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  • La inauguración de los Juegos Olímpicos 2024 y la exaltación de valores culturales anticristianos

    Con bailarines en trajes reciclados y una Maria Antonieta decapitada, la inauguración de París 2024 no dejó indiferente a nadie. Pero más allá de las preferencias, se manifestó una brutal agenda anticristiana. Bailarines usando trajes reciclados. Maria Antonieta decapitada cantando bajo un baño de sangre. Una banda tocando heavy metal  en las ventanas de un edificio. Una presentación pregrabada de Lady Gaga cantando en francés al estilo de cabaret. Miles de espectadores viendo las delegaciones internacionales en barcos mientras cruzaban el río Sena bajo la lluvia torrencial. Un grupo de drag queens representando La última cena, el cuadro de Da Vinci.  La Ceremonia de Inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024 generó revuelo en los medios de comunicación alrededor del mundo. Muchos hicieron fuertes críticas a lo que consideraron innecesariamente extravagante y hasta blasfemo. En contraste, figuras como el presidente Emmanuel Macron se sintieron “extremadamente orgullosos” por el memorable espectáculo. Pero, más allá de las opiniones, la ceremonia del pasado 26 de julio fue un canto de exaltación a los valores propios de nuestra cultura actual. Dejando las preferencias a un lado, lo que el mundo contempló fue la encarnación de al menos tres tendencias que desafían la cosmovisión cristiana, y de las cuales es necesario que la iglesia se cuide: el abandono de la tradición, el abrazo al feminismo y el rechazo a la religión. 1. El abandono de la tradición Dicen que lo de la bandera izada al revés no fue más que un error humano (aunque hasta ahora el Comité Olímpico Internacional no se ha pronunciado oficialmente). Sin embargo, si hubiera sido intencional, mantendría el espíritu de lo que fue la ceremonia: un esfuerzo por poner de cabeza la tradición. Los anillos olímpicos, el símbolo fundamental que representa a los 5 continentes entrelazados por la unidad del deporte, quedaron al revés. Thomas Jolly, director artístico de la ceremonia, quiso resaltar la esencia de Francia, jugando con y desafiando los clichés de ese país, y la vitalidad y diversidad de París. Por meses habló extensamente sobre sus inspiraciones y metas para el evento, lo que generó gran expectativa. Su decisión más memorable (y una de las más controversiales) fue hacer el evento al aire libre, rompiendo con la tradición de reunir a los espectadores y equipos nacionales en un estadio.  En cambio, hizo un desfile por el río: “… más y más botes con personas saludando avanzaban por el Sena”, afirmó un columnista en The Guardian, “como si se tratara de una interminable serie de extrañas fiestas de oficina nacionalistas”. Además de que miles de espectadores y los mismos deportistas estuvieron bajo una lluvia torrencial, hubo fuertes críticas por el gran costo que se tuvo que pagar (aproximadamente 3 millones de dólares) para mantener la seguridad en las calles parisinas en las que se desarrolló el espectáculo. La banda francesa de heavy metal Gojira tocó un minuto, y al siguiente una cantante de ópera interpretó Carmen de Bizet. Y el portador de la antorcha era sin rostro y encapuchado, como una creación maníaca de la franquicia de películas de Halloween, corriendo por los tejados y deslizándose en tirolesa por los edificios como si estuviera persiguiendo a una víctima que grita. Por muy creativo que haya sido, parecía desarticulado, con la sensación de muchas cosas sucediendo simultáneamente, y las actuaciones itinerantes saltando de una idea a la siguiente: de un cancán a un tableau  gótico con mujeres fingiendo ser decapitadas en las ventanas de la Conciergerie, con serpentinas rojas que parecían macabra sangre salpicando. La pregunta es: ¿por qué era necesario abandonar la tradición y hacer que todo se sintiera nuevo y creativo? ¿Por qué no acudir a la “alta costura” francesa, en lugar de a trajes reciclados y “sostenibles”? ¿Por qué no cuidar a las personas de la lluvia y de ataques terroristas dentro de un estadio? ¿Por qué no echar mano de la rica historia de Francia? Si bien el evento estuvo cargado de símbolos históricos franceses, había en varios de ellos más un sentido de burla que de respeto. Muchos medios llegaron a afirmar que Celine Dion fue quien salvó la noche, trayendo una majestuosa interpretación del clásico Himno al amor  de Edith Piaf. Esto concuerda con la tendencia cultural de desechar la tradición. Como explica el historiador cristiano Carl R. Trueman:  “Numerosas fuerzas dentro de la cultura moderna sirven para erosionar cualquier noción de que el pasado pueda ser una fuente útil de sabiduría (…) [Hoy hay] un cierto sesgo filosófico, y ese es, como se ha mencionado anteriormente, que el pasado es inferior al presente. Tiene una narrativa implícita de progreso, según la cual todo —o al menos casi todo— sigue mejorando ”. Si bien debe haber un espacio para la creatividad y los rasgos propios de cada sociedad en su propio tiempo, es un error desconectarse del pasado o simplemente usarlo como motivo de burla.  Esta cosmovisión resulta profundamente peligrosa para la iglesia evangélica, cuyas raíces están firmemente arraigadas al pasado. Toda nuestra fe se basa en el testimonio que hemos recibido de generación en generación, primero de forma oral y luego textual, sobre lo ocurrido en la cruz. Tal como mandó Moisés a Israel en Deuteronomio 6, es fundamental que el pueblo de Dios hable continuamente a sus hijos sobre su historia: “Nosotros éramos esclavos de Faraón en Egipto, y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte”,  Dt 6:21 (NBLA). 2. El abrazo al feminismo La ceremonia fue dividida en doce partes temáticas, cada una tuvo un título particular y representó diferentes aspectos de la historia, cultura y valores de Francia. La sexta parte se llamó sororité (sororidad), que significa “hermandad entre mujeres”. Esta palabra se utiliza en el contexto de la discriminación de género y la violencia contra la mujer, y expresa el compañerismo que se dan entre ellas. Este momento, contrario a gran parte del resto de la ceremonia, tuvo un aire de respeto y recuerdo. Se presentó una secuencia artística que incluyó a la mezzosoprano Axelle Saint-Cirel interpretando La marsellesa desde el tejado del Grand Palais, usando un elegante vestido hecho por Dior. A la vez que se dio la interpretación, en los barcos del desfile se elevaron diez estatuas de figuras históricas femeninas francesas. Algunas de ellas jugaron roles muy importantes en la historia, como Olympe de Gouges (1748-1793), quien fue pionera de los derechos femeninos en el tiempo de la Revolución Francesa y luchó para que a la mujer también se le considerara en los derechos civiles; Jeanne Barret (1740-1807), la primera viajera en circunnavegar el mundo; y Alice Milliat (1884-1957), quien abogó para que las mujeres tuvieran un espacio en los deportes olímpicos. Sin embargo, otras fueron promotoras del movimiento que degeneró en el feminismo actual. Se vieron las estatuas de la ministra de salud Simone Veil (1927-2017), creadora de la ley que en 1975 despenalizó el aborto en Francia hasta la semana diez, y la abogada Gisèle Halimi (1927-2020), quien en la década de los años 70 ayudó a cambiar la percepción pública sobre el aborto. Sobre todo, vimos a Simone de Beauvoir (1908-1986), autora de El segundo sexo y quizás la filósofa feminista más reconocida de toda la historia. Es claro que las diez estatuas fueron una afirmación del feminismo francés. Por supuesto, es importante luchar por la dignidad de la mujer, pues cualquier desigualdad entre seres humanos que lleve al desprecio es pecaminosa, como es el caso del machismo, de la esclavitud y del racismo. Sin embargo, el feminismo actual busca borrar las diferencias de roles entre los géneros, otorgar libertad para asesinar legalmente a los bebés en el vientre, destacar a la mujer como “mejor” que el hombre y reinventar la maternidad, entre muchos otros elementos de su agenda antibíblica.  No fue una coincidencia que las estatuas se elevaran en frente de la Asamblea Nacional: este es uno de los principales órganos del poder legislativo en Francia, el cual históricamente ha estado dominado por figuras masculinas en sus decoraciones y en el ejercicio de la política en general. Tampoco fue coincidencia que la parte llamada “fraternidad” no fuera dedicada a figuras históricas masculinas, sino al compañerismo entre diferentes naciones. Lastimosamente, hoy hay muchas formas en las que las mujeres siguen siendo agredidas y despreciadas, pero el feminismo occidental rara vez se ocupa de ellas. Como cristianos, necesitamos oponernos al abuso sexual de niñas; a la esclavitud moderna que instrumentaliza incluso a adolescentes para pornografía infantil; a la mutilación ritual de los órganos genitales femeninos; al machismo que en ciertos países cosifica a la mujer como una posesión del hombre y la priva de toda clase de libertad.  Uno de los elementos propios de los Juegos de París 2024 es que, por primera vez en la historia, habrá un número igual de hombres y mujeres compitiendo. Creo que esto es algo que podemos celebrar, pero eso no tiene que hacernos “feministas”, sino simplemente cristianos que aman la imagen de Dios y consideran, en palabras del apóstol Pedro, que la mujer es digna de “… honor por ser heredera como ustedes de la gracia de la vida”, 1P 3:7 (NBLA). Finalmente, creo que la ceremonia de inauguración como un todo, en lugar de exaltar la dignidad de la mujer, la irrespetó. Irónicamente, la columnista feminista de Aljazeera, Julie Bindel, denunció el acto en el puente sobre el río Sena como lo contrario al amor y la inclusión: Estoy harta y cansada del drag y de la aparentemente interminable obsesión de los medios y del mundo del entretenimiento con este. Estoy harta de ver a hombres desfilando como caricaturas de mujeres, y a todos “celebrando” su “arte”, sin darse cuenta de lo ofensivo que es. Fue indignante verlo ocupar el centro del escenario en un evento que se supone debe reunir a los pueblos del mundo y, según el testimonio de los propios organizadores, celebrar el amor y la inclusión. Y ahora que hemos llegado al acto de las drags queens , hablemos de la tercera tendencia, el punto más climático y controversial de la ceremonia. 3. Rechazo a la religión En la octava secuencia, titulada Festivité (Festividad), un grupo de dieciocho artistas, incluyendo a tres miembros de Drag Race France (un programa de telerrealidad francés que busca la “próxima superestrella drag francesa”), posó detrás de lo que parecía una mesa larga con la Torre Eiffel de fondo. En el centro estaba Bárbara Butch, una DJ francesa que es un ícono LGTBQ+ y activista feminista, haciendo un corazón con sus manos. La escena parecía representar la Última Cena de Jesús con Sus discípulos. Posteriormente, se colocó una bandeja de servicio en el escenario, con un hombre (Philippe Katerine) sobre ella, semidesnudo, pintado todo de azul y cantando. La escena generó el descontento de muchísimos espectadores. No solo se pronunciaron miles de internautas y usuarios de las redes sociales; también hubo notables autoridades políticas que alzaron la voz y calificaron la escena como una agresión y burla directas al cristianismo. Algunos de los más notables fueron la Conferencia Episcopal Francesa, la institución sunita de Egipto Al-Azhar, el primer ministro húngaro Viktor Orban, diferentes ligas europeas, y un número importante de líderes en las Américas.  Después de la brutal controversia en los medios de comunicación, los organizadores buscaron defenderse. “Nunca encontrarán por mi parte ningún deseo de burlarme, de denigrar nada”, afirmó Jolly. “Quise hacer una ceremonia que reparara, que reconciliara. También que reafirmara los valores de nuestra República”. Según él, la Última Cena no había sido su inspiración, sino que quiso hacer un “festival pagano, conectado con los dioses del Olimpo”.  Quienes respaldaron la actuación dieron otras interpretaciones a la escena, como que había sido inspirada en El festín de los dioses , una pintura de Jan va Bijlert, en las fiestas romanas populares llamadas “bacanales”, o en el dios griego Dionisio. “Nunca hubo ninguna intención de faltarle el respeto a ningún grupo religioso en absoluto”, añadió Anne Descamps, directora de comunicaciones del comité organizador. Lo sucedido es una muestra del poco respeto que hay hacia la religión y el cristianismo en particular. Incluso si en verdad la escena no fue inspirada en la Última Cena, fue absolutamente claro que había un parecido innegable, por lo que los organizadores debieron evitar dicha organización desde un principio. Sin embargo, nuestra cultura actual no ve el insulto a la religión como un acto condenable, sino como digno de alabanza.  El asemejar a Jesús con un ícono del feminismo y el movimiento LGTBQ+, poniéndolo al lado de “discípulos” drag queens , y trayendo en la bandeja de servicio a un dios pagano semidesnudo, es un atropello completo a los valores del cristianismo. Allí se hizo algo igual o peor que cuando Antíoco IV Epífanes profanó el Templo en Jerusalén en el 167 a.C. al sacrificar un cerdo en el altar y erigir una estatua de Zeus.  Antíoco también buscó prohibir las prácticas religiosas judías. ¿No es ese el mismo espíritu de nuestra época, que ve la religión cristiana como una amenaza a la libertad de identidad? Esto no es más que wokismo  —que proviene de la palabra en inglés woke (estar despierto)—, el movimiento social caracterizado por una excesiva sensibilidad hacia las injusticias sociales, especialmente en lo que respecta a raza, género y orientación sexual. El supuesto intento por promover la inclusión y la igualdad fue más bien un insulto para los aproximadamente 2.6 mil millones de personas que se consideran “cristianas”. Esto es casi un tercio de toda la población mundial.  Incluso la controversia se prestó para atacar el cristianismo por medio de una de las estrategias más comunes del wokismo: la politización de la religión. Actualmente, muchos medios consideran que las críticas a la polémica escena de la ceremonia provienen principalmente de la “extrema derecha” en todo el mundo, asociada históricamente con el racismo, el supremacismo, el nacionalismo exacerbado y el autoritarismo.  Así, al momento en que se escribe este artículo, se libra en las redes sociales una “guerra” entre la extrema derecha y la izquierda, siendo supuestamente los primeros quienes oprimen las libertades de las mujeres y los segundos quienes defienden los derechos LGBTQ+, de las mujeres y los “oprimidos”. Sin ir muy lejos, hace no muchas horas Bárbara Butch, quien estuvo en el centro de la mesa en la escena controversial, comenzó a presentar demandas contra aquellos que la han ciberacosado por sus posturas. Si bien cualquier mensaje de odio, insulto o amenaza es inaceptable, es claro cómo rápidamente los participantes de la escena pasaron de ser victimarios a víctimas.   En vista de que el mundo asume el wokismo  de manera cada vez más energética, la iglesia tiene que sostenerse firmemente en guardar la adoración a Cristo y no negociar la autoridad que le corresponde a Dios como digno de adoración. Ya en el primer siglo Pablo denunciaba el peligro de las diversas ideologías que trataban de desviar a la iglesia: “Esto lo digo para que nadie los engañe con razonamientos persuasivos”, Col 2:4 (NBLA). Si bien parece que las fuerzas contrarias al cristianismo son abrumadoras, deberíamos tener en cuenta las palabras del pastor Sugel Michelén, dichas en días anteriores: En el decadente Imperio romano, los cristianos del primer siglo vieron cosas similares o peores a lo que se vio en la apertura de los JJOO París 2024. El wokismo  no impedirá que Cristo cumpla Su promesa de edificar Su iglesia, pero el impacto de estas ideologías será descomunal. Un llamado a reafirmar La ceremonia tuvo otros problemas, como que algunos espectadores pagaron hasta 2500€ por sentarse en la lluvia, y que los anunciadores nombraron a Corea del Sur como se nombra a Corea del Norte (“República popular democrática de Corea”). Pero, incluso si nos gustaron ciertas partes del espectáculo, no podemos estar ciegos ante la agenda que está detrás de algunos de los gestos del evento. ¿Cómo estamos llamados a luchar contra estas tendencias culturales? Reafirmemos la tradición, reconociendo que nuestra identidad se halla en los gloriosos eventos del pasado que nos salvan y transforman hoy. Reforcemos la feminidad y masculinidad bíblicas, abrazando el diseño perfecto de Dios en la familia cristiana. Defendamos la verdad de las Escrituras al reconocer que no nos creamos a nosotros mismos, sino que le pertenecemos a un Dios majestuoso que es digno de nuestra adoración, temor y reverencia. POR David Riaño David Riaño es editor general de BITE. Es parte del equipo plantador de la Iglesia Familia Fiel en Cajicá, donde también sirve en ministerios de enseñanza. Es Licenciado en Filología Inglesa y Magíster en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Disfruta tomar café y ver series con su esposa Laura.

  • 7 Concilios: El Primer Concilio de Constantinopla

    Continuando con la nueva serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, cada uno de los cuales intentó comprender y establecer una teología cristiana unificada. En esta serie examinaremos cada uno de los siete concilios. Para cada uno de ellos consideraremos el escenario y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto, y luego los resultados y la importancia duradera. Hoy continuamos con el Primer Concilio de Constantinopla. Marco y finalidad El Primer Concilio de Constantinopla se celebró en Constantinopla, la actual Estambul, Turquía. Fue convocado por Teodosio I, que en ese momento era emperador del Imperio Romano de Oriente. El concilio se reunió de mayo a julio de 381. El concilio fue convocado para tratar de unir a una iglesia que permanecía dividida sobre la cuestión de la naturaleza de Cristo y su relación con el Padre. Aunque el Primer Concilio de Nicea ya había intentado llegar a un consenso, el arrianismo y otras concepciones heterodoxas seguían siendo un campo de batalla en todas las regiones del imperio. Personajes principales Había 150 obispos orientales presentes en el concilio y entre ellos había un puñado de personajes notables. Melecio, obispo de Antioquía, fue el primer presidente del concilio, pero murió poco después de su inicio. Gregorio de Nacianzo fue elegido obispo de Constantinopla al inicio del concilio y, tras la muerte de Melecio, asumió la presidencia. Sin embargo, poco después, se impugnó la legalidad de su elección basándose en un canon del Concilio de Nicea que establecía que los obispos no podían ser transferidos de sede a sede (Gregorio había sido previamente obispo en Sasima). Esta disputa llevó a Gregorio a renunciar al obispado y a la presidencia. Nectario era un funcionario civil que se bautizó rápidamente para poder asumir el cargo de obispo de Constantinopla y presidente del concilio cuando Gregorio dimitiera. El conflicto El asunto principal del concilio fue restablecer la doctrina que había sido expuesta en el Credo de Nicea. Para ello, redactaron un nuevo credo que eliminaba parte del lenguaje del Credo de Nicea que había resultado controvertido y problemático. También añadieron más aclaraciones en otros puntos en los que la doctrina se había desarrollado un poco más, o en los que la ortodoxia estaba siendo cuestionada. Un área específica en la que la doctrina se había desarrollado era en relación con el Espíritu Santo. El concilio atribuyó cuatro cosas al Espíritu Santo: "un título divino, 'Señor', funciones divinas de dar vida que posee por naturaleza y de inspirar a los profetas un origen del Padre no por creación sino por procesión, un culto supremo igual al que se rinde al Padre y al Hijo" (de Leo Donal Davis, The First Seven Ecumenical Councils). El concilio trató de utilizar el lenguaje bíblico para describir al Espíritu, con el fin de hacer la doctrina lo más aceptable posible para todos los presentes. Sin embargo, treinta y seis obispos macedonios se marcharon porque no estaban dispuestos a aceptar un lenguaje tan elevado para el Espíritu Santo. Eustaquio de Sebaste representaba su punto de vista cuando dijo: "Por mi parte, no elijo nombrar al Espíritu Santo como Dios, ni me atrevo a llamarlo criatura." El resultado El resultado más importante del Concilio fue el Credo de Constantinopla. Era muy similar al Credo de Nicea, pero eliminaba el anatema contra el arrianismo. Creemos en un solo Dios, el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, engendrado por el Padre antes de todos los mundos (eones), Luz de Luz, Dios mismo de Dios mismo, engendrado, no hecho, siendo de una sola sustancia con el Padre; por quien fueron hechas todas las cosas; que por nosotros los hombres, y para nuestra salvación, bajó del cielo, y se encarnó por el Espíritu Santo de la Virgen María, y se hizo hombre; fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, y padeció, y fue sepultado, y al tercer día resucitó, según las Escrituras, y subió al cielo, y se sentó a la derecha del Padre; desde allí volverá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos; cuyo reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo juntos es adorado y glorificado, que habló por los profetas. En una sola Iglesia santa, católica y apostólica; reconocemos un solo bautismo para la remisión de los pecados; esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén. Además de reafirmar la fe de Nicea, el concilio también aprobó otros puntos. El más notable fue el canon que afirmaba que "El obispo de Constantinopla tendrá la primacía de honor después del obispo de Roma, porque Constantinopla es la nueva Roma". En el tiempo transcurrido entre Nicea y Constantinopla, Constantino había reconstruido y dedicado Constantinopla como la nueva capital del imperio romano. Asumir tal autoridad para el obispo de Constantinopla era una amenaza para Roma y el poder de su obispo. Se consideraba una grave afrenta, ya que Constantinopla no tenía ningún significado espiritual (mientras que el obispado de Roma pretendía ser el sucesor de Pedro). Este cambio, aparentemente pequeño, causaría todo tipo de disgustos en los siglos venideros. Importancia duradera El Primer Concilio de Constantinopla fue importante desde el punto de vista teológico y administrativo. Leo Donal Davis (citado anteriormente) resume acertadamente cada una de ellas: "Teológicamente, continuó la lógica del Concilio de Nicea y aplicó con cautela el razonamiento de ese Concilio sobre la relación del Hijo con el Padre al Espíritu Santo, aunque limitando su declaración a la terminología bíblica. Administrativamente, el Concilio continuó la práctica oriental de acomodar la organización eclesiástica a la organización civil del Imperio, sembrando la semilla de la discordia entre las cuatro grandes sedes de Oriente y Occidente al elevar el estatus eclesiástico de Constantinopla para que se correspondiera con su posición civil como Nueva Roma". El concilio fue importante, pero aún quedarían muchos concilios antes de que existiera esa doctrina cristiana unificada.

  • 7 Concilios: El Concilio de Éfeso

    Estoy en medio de una serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, cada uno de los cuales intentó comprender y establecer una teología cristiana unificada. En esta serie vamos a echar un breve vistazo a cada uno de los siete concilios. Para cada uno de ellos, consideraremos el escenario y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto, y luego los resultados y la importancia duradera. Hoy continuamos con el Concilio de Éfeso. Marco y finalidad El Concilio de Éfeso fue convocado en el año 431 por Teodosio II, emperador de la mitad oriental del imperio romano, y lo hizo a petición de Nestorio. Las enseñanzas de Nestorio sobre la naturaleza de Cristo estaban generando una gran controversia en la iglesia, y solicitó un concilio con la esperanza de poder demostrar su ortodoxia y silenciar a sus detractores. Aunque Teodosio no asistió, envió al jefe de su guardia de palacio imperial, el conde Candidiano, para que lo representara. El concilio se reunió en Éfeso, cerca de la actual Selcuk, en Turquía, con la asistencia de entre 200 y 250 obispos. Este concilio llegó en un momento de conflicto sobre la autoridad dentro de la iglesia. El Primer Concilio de Constantinopla había establecido que el obispo de Constantinopla era la segunda autoridad después de Roma, cuyo obispo llevaba el título de Papa y reclamaba su autoridad de la línea de Pedro. Alejandría y Antioquía eran también obispados poderosos y sus escuelas de cristología provenían históricamente de posiciones diferentes. Leo Davis explica: "Al igual que se dice que todos los filósofos son básicamente o bien aristotélicos o bien platonistas, así, a grandes rasgos, todos los teólogos son en cristología o bien antioquenos, comenzando con el Jesús de los Evangelios Sinópticos e intentando explicar cómo este hombre es también Dios, o bien alejandrinos, comenzando con el Verbo del Prólogo de Juan e intentando comprender las implicaciones del Logos encarnado." Este concilio expondría aún más la ruptura entre las dos escuelas de cristología. Personajes principales Aunque no estuvo presente, la personalidad dominante en el Concilio de Éfeso fue Nestorio, originario de Antioquía de Siria. Nestorio era un orador talentoso que había sido nombrado por Teodosio II como arzobispo de Constantinopla. El segundo personaje importante fue Cirilo, arzobispo de Alejandría. Los dos hombres representarían los dos bandos en un conflicto con profundas implicaciones para la fe cristiana. El conflicto Una vez en Constantinopla, Nestorio se encontró atrapado entre dos facciones: una de ellas insistía en llamar a María Theotokos ("portadora de Dios") mientras que la otra rechazaba el título porque sostenía que un ser eterno no podía nacer. (Theotokos era un título antiguo para María que había estado en uso desde el siglo III, utilizado por hombres como Orígenes, Atanasio y Gregorio de Nacimiento). En un intento de mediar en la disputa, Nestorio sugirió llamar a María Christotokos ("portadora de Cristo"). Quería afirmar que Cristo tenía una naturaleza plenamente humana y no una naturaleza mezclada con su Deidad. También quería afirmar la plena realidad de su Deidad, que, según Nestorio, no podía implicar cambios ni sufrimiento. Al llamar a María Christotokos, Nestorio estaba sugiriendo que ella dio a luz a Cristo, que era el prosopon (lit. en griego "cara" o "máscara") del Hijo -el único objeto percibido del Hijo, pero que internamente consistía en dos naturalezas distintas, una humana y otra divina. Cuando las noticias de las enseñanzas de Nestorio llegaron a Cirilo, éste respondió en privado a Nestorio, pero también públicamente, lo que dio lugar a varias cartas de ida y vuelta en lo que se convirtió en un creciente debate público. Algunos han sugerido que Cirilo estaba en parte motivado no sólo por la teología, sino por las implicaciones políticas de que un teólogo antioqueno ocupara ahora la silla del segundo obispado más importante. Además de estas cartas, Cirilo escribió al Papa Celestino, quien convocó un sínodo en Roma y pronto pidió a Nestorio que se retractara de sus enseñanzas. Cirilo también convocó un sínodo en Alejandría, que llegó a la misma decisión. Escribió a Nestorio para comunicarle las noticias de los sínodos de Roma y Alejandría y pedirle que se retractara. Para entonces, Nestorio ya había pedido a Teodosio II un concilio y el emperador había accedido. En el concilio, Cirilo sería el mayor defensor de llamar a María Theotokos y de la afirmación de que Cristo es la unidad perfecta de Dios y el hombre. Como el Papa no asistió al concilio, Cirilo fue nombrado presidente. El concilio estaba programado para comenzar el 7 de junio, pero tuvo que ser pospuesto cuando un importante contingente de obispos de Oriente (sobre todo Juan, el obispo de Antioquía) no llegó. El día 22, Cirilo decidió finalmente convocar el concilio sin ellos. A pesar de las repetidas peticiones para que asistiera, Nestorio se negó a asistir debido al papel de Cirilo como presidente. El concilio se reunió y votó para afirmar la segunda carta de Cirilo a Nestorio (en la que había esbozado su cristología en su totalidad) como de acuerdo con el Credo Niceno y para denunciar la cristología de Nestorio (esbozada en su respuesta a la segunda carta de Cirilo) como blasfema y opuesta a la fe de Nicea. Cuando Juan y los obispos orientales llegaron por fin, se indignaron al ver que el concilio ya se había reunido y tomado una decisión. Convocaron su propio concilio inmediatamente, condenando y excomulgando a Cirilo y a otros. No es de extrañar que esto llevara a la confusión, el conflicto y la intriga. Finalmente, la decisión del concilio de Cirilo fue aprobada tanto por Roma como por Constantinopla. El resultado El Concilio de Éfeso confirmó el Credo Niceno y el título de Theotokos para María como un título legítimo basado en ese credo. También condenaron el nestorianismo y excomulgaron a todos los obispos que no se atuvieron a la decisión del concilio. Importancia duradera El Concilio de Éfeso confirmó la unión hipostática de Cristo tal y como se explicitó en el Credo de Nicea. Y, como resume acertadamente Wikipedia, esto tuvo una importancia duradera: "Esto precipitó el cisma nestoriano, por el cual las iglesias que apoyaban a Nestorio, especialmente en Persia, se separaron del resto de la cristiandad y pasaron a ser conocidas como el cristianismo nestoriano, la Iglesia Persa o la Iglesia de Oriente, cuyos representantes actuales son la Iglesia Asiria de Oriente, la Iglesia Siria Caldea, la Iglesia Antigua de Oriente y la Iglesia Católica Caldea". Una vez más, la doctrina trinitaria había sido defendida y aclarada.

  • 7 Concilios: El Concilio de Calcedonia

    Estoy en medio de una serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, cada uno de los cuales intentó comprender y establecer una teología cristiana unificada. En esta serie vamos a echar un breve vistazo a cada uno de los siete concilios. Para cada uno de ellos, consideraremos el escenario y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto, y luego los resultados y la importancia duradera. Hoy continuamos con el cuarto concilio, el de Calcedonia. Marco y finalidad En el año 449, se convocó el Segundo Concilio de Éfeso debido a la excomunión de un monje llamado Eutiques, que enseñaba que Cristo, después de su encarnación, tenía una sola naturaleza. El propio concilio se convirtió en un drama cuando los que apoyaban a Eutiques, dirigidos por Dióscoro y apoyados por el emperador romano Teodosio II, hicieron valer su doctrina de forma unilateral y contundente frente a los que sostenían la opinión ortodoxa de que Cristo tiene dos naturalezas -una plenamente humana y otra plenamente divina- que existen en hipóstasis en una sola persona. Cuando las noticias del concilio llegaron a Roma, el Papa León lo calificó inmediatamente de Latrocinium (un "concilio de ladrones"). Cuando Marciano, un cristiano ortodoxo, se convirtió en emperador, quiso convocar otro concilio para resolver la agitación que había suscitado el Segundo Concilio de Éfeso. Ese concilio se reunió del 8 de octubre al 1 de noviembre de 451 en Calcedonia, ahora un distrito de la actual Estambul. Se celebró aquí, en lugar de en Italia, debido a la acuciante amenaza del Imperio Romano por parte de Atila y sus hunos. Personajes principales y conflicto De los 350 a 500 obispos presentes, dos destacan como personajes principales: Eutiques y Dióscoro. Eutiques era un anciano e influyente monje de Constantinopla. Debido a sus enseñanzas poco ortodoxas sobre Cristo, ya había sido condenado como hereje en el año 448 por un sínodo local de Constantinopla. Dióscoro se convirtió en obispo de Alejandría tras la muerte de Cirilo en el 444. Cuando Eutiques fue excomulgado inicialmente, Dióscoro salió en su defensa. Finalmente, presidió el Segundo Concilio de Éfeso, en el que obligó a la asamblea a restaurar a Eutiques y a deponer a los que lo habían excomulgado. El conflicto La doctrina de Eutiques parecía ser una sobrecorrección a la herejía de Nestorio (ver El Concilio de Éfeso). Leo Davis dice: "Como era un pensador confuso y embrollado, su doctrina distaba mucho de ser clara y coherente". En esencia, sin embargo, enseñaba que Cristo tenía dos naturalezas antes de la Encarnación -una humana y otra divina- y que en la Encarnación estas dos naturalezas se convirtieron en una. "Odiaba la idea de dos naturalezas en Cristo después de la Encarnación, porque entendía que naturaleza significaba existencia concreta. Afirmar dos naturalezas era para él afirmar dos existencias concretas, dos hipóstasis, dos personas en Cristo". El Concilio de Calcedonia se vio obligado a limpiar el desorden causado por el Segundo Concilio de Éfeso y lo hicieron reafirmando los credos de los concilios ecuménicos anteriores y otras expresiones de fe que se habían considerado ortodoxas (como la segunda carta de Cirilo a Nestorio y un tomo del Papa León que resumía la cristología de Occidente). También juzgaron ante el concilio a Dióscoro y a otros obispos que habían apoyado las decisiones del Segundo Concilio de Éfeso. Finalmente, desarrollaron un credo que reafirmaría la ortodoxia para una nueva generación y la clarificaría contra los puntos de vista alternativos que habían sido combatidos hasta ese momento (arrianismo, nestorianismo, y ahora eutiquianismo). El resultado Dióscoro fue juzgado, declarado culpable de abusar de su autoridad sacerdotal (más concretamente en el Segundo Concilio de Éfeso), y expulsado. El concilio preparó y afirmó entonces una confesión que negaba una única naturaleza de Cristo y reafirmaba que tiene dos naturalezas -una humana y otra divina- que coexisten en hipóstasis en su única persona: Siguiendo, pues, a los santos Padres, todos enseñamos unánimemente que nuestro Señor Jesucristo es para nosotros un solo y mismo Hijo, el mismo Perfecto en la Divinidad, el mismo Perfecto en la Humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente Hombre; el mismo de alma y cuerpo racionales; co-esencial con el Padre según la Divinidad, el mismo co-esencial con nosotros según la Humanidad; semejante a nosotros en todo, salvo en el pecado; antes de los siglos engendrado por el Padre en cuanto a la Divinidad, pero en los últimos días, el mismo, por nosotros y para nuestra salvación (nacido) de María la Virgen Theotokos en cuanto a la Hombría; uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito; reconocido en dos naturalezas de manera inconfundible, inmutable, indivisible, inseparable; la diferencia de las naturalezas no desaparece por la unión, sino que se conservan las propiedades de cada naturaleza, y (ambas) concurren en una sola persona y una sola hipóstasis; no como si estuviera dividido en dos personas, sino como si fuera el mismo Hijo y Unigénito Dios, el Verbo, el Señor, Jesucristo; tal como desde el principio los profetas han enseñado acerca de Él, y como el mismo Señor Jesucristo nos ha enseñado, y como el Símbolo de los Padres nos ha transmitido. El concilio también emitió 28 cánones sobre la disciplina y la administración de la Iglesia. Importancia duradera Aunque el concilio tuvo cierta importancia duradera, Leo Davis señala que "al igual que el Credo de Nicea, ciento veinticinco años antes, la definición de Calcedonia no fue el final sino la intensificación de la controversia". La intensificación de esta controversia llevaría a nuevos desacuerdos y tomas de partido, de modo que para el año 484 Félix III, Papa de Roma en ese momento, decretaría que Acacio, el arzobispo de Constantinopla, "por una sentencia pronunciada desde el cielo ... fuera expulsado del oficio sacerdotal." Acacio respondería borrando el nombre de Félix del díptico de la iglesia, simbolizando así la ruptura de la comunión con él. En treinta y tres años, debido a las decisiones de estos concilios, se produciría un cisma total entre las iglesias de Oriente y Occidente.

  • 7 Concilios: El Segundo Concilio de Constantinopla

    Estoy en medio de una serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, cada uno de los cuales intentó comprender y establecer una teología cristiana unificada. En esta serie vamos a echar un breve vistazo a cada uno de los siete concilios. Para cada uno de ellos, consideraremos el escenario y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto, y luego los resultados y la importancia duradera. Hoy continuamos con el quinto concilio: el Segundo Concilio de Constantinopla. Marco y finalidad Al igual que el Primer Concilio de Constantinopla, el Segundo Concilio de Constantinopla se celebró en la actual Estambul, Turquía. El concilio se reunió del 5 de mayo al 2 de junio de 553 y fue convocado por el emperador Justiniano I en un intento de reconciliar a los que estaban de acuerdo con las decisiones de Calcedonia cien años antes y a los monofisitas que no lo estaban. Personajes principales Entre 151 y 168 obispos asistieron al concilio, la mayoría de ellos de la mitad oriental de la Iglesia. Phillip Schaff dice: "Entre los presentes estaban los Patriarcas, Eutiquio de Constantinopla, que presidía, Apolinar de Alejandría, Domninus de Antioquía, tres obispos como representantes del Patriarca Eustoquio de Jerusalén, y otros 145 metropolitanos y obispos, de los cuales muchos vinieron también en lugar de sus colegas ausentes." Los dos actores principales fueron el emperador Justiniano I y el papa Vigilio, mientras que Eutiquio, patriarca de Constantinopla, presidió. Los procedimientos Justiniano I era un emperador piadoso que, en aras de preservar su imperio, vio la necesidad de preservar la integridad de la fe cristiana. Esto exigía, al menos, intentar curar el cisma que se había producido entre los monofisitas y los que se habían sometido a las decisiones de Calcedonia cien años antes. En un intento de hacer esto, Justiniano emitió un edicto en 543 condenando tres cosas: la persona y los escritos de Teodoro de Mopsuestia, los escritos de Teodoreto de Cyrusa contra Cirilo, y la carta de Ibas de Edesa a Maris el Persa. Estos fueron condenados porque se entendía que apoyaban a Nestorio y su visión de que las naturalezas humana y divina de Cristo eran distintas y no estaban unidas (véase Concilio de Calcedonia). Dado que los monofisitas se oponían al nestorianismo, el edicto de Justiniano que condenaba estos tres artículos (que llegarían a llamarse los Tres Capítulos) fue fácilmente aceptado en Oriente, donde predominaba la visión monofisita. Sin embargo, el edicto no fue tan fácilmente aceptado en Occidente, porque parecía poner en duda las acciones del Concilio de Calcedonia. El Papa Vigilio de Roma se trasladó a Constantinopla en 547 para escapar de la invasión ostrogota de Italia. Aunque al principio se resistió al edicto de Justiniano y animó a otros obispos de Occidente a hacer lo mismo, durante el año siguiente, y tras convocar a varios obispos que también se habían resistido al edicto, llegó a aceptar los Tres Capítulos de Justiniano, con reservas, en un documento llamado el Judicatum. Este documento afirmaba su confianza en las decisiones del Concilio de Calcedonia; sin embargo, el acuerdo del Papa con los Tres Capítulos contó con una gran oposición por parte de Occidente. Para evitar más desavenencias en la Iglesia, el emperador animó a Vigilio a retractarse visiblemente del Judicatum y a convocar un concilio que examinara los razonamientos de oriente y, con suerte, condujera a un acuerdo universal. Mientras se elaboraban los planes para el concilio, Justiniano y Vigilio no se ponían de acuerdo sobre quién debía participar o dónde debía celebrarse. Vigilio no quería que se celebrara en Oriente y también quería que se invitara a más obispos occidentales. Esta es la razón de sus dudas al respecto y por la que, durante el concilio, se negó repetidamente a comparecer hasta la tercera semana de asamblea. Al final, el concilio aceptó las decisiones de los cuatro primeros concilios eclesiásticos. El 24 de mayo, Vigilio se presentó con un nuevo documento, su Constitutum I, en el que se negaba a condenar los Tres Capítulos al completo porque decía que cada uno de ellos había muerto estando en comunión con la iglesia, y que la carta de Ibas ya había sido declarada ortodoxa en Calcedonia. Sin embargo, condenó abiertamente algunas proposiciones particulares de Teodoro de Mopsuestia y de Nestorio. El propio papa y varios de los obispos y clérigos asistentes firmaron el Constitutum I, pero el emperador rechazó su validez, diciendo que el concilio ya había condenado los Tres Capítulos. El emperador respondió presentando pruebas de la decisión previa del papa Vigilio de condenar los Tres Capítulos (expresada en su Judicatum) y su acuerdo de asistir al concilio (expresado en su correspondencia personal con Justiniano). Esto demostró la falta de integridad de Vigilio y su falta de voluntad para trabajar con el concilio para llegar a un consenso, lo que a su vez resultó en la decisión del concilio de romper la comunión con él, sin romper al mismo tiempo la comunión con la Santa Sede de Roma. En la octava y última sesión, el concilio expuso su sentencia, que resumía su condena de los Tres Capítulos. En cuanto a la carta de Ibas, concluyeron que el Concilio de Calcedonia debía haber revisado y aprobado otra carta, supuestamente también de Ibas, ya que decían que la que habían revisado en este concilio estaba claramente en oposición a la doctrina de Calcedonia y no podía haber sido aprobada por ellos. El resultado El concilio emitió una sentencia sobre los Tres Capítulos, que puede encontrarse aquí, a la vez que emitió catorce anatemas que sirvieron para establecer la regla de fe sobre la naturaleza de Cristo que había sido establecida y acordada en concilios anteriores. Otros quince anatemas relativos a las doctrinas de Orígenes se han asociado a este concilio, pero se discute si formaron parte de los procedimientos oficiales y si son realmente atribuibles a Orígenes. El concilio también nombró y condenó las enseñanzas de todos los herejes hasta la fecha. Importancia duradera Se pidió al papa Vigilio que regresara a Roma, pero Justiniano no se lo permitió hasta que se sometiera a las decisiones del concilio. Vigilio finalmente se rindió seis meses después, poniendo como excusa que había sido engañado por sus consejeros. Murió antes de llegar a Roma. Schaff dice: "Pelagio I, que sucedió [a Vigilio] en la sede de Roma, confirmó igualmente las Actas del Quinto Sínodo. Sin embargo, el concilio no fue recibido en todas las partes de Occidente, aunque había obtenido la aprobación del Papa. Se opuso amargamente en todo el norte de Italia, en Inglaterra, Francia y España, y también en África y Asia". Sin embargo, hacia el año 700, "el Segundo Concilio de Constantinopla fue recibido en todo el mundo como el Quinto Concilio Ecuménico; y fue plenamente reconocido como tal por el Sexto Concilio en el año 680" -el Tercer Concilio de Constantinopla.

  • LA ENCARNACIÓN I

    Hoy, vamos a empezar una nueva serie y nos vamos a centrar en el tema de la obra de Cristo. En teología hacemos una distinción entre la persona de Cristo y la obra de Cristo por varias razones. Pero a pesar de que esa distinción es importante hacerla, nunca debemos dejar que se convierta en una separación, porque la persona de Cristo está íntimamente ligada a Su obra. Y entendemos Su obra, en gran parte, desde la perspectiva de quién era el que estaba haciendo esa obra. Pero, al mismo tiempo, en cambio, la obra de Jesús nos revela mucho sobre quién es Él. Así que, Su persona y Su obra se pueden distinguir, pero nunca separar. Cuando iniciamos un análisis de la obra de Jesús, por lo general la gente quiere empezar con Su nacimiento, Su nacimiento virginal, pero nosotros no vamos a empezar en ese punto en esta serie particular de sesiones. En cambio, la obra de Jesús, creo que empieza mucho antes de Su nacimiento. De hecho, empieza en la eternidad pasada, en lo que llamamos en teología «el pacto de redención». Las personas que escuchan este programa de radio me han dicho muchas veces que al igual que disfrutan el sonido que Rush Limbaugh hace al sacudir sus papeles en el escritorio, así también disfrutan el sonido de la tiza rayando la pizarra. Pero vemos mucho la palabra «pacto» en la Biblia. Pensamos en el pacto de la creación. Pensamos en el pacto de obras, el pacto de gracia. Pensamos en el pacto que Dios hace con Abraham, con Noé, con David e incluso en el nuevo pacto que llamamos el Nuevo Testamento. Pero muchas personas no están en absoluto familiarizadas con lo que consideramos el primer pacto o el pacto de redención. Y ese pacto no es un pacto que Dios hace con los seres humanos. Más bien, el pacto de redención se refiere a un pacto o un acuerdo que tiene lugar en la eternidad dentro de la Trinidad. Distinguimos a las personas de la Trinidad como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y sabemos, cuando vemos la narrativa de la creación en el Antiguo Testamento, que toda la Trinidad, toda la deidad, está activamente involucrada en la creación del universo. Pero no solo la creación es una obra trinitaria, sino que la redención también es una obra trinitaria. El Padre es el que inicia el concepto de redimir una creación que Él sabe que caerá. Y, entonces es el Padre quien diseña el plan de redención. Es al Hijo a quien se le asigna la tarea, por el Padre, de llevar a cabo la redención y por supuesto, es la obra del Espíritu Santo aplicar esa obra de redención a nosotros. Pero debemos entender que esto no representa un problema dentro de la Trinidad misma, sino más bien un acuerdo eterno. El Hijo es enviado por el Padre y el Hijo está absolutamente encantado de ser enviado y de llevar a cabo la misión que el Padre le ha dado. Durante Su estadía terrenal, Jesús hizo un comentario en una ocasión donde dijo: «Nadie ha subido al cielo, sino Aquel que bajó del cielo». Y así, con respecto al ministerio de Jesús en este mundo, este empieza con el descenso como se distingue de la ascensión. El descenso tiene que ver con que Él dejó Su posición en gloria con el Padre y el Espíritu, y vino a este mundo por medio de la encarnación. Cuando el apóstol Pablo escribió la carta a los Romanos, al inicio de la epístola donde se identifica a sí mismo como un apóstol que ha sido llamado por Dios y apartado para el evangelio de Dios, dijo que fue anunciado por los profetas del Antiguo Testamento y menciona a Jesús quien nació de la simiente de David. Y así, cuando Pablo anuncia el evangelio y la obra de Cristo a lo largo del libro de Romanos, empieza en el primer capítulo con una referencia a Jesús como nacido de una mujer de la simiente de David, según la carne. Y cuando hablamos de la carne de Jesús, eso nos lleva inmediatamente al concepto de la encarnación. Lo que celebramos en Navidad no es tanto el nacimiento de un bebé, con lo relevante que eso es, sino que lo significativo en cuanto al nacimiento de ese bebé en particular es que en ese nacimiento tenemos la encarnación de Dios mismo. La encarnación significa ser manifestado en la carne. Sabemos cómo Juan empieza Su evangelio: «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Así que, en esa complicada declaración introductoria, él distingue entre la Palabra y Dios y luego en la siguiente parte identifica a los dos, «el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Y luego, al final del prólogo, dice: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros». Ahora, en esta «encarnación», por así decirlo, de la manifestación de Cristo en este planeta, no es que Dios, repentinamente, cambia a través de una metamorfosis en un hombre, de modo que la naturaleza divina deja de existir o se vuelve una nueva forma de carne. No, la encarnación no es tanto una resta sino más bien una adición, donde la segunda persona eterna de la Trinidad toma sobre Sí misma una naturaleza humana y une Su naturaleza divina a esa naturaleza humana con el propósito de la redención. Ahora, me gustaría que veamos en esta ocasión un pasaje muy importante en la carta de Pablo a los Filipenses en el segundo capítulo, donde en el capítulo dos de Filipenses, empezando en el versículo 5, tenemos estas palabras: «Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre». Este pasaje que acabo de leer es conocido en los círculos bíblicos como el himno kenótico, pues lo que se especula es que este pasaje en particular de la carta de Pablo a los Filipenses fue un pasaje que no fue compuesto por el apóstol mientras escribía la carta a los Filipenses, sino que Pablo estaba haciendo uso de un himno cristiano muy usado, muy antiguo. No sabemos eso con certeza, pero ciertamente es posible. Ese himno celebra la encarnación y se llama el himno kenótico debido a una palabra griega prominente que se encuentra dentro de este pasaje, que es la palabra griega kenosis, que significa literalmente «un vaciado. Y el punto central de este pasaje o himno, cualquiera que sea el caso, es la transición que Jesús experimentó al venir de Su estado exaltado en el cielo y encarnarse como un hombre en este mundo. El patrón que se encuentra aquí en este pasaje es un patrón que vemos con frecuencia en la vida de Jesús, que es un patrón de humillación y exaltación, es decir, él empieza exaltado en la gloria en el cielo, pero condesciende en unirse a nosotros en nuestra situación terrenal a fin de redimirnos. Y al entrar en la carne humana, Él sufre una profunda humillación. Y a lo largo de Su vida, parece haber una progresión o regresión, donde la humillación se vuelve más profunda y más oscura y cada vez peor y peor, a medida que alcanza su punto más bajo en la cruz y luego siguiendo la cruz viene la resurrección y la exaltación de Cristo, una vez más, a la gloria. Esa progresión o ese patrón que acabo de mencionar de la humillación a la exaltación no es absoluto. Hace varios años, escribí un libro titulado «La gloria de Cristo» porque me fascinaba cómo en ciertos momentos de la vida terrenal de Jesús en medio del ocultamiento de su identidad eterna, en medio del revestimiento de la encarnación, habría pequeños estallidos de gloria que se abrirían paso como si la encarnación misma fuera incapaz de sumergir por completo la gloria de la segunda persona de la Trinidad. Lo vemos, por ejemplo, en las narraciones del nacimiento de Jesús, donde vemos que gran parte de la literatura habla del arduo viaje que María y José hacen con el fin de registrarse para el censo en Belén. Y llegan allí y no hay lugar en la posada, por lo que Jesús nace en circunstancias ignominiosas allí en total humillación, envuelto en trapos y más. Pero todo el tiempo tenemos esta imagen de humillación, justo fuera en los campos de Belén, la gloria de Dios irrumpe y el coro angélico comienza a cantar: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres». Entonces, ese es solo un ejemplo, pero a lo largo de la vida de Jesús, vemos estos episodios de gloria que se manifiestan. Sin embargo, el patrón básico es uno de humillación a exaltación. De nuevo, en Romanos 1, Pablo habla de que nació de la simiente de David según la carne, pero se dio a conocer como el Hijo de Dios a través de la resurrección. Habiendo dicho eso, veamos una vez más este himno y analicemos algunos de los aspectos de este en Filipenses 2. La forma en que esto se usa es una exhortación que el apóstol está haciendo a los cristianos, que los cristianos deben emular la humildad de su Salvador. En otro texto, el apóstol nos dice que a menos que estemos dispuestos a identificarnos con la humillación de Jesús, nunca seremos capaces de experimentar Su exaltación. E incluso nuestro bautismo tiene esa doble señal, que en ese bautismo estamos marcados con la muerte de Jesús, pero también estamos marcados con la resurrección de Jesús. ¿Ves ese patrón? Humillación y exaltación. Bueno, el apóstol que usa esto dice que Cristo, «aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios». Ese es un lenguaje extraño. Allí, otros traductores lo interpretan de manera diferente. Ellos dicen que Él no consideraba Su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse. En otras palabras, que Jesús no consideraba la gloria que disfrutaba con el Padre y el Espíritu desde toda la eternidad como algo a lo que aferrarse con tenacidad, celosamente guardado, sino que estaba dispuesto a dejarlo de lado. Estaba dispuesto a vaciarse a sí mismo y también a despojarse a sí mismo. En el siglo XIX, los estudiosos liberales propusieron una doctrina llamada la teoría kenótica de la encarnación y es posible que la hayas escuchado, la idea es que cuando Jesús vino a esta tierra, dejó de lado Sus atributos divinos para que el Dios-hombre, aunque teniendo Su deidad, ya no tuviera los atributos divinos de la omnisciencia, omnipotencia y todo lo demás. Pero, por supuesto, eso negaría por completo la naturaleza misma de Dios, que es inmutable. Incluso en la encarnación, la naturaleza divina no pierde Sus atributos divinos. Él no los comunica a la humanidad. Él no deifica la naturaleza humana, pero en el misterio de la unión entre la naturaleza divina y la humana, de Jesús, la naturaleza humana es de verdad humana. No es omnisciente. No es omnipotente. No es nada de esto. Pero al mismo tiempo, la naturaleza divina permanece plena y completamente divina. B.B. Warfield, el gran académico de Princeton, al comentar sobre la teoría kenótica de su época dijo: «La única kenosis que esa teoría prueba es la kenosis de los cerebros de los teólogos que la están difundiendo», que se han vaciado a sí mismos de su sentido común. Pero, en todo caso, lo que se vacía es: gloria, privilegio, exaltación. Jesús en la encarnación se hace a sí mismo como alguien sin reputación. Él permite que Su propia posición divina exaltada sea sometida a la hostilidad humana y a la crítica y negación humana. «Tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres». Esto es algo asombroso, que Él no solo vino como un hombre, Él vino como un esclavo. Vino en una posición que no lleva consigo ninguna exaltación, ninguna dignidad, solo indignidad. «Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte», la vergonzosa muerte de cruz. Después de habernos dado ese breve resumen de la humillación de Jesús en la encarnación, la siguiente palabra que se deriva de ella es de vital importancia para nosotros. Por lo tanto, o por lo cual, Dios lo ha exaltado altamente. ¿Recuerdas cuando Jesús estaba en el aposento alto la noche antes de Su ejecución, la noche en que estableció «la Cena del Señor»? Y Él pasó por esa larga oración, la oración sumo sacerdotal, se llama. ¿Recuerdas una de las peticiones que Jesús hizo en esa oración? Le pidió al Padre que le devolviera la gloria que Él tuvo con el Padre desde el principio. Él dijo, yo he cumplido mi misión. He sido obediente. Ahora, Padre, glorifica a Tu Hijo con la gloria que Él tuvo contigo desde la fundación del mundo. Y esto es exactamente lo que Dios hace con Jesús al finalizar Su obra. Hay un punto final a Su indignidad. Hay un cumplimiento de Su humillación que empieza bien marcada con Su nacimiento. Por lo tanto, Dios lo ha exaltado en gran manera y le ha dado un nombre que está por encima de todo nombre. En otras series que hemos hecho, hemos visto con cuidado los nombres y títulos que se usan para Jesús en el Nuevo Testamento, que son realmente ricos e inspiradores para nosotros. Pero muy a menudo, cuando los cristianos leen este pasaje, asumen que lo que se está diciendo aquí es que el nombre que está por encima de todo nombre es el nombre Jesús. Pero eso no es lo que dice el texto. Lo que el texto está diciendo es que Dios lo ha exaltado hasta lo sumo, a tal punto que, en el nombre de Jesús, cuando escuchas el nombre de Jesús, toda rodilla debe inclinarse y toda lengua debe confesar ¿qué? Que Él es Señor para la gloria de Dios el Padre. El nombre que está por encima de todo nombre es ese título que pertenece solo a Dios, ese título Adonai que se refiere a Dios como el soberano. Ese es el título que es revelado, que pertenece a Cristo debido a su humillación. Debido a Su perfecta obediencia en el papel de esclavo, Dios mueve el cielo y la tierra para exaltar a Su Hijo, le da el nombre que está por encima de todo nombre, para que cuando escuches el nombre de Jesús, tu impulso sea estar de rodillas y confesar que Él es Señor para la gloria de Dios el Padre; que, en este punto, al exaltar a Cristo, también estás exaltando al Padre. Y así se cierra el círculo. Primero tenemos la exaltación, humillación, de vuelta a la exaltación. Pero aquí es donde empieza. Y la obra de Cristo se le da a Él, no para que baje a morir el viernes santo y luego regrese al cielo, sino que, a lo largo de toda su vida, Él está ocupado con la misión que Él acordó realizar con el Padre y el Espíritu desde la eternidad. R.C.SPROUL

  • RESPUESTAS A ALGUNAS OBJECIONES HECHAS POR ROMA A LA REFORMA PROTESTANTE

    Al entrar ahora a la última sesión de nuestro estudio de Lutero y la Reforma, quiero ver brevemente algunas de las respuestas críticas hechas por Roma a las aseveraciones y afirmaciones de la Reforma protestante. Hubo muchas reacciones y respuestas de ese tipo, además de la excomunión de Lutero y su condena como hereje por León X. Pero los tres temas principales que salieron a la palestra en el siglo XVI incluyen lo siguiente: En primer lugar, lo que Roma escuchó de Lutero y los reformadores fue un tipo de antinomianismo. Antinomianismo es una palabra teológicamente sofisticada para un espíritu de anarquía o libertinaje, donde cualquiera dice que todo lo que tiene que hacer es creer y puede vivir cualquier tipo de vida impía que elija y aun así ser salvo. Es equivalente a lo que llamaríamos gracia barata o «creencia fácil». Y, para contrarrestar eso, los reformadores tuvieron que hacer distinciones delicadas sobre lo que entendían por fe salvadora. Como mencioné antes, la fórmula de Lutero era que somos justificados por la fe sola, pero no por una fe que está sola. Lo veremos con más profundidad en unos momentos. Pero por ahora en la definición inicial de los ingredientes de la fe salvadora, los reformadores mencionaron tres elementos específicos. Esos elementos, por supuesto, se declararon en latín, estos incluían la notitia, assensus y fiducia . Ahora, esos tres elementos implicaban esto. La notitia son los datos. Nadie es justificado por creer en nada. Escuchan en la cultura que no importa lo que creas, siempre y cuando seas sincero. Bueno, si eso fuera cierto, entonces podrías poner tu confianza en Satanás y si sinceramente pones tu confianza en Satanás, serías salvo. Así que eso es absurdo. Obviamente, desde una perspectiva cristiana y bíblica, importa profundamente qué es lo que crees. Hay un contenido en el evangelio que uno debe entender con la mente y estar informado al respecto, que incluye la persona y la obra de Jesús, Su actividad salvadora. Y entonces, cuando decimos que somos justificados por la fe, no es por una fe vacía o una fe desnuda o una fe en general. Es una fe en la persona y obra de Jesús. Y hay contenido real allí. Es algo que estamos creyendo. No solo eso, esa información o datos que creemos, requieren de nuestra afirmación intelectual. Si te digo que Jesús nació de una virgen y que Él murió una muerte que fue expiatoria y que fue resucitado para nuestra justificación y digo, ¿entiendes eso? Tú respondes: «sí». Yo digo, ¿crees eso? Lo que estoy preguntando en ese momento es: ¿afirmas que esas declaraciones sobre Jesús son verdaderas? ¿Asientes intelectualmente a la veracidad de esas proposiciones? Ahora, si llegamos hasta ese punto, todo lo que hemos hecho hasta ahora es calificar para ser demonios, porque la Biblia dice que incluso los demonios creen y tiemblan, pero lo que esto significa es que el diablo conoce los hechos, conoce los datos y no solo conoce los datos, sino, sabe que los datos son verdaderos. Utiliza todo lo que sabe para persuadir a la gente de que no es verdad, pero él sabe muy bien, intelectualmente al menos, cognitivamente, el diablo sabe la verdad. Así, el tercer elemento que los reformadores agregaron fue la fiducia y eso significó una confianza personal y una aprobación voluntaria de Jesús, no el simple asentimiento intelectual de la mente a la verdad de las proposiciones, sino que es la respuesta del corazón que pone su confianza en el Cristo vivo. Ahora, el filósofo cristiano del siglo XX Gordon Clark desafió esto, diciendo que incluso la fiducia es en realidad un ejercicio intelectual, que, en el acto de confiar, nuestra mente participa en eso. No tengo nada que refutar a eso. Creo que tiene toda la razón. Edwards dijo algo muy similar allá por el siglo XVIII cuando su obra concluyente sobre la «Libertad de la Voluntad», Lutero, perdón, Edwards definió la voluntad como la elección de la mente. Ahora distinguimos entre la mente y la voluntad, entre pensar y elegir, pero lo que Edwards estaba entendiendo es que no se puede elegir algo que la mente rechaza. Y cuando la mente tiene una cierta afinidad hacia una proposición y la adopta, eso se llama elegir o querer. Pero no hay ningún órgano al lado del hígado o del bazo que se llame «el órgano de la voluntad». La voluntad es una actividad de la mente, es lo que Edwards quería exponer. Una idea similar fue expuesta en el siglo XVII por Turretin, quien distinguió no tres, sino seis o siete aspectos involucrados en la fe salvadora. Pero todas esas pequeñas sutilezas estaban tratando de llegar al hecho de que la diferencia entre el asentimiento que Satanás tiene y el asentimiento que debemos tener a fin de ser salvos, es que debemos estar de acuerdo con la dulzura de Cristo, con la hermosura de Cristo, con la excelencia de Cristo. Satanás conoce la verdad objetiva de la persona de Jesús, pero odia la verdad. Él no ve ni reconoce la excelencia de Jesús, la hermosura de Jesús debido a su odio y eso era lo que los reformadores percibieron. A lo que también estaban tratando de llegar es que la fe salvadora no es alguna afirmación ligera donde alguien levanta la mano en una reunión evangelística y debido a que hizo una profesión de fe; por lo tanto, tiene fe salvadora. No, la fe salvadora es producida por la obra regeneradora de Dios el Espíritu Santo. Y si es real, si es genuina, entonces esa persona está vinculada, por el único instrumento de justificación por esa fe, a Cristo y recibe todo lo que Él es y todo lo que ha hecho. La segunda objeción importante dada por Roma a la postura protestante en el siglo XVI fue que la postura reformada de la justificación tenía a Dios en lo que Roma llamó: «una ficción legal que en realidad socava la integridad de Dios». Lo que quisieron decir con una ficción legal, ya saben lo que es una ficción. Una ficción es algo que es imaginario. Algo inventado. No necesariamente corresponde con la realidad y la pregunta que están planteando es: ¿cómo Dios, en su perfecta justicia y santidad puede declarar que un pecador es justo, cuando en realidad no es justo? Eso pondría a Dios en una declaración ficticia. Y, por supuesto, la respuesta protestante a eso fue muy simple. Dice que la razón por la cual Dios declara a las personas justas es porque Dios realmente imputa la verdadera justicia de Cristo a esa persona. No hay nada ficticio en lo absoluto sobre la justicia de Cristo y no hay nada ficticio en lo absoluto sobre la imputación misericordiosa de Dios de esa justicia a alguien que, bajo análisis, no la tiene en sí mismo. Pero la tercera y, de lejos, la más importante objeción que Roma dio en el siglo XVI y que usó como argumento bíblico para su rechazo de la postura protestante en el Concilio de Trento en la sexta sesión, fue la enseñanza de Santiago con respecto a la justificación. En el segundo capítulo del libro de Santiago leemos lo siguiente: «¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?». Ese es el versículo 21. Y luego el versículo 23, «Y se cumplió la Escritura que dice: «Y Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia», y fue llamado amigo de Dios. Ustedes ven que…», escuchen lo que Santiago dice: «Ustedes ven que el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe». Ahora, ¿podrías tener, posiblemente, una declaración más clara, declarativa e indicativa de la que encontramos aquí en el libro de Santiago, en la que Santiago dijo: «Ustedes ven que el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe». Ese texto fue llevado a Lutero una y otra y otra vez y en un momento de debilidad, incluso cuestionó la canonicidad del libro de Santiago, diciendo que Santiago era una «epístola de paja». Ese fue su último recurso. Pero cuando los estudiosos ven la diferencia entre la enseñanza de Pablo en Romanos 3, 4 y 5 y la enseñanza de Santiago en el capítulo 2, la ven de diferentes maneras. Algunas personas dicen que el libro de Santiago fue escrito antes de la epístola a los Romanos y uno de los puntos en la agenda de Pablo al escribir Romanos fue corregir el error que fue enseñado por Santiago en su epístola. Otros dicen: No. Romanos fue escrito primero y después Santiago y parte de la agenda de Santiago era ofrecer un correctivo a la enseñanza errónea del apóstol Pablo. Otros dicen que no importa quién escribió primero o segundo. Este es un claro ejemplo de que los diferentes apóstoles del primer siglo tenían diferencias teológicas y no hay una postura monolítica consistente de la justificación que se encuentre en el Nuevo Testamento. Pero aquellos que creen que la Biblia es la Palabra de Dios y que el libro de Santiago está inspirado por el Espíritu Santo y que el libro de Romanos está inspirado por el Espíritu Santo, no pueden salir del problema con tanta facilidad. Se enfrentan a la difícil tarea de conciliar los dos libros. Ahora, sería bueno decir que cuando Santiago habla de justificación, usa una palabra griega y cuando Pablo habla de justificación usa una palabra griega diferente. No, el problema es que ambos usan la misma palabra griega dikaiosune . Ahora, también sería bueno decir que cuando Santiago estaba hablando, habló de un patriarca como ejemplo para dar este punto de vista y Pablo usó un testimonio diferente de la historia para su punto de vista, pero otra vez, por desgracia, la prueba A en la doctrina de justificación de Pablo es Abraham y en la doctrina de la justificación de Santiago su prueba A es Abraham también. Así que cuanto más vemos esto, más se complica la trama y mayor parece ser la dificultad para conciliar las dos posturas. Ahora, creo que, para reconciliarlas, tenemos que ver dos puntos muy importantes. Aunque ambos se refieren a Abraham. La cita de la justificación de Abraham que usa Pablo está en Génesis capítulo 15 y otra vez, en Romanos Pablo trabaja el argumento de que Abraham fue considerado justo antes de haber hecho cualquiera de las obras de la ley, antes de haber sacrificado a Isaac en el altar. De modo que desde el capítulo 15 en adelante, Abraham ya estaba en un estado de justificación, pero cuando Santiago habla de Abraham como su testigo favorito. Se refiere a la actividad de Abraham en Génesis 22, que es el registro de la obediencia de Abraham al llamado de Dios a sacrificar a su hijo Isaac en el altar. Entonces, cuando Santiago está hablando de la justificación de Abraham, se está refiriendo principalmente a la acción que tiene lugar en Génesis 22, donde Pablo está argumentando el punto de que Abraham es justificado libremente y por gracia, sin haber hecho ninguna obra, sin merecer nada, viendo hacia Génesis 15. Pero creo que la verdadera resolución del conflicto se da al analizar lo siguiente. ¿Qué pregunta está respondiendo Pablo en Romanos? ¿Es la misma pregunta que Santiago está abordando en Santiago capítulo 2? Creo que esa es la clave para entender estos dos escritos de Pablo y Santiago. Y para ver eso, veamos Santiago, cuando en el versículo 14 del capítulo 2, hace esta pregunta: «¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede —y podemos usar comillas aquí—, «puede esa —comillas— «fe» salvarlo? Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de ustedes les dice: «Vayan en paz, caliéntense y sáciense», pero no les dan lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta». Ahora, ven que la pregunta que Santiago está tratando de hacer es esta: si alguien dice que tiene fe, pero no tiene obras, es decir que no hay obras que se deriven de su confesión de fe, ¿puede ese tipo de fe salvarlo? Bueno, ¿cómo respondería Lutero a esa pregunta? Claro que no. Es por eso que Lutero dijo: «Somos justificados por la fe sola, pero no por una fe que está sola». Si la fe que profesamos es una fe desnuda sin ninguna evidencia de obras, esa no es fe salvadora. No salva a nadie. Esa fe está muerta. No es lo que Lutero llamó una fides viva. El único tipo de fe que justifica a alguien es una fides viva, una fe vital, una fe viva, una fe que está viva y muestra su vida por la obediencia, por las obras que le siguen, ¿qué obras contribuyen y cuánto a la justificación? Ninguna. El fundamento de nuestra justificación no se encuentra en las obras que se derivan de nuestra justificación. Pero si las obras no se derivan de nuestra justificación, esa es una prueba contundente de que no somos personas justificadas, que no tenemos fe salvadora. Y entonces, la pregunta que Santiago está haciendo es si una persona dice que tiene fe y no tiene obras, ¿esa fe lo salvará? «No, esa fe está muerta y es esteril». Él dijo, «pero alguien dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”». Vemos aquí que la pregunta que está considerando la mente de Santiago, es la manifestación o la demostración de fe. ¿A quién? ¿Acaso Dios tiene que esperar para ver mis obras y así saber si mi profesión de fe es genuina? ¿No sabía Dios que Abraham poseía fe salvadora allá por Génesis 15? Y Pablo elaboró el argumento de que una vez que esa fe real, auténtica y genuina estaba presente, Dios lo consideraba justo. Pero si te digo, tengo fe y no tengo obras, ¿qué otra manera tengo de demostrarte que mi profesión de fe es auténtica excepto por mi obediencia, por la manifestación de mis obras? Ahora, cuando Pablo usa el término justificar, lo está usando en el sentido teológico más elevado de cómo una persona es hecha justa delante de Dios, ante la barrera de su justicia y se reconcilia en un estado de salvación. Cuando Santiago está hablando de la justificación aquí, está hablando de justificar la profesión de fe ante los hombres. Jesús mismo usó el término «justificación» de una manera similar, cuando dijo: «Pero la sabiduría es justificada por todos sus hijos». ¿Qué quiso decir con eso? Él no quiso decir que la sabiduría es llevada a una relación de reconciliación con Dios al tener bebés. Lo que quiso decir fue que un acto que pensamos que era prudente o un acto sabio se demostrará que es sabio por el fruto que da. Y entonces, lo que Santiago está abordando aquí es la demostración o manifestación de la fe verdadera. Y cuando dice: «Abraham nuestro padre fue justificado por obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar ». No ante Dios, sino que él reivindicó o demostró que su profesión de fe era genuina para que todos nosotros lo viéramos. Y continúa diciendo: «la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada; y se cumplió la Escritura que dice: “Y Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia”» . De modo que fue justificado, no a los ojos de Dios, sino a los ojos de los hombres. Su profesión de fe está reivindicada. Ahora su alma está puesta en un estado de reconciliación. Ahora, si vemos eso cuidadosamente y pensamos en las diferentes preguntas que se están abordando, verán que la dificultad se evapora. Pero cuando Pablo está tratando con la doctrina de la justificación en el sentido de nuestra reconciliación final con un Dios justo y santo, escribe toda esta epístola para explicar cómo se logra la salvación final y está ahí en Romanos 1, 2, 3, 4, 5, donde el apóstol, ya saben, trabaja el argumento de que no es por las obras de la ley, pero es por la fe, aparte de las obras de la ley, que somos justificados, que no somos justificados por nuestra propia justicia, sino por la justicia de Cristo. Ahora permítanme terminar diciendo esto. Es dable decir y así lo creo, que la doctrina de la fe no es realmente tan difícil de entender. No se requiere un doctorado en teología para sondear el contenido de la doctrina. Tan sencilla como es, tan fácil de entender, es una de las verdades de la Escritura más difícil de entrar en el torrente sanguíneo, que de verdad entendamos que no hay nada que podamos hacer para ganar, para merecer, para agregar al mérito de Jesucristo, que cuando estemos ante el tribunal de Dios, iremos sin nada en nuestras manos, excepto aferrarnos a la cruz de Cristo y poner nuestra confianza en Él y solo en Él. Por eso los reformadores terminaban su confesión siempre con las palabras: «soli Deo gloria» . Solo a Dios es la gloria, porque la salvación es del Señor. R.C.SPROUL

  • MALENTENDIENDO EL AMOR DE DIOS

    INTRODUCCIÓN: Dentro de nuestro caminar en Cristo Jesús, ocurre que a veces juzgamos apresuradamente, al hacerlo de esta forma provocamos el hecho de juzgar mal, principalmente de una o tal situación no agradable, creemos equivocadamente, que en este tipo de situaciones Dios no interviene, que ahí Dios no tiene nada que ver, generando hasta blasfemia de parte nuestra, contra nuestras vidas, y algunas veces contra el mismo Dios, esto es como consecuencia de la falta de conocimiento, por falta de madurez, en estas situaciones a veces preguntamos: ¿ porque Dios?, ¿porque ocurre esto o aquello?, ¿porque lo permitiste?, mencionemos por ejemplo la muerte de un ser querido; esto afecta grandemente a cualquier ser humano, sin embargo si hay una clara comprensión de los propósitos y sobre todo de los designios de Dios, entendemos que todo viene o es producto del amor de Dios, hacia el hombre. Aun la disciplina, la corrección y el azote forman parte del amor de Dios, esto lo analizaremos con lujo de detalle en este estudio, a veces, ante la adversidad, afrontada sin conocimiento bíblico, es decir sin madurez caemos, o podemos sucumbir y creer en cosas erróneas, ante esto es importante que entendamos que todo lo que sucede viene de Dios, en el campo eclesiástico es importante entender que lo que le sucede a algún miembro en la iglesia, esto puede afectar a toda la iglesia. Todos los hijos de Dios principalmente como miembros de alguna iglesia, debemos buscar la perfección en nuestros procederes, así como entender el porque de todo lo que nos acontece, que nuestro si sea si y que nuestro no sea no, el propósito del evangelio es dia tras dia perfeccionarnos en el proceder, haciéndonos más eficientes en nuestros quehaceres diarios y en nuestro comportamiento para con los demás, todo lo podemos porque el esta en nosotros, sin embargo es necesario que también nosotros estemos en el, es decir que nuestra dependencia sea en el, no en hombre alguno. En algunas iglesias Dios ha tenido motivos para que no se crezca numéricamente, así también a nivel general vemos que la mayoría de gente no asiste a las iglesias, hasta cierto punto esto es para algunos una tribulación. Pero hagamos uso de las Palabras del apóstol Pablo cuando dice: “Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece” Filipenses 4:13. Sabemos que Dios es bueno, sin embargo muchas veces nos encontramos pasando tribulaciones sin saber porque, eso es lo que queremos contestar en este estudio a continuación. LAS TRIBULACIONES: La Biblia dice en Romanos 5:3-5 “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribuciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” En La vida diaria hemos comprobado que en la mayoría de las personas las tribulaciones desequilibran, sacan de balance, no así en los hijos de Dios, ya que en estos, estas miden la capacidad de la paciencia, en cada uno, la paciencia que es parte del fruto del espíritu Gálatas 5:22-23, de acuerdo a la Biblia el crecimiento del Cristiano esta relacionado con las tribulaciones y sobre todo con la paciencia a través de las tribulaciones. Dios se vale de esto para hacernos crecer, para nuestro bien, no para el bien o provecho suyo, pues el no necesita perfeccionarse, porque el ya es perfecto en todo, los que necesitamos perfeccionarnos en este aspecto somos nosotros. Ahora bien, Dios no quita las tribulaciones de nuestras vidas sino hasta que logre el objetivo, u obtenga el resultado de las mismas. Las tribulaciones en nuestras vidas se dan para que les saquemos provecho, ya que traen consigo unos excelentes resultados. Las tribulaciones, no permite Dios, que nos sucedan para preocuparnos, ya que para los hijos de Dios todo obra para bien, el preocuparnos o deprimirnos produce frutos malos. Dios nos atribula para nuestro bien, para nuestro crecimiento, por eso y ante eso debemos confiar en el señor, Pablo decía que nos debemos gloriar en las tribulaciones ¿pero eso que es? Debemos entender que no debemos gloriarnos propiamente en las pruebas o tribulaciones, sino en el resultado de de las mismas. Después de la prueba viene el descanso, en algunos países Latinoamericanos existe un dicho que dice: “Después de las tormenta viene la calma” y esto es algo maravilloso Hebreos 12:11, manifiesta esto, diciendo: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” Lo que hemos comprobado es que sin conocimiento Biblico, la tribulación produce ira, maldición o hasta blasfemia contra la vida y aún contra Dios, pero con el conocimiento del evangelio de la gracia esto nos produce paciencia, siempre y cuando nuestro proceder sea el correcto, si este es correcto no tendríamos nada que temer. Esto es así debido a que en la Biblia dice que si sembramos algo malo, algo malo recibiremos, Gálatas 6:7 debemos confiar en el señor y también en nuestro proceder. LA PACIENCIA Y EL CONSUELO Veamos lo que produce el tener conocimiento Efesios 4:1-2 “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de las vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” Aquí aparece otra vez la palabra paciencia. Para actuar con humildad y mansedumbre debemos soportar a nuestro prójimo con paciencia que es consecuencia de la tribulación, es importante acotar que todos los hijos de Dios necesitamos ser ejercitados para ver resultados, y sacar el provecho necesario de dicho ejercicio, entre más ejercicio se haga mejores resultados tendremos, la persona más paciente es la que más ha sido atribulada, la tribulación y sobre todo el ejercicio en ella, trae perseverancia y la perseverancia llega por soportar la pruebas a las cuales somos sometidos constantemente por Dios. 2 Corintios 1:3-4 “ Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” Somos consolados por Dios no por hombre alguno, una situación no es igual a otra no pidamos consejo de hombres, solo Dios puede consolar, si se hace de esta forma el consejo no es de nosotros es de Dios. Somos consolados cuando acudimos a Dios. Ejemplo la historia de Job que fue consolado por Dios, José fue consolado por Dios el era inocente pero confió en Dios, y es más en este periodo de la Gracia después de la Cruz del Calvario, el consolador esta dentro de nosotros no arriba ni con nosotros es en nosotros Colosenses 1:27, conociendo esto podemos poner a Dios antes que todo. Salmo 22:5 “Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados” Allá en un pacto inferior, en el antiguo pacto, ya el autor de los Salmos nos manifiesta esa confianza que tenia en Dios. Entendamos que la tribulación produce un carácter a prueba de vencimientos, somos invencibles o sea más que vencedores, Romanos 8:37, en esta vida es donde debemos ser ejercitados, ya que cuando muramos dejaremos de ejercitarnos, pues en el cielo no necesitaremos ser ejercitados, aquí es donde hacemos ejercicio del cielo, donde iremos posteriormente, por eso Pablo dice: “para mi el vivir es cristo y el morir es ganancia” Filipenses 1:21. Dios sabe lo que nos conviene y lo que no nos conviene, podemos notar en la Biblia que Pablo tuvo grandes tribulaciones, pero él aprendió a ver los resultados de estas, las consecuencias de las mismas, que es lo que nos debe de importar; A veces nos olvidados de este aspecto, sin embargo como hijos de Dios tenemos que entender que cuando venga la tribulación, no veamos esta; esperemos el resultado de esta, pues el resultado es lo que nos interesa, el cual es una promesa, es un fruto. Por eso debemos dar gracias a Dios en todo, recuérdese que el estará con nosotros todos los días de nuestra vida Mateo 28:20, esto es una promesa irrevocable de Dios para nosotros sus hijos. LA DURACIÓN DE LA CORRECCIÓN DE DIOS Salmo 94:12 -13 “Bienaventurado el hombre a quien tú corriges. Y en tu ley lo instruyes, Para hacerle descansar en los días de aflicción” Debemos ver más allá de las tribulaciones veamos los resultados. Si corregimos a nuestros hijos por ejemplo: no les preguntamos si quieren ser corregidos solo actuamos, es decir solo los corregimos, y detectamos que a veces nuestros hijos no entienden, y tenemos que continuar con la corrección, así nos pasa a nosotros con Dios, si andamos desordenadamente lo que recibiremos es corrección. Gálatas 6:7 Dios corrige, Dios no falla en corregir y el lo hace todo el tiempo por eso en Filipenses 1:6 dice: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” y la perfecciona a través de las pruebas o tribulaciones, Dios no se cansa de corregir el corregí hasta el final, al momento de la tribulaciones no actuemos sin conocimiento como los que no lo tienen, no podemos decir ¿porque tanto Señor?, analicemos que es lo malo que estamos haciendo, de allí se desprenderá el final de la corrección de Dios para pasar a otra área. Hebreos 13:20-21 “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda buena obra para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos. Amén” La disciplina de Dios no cesa para sus hijos hasta que no se consiga el resultado que Dios espera, al momento del resultado, Dios se centra en otra área de esa forma siempre estamos bajo la disciplina de Dios, ahora bien: ¿cual es el propósito de la constante disciplina de Dios?, estos versículos lo mencionan es “para hacernos aptos para toda buena obra”, o sea para que todos los hijos de Dios estemos aptos, estemos capacitados, para toda buena obra; por eso Dios nos ejercita, por medio de las tribulaciones para que lleguemos a la estatura de un varón perfecto. Derivado de esto también Pablo se gloriaba en las tribulaciones. Aquí cabe la pregunta: ¿Quien necesita más corrección? La respuesta es sencilla y esta es “el que se porta peor es el que necesita más corrección”, sin embargo a veces somos necios y no entendemos el propósito de la corrección de Dios. Por otro lado, hay un resultado de las tribulaciones y Dios no va a descansar hasta lograr su propósito, que nosotros podamos mostrar que somos aptos para cosas buenas, haciendo el en nosotros lo que es agradable para el, por Jesucristo, Dios nos esta entrenando constantemente para ganar la batalla contra nuestra carne, esto es todo el tiempo Gálatas 5:16-18, o sea para que ganemos la guerra, y Dios sabe en que áreas necesitamos crecer, para que tales áreas a sean corregidas por él. EL RESULTADO DE LA CORRECCIÓN DE DIOS Lamentaciones 3: 31-33 “Porque el señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también compadece según la multitud de sus misericordias; Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres ” Sin el conocimiento del evangelio las tribulaciones traen tristeza, miedo, temor e inseguridades. Dios no hace las cosas por gusto las hace con un propósito; nos entristece con un propósito, que dice aquí el señor, el no se alegra de nuestro sufrimiento ni tampoco reduce la corrección la cual nos ayuda a crecer, lo que debemos hacer es esperar los resultados, Dios usa las tribulaciones o la adversidad para que dependamos de el, para que pongamos la mira en las cosas de arriba no en las de la tierra, para que entendamos su propósito, sin embargo la tendencia de muchos hombres es a depender de ellos mismos, creando con esto la autosuficiencia, la cual es idolatría. Hebreos 12:10 “Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad” la tribulación produce paciencia, pero como otra consecuencia de la tribulación encontramos la adversidad; la cual revela la corrupción del corazón del hombre, cuando hacemos algo malo obviamente sabemos lo que estamos haciendo. La santidad es el fruto de la justicia, y este es un ejercicio constante de Dios hacia nosotros, lo que provoca una dependencia día a día de Dios, él desea nuestra dependencia siempre de él, pues si no fuese así ya nos habría dado todo y tuviésemos necesidades, ya que el es el dueño de todo, un ejemplo de esto lo encontramos en el Padre nuestro dice: “danos nuestro pan de cada día” no dice danos nuestro pan para siempre, el nunca permitirá que rindamos culto a la independencia, Dios quiere que dependamos cada día de él; si Dios esta en todos nuestros planes, como resultado todo nos saldrá bien 1 Corintios 10: 12-13 “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados, más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” Estos versículos hablan contra la autosuficiencia, la salida la da Dios siempre y cuando se haya cumplido el propósito de la tribulación para dar fruto para ejercitarnos, la promesa es no ser probado más de lo que podamos resistir, por eso debemos dar gracias a Dios en todo, a veces es Dios diciendo acuérdate de mi, pues el nos quiere dar todo, y lo hace para que reaccionemos, los padres fallamos parando en la disciplina a nuestros hijos y después viene el resultado. Dios no se cansa de disciplinarnos para nuestro beneficio; y el lo hace en todo tiempo. CONCLUSION: En la Biblia encontramos en Hebreos 12: 1-3 lo siguiente: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar ” No nos cansemos de perseverar; sigamos adelante, porque después de las tribulaciones viene el premio. La tribulación produce paciencia y esto viene a constituirse en madurez y un lógico crecimiento en nuestras vidas, es Cristo formándose en nosotros. El apóstol Pablo en Romanos 8:28 enfatiza lo siguiente: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” usted y yo tenemos un conocimiento del evangelio, procuremos más; fuimos llamados por Dios, esto implica que hay un propósito para nuestra vida, todo nos ayuda para bien, a veces nos equivocarnos y sufrimos consecuencias pero esto debe servirnos para crecer, incluso como iglesia hemos pasado tribulaciones, con nuestro compromiso en la misma, es lógico que pasaremos mas tribulaciones, lo importante es darle prioridad a las cosas de Dios y tendremos buenos frutos, PASTOR: OSCAR ENRIQUE TENES Y PASTOR: ABNER RUIZ www.centrobiblicoamorygracia.org

  • CRISTIANISMO Y ALGO MÁS: EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA.

    Cuando era joven y al igual que muchos de mi edad, vibraba con los movimientos políticos, sus ideales y su lucha por conseguir más y mejores cosas para todos, mi padre había sido un creyente de la política de izquierda y como tal sufría con las acciones y palabras de la vereda contraria, para mi dichos movimientos que intentaban cambiar el mundo para mejor y cuyos líderes hacían uso del “don de la palabra” encantándonos con sus diatribas y discursos, eran ideales que en nuestros nobeles corazones atesorábamos con pasión. Solíamos estar junto a otros jóvenes allí en primera línea de reuniones, trataba de no perderme charlas ni eventos, tanto artísticos como políticos y culturales. Pero unos años después llegó a mi vida Cristo y toda mi cosmovisión dio un giro radical de 180º. Recuerdo que me aislé de mis amigos, de repente aparecía alguno preguntándome sorprendido, si ya no quería cambiar el mundo, pero ya mi pensamiento era otro, porque comprendí “…es imposible cambiar el mundo si no cambian antes las personas.” La revolución, el cambio duradero y genuino empieza de adentro hacia afuera y no al contrario. Es por esta y otras razones, que me asombra el día de hoy la campaña mediática que está teniendo lugar en las redes, en apoyo de partidos ultras con tintes xenófobos, o en su defecto, animando los “cristianos” a la militancia activa en lobbies y grupos de presión, próximos al ultramontanismo católico-romano. Esto es a vista de pájaro lo que está sucediendo en Latinoamérica. Hoy lamentablemente podemos contemplar atónitos y con sorpresa como el “movimiento evangélico” espera transformar la sociedad sin que los corazones hayan sido transformados previamente por la obra del Espíritu de Dios. Estoy totalmente convencido de que la Ley y las leyes son impotentes para cambiar el corazón del hombre, ni lo hacen las reformas sociales, ni los sistemas políticos o filosóficos. Ya se ha intentado en diferentes momentos durante la historia y ha fracasado; lo volverán a intentar de nuevo y repetirán los mismos errores al querer instaurar el reino de los cielos, aquí y ahora. Haríamos bien en recordar que Dios no ha abdicado, ni ha mermado su poder, sigue gobernándolo todo y nada ni nadie, puede impedir que lleve a cabo su voluntad, Daniel ya lo decía “Él quita y pone reyes” (Daniel 2:21). Quizás no estemos satisfechos con su gobierno y nos unamos inconscientemente a la petición de los ancianos de Israel al viejo profeta Samuel: “Constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones” (1ª Samuel 8:5). Cristianismo y algo más. El profesor y escritor C.S. Lewis, en su libro “Cartas del diablo a su sobrino” que originalmente fueron mensajes radiados por la BBC, en plena Segunda Guerra Mundial, anima así a su neófito y diabólico sobrino, recién salido del seminario luciferino: “El verdadero inconveniente del grupo en el que vive tu paciente es que es meramente cristiano. Todos tienen intereses individuales, claro, pero su lazo de unión sigue siendo el mero cristianismo. Lo que nos conviene, si es que los hombres se hacen cristianos, es mantenerles en el estado de ánimo que yo llamo “el cristianismo y…”. Ya sabes: el cristianismo y la Crisis, el cristianismo y la Nueva Psicología, el cristianismo y el Nuevo Orden, el cristianismo y la Fe Curadora, el cristianismo y la Investigación Psíquica, el cristianismo y el Vegetarianismo, el cristianismo y la Reforma Ortográfica. Si han de ser cristianos, al menos que sean cristianos con una diferencia. Sustituir la fe por alguna moda de tonalidad cristiana. Trabajar sobre su horror a Lo Mismo de Siempre.” O podemos citar un extracto de un artículo de Otto Sánchez, pastor de la Iglesia Bautista Ozama (República Dominicana): “Los evangélicos en el mundo de la política, principalmente en el siglo XX van desde la ultra derecha recalcitrante de algunos sectores norteamericanos, los escándalos de corrupción, misticismo y crueldad en África y Asia, el liberalismo europeo, hasta la suma de todo lo anterior en Latinoamérica, lo cual deja un balance no muy positivo. Sin embargo, por todo esto no debemos dejar de dar respuestas a los males de la cultura desde una cosmovisión cristiana ”. El reino de Dios en la tierra. Bueno, nadie niega que haya habido, hay y habrá cristianos que a nivel individual tengan una vocación de servicio público a través de la carrera política, pero lo que deberíamos sopesar como iglesias y organizaciones, es el coste que conlleva alinearnos colectivamente con programas, personas y partidos que bien pueden confundir el buen nombre de la causa del evangelio. Sería largo citar aquí los más variopintos personajes políticos que buscaron y consiguieron el apoyo de la Iglesia, denominándose incluso ellos mismos como cristianos “nacidos de nuevo”, para después ser acusados de abuso de poder, corrupción, inmoralidad sexual, enriquecimiento ilícito, represión de minorías, etc. Es triste ver a la iglesia actual inclinándose sin complejos políticamente, involucrada en diferentes campañas y descuidando lo más importante, la predicación del evangelio. Muchos sueñan con establecer el Reino de Dios en la tierra, sin entender que la utopía cristiana tendrá lugar sola y únicamente con el advenimiento de los nuevos cielos y la nueva tierra donde mora la justicia (Ap.21). Toda Reforma genuina comienza por la iglesia En palabras del teólogo y escritor, José de Segovia: “El movimiento evangélico no viene de las campañas moralistas que buscaban promover la decencia y las buenas costumbres. Eso hacían muchas iglesias, que no eran precisamente conocidas por su fe evangélica, sino por su humanismo y actividad social. Toda reforma y avivamiento han nacido de la predicación del Evangelio. Esa es la razón por la que predicadores como Lloyd-Jones se negaban a dejar su capilla en los años 20 la Liga de la Temperancia, para que los alcohólicos no dejaran de escuchar su predicación. ¡Cuánto tenemos que aprender de nuestros antepasados, cuando apoyamos dudosas campañas en pro de la moralidad! ¿Cómo queremos que un homosexual escuche el Evangelio, si nos dedicamos a luchar contra sus derechos? La homosexualidad es un pecado, la Biblia así lo declara, pero es también un pecador que necesita oír el Evangelio, no consejos morales. El anuncio del Evangelio es que “Cristo murió por nuestros pecados y resucitó” (1 Co.15:3-4). Predicamos a Cristo.” No es la primera vez que escuchamos citar las palabras del Señor: “así alumbre vuestra luz delante de los hombres” con el propósito de animarnos a tener mayor presencia en la arena pública de nuestros países, aunque el texto no habla de esto sino de tener cuidado de practicar nuestra piedad delante de los hombres. En palabras del teólogo escocés A.B. Bruce “Tenemos que mostrar cuando estamos tentados a esconder y esconder cuando estamos tentados a mostrar.” ¿Cómo pretendemos juzgar al mundo, ver su paja, sin juzgarnos a nosotros primero y ver nuestra propia viga?, “A los que están fuera ya los juzgará Dios” ( 1 Co.5:13). Toda verdadera reforma y avivamiento comienza por la confesión y el arrepentimiento del pueblo de Dios. No deja de llamarme la atención que la iglesia solo se movilice y levante su voz cuando salen a la palestra temas como el aborto, la LGTB, la trata, pero no contra la corrupción de los políticos, los abusos de la Banca, la defensa de la salud o educación pública, los salarios dignos, la solidaridad con el emigrante, etc. ¿Doble moral quizás? Cuidado con esto, mi opinión es que debemos de hacer lo uno sin dejar de hacer lo otro. Política cristiana, “en el filo de la navaja” Creo que la expresión “en el filo de la navaja” frase acuñada por el escritor británico W. Somerset Maugham, describe de forma visual, las arenas movedizas en las que nos movemos. El problema con el posicionamiento político de la iglesia y entidades evangélicas es como la política misma, excluyente. Se trata de nosotros y ellos, azules y rojos, progresistas y conservadores, derecha e izquierda. La iglesia por el contrario llama a todos los hombres independiente de su raza, color, status social o ideología política a abrazar las Buenas Nuevas de Jesucristo. En palabras del apóstol Pablo: “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.” (1 Co.9:19-22) ¿Cómo podremos alcanzar a aquellos que consideramos y nos consideran rivales políticos? ¿Cómo podremos ganar a todos si solo nos identificamos con algunos? ¿Cómo nos escucharan aquellos que son el objeto de nuestra confrontación política? No nos engañemos, la política del hombre natural y caído, desgraciadamente no une a los hombres, sino al contrario les divide y enfrenta, el evangelio derriba todo tipo de barreras. En palabras del apóstol Pablo: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Ga.3:28). Quién tenga un llamado, una vocación política, que la ejerza en el temor de Dios y para su gloria. En cuanto a la Iglesia, las palabras de Jesús no fueron: “id y haced política…”, sino “ id y predicad el evangelio”. De ELCR (Adaptado)

  • Breve Introducción a la Teología del Pacto

    Índice 1. A modo de inicio 2. Prefacio 3. Introducción 4. Estructura de los pactos bíblicos. 5. El Pacto de obras 6. El Pacto de Redención 7. El Pacto de la gracia 7.1. Antiguo y Nuevo Testamentos . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8. Importancia de la Teología del Pacto 26 9. Conclusiones Resumen El presente artículo es un muy breve acercamiento a la Teología del Pacto, su objetivo no es otro que brindar una descripción somera de esta, sin entrar en tecnicismos teológicos complejos, y dirigida a alguien que no conozca prácticamente nada sobre la fe reformada. No se ha seguido una escuela teológica específica, aunque se han preferido para las definiciones algunos conceptos de Meredith G. Kline por encima de otros. Se ha usado una amplia bibliografía con el objetivo de brindar al lector varias fuentes donde buscar información adicional. ¡Soli Deo Gloria! 1. A modo de inicio Podemos captar la grandiosa unidad de las Escrituras y de su tema central, la salvación por gracia. El entendimiento más elemental de este gran tema mostrará, como dice A. A. Hodge, que “ha habido una sola redención, ha habido sólo una expiación y ofrecimiento de justificación, ha habido sólo un principio de santificación, ha habido sólo una operación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, desde el tiempo en que el primer evangelio fue predicado a la mujer en el jardín del Edén hasta el tiempo presente; pero esta maravillosa constitución ha sido administrada en una infinita variedad de maneras.” De esta forma, si hablamos de dispensaciones, tanto si nuestras divisiones incluyen (con Charles Hodge y la Confesión de Fe de Westminster) la Patriarcal, la Abrámica y la Mosaica, así como también la Evangélica; o solamente dos, las del Antiguo y Nuevo Testamentos, o aún siete, veremos a través de todas ellas las operaciones de un pacto de gracia hecho por un Dios soberano que conoce el final desde el comienzo. Podemos reconocer también un desarrollo cronológico del pacto de gracia desde el jardín del Edén hasta el tiempo presente en el maravilloso desarrollo de la iglesia recién nacida, la iglesia del pacto, la iglesia comprada por la sangre de Cristo. [1, Atwell] 2. Prefacio Dios eligió el concepto de pacto (o contrato, en términos modernos) para aclarar la relación que Él buscó establecer con su pueblo. Y no ha cesado de hacerlo hoy. [3, Barnes] La teología del pacto es un tema profundo pero sencillo de comprender y ver en las Escrituras, sin embargo, explicarlo en breves palabras es una empresa inútil; igualmente intentar hacer aportes donde otros han escrito tanto. El objetivo de este muy sencillo artículo es, ante todo, brindar un acercamiento a la Teología del Pacto para cualquiera que no conozca la teología reformada. A nuestro modesto entender, es de suma importancia la aprehensión de este tema para conocer y aceptar la teología reformada en su totalidad. Ante el avance del dispensacionalismo y sus enseñanzas en las iglesias modernas no puede hacerse algo diferente por los cristianos reformados que mostrar a las almas un enfoque hermenéutico que da honra al Dios altísimo, y que lamentablemente es casi totalmente desconocido en muchas partes de América Latina, en donde abundan las denominaciones de corte carismático y dispensacionalista. 3. Introducción Ante todo, definamos qué es un pacto; para ello citaremos en Diccionario Larousse en su edición digital del 1996 [16, Larousse Planeta]: Pacto (Del lat. pactum.) 1. Acuerdo o tratado entre personas, entidades, partidos políticos o estados que exige cumplimiento por cada una de las partes de lo que se ha estipulado: ese partido no respetó los pactos económicos convenidos. 2. Obligación establecida por acuerdo o tratado. Un pacto en nuestra lengua española no es más que un convenio; de esta forma, el primer propósito de un pacto es para que ambas partes sean beneficiadas de la transacción sobre la cual se pacta. Existen pactos bilaterales o unilaterales, condicionales e incondicionales. En un pacto unilateral, se requiere una de las dos partes cumpla con ciertas estipulaciones predeterminadas. En un pacto bilateral, se requiere que ambas partes cumplan con las tales. Los pactos tienen un tiempo de duración prefijado o este se termina cuando una o ambas partes cumplen con su responsabilidad bajo tal acuerdo, aunque los resultados del pacto pueden ser mucho más duraderos y extenderse más allá de la vida de los participantes en el. La idea de hacer un pacto o contrato es asegurar que lo que se ha acordado e va a cumplir. Si una de las partes en un Pacto no cumple con su responsabilidad, la otra parte o partes no tienen la obligación de cumplir con la de ellos. Además, se puede reclamar legalmente contra la parte que no cumplió su determinada labor. Por lo tanto, el segundo propósito del contrato es el de cubrir legalmente las partes envueltas. El Pacto obliga una vez haya sido ratificado o “aceptado”, momento después del cual no puede ser anulado ni invalidado o modificado sin quedar anulado. El término pacto es usado frecuentemente en la Biblia cuando se habla de la relación establecida entre dos o más personas, que muchas veces incluía el destino de toda una nación, podemos ver por ejemplo el pacto realizado entre Salomón e Hiram: Y YHVH dio a Salomón sabiduría, tal como le había prometido, y hubo paz entre Hiram y Salomón, y ambos concertaron alianza- 1 Reyes 5:12 [12, Biblia Textual] – ambos reyes se prometían paz y buenas relaciones entre las dos naciones que representaban. En estos pactos entre personas ambos representantes tenían los mismos derechos, deberes y podría decirse que ambos tenían las mismas oportunidades de cumplir o no lo pactado. Sin embargo, los pactos bíblicos que nos ocupan difieren un tanto en su definición de aquellos que por el uso común del idioma conocemos y que se asemejan al ejemplo anterior. A continuación, veremos que los pactos en los que Dios está envuelto son muy diferentes y que por lo tanto requieren de otra definición. Veremos los comentarios que dan sobre las palabras que se traducen como pactos dos grandes teólogos, el primero es Luis Berkhof, quien en su libro de Teología Sistemática dedica todo un capítulo a la definición y nombre del pacto, al final de la introducción expondremos las ideas de Meredith Kline, quien durante el siglo XX e inicios del XXI realizó grandes aportes a la definición del Pacto Bíblico con su consecuente impacto en la Teología del Pacto. En las Escrituras la palabra hebrea para pacto siempre es “berith”, una palabra de dudosa derivación. La opinión más general es que se deriva del verbo hebreo “barah”, (cortar) y contiene, por tanto, un recuerdo de la ceremonia que se menciona en Génesis 15:17. Sin embargo, algunos prefieren pensar que se deriva de la palabra asiria “verita”, que significa atar. Esto señalaría desde luego al pacto como un compromiso. Para la construcción de la doctrina no tiene gran importancia conocer el origen de la palabra. “Berith” puede indicar un acuerdo mutuo voluntario (bilateral), pero también una disposición o arreglo impuesto por una de las partes a la otra (unilateral). Su significado exacto no depende de la etimología de la palabra, ni del desarrollo histórico del concepto, sino simplemente de las partes interesadas. En la medida en la que una de estas partes está subordinada y tiene menos que decir, el pacto adquiere carácter de disposición o arreglo impuesto por una de esas partes a la otra. “Berith” pues se convierte en sinónimo de “choq” (estatuto u ordenanza definidos), Ex. 34:10; Isa. 59: 21; Jer. 31: 36; 33:20; 34:13. Naturalmente, cuando Dios establece un pacto con el hombre este carácter unilateral es muy evidente, puesto que Dios y el hombre no son partes iguales. Dios es el Soberano que impone sus ordenanzas sobre sus criaturas. En la Septuaginta la palabra “berith” se traduce “diatheke”, en cada uno delos pasajes en donde ocurre, con excepción de Deut. 9:15; (marturion) y IReyes 11:11 (entole). La palabra “diatheke” se reduce a este uso, excepto encuatro pasajes. Este uso de la palabra parece muy peculiar en vista del hecho de que no es la palabra griega usual para pacto sino que realmente denota una disposición, y consecuentemente también un testamento. La palabra ordinaria para pacto es suntheke ¿Intentaron los traductores sustituir la idea de pacto con otra idea? Evidentemente no, porque en Isa. 28: 15 usan las dos palabras como sinónimas y allí diatheke significa claramente un pacto o un convenio. De aquí que no hay duda de que atribuyeran a diatheke el significado de convenio. Pero queda la pregunta, ¿por qué de una manera tan general evitan el uso de suntheke y la sustituyen por una palabra que denota una disposición más bien que un convenio? Con toda probabilidad la razón se encuentra en el hecho de que en el mundo griego la idea de pacto expresada por suntheke estaba basada en gran parte sobre la igualdad legal de las partes, de tal manera que no se podía sin una modificación considerable incorporar esta palabra en el sistema de pensamiento bíblico. La idea de que la prioridad pertenece a Dios en el establecimiento del pacto y de que El, soberanamente impone su pacto al hombre estaba ausente de la palabra griega usual. De aquí que se llegara a sustituir la palabra (suntheke) por otra en la que este significado fuera muy notable, (diatheke). De esta manera la palabra diatheke, como otras muchas palabras, recibió un nuevo significado cuando se convirtió en vehículo del pensamiento divino. Este cambio es importante en relación con el uso de la palabra en el Nuevo Testamento. Ha habido considerable diferencia de opinión respecto a la traducción propia de la palabra, pues en la mitad, aproximadamente, de los pasajes en que ocurre, en las versiones holandesa y autorizada, se traduce por «pacto», en tanto que en la otra mitad se traduce por «testamento». La Versión Revisada Americana, sin embargo, la traduce “pacto” invariablemente, excepto en Hebreos 9:16,17. No es pues sino natural que surja la pregunta: ¿Cuál es el significado de la palabra en el Nuevo Testamento? Algunos pretenden que siempre tiene el significado clásico de disposición 2 o testamento, en tanto que otros sostienen que significa testamento en algunos lugares, pero en la gran mayoría de los pasajes la idea de pacto es notablemente importante. Sin duda esta es la idea correcta. [4, Berkhof] 3 La misma palabra “pacto”, (diatheke), resume en sí misma la “deuda” y el “deber” que tenemos para con Dios. Estamos en “deuda” porque nuestra nueva relación con Dios es debida a la aproximación de Dios y no a nada que nosotros pudiéramos haber hecho. Tenemos un “deber” porque hemos de aceptar las condiciones de amor, fe y obediencia impuestas por Dios, y no podemos alterarlas. La misma palabra demuestra que nunca podremos encontrar a Dios en igualdad de condiciones, sino únicamente según la humildad y gratitud estipuladas. Samuel Rutherfurd redactó su propio catecismo y, en él, escribe: “¿Qué indujo a Dios a hacer el pacto de gracia? Su propia y libre misericordia y gracia, pues, cuando él lo hizo, nosotros éramos como hijos bastardos, desamparados, expósitos, medio muertos, dejados a la intemperie a morir en su propia sangre (eso era lo que de hecho sucedía con los niños no deseados en tiempo de Rutherfurd), y nuestro Señor se nos acercó e hizo un pacto con nosotros”. La palabra diatheke contiene la inevitable verdad de que “todo es de Dios.” [2, Barclay] La realización de un berith es consumado a través de un proceso solemne de ratificación. Peculiarmente esta transacción se centra en la realización de un juramento con su maldición sancionadora. Evidentemente, un berith es un tipo legal de arreglo, una disposición formal de una naturaleza obligatoria y contractual. En el corazón de un berith está un acto de compromiso y la forma de juramento convencional de este revela la naturaleza religiosa de la transacción. Una disposición de este tipo (berith) no es un mero contrato secular sino que más bien pertenece a la esfera sagrada de la atestiguación y ejecución divinas. El tipo de disposición legal a la que se llama berith consiste entonces en un “compromiso ratificado divinamente, determinado además por un juramento”4 ; en el caso de los pactos divinos – humanos, la ratificación o confirmación consiste en la participación de Dios bien como quien hace el compromiso mismo, o como el testigo divino de un compromiso humano que es hecho en su nombre y presencia. Vistos como transacciones de compromiso con sus rituales, documentos y términos y procedimientos estipulados, los pactos funcionan como instrumentos del gobierno de Dios. Berith en varios pasajes denota la realización histórica real del arreglo definido en las estipulaciones y sanciones pactuales. El pacto así se convierte es una administración particular del reinado de Dios, tanto en el otorgamiento de su santo reino como una concesión soberana a gente en un pacto especial como su herencia particular o en el gobierno soberano de un orden de un mundo temporal cuyos beneficios son comunes a todos por igual (como en el pacto de gracia común postdiluviano de Génesis 9). Es en este sentido que pacto es usado para designar las principales divisiones de la teología del pacto. Las líneas convergentes de evidencia indican que lo que denomina berith es primariamente una disposición legal, compromisos divinamente ratificados, peculiarmente establecidos por un juramento y definidos por los términos especificados en la obligación del juramento. También encontramos que hay un aspecto funcional común a las transacciones berith divinas que proveen garantía para aquellos comprometidos en análisis teológicos para emplear el término pacto en el sentido de administración del reino.[15, Kline] 4. Estructura de los pactos bíblicos. Para el hombre moderno, inmerso en un mundo digital –aun en nuestro tercer mundo– es muy difícil entender de forma rápida muchos temas y situaciones descritos en la Biblia. La distancia muchas veces entre el lector y las palabras bíblicas cuenta en miles de años. Esa es una de las razones por las que nos cuesta un poco de esfuerzo adicional comprender cómo Dios llevó a cabo sus pactos y demás decretos en general; esa es una importante razón por la cual la arqueología bíblica es tan importante. Durante el siglo XX se hicieron descubrimientos arqueológicos que han contribuido a un mejor entendimiento de las Escrituras Sagradas. Uno de ellos fue un grupo de manuscritos que contienen textos llamados “Tratados Imperiales de Vasallaje”. Estos documentos no son más que tratados en los que un gran rey o emperador ponía bajo su mando otro rey y pueblo, por supuesto, de menor grado o jerarquía y muchas veces derrotado o rendidos ante el primero, estos documentos6 servían para que los emperadores administraran sus reinos y en ellos los vasallos -o siervos- juraban lealtad absoluta al emperador. El mundo antiguo de la Biblia era un mundo de imperios. Y de muchas maneras, esta realidad política dominó en las tierras del cercano Oriente de la antigüedad de tal manera que estableció la manera de pensar de las personas sobre casi todo en la vida. Esto fue una verdad contundente con respecto a la manera en que los imperios se establecieron, se mantuvieron y se administraron. En el mundo antiguo, grandes reyes como los Faraones de Egipto, los reyes poderosos de los Hititas o los Emperadores Asirios extendían sus reinos conquistando o anexando naciones y ciudades-estado más débiles. Por supuesto, no todas las relaciones internacionales se manejaban exactamente de la misma manera, pero muchas de ellas fueron formalizadas y se manejaron a través de lo que ahora nosotros llamamos Tratados Imperiales de Vasallaje.[17, Third Millenium] El entendimiento de la estructura y forma de los Tratados Imperiales de Vasallaje debido en gran parte a las investigaciones del pasado siglo, nos dan una gran oportunidad para entender de mejor forma los pactos bíblicos y así llegar a un entendimiento más profundo de la Teología del Pacto. Como veremos más adelante, los pactos que están relacionados con la Teología del Pacto, contienen una forma muy similar a estos Tratados Imperiales de Vasallaje, pro tanto la exposición de su estructura general nos será de gran ayuda. Los Tratados Imperiales de Vasallaje están divididos de forma general en tres partes generales. 1. Benevolencia real. Se describían las bondades que había tenido el emperador sobre sus súbditos. Generalmente el rey se describía como victorioso, glorioso y por ende digno de alabanza por todos a quienes gobernaba. 2. Lealtad vasalla. Su objetivo principal era describir cómo los vasallos habían de serle fieles a su emperador. Contenía un listado de normas y leyes mediante las cuales los súbditos demostraban su fidelidad y lealtad al rey. 3. Consecuencias. En la última parte se describían las consecuencias de la obediencia o no de los vasallos, se prometían premios a quienes obedecieran y fueran fieles y castigos y maldiciones a quienes no fueran obedientes a la ley del rey. Los pactos de los que se ocupa la Teología del Pacto siguen una forma de definición muy similar a los descritos anteriormente. Estas similitudes nos ayudan a comprender la forma que Dios usó para gobernar a su pueblo, empleando así una forma paralela a que los seres humanos estaban acostumbrados a reconocer de un rey. A continuación mostramos los pactos bíblicos y la similitud con los tratados expuestos anteriormente. La teología Reformada divide los pactos bíblicos en los siguientes: 1. Pacto Adámico. Génesis 2:15-17 (Con Adam en el Huerto del Edén) 2. Pacto Noádico. Génesis 9: 12-16 (Con Noé después del Diluvio) 3. Pacto Abráhamico. Génesis 17 (Con Abraham al llamarlo) 4. Pacto Sinaítico. Éxodo 34:28 (Con el Pueblo de Israel y su descendencia) 5. Pacto Davídico. 2 Samuel 7:12-16 (Con David acerca de su trono y reinado) 6. El Nuevo Pacto. Jeremías 31 (Con los escogidos de Israel y los gentiles) Analicemos entonces la estructura de algunos de estos pactos sobre la base de lo anteriormente expuesto de los Tratados de Vasallaje. Tomemos como ejemplo el pacto hecho por Dios con Moisés en el monte Sinaí: (4) Vosotros mismos visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os levanté sobre alas de águilas y os he traído a mí. (5) Ahora pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi pacto, entonces vosotros seréis objeto de mi predilección entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra, (6) y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que hablarás a los hijos de Israel. Éxodo 19:4-6 [12, Biblia Textual] Si se mira cuidadosamente el pasaje anterior, puede verse que están presentes las tres secciones principales de los Tratados de Vasallaje. 1. Benevolencia real. (4) Vosotros mismos visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os levanté sobre alas de águilas y os he traído a mí. El versículo 4 les muestra a los israelitas cómo Dios los sacó de la tierra de Egipto, haciendo grandes maravillas y mostrando su poder. Como mismo hacían los emperadores a sus súbditos; Dios les recordó que Él había sido misericordioso y lleno de gracia para con ellos. 2. Lealtad vasalla. (5) Ahora pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi pacto, En la primera parte del versículo 5 Dios exige la lealtad de su pueblo y la fidelidad en guardar el pacto que a continuación inaugurará. 3. Consecuencias. entonces vosotros seréis objeto de mi predilección entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra, (6) y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa. Tal y como hacían los emperadores del medio Oriente de la época, Dios les dijo que si eran fieles en guardar el pacto, entonces Él los bendeciría al punto de ser la predilección entre los pueblos para Dios, por consiguiente si no lo hacían, lejos de ser bendecidos de esa forma serían malditos. Los demás pactos mencionados contienen la misma estructura mostrada, en [17, Third Millenium] se encuentra la lección en video donde cada pacto es descrito y separado en todas las partes, mostrarlo en este trabajo haría su tamaño un impedimento serio para leerlo. Invitamos al lector a un estudio más detallado mediante los recursos del sitio mencionado. Una vez mostrado que los pactos del Antiguo Testamento siguen una estructura muy bien definida, y que esta ha sido estudiada y demostrada ya por varios teólogos, nos dedicaremos a explicar la estructura de la Teología del Pacto. 5. El Pacto de obras El primer pacto a considerar será el pacto de obras. El primero de los pactos hechos con el hombre por Dios y además el primero de los pactos universales. Para dar inicio citaremos la Confesión de Fe de Westminster7 Capítulo 7 “Del pacto de Dios con el hombre”: 1. La distancia entre Dios y la criatura es tan grande, que, aunque las criaturas racionales deban obediencia a Él como su Creador, nunca podrían tener disfrute alguno de Él como bienaventuranza y recompensa, sino por una condescendencia voluntaria de parte de Dios, la cual le ha placido expresar por medio de pacto. Ref: [1] Isaías 40:13-17; Job 9:32, 33; 1 Samuel 2:25; Salmo 113:5; Salmo 100:2, 3; Job 22:2, 3; Job 35:7, 8; Lucas 17:10; Hechos 17:24, 25. 2. El primer pacto hecho con el hombre fue un pacto de obras[2], en el cual la vida fue prometida a Adán y en él a su posteridad[3], bajo la condición de una obediencia perfecta y personal[4]. Ref: [2] Gálatas 3:12; [3] Romanos 10:5; Romanos 5:12-20; [4] Génesis 2:17; Gálatas 3:10. La Fe Reformada afirma desde el inicio de la definición de los pactos de Dios con el hombre, que este último no merece nada de parte del Creador. La distancia entre Dios y los hombres es inconmensurable, nada excepto Dios mismo puede hacer que el hombre se le acerque. De esta forma la CFW introduce el pacto de obras como una cuestión de la gracia de Dios, pues, aunque los padres de la raza humana Adán y Eva tenían toda la capacidad de obedecerle, la creación del universo y hasta la de ellos mismos parte de la infinita gracia de Dios. Dios no necesitaba crear, así que todo es parte de su gracia. Nótese inmediatamente que a pesar de la denominación de este pacto, sigue siendo un pacto de gracia en cuanto expresa la misericordia de Dios sobre la criatura que no tiene ningún derecho o reclamo ante el Creador. En este pacto de obras la gracia divina es vista cuando Adán recibió la promesa de vida y prosperidad bajo la condición de obediencia perfecta y perpetua (la cual le debían Adán muy aparte de tal bendición ofrecida por la gracia de Dios). Sin embargo, la caída causó que el hombre fuera totalmente incapaz de cumplir las condiciones del pacto, y es así que Dios en su misericordia establece un nuevo pacto llamado de la gracia. Ambos pactos eran “de la gracia”, pero el segundo merece ser llamado así porque Dios mismo provee lo requerido para llenar las condiciones del pacto por el cual su pueblo recibe la salvación.[23, Williamson] La existencia del pacto de obras ha sido discutida y puesto en tela de juicio por muchos creyentes a lo largo de la historia, sin embargo, las evidencias apuntan a la existencia de un pacto hecho por Dios con Adán como representante federal de la humanidad en los tres primeros capítulos de Génesis. En Oseas 6:7 puede leerse: Ellos, como Adán quebrantaron mi pacto, allí me fueron infieles. [12, Biblia Textual]Este pasaje usa como paralelo de la maldad de Israel y el quebrantamiento del pacto la ruptura del pacto por Adán. Israel como nación rompió el pacto con Dios igualmente que toda la humanidad en el huerto del Edén. Otro texto significativo es el siguiente: Pero estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca, tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. (Génesis 6:18) [12, Biblia Textual]. Este pasaje se presenta como evidencia debido a que el término que se traduce como “estableceré”9 normalmente no significa comenzar un pacto, sino confirmar un pacto que ya existe. El pacto de Dios con Noé fue descrito como una confirmación de un pacto que ya existía, a saber, el concertado con Adán. Este pacto de obras, contiene la misma estructura del resto de los pactos bíblicos bajo análisis. Podemos diferenciar las tres partes fundamentales de los pactos que mencionamos en la página 9. 1. Benevolencia real. La benevolencia divina se muestra de forma implícita en este pacto, no hizo falta que Dios dijera explícitamente cuán bueno era Él, pues Adán acababa de ver con sus propios ojos toda la creación. Dios fue misericordioso y lleno de gracia al crear un mundo lleno de belleza y perfección, al crear un hombre y su compañera y al colocarlos a ambos en un jardín donde pudieran vivir en perfecta armonía con Dios y toda la creación. Los capítulos 1 y 2 del libro de Génesis muestran un Creador realizando una obra que en cada instante muestran un Dios misericordioso y lleno de amor hacia los suyos. En el versículo 26 del primer capítulo Dios da graciosamente el dominio de toda la creación al hombre: Entonces dijo Elohim: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos, sobre el ganado, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que repta sobre la tierra[12, Biblia Textual]. 2. Lealtad vasalla. Dios exigió obediencia desde el mismo momento en que creó al hombre, de hecho, Adán comenzó a recibir encomiendas de Dios desde el inicio mismo del mundo. Leemos: Tomó, pues, YHVH Elohim al hombre y lo puso en el huerto de Edén para que lo cultivara y lo guardara. (16) Y ordenó YHVH Elohim al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto come libremente, (17) pero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás de él, porque el día que comas de él, ciertamente morirás. (18) Dijo YHVH Elohim: No es bueno que el hombre esté solo. Le haré ayuda semejante a él. (19) Porque YHVH Elohim había formado de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos, y los había llevado al hombre para que viera cómo los habría de llamar, y así como el hombre llamó a cada ser viviente, ése es su nombre; (20) y el hombre puso nombres a todos los animales, a las aves de los cielos y a toda bestia del campo, más para el hombre no se halló una ayuda semejante a él.(Génesis 2:15-20)[12, Biblia Textual]Dios ordenó a Adán no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, un mandato que sería el punto sobre el cual pivotaría el destino de toda la humanidad, prueba que demuestra que Adán desde el comienzo fue el representante federal de toda la raza humana. Indudablemente la vida del hombre bajo el pacto de obras exigió del este una lealtad absoluta a Dios y sus mandatos. 3. Consecuencias. El versículo 17: … porque el día que comas de él, ciertamente morirás. tiene una importancia capital para el desarrollo ulterior de la raza humana. Dios dejó claro desde el primer momento cuáles serían las consecuencias de la desobediencia a su mandato. La frase “ciertamente morirás”, literalmente “muriendo morirás”10 contiene la consecuencia de la desobediencia al mandato divino. Dios es absolutamente soberano en sus tratos con el hombre, y tiene perfecto derecho de imponerle 11 las condiciones con que tendrá que encontrarse para disfrutar del favor divino. Además, Adán estaba, en virtud de su relación natural, obligado a obedecer a Dios; y cuando se estableció con él la relación del pacto, esta obediencia se convirtió para él en asunto de interés propio. Cuando Dios entra en relaciones de pacto con los hombres, Él es el que pone las condiciones que son siempre muy bondadosas, de tal manera que, desde este punto de vista, Él tiene perfecto derecho a esperar que el hombre convenga en ellas. En el caso que estamos considerando, Dios ni siquiera tuvo que anunciar el pacto, ya que el estado perfecto en el que Adán vivía era garantía suficiente para su aceptación.[4, Berkhof]12 Hemos expuesto que el pacto de obras sigue el mismo esquema que mencionamos en secciones anteriores seguían los pactos bíblicos, aunque es cierto que la palabra berith u otra que indique de forma explícita un pacto no existe en los primeros capítulos de Génesis, hemos demostrado además que Dios hace referencia en más de una ocasión a este momento de la historia humana como un momento de pacto y además en categóricamente Dios asevera que toda la humanidad violó su pacto junto con Adán. La definición del Pacto de Obras tiene gran importancia en la Teología Reformada, de hecho, es la base para la comprensión de la trascendencia del pacto de la gracia y sus dispensaciones 6. El Pacto de Redención El Pacto de Redención merece un apartado por su importancia dentro de la Teología del Pacto. Como sucedía con el Pacto de Obras, en la historia del cristianismo no ha habido consenso en cuanto a su existencia, de hecho, aún dentro de la Teología Reformada existen autores que no dan lugar a este pacto, sin embargo, se considera de importancia en la Teología del Pacto y su rol dentro de ella es innegable. Este pacto debe verse como un segmento fundamental dentro del pacto de la gracia, no como un pacto diferente en sí mismo, ni mucho menos contradictorio con la verdad central del pacto de la gracia, de esta forma nos unimos al comentario de Shedd: Aunque esta distinción entre el pacto de redención y el pacto de gracia tiene a su favor declaraciones bíblicas, no se sigue de esto que haya dos pactos separados e independientes, contradictorios al pacto de obras. El pacto de gracia y el de redención son dos modos o faces de un mismo pacto evangélico de misericordia.[21, Shedd]13 Se distingue entonces entre el pacto de redención (pactum salutis) entre el Padre y el Hijo, y, basado en éste, el pacto de gracia entre el Dios y el elegido, o el pecador elegido.[4, Berkhof]14 Este pacto puede verse como el inicio del pacto de la gracia, y es donde Cristo, como representante de los elegidos, promete cumplir toda la ley con el objetivo de imputar justicia al creyente. Citaremos a continuación la base bíblica del pacto de redención, tomado del libro de Teología Sistemática de Berkhof: 1. Las Escrituras señalan claramente el hecho de que el plan de redención estuvo incluido en el decreto o consejo eterno de Dios, Ef. 1:4 y siguientes; 3: 11; II Tes. 2: 13; II Tim. 1: 9; Sant. 2: 5; I Pedro 1: 2, etc. Ahora encontramos que en la economía de la redención hay, en un sentido, una división de labor: El Padre es el originador, el Hijo el ejecutor y el Espíritu Santo el administrador. Esto solamente puede ser resultado de un acuerdo voluntario entre las personas de la, Trinidad, de tal manera que, sus relaciones internas toman la forma de un pacto de vida. De hecho es precisamente en la vida trinitaria en donde encontramos el arquetipo de los pactos históricos, un pacto en el propio y más completo sentido de la palabra, en donde las partes se encuentran sobre un pie de igualdad, un verdadero suntheke, (pacto). 2. Hay pasajes de la Escritura que no solamente señalan el hecho de que el plan de Dios para la salvación de los pecadores fue eterno, Ef. 1: 4; 3:9,11; sino que también indican que era de la naturaleza de un pacto. Cristo habla de promesas hechas a Él antes de su venida, y repetidamente se refiere a una comisión que Él había recibido de su Padre, Juan 5: 30; 6: 38 -40; 17: 4 -12. Y en Rom. 5: 12 -21 y I Cor. 15:22 se considera a Cristo, claramente, como la cabeza representativa, es decir la cabeza de un pacto. 3. Hay dos pasajes del Antiguo Testamento que relacionan la idea del pacto inmediatamente con el Mesías, es decir, Sal 89: 3, el cual se basa en II Sam 7:12 – 14, y se prueba que es pasaje mesiánico por Heb. 1: 5; e Isa. 42: 6, en donde la persona de quien se habla se llama el Siervo del Señor. Esta relación demuestra con claridad que este siervo no es meramente Israel. Además, hay pasajes en los que el Mesías habla de Dios como su Dios usando de este modo el lenguaje del pacto, es decir Sal 22:1,2, y Sal 40:8. [4, Berkhof]15 Aunque el pacto de redención es la base eterna del pacto de gracia y hasta donde les concierne a los pecadores es también aquel eterno prototipo de éste, para Cristo fue un pacto de obras más bien que un pacto de gracia. Para Cristo la ley del pacto original se entendía así: Que la vida eterna únicamente podría obtenerse cumpliendo las demandas de la ley. En su carácter de postrer Adán Cristo obtuvo la vida eterna para los pecadores como recompensa por su fiel obediencia, y de ninguna manera como un inmerecido regalo de gracia. Y lo que Él hizo como el Representante y Fiador de todo su pueblo, ellos ya no están obligados a hacerlo. La obra está hecha, la recompensa está ganada y los creyentes mediante la gracia son hechos partícipes de los frutos de la obra completa de Cristo.[4, Berkhof]16 Podemos afirmar entonces, y sin temor a equivocarnos, que el pacto de redención es la porción del pacto de gracia que hace posible el resto de este. Es la antesala divina del pacto de gracia, sin el cual el segundo no tendría sentido, es la garantía de que los hombres se salvarán por la fe en un mesías prometido en el Antiguo Testamento y probado por los cristianos de todos los tiempos. 7. El Pacto de la gracia El pacto de gracia, a su vez, comprende, desde el punto de vista tradicional, todos los pactos históricos después de la caída incluyendo el de Adán, Noé, Abrahan, Moisés, David, y el nuevo pacto llevado a cabo por la sangre de Jesús Mismo, del cual los pactos anteriores son solamente anticipaciones. Comprendido así, la Biblia completa, diversa en contenido como puede parecer a primera vista, puede verse como una historia de Dios haciendo pactos y el hombre respondiendo a ellos. Los libros de ley muestran lo que Dios espera de su pueblo del pacto. Los libros de historia enseñan la respuesta real del hombre. Los salmos contienen alabanzas, lamentos, cuestionamientos, bendiciones y maldiciones que deben estar en los labios de una persona del pacto. Los libros de sabiduría contienen aplicaciones de la ley pacto a los problemas humanos. Los profetas traen los juicios divinos del pacto contra los que rompen el pacto, aunque al mismo tiempo prometen la renovación del pacto. Los evangelios y Hechos presentan la historia del nuevo pacto, es cual es aplicado a los creyentes y a la historia del mundo en las epístolas y Apocalipsis [10, Frame] Después de analizar el pacto de obras y el de redención y habiendo explicado ya que el pacto de redención no es sino una primera fase del pacto de la gracia y no uno diferente, procederemos explicar brevemente el pacto de gracia. La Teología Reformada es en esencia –y también, por qué no, en extensión– la Teología del Pacto. Los creyentes reformados obtienen una visión muy diferente del pacto de la gracia del que tienen nuestros hermanos arminianos o de otra posición teológica; incluso, la visión del pacto de la gracia y sus resultados y efectos en la vida de los creyentes es distinta entre las iglesias reformadas y las iglesias bautistas reformadas. Sin embargo, es de capital importancia el entendimiento cabal de este pacto, vigente desde la caída del hombre y hasta hoy día. La figura 1 [13, Kline] hace un resumen de la Teología del pacto en su totalidad, habiendo terminado de explicar los pactos de obras y redención, no es necesario que nos concentremos en ellos. Como muestra la figura, el pacto de gracia es aquel concertado entre Dios mismo y su pueblo escogido, desde la misma caída. La CFW en su capítulo 7 “Del Pacto de Dios con el Hombre” habla acerca del pacto de gracia de la siguiente forma: 3. Habiéndose hecho el hombre a sí mismo, por su caída, incapaz de la vida por medio de ese pacto 17, agradó al Señor hacer un segundo [5], comúnmente llamado el pacto de gracia; en la cual Él libremente ofrece a los pecadores vida y salvación por medio de Jesucristo, requiriendo de ellos fe en Él para que sean salvos [6], y prometiendo dar Su Espíritu Santo a todos quienes son ordenados a vida, para hacerlos dispuestos y capaces para creer [7]. Ref: [5] Gálatas 3:21; Romanos 8:3; Romanos 3:20, 21; Génesis 3:15; Isaías 42:6; [6] Marcos 16:15, 16; Juan 3:16; Romanos 10:6, 9; Gálatas 3:11; [7] Ezequiel 36:26, 27; Juan 6:44, 45 Habiendo Dios determinado salvar a los que había elegido de entre la masa caída de los descendientes de Adán, señaló a su Hijo para que encarnara en nuestra naturaleza, y como el Cristo o Mediador Dios-Hombre, le consideró como al segundo Adán y como representante de la humanidad redimida y entró en un pacto con él y con su simiente. En este pacto, el Mediador asume para sí, en representación de su simiente elegida, las condiciones rotas del pacto antiguo de obras precisamente como Adán las dejó. Adán faltó a la obediencia y en consecuencia perdió la vida; pecó y por consiguiente cayó bajo la pena interminable de la muerte. Cristo sufrió la pena y así satisfizo, en representación de los elegidos, las demandas del antiguo pacto, y al mismo tiempo prestó una perfecta obediencia vicaria, la cual era la condición bajo la que se prometió originalmente la vida eterna a Adán. Todo esto lo hizo Cristo como parte principal en aquel pacto y obrando en representación de su pueblo. Después de esto, en la administración misericordiosa de este pacto, Cristo el Mediador ofrece las bendiciones alcanzadas por él a todos los hombres, bajo la condición de la fe, esto es, él manda a todos los hombres que por la instrumentalidad de la fe alcancen tales bendiciones, y promete que los que así lo hagan, gozarán seguramente de ellas; y él como fiador y medianero de su pueblo asegura en los redimidos la fe y la obediencia para que nunca les falte.[11, Hodge]18 Este pacto comenzó con la caída y es el pacto que está vigente hoy día, mediante este pacto los pecadores son reconciliados con Dios por medio de la expiación sustitutiva de Cristo. El pacto de gracia ha sido administrado de diversas formas a través de la historia y ha tenido algunos puntos de inflexión (por llamarlos de alguna manera) que han tenido lugar mediante un pacto hecho por Dios con el hombre; mediante estos pactos Dios ha ido revelando paulatinamente su gracia divina y han sido usados para ampliar y desarrollar la administración del gran pacto que representan y al cual apuntan. Estos pactos no son en ninguna manera contradictorios entre sí, sino que son sólo momentos en la historia humana en los que Dios, mediante un pacto con el hombre, ha revelado más acerca de sí mismo y su trato con la humanidad. Por lo que podemos afirmar que cada pacto con el hombre fue un punto en el desarrollo de la revelación del pacto de la gracia, que queda finalmente expuesto y revelado con la clausura del canon del Nuevo Testamento. En la figura 2 hemos tomado un recorte de “The Erection of the cross” de Gustav Doré para ilustrar lo que pretendemos trasmitir con respecto al desarrollo de la revelación en el Pacto de Gracia. Inmediatamente después de la caída Dios revela ciertas cosas sobre la salvación y los hechos futuros relaciones con esta en lo que conocemos como el protoevangelio: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, Y entre tu descendiente y su descendiente. Él te aplastará la cabeza cuando tú hieras su calcañar. (Génesis 3:15) [12, Biblia Textual]Diosrevela que el descendiente de la mujer heriría mortalmente al de la serpiente. Además de que por gracia Adán y Eva no mueren inmediatamente después de pecar. Este versículo habla de un muy rudimentario plan de salvación por medio de un redentor, además en Génesis 3:21 y 4:1-8 encontramos evidencia de Dios enseñando la necesidad del sacrificio de la vida de un sustituto para cubrir la desnudez pecaminosa del hombre. Más tarde encontramos el pacto de Dios con Noé, donde Dios revela su gracia común (Génesis 8:20-22), haciendo explícito una revelación acerca de la gracia que mostró con Adán y Eva al no quitarles la vida y permitirles vivir y tener descendencia. Encontramos además a Dios ampliando el conocimiento acerca del plan de redención (Génesis 9:8-17, 25-27). En el trato de Dios con Abraham encontramos que se revelan muchas cosas que antes no habían sido mostradas de forma explícita. Vemos que la promesa de un redentor es más exacta (Génesis 17:7ss, 22:18 etc.), puede verse el futuro (Génesis 12:7) donde los Cristo está señalado en la distancia de los años (Gálatas 3:16). La iglesia además es organizada de forma incipiente y es separada mediante la circuncisión como una señal distintiva del mundo (Génesis 17:10). Dios pacta con su pueblo en el monte Sinaí dándole la ley y los mandamientos, a lo cual dedicaremos un aparte en la página 22, igualmente a la extensión del nuevo pacto. En el pacto con David Dios revela más sobre su plan redentor, asegurándole a David que su trono será eterno y que su descendencia será para siempre: Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante ti, y tu trono será estable eternamente. (2 Samuel 7:16) [12, Biblia Textual], algo que apuntaba totalmente al nacimiento del mesías, así que Dios prometió a David que el Mesías nacería de su linaje, algo hasta el momento no revelado. Como puede verse, la revelación a lo largo del pacto de la gracia ha sido paulatina y totalmente con un carácter de desarrollo y crecimiento. No existe ninguna tendencia ni forma de cancelación e innovación como plantea el dispensacionalismo, sino que sido una revelación ascendente y ampliada en todo momento. A continuación, profundizaremos más sobre los pactos que conllevan a la división de nuestras Biblias en Antiguo y Nuevo Testamentos. 7.1. Antiguo y Nuevo Testamentos El pacto que Dios estableció con los patriarcas del Antiguo Testamento, en cuanto a la verdad y a la sustancia es tan semejante y de tal manera coincide con la nuestra que es realmente la misma, y se diferencia únicamente en el orden y manera de la dispensación. [6, Calvino] 19 Le plugo a Dios administrar el pacto de gracia en este período (desde Moisés hasta Cristo) bajo una economía legal rígida – debido a la condición del pueblo todavía en infancia y por causa de haber aplazado el advenimiento de Cristo y la satisfacción suministrada por Él. Una relación dual debe obtener siempre: la una legal, más severa, a través de la cual por una nueva promulgación de la ley y del pacto de obras, con un intolerable yugo de ceremonias, él quiso publicar lo que el hombre debía y qué se esperaba de él por causa de una responsabilidad no ejecutada. Al respecto, la ley es llamada la letra que mata (2 Cor 3:6) y el manuscrito que nos era contrario (Col 2:14), porque por su causa los hombres se profesaban culpables e hijos de la muerte, la declaración siendo escrita por su propia sangre en la circuncisión y por la sangre de las víctimas. [22, Turretin] Cualquiera fuese la oscuridad que había bajo la Ley, los padres no eran ignorantes del camino por el cual debían caminar. Aunque el alba no es igual al resplandor del mediodía, no obstante, es suficiente para dirigir el viaje, el caminante no espera a que el sol esté totalmente fuera. La porción de luz de los padres era semejante al alba, y fue suficiente para preservarlos de todo error y guiarlos a la bienaventuranza eterna. [5, Calvin] 20 Las dos tablas de piedra no están, por lo tanto, para ser comparadas con una estela que contiene uno de media docena de códigos legales más antiguos o apenas contemporáneos con Moisés como si Dios hubiera esculpido en aquellas tablas un cuerpo de ley. La revelación que ellas contienen es nada menos que el epítome del pacto dado por YHVH, el Señor soberano del cielo y la tierra, a su elegido y redimido siervo, Israel. No ley, sino pacto. Que tiene que afirmarse cuando estamos buscando una categoría suficientemente abarcadora para hacer justicia a esta revelación en su totalidad. [14, Kline] Cuando la ley fue dada desde el monte Sinaí o el Horeb, hubo una repetición del pacto de obras… Sin embargo, no imaginamos que la doctrina del pacto de obras fue repetida, con el objetivo de establecer un pacto semejante con los israelitas, en el cual ellos buscaran rectitud y salvación. A los israelitas, por tanto, les fue activado en la mente el pacto de obras, con el objetivo de convencerlos de su pecado y miseria, para sacarlos fuera de sí mismos, para mostrarles la necesidad de una satisfacción y compelerlos a Cristo. Y así evocarles en ellos mismos que el pacto de obras sirvió para impulsar el pacto de gracia. [24, Witsius] 21 El pacto con Israel en el monte Sinaí es de extraordinaria importancia dentro del estudio de la Teología del Pacto. Es este pacto al que se le llama “antiguo” en las páginas del Nuevo Testamento; cobra extraordinaria importancia su lectura pues en sus páginas se encuentra revelaciones acerca del carácter de Dios, sus atributos, su trato con la humanidad en general entre otros muchos temas que no aparecen de forma explícita en el Nuevo Testamento. Sin embargo, no es hasta la dispensación del nuevo pacto y cierre del canon del Nuevo Testamento que toda la revelación es dada, de manera que la Biblia es un todo único, no podemos comprender el Antiguo Testamento sin el Nuevo y viceversa, ambos son textos complementarios que nos describen el pacto eterno de Dios con su pueblo y nos muestran a los cristianos la historia y forma de esa revelación a través del tiempo. Así la CFW declara que: 4. Este pacto de gracia es con frecuencia presentado en las Escrituras con el nombre testamento, en referencia a la muerte de Jesucristo, el testador, y a la herencia eterna, con todas las cosas que a ésta pertenecen, en ellas legadas [8]. Ref: [8] Hebreos 9:15-17; Hebreos 7:22; Lucas 22:20; 1 Corintios 11:25. 5. Este pacto fue administrado de manera diferente en el tiempo de la ley y en el tiempo del evangelio[9]: bajo la ley, fue administrado por medio de promesas, profecías, sacrificios, circuncisión, el cordero pascual y otros tipos y ordenanzas dados al pueblo judío, todo esto prefigurando el Cristo que había de venir[10]; las cuales cosas fueron, para ese tiempo, suficientes y eficaces, por medio de la operación del Espíritu, para instruir y edificar los escogidos en la fe en el Mesías prometido[11], por medio de quien tuvieron remisión total de pecados y vida eterna; y es llamado el Antiguo Testamento[12]. Ref: [9] 2 Corintios 3:6-9; [10] Hebreos caps. 8-10: Romanos 4:11; Colosenses 2:11, 12; 1 Corintios 5:7; [11] 1 Corintios 10:1-4; Hebreos 11:13; Juan 8:56; [12] Gálatas 3:7-9, 14. 6. Bajo el evangelio, cuando Cristo, la sustancia[13], fue manifestado, las ordenanzas por las cuales este pacto es dispensado son: la predicación de la Palabra y la administración de los sacramentos del bautismo y la Santa Cena[14]; las cuales, aunque son menos en número y administradas con más sencillez y menos gloria externa; con todo, en ellos es mostrado [el pacto] con más plenitud, evidencia y eficacia espiritual[15], a todas las naciones, tanto a judíos como gentiles[16], y es llamado el Nuevo Testamento[17]. No hay, pues, dos pactos de gracia, diferentes en sustancia, sino uno y el mismo, debajo varias dispensaciones [18]. Ref:[13] Colosenses 2:17 [14] Mateo 28:19-20; 1 Corintios 11:23-25; [15] Hebreos 12:22-28; Jeremías 31:33, 34; [16] Mateo 28:19; Efesios 2:15-19; [17]Lucas 22:20; [18] Gálatas:3:14,16; Romanos 3:21-23, 30; Salmo 32:1; Romanos 4:3,6,16,17,23,24; Hebreos 13:8; Hechos 15:1. En el pacto Mosaico, la revelación fue desarrollada y mostrada como nunca antes de ese momento. La idea del sacrificio de sangre, latente desde el principio de mundo y expuesta de forma incipiente antes, fue explicada en detalle mediante los sacrificios y servicios en el tabernáculo primeramente y después en el templo. Fue expuesta y esclarecida la ley moral mediante los10 mandamientos en las tablas de la ley. Fue constituida la nación de Israel como la iglesia incipiente: Éste es el Moisés que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará Dios de entre vuestros hermanos, como a mí. (38) Éste es el que estuvo con la iglesia en el desierto, con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, quien recibió oráculos vivientes para dárnoslos;(Hechos 7:37-38) [12, Biblia Textual]. De Moisés hasta Cristo, el rito simple y primitivo del sacrificio se desenvuelve hasta llegar a ser el laborioso y significativo simbolismo del servicio en el templo; el pacto se enriqueció con promesas nuevas, la iglesia fue separada del mundo por nuevas barreras y sellada con el sacramento adicional de la Pascua. La dispensación actual es superior a la antigua (a) en que la antigua fue administrada por Moisés, que era un siervo; la presente es administrada visible y directamente por Cristo, quien es como hijo en su propia casa. Heb. 3:5-6. (b)La verdad estaba oculta en parte, y en parte revelada en los tipos y símbolos. Ahora se revela bajo la forma de historia clara y de enseñanzas didácticas. (c)La antigua dispensación tuvo que ser aumentada grandemente, tanto cuanto podía ser por la encarnación de Cristo como por la misión del Espíritu Santo. (d)Aquella dispensación estaba sobrecargada con ceremonias carnales. La presente es espiritual. (e)Aquella estaba circunscrita a un pueblo. La presente quitando las barreras de las organizaciones nacionales, abarca a toda la tierra. (f)Aquel método de administración era preparatorio. El presente es final por lo menos en lo que concierne al orden actual del mundo. Sólo cederá el lugar a la administración eterna que hará el Cordero en los cielos nuevos y en la tierra nueva cuando sean reunidas todas las cosas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra. Efes. 1:10. [11, Hodge]22 Importante notar que el medio de salvación en ambos testamentos es el mismo: la fe en Jesús; en el Antiguo Testamento esta fe estaba fundada en la promesa del redentor, cuyo advenimiento y oficios declaraba la ley que incluía aquel pacto, por tanto, el Salvador estaba “velado” por una serie de ritos y ordenanzas escritas en la ley que constituía el cuerpo del pacto. Era de esa forma que los creyentes del Antiguo Testamentos veían y esperaban a Jesús. Muy diferente a nosotros, pero esencialmente igual. Esta diferencia entre los dos testamentos o dispensaciones del pacto de gracia, pudiera resumirse en la figura 3. 23 como podemos apreciar, ambos grupos de creyentes “ven” a Jesús, por lo que la salvación de ambos grupos es segura. 8. Importancia de la Teología del Pacto La Teología del pacto correctamente comprendida, nos ayuda a ver las formas en las que cada porción de la Escrituras se enlaza con las demás. Como administraciones del reino de Dios, los pactos nos enseñan cómo Dios dirige la historia de la salvación hacia el glorioso final cuando el reino de Dios vendrá a la tierra, así como en el cielo. Como expresiones de nuestra relación con Dios, los pactos bíblicos nos ayudan a captar cómo nuestra salvación personal se relaciona con las dinámicas de la benevolencia de Dios, fidelidad humana y las consecuencias de bendiciones y maldiciones. La Teología reformada ha buscado siempre ser bíblica en ambas arenas y por esa razón, podemos decir con confianza que la Teología Reformada es la teología del pacto. [18, Pratt] Como dice Richard Pratt en el texto citado, la Teología Reformada es la Teología del Pacto. Esa es su importancia fundamental. De ahí parten las demás implicaciones. Su defensa es la defensa de la fe reformada. La preocupación por la enseñanza de esta doctrina, debe movernos a que nuestros descendientes puedan afirmar lo mismo que Henry W. Coray en 1937 sobre sus padres espirituales en el Seminario Westminster: Agradezco a Dios por haberme guiado a ver algunas de las riquezas de la teología del pacto enseñadas allí [referente al Seminario Teológico Westminster]. Para mí el Calvinismo consistente es Cristianismo consistente. Creo con todo mi corazón que la doctrina es la base de la conducta, que la verdad está con el objetivo de la bondad, y que el gran pedernal de la verdad es su tendencia a promover santidad. [9, Coray]. Esta urgencia debe movernos a la enseñanza de la doctrina bíblica correcta para que nuestros hijos espirituales puedan exclamar cosas así al pasar los años. Adicionalmente, desde el punto de vista práctico, para los cristianos reformados existe una importancia de primer orden, y es la aplicación a la cotidianidad de los resultados de abrazar la Teología del Pacto. El mundo está lleno de situaciones donde el cristiano debe reaccionar de diversas formas, a cada instante se nos observa y evalúa; y muchas veces nuestras posturas y conclusiones son punto de referencia y guía aun para el no creyente que confiesa no estar interesado en la fe. La Iglesia debe enfrentar cada día más situaciones éticas, morales, políticas y sociales de diferentes índoles. La respuesta debe ser la acertada bíblicamente si queremos mantener la fe en alto. Nuestra primera obligación es pensar nuestro camino a través de nuestra posición, así que debemos ser capaces de aplicarla a cualquiera sea el problema específico al que nos enfrentemos. Debemos estar preparados para aplicar la Teología del Pacto a los campos de la filosofía y la ética. Debemos estar preparados para manifestar la posición cristiana en cuestiones económicas y sociales. Debemos aun tener un punto de vista sobre cosas tales como la fisión nuclear y la utilización de la tierra. Las respuestas deben ser expresamente respuestas cristianas, basadas y fundamentadas sobre el Pacto de Gracia y sus implicaciones. Determinar las respuestas requerirá trabajo, duro y laborioso trabajo a veces, pero es nuestro deber. Entonces, adicionalmente, estaremos enfrentados con la responsabilidad de publicar nuestros criterios, para que otros puedan entenderlos y conocerlos. [20, Reid] Las implicaciones familiares de la Teología del Pacto son incuestionables, la visión familiar de nuestra teología lleva a un desarrollo religioso positivo desde las más tempranas edades. En los hogares donde hay oraciones familiares y donde las Escrituras y los catecismos se enseñan, se ha evitado un individualismo no escritural y el Señor los ha bendecido dándoles familias y hogares cristianos. Ha habido una triste declinación de la religión familiar en nuestros días, aun en nuestras iglesias. Nada puede fortalecer más nuestro testimonio corporativo que un reavivamiento de esta característica de piedad presbiteriana. [8, Clelland] Nuestro mundo no puede salvarse sin un renacimiento del cristianismo genuino, la religión familiar. Nuestra nación está descendiendo la resbaladiza pendiente hacia el infierno. Habrá pausas en el curso de la caída, pequeños reavivamientos, pero sin el reavivamiento de una amplia aplicación de lo que llamamos Teología del Pacto, nunca escalaremos de regreso. Sin religión en el hogar como Dios dijo que tenía que ser ninguna iglesia o nación puede salvarse. [7, Churchill] 9. Conclusiones Todo lo expuesto demuestra –aunque de manera poco profunda por las limitaciones de tiempo y espacio– que ambos testamentos describen el único e ininterrumpido proceso histórico de la salvación; Dios ha ido revelando parte por parte su plan redentor, desde la caída hasta el cierre del canon del Nuevo Testamento. Los patriarcas de la antigüedad, Moisés y los israelitas del Antiguo Testamento, los cristianos fieles de todos los tiempos, comparten el Pacto de Gracia como medio de salvación. Nadie jamás ha agradado a Dios por sus obras, y la salvación de los fieles ha sido siempre de Jehová. La Biblia lo enseña y me atrevo asegurar que ningún otro esquema teológico capta esta eterna verdad como la Teología del Pacto. Referencias [1] Robert L. Atwell. The marrow of all theology. The Presbiterian Guardian, 10(6):74, September 25 1941. [2] William Barclay. Palabras Griegas del Nuevo Testamento. Su Uso y su Significado. Casa Bautista de Publicaciones, 1977. [3] Robert Barnes. Worship as covenant renewal or back to the future again. IIIM Magazine Online, 4(19), May 13 to May 20 2002. [4] Louis Berkhof. Teología Sistemática. 1949. [5] John Calvin. Commentary on Galatians and Ephesians. Christian Classics Ethereal Library. Grand Rapids, MI, 1999. [6] Juan Calvino. Institución de la Religión Cristiana. Fundación Editorial de Literatura Reformada. Felire. Rijwijk, Países Bajos, 1981. [7] Robert K. Churchill. Infant baptism optional ? The Presbiterian Guardian, page 43, mayo 1965. [8] John P. Clelland. Presbyterian piety. The Presbiterian Guardian, 6(11): 201–2, November 1939. [9] Henry W. Coray. What westminster seminary means to me. The Presbiterian Guardian, 4(11):193–4, November 1937. [10] John M. Frame. Covenant and the unity of scripture. IIIM Magazine Online, 1(6), April 5 to April 11 1999. [11] Charles Hodge. Comentario de la Confesión de Fe de Westminster. [12] SBI Sociedad Bíblica Iberoamericana, editor. Biblia Textual. Holman Bible Publishers, 3 edition, 2010. [13] Meredith G. Kline. Kline’s covenant theology chart. WTS/CS Lectures. URL http://www.upper-register.com . [14] Meredith G. Kline. The two tables of the covenant. Westminster Theological Journal, 22:137, 1960. [15] Meredith G. Kline. Kingdom Prologue. Two Age Press, 2000. Breve Introducción a la Teología del Pacto 29 de 30 López Martínez Seminario Reformado John Knox, Cuba [16] SA Larousse Planeta, editor. Gran Diccionario Larousse de la Lengua Española. 1996. [17] Third Millennium Ministries. Reino, pactos y canon del antiguo testamento. URL http://www.thirdmill.org . Lección Tres, Pactos Divinos. [18] Richard L. Pratt. Reformed theology is covenant theology. Reformed Perspectives Magazine, 12 (20), May 16 to May 22 2010. [19] Richard B. Ramsay. Fortalezca su Fe. Reflexiones bíblicas para aumentar nuestra confianza en el Señor. 2004. [20] W. Stanford Reid. The christian message to culture in crisis. the covenant of grace has meaning for the whole of life. The Presbiterian Guardian, 17(12):193, August 1948. [21] Shedd. Dogm. Theol., volume II. [22] Francis Turretin. Institutes of Elenctic Theology. Presbyterian and Reformed, 1994. [23] G. I. Williamson. La Confesión de Fe de Westminster para Clases de Estudio. El Estandarte de la Verdad, 2003. [24] Herman Witsius. The Economy of the Covenants Between God and Man. 2 vols. den Dulk Christian Foundation. reimpr. de la traducción de 1822, 1990.

  • LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA

    En el estudio de los «Yo soy» de Jesús hoy vamos a ver la importante declaración que Jesús hizo en aquella ocasión que visitó Betania, en la casa de Lázaro, María y Marta, después de la muerte de Lázaro, en esa ocasión Jesús dijo: «Yo soy la resurrección y la vida». Y para establecer el contexto de eso, veamos, por favor, el capítulo 11 del libro de Juan, donde empieza diciéndonos que Lázaro se había enfermado, por lo que sus hermanas enviaron un mensaje a Jesús implorándole que viniera y ayudara diciendo: «“Señor, el que Tú amas está enfermo”. Cuando Jesús oyó eso, su respuesta fue así: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella”». Ahora, eso, por supuesto, sería una respuesta muy alentadora cuando Jesús declaró que la enfermedad de Lázaro no era para muerte, sino que el propósito de ella era glorificar a Dios. Se nos dice en el versículo 5 que «Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba», lo cual es una declaración estremecedora aquí en el texto, porque ustedes pensarían que cuando Jesús recibe esta petición y la noticia de la gravedad de la enfermedad de Lázaro y justo después de que Juan nos dice cuánto amaba a Lázaro, ustedes hubieran esperado, así como también pensaron las hermanas de Lázaro, que Jesús fuera inmediatamente. Pero en vez de eso, se quedó dos días más donde estaba. «Luego, después de eso, dijo a Sus discípulos: “Vamos de nuevo a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Rabí, hace poco que los judíos te querían apedrear, ¿y vas allá otra vez?”. Jesús respondió: “¿No hay doce horas en el día? Si alguien anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Pero si alguien anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él”. Dijo esto, y después añadió: “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo”. Los discípulos entonces le dijeron: “Señor, si se ha dormido, se recuperará”. Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, pero ellos pensaron que se refería a que descansaba y dormía. Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto; y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean; pero vamos a donde está él». Este es un lenguaje extremadamente misterioso, el que Jesús les está dando a sus discípulos, cuando dice que «está muerto y me alegro de que no estuvieran allí». ¿Por qué se alegró de que no estuvieran ahí? ¿Está solo sugiriendo que estaba contento de que no estuvieran allí porque no tendrían que haber sido testigos de la muerte de Lázaro o está diciendo que: «no han empezado a ver lo que voy a manifestar en la luz?». Pero Él dijo: vayamos a él. «Tomás, llamado el Dídimo, dijo entonces a sus condiscípulos: “Vamos nosotros también para morir con Él”». Están asumiendo que, si Jesús regresa a Judea en este punto de su ministerio, tan cerca de Jerusalén, tan cerca de la sede de la autoridad de aquellos que estaban en oposición a Jesús, ir en este viaje es arriesgar sus vidas. Es por eso que los discípulos no querían que Jesús se fuera porque temían por Él y luego, cuando Él dijo que iba, Tomás dijo: «vamos con Él. Si Él muere, muramos junto a Él». Por supuesto, esa actitud cambió dramáticamente solo unos pocos días después. Pero leamos entonces el registro de lo que sucede cuando Jesús llega a la casa de Lázaro. «Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro». Ahora, ese detalle menor en la narración de que Lázaro había estado en el sepulcro durante cuatro días era importante para el judío antiguo, porque el pueblo semita de ese tiempo, muchos de ellos al menos, tenían esta idea de que cuando una persona moría, el alma que se había apartado del cuerpo regresaría y visitaría el cuerpo periódicamente durante un par de días después de la muerte. Pero al cuarto día, cuando era obvio que la descomposición había empezado en el cadáver, que, en ese momento, se creía que el alma había abandonado el cuerpo de una vez por todas. Así que no es que creían que no estuviera realmente muerto a menos que estuviera muerto por cuatro días, sino que tenían la idea de que era imposible que cualquier tipo de recuperación sucediera una vez llegara el cuarto día. Así Juan nos da este detalle que era importante que Lázaro no solo estaba muerto, sino que había estado muerto durante cuatro días y ya la putrefacción corporal había empezado. «Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros». Si alguna vez han estado en Jerusalén, saben que entre Jerusalén y el monte de los Olivos hay un valle profundo allí, el Cedrón, y en la ladera opuesta del monte de los Olivos está la ciudad de Betania. Por tanto, desde Betania, al menos desde la cima del monte de los Olivos, puedes ver al otro lado del barranco hacia la ciudad vieja de Jerusalén, por lo que era realmente una distancia corta que se podía caminar con facilidad. Entonces leemos que: «Muchos de los judíos habían venido a la casa de Marta y María, para consolarlas por la muerte de su hermano». Una multitud de judíos había hecho el viaje hasta el monte de los Olivos a Betania hasta la casa de María y Marta porque, obviamente, estas personas tenían muchos amigos en Jerusalén y deben haber sido muy conocidos. En todo caso, «Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, lo fue a recibir, pero María se quedó sentada en casa. Y Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”». Así que aquí está Marta, que estaba desesperada por que Jesús viniera a rescatar a su hermano de su enfermedad y luego, cuando murió, sus expectativas no se cumplieron y no solo estaba molesta por la muerte de su hermano, sino también molesta porque Jesús no hizo lo que ella esperaba que hiciera y entonces sale al encuentro de Jesús con una reprensión diciendo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». No sé si tenemos alguna razón para creer a la luz de las siguientes palabras de la conversación, que Marta esperaba que Jesús hiciera una resurrección aquí. Por un lado, ella lo reprende y, por otro lado, dice que: yo sé, que todo lo que Dios quiera hacer, estamos dispuestos a aceptarlo, y todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo dará. Entonces Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Ahora, la razón por la que no creo que ella esperaba que Jesús resucitara a su hermano de entre los muertos es por lo que dijo a continuación. «Marta le contestó: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final”». Sí, Señor, creo en la resurrección futura. Sé que en algún momento mi hermano se levantará de nuevo. Ahora recuerden que no todos en Israel creían en la resurrección futura. Los fariseos sí creían, pero los saduceos no, por ejemplo, entre los líderes del pueblo judío. Pero Marta sí creía en la resurrección futura. Es en esta ocasión y en ese momento que Jesús pronuncia el «Yo soy». Donde ella le dice: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús no dice que yo seré quien lo resucitará en el último día. Lo que Él dice es: «Yo soy la resurrección y la vida». Esta es una afirmación y declaración asombrosa de Jesús, y se une a los otros «Yo soy» que ya hemos examinado en los que Jesús dice que no solo da luz al mundo, sino que Él es la luz del mundo. Él no solo ayuda a las personas a atravesar la puerta a la vida eterna, Él mismo es la puerta. En la expresión idiomática de la gente en ese tiempo si algo está tan estrechamente asociado con una persona en particular, esa persona, podría entonces, en términos de patrones del lenguaje, identificarse con lo que sea que esté tan estrechamente asociado. Aprendemos, por ejemplo, en la Epístola de Juan donde Juan nos dice, por ejemplo, que Dios es amor. Lo que está diciendo allí idiomáticamente es que Dios es tan amoroso, está tan estrechamente conectado con el amor que se podría decir que Él es la realidad misma de la que estamos hablando. Por eso Jesús está tan conectado con el poder sobre la muerte y el poder de la vida eterna, el poder de la resurrección, que le está diciendo aquí a Marta, no solo tengo el poder de resucitar a la gente de entre los muertos y no solo tengo el poder de levantarme de entre los muertos, sino que «Yo soy la resurrección». Ahora, piensa en eso. Volviendo a la antigüedad, a la pregunta que fue planteada por Job: «Si el hombre muere, ¿volverá a vivir?». Esa pregunta ha estado en la mente de cada ser humano desde que la muerte se experimentó por primera vez en este planeta. En cada cultura, en cada tribu y en cada civilización vemos gente especulando sobre el tema de la muerte y la vida después de la muerte. La pregunta obvia es: cuando muera, ¿es ese el final? ¿Está toda mi existencia resumida entre los dos puntos del nacimiento y la muerte tal como están marcados en los sepulcros de la gente? ¿O hay algo más? ¿Hay algo más después? La vida es tan preciosa para los humanos que late dentro de cada corazón humano la esperanza de que de alguna manera habrá victoria sobre el sepulcro. Vean y miren los escritos del filósofo Platón, quien en sus discusiones sobre la muerte de Sócrates y demás, da un argumento filosófico para la vida después de la muerte. Hay un argumento de analogía que se toma prestado del carácter cíclico de la vida y la muerte que vemos en el reino de la naturaleza donde para que crezca la hierba la semilla debe ser plantada y la semilla tiene que morir, pero cuando la semilla muere y se pudre, la cáscara se pudre y luego la semilla germina y surge una nueva vida. Entonces ves esas analogías en la naturaleza y también ves en la naturaleza una cosa que el apóstol Pablo señaló que hay vida de todo tipo en este planeta. Es decir, si han estudiado biología y zoología, ven miríadas y miríadas de diferentes tipos de seres vivos que habitan este planeta y por lo tanto siempre se plantea la pregunta: ¿es thanatos , es la muerte, el final de cada forma de vida tal como la conocemos? ¿O hay algo después, después como en la naturaleza, cuando una cosa muere y simplemente cambia su forma y regresa a través de la metamorfosis a otra forma de vida? Los antiguos pitagóricos tenían su idea de la reencarnación, que llamaban la transmigración del alma, donde había encarnaciones repetidas del alma, que se consideraba eterna y más. Pero todo eso es especulativo. La mayor esperanza que tenemos en el mundo para la vida después de la muerte se encuentra en la resurrección histórica de Cristo, que el Nuevo Testamento pone ante nosotros, no como un hecho o incidente aislado, sino como un evento que es el primero de una multitud de eventos similares a este, que en algún momento seguirán, que Él resucitó de entre los muertos por nosotros, para que nosotros también participemos en esa resurrección. Eso está en el centro mismo de la esperanza de la fe cristiana. Sabemos que en la iglesia primitiva una de las razones por las que los cristianos del siglo I estaban tan dispuestos a sufrir el martirio era porque estaban absolutamente convencidos de la resurrección. Estaban convencidos de que la muerte no era la dimensión final, que ahora la muerte en lugar de ser una victoria amarga de Satanás sobre nosotros, esa muerte ha sido derrotada y ahora para el cristiano la muerte era simplemente una transición de la vida aquí a la vida en un ambiente aún mejor y una mejor realidad. Todo eso no se reduce a una discusión, sino a una persona, cuando Jesús dice, pensando en la futura resurrección: Escucha, Marta, «Yo soy la resurrección y la vida». Ahora Él ya ha enseñado sobre ser el autor de zoe , que Él vino a hacer zoe , ese tipo de vida, vida espiritual, vida eterna, posible para Su pueblo. «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». Bueno, Jesús amplía esta declaración aquí en este texto. «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá». Luego continúa diciendo en el siguiente aliento: «Y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Ahora, esto suena a primera vista como algo contradictorio, porque lo primero que hace es decir que, «si crees en Mí, incluso si mueres, vas a vivir». Luego continúa diciendo que: «si crees en Mí, nunca morirás. Así que, obviamente, lo que Jesús está diciendo es que aquellos que están en Él, en fe, nunca mueren en un sentido. Sin embargo, en otro sentido, sí mueren, pero siguen viviendo. Entonces, la idea aquí es que el zoe , esta vida eterna que Él viene a dar a Su pueblo, empieza en el alma en el momento en que la fe nace en el corazón. Esa vida zoe no puede ser asesinada por thanatos . La muerte física no puede destruir la vida que Cristo pone en el creyente. Incluso si pasas por la muerte física, tú no mueres. Lo que está detrás de este concepto de la resurrección es la promesa de Cristo de la continuidad de la existencia personal. El día que mi cuerpo muera no es el día en el que yo moriré. Ese es el día en el que me volveré más consciente de la realidad, de lo que jamás había estado, hasta el punto de mi muerte. En un sentido muy real, la vida suprema para la cual Dios nos ha hecho como seres vivientes no empieza sino hasta que crucemos el velo. Es por eso que el apóstol Pablo puede decir que estaba dividido entre dos alternativas. Expresa su ambivalencia y dice: «teniendo el deseo de partir y estar con Cristo», porque es ¿qué? «mucho mejor». Por un lado, tengo este profundo deseo de irme, pero también tengo el deseo de quedarme con ustedes, que es más necesario. Mi trabajo no ha terminado, pero no puedo esperar para ir a verlo y estar con Él donde Él está. Jesús, a medida que se acerca a su propia muerte más adelante en el mismo libro, dice a sus discípulos que, «en la casa de Mi Padre hay muchas moradas, porque voy a preparar un lugar para ustedes, si no fuera así , se lo hubiera dicho». Y ahora, al consolar a Marta, Él le está diciendo: «mira Marta, no solo estamos hablando de la resurrección futura aquí. Estás hablando con el que es la resurrección y la vida». Él dice: «¿Crees esto? Ella dijo: “Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo”. Habiendo dicho esto, Marta se fue y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: “El Maestro está aquí, y te llama”». Entonces vemos esta conversación en la que María dice: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto», el mismo lamento que Marta había hecho. «Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció. “¿Dónde lo pusieron?”. Ellos dijeron: “Señor, ven y ve”». Leemos: «Jesús lloró». Ellos dijeron: «Miren, cómo le amaba». Algunos de ellos dijeron: «¿No podía Este, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera?». «Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido, fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ella. “Quiten la piedra”». Marta se opone de nuevo. Ella dijo: «Señor, ya huele mal, porque hace cuatro días que murió . Jesús le dijo: “¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?”». Entonces quitaron la piedra de donde estaba el hombre que había muerto. «Jesús alzó los ojos al cielo, y dijo: “Padre, te doy gracias porque Tú me has oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que Tú me has enviado”». Juan continúa: «Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz». A menudo escucho esto predicado en la iglesia y el predicador dice: «Y Jesús gritó en voz alta. Lázaro». Si fuera fiel al texto, ¿qué es lo que dice? Que cuando Jesús se paró frente a este sepulcro abierto con el cadáver de Lázaro adentro, gritó hacia el sepulcro, diciendo: «Lázaro, sal fuera». Creo, que es importante que hagamos una pausa por un momento en eso porque así es como el Dios todopoderoso creó el universo. De la nada Él crea el mundo por el poder de Su llamado divino. Por Su palabra Él crea todo lo que hay y así por Su palabra Cristo da poder a un cadáver para que vuelva a la vida y tan pronto como Jesús clama en esa voz fuerte y da el imperativo de Dios mismo al Lázaro muerto, ese corazón empezó a latir y empezó a bombear sangre a través de sus venas. Las ondas cerebrales se activaron; el tejido podrido se sanó, la fuerza volvió a entrar en él y Lázaro, que había muerto, salió atado de pies y manos con vendas y su rostro envuelto en un sudario, pero estaba vivo. Jesús dijo a los que estaban allí: «Desátenlo, y déjenlo ir». ¿No te hubiera encantado ver eso?, ver el poder de Cristo en la presencia de la muerte. Este es el mismo Cristo que se aparece a Juan en la isla de Patmos en el primer capítulo del libro de Apocalipsis, que se identifica de esta manera: Cuando Juan lo ve, Juan nos dice que cayó a sus pies como si estuviera muerto. Pero Cristo puso Su mano sobre él y dijo: «No temas, Yo soy el Primero y el Último, y el que vive, y estuve muerto. Pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades». El que es la resurrección y la vida tiene la llave para abrir el sepulcro, para abrir el poder de la muerte, para que no tengamos nada que temer ante la muerte, porque para el cristiano es una entrada magnífica al entorno supremo de la vida humana. Eso está en el corazón de la fe cristiana. Sin eso, el cristianismo es tan solo moralismo vacío que es irrelevante para el hombre moderno. Pero mientras haya vida y mientras haya muerte, no hay nadie más relevante que Cristo, quien es la resurrección y la vida.

  • 7 Concilios: El Tercer Concilio de Constantinopla

    Estoy en medio de una serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, cada uno de los cuales intentó comprender y establecer una teología cristiana unificada. En esta serie vamos a echar un breve vistazo a cada uno de los siete concilios. Para cada uno de ellos, consideraremos el escenario y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto, y luego los resultados y la importancia duradera. Continuamos hoy con el sexto concilio: el Tercer Concilio de Constantinopla. Marco y finalidad El Tercer Concilio de Constantinopla fue convocado por el emperador Constantino IV en un intento de resolver nuevas diferencias entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente en la forma de entender la naturaleza de la voluntad y el poder de Cristo. El concilio comenzó el 7 de noviembre de 680 en el Trullus, una gran sala con cúpula en el palacio imperial de Constantinopla. Sólo estuvieron presentes 43 obispos, lo que lo convierte en el más pequeño de los siete concilios ecuménicos. Personajes principales y conflicto Constantino IV inauguró el concilio y presidió las primeras 11 de las 18 sesiones (que se prolongarían durante 10 meses). Pero a diferencia de los concilios anteriores y posteriores, en el Tercer Concilio de Constantinopla no hubo uno o dos hombres que dominaran los procedimientos. El principal conflicto del concilio fue el relativo a las dos doctrinas del monoenergismo y el monotelitismo. El monoenergismo surgió poco después del Segundo Concilio de Constantinopla como otro intento de reconciliar a las iglesias de Oriente y Occidente. Era la creencia de que, aunque Cristo tuviera dos naturalezas distintas, sólo había una energía operativa en su persona: la energía divina. Leo Davis describe la posición de la siguiente manera: "Todo lo que hizo el Verbo encarnado lo hizo como Creador y Dios, y que, por lo tanto, todas las cosas que se dijeron de él, ya sea como Dios o de forma humana, fueron la acción de la divinidad del Verbo". Poco después de la aparición del monoenergismo, la discusión se orientó más hacia las discusiones sobre la voluntad de Cristo en lugar de su energía. De ahí surgió el monotelismo, la creencia de que Cristo tenía una sola voluntad, a saber, su voluntad divina, "pues en ningún momento su carne racionalmente vivificada, por separado y por su propio impulso... ejerció su actividad natural, sino que ejerció esa actividad en el momento y en la forma y medida en que el Verbo de Dios lo quiso." Los procedimientos Durante el concilio, dos patriarcas fueron acusados de defender las doctrinas del monoenergismo y el monotelitismo: Jorge de Constantinopla y Macario de Antioquía. En un intento de reforzar su creencia de que mantenían la posición de los concilios anteriores, Macario presentó extractos de los Padres que mostraban pruebas de sus posiciones. Estos documentos pronto fueron cuestionados por haber sido corrompidos o tergiversados fuera de contexto. Se encontraron copias alternativas que demostraban que eso era exactamente lo que había ocurrido. Ante esta evidencia, Jorge cambió de opinión y abrazó la posición ortodoxa. Sin embargo, Macario se mantuvo firme y fue juzgado ante el concilio por falsificar los escritos de los Padres. Fue declarado culpable y destituido de su cargo. En este concilio se produjo un hecho especialmente extraño. En una de las sesiones posteriores a la destitución de Macario, uno de sus seguidores, un sacerdote llamado Policronio, afirmó que podía resucitar a un hombre de entre los muertos y demostrar así la ortodoxia del monotelismo. Se trajo a un hombre muerto, se le puso una profesión de fe en el pecho y Policronio le susurró al oído. No es de extrañar que no ocurriera nada, por lo que Policronio fue rápidamente desautorizado. Los resultados El Tercer Concilio de Constantinopla reafirmó las decisiones de los cinco primeros concilios y los credos de Nicea y Constantinopla I. Los obispos también prepararon y firmaron una Definición de Fe que condenaba explícitamente el monoenergismo y el monotelitismo como heréticos, diciendo Nosotros... declaramos que en [Cristo] hay dos voluntades naturales y dos operaciones naturales indivisibles, inconvertibles, inseparables, inconfundibles, según la enseñanza de los santos Padres. Y estas dos voluntades naturales no son contrarias la una a la otra (¡Dios no lo quiera!), como afirman los herejes impíos, sino que su voluntad humana sigue y eso no como resistente y reacia, sino más bien como sujeta a su voluntad divina y omnipotente. Porque era justo que la carne se moviera pero sujeta a la voluntad divina, según el sapientísimo Atanasio. Pues como su carne se llama y es la carne de Dios Verbo, así también la voluntad natural de su carne se llama y es la voluntad propia de Dios Verbo, como él mismo dice: "bajé del cielo, no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió", donde llama a su propia voluntad la voluntad de su carne, en cuanto que su carne era también suya. Significado duradero Una vez más, la Iglesia había aclarado la naturaleza de Cristo como totalmente Dios y totalmente hombre, ampliando ahora esa definición para incluir su naturaleza, poder y voluntad. Y una vez más, la iglesia había preservado la doctrina ortodoxa y trinitaria frente a nuevos ataques. Por el momento habría paz entre la iglesia de Oriente y Occidente.

  • LA NATURALEZA HUMANA EN SUS CUATRO ESTADOS IV

    EL ESTADO DE GRACIA Hace ya mucho tiempo, mientras entrenaba en un campo de práctica de golf, un hombre un tanto mayor que yo me ofreció su moderno palo vanguardista de última tecnología, que tenía una gran cabeza. «Prueba este, hijo», me dijo. Y me insistió. Dejé a un lado mi viejo palo de cabeza de madera (lo había comprado usado por £5) y probé su versión ultramoderna de cabeza de metal. La bola salió disparada y aún se mantenía en el aire cuando pasó sobre mis intentos anteriores. De pronto, el golf pareció más fácil, y mi golpe, mucho más poderoso. No podía creerlo. Tampoco podía costear mi propio palo de última tecnología. Sin embargo, pensé que así es como debe ser la resurrección del cuerpo en el estado de gloria. Ya no será más débil, sino poderoso; la obediencia ya no será una batalla contra el mundo, la carne y el diablo, sino algo natural, al ritmo afable y alegre de un mundo libre del pecado. Si puedo disfrutar de esta nueva tecnología en un palo de golf, qué maravilloso será vivir en el pleno resplandor de la presencia de Dios. Aunque era escocés, no existe ningún registro de que Thomas Boston (1676-1732), el autor del libro Human Nature in Its Fourfold State [La naturaleza humana en su cuádruple estado], haya jugado golf. No obstante, tuvo razones más importantes para reflexionar en la vida libre de pecado y enfermedades, y en la felicidad perfecta que traerá el estado de gloria. Durante los años en que Boston trabajó en los sermones y luego en el manuscrito que se convirtió en dicho libro, su amada esposa Catherine padeció una enfermedad invalidante y angustiosa, y la muerte infantil entró en su hogar. Por eso, la expectativa de la gloria por venir fue una realidad que lo sostuvo en medio de las pruebas y a la vez una motivación para vivir por su Señor Jesús a la luz de esa esperanza. El conocimiento del estado de gloria no hará menos por nosotros. Pero, ¿qué podemos decir al respecto? Las Escrituras tienen mucho que decir sobre el estado de gloria. Algunas de sus enseñanzas pueden resumirse, quizá apropiadamente, bajo siete encabezados. PROMETIDO POR LA PALABRA DE DIOS Piensa en esto: no sabríamos nada del estado de gloria si no fuera por la Palabra de Dios y Sus promesas. Dios no necesitaba decirnos nada; después de todo, pudo haberse guardado todo como una sorpresa futura. No obstante, nuestro Padre celestial es demasiado bondadoso como para negarles a Sus hijos la esperanza en un mundo de desesperación o la luz en un mundo de tinieblas. En Su gracia, nos ha dicho mucho, aunque no todo (no podríamos entender todo), sobre el mundo futuro. Entonces, «según Su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia» (2 Pe 3:13). Pedro nos dice que este conocimiento debería tener un impacto transformador en nuestras vidas (v. 17). Pero ¿qué es exactamente lo que se promete? El punto de los contrastes entre este mundo y el siguiente es simplemente estimularnos a ver cuánto más maravilloso que el presente es el futuro que aguarda al cristiano. EN CONTRASTE CON LA VIDA PRESENTE Una de las formas en que aprendemos es contrastando lo que ya sabemos con lo que aún necesitamos descubrir. La Escritura emplea este método en referencia a la resurrección. Nuestros cuerpos son como semillas que se siembran en la tierra. Perecen, pero luego emergen como flores gloriosas. Nosotros también morimos y somos «sembrados» en el suelo. Pareciera que en los momentos finales de la vida está escrita la palabra «fin». Como observó el filósofo Thomas Hobbes, la vida puede ser «repugnante, brutal y corta». Por naturaleza estamos «sin esperanza», y cuando se acerca la muerte que todo lo conquista, la evidencia parece confirmar esa realidad. Sin embargo, señala Pablo, así como la semilla que cae en el suelo se desintegra y «muere» solo para «resucitar» otra vez como una hermosa flor, lo mismo ocurre con nuestros cuerpos: Se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible; se siembra en deshonra, se resucita en gloria; se siembra en debilidad, se resucita en poder; se siembra un cuerpo natural, se resucita un cuerpo espiritual… Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad (1 Co 15:42-44, 53). Piensa en eso: tendremos un cuerpo imperecedero, glorioso, poderoso, espiritual e inmortal. Pero eso no es todo, Pablo también contrasta la vida que termina en la muerte con la muerte que termina en la vida. Aquí experimentamos aflicción; allí, gloria. Aquí todo es temporal; allí todo es eterno. Lo que aquí parece pesado allí parecerá «ligero» y lo que hay allí parecerá un «peso». Aquí este mundo parece sustancial y lo que «no se ve» parece insustancial, pero allí la realidad será precisamente lo opuesto. ¿Cuál es el punto de estos contrastes? Simplemente estimularnos a ver cuánto más maravilloso que el presente es el futuro que aguarda al cristiano. LA CONSUMACIÓN DE LOS PROPÓSITOS YA HA COMENZADO Aun así, también existe continuidad entre el «ahora» y el «todavía no», pues con la resurrección de Cristo el futuro ya ha comenzado en nuestra historia. Él es «primicias de los que durmieron» (1 Co 15:20). Su resurrección garantiza la nuestra, así como las primicias garantizan la cosecha final. ¿Cómo así? Debido a nuestra unión con Cristo, como notó Agustín, nuestro Señor se considera a Sí mismo incompleto sin nosotros. Entonces, cuando Él resucitó de los muertos, nosotros resucitamos en Él; cuando fuimos unidos al Salvador resucitado mediante la fe, fuimos ligados al Resucitado de manera tal que es imposible que no volvamos a resucitar un día. De hecho, tan indestructible es esta unión que el día «cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria» (Col 3:4). En un cierto sentido, ya nos ha sido dada «vida juntamente con Cristo… y con Él nos resucitó» (Ef 2:5-6). La vida del futuro ya ha echado raíces en nosotros. Aunque aún residimos en un mundo moribundo, ya hemos muerto (al pecado) y hemos sido resucitados a novedad de vida (Rom 6:1-4). Ya no estamos bajo el dominio del pecado, de su culpa ni del poder de Satanás. La libertad de la gracia ya es nuestra, aunque todavía no gozamos de la plena «libertad de la gloria» (8:21). Sin embargo, estamos seguros de que Dios le dará los retoques finales a la buena obra que comenzó en nosotros (Flp 1:6). El mundo por venir nos parecerá asombrosamente nuevo, pero algo de él nos parecerá vagamente familiar. El estándar para el juicio será Su vida vivida en nuestra naturaleza humana. SECUELAS DEL JUICIO FINAL «Está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio» (Heb 9:27). No todas las cosas se resuelven en esta vida: los impíos prosperan a menudo, los rectos con frecuencia incluso sufren martirio. No solo es cierto (como comenta Hamlet, el personaje de Shakespeare) que «el tiempo está fuera de quicio»: el mundo entero está fuera de quicio. La justicia final no prevalece en este mundo. Pero en el día que dará paso al estado de gloria, todos los males se rectificarán. Todas las personas serán evaluadas: «Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo» (2 Co 5:10). El «todos» que Pablo usa aquí significa «todos». Como escribiera el joven Robert Murray M’Cheyne (cuando estaba cerca de experimentar por sí mismo esa realidad): «Mientras caminaba por los campos, me vino el pensamiento, casi con poder apabullante, de que cada miembro de mi rebaño pronto estará en el cielo o en el infierno». En aquel día, se verá la justicia perfecta de Dios, pues todos serán juzgados «conforme a sus obras» e incluso los secretos serán juzgados «mediante Cristo Jesús» (Rom 2:6, 16). El estándar para el juicio será Su vida vivida en nuestra naturaleza humana. No habrá excusas. Si estamos sin Cristo y sin el vestido de bodas que Él nos da para cubrirnos en Su justicia, seremos excomulgados a las tinieblas de afuera de las que nuestro Señor dio repetidas advertencias a lo largo de Su ministerio (Mt 8:12; 22:13; 25:30). Luego de amar más las tinieblas que la luz (Jn 3:19), luego de rebelarse contra Dios y de haber insistido en decir: «Hágase mi voluntad así en la tierra como en el cielo», los incrédulos oirán las palabras más terribles del universo ―«Hágase Tu voluntad»― y las tinieblas «de afuera» serán su destino. Pero ¿y qué del creyente? ¿Cómo es posible que el hecho de que seamos juzgados «conforme a nuestras obras» derive en el estado de gloria? Es posible porque el Señor siempre juzga a los justificados conforme a su «obra de fe, [su] trabajo de amor y la firmeza de [su] esperanza en nuestro Señor Jesucristo» (1 Tes 1:3). Al que ha sido fiel en lo poco no solo se le dará «más», sino «mucho». El siervo que produjo cinco minas (un poco más de un año de salario) a partir de una fue puesto sobre cinco ciudades. El juicio de su señor fue en proporción a la fidelidad del siervo (cinco por cinco), pero la recompensa desproporcionada vino de la abundante gracia de su señor (Lc 19:18-19). Lo mismo ocurrirá en el estado de gloria. Lo que ahora está oculto será revelado. De seguro habrá sorpresas. En este mundo, a veces nos encontramos con viejos amigos a los que no hemos visto en décadas, y mentalmente tenemos que estirar sus arrugas o volver a ponerles pelo en la cabeza para poder reconocerlos. Sin embargo, en ese mundo, bien puede ser que las primeras palabras que nos digamos sean: «¡Vaya, así es como en verdad eras!» (ver 1 Jn 3:1-2). La verdad oculta de lo que Dios nos ha hecho por fin será visible para todos. Este juicio de nuestras obras también será en conformidad a la gracia de Cristo, en quien hemos sido justificados y santificados. LA REGENERACIÓN DE TODAS LAS COSAS En la actualidad, no vemos que todo esté puesto bajo los pies de Jesús (Heb 2:5-9), pero cuando Él vuelva, subyugará todo lo que es malo y consumará lo que inauguró en Su resurrección. Esta es Su obra como el segundo hombre y el postrer Adán, el Verdadero Hortelano (Gn 1:28). No toda la tierra era un huerto; Adán, Eva y su posteridad tenían que convertirla en uno. A lo mejor María no estaba tan equivocada «pensando que era el hortelano» (Jn 20:15). De esta manera, Cristo llevará a cabo la renovación de este mundo caído en lo que Él llamó la palingenesis de todas las cosas (Mt 19:28, la única ocurrencia de la palabra «regeneración» en los evangelios). No es de sorprender que la Nueva Jerusalén esté inmersa en el nuevo huerto del Edén (Ap 22:1-5) y que las puertas que permiten el ingreso a ella nunca se cierren de día y que no haya noche allí. Todo esto vendrá como resultado de una limpieza apocalíptica (1 Pe 3:10). Por ese día, cuando la verdadera identidad de los hijos de Dios será revelada en plenitud, toda la creación gime como mujer de parto. De hecho (como escribe J. B. Phillips al captar brillantemente un matiz del griego de Pablo): «Toda la creación está de puntillas para ver la maravillosa imagen de los hijos de Dios siendo lo que son» (Rom 8:19). Qué gran día será ese. CRISTO EN EL CENTRO En el estado de gloria, veremos a nuestro Salvador. «Ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido» (1 Co 13:12). ¡Una reunión cara a cara con el Señor Jesús! ¡Verlo como Él es! ¡Ser semejantes a Él (1 Jn 3:2)! ¡Transformados al nivel final de gloria (2 Co 3:18)! Sin embargo, precisamente porque estaremos libres del pecado, no nos veremos consumidos por un interés en nuestra propia santificación perfecta. Tampoco reaccionaremos admirándonos los unos a los otros. No. Solo tendremos ojos para Uno: el León de la tribu de Judá, el Cordero inmolado pero ahora resucitado y puesto en Su posición legítima en el centro del trono de Dios (Ap 5:1-14). Recuerdo que, cuando era adolescente, una noche soñé que moría y era recibido «al otro lado» por amigos que se acercaban para darme la bienvenida con los brazos abiertos. Vi que los apartaba a empujones y oí salir estas palabras de mis labios: «¡Déjenme ir a Jesús! ¡Déjenme ver a Jesús!». Ese es nuestro destino, pues en verdad: La novia, su vestidoAllí no mirará,Sino de su EsposoLa muy hermosa faz;Ni gloria, ni corona,Sino a mi amado ReyVeré en la muy gloriosaTierra de Emanuel. DIOS SERÁ TODO EN TODOS En un pasaje notable, Pablo nos pasea por el «orden» divino de los «días» (1 Co 15:23) de la inauguración de este estado de gracia (vv. 20-28): El día de la resurrección de Cristo, cuando todo comenzó (vv. 22-23a). El día de nuestra resurrección, cuando se inaugurará su consumación (v. 23b). El día de la destrucción, cuando los enemigos de Cristo y de nosotros serán vencidos (vv. 24-25). El día de la victoria, cuando incluso el último enemigo, la muerte, será destruido (vv. 26-27). El día de la consumación, cuando Dios será todo en todos (vv. 24, 28). Ese día de la consumación, el segundo hombre llevará a una creación restaurada y a un pueblo redimido y resucitado a la presencia de Su Padre. Allí, como el postrer Adán, le presentará ese mundo, perfeccionado como resultado de Su obediencia hasta la muerte y de Su resurrección a novedad de vida. La obra que el Padre planificó y el Hijo realizó en nuestro lugar por el Espíritu estará completa. Pablo aquí no está pensando en una subordinación dentro de la Trinidad eterna, sino en la sumisión legítima hecha por nosotros y con nosotros por parte de Su Hijo como Mediador, como nuestro representante, en nuestra carne y sangre humanas. Entonces, quizá, las palabras que pronunció en la cruz del Calvario ―«¡Consumado es!»― volverán a oírse. ¿Qué descendiente de la primera pareja que ha experimentado el estado de naturaleza, que ha probado la amargura del estado de pecado y que ahora ha sido introducido al estado de gracia no anhela el día cuando se dé paso al estado de gloria? Es que entonces la oración que nuestro Salvador hizo por nosotros será respondida a cabalidad: «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde Yo estoy, para que vean Mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo» (Jn 17:24). Robert M’Cheyne tenía razón. Será solo Cuando el mundo pase ya,Cuando el sol no brille más,Con Jesús en gloria estemosY nuestra vida observemos,Mi Señor, recién allíPesaré mi deuda a Ti. «Amén. Ven, Señor Jesús» (Ap 22:20). El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ministerios Ligonier y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, Carolina del Sur, y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

  • LA NATURALEZA HUMANA EN SUS CUATRO ESTADOS III

    EL ESTADO DE LA GRACIA Aunque no es muy probable que los lectores de la revista Tabletalk saquen su teología de las calcomanías para autos, sin duda algunos de ustedes habrán visto una que dice: «¡No soy perfecto, solo perdonado!». Si bien esta calcomanía pretende encapsular la verdad respecto a nuestro estado como pecadores salvados por el perdón de Dios en Cristo que nos llega por gracia, en realidad no logra su objetivo. Sin duda, los cristianos no son perfectos. No obstante, esa no es toda la historia respecto a lo que la gracia salvadora de Dios en Cristo les otorga en esta vida. La frase pone de relieve una de las principales bendiciones de la obra salvadora de Cristo: el perdón. Pero, deja sin mencionar muchas bendiciones inherentes que también les son impartidas a los creyentes que están unidos a Cristo por medio de la fe. Cuando Cristo, por Su Espíritu y Su Palabra, imparte las múltiples bendiciones de Su obra salvadora como Mediador, estas bendiciones no solo incluyen el perdón, sino también la liberación del dominio del pecado y la renovación mediante el poder santificador de Su Espíritu. Siguiendo el lenguaje del libro Human Nature in its Fourfold State [La naturaleza humana en su cuádruple estado], escrito por el gran puritano escocés Thomas Boston, cuando Dios salva a los pecadores perdidos mediante la obra de Cristo y el ministerio del Espíritu, no los deja impotentes ante la tiranía del diablo, de su propia carne pecaminosa y del mundo bajo el dominio del pecado. Los saca de su estado de perdición en Adán y los introduce a su nuevo estado de gracia en Cristo. Si bien todos los pecadores caídos son incapaces de no pecar (non posse non peccare), los pecadores redimidos sí son capaces de no pecar (posse non peccare). Los creyentes son capacitados por gracia mediante el Espíritu de Cristo para comenzar a conformarse a la voluntad de Dios en verdadero conocimiento, justicia y santidad. Este comienzo puede ser «pequeño», pero es un comienzo de «obediencia perfecta», como bien lo expresa el Catecismo de Heidelberg. Los creyentes en unión con Cristo fueron sellados «con el Espíritu Santo de la promesa», quien garantiza su herencia hasta que tomen completa posesión de ella (Ef 1:13-14). Experimentan los albores de la vida eterna en comunión con Dios y estos albores son una especie de primicias de la plenitud de vida que gozarán en los nuevos cielos y la nueva tierra. LA UNIÓN CON CRISTO Y EL ORDEN DE LA SALVACIÓN Para poder apreciar las riquezas de las bendiciones espirituales otorgadas a los creyentes en el estado de gracia, debemos recordar que Cristo imparte estos beneficios a través del ministerio del Espíritu Santo y la Palabra de Dios. Juan Calvino usa una frase encantadora para capturar la relación entre lo que Cristo ha obtenido para Su pueblo y la forma en que el Espíritu obra para unirlos a Cristo de modo que puedan participar en todos los beneficios de Su obra salvadora. El Espíritu Santo, dice Calvino, es el «ministro de la liberalidad de Cristo». Mediante el Espíritu, Cristo otorga libre y generosamente a Su pueblo las bendiciones que ha obtenido para ellos. Tan íntima es la relación entre el Espíritu y Cristo que el apóstol Pablo puede decir que «el Señor es el Espíritu» (2 Co 3:17) o que Él fue hecho «espíritu que da vida» (1 Co 15:45). Como lo expresa Calvino, el Espíritu es el «vínculo de comunión» entre Cristo y Su novia elegida. Él les comunica a los creyentes las riquezas de su herencia en Cristo. En discusiones recientes en torno a la salvación mediante la unión con Cristo, se ha dicho mucho con respecto a la cuestión de cómo se relaciona esta unión con las bendiciones espirituales que se enumeran en lo que ha sido denominado el orden de la salvación (ordo salutis) en el estado de gracia. Estas discusiones a ratos han generado más calor que luz. Sin embargo, por lo general hay consenso en que el orden de la salvación ofrece un relato bíblico de todas las bendiciones espirituales otorgadas a los creyentes que están unidos a Cristo. A través del ministerio del Espíritu y la Palabra de Dios, los creyentes son llevados a la comunión con Cristo y comienzan a disfrutar de las bendiciones espirituales que son suyas en Él. El orden de la salvación busca proporcionar un relato bíblico de estas bendiciones como aspectos diferentes pero a la vez inseparables de la excepcional y gran obra del Espíritu en la salvación de los pecadores. Quizás el testimonio bíblico más claro referente a los rudimentos del orden de la salvación es Romanos 8:29-30. En este pasaje, hallamos lo que a menudo se denomina la cadena de oro de la salvación: Porque a los que [Dios] de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó. Este pasaje es importante, no porque ofrece un orden completo de la salvación, sino porque nos provee un relato claro de la manera en que el propósito elector de Dios en gracia está ligado al llamamiento eficaz del evangelio, que lleva a los pecadores perdidos a Cristo por la senda de la fe y el arrepentimiento, les otorga la bendición de la justificación y asegura la glorificación del creyente. Cuando se observa en conjunto con otros testimonios escriturales sobre la obra de la gracia de Dios en la salvación de los elegidos, este pasaje es una piedra angular para formular el orden de la salvación de una manera más completa. Puede ser útil distinguir tres grupos de beneficios que son otorgados mediante el ministerio del Espíritu cuando lleva a los creyentes a la comunión salvadora con Cristo. El primer grupo de beneficios describe la manera en que, normalmente, el Espíritu lleva a los elegidos a la unión con Cristo mediante el llamamiento eficaz, la regeneración y la conversión (la fe y el arrepentimiento). El segundo grupo de beneficios describe el nuevo estatus que los creyentes reciben en unión con Cristo, es decir, la justificación y la adopción. Por último, el tercer grupo de beneficios describe la nueva condición otorgada a los creyentes en unión con Cristo, es decir, su santificación y renovación en conformidad a la imagen de Cristo, que al final culmina en la glorificación. En consecuencia, la representación del orden de la salvación, que es efectuada mediante la unión con Cristo producida por el Espíritu, comúnmente incluye los siguientes aspectos: el llamamiento eficaz, la regeneración, la conversión (la fe y el arrepentimiento), la justificación, la adopción, la santificación, la perseverancia y la glorificación. Algunas de estas bendiciones son inconfundible y definitivamente obra de Dios (el llamamiento eficaz y la regeneración). Otras son acciones que Dios obra en los creyentes, pero que a la vez son propias de ellos (la fe y el arrepentimiento, la santificación y la perseverancia). Algunas se centran en actos judiciales de Dios que tienen relación con el estado del creyente ante Él (la justificación y la adopción). Otras son bendiciones transformadoras o renovadoras que renuevan progresivamente a los creyentes en santidad y conformidad a la imagen de Cristo (la santificación y la perseverancia). Todas ellas son propias del estado de gracia al que son llevados los pecadores perdidos según el propósito salvador de Dios. EL LLAMAMIENTO EFICAZ, LA REGENERACIÓN Y LA CONVERSIÓN La aplicación de la obra salvadora de Cristo por parte del Espíritu Santo comienza con el llamamiento eficaz y la regeneración. Por la Palabra del evangelio, el Espíritu lleva a las personas que Dios escoge a la comunión con Cristo. El Espíritu acompaña la proclamación del evangelio convenciéndonos de nuestro pecado y de nuestra miseria, iluminando nuestras mentes en el conocimiento de Cristo, y renovando nuestras voluntades (Catecismo Menor de Westminster, 31). Cuando el llamado del evangelio va acompañado del Espíritu vivificador de Cristo, los elegidos son persuadidos, capacitados y llevados a responder a la Palabra con fe y arrepentimiento. Por esta razón, el apóstol Pablo habla del llamamiento eficaz del evangelio como una «demostración del Espíritu y de poder» para que nuestra fe «no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios» (1 Co 2:4-5). Sin la obra del Espíritu en la regeneración o el nuevo nacimiento, la Palabra por sí sola es incapaz de producir fe y arrepentimiento en los que son llamados a creer en Cristo y volverse de sus pecados. A menos que el Espíritu regenere u otorgue el nuevo nacimiento a los que son llamados por el evangelio, los pecadores perdidos permanecerán muertos en sus delitos y pecados, incapaces e indispuestos a cumplir las demandas del llamado del evangelio. Como Jesús anuncia en Su discurso sobre el nuevo nacimiento, nadie puede «ver» ni «entrar» en el Reino de Dios sin la obra del Espíritu (Jn 3:3-5). El nuevo nacimiento es, por completo, la obra del Espíritu. No producimos nuestro nuevo nacimiento en el plano espiritual más de lo que producimos nuestro nacimiento en el plano natural. «Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (3:6). Fuera de la obra del Espíritu en la regeneración, el estado de los pecadores caídos queda bien encapsulado en el dicho: «No hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que el que no quiere oír». No obstante, en virtud de la obra del Espíritu en la regeneración, los ciegos pueden ver la gloria de Cristo y los ciegos pueden oír la Palabra hablada en el poder del Espíritu (1 Co 2:13; 2 Co 4:6). Considerada en su sentido más preciso, la regeneración por el Espíritu puede distinguirse del llamamiento eficaz. En tal sentido, la regeneración se refiere a un acto inefable del Espíritu mediante el cual los pecadores espiritualmente muertos reciben la capacidad de escuchar la Palabra, saber y entender lo que proclama y estar dispuestos a abrazar lo que promete. Sin embargo, como el Espíritu ordinariamente obra con la Palabra, el llamamiento eficaz y la regeneración, aunque son diferentes, no deben separarse. El curso ordinario es que el Espíritu otorgue el nuevo nacimiento mediante el instrumento de la Palabra del evangelio, que es denominada la «simiente de la regeneración» en 1 Pedro 1:23. Mediante el uso que el Espíritu hace de la Palabra de verdad, los pecadores perdidos son nacidos de Dios como una suerte de «primicias de sus criaturas» (Stg 1:18). Cuando la regeneración va ligada a la obra del Espíritu por el ministerio de la Palabra, es virtualmente sinónima al llamamiento eficaz. En su sentido más amplio, la regeneración incluso puede entenderse como algo que incluye la conversión y todos los frutos del ministerio del Espíritu en el estado de gracia. Dichos frutos incluyen la fe y el arrepentimiento, la renovación a la imagen de Cristo, la santificación y la glorificación. Cuando los pecadores perdidos son eficazmente llamados y convertidos por el ministerio del Espíritu y la Palabra, responden al llamado del evangelio con fe y arrepentimiento. La fe y el arrepentimiento son gracias evangélicas diferentes pero inseparables que el Espíritu nos otorga a los pecadores perdidos a través del ministerio del evangelio (Hch 11:18; 13:48). La fe verdadera y salvadora consiste en el conocimiento, la convicción y la confianza de que el testimonio de la Palabra de Dios es verídico, en especial la promesa de que Cristo puede salvar «para siempre» a todos los que acuden a Él en fe (Heb 7:25). El arrepentimiento es, a la vez, un dolor profundo por el pecado y un gozo profundo en Dios por medio de Cristo. Cuando los creyentes se arrepienten, se vuelven del pecado a Dios, mortificando su carne pecaminosa y experimentando la vida en su nuevo hombre en Cristo. En lugar de continuar en el sendero del pecado y la desobediencia, comienzan a hacer buenas obras nacidas de la fe verdadera para la gloria de Dios y en conformidad al estándar de Su santa ley. Al igual que la fe, el arrepentimiento no es un mero acto que ocurre al comienzo de la vida del cristiano en el estado de gracia. Toda la vida cristiana, de principio a fin, es un alejamiento continuo o diario del pecado en dirección a Cristo. Durante el curso del peregrinaje del cristiano, la fe necesita ser nutrida y cultivada a través de los medios ordinarios de la gracia (la Palabra, los sacramentos y la oración). De igual forma, la vida del cristiano requiere volverse cada día del pecado a Dios en nueva obediencia. LA JUSTIFICACIÓN Y LA ADOPCIÓN: UN NUEVO ESTATUS Cuando los creyentes son llevados a la unión con Cristo mediante la fe, gozan de dos beneficios por gracia que reflejan su nuevo estatus ante Dios. En su estado natural, los pecadores caídos están expuestos a la justa sentencia divina de la condenación y la muerte. En el estado de gracia, los creyentes ya no están bajo la condenación de la ley ni tampoco obligados a hallar el favor de Dios haciendo lo que la ley requiere. Más bien, gozan de la gracia de la justificación gratuita. La justificación es el veredicto en que Dios declara por Su gracia que los que están en Cristo por medio de la fe son justos ante Él y tienen derecho a la vida eterna. Dios declara a los creyentes justos en Cristo otorgándoles e imputándoles Su obediencia, Su rectitud y la satisfacción de la justicia divina. Cuando los creyentes reciben la justicia de Cristo a través de la sola fe, gozan de la gracia de la aceptación gratuita de Dios. Además, en virtud del acto divino de adopción en Cristo por gracia, también gozan de todos los derechos y privilegios propios de los que son Sus hijos. Reciben un «espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”» (Rom 8:15; Gal 4:5-6). Las gracias de la justificación y la adopción gratuitas les permiten a los creyentes vivir en el gozo, la paz y la confianza de que son aceptados en el favor divino y tienen todos los derechos de los hijos adoptados. LA SANTIFICACIÓN Y LA PERSEVERANCIA: UNA NUEVA CONDICIÓN Mediante el Espíritu y la Palabra, los creyentes también disfrutan las bendiciones de la santificación y la perseverancia en unión con Cristo. El propósito de la redención del creyente es la conformidad perfecta a Cristo (Rom 8:29). Aunque este objetivo no puede alcanzarse en esta vida, el Espíritu de Cristo comienza a renovar a los creyentes en la senda de la obediencia. El apóstol Pablo nos presenta una descripción impactante de esta obra del Espíritu en Romanos 8:9-11: «Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de Su Espíritu que habita en vosotros» (cp. Gal 5:16-26). La bendición de la santificación libra de su antigua esclavitud al pecado a los que están en el estado de gracia y los posiciona en Cristo para que vivan según la «exigencia justa de la ley» (Rom 8:4, NTV, ver 6:15-23). Aunque el estado de gracia nunca es uno de perfección ni de ausencia de pecado en esta vida, sí constituye la inauguración de la vida de la nueva creación que culmina en el estado de glorificación. En este aspecto, el estado de gracia sobrepasa al estado de inocencia del que gozó la raza humana en Adán antes de la caída. Mientras el estado de inocencia era mutable y susceptible a ser perdido por la desobediencia, el estado de gracia viene con la garantía de vida inmutable e inquebrantable en comunión con Dios. En el estado de gracia, los creyentes tienen al Espíritu habitando en ellos, que es prenda y garantía de su herencia completa en Cristo (Jn 14:16-17; 2 Co 5:5). Dos consecuencias fluyen de lo que las Escrituras enseñan sobre el estado presente de los creyentes en unión con Cristo mediante la obra del Espíritu. En primer lugar, los creyentes son impulsados a repetir las palabras del apóstol Pablo en Filipenses 3:12-14: No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello [conocer a Cristo y el poder de Su resurrección] para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. […] Yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Y en segundo lugar, estas enseñanzas motivan a los creyentes a darles todos los usos posibles a los medios de gracia ―el ministerio de la Palabra por parte de la Iglesia, los sacramentos y la oración― a fin de crecer en la gracia y recibir lo que Cristo les otorga por gracia mediante Su Espíritu. El Dr. Cornelis P. Venema es presidente y profesor de estudios doctrinales en Mid-America Reformed Seminary en Dyer, Indiana. Es autor de numerosos libros y coeditor del Mid-America Journal of Theology.

  • LA NATURALEZA HUMANA EN SUS CUATRO ESTADOS II

    EL ESTADO DE NATURALEZA La vida en el Edén era maravillosa. Nuestros primeros padres experimentaron la vitalidad completa en lo mejor de una creación prístina y hermosa. Era un mundo sin sufrimiento ni muerte. Todo era muy bueno, y, en el centro de todo, Adán y Eva disfrutaban de una comunión perfecta con Dios y entre ellos en su estado de inocencia. Luego del gozo del matrimonio de Adán y Eva en Génesis 2, la serpiente, que «era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor Dios había hecho» (Gn 3:1), apareció en el Edén. Sabemos por otros pasajes de la Escritura que Dios, quien es soberano sobre todo en santidad perfecta, no es ni puede ser el autor del mal (Dt 32:4; Job 34:10; Is 6:3). Génesis no revela la razón por la que Dios permitió a Satanás rebelarse, calumniar y engañar, ni tampoco está revelado plenamente por qué Dios se propuso que el hombre pudiera pecar contra Él. Pero, como en el caso del libro de Job, sí se nos revela lo que necesitamos saber. Los eventos de Génesis 3 son acordes al consejo de la santa voluntad de Dios, y, en última instancia, sirven para revelar Su gloria y cooperan para el bien de Su pueblo. Luego de haber caído de la gloria angelical en su propia rebelión, Satanás entabló una conversación con Eva en el Edén. Usando el engaño y la calumnia, tentó a Eva a que probara el fruto del único árbol que Dios había prohibido: «¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto”?… Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal» (Gn 3:1, 4-5). Eva interiorizó la tentación externa de Satanás, dando espacio en su corazón y en su mente a la narrativa de la serpiente, pasando de la atracción al deseo de actuar. Y a pesar de esto, el pecado de Eva no fue el más importante: Adán estaba allí a su lado (v. 6). El apóstol Pablo nos dice que «el pecado entró en el mundo por un hombre» (Rom 5:12). Dios había creado primero a Adán y le ordenó personalmente que no comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn 2:17). Adán era el esposo y la cabeza federal de Eva; él representaba a Eva y a todos los hijos que ellos tendrían delante de Dios. Si bien Eva también estaba consciente de la prohibición de Dios respecto a comer del árbol, Adán sabía en todo momento que las palabras de Satanás eran mentira. Él no fue engañado (1 Tim 2:14), aunque Eva sí lo fue. Adán sabía que ella estaba siendo engañada, pero permaneció en silencio. En lugar de reprender y rechazar la tentación externa, tanto Adán como Eva eligieron libremente interiorizarla y aprobarla. Este fue el comienzo de su pecado, que precedió al acto de tomar el fruto y comerlo: «Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer… y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió» (Gn 3:6). El deseo pecaminoso dio a luz al acto pecaminoso cuando Adán y Eva fueron «llevados y seducidos» por sus propios deseos (Stg 1:14). Dios ha incluido en la Biblia el relato de nuestra caída en Adán no solo para que tengamos claridad al vernos a nosotros mismos, sino también para nuestra vida y adoración en Él. Cuando Adán y Eva pecaron, ocurrió un cambio masivo. Dios los había creado con «conocimiento, justicia y verdadera santidad, según su propia imagen. Ellos tenían la ley de Dios escrita en sus corazones y el poder para cumplirla… sin embargo, con la posibilidad de transgredirla, siendo dejados a la libertad de su propia voluntad» (Confesión de Fe de Westminster 4.2). Tenían la capacidad tanto de no pecar como de pecar (posse non peccare et posse peccare). Pero ahora sucedió aquello de lo que Dios les había advertido amorosamente: «En el día que de él comas, ciertamente morirás» (Gn 2:17). Adán y Eva comenzarían a morir físicamente, encontrándose ahora expuestos a la enfermedad, los accidentes y a la muerte inevitable. Sin embargo, también murieron espiritualmente, cayendo a un estado de ser incapaces de no pecar (non posse non peccare). El pecado, la culpa y la incapacidad de no pecar se convirtieron en realidades determinantes de su estado de existencia. La Confesión de Fe de Westminster lo expresa de esta manera: «Por este pecado cayeron de su rectitud original y de su comunión con Dios, y de esta manera quedaron muertos en el pecado, y totalmente contaminados en todas las partes y facultades del alma y del cuerpo» (6:2). En ese momento, pasaron de la maravillosa luz y comunión con Dios a la muerte espiritual, las tinieblas y la separación de Él. El cambio de Adán y Eva fue dramático. La ley de Dios escrita en sus corazones ya no era su gozo y sabiduría, sino su condenación. Luego de comer del fruto, los marcó de inmediato un sentido de vergüenza, culpa, y exposición, tanto entre ellos como ante Dios. «Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos» (Gn 3:7). Su instinto inmediato como pecadores fue tratar de cubrir su vergüenza con hojas de higuera, escondiéndose entre los árboles del jardín en un intento inútil de evitar la presencia de Dios. Tenían miedo de Él, así que buscaron la oscuridad en lugar de la luz. Cuando fueron llamados a rendir cuentas, tanto Adán como Eva rehusaron responder honestamente las preguntas del Señor. «Con injusticia [restringieron] la verdad… Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido» (Rom 1:18, 21). Adán culpó a Eva; Eva culpó a la serpiente. Su integridad anterior en conocimiento, justicia y santidad desapareció. Aunque la imagen de Dios permaneció en ellos, ahora estaba distorsionada y desfigurada por el pecado. La vida de Adán y Eva en el jardín antes de la caída existía en el contexto del pacto de vida (también conocido como pacto de obras) realizado con ellos. Los teólogos consideran que dicho pacto fue establecido en la creación de Adán y Eva a la imagen de Dios y fue expresado tanto de forma positiva en la bendición y el llamado a ser fructíferos, multiplicarse y ejercer dominio (Gn 1:28-30) como en la provisión de todo árbol del jardín para sustento junto con la prohibición de comer del árbol del conocimiento del bien y el mal (Gn 2:16-17). La Escritura deja claro que este pacto de vida fue realizado específicamente con Adán como el representante federal de toda la humanidad. Pablo habla de esto en Romanos 5, donde describe a Adán como el hombre por medio del cual el pecado, con la consecuencia de la muerte, entró al mundo «a todos los hombres» (Rom 5:12). Primera a los Corintios 15 hace eco de esto al comparar al primer hombre, «Adán [en quien] todos mueren», con Cristo (1 Co 15:22, 45-49). Mientras el Nuevo Testamento nos habla de la posición de Adán como cabeza pactual, cuando leemos Génesis 1 – 3 con esto en mente, nos damos cuenta que ya era evidente. El Señor le ordena a Adán las disposiciones y la prohibición del pacto de vida antes de la creación de Eva. Cuando Adán y Eva caen en pecado, Adán es el primero en ser llamado a rendir cuentas. Él es quien, como cabeza del pacto, recibe las palabras que promulgan la maldición pactual de la muerte: «Comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás» (3.19). Como Adán era el primer padre de toda la humanidad y también su cabeza pactual, la consecuencia de su pecado tuvo un alcance universal: «Toda la raza humana descendiente de Adán por generación ordinaria, pecó y cayó en él en su primera transgresión» (Catecismo Menor de Westminster, 16). Es por esto que todos desde Adán, excepto nuestro Señor Jesucristo, han sido concebidos y han nacido en pecado (Sal 51.5). Es por esto que «no hay justo, ni aun uno» (Rom 3:10). Pecamos en Adán: su pecado como nuestra cabeza federal nos es imputado. Como sus descendientes, nacemos en el consecuente estado caído de la naturaleza. Pero el alcance de las consecuencias va más allá de la humanidad universalmente caída. John Murray observa: El pecado se origina en el espíritu y reside en el espíritu… pero afecta drásticamente lo físico y lo no espiritual. Sus relaciones son cósmicas. «Maldita será la tierra por tu causa… espinos y abrojos… la creación fue sometida a vanidad… la creación entera a una gime». El desorden, el sufrimiento y la muerte se introdujeron en el tejido de todo el cosmos bajo el peso de la maldición. Cuando entendemos estas realidades, comenzamos a entendernos mejor a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. ¿Por qué el sufrimiento y la muerte afligen a la creación? ¿Por qué deseamos las cosas que deseamos? ¿Por qué las personas que nos rodean hacen lo que hacen de la manera en que lo hacen? Es porque estamos caídos en Adán en el estado de naturaleza, separados de la vida y la comunión con Dios, y bajo Su maldición. Es porque, libremente y apartados de la gracia, solo queremos «cambiar la verdad de Dios por la mentira» y adorar y servir «a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos» (Rom 1:25). Estos efectos del pecado en la raza humana se describen con los términos teológicos de depravación total e incapacidad total. A menos que sean traídos por Dios al estado de gracia, todos los seres humanos son «por nacimiento hijos de ira, incapaces de ningún bien salvífico, e inclinados al mal, muertos en pecados y esclavos del pecado… y no quieren ni pueden volver a Dios… sin la gracia del Espíritu Santo, que es quien regenera» (Cánones de Dort 3/4.3). Esto no significa que Adán, Eva y toda su posteridad sean inmediata o constantemente tan malvados como podrían serlo. Génesis narra mucho pecado y miseria, pero queda claro que algunos en el estado de naturaleza son más malvados que otros (ver Gn 4:23-24) y que ha habido momentos en los que la maldad aumentó y fue «mucha en la tierra» (6:5) en mayor medida que en otros tiempos. Los creyentes muestran el pecado remanente al mismo tiempo que los incrédulos muestran la gracia común. Tanto Faraón como Abimelec hicieron un bien externo al reprender a Abraham por su engaño (Gn 12:18, 20:9-10). Los Cánones de Dort señalan de manera útil que «después de la caída aún queda en el hombre alguna luz de la naturaleza, mediante la cual conserva algún conocimiento de Dios, de las cosas naturales, de la distinción entre lo lícito y lo ilícito, y también muestra alguna práctica hacia la virtud y la disciplina externa» (3/4.4). Aunque sigue estando distorsionada, la imagen de Dios en el hombre no está perdida completamente en el estado de naturaleza, debido a Su gracia común o restrictiva. Por eso, disfrutamos de la compañía de los buenos vecinos que no son cristianos, pero comparten sus herramientas de jardinería o nos ayudan después de una tormenta, aunque viven desafiando a Dios. No obstante, sus «buenas obras» no son verdaderas buenas obras que se conforman al estándar de Dios para lo que es bueno porque no son hechas en obediencia a Dios, para Su gloria ni son fruto de la fe en Cristo. Hoy en día, las realidades del estado de naturaleza que nos son reveladas en la Escritura están siendo cuestionadas en varios frentes. Uno de ellos se encuentra en nuestro contexto evangélico contemporáneo, donde hay esfuerzos continuos por rechazar la historicidad de Adán y Eva como los primeros padres de toda la humanidad. Hay una creciente variedad de intentos de leer los primeros capítulos de Génesis usando nuevos métodos hermenéuticos. Aunque el impulso parece ser el deseo de armonizar el Génesis con la teoría de la evolución, las pérdidas bíblicas y teológicas son significativas. Algunos revisionistas tratan de argumentar que los primeros capítulos de Génesis no importan siempre y cuando haya existido un «Adán» en algún momento de la historia evolutiva que haya funcionado como cabeza federal de la humanidad contemporánea, futura y posiblemente incluso anterior. Si bien podemos estar agradecidos de que conserven vestigios de un Adán histórico, este planteamiento trae consigo la pregunta del lugar que tiene el hecho de que Adán haya actuado como cabeza pactual en su relación con todos sus descendientes por generación ordinaria. Si abandonamos eso, también estamos abandonando el fundamento bíblico y teológico de la generación extraordinaria y única de Jesús, la Simiente de la mujer, quien fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María como el segundo Adán. Un segundo cuestionamiento de la comprensión bíblica del pecado dice relación con la doctrina del pecado sostenida por los evangélicos en las discusiones sobre la sexualidad humana. Algunos han adoptado una visión terapéutica del pecado o incluso articulan una doctrina católico romana de la concupiscencia. Según el catolicismo romano, la inclinación a pecar, o la «concupiscencia», no puede dañar a quienes luchan con ella y no es una ofensa para Dios a menos que sea puesta en acción. La visión terapéutica del pecado es muy similar. Ninguna de las dos concuerda con el testimonio de Génesis y de toda la Escritura: el pecado no solo incluye las acciones sino también las atracciones y los deseos pecaminosos que pueden producir el fruto de la acción pecaminosa. Aquí hay un peligro espiritual y teológico importante. Dar lugar al pecado en las atracciones y los deseos de los cristianos es, sin duda, una negación de la doctrina bíblica de la santificación y, en consecuencia, tendrá también repercusiones en la visión que se tiene de la persona y la obra de Cristo. En Gálatas, el apóstol Pablo, proclamando la palabra del Cristo ascendido, nos dice que «[el deseo] del Espíritu es contra la carne» (Gal 5:17). Los deseos que «llevan y seducen» no son neutrales, sino que son «terrenales, naturales y diabólicos» (Stg 1:14; 3:15). Aunque ninguno de nosotros se regocija grandemente cuando le recuerdan las realidades de nuestra condición caída en Adán, entenderla como el Señor nos la revela en Su gracia es esencial para recibir Su evangelio. Es esencial para recibir la plenitud de Su revelación en la persona y obra de Cristo. Es para nuestro bien. Dios ha incluido en la Biblia el relato de nuestra caída en Adán no solo para que tengamos claridad al vernos a nosotros mismos, sino también para nuestra vida y adoración en Él.  «Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino… Tus testimonios he tomado como herencia para siempre, porque son el gozo de mi corazón» (Sal 119:105, 111). William VanDoodewaard El Dr. William VanDoodewaard es profesor de historia de la iglesia en The Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Mich. Es autor o editor de varios libros, incluyendo The Quest for the Historical Adam y Charles Hodge's Exegetical Lectures and Sermons on Hebrews .

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