completamente, como la consecuencia de la actividad del Espíritu Santo. Sin embargo, otros pasajes del NT exhortan a los santos a poner estas prácticas dentro de su estilo de vida. Esta es una defensa obvia del principio de Fil. 2:12-13 y 2 P. 1:3-11. Dios les ha dado a los creyentes todo lo que ellos necesitan para una vida cristiana de piedad. Sin embargo ellos necesitan ser diligentes para poner en práctica en sus propias vidas estos dones dados por Dios. La siguiente carta define el “fruto del Espíritu” en Gá. 5:22-23 y también expone dónde, en el NT, son ordenados estos rasgos para los creyentes. El “Fruto” La Definición Exhortaciones a los cristianos El Amor La decisión, y acción resultante, de poner a Dios y a los otros antes que uno mismo Mt. 22:34-40; Juan 13:34; 1 Co. 16:14; Ef. 5:2; Col. 3:14; 1 Juan 4:7 El Gozo Un sentido interior de bienestar que resulta de la esperanza en Dios/Cristo que conduce al júbilo Ro. 12:12, 15; Fil. 3:1; 4:4; Santiago 1:2; 1 P. 4:13 La Paz Un estado de integridad y serenidad que resulta de la armonía con Dios y el hombre 2 Co. 13:11; Ef. 4:3; Fil. 4:7, 8; Col.3:15; 2 T. 2:22 La Paciencia Soportar el mal sin ira; Sufrido Ef. 4:2; Col. 3:12; 2 T. 4:2; La Benignidad Una actitud y acciones corteses Col. 3:12; 2 T. 2:24 La Bondad Una actitud magnánima que resulta en generosidad Ro. 12:9, 21; Gá. 6:10; Ef. 4:28 Fe/Fidelidad Lealtad, confiabilidad Ap.2:10 Mansedumbre Una humilde sumisión a la voluntad de Dios que resulta en tolerancia Gá. 6:1; Ef.4:2; Col. 3:12; 1 T. 6:11 La Templanza Contención de las pasiones de uno 2 P. 1:5-6 Un Ejemplo de la Instrucción en la Santificación Progresiva: El “Fruto” del Andar Cristiano en Colosenses Cada una de las 21 Epístolas del NT se puede describir como proveniente de un autor, conducido por el Espíritu Santo, dando una lección de santificación progresiva a su audiencia. Aquí tenemos un ejemplo, a través de un recorrido “rápido” en la carta de Pablo a los fieles hermanos en Colosas. Pablo se dirigió a los creyentes cristianos como “santos” (1:2) reconociendo su santificación posicional. Pablo dio gracias a Dios el Padre porque la palabra de verdad, el evangelio, en el cual los colosenses habían creído, estaba llevando fruto, particularmente en su creciente amor, por todos los “santos”, generado por el Espíritu Santo (1:3-8). Pablo oraba, sin cesar, porque los creyentes de Colosas fueran llenos del conocimiento de la voluntad de Dios con el propósito de que ellos “anduvieran como es digno del Señor”, “llevando fruto”, “creciendo”, “fortalecidos” y “dando gracias”. (Observe que Pablo estaba orando por la santificación progresiva de ellos). Pabló afirmó que Dios el Padre los había facultado para una herencia en el reino de Cristo a través de la redención de su Hijo (1:9-14). Pablo anunció la obra creativa y reconciliadora de Cristo, y su propio papel, en la proclamación de la verdad de Dios a los gentiles. Pablo trabajó en su ministerio dado por Dios de manera que en última instancia pudiera “presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” [santificación final] (1:15—2:5). Pablo ordenó a los colosenses a que condujeran sus vidas (“andar”) de acuerdo con la enseñanza que habían recibido en relación a Cristo y no permitieran que nadie los descarriara con simples enseñanzas humanas que despreciaran la verdad concerniente a Cristo (2:6-15). Pablo exhortó a los creyentes a poner en práctica la verdad concerniente a su posición en Cristo y a que no se sometieran a meros abordajes de auto-esfuerzos humanos para vivir una vida que honre a Dios (2:16—3:4). Pablo ordenó a los creyentes a que actuaran conforme a su identificación con la muerte de Cristo despojándose de su anterior estilo de vida impío y colocándose su nuevo comportamiento que honre al Cristo (incluyendo benignidad, mansedumbre, paciencia, amor y paz [ver Gá. 5:22-23]) (3:5-17). Pablo ordenó que estas actitudes y acciones, en general piadosas, debieran ser manifestadas en la vida diaria, el matrimonio, la crianza de hijos, el trabajo, la oración y la conversación (3:18—4:6). Pablo envió sus saludos finales, y su apelación final, a los colosenses (4:7-18). Conclusión El creyente posicionalmente santificado evidenciará una piedad en crecimiento y una semejanza a Cristo a medida que aprende y obedece la Sagrada Escritura lo cual el Espíritu Santo posibilita. Este estilo de vida obediente es el “fruto” visible de la santificación progresiva. Esta santificación progresiva culminará en su santificación completa cuando Jesucristo aparezca y el creyente sea transformado a su semejanza (1 Juan 3:2). Entonces, el crecimiento en semejanza a Cristo se convertirá en una total semejanza a Cristo en carácter. Peterson hace una buena descripción de este proceso: El llamado de la Escritura es a vivir demostrando las implicaciones prácticas de nuestra santificación persiguiendo la santidad como un estilo de vida. Hemos de hacer esto mirando hacia atrás a la cruz y hacia adelante a la resurrección cuando, por la gracia de Dios, compartiremos su carácter y vida por completo. Hemos de crecer en nuestro conocimiento de Dios y su voluntad de modo que podamos reflejar mejor su santidad en cada aspecto de nuestras vidas. Debemos ‘andar guiados por el Espíritu’ (Gá. 5:25 NVI), de manera que el fruto del Espíritu pueda revelarse en nosotros. Como ‘santos y amados de Dios’ debemos abandonar los valores, actitudes y prácticas que pertenecen al ‘viejo yo’ y vestirnos de ‘el nuevo yo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno’ (Col. 3:10). La aplicación de esta verdad al creyente cristiano está bien expresado en estas aleccionadoras palabras de Ryle: Tales son las marcas visibles de un hombre santificado. No quiero decir que ellas tengan que ser vistas por igual en todo el pueblo de Dios. Admito libremente que, en el mejor de los casos, las mismas no son perfecta y completamente exhibidas. Sin embargo, puedo decir confidencialmente que las cosas de las cuales he estado hablando son las marcas espirituales de la santificación y que quienes no saben nada de ellas pudieran muy bien dudar si poseen alguna gracia del todo. Sea lo que sea lo que a otros les plazca decir, nunca rehuiré decir que la genuina santificación es algo que puede ser visto y que las marcas que me he esforzado en esbozar son más o menos las marcas de un hombre santificado. El creyente cristiano ha de “seguir… la santidad sin la cual nadie verá al Señor”. El ha de buscar el ser santo, porque su Dios es santo. por Keith H. Essex Todas las citas a menos que de indique lo contrario han sido tomadas de La Santa Biblia, versión RVR60 ©Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960).
- Tres cosas indispensables en el ministerio
¿Como administrar el tiempo en el ministerio? Es muy conocida la expresión de Efesios 5:16: ‘Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.’ El tiempo es un bien muy valioso. Todos tenemos la misma cantidad: sesenta minutos en cada hora, y veinticuatro horas en cada día. Sin embargo, algunos lo aprovechan bien y otros no. Por lo general, los pastores y otros líderes en la tarea de la iglesia no tenemos una rutina diaria formal, igual cada día, de manera que tenemos que construir nuestro propio horario diario. Personalmente, encuentro que es útil hacer una lista de las cosas que tengo que hacer; después determino las prioridades y trato de asignar a cada asunto el tiempo que creo que me va a tomar realizarlo. ¿Por qué cosas estuviste orando esta mañana? Por las mañanas, me es de gran ayuda orar pensando y poniendo en la lista todo lo que voy a hacer delante de Dios. Manteniendo este hábito, uno rara vez se olvida un compromiso. Cuando alguien olvida que tiene una cita, le pregunto: ‘¿Por qué cosas estuviste orando esta mañana?’ Creo que es de mucha ayuda orar poniendo la agenda del día delante de Dios. De esta manera, podemos afrontar con Dios todo lo que nos espera: tal vez una responsabilidad muy grande que preferiríamos no asumir o quizás una persona con la cual nos vamos a ver. Siempre encuentro que los problemas se aminoran si los afronto en oración antes de empezar el día. El doctor Martyn Lloyd-Jones me dijo una vez que la presión sanguínea influye en el horario de más actividad de cada persona; algunas despiertan frescas y lúcidas y se van cansando progresivamente a lo largo del día. Otras despiertan cansadas; a lo largo del día se van reanimando, y se encuentran en su mejor momento a las dos de la madrugada. Yo encuentro intolerables a estas personas, porque mi presión sanguínea funciona de la otra manera. Me acuesto muy cansado, pero despierto fresco. Encuentro maravilloso tener unas dos o tres horas antes del desayuno, sin las interrupciones del teléfono, cartero, visitas o familia; pero reconozco que todos somos diferentes y que no tenemos que imitarnos unos a otros. ¿Qué estuviste leyendo esta mañana? Espero que también apartemos tiempo para leer. Necesitamos plantearnos una meta realista; hay demasiados pastores y líderes que nunca leen; a la inversa, algunos seminarios esperan que pasemos todas las mañanas estudiando. Creo que todos podemos darnos un tiempo cada día para leer. Además, deberíamos apartar una mañana, una tarde o una noche por semana, esto es, un período más largo como de cuatro horas. Es decir, una hora diaria y una sesión de cuatro horas una vez a la semana, suman aproximadamente diez horas semanales, en las que seguramente podemos leer un libro. Un libro por semana son cincuenta o más al año; realmente creo que esta es una meta razonable que uno se puede imponer. Un segundo aspecto de la disciplina del tiempo, es algo que podría llamar ‘días tranquilos’. Yo tenía solamente 29 años de edad cuando me designaron rector de la iglesia All Souls. Era una tarea superior a mis habilidades y a mi experiencia; las responsabilidades rápidamente me taparon y derribaron. Surgían eventos para los cuales había olvidado prepararme; después empecé a tener ‘pesadillas de pastor’: soñaba que estaba a mitad de camino hacia el púlpito, ¡y repentinamente recordaba que me había olvidado de preparar el sermón! Supongo que en aquellos días no estuve lejos de sufrir un colapso nervioso. Pero un día fui a una conferencia para pastores y uno de ellos hizo una sugerencia muy sencilla, que es lo único que recuerdo de esa conferencia. Honestamente, creo que me salvó la vida. Dijo que todo pastor debería tomarse un día tranquilo al mes, alejarse de su familia y su congregación, buscar introducirse en la mente de Dios, y esforzarse por ver hacia el futuro en los próximos meses, para saber hacia dónde ir. Esa fue palabra de Dios para mí. Inmediatamente marqué en mi agenda cuál sería ese día al mes; puse una pequeña ‘T’ de tranquilidad, y le pedí a un amigo que vive a pocos kilómetros de Londres que me permitiera pasar mi día en su casa; nadie más sabía dónde estaba, excepto mi secretaria, para el caso de que hubiera alguna emergencia. Aparté para mi día tranquilo aquellas cosas que requerían tiempo, serenidad y oración: cartas difíciles de contestar, problemas sobre los cuales tenía que meditar, un artículo que tenía que escribir, la planificación de los próximos meses. Lo único que puedo decir es que la carga se me aligeró inmediatamente y casi nunca volví a tener ‘pesadillas de pastor’. Estos días de tranquilidad de cada mes se volvieron tan importantes que durante unos diez o quince años decidí que fueran semanales. Recomiendo que por lo menos tengan uno al mes, especialmente para mirar hacia el futuro. ¿Cómo está tu tiempo devocional? Otra área en la que es importante ser disciplinado para evitar el estancamiento es la práctica devocional: la lectura diaria de la Biblia y la oración. Los pastores y líderes cristianos necesitan conocer la totalidad de las Escrituras. La mayor parte de las interpretaciones erróneas se deben a un conocimiento parcial de las Escrituras. El más seguro de los principios hermenéuticos es buscar una comprensión global de la Biblia; después aprendemos a interpretar cada texto a la luz de su contexto, y la parte a la luz del todo. Martyn Lloyd-Jones me presentó hace veinticinco años un original método de lectura bíblica. Es un calendario muy simple, que se llama ‘Pan Diario: Calendario de Lectura Bíblica’. Fue escrito por un pastor escocés en 1848, para persuadir a su congregación a leer toda la Biblia en un año; quería que leyeran dos veces el Nuevo Testamento y una vez el Antiguo, para que pudieran absorber la totalidad de la Biblia. Esta es una disciplina bastante ardua, pero creo que es de gran valor: no se empieza el primer día de enero con Génesis 1 a 4, y el 2 de enero se sigue con Génesis 5 a 9 sino que, el primer día del año, empezamos con los cuatro grandes comienzos de las Escrituras: Génesis 1, Esdras 1, Mateo 1 y Hechos 1. Cada uno trata de un nacimiento: Génesis 1 es el nacimiento del universo, Esdras 1 es el renacimiento de la nación después del exilio de Babilonia, Mateo 1 es el nacimiento de Jesús, y Hechos 1 es el nacimiento de la Iglesia. Empezamos con los cuatro grandes comienzos y los seguimos a lo largo de un año. Nada me ha ayudado más para encontrar los temas de las Escrituras y ver cómo los pasajes se van interrelacionando unos con otros. Mi práctica es la de leer tres capítulos por la mañana y uno por la noche. La lectura de tres capítulos toma aproximadamente quince minutos, así que podemos añadir un poco de estudio a esta lectura general. ¿Cómo podemos mantener fresca nuestra lectura bíblica y evitar que se estanque y se vuelva rutinaria? Mi respuesta es que necesitamos llegar a ella con expectativas; no debemos empezar la lectura sin antes tener unos minutos de meditación. Necesitamos recordarnos a nosotros mismos que Dios nos habla a través de lo que dijo antes. Él está más ansioso y deseoso de hablarnos que nosotros de escucharlo. El propósito de la lectura bíblica es escuchar la voz viviente de Dios, y necesitamos llegar a ella con una expectativa viva. ¿Cómo está tu vida de oración? Quiero decir también algo sobre la oración. Creo que todos la encontramos un poco difícil, sobre todo porque nos cuesta trabajo concentrarnos. ¿Alguna vez han pensado en esta paradoja? Cuando nos acercamos en oración a Dios sabemos que estamos en comunión con él. Nada nos satisface más; el tiempo se detiene y no tenemos prisa por terminar. En la oración, nuestra comunión con el Padre celestial es una realidad. A lo mejor no sucede esto con frecuencia, pero creo que todos lo hemos experimentado en algún momento y lo hemos encontrado profundamente satisfactorio. Siendo así, deberíamos estar motivados a orar. Sin embargo, se da la paradoja de que, cuando se acerca nuestro tiempo de oración, nos sobreviene una extraña aversión; cientos de inocentes alternativas se presentan en nuestra mente: escribir una carta, visitar un amigo, leer una revista, etc. ¿Cuál es la razón de esta ilógica reacción? El diablo sabe que la oración es el secreto más grande de la vida cristiana, y está dispuesto a hacer todo lo posible por detenernos. Esta es la única explicación que puedo encontrar sobre la resistencia a la oración. Conclusión. Por lo tanto, quisiera compartir con ustedes algo que he encontrado muy útil. Necesitamos ganar la batalla de lo que yo llamo ‘el umbral’. A veces me imagino una pared muy alta, y a Dios del otro lado de la pared; allí, en un jardín florido, él nos está esperando. Parece una idea un poco infantil, pero a mí me ayuda. En mi cuadro mental, la única manera de atravesar la pared para llegar al jardín es una pequeñísima puerta, y delante de ella está el diablo con la espada en la mano, listo para pelear a cada paso para evitar que pasemos a la presencia de Dios. Es en este momento cuando necesitamos vencer al diablo en el nombre de Cristo. Esta es la batalla del umbral. Pienso que hay muchos de nosotros que nos damos por vencidos en la oración antes de haber ganado la batalla del umbral. La mejor manera de ganar esta batalla, según mi experiencia, es usando las promesas de la Escritura. Adaptado de: John Stott, Desafíos Del Liderazgo Cristiano(Buenos Aires: Certeza Argentina, 2002), 50–68.
- Pastor, ama a tus ovejas
Nunca se enfatizará suficiente la importancia de las relaciones personales. La vida sobre la tierra consiste de relaciones entre personas. Generalmente vivimos en una red muy compleja de ellas. ‘Porque ninguno de nosotros vive para sí,’ dice el apóstol Pablo. ‘Ningún hombre es una isla,’ decimos también. Tenemos familia, amigos, colegas; están las personas a quienes servimos, las personas que nos sirven, y todos ellos tienen derecho a nosotros. Por lo tanto, es verdaderamente importante que aprendamos a cultivar buenas relaciones. No sea que nos ocurra como a ese misionero al que le preguntaron cómo se sentía, y respondió que muy bien, excepto que no podía soportar a sus colegas misioneros, y no podía llevarse bien con las personas del país al que había ido a servir… ¡pero por lo demás le estaba yendo muy bien! Respeto por el valor de la persona: la creación y la redención Esta primera sección se refiere a los fundamentos que tenemos los cristianos para mantener vínculos sanos. La base de una buena relación es el respeto, y el respeto se basa en el valor. Sin embargo, es importante que tengamos una perspectiva cristiana del valor; el valor de las personas no se mide por su profesión o por su agradable personalidad, su posición social, el tamaño de su casa o de su coche. El valor humano es intrínseco. Esta es una diferencia básica entre la mentalidad cristiana y la mentalidad del mundo, y afecta muy profundamente las relaciones entre las personas. Los cristianos tenemos mejores fundamentos que otras corrientes para servir a los seres humanos, porque no lo hacemos por lo que creemos que van a ser en el futuro, sino por lo que ya son: no nos inspira la evolución sino la creación. Si la creación es la primera base del valor humano, la segunda es la redención en Jesucristo. Un versículo que ha sido de gran ayuda para mí es Hechos 20:28, que está en el discurso de despedida que Pablo dio en Mileto a los ancianos de la iglesia en Éfeso: Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. ¿Ha notado la referencia que se hace a la Trinidad en este versículo? Ella es la base del cuidado pastoral de la iglesia de Dios. Aunque el texto dice ‘del Señor’, algunos manuscritos dicen ‘de Dios’. Creo que la forma correcta es la segunda. La Iglesia de Dios fue ganada por la sangre de Cristo y el Espíritu Santo fue designado guardián de esta Iglesia. Esto es de gran ayuda para mí como pastor: tanto el Padre como el Hijo y el Espíritu Santo están comprometidos en el bienestar de las personas. Por eso es para mí un privilegio estar involucrado en su servicio. Creo que necesitamos recordarnos continuamente quiénes son estas personas a las que estamos llamados a servir. Honestamente, no todas las personas a las que tengo que atender en la iglesia me resultan agradables… A veces tengo ganas de decirles a algunos que se vayan, o salir corriendo yo mismo. Pero esa expresión de Pablo me ayuda a superar esta situación. Mientras les estoy hablando en voz alta, también estoy hablándoles silenciosamente en mi corazón, diciéndoles: ‘A lo mejor no valen mucho de acuerdo a algunos criterios terrenales, pero ustedes son preciosos para Dios. Él los hizo a su imagen; Cristo los ama y murió por ustedes, y es un privilegio para mí servirles porque conozco su valor.’ Puede parecer gracioso, pero pensar así mientras hablamos me ayuda a cambiar mi actitud hacia ellos; puedo amarlos y cuidarlos. La base de una buena relación es reconocer que el valor humano es intrínseco porque se debe a la creación y a la redención. ‘En nombre del Señor… como trabajando para el Señor…’ Quisiera compartir con ustedes un principio que me parece revolucionario. En Colosenses 3:17, Pablo expresa: ‘Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.’ Y en el versículo 23: y ‘todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.’ Notarán que en ambos versículos se repite la frase: ‘Y todo lo que hagáis…’ Aquí hay algunas pautas de aplicación universal que se complementan maravillosamente. El versículo 17 habla de hacer cosas en el nombre del SeñorJesús; hacer algo en su nombre es hacerlo como su representante o apoderado. A la vez, el versículo 23 habla de hacer cosas para el Señor, bajo sus órdenes, es decir, como siervos. De acuerdo al primer versículo, debo tratar a mi vecino como si yofuera Jesucristo. Pero de acuerdo al segundo versículo, debo tratar a mi vecino como si élfuera Jesucristo. Cuando me comporto con una persona ‘en el nombre del Señor’, debo darle el respeto y la atención que Jesucristo le hubiera dado. A su vez, de acuerdo con el segundo versículo, debo darle el respeto y la cortesía que le daría a Jesucristo mismo. En toda relación, Jesucristo juega ambos papeles: debo tratar a mi prójimo como si yo fuera Cristo, y debo tratarlo como si él fuera Cristo mismo. Ambas pautas son revolucionarias y las dos juntas son doblemente revolucionarias. ¿Qué haría Jesús? Según el primero de estos versículos, nos acercamos a los demás en el nombre de Cristo: representamos a Jesús. Somos sus embajadores sobre la Tierra. Aprendemos a considerar a las personas como él las consideró y aprendemos a tratar a las personas como él las trató: honramos a las mujeres como él las honró, amamos a los niños como él lo hizo, mostramos compasión a aquellos que lo necesitan, como él lo mostró, y nos humillamos para lavar los pies de otros como lo hizo él. La pregunta en cada situación es: ¿Qué haría Jesús? Charles Sheldon relata en su libro In his steps (En sus pasos) un suceso ocurrido durante la gran depresión hacia 1930. Era sábado y el pastor estaba sentado en su estudio, preparando el sermón. Su texto era 1 Pedro 2:21: ‘Porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas.’ De pronto sonó el timbre; el pastor soltó una grosería en voz baja, se asomó por la ventana y vio un hombre obviamente desempleado. El pastor le dijo que estaba ocupado preparando su sermón, pero en seguida volvió a sonar el timbre. Cuando el pastor bajó para hablar con el vagabundo, este le contó una larga historia de sufrimiento y de desempleo. De alguna forma, el pastor lo sacó de su casa lo más rápido posible, para seguir preparando su sermón. Llegó el domingo y dio un mensaje brillante y elocuente. Pero al terminar, oyó un gran disturbio en la parte trasera de la iglesia; alguien estaba acercándose por el pasillo central y con espanto vio que era el mismo mendigo. Cuando llegó adelante, se dio vuelta y, dirigiéndose a la congregación, les dijo: ‘He estado escuchando el sermón de su pastor acerca de cómo seguir los pasos de Jesús…’ Pasó a explicar lo que había ocurrido el día anterior cuando había ido a pedirle ayuda, y terminó diciendo: ‘Cuando me cerró la puerta, no pude dejar de preguntarme si Jesús hubiera hecho esto.’ Y luego se desmayó de hambre. Conclusión. Creo que es fácil entender cómo esta experiencia revolucionó a aquella iglesia. Al domingo siguiente el pastor desafió a la congregación para que se comprometieran a no hacer nada sin antes preguntarse qué haría Jesús en esa circunstancia. El resto del libro relata lo que le pasó a cada una de las diferentes personas. Y aunque parte del libro es un tanto sentimental, hace un fuerte énfasis en que, no importa qué hagamos, debemos hacerlo en el nombre del Señor Jesús, como sus representantes. Adaptado de: John Stott, Desafíos Del Liderazgo Cristiano (Buenos Aires: Certeza Argentina, 2002), 69-83.
- ¡Cuidado Con La Nueva Reforma Apostólica!
Ustedes sabrán la verdad y la verdad os hará libres. Toda la alabanza y la gloria va solamente a Jesucristo, que es el único Camino, la única Verdad, y la única vida. Amén. ¿Qué es la Nueva Reforma Apostólica (NAR)? Fundada por el Dr. C. Peter Wagner, se compone de miles de redes de iglesias y ministerios de todo el mundo que comparten creencias y una agenda común. "Apóstoles" y "profetas" dirigen el movimiento de acuerdo a la "nueva revelación" en desarrollo, que ellos creen que se necesita para cumplir el mandato dado por Dios con el fin de establecer un reino físico de Dios en la tierra. E n su libro, El Manifiesto de la Reforma, Cindy Jacobs, co-fundador de Generales Internacionales y líder de la Red de Oración Reforma de la NAR, declara: "Cuando Jesús vino al mundo, El no solo estaba buscando convertidos. Él estaba buscando recrear los Cielos en la Tierra". Una de sus creencias fundamentales es que en el año 2001 ocurrió un cambio de paradigma en el cual la comisión de la iglesia cambió, transformar almas se convirtió en transformar a la sociedad, y hacer discípulos de individuos se convirtió en hacer discípulos de naciones. C. Peter Wagner dice— El renacimiento no es suficiente. Necesitamos un cambio de paradigma . Empezamos por la sobre-identificación de la Iglesia con el reino y entonces comenzamos a imaginar que nuestra misión era salvar almas y plantar iglesias y dejar que otros se preocuparan por mejorar la sociedad. ¡Se acabó! Cindy Jacobs está proclamando un "manifiesto de la reforma." El Dr. Wagner también habla acerca de la enormidad del movimiento y las radicales diferencias que tiene: La Nueva Reforma Apostólica está creciendo más rápido que el Islam. Es importante que reconozcamos que no estamos hablando de algo en la periferia, estamos hablando de un movimiento dinámico en el corazón de la Cristiandad del siglo 21. La Nueva Reforma Apostólica es el extraordinario trabajo de Dios que está cambiando la forma del Cristianismo Protestante alrededor del mundo. Muchos líderes cristianos aún no tienen idea que el movimiento NRA siquiera existe. Sin embargo, algunos han formado un estereotipo que pone al movimiento como si estuviera al borde de la Cristiandad lunática. El movimiento es hasta amenazador para algunos, debido a las diferencias radicales de estilo que contrastan con las iglesias tradicionales que la mayoría de nosotros hemos conocido. Sin embargo, as raíces del NRA van mucho más atrás, cuando una agenda idéntica fue presentada en los años 1940 a través del movimiento del Nuevo Orden de la Lluvia Tardía (New Order of the Latter Rain – NOLR). En 1946 comenzó un renacimiento en San Diego, California, bajo el liderazgo de Franklin Hall. Hall creía que los cristianos podían volverse inmortales a través de una serie de diferentes pasos de crecimiento espiritual delineado en su libro, The Return of Inmortality. EL sujeto de la inmortalidad influenció a muchos otros quienes también adoptaron las enseñanzas de Hall. Poco después apareció el renacimiento del Sharon Home en North Battlefield, Saskatchewan, Canadá, liderado por George Hawtin, Ern Baxter y George Warnock. El libro de Warnock The Feast of the Tabernacles, marcó las doctrinas del Nuevo Orden de la Lluvia Tardía- incluyendo la perfección de los santos y su dominio sobre la Tierra. Al mismo tiempo, William Branham quien anteriormente había sido un ministro Bautista, conducía servicios milagrosos donde mucha gente era curada y liberada espectacularmente en el nombre de Jesucristo-aunque él daba el crédito por tales señales y prodigios a su ángel, creyendo que era él quien los hacía realidad. Desafortunadamente, de lo que parecía ser el ministerio más dinámico y sobrenatural que la iglesia nunca antes había visto, provinieron las falsas enseñanzas de Branham como, por ejemplo–- (1) La Trinidad y las denominaciones de la iglesia son del Diablo. (2) Las tres formas de la Palabra de Dios son la Biblia, el Zodíaco y las pirámides de Egipto. (3) Su doctrina de la "Semilla de la Serpiente" la cual sugiere que la serpiente en el Jardín de Edén tuvo intimidad sexual con Eva, la cual resulto en la concepción de Caín. (4) Su ángel, quien le enseño a Branham que él era en verdad Elías, precediendo la segunda venida de Jesús, así como también el mensajero de la última edad de la iglesia, Laodicea. (5) Los creyentes alcanzarán inmortalidad antes del retorno de Cristo-y se convertirán en una super raza (también conocida como el Ejército de Joel). William Branham es conocido como el padre del Movimiento de la Lluvia Tardía, influencia bajo la cual muchos en las Iglesias Carismáticas/ Pentecostales todavía operan en el día de hoy-especialmente las creencias de que ciertas "verdades perdidas" están siendo restauradas, y que Dios da "nuevas revelaciones" a través de encuentros sobrenaturales con ángeles y a través de visiones. A menudo estas experiencias, así como también nuevas interpretaciones de las Escrituras han sido puestas sobre el nivel de las Escrituras mismas-lo cual ellos creen que es necesario para equipar y preparar al Cuerpo de Cristo para la siguiente "movida de Dios". Estas son otras creencias del Nuevo Orden de la Lluvia Tardía: (1) La restauración de la iglesia y de los oficios de apóstoles y profetas, (2) la restauración del Tabernáculo de David, (3) la expectativa de un enorme renacimiento de los tiempos finales, y (4) la Manifestación de la doctrina de los Hijos de Dios. Aparentemente el Movimiento del Nuevo Orden de la Lluvia Tardía cesó de existir rápidamente en 1949 debido en gran parte a que los en ese momento las Asambleas de Dios denunciaron esas doctrinas como herejías: RESUELTO, que nosotros desaprobamos aquellas enseñanzas extremas y prácticas, las cuales, no teniendo fundamento en las escrituras, sólo sirven para romper la comunión de la misma preciosa fe y tienden a la confusión y división entre los miembros del cuerpo de Cristo, y ya sea sabido por este medio que este 23° Consejo General desaprueba el llamado "Nuevo Orden de la Lluvia Tardía." Obviamente el Doctor C. Peter Wagner no estaba de acuerdo. En su autobiografía, Lucha con los Cocodrilos, los Profetas y los Teólogos, él escribió lo siguiente acerca del Movimiento de la Lluvia Tardía: Fueron pioneros. Tomaban riesgos. Sus contribuciones positivas para el reino de Dios han eclipsado cualquier error que hayan podido hacer. En los años 90, la agenda del Nuevo Orden de la Lluvia Tardía visitó la iglesia de nuevo, pero con otro nombre--La Nueva Reforma Apostólica. Sus creencias acerca de los tiempos finales y en particular acerca de la doctrina de la Manifestación de los Hijos de Dios está de acuerdo con las creencias de la Nueva Era acerca de la anticipación de la exaltación del hombre a la Divinidad. Tomado de una fuente de la Nueva Era, el libro de Ray Yungen "A Time of Departing" dice lo siguiente acerca de la creencia de la Nueva Era referente a nuestra habilidad de ser como Dios: El significado de la encarnación y de la resurrección no es que Jesús haya sido un humano como nosotros- pero en vez de eso, nosotros somos dioses como El- o al menos tenemos el potencial de serlo. Jesús no significa un vehículo de salvación, pero en lugar de ello Él es un modelo de perfección. Otras creencias comunes y compartidas con el movimiento de la Nueva Era son-- La reforma de la iglesia, la transformación de la sociedad, el dominio del mundo, un futuro segundo Pentecostés (planetario), y la necesidad de una nueva revelación. Warren Smith habla de algunas de estas creencias en su libro, False Christ Coming, (y cita estas enseñanzas canalizadas) a través de Maitreya (el esperado Mesías de la Nueva Era) y a través de Alice Bailey (una practicante de la Nueva Era). El proceso para convertirnos en deidades es simple, natural y abierto libremente a todos los hombres. Es un proceso de aquel Dios quien, desde el comienzo, ha vivido dentro de ti. Mi promesa es la siguiente: Si tú me sigues al Nuevo Tiempo, Yo liberaré para ti tu propia naturaleza divina. Compartamos juntos, mis amigos, en la Gran Obra, nada menos que la transformación del mundo, el Maestro Jesús reformará las iglesias cristianas, la fe cristiana también ha servido su propósito; su Fundador está buscando establecer un nuevo evangelio y un nuevo mensaje que iluminará a todos los hombres por doquier. La Teología del Dominio Los Dominionistas creen que Dios le dio un mandato a la iglesia bajo el liderazgo de sus apóstoles y profetas para que, (1) traigan el reino de los cielos a la tierra, (2) establezcan una única, unida y global iglesia para transformar la sociedad y (3) tomar dominio sobre la Tierra. C. Peter Wagner escribe lo siguiente acerca del dominio de la iglesia: . . . Dios nos ha asignado a tomar dominio y transformar la sociedad. No podía imaginarme que en el mismo año, 2001, daría los primeros pasos en lo que ahora considero el más radical y mundialmente impactante cambio de paradigma de todos los conocidos, al entender y aplicar el Mandato de Dominio de Dios. Este es el Mandato de Dominio dicho simplemente: Dios creó a Adán para tener dominio sobre la tierra. Satanás usurpó el dominio del hombre a través de la caída en el Jardín del Edén. Dios quiere usar la iglesia para tomar el dominio de vuelta de Satanás. La iglesia ahora tiene un mandato de Dios para encabezar a todos los gobiernos e instituciones terrenales, Jesús no puede y no volverá hasta que esto suceda. En sitio de la red "My Word Like Fire", se la cita a Cindy Jacobs así: Debido a que no entendimos nuestra comisión, el pecado entró en el mundo y comenzó a deteriorar la capacidad que teníamos que administrar la Tierra. De modo que tenemos la autoridad necesaria revertir la maldición de Génesis de pobreza y muerte. No sólo tenemos el poder para hacerlo, tenemos el mandato. Usted tiene que entender esto. Y Dios me mostró que cada parte del Padre Nuestro es un elemento de la manera en la cual reformar y transformar una nación. Peter Wagner también dice lo siguiente acerca del Dominionismo: Jesús, después de haber ganado nuevamente autoridad en la tierra, ahora podría mediar y decidir en los asuntos de la tierra. Sin embargo, Jesús no se quedó en la tierra para gobernarla. El ascendió al Padre, y está sentado a su diestra. Entonces, ¿quién es ahora responsable de gobernar y reinar en la tierra? Lo creas o no, la iglesia, que es el cuerpo de Cristo. En su libro "The Seven Mountains Prophesy" Johnny Enlow agrega: En esencia, el Padre le dice al Hijo: 'Una vez que hayas adquirido la redención para la humanidad, te sentarás a mi derecha. . . Tú permanecerás aquí como la cabeza, y tu cuerpo en la Tierra va a aplastar a tus enemigos. Hasta que esto sea hecho, tú no volverás para rescatar, llevarte, salvar o cualquier otra cosa. Tu cuerpo, de hecho, no va a ser una hermosa novia hasta que haya logrado este aplastamiento de Satanás. Mi reino no es de este mundo. (Juan 18:36) Es interesante observar que la mayoría de los líderes y pastores que están en el NRA, cuando se les pregunta por lo general niegan ser Dominionistas o tener implicación alguna con el movimiento. Como resultado, la mayoría de los creyentes que asisten a estas iglesias y conferencias no tienen idea alguna acerca de las enormes redes que se forman alrededor de ellos. Pocos de ellos han oído hablar de "NRA", la "Nueva Reforma Apostólica". Restauración de Apóstoles y Profetas Los líderes del NRA creen en la restauración de los apóstoles quienes sostendrán altas posiciones de gobierno en la iglesia. NRA enseña que TODOS los creyentes, las iglesias locales y toda ciudad debe someterse a un apóstol quién gobernará sobre su designada región. NAR también cree que solamente a través de esos apóstoles la iglesia podrá concretar su destino. C. Peter Wagner describe así la importancia y la necesidad de apóstoles en la iglesia: Las redes apostólicas sustituyen las denominaciones. Ellos [los pastores] están convencidos de que no serán capaces de cumplir todo su destino en el servicio a Dios sin la cobertura espiritual del apóstol.18 Cuando los apóstoles comiencen a elevarse por miles, seremos capaces de tomar las naciones para Jesucristo. La cosecha no se puede llevar a cabo sin la existencia de este oficio fundacional. ¡Si [John Kelly] es correcto, el oficio apostólico es tan importante que puede significar para las multitudes la diferencia entre el cielo y el infierno! El Doctor Bill Hamon, miembro del Consejo de Ancianos Proféticos del NRA, agrega: Es casi imposible que los individuos se humillen ante Dios sin humillarse en la entrega y la relación con los representantes de Cristo [apóstoles] delegados por El para Su Iglesia. Ellos creen que los apóstoles de la Nueva Reforma Apostólica son los que escuchan de Dios en lo que respecta a los asuntos de la iglesia. El Dr. Bill Hamon advierte sobre la necesidad de ser sometido a la autoridad de los apóstoles: Aprendamos a reconocer la verdadera voz de Dios a través de sus santos apóstoles y profetas. Tú no estás en el divino orden su no eres un apóstol o si no estas bajo uno. La decisión de someterse es nuestra, creer y convertirse en parte del entero Cuerpo de Cristo, o rebelarse, rechazar, endurecer el cuello y ser devorado. Peter Wagner agrega: Sin embargo, contrario de lo que algunos pueden pensar, no es la responsabilidad de todos los creyentes, ni siquiera de los pastores de la iglesia, el escuchar directamente lo que el Espíritu dice a las iglesias. Los Apóstoles son a quienes se les ha dado la responsabilidad principal de escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias. Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, pues aún Satanás se disfraza como ángel de luz. (2 Corintios 11:13-15) Ellos creen en la restauración del oficio del profeta en la iglesia, sin embargo, sus líderes confiesan que las palabras de sus profetas no son 100% exactas. De hecho, se ha determinado que muchas de las "profecías" han sido falsas y/o vagas. Incluso Mike Bickel, conocido director de la Casa Internacional de Oración (IHOP), un ministerio que "entrena" personas en el ministerio profético, admite que la mayoría de las visiones, profecías, y las visitas no son de Dios: Tengo no sé cuántos sueños y visiones enviados a mí debido a la internet en todo el mundo, correo electrónico, así como también de miembros de IHOP. No presto atención a la mayoría de ellos. Creo que son una distracción. No son reales. No me refiero a que las personas que no son reales. Algunos de ellos están fingiendo y hay un montón de gente fingiendo. Pero incluso las buenas personas sólo tienen cosas tontas -- son sólo tonterías. Probablemente el 80% de lo que he oído que descarto. No me mueve en absoluto. No representa ningún testimonio para mí. La persona me gusta y creo en su caminar con Dios, pero no creo que lo que dice proviene de Dios. Sin embargo, Bill Hamon va tan lejos como para decir lo siguiente acerca de los profetas modernos de la Nueva Reforma Apostólica: Dios es muy sensible acerca de sus profetas. El tocar a uno de sus profetas es como tocar la manzana de sus ojos. Rechazar los profetas de Dios es rechazar a Dios. No reconocer a los profetas, o evitar que hablen, es negarle permiso a Dios para hablar. Además, creen que sus profetas reciben una visión directa de Dios acerca de la "nueva revelación" y de la aplicación de las Escrituras. Si uno cuestiona a un profeta del NRA o a un pastor acerca de lo que se dice, a menudo uno es, tratado con hostilidad, se lo etiqueta como: "divisivo", "rebelde", un "Jezabel", "no suficientemente maduro espiritualmente para comprender" y/o, definitivamente se lo separa de la congregación. A la luz del hecho de que la mayoría de las religiones falsas y cultos tienen sus raíces en un individuo que afirma recibir revelación directa de ángeles o de un encuentro sobrenatural de algún tipo, es vital que seamos como los de Berea y "examinemos todas las cosas con cuidado." Esto también es importante y bíblico para tener la libertad de hacer preguntas a los líderes de la iglesia sin reproche. También, sus "palabras" proclaman las estrategias y nuevas ideas que confirman su agenda- la cual ellos creen que prepara el Cuerpo de Cristo para el siguiente paso dentro del movimiento. Johnny Enlow "profetizó" en The Elijah List (un respetado sitio de internet del NRA) que pronto, ángeles ofrecerán rollos (antigua forma de manuscritos) que revelarán secretos acerca de la nueva reforma de Dios: Una fuerza élite de oración ha sido preparada en un fuego refinador y ahora un nuevo combustible se encenderá en reuniones de oración. Una compañía angélica también lanzará rollos manuscritos a los líderes del movimiento de oración, y provocará una temporada de oraciones efectivas y eficaces, al ser liberados los secretos ocultos de Dios en relación con su agenda de reforma. Y se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán... De ser posible, aun a los escogidos. ( Mateo 24:11, 24:24, También Jeremías 23:16:40, Ezequiel 13:1-10, Deuteronomio 13 y 18 ) Ellos creen que Dios les ha revelado la estrategia del Mandato Siete Montañas como una manera de penetrar, influir y dominar las instituciones del gobierno, de la familia, de la educación, de las artes/entretenimiento, de los medios de comunicación, de los negocios y de la religión, y el Mandato Siete Montañas es un medio para lograr sus objetivos de dominio. Algunos enseñan que cuando alcancen sus objetivos de dominio, Jesús podrá regresar a la tierra. C. Peter Wagner explica: Pensemos en las siete montañas. Satanás ha logrado mantener el control en la mayor parte de ellas porque él ha establecido un gobierno en cada una de ellas. Además, se necesita un gobierno para derrocar un gobierno. Énfasis en el Ocultismo y la Nueva Era El NRA destaca firmemente la importancia de las experiencias con ángeles, demonios, visiones, el conocimiento oculto/esotérico (Gnosis), los viajes a través de portales y pasajes al Tercer Cielo, la oración contemplativa y el misticismo cuántico. También ofrecen escuelas donde las personas son "entrenadas" para profetizar, tener visiones y trances, y en la experiencia (astral) del viaje del alma a través de las dimensiones. Algunos líderes de la iglesia glorifican los practicantes de la Nueva Era (1) debido a que estos líderes creen que los practicantes de la Nueva Era tienen un "conocimiento" más extenso que la mayoría de los cristianos, y (2) porque la iglesia necesita "recuperar" lo que ha sido robado y mantenido cautivo por lo oculto y la Nueva Era. C. Peter Wagner dice lo siguiente: Sugiero que puede ser posible recibir selecta pero válida información proveniente del mundo de la oscuridad misma. Ciertas personas, como los chamanes, brujos, los practicantes de las religiones orientales, gurús de la Nueva Era o profesores de lo oculto en las facultades universitarias, son ejemplos de la clase de personas que pueden tener mucho más amplio conocimiento del mundo de los espíritus que la mayoría de los cristianos. Parte de la información que proporcionan es exacta. Muchos de ellos son no sólo inteligentes, sino que también son sinceras personas de integridad. En el libro Physics of Heaven, Bill Johnson comparte sus creencias: Muchos prominentes pastores y oradores agregan leña al fuego del miedo, al asumir que debido a que estas cosas son promovidas por la Nueva Era, sus orígenes están necesariamente en el mal. Encuentro que este razonamiento es pobre. Si seguimos esa línea de pensamiento vamos a seguir dándole al diablo las herramientas que Dios nos ha otorgado a nosotros para el éxito en la vida y ministerio. Jonathan Welton agrega: He encontrado en las Escrituras al menos 75 ejemplos de cosas que la Nueva Era ha falsificado, tales como tener un espíritu guía, trances, meditación, auras, objetos de poder, la clarividencia, y mucho más. Estas cosas de hecho pertenecen a la iglesia, pero han sido robadas y hábilmente se les ha dado un nuevo aspecto. Larry Randolph continúa así: Sin embargo, sospecho que muchos tienen miedo a ser engañados por las cosas que no entienden. Al igual que Israel en el Antiguo Testamento, rápidamente relegan a los Filisteos cualquier cosa que parezca diferente o "siniestra" en el mundo espiritual. Caso en el cual necesitamos el espíritu de David para levantarse dentro de nosotros y declarar: "Yo estoy tomando de nuevo lo que le pertenece a Dios!" ¿Es un "espíritu de David" lo que realmente necesitamos? ¿O es discernimiento? El ex participante de la Nueva Era, Warren Smith, comparte su percepción acerca de "poner a prueba a los espíritus": Es muy triste hoy en día ver a tantos creyentes que caen bajo la influencia del mismo espíritu que me influyó en mí cuando estaba en la Nueva Era. Este espíritu dice que este es un momento de "avances" para el cumplimiento de nuestro "destino", y que hay algo "nuevo" y emocionante en el viento. Esta enseñanza afirma que estamos en medio de una "gran transición" que dará lugar a un "cambio de paradigma", y que a través de "nueva revelación" y "experiencia personal ", Dios está en el proceso de llevar a la iglesia a una "nueva dimensión" y a un "nuevo nivel". Muchos líderes cristianos en estos días están muy seguros de que lo que están escuchando y experimentando proviene de Dios, ellos raramente ponen a prueba los espíritus, o incluso consideran la posibilidad de que están siendo engañados. El apóstol Pablo tuvo tolerancia cero para los falsos maestros y nos advierte acerca de la revelación extra-Bíblica la cual es contraria a lo que hemos aprendido de él: Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al[a] que os hemos anunciado, sea anatema. Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema. (Gálatas 1:8-9) Así que, hermanos, estad firmes y conservad las doctrinas que os fueron enseñadas, ya de palabra, ya por carta nuestra. (2 Tesalonicenses 2:15) Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. (2 Corintios 11:13) En el libro A Time to Advance del actual Presidente del NRA, Chuck D. Pierce, encontramos un ejemplo de esas enseñanzas extra-Bíblicas. [Glory of Zion Intl, Inc., 2011, p. 147]: A través de las tribus, Dios está revelando las 12 piedras proféticas de justicia, que se encontraban en la coraza pectoral del uniforme sacerdotal. El sumo sacerdote no podía entrar en el Santo de los Santos sin esa coraza. La intervención de Dios con Jacob y sus palabras proféticas sobre las tribus nos hace que llevemos ahora mismo estas piedras en nuestra propia coraza de justicia. Debemos entender la dinámica redentora de estas tribus del pacto, constituyendo nuestra coraza general de justicia. Sin tener las piedras en su lugar, no podemos entrar sin miedo en la sala del trono. Tendremos acceso a la sala del trono, pero no vamos a entrar con la audacia que Dios quiso que se manifestara en nosotros. Por esta razón, tenemos que entender el propósito profético-redentor de cada tribu para ir confiadamente al trono. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia... (Hebreos 4:16) La palabra "confianza" en las Escrituras aparece en el idioma hebreo como "parrhesia", (Strong's # 3954), y significa: Libertad de hablar, abiertamente, francamente, sin ocultar, libre y sin miedo, con confianza, sin ambigüedad.] Nosotros creemos que, en el Antiguo Pacto, Dios creó la coraza pectoral en el uniforme del Alto Sacerdote para representar a cada tribu de Israel mientras él estaba en el lugar Santísimo. Efesios 6:13-17 nos dice que se nos ha dado nuestra propia coraza de Dios. Nosotros también tenemos una coraza pectoral de justicia. Pero nuestra coraza se mantiene en su lugar solo si esta sujetada por el Cinturón de la Verdad alrededor de nuestra cintura. Nuestra justicia proviene SOLO a través del propósito redentor de la sangre de Jesucristo en la cruz (la cual nos da acceso al trono), en lugar de darle un propósito redentor a cada piedra tribal. Porque ahora nosotros somos reyes y sacerdotes para Dios (Apocalipsis 1:6), y piedras preciosas vivientes (1 Pedro 2:4-5). También podemos encontrar en el mismo libro de Chuck Pierce, otro ejemplo similar de este tipo de enseñanzas. El clasifica los 12 meses del calendario Hebreo junto con las 12 festividades de Israel, las 12 letras del alfabeto hebreo, las 12 tribus de Israel, los 12 signos del zodíaco, los 12 colores de las piedras y 12 características de cada mes, algunas de las cuales incluyen las predicciones que él hace acerca de lo que pueda ocurrir cada mes: (1) Si tu haces una confesión negativa durante Nisan, tendrás problemas durante el resto del año [p. 261]; (2) Tu prosperidad está conectada a la forma en que reaccionas durante este mes [durante Iyar, p. 268]; (3) Si no eres brillante durante la alabanza, la idolatría se cierne a tu puerta [durante Tammuz p. 278]; (4) muchos de los problemas estomacales son el resultado de recibir palabras erróneas [durante Cheshvan, p. 305]; (5) Si no rompes el poder del mal de ojo en este mes [durante Tevet, p. 313], este poder intentará guiarte en el futuro. (6) Si te encuentras en problemas en Enero, probablemente seguirás en problemas por un tiempo [durante Chevat, p.319]. Chuck Pierce no hace referencia a la fuente de esta información, tampoco da referencia Bíblica alguna para apoyar estas creencias erróneas. A pesar de que niega su implicación con la Cábala -el libro de la mística judía- y admite que se trata de una "perversión ocultista del Judaísmo," es interesante notar que idéntica información se puede encontrar en ese mismo libro (la Cábala). Otra enseñanza de la Nueva Era que se encuentra en la iglesia de hoy es que los santos que han muerto en el pasado no podrán existir íntegramente hasta que los cristianos del presente "completen su destino". Bill Johnson, pastor de Bethel Church en Redding, California, dice lo siguiente: Creo que es posible que nosotros recuperemos reinos de unción, reinos de visión, reinos de Dios que durante décadas han sido desatendidos, simplemente al decidir reclamarlos y perpetuarlos para las generaciones futuras.34 Dios dice, "Hay cosas que están allí echadas, misterios para ser entendidos, herencias que están desatendidas, sin cuidado, sin que nadie las ocupe. Pero están allí para tomarlas". El Doctor Bill Hamond agrega: Todos aquellos que han muerto en la fe desde el comienzo de los tiempos, están aclamándonos desde los balcones del cielo. Ellos no pueden existir completamente sin la completa obediencia de la Iglesia de la última generación... los espíritus de justos santos han sido hechos a la perfección, pero están esperando el acto final de su redención. Pero no pueden recibirlo hasta que nosotros, la Iglesia de la última generación, completemos nuestro destino. Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación. (Santiago 1:17) Os he escrito estas cosas respecto a los que están tratando de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de El permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; pero así como su unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira. (1 Juan 2:26-27) (También 1 Corintios 12:11 y 2 Corintios 1:21) Otros líderes creen incluso que hay "unciones" y "mantos" de las generaciones anteriores que no han sido reclamados y que se pueden obtener al recostarse sobre las tumbas de famosos curanderos muertos (esta práctica se llama "empaparse en la tumba"). Benny Hinn describe sus experiencias en las tumbas de Aimee Semple McPherson y Kathryn Kuhlman: Sentí una tremenda unción cuando yo estaba allí. En realidad, yo-yo, escucha esto, temblé cuando visité la tumba de Aimee. Me temblaba todo el cuerpo. El poder de Dios vino sobre mí... Creo que la unción estaba sobre el cuerpo de Aimee. Sé que esto puede ser chocante para ti... Y voy a tomar David [Palmquist] y Kent [Mattox] y Sheryl [Palmquist] esta semana. Ellos van a venir conmigo. Tu, tu, tu sentirás la unción en la tumba de Aimee. Es increíble. Y Kathryn. Es asombroso. He oído hablar de gente que ha sido curada al visitar la tumba. Fueron totalmente sanados por el poder de Dios. Usted dirá: "Qué locura." Hermano, hay cosas que nunca entenderé. ¿Me estás escuchando?”. Más importante aún, ¿estamos escuchando lo que Dios dice acerca de buscar cualquier cosa de entre los muertos? Y cuando os digan: Consultad a los médiums y a los adivinos que susurran y murmuran, decid: ¿No debe un pueblo consultar a su Dios? ¿Acaso consultará a los muertos por los vivos? (Isaias 8:19) (También ver Deuteronomio 18:9-14 y Lucas 16:19-27) Algunos seguidores también creen que nosotros deberíamos visitar el cielo diariamente, no solamente para experimentar imparticiones especiales, pero también porque hay santos que se han marchado y están esperando encontrarnos para darnos instrucciones. En su libro Physics of Heaven, Ellyn Davis escribe esto acerca de su amiga, Judy Franklin, quien es miembro del personal de Bethel Church en Redding, California: Judy Franklin ha encontrado que la gente que pasa por momentos difíciles "yendo al cielo" por sí mismos, podrían hacerlo más fácilmente si están cerca de ella, porque ella tiene una cierta energía que los ayuda. Rick Joyner, (MorningStarTV.com, Prophetic Perspectives/YouTube/Heaven) enseña que el ir al cielo no es una opción, nosotros necesitamos ir allí diariamente: Si tú eres verdaderamente alguien en busca de Dios, tu irás al cielo. No estoy hablando acerca de morir e ir al cielo... No tenemos alternativa. Debemos ir al cielo. Debemos empezar a entrar en el reino, más y más cada día. No es una opción. El mundo se va a descomponer en un creciente caos. Aquellos quienes están yendo a Él van a cambiar y van a hacer esas cosas, y aquellos que no, seguirán rumbo al mismo caos en el cual el resto del mundo está cayendo. Debemos elegir y debemos ir. Es fácil y es lo mejor que jamás hemos hecho... Elías me dijo que él y Enoch han sido mantenidos en vida para que no prueben la muerte y así puedan ser parte en el propósito del ministerio de estos últimos días -El ministerio del final de la era. I yo no tengo ningún problema en creerlo. Elías ha estado apareciéndose a muchos y muchos han tenido encuentros con él, lo cual no es necromancia porque el nunca murió. Él está muy vivo. Él me dijo que yo voy a encontrarme con Enoch porque Enoch tiene un mensaje importante para mí. Nivel Estratégico de la Guerra Espiritual Muchos seguidores de la Nueva Reforma Apostólica creen en la práctica de nivel estratégico de la guerra espiritual (SLSW); es decir, ir tras espíritus territoriales (poderosos demonios) que supuestamente gobiernan sobre ciudades, regiones y áreas geográficas del "Segundo Cielo" (donde creen que Satanás y sus demonios viven). Ellos enseñan que los apóstoles y creyentes del NAR deben tomar autoridad sobre estos demonios para que la tierra pueda ser redimida de todas las maldiciones y pecados anteriores que allí ocurrieron. Ellos creen que una vez que se concrete el SLSW, les permitirá continuar con sus objetivos de tomar dominio sobre esa zona y, en última instancia, la tierra. También creen que las ubicaciones geográficas de la tierra tienen portales y accesos a través de los cuales ellos que pueden entrar en los cielos. Practicas similares incluyen: Arrepentimiento Identificatorio -Arrepentirse de los pecados cometidos por generaciones anteriores contra grupos de gente como los judíos, los indios-americanos y los Afro-Americanos; por ejemplo, pecados que han traído una maldición a la localidad. Mapa Espiritual -Ellos creen en la importancia de la investigación de la historia de determinadas regiones- (1) para identificar los eventos que han ocurrido allí que pueden haber abierto las puertas a la actividad demoníaca, (2) para identificar los nombres específicos de los demonios que oprimen y gobiernan sobre una específica zona y luego encontrar los lugares exactos donde deambulan. Cuando se realiza el mapa, ellos van a esos lugares y recitan decretos y declaraciones sobre los supuestos demonios, sobre los edificios, y la tierra. El Doctor C. Peter Wagner admitió la falta de éxito en sus esfuerzos cuando su grupo implementó el Nivel Estratégico de la Guerra Espiritual/Mapa Espiritual en los Estados Unidos y en Japón: Algunos de los principales líderes del Cuerpo de Cristo han afirmado fuertemente la transformación regional y nacional como nuestro objetivo. Se han gastado enormes cantidades de tiempo y grandes sumas de dinero en el intento de hacer avanzar a la iglesia por este camino. Pero la frustración ha comenzado crecer. Incluso después de 10 años, no podemos señalar a una sola ciudad en los Estados Unidos que haya sufrido una transformación sociológicamente verificable. Estaba convencido de que habíamos utilizado apropiadamente las armas de la guerra espiritual en nombre de ese país (Japón) y que literalmente veríamos los 10 millones antes del año 2000. Sin embargo, no fue así. A través de la década de 1990, la tasa de crecimiento de la iglesia en Japón se mantuvo sin cambios, y el año 2000 se produjeron menos de 1 millón de creyentes en el país- el mismo número que en 1990, y muy por debajo de la meta de 10 millones... Esto, como se puede imaginar, ¡fue una gran decepción! El Pastor Bill Randles en su libro Making War in the Heavenlies, A Different Look, tiene puntos de vista contrarios acerca de la guerra espiritual sobre ciudades y regiones: Los primeros creyentes tenían una actitud frente a los principados y potestades - no con una agresiva guerra militante para derrocarlos, pero con la confianza de que Dios estableció a la Iglesia en una posición mucho más poderosa que cualquier ángel caído. Los Cristianos de la Biblia predicaban el Evangelio, no en la frustración que los espíritus territoriales les pondrían límites, pero con la perfecta confianza de que Dios ya había ganado obtenida victoria sobre ellos. La idea de que nosotros estamos "enganchados en un directo conflicto mano a mano con Satanás," es una de las mayores decepciones no bíblicas de hoy en día. Satanás puede estar directamente intentando frustrarnos, obstaculizarnos, tentarnos y engañarnos, pero nuestra resistencia a él está basada en "someterse a Dios", no confrontar a Satanás. No obstante, de la misma manera también estos hombres, soñando, mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las majestades angélicas. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo y disputaba acerca del cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. Mas éstos blasfeman las cosas que no entienden, y las cosas que como animales irracionales conocen por instinto, por estas cosas son ellos destruidos. (Judas 8-10) Especialmente a los que andan tras la carne en sus deseos corrompidos y desprecian la autoridad. Atrevidos y obstinados, no tiemblan cuando blasfeman de las majestades angélicas, cuando los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio injurioso contra ellos delante del Señor. (2 Pedro 2:10-11) Es interesante notar que John Paul Jackson, un popular autor y orador en conferencias, quien recientemente murió, advirtió a los creyentes acerca del peligro del Nivel Estratégico de la Guerra Espiritual: Cuando abandonamos la esfera de autoridad que Dios nos dio y nos involucramos en la contienda del segundo Cielo, nos desviamos, entrando en un ámbito mortal donde no tenemos protección ni autoridad, un ámbito en el cual Dios nunca quiso que Sus hijos estuvieran. Aunque el pueblo de Dios vivió bajo principados de religión, perversión sexual, y otros poderes de la oscuridad; y legiones de espíritus fueron esparcidos sobre el entero Imperio Romano, [pero] Jesús nunca se dirigió a ellos en el segundo Cielo. El solo se dirigió a ellos terrestremente, al atender a hombres, mujeres y niños, liberándolos. Adoración— Alabanza – Uno de los objetivos de su alabanza es para los creyentes del NRA el crear una "atmósfera" que les permita visitar a Dios en el Tercer Cielo (donde se cree que Él vive). Ellos enseñan acerca de un "cielo abierto" (directa comunicación entre el cielo y la tierra) que les permite experimentar imparticiones sobrenaturales tales como: conversaciones, palabras proféticas e instrucciones de los ángeles y de Dios. Ellos creen que el polvo de oro, joyas y plumas de ángeles (que a veces aparecen en sus servicios de adoración) provienen de una visita celestial y son un precursor del eventual retorno de Dios mismo en plena gloria (Ver página 16). También creen que pueden liberar "palabras" de vuelta a la tierra desde el Tercer Cielo mientras ellos están allí. Otro de los objetivos de la alabanza es crear un ritmo "celestial", "nuevos" sonidos y vibraciones. Utilizando la alabanza como un medio de guerra espiritual, ellos también creen que tienen la habilidad de liberar esos sonidos para romper ciclos que mantienen a naciones en esclavitud. Bob Jones, un recientemente fallecido profeta muy respetado del NRA, reportó lo siguiente acerca del "nuevo sonido”: Nosotros comenzamos a tener profecías en 1995 acerca de que hay un nuevo sonido que está llegando, un sonido celestial. Vendrá en todas las cosas y especialmente vendrá en agradecimiento. Una vez hubo un sonido que parecía venir del techo. Todos lo escucharon. Tenía el poder de un ángel. Este sonido que está llegando no es un sonido que tú puedes percibir con tus oídos, pero es mayor que todo lo que puedas entender. Puede cambiar tu DNA de modo que creceremos genéticamente. Tu genética es igual que como era la de Él. Nuestra genética viene del Padre que está en nuestro espíritu. Estamos llegando a ser como un instrumento que se está sintonizado, donde nuestra genética se está alineados con la genética del Padre, en armonía con El. Chuck Pierce profetizó acerca del "sonido" tal como fue anunciado en la The Elijah List (una respetada página de web del NRA), "Un Nuevo Sonido de Movimiento", 12 de enero de, 2016. Aprende a moverte por las vibraciones del sonido emitido a través de tus pies. ¡Así es como voy a poner a mi gente en su lugar en los días venideros! Tu no te moverás por los pensamientos de tu mente, pero por los sonidos del cielo haciendo vibrar el suelo y causando que tus pies sientan lo que estoy diciendo para que puedas ponerte en tu lugar para el futuro. Los creyentes del NRA también enseñan que... antes del retorno de Cristo, Dios transferirá el control de las riquezas del mundo de las manos de los pecadores a las manos de los creyentes del NRA. Ellos han sido instruidos para que construyan y distribuyan la riqueza para que la iglesia tenga las finanzas requeridas para avanzar los objetivos del dominio. C. Peter Wagner cree lo siguiente acerca de la importancia de la riqueza: Si usted quiere tomar una ciudad, usted debe comprarla. Tengan negocios propios, tengan propiedades, y cualquier otra oportunidad que se pueda encontrar para crear riqueza. Creo que este es el momento para que comencemos a ponernos sólidamente y abiertamente de acuerdo acerca de que no podemos esperar ser los agentes en las manos de Dios para efectuar una masiva y sostenida reforma a menos que controlemos enormes cantidades de riquezas. En toda la historia humana, tres reyes sobre todos los demás, han cambiado la sociedad: Violencia, conocimiento y riqueza. Y el mayor de los tres es riqueza. La Manifestación de los Hijos de Dios La creencia más radical conectada con la Nueva Reforma Apostólica es la doctrina de la "Manifestación de los Hijos de Dios"(MSOG). Esto no es en absoluto una nueva enseñanza, sino un tema común entre cultos y diversos grupos marginales a lo largo de los siglos. A pesar de que sus raíces modernas se derivan de la Nueva Orden del Movimiento de la Lluvia Tardía, también se expresó a través de las revelaciones "proféticas" de Jane Leade, una mística del siglo 17. Algunos profetizaron que habrá un segundo Pentecostés, cuando Dios se manifieste a través de una élite, de muchos miembros, de un grupo remanente selecto, dándoles el más poder sobrenatural que lo experimentado por los creyentes en la iglesia primitiva. Algunos también creen que van a seguir recibiendo más y más poder de Dios, hasta que se "manifiesten" como hijos de Dios, una "nueva generación" (también conocido como Ejército o Vencedores de Joel) -unificados en la naturaleza y en esencia con Cristo- tanto es así que van a tener la capacidad de derrotar a la muerte misma (inmortalización) ANTES del retorno de Cristo. El Dr. Bill Hamon dice lo siguiente: Una mayor medida de revelación, de fe y de la gracia vencedora se da a conocer en la Iglesia. La Iglesia mortal está en transición y en preparación para convertirse en la Iglesia inmortal. La translación/resurrección de los santos que provoca la redención de sus cuerpos en cuerpos inmortales e indestructibles, se llevará a cabo para que Dios pueda cumplir su más grande propósito para la Iglesia y a través de su Iglesia. Hay diseñado un ministerio de los últimos días, que la victoriosa Iglesia debe llevar a cabo en los cielos y en la tierra, y que requiere que los santos obtengan sus cuerpos redimidos. La manera en la que ellos creen que este 2do Pentecostés ocurrirá es que esta iglesia remanente se convertirá en una "segunda María" corpórea. Algunos enseñan que cuando la Gloria Shekinah llegue en la forma de una nube, cubrirá a la iglesia remanente con la pasión de un novio (Lucas 1:35, 9:34), este grupo élite será impregnado con el Espíritu Santo y el Cristo corpóreo que está en la iglesia será encarnado. ("Dios en la carne"). Ellos se refieren a esta concepción como el "Hijo varón" referido en Apocalipsis 12:5. Debe destacarse que en la traducción clásica del idioma Inglés King James Version, las palabras del idioma griego ἄρρην υἱός, fueron traducidas como "Manchild", lo cual en español significa "Jovencito". La traducción directa del idioma griego al español es "Hijo varón". La mayoría de los cristianos creen que el "Hijo varón" se refiere al recién nacido Jesús. Pero Lance Wallnau describe al "Hijo varón" de una manera diferente, en un video que publicó en su página de Facebook el 25 de diciembre del 2015, titulado "Christmas Word". ¿Por qué se lo llama "Jovencito"? Porque no es un bebé envuelto en una manta. Es un adulto en la infancia de su última metamorfosis de renacimiento. Dejen que lo repita. Un "Jovencito" es un bebé completamente crecido, lo que significa que serán adultos quienes entrarán en la infancia de la primera etapa de la movida final de Dios. De modo que es un niño, pero en verdad es un hombre. Es el Cuerpo de Cristo entrando en su acto final y su compañía está formada por vencedores, pero, no todos están allí. Lance Wallnau continúa en el mismo video explicando quien es ese "Jovencito": Este niño es llevado al trono para que nosotros continuemos empujando a favor del reino de las profecías, lo supernatural, el empapamiento y la intercesión. Debemos continuar avanzando en esta revelación. Debemos aprender como subir y entrar, subir y entrar en el reino de la presencia de Dios, porque en última instancia, esta compañía será llevada al tercer cielo y no creo que este sea un lugar no familiar. [Referencia a aquellos en la iglesia quienes en el presente están "visitando el cielo" y tendiendo allí encuentros, pero no cita escritura alguna que apoye tal declaración]. Francis Frangipane, autor y Pastor fundador de River of Life Ministries, lo dice de la siguiente manera: Incluso ahora, el infierno tiembla y los cielos observan con admiración. Porque yo te estoy diciendo nuevamente, "la virgen está con niño". Antes de que Jesús retorne, la última Iglesia virgen estará embarazada con la promesa de Dios. Como resultado de su esfuerzo, el Cuerpo de Cristo vendrá, crecido a la completa estatura de su Autoridad, el Señor Jesús. Corporativamente manifestado en santidad, poder y amor, la Novia de Cristo se levantará con un vestido blanco, brillante y limpio. Sin duda nuestra pureza, nuestra virginidad espiritual como cuerpo de Cristo, es nada más y nada menos que Dios preparándonos del mismo modo en que lo hizo con María, para "dar a luz" al ministerio de Su Hijo. Incluso ahora el útero de la Iglesia virgen, el santo propósito de Cristo está creciendo, esperando madurez; ¡listo para nacer en poder cuando Dios lo diga! Tenemos la certeza de que los cristianos creyentes no pueden lograr cambio alguno a través de unciones especiales, imparticiones, guerra espiritual, o de ninguna otra manera. La siguiente escritura nos dice que recibiremos nuestros cuerpos glorificados dados por el mismo Jesucristo cuando El vuelva. He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, Y NOSOTROS SEREMOS TRANSFORM-ADOS. 1 Corintios 15:51-52) (ver también 2 Timoteo 4:3-5) Otro aspecto de esta doctrina es que un ejército de creyentes liderado por los apóstoles y profetas del NRA, va a ejecutar juicio antes del retorno del Señor -porque ellos creen que necesitamos restaurar la Tierra- para que Jesucristo pueda volver para la perfección de su cuerpo. el Dr. Bill Hamon presenta lo siguiente acerca de la restauración y su inusual interpretación de Hechos 3:21. Hechos 3:21 declara enfáticamente que a Jesús no se lo dejará salir del Cielo para retornar a la Tierra hasta que la Iglesia restaure todas las cosas. Si Cristo Jesús todavía no ha retornado, quiere decir que hay mas restauración que debe ocurrir. En el momento en el cual la última cosa sea restaurada, entonces Cristo volverá. Los líderes de la iglesia hoy en día varían acerca de sus creencias sobre el rapto de la iglesia. Algunos tienen creencias tradicionales, sin embargo otros enseñan que no existe la necesidad de un rapto de la iglesia. Estos últimos poseen esta creencia porque de acuerdo al NRA, cuando todas las personas, grupos y gobiernos de este mundo se rindan a la NRA, no sólo liberarán a la Tierra de los demonios, sino que también eliminarán toda la "pobreza sistémica", y Cristo regresará a un reino paradisíaco y glorioso en la tierra realizado por su iglesia perfecta, la cual le entregará el Reino. Ellos creen que Jesús no puede y no regresará hasta que esto haya sido culminado, el Reino de los cielos traído a la tierra. Rick Joyner comparte estas creencias acerca del Rapto de la iglesia: La doctrina del rapto ha sido una grande y eficaz estratagema del enemigo para implantar en la iglesia un refugio mental... ya este yugo ha sido desechado por la mayoría en la iglesia que avanza y pronto será rechazado por todos. El Dr. Bill Hamon agrega: Si los Cristianos Evangelistas y Carismáticos se excitaran tanto acerca del crecimiento, así como lo hacen con el hecho de ir arriba, el Cuerpo de Cristo alcanzaría su madurez mas rápidamente, cumpliría con todas las Escrituras, restauraría todas las cosas, y entonces "traerían de vuelta al Rey Jesús". Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. (1 Tesalonicenses 4:16-17) También el Dr. C. Peter Wagner en su libro Dominion, ofrece su aberrante punto de vista acerca de los tiempos finales: ...pero no se espera que ninguna de las señales de Mateo 24:4-34 precedan a su regreso, porque ya han ocurrido. [ El Dr. C. Peter Wagner admite que es un Preterista y cree que la tribulación ocurrió en el 70 A.D- a pesar de que la mayoría de los estudiosos coinciden en que el libro de Apocalipsis no fue escrito hasta después de 90 D.C.] Ya no aceptamos la idea de que la sociedad va a empeorar cada vez más, porque ahora creemos que el mandato de Dios es transformar la sociedad para que mejore más y más En lugar de mantener el foco en la bendita esperanza del retorno de Jesucristo para arrebatar a su iglesia -lo cual era la creencia compartida por los apóstoles originales y por cristianos a lo largo de los siglos- el enfoque de la Nueva Reforma Apostólica se ha desplazado a la glorificación de la iglesia para redimir la sociedad. El Dr. Bill Hamon nos dice esto acerca de la plena madurez y la responsabilidad de la iglesia: La tierra y toda la creación están a la espera de la manifestación de los hijos de Dios, el momento en el que entrarán en su madurez e inmortalización ... La Iglesia tiene la responsabilidad y el ministerio para el resto de la creación. La Tierra y su creación natural están esperando ansiosamente que la Iglesia llegue a su plena madurez y a su plena filiación. Cuando la Iglesia se dé cuenta de su completa filiación, su redención corporal causará una reacción en cadena a través de toda la creación. Conclusión Este artículo es un breve resumen general de la agenda y de algunas de las creencias de los asociados con el Dr. C. Peter Wagner, el Dr. Chuck Pierce (el actual jefe de la NRA/Global Spheres), de la Nueva Reforma Apostólica y de otras decepciones en la iglesia. En algún momento cada cristiano y cada iglesia tendrán que decidir si creer simplemente en la Biblia como la Palabra de Dios o aceptar "revelaciones" extrabíblicas de los "apóstoles" y "profetas" de los tiempos modernos que contradicen o agregan cosas a la Palabra de Dios. Esta será una decisión especialmente importante a la luz del hecho de que se nos dice en las Escrituras que habrá una caída/apostasía en los últimos tiempos. Las Escrituras nos dicen que- "custodiemos el tesoro que nos ha sido encomendado", "examinemos cuidadosamente todas las cosas", y "pongamos a prueba los espíritus". Jesús mismo nos dice "Tengan cuidado que nadie les mienta". Warren Smith en su libro False Christ Coming—Does Anybody Care? —hace las siguientes preguntas para hacer pensar: ¿Están los líderes cristianos conduciendo a la iglesia cada vez más cerca de la cruz, o cada vez más cerca del "Pentecostés Planetario"? ¿Por qué hay no hay casi ninguna llamada para el discernimiento espiritual dentro de la Iglesia, excepto para advertir a los creyentes a no ser engañados para que duden de sus designados líderes cristianos? ¿Por qué hay tan pocas advertencias acerca del falso movimiento de la Nueva Era/Nueva Espiritualidad que difama a la persona de Jesucristo y pone en peligro la vida de sus seguidores? ¿Por qué la "experiencia espiritual" prevalece sobre el discernimiento espiritual? ¿Por qué la "nueva revelación" en muchos ministerios está empezando a reemplazar a la palabra escrita de Dios? Esperando solamente el renacimiento y el regreso del verdadero Cristo, ¿puede ser que las personas que se hacen llamar cristianos sean engañadas por el que va a venir en el nombre de Cristo y hacerse pasar por él? Tomados por sorpresa, ¿van a confundir la falsificación del "Pentecostés Planetario” de Cristo por el gran “movimiento de Dios”, ¿el cual se les había dicho que esperaran? ¿Es esto un montaje para el gran engaño se describe en la Biblia? ¿Hay alguna buena razón para no considerar esta posibilidad? Los padres de la iglesia fueron inflexibles y claros acerca de estar "alerta" y "sobrios", y se comprometieron a usar el discernimiento en asuntos de doctrina. El Nuevo Testamento tiene numerosas advertencias acerca de que en los últimos tiempos una gran caída vendría desde dentro de la propia iglesia: En Israel también hubo falsos profetas, tal como habrá falsos maestros entre ustedes. Ellos les enseñarán con astucia herejías destructivas y hasta negarán al Señor, quien los compró. Esto provocará su propia destrucción repentina. (2 Pedro 2:1) Ahora bien, el Espíritu Santo nos dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe verdadera; seguirán espíritus engañosos y enseñanzas que provienen de demonios. (1 Timoteo 4:1) Llegará el tiempo en que la gente no escuchará más la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras los mitos. Pero tú debes mantener la mente clara en toda situación. No tengas miedo de sufrir por el Señor. Ocúpate en decirles a otros la Buena Noticia y lleva a cabo todo el ministerio que Dios te dio. (2 Timoteo 4:3-5) Tenemos una gran preocupación por las personas quienes están escuchando en la iglesia las enseñanzas y las palabras "proféticas" que se presentan en este artículo, creyendo que provienen verdaderamente de Dios. Sabemos que ellos son cristianos sinceros, pero no son conscientes y están siendo engañados. Hemos encontrado que algunos dicen que no quieren saber, o piensan que juzgar no es adecuado. También otros dicen que no creen que estas cosas estén sucediendo. Peor aún, algunos dan la otra mejilla y no ven la destrucción que viene. Hemos encontrado que algunos dicen que no quieren saber, o piensan que juzgar no es adecuado. También otros dicen que no creen que estas cosas estén sucediendo. Peor aún, algunos dan la otra mejilla y no ven la destrucción que las falsas creencias no bíblicas imponen, no sólo para sí mismos sino también de toda la comunidad cristiana. El propósito de este folleto no es para difamar o atacar a personas o ministerios. Sin embargo, se nos dice que juzguemos las cosas que los profetas y maestros dicen y enseñan (1 Corintios 14:29). El apóstol Pablo predicó sobre el amor y la unidad, sin embargo no vaciló en señalar y nombrar a los que eran falsos maestros o los que habían ido por mal camino (2 Timoteo 1:15, 2:17-18, 4:14) : Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos. Porque los tales son esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos, y por medio de palabras suaves y lisonjeras engañan los corazones de los ingenuos. (Romanos 16:17-18) Y no participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascaradlas; porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. (Efesios 5:11-12) Algo espantoso y terrible ha sucedido en la tierra: Los profetas profetizan falsamente, los sacerdotes gobiernan por su cuenta, y a mi pueble así le gusta. Pero ¿qué haréis al final de esto? (Jeremías 5:30-31) Nuestra Oración por el Lector. Padre, en el nombre de Jesús, te damos gracias por todos los que han leído este artículo y han ganado la comprensión de creer y actuar con prudencia en los próximos días. Que el Espíritu Santo les otorgue conocimiento para que su fundamento en Jesucristo se construya por medio de la Palabra de Dios y su sana doctrina. Bendiciones y paz del corazón sean para ellos, los que toman el camino estrecho de la verdad que conduce a la vida. Te pedimos, Señor, por el discernimiento, sobre todo en los días por delante, para que podamos "estar firmes y mantener la buena doctrina que se nos han enseñado." En el nombre de Jesús, Amén.
- ¡UNA CITA A LA CUAL NO FALTARÁS!
Estimado lector: Quizá usted y yo no nos conocemos; posiblemente nunca nos veamos. Sin embargo, quiero escribirle una carta personal. Le escribo porque usted y yo tenemos más cosas en común de las que usted puede percatarse. Aunque nunca nos lleguemos a conocer en este mundo, un día estaremos en la presencia uno del otro porque ambos poseemos un alma inmortal. Con esta alma debemos presentarnos ambos delante de Dios, Creador suyo y mío, en el gran día del juicio final. “Tal como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio.” (Heb. 9:27) Usted podrá intentar todo lo posible por alejar de usted el pensamiento de la muerte. Pero ni así podrá usted escapar del hecho de que usted debe morir. Usted sabe que debe morir y encontrarse con Dios. Quizá usted rehúse pensar sobre la muerte porque usted también sabe que tras la muerte viene el juicio tan cierto como tras el día viene la noche. Por tanto, con toda seriedad, podría acaso hacerle una pregunta más significativa que ésta: ¿Qué sucederá con usted cuando muera? La Biblia, la conciencia, el sentido común, todos le declaran que existe una eternidad a la cual usted debe enfrentarse. Por ello, por su propio bien no evada esta pregunta: ¿Estoy preparado para morir y encontrarme con Dios para ser juzgado? Siento tener que decirle que millones de personas actualmente piensan que están preparados para encontrarse con Dios, los cuales terminarán en el infierno tras el gran día del juicio final. Esto es lo que Dios nos dice en Su Palabra Santa: “Muchos me dirán en aquel día: '¡Señor, Señor! ¿no profetizamos en Tu Nombre? ¿en Tu Nombre no echamos demonios? ¿y en Tu Nombre no hicimos muchas obras poderosas?' Entonces yo les declararé: 'Nunca os he conocido. ¡Apartaos de Mí, obradores de maldad!'” (Mat. 7:22-23) ¿Alguna vez ha considerado que terrible despertar les espera a todos aquellos que transitan por esta vida pensando que todo está bien con ellos y que ese día escucharán al estar presentes delante del Dios Altísimo, “Nunca os he conocido”? No hay palabras que describan la angustia del alma para aquellos que recibirán esta sentencia: “Apartaos de Mí, obradores de maldad”. ¿Estaremos también usted y yo entre los “muchos” decepcionados de quienes Cristo habla en Mateo capítulo 7? Estimado lector, concédame por favor 5 minutos de su tiempo para intentar mostrarle quienes terminarán en el infierno y quienes en el paraíso. La senda ancha a la destrucción eterna En primer lugar, honestamente debo decirle que la Biblia nos informa en Mateo 7 que la vasta mayoría de la gente será enviada al infierno. “Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la destrucción, y son muchos los que entran por ella. Pero cuan estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que la hallan.” Quizá esto le suene cruel, pero este triste hecho es cierto no porque Dios es cruel; más bien, somos crueles con nosotros mismos. Desafiamos a nuestro Creador en forma deliberada y despreciamos Su amor, a la vez que quebrantamos Sus mandamientos los cuales nos han sido dados para nuestro verdadero bienestar. Por tal rebelión y perversidad, todos hemos ganado la muerte y el infierno. Estas son las únicas dos cosas que merecemos, “porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Rom. 3:23), y “la paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23). ¿Qué clase de personas están incluidas en esta vasta multitud destinada al infierno? (1) Toda persona impía terminará en el infierno. Esto incluye a aquellos que abiertamente viven en perversión, haciendo cosas tales como: pasar el tiempo en bares y gastar el dinero en bebidas alcohólicas y drogas, involucrarse en relaciones sexuales ilícitas, emplear el Domingo como cualquier otro día de la semana, ver diariamente la manifestación gráfica del pecado a través de la televisión, jurar contra Dios al emplear Su Santo Nombre en vano, vivir una vida de rebelión en contra de los padres y toda autoridad dada por Dios. Tales personas impías terminarán en el infierno a menos de que el Señor los lleve a un verdadero arrepentimiento y conversión mediante el poder de Su gracia. ¿Pertenece usted a este grupo? Si es así, ¡le urjo a que busque la gracia que produce arrepentimiento, confesión y conversión, antes de que sea tarde para siempre para buscar al Señor! (2) Toda persona mundana terminará en el infierno. Me refiero a aquellos que se abstienen de pecar deliberadamente, pero cuyas vidas están estrechamente unidas al mundo, quienes viven sin pesar alguno cuando en forma continua hacen cosas tales como: ponerse a sí mismo antes y por encima de Dios estimar las posesiones y riquezas mundanas más que a las riquezas de la gracia de Dios, promover los deseos de otras personas por encima de la voluntad de Dios conforme es revelada en Su Palabra, valorar las necesidades de la vida cotidiana por encima de la necesidad de un Salvador para sus almas inmortales, considerar los resultados del pecado como más trágicos que ofender y pecar contra su santo Creador quien les colma de bendiciones, creer que es más importante lo que sus vecinos y amigos piensan de ellos que lo que Dios piensa de ellos. Los tales terminarán en el infierno a menos de que el Señor los lleve a un verdadero arrepentimiento y conversión mediante el poder de Su gracia. ¿Pertenece usted a este grupo? Si es así, debo decirle: si usted llegase al cielo no tendría felicidad en él, porque el Señor del cielo no es su amigo -lo que a Él le place a usted no le agrada; lo que a Él le disgusta a usted no le ocasiona problema. Su Palabra no es su consejero; Su luz no es delicia para usted; Su ley no es su guía. A usted poco le importa escuchar de Él; mucho menos hablar con Él. Estar para siempre en Su compañía sería algo que usted no podría soportar; la convivencia con santos y ángeles le fastidiaría. En relación a su vida cotidiana, la Biblia poco significa para usted, Cristo menos aún, y la salvación es una cuestión innecesaria. "¡Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo!"... “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Efe. 5:14; Mat. 6:24). (3) Muchas personas religiosas terminarán en el infierno. Es posible ser condenado al infierno a pesar de acudir a iglesias fieles, de ser maestros de escuela dominical, o inclusive ministros. La religión puede ser nuestro tema favorito, nuestra conversación puede versar sobre Dios y Jesucristo, y nuestro diario caminar puede parecer intachable -todo esto sin que nuestra alma sea salvada de la destrucción. Podemos ser tan religiosos como las 5 vírgenes insensatas en Mateo 25, poseyendo la misma confesión, la misma expectativa, las mismas lámparas, y la misma apariencia externa de las 5 vírgenes prudentes -y aun así perecer. Podemos ser tan religiosos como Acab, del cual la Palabra dice, “...rasgó sus vestiduras, puso cilicio sobre su cuerpo, ayunó y se acostó con el cilicio; y andaba humillado” (I Reyes 21:27) -y aun así ser inconverso. Es posible experimentar convicciones comunes de pecado e impresiones de Dios y de Sus santos atributos -inclusive reconocer el pecado y en cierta formar humillarse, gemir y orar por el mismo, temer cometer pecado de nuevo- y aun así no poder entrar en el reino de los cielos. Piense en Caín, Saúl, y Judas. Necesitamos más que una religión sentida a medias y que acudir a una iglesia. Necesitamos de la obra irresistible y regeneradora del Espíritu Santo para poder nacer de nuevo y ser convertido. Solo entonces es cuando podemos amar a Dios con todo nuestro ser -el ingrediente faltante en los ejemplos previos- y ansiar tener a Dios como el hombre sediento ansia agua fría. Solo entonces la gracia de Dios nos permite prepararnos para encontrar al Señor. “Mira, pues, no sea que la luz que hay en ti sea tinieblas” (Lucas 11:35). ¿Como puedo saber si estoy incluido entre aquellos que irán al cielo? La senda angosta a la vida eterna Todos aquellos que han de ir al cielo confesarán que su salvación ha sido un gran milagro de la gracia gratuita del Señor. Serán almas que verdaderamente han nacido de nuevo por el poder del Espíritu Santo (ver Juan 3). Serán personas que han sido convertidas por Dios, lo cual implica que experimentan tres cosas: (1) una pena profunda por su propia iniquidad, (2) una inmensa alegría por la salvación en Cristo Jesús, y (3) una sincera gratitud a Dios por Su gran salvación (ver Rom. 7:24-25; Salmos 50:15). (1) Cuando el Espíritu Santo comienza a obrar la salvación en un pecador El no empieza revelándole a Cristo. Por naturaleza no hay cabida para Cristo en nuestros corazones. Mas bien Él le confronta cara a cara con su trágica miseria y peligroso estado de pecaminosidad delante de Dios. El pecador es llevado a experimentar: una pena sentida desde el fondo de su corazón sobre sus innumerables pecados actuales en sus pensamientos, palabras y acciones contra Dios que todo lo sabe una pena sentida desde el fondo de su corazón sobre el vivir sin Dios, sin Cristo, y sin esperanza en el mundo; una pena sentida desde el fondo de su corazón sobre su terrible pecado original adquirido al caer juntamente con Adán, comprendiendo que su corazón es una fuente de contaminación y corrupción en su totalidad; una pena sentida desde el fondo de su corazón no solo porque la carga del pecado es muy pesada para ser llevada, sino también porque encuentra imposible liberarse por sí mismo de esta carga una pena sentida desde el fondo de su corazón cuando él es traído al punto en que se da cuenta de que él no puede salvarse a sí mismo pero aun así él debe ser salvo, por lo cual implora “Señor, tú eres justo y tienes todo el derecho de separarme de ti para siempre, pero será posible que haya algún camino en Ti para escapar de Tu castigo divino y ser restaurado en Tu misericordia?” ¿Se considera usted también un pecador miserable, despreciable, consternado, culpable y perdido -un pecador que por experiencia sabe que no hay esperanza de salvación en usted mismo? (2) Cuando el pecador experimenta que no tiene futuro alguno más que la condenación, y que el Espíritu Santo le habilita a abandonarse a Dios como único refugio, ese mismo bendito Espíritu le ha de mostrar el indescriptiblemente rico y magnífico camino de salvación y liberación de Dios mediante la sangre y sacrificio completo del Señor Jesucristo. El pecador es llevado a experimentar: una necesidad de Cristo; una visión hermosa, completa y pertinente de la obra redentora de Cristo; una revelación de Cristo en su alma mediante la Palabra y Espíritu, a través de la cual comprende la forma en que Cristo enteramente obedeció la ley y llevó por completo el castigo del pecado en sustitución de pecadores caídos y despreciables; una aplicación de Cristo mediante la cual puede ceñir a Cristo con gozo indecible como su Salvador y su salvación. ¿Ha experimentado usted también algo de Cristo como el gran camino de liberación mediante el poder del Espíritu Santo aplicando la Palabra de Dios a su alma? ¿Le ha provocado un deseo de conocer a Cristo más y más como su Todo-en-Todo -conocerle experimentalmente como el Salvador único y diligente que salva hasta lo imposible? (3) Finalmente, aquellos que verdaderamente experimentan el camino de salvación del Señor en Jesucristo expresarán también una sentida gratitud por tan gran liberación: “¿Qué daré a Jehová por todas sus bendiciones para conmigo?” (Salmos 116:12). Ellos desean entregar todo, alma y cuerpo, en las manos del Señor por toda la eternidad, yacer a Sus pies en sumisión verdadera, y confesar, “Sea hecha Tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra.” A pesar de nuestras transgresiones, deseamos vivir para la gloria de Dios por sobre todas las cosas, y servir a nuestro prójimo con amor para su bienestar espiritual y temporal. Estimado lector, examínese a usted mismo. ¿Por cuál senda camina usted? ¿Transita usted por la senda ancha a la destrucción eterna o por la senda angosta a la vida eterna? En este mundo hay muchos caminos diferentes, pero en el mundo espiritual solamente existen dos, los cuales nunca se cruzan. Son tan opuestos uno del otro como la oscuridad es de la luz, Satanás de Dios, lo natural de la gracia, y el infierno del cielo. Solo Dios, en Su gracia gratuita, nos puede remover de la senda ancha que lleva a la destrucción y colocarnos en la senda angosta que lleva a la vida eterna. Pecador, rogamos a usted, apártese de sus caminos de pecado y maldad. Implore a Dios por una verdadera conversión, quien no solo dijo, "os es necesario nacer de nuevo”, sino que también dio testimonio de Si mismo, “el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Su alma está perdida y su condición es miserable; por ello, ruegue al Señor que le muestre esto, para que pueda haber lugar dentro de usted para el mensaje del evangelio de Jesucristo y El crucificado. Permítame dejarle una última advertencia. En los veintisiete libros del Nuevo Testamento se menciona al infierno 234 veces. Si el camino de la vida fuera de 27 millas, y hubiera 234 anuncios a lo largo de este camino que leyeran, “Este camino lleva al infierno”, ¿permanecería usted en dicho camino? Mientras usted permanezca un pecador incrédulo, sin arrepentimiento, sin Cristo, autosatisfecho, usted continúa en este camino al infierno. El infierno es el fin de una vida religiosa o mundana que permanece sin Cristo. Este corto mensaje es también otro anuncio enviado a usted por el Señor para advertirle que todos los caminos del hombre terminan en la muerte. “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías 55:6). ¿Cuántos anuncios más le enviará el Señor a su camino antes de que Su paciencia se agote, y cumpla Su propia Palabra: “tal como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio”? Apresúrese, pecador, por su propia vida. El hilo de su existencia aún no ha sido cortado, pero cada vez es más delgado y frágil. El Señor aún le está llamando: “Vivo yo, que no quiero la muerte del impío, sino que el impío se aparte de su camino y viva, dice el Señor Jehová; apartaos, apartaos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis?” (Ezeq. 33:11) La puerta de la gracia aún está abierta. El trono de Cristo aún no se cierra. ¿Escuchará usted Su voz antes de que sea demasiado tarde? “Besad al Hijo, no sea que se enoje y os perdáis del camino; pues se enciende de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en Él se refugian” (Salmos 2:12). Todos aquellos que han vivido sin Dios en la tierra estarán sin Dios en el infierno. Qué terrible será experimentar junto con el hombre rico en Lucas 16, “en el infierno, estando en tormentos, alzó sus ojos... y gimiendo, dijo: ...estoy atormentado en esta llama.” Querido amigo, deseo advertirle con amor. Ni usted ni yo podemos escapar de la muerte. Es una cita a la cual no faltaremos... pase lo que pase. ¿Está usted preparado para morir? Sinceramente, Joel R. Beeke Joel Robert Beeke es un pastor y teólogo cristiano estadounidense. Es ministro de la Congregación Heritage Reformed en Grand Rapids, Michigan, y Presidente del Seminario Teológico Puritano Reformado, donde también es profesor de Teología Sistemática y Homilética.
- Lecciones de John Newton a un estudiante de teología (que podrías ser tú)
Algunas ideas extraídas de una carta, del famoso pastor y compositor de himnos, dirigida a un estudiante de teología. John Newton fue el compositor del famoso himno "Amazing Grace" No cabe duda de que, en estos últimos años, distintos grupos evangélicos han valorado el hecho de que la Biblia –la Palabra de Dios– debe ser la única regla de fe y conducta. ¿El fruto de esto? Vivir para la gloria de Dios. ¿La implicancia de esto? Un deseo de aprender más acerca de Dios y la relación con sus criaturas, es decir, los cristianos quieren aprender teología. ¡Estas son muy buenas noticias! Quizás, tú mismo eres un ejemplo de esto al acercarte a leer este artículo. Sin embargo, todo este deseo por aprender más sobre la doctrina cristiana podría verse estropeado si no consideramos algunas cosas previas al estudio teológico. ¿Por qué es importante considerar esto? Por la sencilla y profunda razón de que nos estamos involucrando en una ciencia que nos debería llevar a adorar profundamente a Dios, como también a servir correctamente a nuestro prójimo, ya sea que este se encuentre en nuestros hogares, congregaciones o sociedad. Dicho esto, con mayor razón deberíamos aplicar las palabras del pastor, amigo y maestro de Timoteo, es decir, Pablo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. Pronto, comenzaré a dictar la asignatura “Introducción a la Teología Sistemática”, donde uno de los aspectos que enseñaré hace referencia a los principios que se deben dejar en claro a la hora de comenzar un estudio determinado, lo que en este caso en teología se conoce como “prolegómenos”. Si bien hay varias cosas que no mencionaré en este artículo sobre las cosas que deberíamos considerar en el estudio de la dogmática reformada, quisiera invitarlos a reflexionar en algunas ideas que desarrollé a partir de una carta que John Newton (1725-1807), el pastor y autor del himno “sublime gracia”, le envió a un estudiante de teología. Santificando nuestro estudio La primera reflexión hace referencia a santificar la manera en que estudiamos. Uno de los serios problemas que Newton identificaba en algunos que se acercaban a estudiar teología, era el orgullo. En la carta, el extraficante de esclavos describe que “aunque no soy enemigo de la adquisición de un conocimiento útil, he visto muchos casos de hombres jóvenes que han sido muy dañados por aquello que se esperaba que obtuviesen beneficio de aquello. Ellos han entrado a la academia humildes, pacíficos, espirituales y animados; pero han salido sabios en sí mismos…”1 Esta descripción es realmente triste. El estudio teológico no solamente debería ser una bendición para nuestros corazones, sino también para todos aquellos que nos rodean. Sin embargo, si no hay humildad, el orgullo terminará afectando de manera sustancial la manera en que leemos, estudiamos, aprendemos y si hemos sido llamados, incluso al enseñar teología. ¿Qué factor, o factores, podrían servir como un caldo de cultivo para el orgullo? Newton describe lo siguiente: “… el efecto frecuente de nociones recogidas de manera muy apresurada, cuando no son santificadas por la gracia, ni balanceadas por una profundidad proporcionable de la experiencia espiritual”. No podría estar más de acuerdo en este punto con Newton. Podríamos comenzar a desperdiciar todas nuestras fuerzas invertidas en el estudio doctrinal si los distintos tópicos teológicos son adquiridos de forma afanada y expedita. ¿A qué me refiero con esto? Al hecho de que luego de leer un par de artículos (¡como este incluso!), o posteos en redes sociales, ya nos sintamos los más eruditos con respecto a un determinado tema, despreciando a personas que, de manera piadosa, han estado estudiando formalmente para servir en la educación teológica. Creo que este problema puede ser desarrollado de manera general en tres contextos: en el seminario, en la congregación local, o en el estudio personal. En el seminario podemos desarrollar una arrogancia teológica cuando pensamos que mi umbral de conocimiento sobrepasa a todos, incluyendo al profesor, limitando nuestro aprendizaje al tener una actitud dispuesta a criticar todo lo que no se ajusta a mis preferencias. Esto también puede ser trasladado a la congregación, en especial cuando nos sentamos a escuchar los sermones con una constante actitud de crítica y de no ser edificados. Por último, creo que esto puede tener algún tipo de génesis en el estudio autodidacta. Si bien este tipo de aprendizaje puede ser provechoso, creo que, si no es santificado, puede ser muy peligroso. Al no estar estudiando rodeado de otras personas, al no ser capaces de escuchar otras ideas o argumentos, al no tener la disposición de aprender de otros, y de reconocer que hay personas que saben mucho más que yo, podría comenzar a enfermarme espiritualmente al estudiar solamente de manera aislada. De hecho, considero que es imposible estudiar teología sin una comunidad que me desafíe a crecer en gracia, devoción y humildad. La aislada autosatisfacción teológica puede engendrar ídolos en nuestros corazones que ni la más excelente ortodoxia podrá maquillar. Sin embargo, el orgullo teológico puede tener raíces aún más profundas. Estas raíces pueden ser descritas como aquellas que se nutren – o mueren – de una mera adquisición intelectual de conceptos teológicos o de un lenguaje doctrinal. Esto podría traducirse como el estudio por la causa del estudio, o a veces, en la mera repetición – sin meditación y asimilación – de conceptos teológicos, ya sea en Facebook, o en los pasillos de nuestras iglesias. Esto podría llevar a un serio problema de contradicción. Es decir, a no vivir de acuerdo con lo que confesamos. Manteniendo la comunión Tal como leímos anteriormente, Newton nos describe que otra de las causas del orgullo teológico se desarrolla cuando nuestro estudio no es proporcionable con la experiencia espiritual. Es decir, estudiar acerca de Dios, sin conocer a Dios. En otras palabras, estudiar sin tener una comunión con Cristo y su Iglesia. Dicho esto, deberíamos comprender profundamente que el estudio teológico es una ciencia que nos debe guiar a gozar de Dios para siempre, porque en definitiva se trata acerca de la gloria de Dios, y no de la gloria de nuestros nombres. Al estudiar teología, nuestras mentes son iluminadas por el Espíritu Santo para que luego nuestros afectos sean encendidos, y así, nuestra voluntad se rinda en adoración para servir a Dios en las distintas vocaciones que Él mismo nos ha dado para su gloria. Todo estudio comienza, se desarrolla, y termina en Dios. Si el estudio teológico no nos lleva a buscar más al Señor en oración y estudio de la Palabra, estaremos muriendo en el intento de supuestamente estudiar teología. Si el estudio doctrinal no nos lleva a crecer como matrimonios, padres, madres, hijos o hijas, estaremos manifestando un total desconocimiento de lo que implica estudiar teología. Si la teología no nos lleva a comprometernos más en nuestras congregaciones, lo único que haremos será dañar al cuerpo de Cristo. Por último, si no vemos humildad y gozo en nuestros estudios, el orgullo y la amargura crecerán a nuestros corazones al punto de producir espinos que traerán dolor a cada uno de aquellos que nos contemplen estudiando en un desierto lleno de excelentes libros que se acumulan para finalmente acusar nuestras conciencias. En resumen, querido lector, ¿qué te dice tu conciencia ahora mismo? ¿Con qué actitud te acercas a estudiar teología? ¿Seguiremos en orgullo o iremos a nuestras rodillas para arrepentirnos y buscar el rostro del Dios viviente que todo lo ve y todo lo escudriña? Creo que alguien ya lo dijo mejor que yo, y fue un contemporáneo escocés de Newton. Otro John, pero esta vez de apellido Brown. “Mucho conocimiento sin mucha santidad de vida y corazón, solo hará que mi juicio futuro sea más vergonzoso y peligroso. Por lo tanto, déjenme que nunca esté orgulloso de mi conocimiento... El aprendizaje es bueno en sí mismo, pero una buena conciencia y un caminar santo son mucho mejor”, John Brown of Haddington (1722-1787) POR ISRAEL GUERRERO SEPTIEMBRE 23 DE 2020 1 John Newton, The Works of the Reverend John Newton (London: Henry G. Bohn, 1854), 35. Después de ser un comerciante de esclavos, John Newton se convirtió en uno de los pastores más influyentes de Inglaterra.
- En memoria del 503 aniversario de la Reforma Protestante
Por las aldeas y pueblos de Alemania una bula del Papa León X anunciaba unas indulgencias especiales. ¡A cambio de unas pocas monedas cualquier católico podía comprarse el perdón de sus pecados! Por los pueblos y las aldeas de Alemania el hábil pregonero Johann Tetzel anunciaba: “Tengo en mis manos los pasaportes que dan al alma entrada a los goces del paraíso celestial. Cualquiera puede ser perdonado, no importa el pecado cometido. El santo Padre tiene el poder en el cielo y en la tierra para perdonar pecados, y si el Papa los perdona, Dios está obligado también a perdonarlos. En cuanto la moneda suena en la tina, el alma salta del purgatorio directamente al cielo”. El Padre Martín Lutero, recién nombrado profesor de Biblia y Teología de la Universidad de Wittenberg, oyó la extraordinaria oferta. “¿Qué es esto?” se preguntó, “¿Cómo puede venderse algo que Dios ofrece gratuitamente por su gracia?” No lo pensó mucho. La gravedad de la distorsión salvadora le llevó a escribir unas 95 tesis sobre unas hojas de papel y clavarlas —como era la costumbre cuando se quería debatir un tema religioso— sobre la puerta de la Catedral del pueblo. Lo que esperaba Lutero era que algunos sacerdotes de Wittenberg se reunieran esa tarde y por unas horas discutieran la propiedad de la venta de indulgencias. Al llegar a una decisión, la proclamarían a los ciudadanos de la ciudad. Pero esa tarde no llegó ni un solo sacerdote. No se tuvo ningún debate. En lugar llegó un solitario periodista, leyó las tesis, y de inmediato se dio cuenta del valor noticioso contenido en ellas, y corrió a la imprenta más cercana. En realidad había pocas, pues recién se había inventado. Increíblemente, de imprenta a imprenta corrió el escrito de Lutero. En un par de semanas por toda Europa y en todos sus idiomas la gente en los pueblos y las aldeas leía las objeciones atrevidas de un desconocido sacerdote alemán contra el casi todopoderoso Papa León X: Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a la luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo declaro: 1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Haced penitencia…”, es porque ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia. 5. [Usamos la enumeración de Lutero] El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones. 21. En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa. 36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias. 66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres. 86. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye la basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes? 94. Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a través de penas, muerte e infierno. 95. Y a confiar en que entrarán al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que por la ilusoria seguridad de paz. En aquellos días la información era llevada por gente que viajaba. Hasta el invento de la imprenta, casi toda información era verbal, prestándose a mucha distorsión. Pero una vez impresa una noticia, ésta era cierta y creíble. Podemos estar ciertos que la coincidencia de la protesta de Martín Lutero y el invento de la imprenta fue providencial. Para darnos cuenta cómo era en aquellos días y cuánto demoraba recibir información, nos cuenta el historiador William Manchester: Los viajes eran medidos desde Venecia, el centro comercial del mundo antiguo. Un pasajero que salía de Venecia esperaba llegar a Nápoles en nueve días. Lyón estaba a dos semanas de distancia; Augsburgo, Nuremurgo, y Cologne, entre dos y tres semanas; a Lisboa se llegaba en siete semanas. Con suerte, una persona podía llegar a Londres en un mes, con tal que no hubiese una tormenta en el Canal. Las 95 tesis y la reacción a ellas El efecto producido en toda Europa por la distribución masiva de estas 95 tesis no fue lo que esperaba su autor. Además, es fascinante observar que las grandes discusiones resultantes no surgieron tanto por los teólogos sino por el mismo pueblo. Copias de las tesis fueron vendidas en las calles de París; recibidas con gran entusiasmo en Inglaterra; fueron repartidas en Roma bajo las mismas narices del Papa. Desde Rótterdam, Holanda, después de leerlas el gran humanista Erasmo escribió a Lutero: “No puedo describir la emoción, la verdadera y dramática sensación que provocan”. Llegaron incluso hasta España. De la noche a la mañana Lutero llegó a ser tan conocido que cada artículo o libro que llegó a escribir fue codiciado por el mundo lector. Por ese medio se popularizaron las enseñanzas de la Reforma. En cuanto a las 95 Tesis, al principio el Papa León X creyó que se trataba de un borracho alemán que las había escrito y que, cuando los vapores se le fueran, hablaría de una manera distinta.iv No tardó en darse cuenta de que si quería llenar sus cofres con la venta de indulgencias, primero tendría que taparle la boca a aquel inquieto profesor de teología de Wittenberg. El Papa, a cuenta de su poder y posición creía que eso sería fácil: sencillamente lo declararía hereje y lo quemarían en la hoguera. ¡Cuántas veces así habían podido eliminar a sus opositores! La primera acción del Papa fue entregar las 95 tesis a Prierias, el censor oficial del Vaticano. Después de estudiarlas escribió un documento que dedicó a León X: La única autoridad infalible para los cristianos es la iglesia (pues la letra de las Sagradas Escrituras es muerta), y la iglesia, es decir, los sacerdotes, son los que tienen el espíritu de interpretación; las mismas Sagradas Escrituras derivan su fuerza y autoridad de la iglesia. Al recibir copia de ello, Lutero replicó enérgicamente: “La Palabra de Dios, la entera Palabra de Dios, y nada, sino la Palabra de Dios, es la única autoridad”. Es interesante, por demás, notar que sería bajo ese andén que procedería Lutero a través de los ocho años que llevó hacer la Reforma. Tan seguro estaba de la verdad de la Biblia y de que el Dios que no puede mentir era su autor invisible, que en los años próximos Lutero siempre contrarrestaría cualquier argumento que se le hacía en cuanto a sus posturas simplemente citando la Santa Biblia. Lutero se había preocupado por enviarle una copia de sus tesis al arzobispo de Magdeburgo, Alberto de Brandeburgo, la figura eclesiástica más prominente de Alemania. Adjuntó una carta con fecha 31 de octubre de 1517, pidiéndole al arzobispo que pusiera fin a los abusos en la predicación de las indulgencias: “Perdóneme, reverendísimo padre en Cristo y príncipe ilustrísimo, que yo, hez de los hombres, sea tan temerario, que me atreva a dirigir esta carta a la cumbre de su sublimidad…. Bajo su preclarísimo nombre se hacen circular indulgencias papales para la fábrica de San Pedro, de las cuales yo no denuncio las exhortaciones de los predicadores, pues no las he oído, sino que lamento las falsísimas ideas que concibe el pueblo por causa de ellos…” Es una carta llena de humildad en que Lutero sencillamente desea explicar sus acciones, nunca con el fin de levantar la ira de la iglesia. Nótese como la firma, dando sus credenciales, puesto que no sabe si el Arzobispo tiene conocimiento de él: “Desde Wittenberg 1517, en la vigilia de Todos los Santos. Martín Lutero, agustino, doctor en sagrada teología”. Alberto de inmediato envió noticia a Roma de lo que hacía este sacerdote intruso, pidiendo instrucciones de cómo responder, ya que la acción de Lutero afectó de inmediato las ventas de indulgencias. Era de Alemania próspera que el Papa León X y el arzobispo Alberto pretendían obtener ricos tesoros mediante la venta de indulgencias. Lutero ignoraba los intereses monetarios, que la mitad de las ganancias de esas ventas de indulgencias iban a los cofres particulares de Alberto y el resto al Papa, bajo pretexto de la reedificación de la Catedral de San Pedro —una de las operaciones más escandalosas de la historia de la iglesia. Lo que sí sabía era que una de las expresiones más significativas de la piedad cristiana —cómo se obtenía el perdón de los pecados— se estaba violando por esta vergonzosa venta de indulgencias. En su sermón sobre el tema, el 31 de octubre de 1516, afirmó: “Predicar que semejantes indulgencias pueden rescatar las almas del purgatorio es tener demasiada temeridad”; también: “El Papa es demasiado cruel si, teniendo, en efecto, poder para librar las almas del purgatorio, no concede gratis a las que sufren lo que otorga por dinero a las almas privilegiadas”; y en expresión de su verdadero temor: “¡Tened cuidado! ¡Que las indulgencias no engendren nunca en nosotros una falsa seguridad, una inercia culpable, la ruina de la gracia interior!” Johann Tetzel y su modo de vender indulgencias ¿Y qué del vendedor de indulgencias, el que ocasionó toda esta revuelta, Johann Tetzel Diez? Era un dominico, nombrado por el Arzobispo Alberto como encargado de las ventas de indulgencias para cubrir toda la nación alemana. Tetzel nació entre los años 1450 y 1460 en Leipzig. Aunque algunos historiadores lo presentan como hombre ignorante y tosco, estudió en la Universidad de Frankfurt, obteniendo su título de licenciado en teología en enero de 1518. Además, era Prior de un convento dominico y había obtenido su doctorado en filosofía. Comenzó a vender indulgencias en 1501. Sirviendo a Alberto ganó fama como gran orador y poseedor de grandes habilidades persuasivas. Como funcionario oficial, viajaba con gran pompa por toda Alemania, proclamando y recomendando la compra de indulgencias en nombre del Papa León X y del Arzobispo Alberto. Dondequiera que llegaba sacerdotes, monjes, magistrados, comerciantes, hombres y mujeres, viejos y jóvenes le seguían en ruidosa procesión. Al frente llevaban la bula papal, colocada sobre una almohada y, al son de las campanas de la ciudad, la gente le seguía cantando, portando velas, desplegando banderas —todos marchando hacia la catedral principal de la ciudad donde la venta se llevaría a cabo. La alegría era expresión de gratitud al Papa por concederles la oportunidad de cancelar sus deudas a Dios con unas pocas monedas. A Tetzel lo trataban como un mensajero llegado del mismo cielo. Una vez que entraban a la iglesia, colocaban la bula sobre un altar; donde se erigía una cruz roja desplegando los escudos papales, encima del cofre esplendoroso donde la gente depositaría el dinero de la compra de las indulgencias. Tetzel ofrecía un vivaz sermón, enumerando los múltiples beneficios personales y eternos, animando a la gente a comprar las cartas de indulgencias. Con elocuencia y explicaciones gráficas rogaba que por piedad, amor y compasión comprasen las indulgencias ofrecidas por el benéfico Papa para librar a sus parientes y amigos muertos de las agonizantes y horrendas agonías que sufrían en el purgatorio. Concluido el sermón, con velas encendidas y gran reverencia, la gente se acercaba al cofre, confesaban sus delitos, pagaban el dinero y recibían las cartas. No tenían una clara distinción entre la culpabilidad personal y el castigo divino del pecado, pero se creían totalmente perdonados. La realidad es que recibían esas cartas de indulgencia como pasaportes válidos para entrar al cielo. Gente prudente y pensante, sin embargo, miraba el espectáculo con pesimismo. Se preguntaban si Dios amaba más al dinero que a la justicia. Comentaban que el Papa, con su dominio absoluto sobre el tesoro incontable de los méritos de Cristo y otros santos, debería gratuitamente y por simple misericordia librar a todos los que yacían en el purgatorio; y que la construcción de la Catedral de San Pedro se debía hacer de otra manera, por ejemplo, con el propio dinero del Papa. Conclusión Era ante esta credulidad e ignorancia espiritual del pueblo, que Lutero se preguntaba: “¿Cómo es que se atreven a vender algo que Dios ofrece gratuitamente por su gracia?” Y respondió escribiendo sus 95 tesis en protesta. Aunque hay que recordar que esas tesis únicamente eran cuestiones para discutir —no respuestas detalladas—, hallamos en ellas los grandes temas que llegarían a formar las bases doctrinales de la Reforma del siglo XVI. Comenzó así La Reforma Protestante, sin malicia, el 31 de octubre de 1517 en la ciudad de Wittenberg, Alemania. Como que Lutero seguía la Biblia, “no se le ocurrió que sus posturas serían tomadas como heréticas.” Su intención no fue desafiar al Papa, sino que como teólogo y pastor veía que el pueblo era engañado con la venta de indulgencias y otras pocas pero significativas enseñanzas. Su intención fue simplemente proteger al pueblo y rectificar un mal y aclarar la verdad bíblica del caso. Cuando la iglesia defendía un error él, como profesor y teólogo autorizado por la misma institución, se sentía con la responsabilidad moral y cristiana de reprenderlo. ¿No fue el mismo San Pedro reprendido por Pablo en el primer concilio de Jerusalén? La intención de Lutero era parecida a la de San Pablo: unir a la iglesia bajo la gloriosa verdad bíblica. Al estudiar los detalles de la lucha bíblica y teológica de Martín Lutero con la Iglesia Católica, podremos concluir que no fue Lutero quien abandonó a la iglesia, sino que fue esta la que lo abandonó a él y lo expulsó de su medio, el 19 de abril del año 1521, al concluirse La Dieta de Worms. Por el Dr. Les Thompson, resumido de su libro: El triunfo de la fe, publicado por Portavoz.
- Génesis de la reforma en Alemania
Lutero debe ser considerado como un hereje convicto… nadie debe darle albergue. Sus seguidores también serán condenados. Sus libros serán arrancados de la memoria humana. —Edicto de Worms1) …Que lleven con furor Los bienes, vida, honor, Los hijos, la mujer… Todo ha de perecer… De Dios el Reino queda. —Martín Lutero (himno congregacional Ein’ feste burg ist unser Gott)2) Entre los avisos clavados en la puerta de la Iglesia de “Todos los Santos” de Wittenberg (Sajonia, Alemania) el 31 de octubre de 1517, se encontraba una convocatoria para debatir el tema de las indulgencias, publicada por ese medio, siguiendo la costumbre académica de aquel lugar y aquella época, por Martín Lutero (1483-1546): Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum3) Por amor a la verdad y con el deseo de sacarla a la luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones, bajo la presidencia del Reverendo Padre Martín Lutero, Maestro en Artes y Sagrada Teología, y profesor ordinario de las mismas en este lugar. Por consiguiente, ruega a todos aquellos que no puedan estar presentes y discutir oralmente con nosotros quieran hacerlo por carta.4) Este premio venía seguido de 95 proposiciones o “tesis”, las cuales Lutero sometía a la consideración y crítica de todos los interesados (principalmente clérigos y académicos, pues el documento estaba en latín) para debatirlas públicamente conforme a la práctica medieval académica bien establecida y conocida como disputatio (la disputa). Dicha práctica era no solamente común y aceptada, sino que se consideraba esencial para la educación de todo universitario. Como lo indica su título, las tesis que Lutero proponía y sometía a debate se oponían a la venta de indulgencias que, aunque ya practicada desde el tiempo de las cruzadas, había crecido en uso y abuso. Esto se debía principalmente a la necesidad que el papa León X (de la casa Medici) tenía de aumentar sus ingresos para la construcción de la Catedral de San Pedro (en el Vaticano), y para sostener su opulento estilo de vida. Las noventa y cinco tesis (como también se le conoce a la convocatoria de Lutero) pueden resumirse en tres puntos principales: Una objeción al destino confesado del dinero Una negación de los poderes del papa sobre el purgatorio, Una consideración de la salvación del pecador.5) Wittenberg, donde Lutero era sacerdote y profesor universitario, estaba bajo el principado de Federico “el Sabio”, elector de Sajonia, quien contaba con su propia concesión de indulgencias mediante la adoración de su colección de 5005 reliquias sagradas el Día de Todos los Santos, más la debida contribución pecuniaria, lo cual aseguraba indulgencias hasta por más de medio millón de años. Ya en 1516, Lutero predicaba desde su púlpito contra estas indulgencias. Aún antes de su enfrentamiento con el Vaticano, a Lutero no lo disuadía el afrentar a los poderes civiles o religiosos cuando lo que estaba de por medio era la sana doctrina cristiana y, consecuentemente, el bienestar espiritual de su feligresía. Para 1517, el Príncipe Alberto de Brandemburgo comenzaba a explotar una concesión otorgada por el Vaticano para dispensar indulgencias en su territorio. La explotación de dicha concesión era parte de la estrategia político-eclesiástica mediante la cual Alberto había obtenido el arzobispado de Maguncia, convirtiéndose así en el primado de Alemania. La mitad de las ganancias provenientes del pago de las indulgencias iban a parar a las arcas del Vaticano, mientras que la otra mitad se destinaba al pago de un préstamo por diez mil ducados que la casa de banca alemana Fugger pagó al Vaticano a nombre de Alberto como anticipo por su designación. Y aunque esta concesión no podía explotarse en territorio de Federico, Wittenberg no estaba lejos de la frontera, por lo que los feligreses podían viajar y comprar dichas indulgencias. El vendedor a cargo era el dominico Tetzel, quien explotaba los sentimientos religiosos y de culpa del pueblo, además de hacer exageradas promesas respecto a la eficacia de su mercancía. Pero la preocupación de Lutero por su feligresía no conocía de fronteras o jurisdicciones, y su ataque contra la venta de indulgencia era tanto contra las de Alberto como contra las de Federico. No obstante, Lutero no tomó ninguna medida para difundir sus tesis entre el pueblo. Meramente invitaba a los eruditos a disputar y a los dignatarios a definir, pero hubo quienes tradujeron subrepticiamente estas tesis al alemán y las dieron a la imprenta. Al poco tiempo se convirtieron en la comidilla de Alemania…6) Como consecuencia, Lutero se vio pronto envuelto en una controversia en la que ya contaba con el apoyo de muchos agustinos, de miembros de la Facultad de Teología de Wittenberg, y de muchos eruditos alemanes. Y si bien su intención no era romper con el papa ni con la iglesia romana, tampoco lo era retractarse. Lutero había enviado una copia de su convocatoria y tesis a Alberto, ahora arzobispo de Maguncia, con una carta muy sumisa, humilde y respetuosa.7)8) Fue por este medio que las tesis llegaron a manos del papa León X, quien les restó importancia al principio. No obstante, la controversia se volvió cada vez más intensa y extensa, llegando Lutero a declarar que, “tanto el papa como los concilios generales podían errar, que sólo las Escrituras era autoritativas, y que él reconocería que estaba en error sólo cuando se le convenciera de que lo que él creía era contrario a la Biblia y a la sana razón”.9) También rechazó la supremacía material que la iglesia romana había adquirido por encima de las demás iglesias (situación derivada de circunstancias históricas después del papado de Gregorio I). Finalmente, Lutero fue citado por el papa para responder en Roma a los cargos de herejía y contumacia en el verano de 1518. A pesar de que también se veía afectado por la controversia, Federico le brindó a Lutero su protección y la seguridad de que no iría a Roma, obteniendo para él un salvoconducto imperial. El elector fue fiel a su promesa a pesar de las expresas indicaciones del Vaticano para que se los entregase. Federico también logró que la audiencia se trasladase a Alemania y se llevara a cabo en Worms mediante un representante del papa que sería el cardenal Cayetano, “un alto papalista, íntegro y erudito”.10) No obstante, Lutero no se retractó sino que apeló al juicio de las universidades, lo cual también le fue negado. Habiéndole llegado rumores de que sería arrestado y llevado a Roma para ser condenado, huyó a caballo con la ayuda de algunos ciudadanos amistosos. Ya estando en Nuremberg, Lutero apeló a un concilio general de la Iglesia. Cayetano volvió a requerir al elector Federico que enviara a Lutero preso a Roma o que lo exiliara de sus territorios. “¿Cuál es mi deber como príncipe cristiano?”, se preguntaba Federico.11) Entre tanto, hacía falta un pronunciamiento papal que afirmara la posición oficial del Vaticano respecto de las indulgencias, a fin de que Lutero pudiese ser excomulgado. Dicho pronunciamiento se hizo mediante la bula Cun postquam, de fecha nueve de noviembre de 1518, la cual definía la posición del Vaticano acerca de muchos de los temas controvertidos por Lutero.12) Pero eso ya no era suficiente, la controversia ya había excedido el tema de las indulgencias. Lutero había respondido a los argumentos del Vaticano arremetiendo en contra la autoridad del papa y de los concilios y argumentando favor de la exclusividad y supremacía de la autoridad de la Biblia. Por otro lado, la circunstancias políticas rebasaban los límites territoriales de Alemania, teniendo implicaciones continentales, todas las cuales fueron elementos que ninguno otro de los anteriores intentos de Reforma había tenido. Carlos V El 12 de enero de 1519, murió el emperador Maximiliano avivándose en Europa el problema de la sucesión del Santo Emperador Romano. Los principales candidatos eran Carlos I de España (nieto de Maximiliano), Francisco I de Francia (a quien posteriormente le dedicara Juan Calvino su Institución de la Religión Cristiana) y Federico de Sajonia, quien seguía protegiendo a su súbdito Lutero de la furia papal. No obstante, incrementar el poder de Francisco I de Francia o de Carlos I de España, “destruiría el equilibrio del que dependía la seguridad papal”, 13) por lo que el papa dio su apoyo a Federico. Pero, considerando lo inadecuado de su posición (particularmente en vista del asunto “Lutero” y de los deseos papales a ese respecto), Federico se derrotó a sí mismo votando por Carlos, quien fue elegido como del Santo Imperio Romano el 28 de junio de 1519. Pero Carlos V estaba más orientado a los problemas de España, por lo que Federico seguía siendo la figura central de Alemania. Siendo así la situación, el papa no deseaba enemistarse con Federico y, por el contrario, trató de ablandarlo mediante el otorgamiento de nuevos privilegios para la iglesia de Wittenberg (conocida también como “la Iglesia del Castillo”), además de conferirle la distinción de una rosa de oro. El enviado papal que portaba la rosa, Miltitz, contaba con un escrito que condicionaba su entrega a la extradición de Lutero, pero se dio cuenta que era una necedad pretender “comprar el monje al príncipe”,14) por lo que entregó la rosa de oro sin imponer condiciones. Mientras tanto, Juan Eck (antiguo amigo de Lutero) promovió (con la ayuda del duque Jorge) un debate entre las universidades de Leipzig y Wittenberg para exhibir y rebatir públicamente a Lutero, siendo los principales paladines de cada universidad el propio Juan Eck y Martín Lutero, respectivamente, con sus equipos de asesores. El duque Jorge (quien se convertiría más tarde en el enemigo más implacable de Lutero) le consiguió un salvoconducto para viajar a Leipzig en el verano de 1519. La participación de Lutero en el debate versó sobre el papado y su invención tardía (y por lo tanto humana y no divina). En el desarrollo de la discusión, Lutero afirmó que el papa es el Anticristo (no sólo determinado para en especial, sino el papado como institución); impugnó la autenticidad de las Decretales Isidorianas (que hoy en día son reconocidas como apócrifas aún por los católico-romanos) sobre las que se fundamentaba el papado; y rechazó toda autoridad que no tuviese fundamento en la Biblia. Eck llevó astutamente a Lutero a identificarse con las enseñanzas de Juan Huss (las cuales habían sido declaradas heréticas hacía poco más de un siglo), y aunque Lutero rechazó tal cargo, después de revisar las actas del Concilio de Constanza (que examinó y condenó a Huss) en la biblioteca de la Universidad de Leipzig, declaró: “Entre los artículos de Juan Huss encuentro muchos que son claramente cristianos y evangélicos, y que la iglesia universal no puede condenar”.15) A lo largo de toda esta controversia, las enseñanzas evangélicas habían sido ampliamente difundidas y cada vez involucraban a más gente. Para 1520 Lutero declaró su posición mediante cinco tratados considerados como la exposición primordial de sus convicciones distintivas: Sermón sobre las buenas obras, El papado en Roma, Discurso a la nobleza germana, El cautiverio babilónico de la Iglesia y La libertad del cristiano, todos los cuales fueron impresos en Alemán y gozaban de una extensa circulación. En el primero de los tratados declaró que “la más noble de las buenas obras es creer en Cristo”; que, “el cristiano que vive con su confianza puesta en Dios, sabe qué cosas debe hacer, y todo lo hace gozosa y libremente, no con el fin de acumularse merecimientos y buenas obras, sino porque es su gran gozo agradar a Dios y servirle sin pensar en la recompensa”. En el tratado A la cristiana nobleza de la Nación Germánica respecto de la reforma del Estado Cristiano, Lutero afirmó que la Iglesia romana había levantado tres murallas en su defensa, por cause de las cuales el cristianismo había sufrido: la superioridad de papas, obispos, sacerdotes y monjes sobre los laicos; la arrogación papal de convocar un concilio y confirmar sus actos; y la prohibición de la lectura de la Biblia. En lugar de ello, sugería que cada ciudad eligiera a un “ciudadano piadoso preparado de entre la congregación y le encargara del oficio de ministro”, que fuera sostenido por la congregación; y que la Biblia fuese enseñada a todos en las escuelas. En el cautiverio babilónico de la Iglesia aumentó sus críticas respecto del empleo de las indulgencias y equiparó al papado con el reino de Babilonia que había llevado cautiva a la Iglesia. En La libertad del cristiano, dirigido al papa, Lutero afirma: “Un cristiano es el más libre señor de todos, y no está sujeto a nadie; un cristiano es el más obediente siervo de todos, y está sujeto a todos”. Con esto Lutero quería decir que, por cuanto la justificación es por la sola fe y no por algún mérito que tuviesen las buenas obras, el que tiene esta fe es liberado de la servidumbre de la ley y de la necesidad de procurar la salvación por obras: “Una cosa y una sola cosa es necesaria para la vida, la justificación y la libertad cristianas; y ella es la santísima Palabra de Dios, el evangelio de Cristo”.16) Aunque hubo un breve paréntesis en las tensiones político-religiosas, durante ese mismo año de 1520 el papado reanudó su persecución contra Lutero cuando se acercaba el momento de que Carlos V visitara Alemania. El 25 de junio de 1520, el papa publicó la bula Exsurge Domine, que iniciaba con las palabras “Levántate, Señor, y juzga tu causa. Un jabalí ha invadido tu viña”. La bula condenaba 41 errores declarados de Lutero, ordenaba que se quemasen sus libros y le daba a Lutero un plazo de 60 días —a partir de la publicación de la bula en su parroquia— para que se sometiese. Cabe preguntarse por qué le dieron tantas oportunidades a Lutero para retractarse cuando el Vaticano acostumbraba excomulgar sin tanta dilación, como el mismo papa lo afirmaba en el proemio de dicha bula. Uno de los supuestos errores de Lutero condenado por la bula era precisamente su oposición a que los herejes fuesen martirizados y quemados, declarando el papa que tales acciones no eran pecado ni contrarios a la voluntad del Espíritu Santo. Los enviados de Roma enfrentaron oposición por parte de algunos elementos del clero alemán para lograr la publicación formal de la bula. Por su parte, el 10 de diciembre de 1520, Lutero quemó públicamente la bula, junto con obras de sus opositores y otras obras que tradicionalmente habían defendido las pretensiones papales. Y como Lutero, lejos de retractarse, había desafiado al papa, éste publicó la anunciada bula de excomunión el tres de enero de 1521.17) Se acercaba ya el tan esperado y postergado juicio contra Lutero, el cual tenía también serias implicaciones políticas, ya que la herejía se consideraba un peligro para la unidad y estabilidad del Santo Imperio Romano. Por su lado, el papa presionaba al emperador para que librara al imperio de este enemigo del Vaticano. Pero, Carlos V, por su lado, tenía que actuar con prudencia política pues Federico era fuerte y, aunque no se había pronunciado aún abiertamente a favor de Lutero, tampoco había tomado acción alguna en su contra, sino que, por el contrario, había buscado que recibiese un juicio justo (garantía ésa que muy pocos protestantes habían tenido y tendrían). Finalmente el emperador accedió a las condiciones de Federico, y en abril de 1521, Lutero compareció ante el emperador en ocasión la Dieta Imperial en Worms (Alemania). Lutero sabía que su vida peligraba, a pesar del salvoconducto conseguido por Federico; después de todo, así habían traicionado, aprehendido y quemado a Juan Huss en Constanza 106 años antes. Ahora era él, un monje hijo de un minero, quien se enfrentaba a los poderosos de la tierra. La ocasión evoca en todo su significado las palabras del Salmo 119:41-47: Venga a mí tu misericordia, Jehová; tu salvación, conforme a tu dicho. Y daré por respuesta a quien me avergüenza que en tu palabra he confiado. No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad, porque en tus juicios espero. Guardaré tu Ley siempre, para siempre y eternamente. Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos. Hablaré de tus testimonios delante de los reyes y no me avergonzaré. Me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado. En la primera audiencia, el 17 de abril, Lutero fue examinado por el arzobispo de Trier sobre sus escritos. Parecía que el jabalí no era tan fuerte después de todo. Con voz apenas audible reconoció que los libros que le señalaban eran suyos. Cuando se le preguntó si los defendía todos o quería rechazarlos en parte, Lutero respondió que eso tocaba a Dios y a Su Palabra, que eso afectaba la salvación de las almas, y pidió tiempo para pensar –estaba “demasiado aterrorizado ante Dios para dar una respuesta al emperador”.18) El emperador le concedió hasta la tarde siguiente. Esa noche, en la soledad de su cuarto, Lutero oró: ¡O Dios, Todopoderoso Dios eterno! ¡Cuán espantoso es el mundo! ¡Mira cómo su boca se abre para devorarme y cuán pequeña es mi fe en Ti! . . . Si voy a depender en cualquier fuerza en este mundo, todo está acabado… ¡O Tu, mi Dios! Ayúdame contra toda la sabiduría de este mundo. Hazlo, te lo ruego… Tú debes hacerlo… por tu propia poderosa fuerza… La obra no es mía sino Tuya. Yo no tengo parte aquí… ¡Yo no tengo nada por qué contender con estos grandes hombre del mundo! Yo con gusto pasaría mis días en felicidad y paz. Pero la causa es Tuya… Y es justa y eterna. ¡O Señor! ¡Ayúdame! ¡O fiel e inmutable Dios!… Tú me has escogido para esta obra. ¡Lo sé!… Por tanto, ¡O Dios, cumple Tu voluntad! No me abandones, por amor de Tu bien amado Hijo, Jesucristo, mi defensa… y mi fortaleza… Y aunque el mundo estuviese lleno de demonios –y este cuerpo, que es la obra de Tus manos, fuese desechado, pisoteado, despedazado… consumido hasta las cenizas, mi alma es tuya. Sí, tengo Tu propia Palabra para asegurármelo. ¡Mi alma te pertenece, y permanecerá contigo para siempre! ¡Amén! ¡O Dios, ampárame! … ¡Amén!19) “Su oración revela el alma de un hombre humilde postrado ante su Dios, desesperadamente buscando valor para estar firme ante los hombres hostiles. Para Lutero fue un Gethsemaní privado…”20) A las seis de la tarde del 18 de abril, con voz vibrante, Lutero dirigió un discurso al emperador, príncipes y demás señores, distinguiendo, explicando y defendiendo sus obras. Finalmente se le requirió que respondiera directamente y sin rodeos: “¿Repudiáis o no vuestros libros y los errores que ellos contienen?” Lutero respondió en alemán: Puesto que Vuestra Majestad y vuestros señores desean una respuesta simple, responderé sin cuernos y sin dientes. A menos que se me convenza con las Escrituras y la simple razón –pues no acepto la autoridad de papas y concilios pues se han contradicho entre sí–, mi conciencia es cautiva a la Palabra de Dios. No puedo retractarme y no me retractaré de nada, pues ir contra la conciencia no es justo ni seguro. Aquí estoy firme, no puedo hacer otra cosa. Que dios me ayude. Amen.21) Castillo de Wartburg Un amigo suyo exclamó: “Si no puedes hacerlo, doctor, ya has hecho bastante”. Y ciertamente había hecho mucho más de lo que jamás se hubiera propuesto o imaginado. “Allí se enfrentaban el pasado y el futuro. Alguien habría de ver en este punto el comienzo de los tiempos modernos”.22) Un hombre solo había desafiado, por motivos espirituales y de conciencia, a las dos poderosas estructuras universales sobre las que descansaba el mundo de su tiempo, y habría de salir triunfante. El estado ya no sería igual, mucho menos la Iglesia. Lutero quedó proscrito de ambos, humanamente estaba solo.23) El emperador declaró su posición y ordenó a sus súbditos, mediante un edicto imperial, que negasen a Lutero y a sus amigos cualquier auxilio o contacto. Pero el edicto no pudo publicarse debido a que muchos de los electores ya habían salido de Worms. En vista del gran peligro en el que se encontraba, Federico mandó a su gente que “secuestrasen” a Lutero en su camino de regreso, y que fuese llevado al (castillo) Wartburg. Por la gracia y la providencia de Dios, la Iglesia había caído “en manos de Lutero”, pero éste nunca caería “en manos de la iglesia”. En el Wartburg siguió escribiendo y realizó su mayor hazaña literaria, la traducción de la Biblia a la lengua alemana del pueblo. Nuevamente el arma del cristianismo sería “la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios” (Ef 6:17). Lutero no fue el primero en retomar el cristianismo puro y denunciar las deformaciones en que había caído la Iglesia medieval, pero sí fue quien hasta entonces había tenido mejores oportunidades y, por lo tanto, logros más significativos. Lutero no fue el primero en oponerse a la tiranía del papado, pero sí fue el primero que vivió muchos años más para contarlo y seguir confrontando los abusos en doctrina y práctica que aquejaban a la Iglesia medieval. Lutero no fue el primer cristiano en comparecer ante un emperador romano, pero sí fue el primero que no sólo salió triunfante sino que dividió tanto al imperio como a la iglesia visible nominal,24) ambas instituciones humanas que tenían pretensiones de ser universales. En su providencia y soberanía, Dios guardó a Lutero para la misión para la que efectivamente lo había llamado. Hasta aquí los factores externos de los inicios de la Reforma luterana en Alemania. Ahora es menester reflexionar sobre los factores internos. ¿Qué fuerza movía a ese “jabalí”? ¿Qué clase de “locura” llevaría a un hombre a desafiar a las poderosas estructuras establecidas de su momento histórico? Las respuestas se encuentran algunos años antes, en la profunda experiencia personal y transformadora que tuvo el monje agustino Martín con el soberano Creador y Juez del universo, a quien finalmente llegó a conocer también como Salvador y Redentor. Lutero, al igual que los demás Reformadores antes y después de él, se asomó a la grandeza de la majestad de Dios, de Su perfecta santidad como soberano del universo. Pero también entendió la gravedad y los alcances del pecado en la humanidad, la consecuente incapacidad absoluta del ser humano para relacionarse con Dios.25) Particularmente se dio cuenta de su propia maldad (a pesar de ser reconocido como un monje ejemplar en su conducta); entendió que, como afirma La Biblia, “todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caíamos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Is 64:6), y que conforme a la justicia de Dios, “el alma que pecare, esa morirá” (Ez 18:4). ¿Cómo podría reconciliarse con un Dios perfectamente santo? ¿Cómo podría estar en paz con Dios? Este conflicto espiritual llevó a Lutero a estudiar el asunto en san Agustín26) y, finalmente, en la Biblia. Allí encontró el evangelio, las buenas nuevas de salvación.27) En sus propias palabras Lutero relataba: Con ardiente anhelo ansiaba comprender la Epístola de Pablo a los Romanos y sólo me lo impedía una expresión: ‘la justicia de Dios’, pues la interpretaba como aquella justicia por la cual Dios es justo y obra justamente al castigar al injusto. Mi situación era que, a pesar de ser un monje sin tacha, estaba ante Dios como un pecador con la conciencia inquieta y no podía creer que pudiera aplacarlo con mis méritos. Por eso no amaba yo al Dios justo que castiga a los pecadores, sino que más bien lo odiaba y murmuraba contra él. Sin embargo, me así a Pablo y anhelaba con ardiente sed saber qué quería decir. Reflexioné noche y día hasta que vi la conexión entre la justicia de Dios y la afirmación de que “el justo vivirá por la fe”. Entonces comprendí que la justicia de Dios es aquélla por la cual Dios nos justifica en su gracia y pura misericordia. Desde entonces me sentí como renacido y como si hubiera entrado al paraíso por puertas abiertas de par en par. Toda la Sagrada Escritura adquirió un nuevo aspecto, y mientras antes la “justicia de Dios” me había llenado de odio, ahora se me tornó inefablemente dulce y digna de amor. Este pasaje de Pablo se convirtió para mí en una entrada al cielo.28) Años más tarde, el gran sistematizador de la teología reformada, Juan Calvino, lo expresaría así: Nuestros adversarios insisten en que Dios se aplaca con sus frívolas satisfacciones; es decir, con su basura y estiércol. Nosotros afirmamos que la culpa del pecado es tan enorme, que no puede ser expiada con tan vanas niñerías; decimos que la ofensa con que Dios ha sido ofendido por el pecado es tan grave, que de ningún modo puede ser perdonada con estas satisfacciones de ningún valor; y, por lo tanto, que esta honra y prerrogativa pertenece exclusivamente a la sangre de Cristo. Ellos dicen que la justicia, si no es tan perfecta como debiera, es restaurada y renovada con obras satisfactorias; nosotros afirmamos que la justicia es de tal valor, que con ninguna obra puede ser adquirida. Por eso, para que nos sea restituida y podamos recobrarla, es menester recurrir y acogernos a la sola misericordia de Dios.29) Siglos antes, san Pablo escribía: Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se basa en la fe. Quiero conocerlo a él y el poder de su resurrección… (Filipenses 3:7-10) Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1). Habiendo conocido a Dios, y habiendo creído en Él como su único y suficiente Señor y Salvador, Lutero comprendió que no dependía de sus imperfectas obras humanas para recibir el perdón de sus pecados; que por la sola gracia de Dios era como un tizón arrancado del fuego del infierno, y que ahora podía estar en la santa presencia de Dios amparado en la promesa de que, “la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Ro 6:23). Lutero entendió que solo Cristo es digno de que pongamos en Él nuestra fe, y que Él solo es el autor y consumador de la salvación que nos regala por Su sola gracia, recibida por el redimido mediante la sola fide. Fue esta enseñanza, encontrada y fundada en la sola Scriptura, la que lo llevó a denunciar el abuso de las indulgencias y, paso a paso, a descubrir y a rechazar las demás adulteraciones que había sufrido la doctrina y la práctica de la Iglesia. Como el profeta Jeremías, Lutero tenía en su corazón “como un fuego ardiente” metido en sus huesos, y diría como san Pablo, “¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!”30) Por eso no se detuvo ante nada; sabía que era la verdad del evangelio y el destino eterno de las almas lo que estaba de por medio. El Vaticano hace creer a sus seguidores que sus obras pueden merecer el perdón de sus pecados cuando, por el contrario, tal pretensión es una afrenta al regalo de la gracia de Dios. Tan importante fue para Lutero la doctrina de la justificación por la fe que la llamó articulus standis vel cadentis ecclesiae (el artículo sobre el cual se levanta o se derrumba la Iglesia); y realmente era el artículo sobre el cual se levantaba o se derrumbaba su propia vida. Pero más importante aún es que ciertamente este es el artículo sobre el cual se levanta o se derrumba el destino eterno de cada uno de nosotros. Soli Deo Gloria por Alejandro Moreno Morrison
- ¿Cómo es el Dios que yo amo?
Últimamente me ha quedado sonando y repitiéndose en mi cabeza las palabras de la bendición apostólica como si fuera una hermosísima sinfonía bethoviana: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén» (2 Co 13:14). Estas breves palabras del apóstol representan una síntesis o resumen exquisito de lo que es nuestro glorioso Dios. La manera cautivante en que esta sinfonía nombra a cada persona de la Trinidad —para luego, y con sólo una palabra, describir la precisa virtud que el Hijo, el Padre y el Espíritu Santo derraman sobre nosotros— es maravillosa. La gracia del Señor Jesucristo Fascina el hecho de que la bendición comience con la Segunda Persona de la Trinidad, y no con el Padre. ¿Será porque, como raza caída, sin la mediación de Cristo Jesús no tenemos acceso alguno a Dios? En cuanto a nosotros y nuestra comunicación con Dios, absolutamente nada puede ocurrir sin Jesucristo. También nos detenemos ante el nombre usado. No se le llama sencillamente “Jesús”. Se le da su título completo: el Señor Jesucristo. “Señor”, declarando su divinidad, y Jesucristo, recordando la dualidad de su persona (“Jesús”, su nombre humano; y “Cristo”, su nombre divino). No podemos olvidarnos que es el Mesías ungido de Dios. La preciosa virtud que Jesucristo derrama sobre nosotros es la gracia —¡favor inmerecido! Cuando leemos el periódico, o escuchamos la radio o la televisión, no falta el día en que las noticias no cuenten crímenes horrorosos y abusos imperdonables. ¡Qué terriblemente nos portamos los unos con los otros! Cuán cierto lo que afirma la Biblia acerca de nosotros: No hay quien busque a Dios. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Nuestras bocas están llenas de maldición y de amargura. Nuestros pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en nuestros caminos; No hay temor de Dios delante de nuestros ojos. Ciertamente merecemos condenación y no misericordia. Pero queriendo allegarse a nosotros —que tanto lo necesitamos—, Jesucristo vino derramando gracia, haciéndonos incomprensiblemente objetos de su favor. El amor de Dios Cuando leemos la Biblia, nuestra primera visión de Dios es la de un incomparable Creador que incansablemente formó todas las maravillas que nos rodean en el cielo, la tierra y debajo de la tierra. Pero luego, al pasar unas páginas, lo vemos más bien como un incomparable Amante que no sólo elige a un pueblo, sino que lo ama con un amor inquebrantable. Leyendo lo que dicen los profetas, las expresiones de ese amor nos dejan boquiabiertos. Cuentan que Dios dice: Cuando Israel era muchacho, yo lo amé (Oseas 11:1). Asombrosamente, continúa diciendo que cuando Israel le fue vergonzosamente infiel, Él —como esposo traicionado que fue— no dejó de amarla. Más bien expresó la agonía y el terrible dolor que sintió: ¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim [pueblos destruidos]? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti (Os 11:8-9). ¿Habrá amor comparable? Nos trae a memoria el gran capítulo del amor, 1 Corintios 13. Observemos que ese capítulo es una descripción inmejorable del inquebrantable amor de Dios. Igual que Jeremías, todos podríamos confesar: Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado (31:3). Y eso nos lleva a apreciar lo que nos dice Pablo, que a cuenta de ese incomparable amor Dios nos escogió en él antes de la fundación del mundo (Ef 1:4). Imagínese, Dios, que conoce todas las cosas (incluso nuestras rebeldías y nuestros pecados) nos amó tanto que nos seleccionó y aplicó a nuestro favor todos los beneficios que se encuentran en su Hijo. E hizo eso antes de que el mundo fuera formado. Pablo explica que Dios nos mostró ese amor para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Ef 1:4-5). Apreciando tal amor, entendemos por qué el texto de Juan 3:16 ha llegado a ser el favorito de todo el mundo: Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. La comunión del Espíritu Santo La palabra griega …….a es la que en la bendición apostólica se traduce como nuestro vocablo “comunión” o “Koinonia”. Tiene tres significados. Primero, quiere decir “participación”; segundo, implica “impartir”, es decir, darle a otro de lo que se tiene; y, tercero, habla del “compañerismo” ofrecido. Cuando aplicamos esos significados a la obra que realiza el Espíritu de Dios en nuestras vidas, la declaración es fantástica. Detengámonos un momento para sencillamente pensar en lo que todo esto significa. Primero, que una de las tres gloriosas personas de la Santa Trinidad ahora participa con nosotros, porque simplemente somos hijos de Dios. Participa en nuestro dolor, participa en nuestros momentos de gran gozo, participa en el trabajo que hacemos, participa en nuestras luchas y pruebas, participa en nuestros sueños y anhelos, participa en absolutamente todo lo que tiene que ver con nosotros. ¡Qué verdad más alentadora! Sólo con esa parte de la bendición apostólica se satisface plenamente la promesa de Cristo en Juan 14:16-17, que nos mandaría un Consolador de la misma calidad de Él. Pero adicionalmente, este maravilloso Consolador nos imparte lo que tiene, es decir, su poder, sabiduría, conocimiento y persona. Debido a esas contribuciones tan especiales entendemos por qué Cristo dijo: Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber (Juan 16:13-15). Una cosa más: la bendición apostólica establece la realidad del compañerismo del Trino Dios experimentado a través del Espíritu Santo. Como hijos de Dios, ¡nunca andamos solos en este mundo! En base a esa verdad el apóstol Pablo declara que somos el templo del Espíritu Santo (1 Cor 6:19-20). Ahí, en el barrio, en la calle, en el bus, en el auto —dondequiera que estemos— junto a nosotros está el Espíritu Santo de Dios. Esa figura de nosotros como el templo del Espíritu Santo es singular. En otras palabras, cuando adoramos a Dios, Él también adora con nosotros. Cuando oramos, Él también ora, pero no sólo se une a nosotros en oración, sino que nos ayuda para saber cómo orar (Ro 8:26). Cuando leemos la Biblia, Él no sólo la lee con nosotros, nos enseña todas las cosas que dice y nos recuerda todo lo que dijo Jesús (Jn 14:26). Cuando cantamos, Él canta con nosotros y así realmente podemos adorar a Dios en espíritu y en verdad (Juan 4:23). Cuando servimos a Dios, Él es el que sirve con nosotros y nos ayuda en nuestras debilidades y nos da la fuerza y las habilidades para ser efectivos instrumentos suyos en este mundo (Ro 8:26 y 1 Corintios 12:4-11). ¡Qué bendito Espíritu! Una reflexión final Estas son las tres distintas y maravillosas cualidades que distinguen a cada una de las tres personas de la Santa Trinidad. Cabe ahora preguntar: ¿qué significan estas mismas cualidades si las aplicáramos a Dios? Entreguémonos a la especulación por unos momentos, como Agustín de Hipona que allá —en el quinto siglo— se preguntó: “¿Qué hacía Dios antes que hiciese el cielo y la tierra?” Por cierto, lo que hacía Dios en la eternidad pasada ni Agustín ni nosotros lo sabemos. Sin embargo, tenemos unos pocos indicios en la Biblia que nos dan a entender que nuestro Trino Dios eternamente estaba muy activo. Por ejemplo, leemos que nos escogió en él antes de la fundación del mundo… en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo (Ef1:4-5). San Pedro igualmente hace referencia a esa eternidad pasada, informándonos que fuimos destinados por Dios desde antes de la fundación del mundo (1 P 1:20). Obviamente, en la eternidad pasada Dios estuvo activamente planificando la creación y la redención de esta humanidad que se rebelaría contra Él. Allá te vio a ti y a mí y nos llamó y salvó para que pudiéramos celebrar juntos y por toda la eternidad toda esa gloria que es Dios. Con esta bendición apostólica también podemos aseverar que el amor del Padre, la comunión del Espíritu Santo y esa obediente disposición del Hijo —que le llevó a entregar su vida por nosotros, pecadores condenados—, se hicieron muy evidentes entre las tres personas de la Santa Trinidad. Podemos deducir que el conjunto trinitario —cada persona cual Dios en todo el sentido de esa palabra— obraba en perfecta armonía y unión. Siempre cada una estaba de acuerdo, cada una contribuyendo con su singular naturaleza, dando su apoyo, asistiéndose uno al otro, promoviendo los deseos de cada uno, siempre obrando en mutua glorificación. Así siempre fue, así siempre ha sido y así siempre será, precisamente porque así es Dios. En el Evangelio de Juan hay una indicación de lo que acabamos de explicar. Dice ese evangelio que el Padre glorifica al Hijo (Jn 8:50, 54; 12:23; 17:1) y que el Hijo glorifica al Padre (7:18; 17:4), y que el Espíritu glorifica al Hijo (16:14) quien a la vez glorifica al Padre. No hubo tiempo cuando sólo existía el Padre, ni tiempo cuando existían sólo el Padre y el Hijo. En toda la eternidad han existido el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en una perfección de unidad y gloriosa comunión que nos deja absolutamente maravillados. Y la promesa es que el gozo nuestro, los redimidos y transformados por la sangre de Cristo, será disfrutar de esa asombrosa perfección por siempre y para siempre. *Este artículo es un extracto del libro del Dr. Les Thompson, «La Santa Trinidad», que sirvió como base de las conferencias pastorales LOGOI 2008.