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  • ¿Hay apóstoles modernos? Si los hay, ¿Qué haremos con los viejos?

    ¿Quién es un Apóstol? Vivimos días en que muchos líderes de la iglesia evangélica, buscando honores singulares, hacen reclamos extraordinarios. Uno de los más recientes (muy controversial, por supuesto) es ungir a alguien como “apóstol de Jesucristo”. Siendo que por tales declaraciones la iglesia es afectada, vale la pena hacer un examen bíblico-histórico para establecer la legitimidad de estos reclamos. PARTE I La historia del apostolado en el Nuevo Testamento La palabra “apóstol” en hebreo (shaliah) se refiere a una persona que es plenamente autorizada para representar a otro. En griego el vocablo es apostolos y quiere decir: uno que es enviado; normalmente se interpreta como “uno enviado para cumplir con una función especial en la iglesia”. La primera mención del título aparece a principios del ministerio de Jesús: Lucas 6:12-13: En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles (véanse Mt 10:1-4 y Mr 3:13-19). Se trata de un nuevo y distintivo llamamiento por parte de Jesucristo (a quien Pablo, en Col 1:18, llama la “cabeza del cuerpo que es la iglesia”). El Rey de la iglesia les da este llamado y el título. No era un llamado general, abierto a cualquiera, sino sumamente específico y particular. Sólo ellos, incluyendo a Pablo, que se autodenominaba “el más pequeño de los apóstoles” (1 Corintios 15:9), recibieron el honor de ser llamados “apóstoles de Jesucristo por la voluntad de Dios” (Col 1:1). Convencidos de que el número de doce apóstoles era importante, tras la muerte y ascensión de Jesús, los once que quedaban se reunieron en Jerusalén (Hch 1:12-26) para elegir al sucesor de Judas Iscariote. Echando suertes, eligieron a Matías. Al hacerlo, especificaron cuidadosamente los requisitos especiales para que uno fuera llamado apóstol: Tenía que haber convivido con los doce desde el bautismo de Jesús. Tenía que haber sido testigo de la muerte y ascensión de Jesús. Tenía que haber sido testigo de la resurrección de Jesucristo. Se ha sugerido que el número doce se identifica con las doce tribus de Israel y, al escoger a doce apóstoles, Jesús inicia una nueva era en la que los gentiles (dirigidos por estos doce) son injertados a la rama histórica de los que son los seguidores del Trino Dios. Como dice Pablo: En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo (Ef 2:12-13). Es interesante observar que cuando Jesucristo llama a Saulo de Tarso (ya que este no había gozado de las mismas experiencias que los primeros doce), lo hizo mediante una aparición especial, su cuerpo resucitado (1 Cr 15: 3-8); además, le dio tres años de revelación especial en el desierto de Arabia (Gá 1:11-19), y una comisión particular para que fuese apóstol a los gentiles (Gá 1:1; Hch 22:17-21; 26:16-18; 1 Cr 9:1; 15:8). Aparte de esos doce, no hay otros en la historia de la iglesia que hayan recibido ese título ni esa distinción tan particular de haber sido llamados por Jesucristo. Es cierto que se mencionan a otros muy pocos con el título de “apóstoles” (Santiago el hermano de Jesús, en Gá 1:19; 2:9; a Bernabé, en Hch 14:4; a Silvano y Timoteo, en 1 Tes 2:6; y Andrónico y Junías, en Ro 16:7), pero es obvio que estos otros de ninguna manera eran ni aceptados ni clasificados con la autoridad y prominencia de los primeros once y Pablo. Notemos que fueron designados “apóstoles” por la iglesia, pero no por Jesucristo. Además, en cuanto a Matías, no aparece otra vez en el Nuevo Testamento, llevando a algunos comentaristas a concluir que los once, al elegirlo, se adelantaron a los planes de Dios, ya que Saulo de Tarso (Pablo) era el que Dios ungiría apóstol. Hay una observación adicional que podemos hacer: Herodes martiriza al apóstol Jacobo, hermano de Juan, que era el apóstol reconocido de la emergente Iglesia Cristiana en Jerusalén (Hechos 12:1-2). En esa ocasión, como en el caso de Matías, los apóstoles sobrevivientes no hicieron nada para reemplazarlo. En otras palabras, pareciera que los apóstoles ya no se preocupaban más por el número de apóstoles que quedaban, puesto que aprendieron su lección luego de su prisa por nombrar a Matías. Pudiéramos decir que reconocieron, por la manera extraordinaria en que Saulo fue elegido y nombrado apóstol, que tal llamado es un acto único de Jesucristo, Rey de la iglesia. Este nombramiento especial y específico de “Apóstol de Jesucristo” (Gálatas 1:1; Romanos 1:1; 1 Corintios 1:1; 2 Corintios 1:1, etc.) de ninguna manera proviene de un nombramiento hecho por los hombres. PARTE II Nos toca ahora interpretar bíblicamente el sentido de los textos sobre los cuales los modernos “apóstoles” se basan para justificar su nombramiento como tales, pasajes que necesitan explicación apropiada en el marco del tema tratado. Efesios 4:11-15: El mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Este texto no se puede interpretar sin primero considerar la referencia previa a “apóstoles” y a “profetas” que Pablo hace en el capítulo dos. Recordemos el tema de esta carta a los efesios: la Iglesia de Jesucristo. La carta de Pablo se divide en dos secciones: (1) La gloriosa iglesia creada por Jesucristo (capítulos uno, dos y tres; (2) Cómo han de vivir los miembros que forman esa iglesia (capítulo cuatro). En el capítulo dos Pablo describe la base sobre la cual está edificada la iglesia. Dice: sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Efesios 2:20). ¿Qué establece los parámetros sobre la cual la Iglesia de Jesucristo es construida? ¿Dónde están sus linderos? ¿Qué es lo que la mantiene pura en doctrina y fiel a sus mandatos? Pablo nos lo explica. Declara que Dios ha dado a su iglesia dos grandes pilares: los apóstoles y los profetas que, a su vez, están fundamentados única y sólidamente en Jesucristo, el Salvador e Hijo de Dios que por el derramamiento de su propia sangre hizo posible la existencia de esta iglesia (véase, por ejemplo, Tito 2:13-14). Al explicar esto, veremos la gran y gloriosa sabiduría de nuestro Dios. Sigamos, pues. No es hasta que nos damos cuenta de que Pablo describe la manera en que Dios estableció su iglesia que llegamos a percatarnos de que la referencia a apóstoles y a profetas no tiene que ver con los dones del Espíritu, sino con la manera en que Jesucristo dio base segura para el establecimiento de su grey. Para facilitar la explicación hacemos referencia a Marcos 1:2, Lucas 18:31; 24:25; Juan 6:45; 2 Pedro 3:2 en que se usa la palabra “profetas” para —en forma inclusiva— referirse a los autores del Antiguo Testamento. Ellos, bajo la instrumentalización del Espíritu Santo, fueron los llamados por Dios para darnos el Antiguo Testamento (2 P 1:19-21). No obstante, para los tiempos de Jesucristo, la palabra “profeta” había perdido su sentido sagrado. Ahora se llamaba profeta a cualquier persona que diera un pronunciamiento, fuese pagano o cristiano, religioso o político. Por donde quiera había profetas. La palabra no implicaba respeto ni reverencia ni autoridad ni una unción especial, como la que tenía en los tiempos antiguos. Recuerde que cuando Pablo escribió esta carta, los lectores del Nuevo Testamento comenzaban a disfrutar de lo explicado por Pedro en Hechos 2:16: “Mas esto [lo que ocurrió el día de Pentecostés] es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”. En los tiempos del Antiguo Testamento sólo hubo un pequeño grupo —por cierto, uno muy selecto— de profetas. A estos Dios los inspiró para que nos dieran el Antiguo Testamento como Su palabra infalible. Esos profetas, a través de sus escritos, nos cuentan lo que ocurrió con el pueblo de Dios desde la creación hasta los tiempos de Jesucristo. Ahora, con la venida del Dios-Hombre, se introducen muchos cambios notables. Ya no va a ser la sinagoga, sino la iglesia. Ya no son sólo judíos que adoran al único Dios verdadero, sino gentiles que abandonan sus falsos dioses para adorar y servir al Trino Dios. Otro de esos cambios es que aparecen muchos profetas en las iglesias; véase Hechos de los Apóstoles. Pero con tanto profeta viene otro problema; entre ellos aparecen muchos que son falsos. Esta es una de las grandes preocupaciones de Pablo cuando escribe a Timoteo y a Tito. Pide que esté alerta, que no permitan a los “muchos falsos profetas” engañar al pueblo de Dios. A la voz de Pablo se une la del apóstol Juan, indicándonos: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Jn 4:1). Hay una gran diferencia entre los profetas confiables del Antiguo Testamento y los muchos no confiables del Nuevo. Por lo tanto, cuando Jesús selecciona a los que serían pilares de su iglesia, escoge otro nombre, otro calificativo. En aquellos días la palabra “apóstol” no tenía connotaciones. La verdad es que era poco usada. Cristo, sin embargo, la toma y la eleva para darle un sentido extraordinario. Ya vimos su sentido. “Apóstol” en hebreo (shaliah) se refiere a una persona que es plenamente autorizada para representar a otro. En griego apostolos simplemente quiere decir: uno que es enviado. Jesucristo, de acuerdo al Evangelio de San Lucas, dio los siguientes pasos: … fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor (véanse también Mateo 10:1-4 y Marcos 3:13-19). Vale apuntar que cada lista tiene los mismos nombres. Nadie fue quitado, hasta la traición de Judas Iscariote; luego de lo cual Jesucristo mismo, en el camino a Damasco, sorprende a Saulo de Tarso, cambia su nombre a Pablo y lo nombra entre esa lista singular de los Doce. Estos doce fueron los que Dios escogió para establecer y guiar, reprender y apacentar, expandir y enseñar a su iglesia. Siete de ellos recibieron la comisión especial de escribir el Nuevo Testamento. Ellos forman el segundo gran pilar de la iglesia. Por tanto, el llamado de estos apóstoles fue único. Solo ellos fueron los que en sus escritos inspirados anunciaron autoritativamente el evangelio y las directrices divinas para nosotros los gentiles que, por la gracia de Dios, fuimos injertados a la rama histórica del pueblo escogido. Cuando Pablo escribió esta carta a los Efesios no existía el Nuevo Testamento —se estaba escribiendo. En su lugar estaban esos doce grandes apóstoles, nombrados por Jesucristo para declarar sus verdades sin error y con autoridad a fin de guiar a la iglesia en los caminos de Dios. PARTE III Cuando leemos en Efesios 2:20 que la iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, nos damos cuenta que Pablo en este versículo está haciendo referencia a la Biblia. Esta, escrita por los profetas y apóstoles, es un instrumento creado por Dios para infaliblemente guiar a su pueblo de generación en generación. Ella, por ejemplo, nos enseña nuestra necesidad de Jesucristo, quiénes somos nosotros los seres humanos, dónde están nuestras fallas, qué es lo que Dios pide de nosotros y cómo prepararnos para vivir eternamente con Dios en su gloria. Ahora vivimos bajo un Nuevo Pacto; nosotros, que antes vivíamos tan lejos de Dios hemos sido “injertados a la rama” del pueblo escogido. ¿Qué haríamos sin la Biblia? Tenemos que aprender quién en verdad es Jesucristo; tenemos que conocer al Padre, tenemos que aprender lo que es la comunión con el Espíritu Santo; tenemos que aprender qué es la fe, cómo dejamos nuestros viejos hábitos. Tenemos que aprender cómo apropiarnos del poder de Dios para vivir santamente. Para cumplir con todas estas necesidades, Jesucristo escogió sólo a doce apóstoles para que ellos, como los profetas de la antigüedad, nos dieran por escrito nuestras instrucciones espirituales. Puesto que esos apóstoles fueron fieles, hoy tenemos una guía fiel, verdadera, infalible e incambiable. Ahora que entendemos el lugar y nombramiento de profetas y apóstoles, podemos con mucha más claridad voltear la página en la Biblia, de Efesios 2:20 a Efesios 4:11-15. De nuevo aparecen apóstoles y profetas, pero ahora se encuentran mezclados en una fascinante cadena de llamados que Jesucristo da a su iglesia, utilizándolos para extenderla aquí en la tierra. Dice: Él mismo [Jesucristo] constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. En esta importante cadena de nombramientos necesariamente están los profetas, ya que representan esa parte de la Biblia que nos da la historia del pueblo de Dios antes de la llegada de Jesús. Igualmente los apóstoles, ya que para los que vivimos en la era del Nuevo Testamento necesitamos información y detalle a fin de saber cómo agradar a Jesucristo, que nos salvó de nuestros pecados. ¿Qué haríamos sin el Nuevo Testamento? Pero también nos informa el apóstol Pablo que para cada iglesia sobre la faz de la tierra hay tres llamados gloriosos: evangelistas, pastores y maestros. Me pregunto, con estos tres tan importantísimos cargos, ¿por qué este afán que ha aparecido en estos últimos tiempos de querer ser nombrados PROFETAS Y APÓSTOLES? De paso, ¡ya algunos se están dando el calificativo de “ungido de Dios”, robándole al mismo Jesucristo su exaltado título! Por más de dos mil años los líderes de la iglesia de Jesucristo han estado conformes con estos tres nombramientos exaltados. Hasta el día de hoy, en la iglesia evangélica, los líderes no se han peleado buscando ser apóstol o profeta. ¿Es que no nos basta con un título tan honorable como “evangelista” (aquel dotado por Dios para proclamar el glorioso mensaje de salvación a la humanidad), o “pastor” (ese siervo de Dios tan especial que aquí en la tierra reemplaza al mismo Señor como guardián de su rebaño), o “maestro” (esos hombres y mujeres que reciben luz y sabiduría especial de parte de Dios para interpretar el Libro de libros)? ¡Qué locura es esta que nos hace estar insatisfechos con lo que Dios nos ha privilegiado! Temo que hoy, con interpretaciones tan sueltas de textos bíblicos, se esté trayendo increíble confusión a la iglesia. Acá se presenta uno que se dice ser apóstol, demandando ser seguido y obedecido y exaltado como si fuera un príncipe. Allá se levanta otro que reclama ser profeta poseyendo palabras inspiradas, y pidiendo que se le dé más importancia a lo que él dice que la que damos a la misma Biblia. Este orgullo, este clamor por puestos y reconocimiento, ¿vendrá de Aquel que se humilló a lo sumo, que no tuvo techo donde acostar su cabeza? Como resultado de toda esa búsqueda de honores personales, ¿cuál será el resultado en las congregaciones? ¡Confusión! ¡Error! ¡Herejía! ¿A quién se debe seguir? ¿Será al que se dice ser apóstol o profeta, o al Señor Jesucristo y sus verdaderos apóstoles y profetas? Otra cosa, me sorprende el carácter de muchos de estos que se han nombrado apóstoles y profetas. Andan como si fueran unos grandes señores —algunos hasta con guardaespaldas. Se visten como estrellas de Hollywood y demandan ser servidos como si fueran gobernantes y reyes. Si en verdad son seguidores de Jesucristo, ¿dónde está la humildad que Él exhibió? ¿Será que extirparon el libro de Filipenses de su Biblia? ¿Se habrán olvidado que Jesús dijo que el que quiere ser grande en el reino de los cielos sea un humilde siervo de todos? Más que evangelizar, que pastorear, que enseñar, parece ser la fama, un lujoso auto, la casa mejor del barrio y bastante dinero en el banco. En la Biblia, ¿cuál apóstol, cuál profeta ejemplifica esa actitud y tipo de vida? Por último, tenemos que recordar que los únicos que Dios dotó con infalibilidad fueron aquellos doce apóstoles y profetas que nos dieron el Antiguo y Nuevo Testamentos. Con los genuinos profetas del Antiguo Testamento, con los legítimos apóstoles nombrados por Jesucristo tenemos todos los profetas y apóstoles que necesitamos. El ejemplo de ellos es el que debe inspirarnos. Las enseñanzas de ellos son las que deben iluminarnos. El carácter de ellos es el que debe servirnos de ejemplo. Por tanto, ¿quieres una profecía? ¿Quieres un consejo apostólico? Abre tu Biblia, allí te esperan esos incomparables autores para darte todo lo que necesitas —y con la autoridad infalible del Santísimo Dios. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (2 P 1:19-21). Les Thompson

  • ¿Qué ha sucedido con la raza humana?

    Rogelio Aracena Lasserre En 1973 los doctores C.E. Everett Koop y Francis Schaeffer escribieron un libro sobre este tema. Se editó en español en 1983 por Editorial Vida y su temática es valiosa para tocarla en el siglo XXI. En su tiempo fue considerado un libro pesimista, pues el hombre acababa de llegar a la Luna y las expectativas de progreso eran grandes todavía. Sin embargo, un sombrío panorama sobre la ética y los valores humanos se cernía sobre la raza humana. Consideraremos algunas ideas y reflexiones teniendo como base este escrito. Cada nación y cada edad será juzgada humanamente por este criterio: ¿Cómo trato a la gente? De alguna manera son las palabras de Dios a Caín en Génesis 4:9: ¿Dónde está tu hermano… qué has hecho con él? La respuesta cínica de Caín podría encuadrar en la filosofía de nuestros días: ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Hay una forma de medir la humanidad del género humano y esta es, ¿cuán humanamente se tratan los humanos entre sí? Toda edad o generación ha enfrentado problemas y angustias. La historia es un registro de mayor sufrimiento y frustración en comparación con los éxitos. Los momentos de generosidad, bondad y altruismo son pequeños momentos estelares de la historia. Aún la irrupción de Dios en la historia en la persona de Jesucristo; fueron sólo tres años que sacudieron la falta de humanidad del siglo primero, y la siguen sacudiendo hoy. Yad Vashem es un monumento que se ha levantado en Jerusalén a los seis millones de judíos que murieron en el holocausto nazi. ¡Cuántos otros monumentos hay levantados alrededor del mundo en tributo a quienes perecieron en escaladas de maldad! Los asesinos fueron seres humanos, como usted y yo, lo cual nos recuerda nuestra ilimitada capacidad para el mal. La descripción de Romanos 3:9-18 es radical: ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Cada edad obliga a tomar decisiones y estas obligan a que tengamos una escala de valores. Las decisiones que tomemos indicarán cual es el límite entre lo bueno o lo malo ante nuestros ojos. Sin lugar a dudas, al volverse el hombre la medida de todas las cosas, la consecuencia natural ha sido una tremenda confusión en cuanto a la ética y la moral. Lo aceptable y lo inconcebible Los cambios en la sociedad han sido de una velocidad increíble, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. En tiempos pasados el conflicto generacional tomaba 20 ó 30 años. Hoy en día hermanos en una misma familia, separados por 5 ó 10 años, no se entienden. La tecnología que manejan es diferente y el acceso a la información coloca al menor más al día. En cinco años es necesario cambiar de computador por lo menos dos veces. La globalización ha hecho del mundo una aldea. Una protesta en Paris, encuentra apoyo en Buenos Aires en un espacio de 24 horas. Lo que no se podía aceptar hace 20 años hoy es moralmente aceptable. La homosexualidad ya no aparece en el Diccionario de Patologías Psiquiátricas —el problema no es la homosexualidad sino el permanecer dentro del closet. Iglesias tradicionales que fueron responsables de traer el evangelio a América Latina hoy aceptan liderazgo gay y están dispuestos a ordenar pastores homosexuales. Hay una apertura y tendencia a no condenar el aborto y permitir la eutanasia o suicidio asistido. Los cristianos se preguntan: ¿Qué está pasando con la sociedad?, pero también: ¿Qué está pasando con la Iglesia? De otra parte, la cultura occidental por muchos siglos habló de la “santidad de la vida humana”. El hombre era un individuo y una persona especial. La medicina, una de las nobles profesiones en su juramento Hipocrático decía: “MANTENDRÉ EL MÁS ALTO RESPETO POR LA VIDA HUMANA DESDE EL MOMENTO MISMO DE LA CONCEPCIÓN”. Sin embargo, en la Declaración de Ginebra de 1971 se eliminó parte de la declaración, y queda: “MANTENDRE EL MAS ALTO RESPETO POR LA VIDA HUMANA” Esto poco a poco está siendo aceptado por las Facultades de Medicina para estar a tono con la legalización del aborto, infanticidio (se eliminan bebes luego de nacer) y eutanasia. La madre Teresa de Calcuta, al ser invitada a Naciones Unidas dijo: “SI LAS MADRES ESTÁN DISPUESTA A MATAR A SUS HIJOS, ¿QUÉ PODEMOS ESPERAR DE LA SOCIEDAD? Fue el judeo-cristianismo quien colocó un fundamento para un concepto elevado de la vida humana. La vida humana es única y debe ser protegida y amada. Por cuanto cada individuo ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, hoy nos hemos puesto en un nivel muy bajo en cuanto a la vida humana y su valor, y la razón es haber cambiado el orden correcto de las cosas: “DIOS ES LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS”, HOY SE ENTIENDE COMO: “EL HOMBRE ES LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS”. Y, el hombre ha demostrado su incapacidad para medir las cosas, ni aún para respetar las medidas que el mismo ha establecido. Este es el humanismo que pone al hombre antes que a Dios. La concepción teológica del hombre ha sido reemplazada por una antropología secularizada que enseña que no hay respuesta sobrenatural al origen y destino del hombre. Somos sólo una pieza mecánica en un mundo impersonal, por lo tanto, utilizable y desechable. Las palabras de la Biblia que reconocen el valor del ser humano son obsoletas. Algunos cambios El fundamento bíblico fue el que dio base a la Ley. Es conocido el hecho que los Diez Mandamientos están en las bases mismas de los Estatutos Jurídicos Fundamentales en la sociedad. Sin embargo, ha surgido una nueva ley arbitraria o sociológica. En los 70’s el Juez Oliver Wendell Holmes, miembro de la Corte Suprema en los EEUU, dijo: “La verdad es el voto de la mayoría de la nación, este voto puede conquistar a todas las demás”. La ley, la verdad, representa la pauta para la sociedad, y éstas son lo que la mayoría de la gente piensa en determinado momento de la historia. Esta mayoría presiona a quienes nos representan en el Congreso o gobierno. Estas voces son las que ‘interpretan el sentir de la mayoría’. Esto es lo que ha venido sucediendo incluso en América Latina. El concepto cristiano de absolutos que no dependen de mayorías o minorías —y que era obligatorio— está siendo abandonado, aún en círculos cristianos. Como resultado se abre paso a la crueldad personal, la falta de humanidad y las contradicciones morales. Se grita y lucha por la abolición de la pena de muerte, pero se legaliza la muerte de un ser indefenso en el vientre de su madre. Resuenan las palabras de la Biblia: “Hay de aquellos que a lo malo dicen bueno y a lo bueno dicen malo”. Este cambio de criterio en la raza humana lo explica el Apóstol Pablo en Romanos 1:21 al 32: El diálogo con Dios se transformó en un monólogo del hombre consigo mismo. La mente del hombre se entenebreció. La búsqueda de sabiduría terminó en el encuentro con la necedad. La verdad fue reemplazada por la apariencia de verdad, falsos ídolos. Dios permite que el hombre asuma las terribles consecuencias de su decisión. La naturaleza pecaminosa se manifiesta en todo tipo de injusticia. El hombre, al sentirse dueño de sí mismo y su entorno, siente una ansiedad irrefrenable de manipular y jugar con los procesos naturales, incluyendo la naturaleza humana. Esto tiene que ver con la ingeniería genética, la cual sin el concepto bíblico del hombre se vuelve cruel y amenazante. Es el nacimiento de la socio-biología. El criterio determinante son las mayorías y el valor supremo es la supervivencia. De ahí que la ética es reemplazada por la Bioética, definida por su creador R. Potter, como la ética de la vida: “Hay que hacer todo aquello que ayude a una mejor calidad de vida”. Sin embargo, los criterios éticos que se aplican son cada vez más utilitaristas. Se propugna por una ciencia cada vez más libre éticamente para actuar. El nacer y el morir se ubican en la misma escala del animal con la diferencia que nosotros cargamos MIEDO, ANSIEDAD Y CULPA. Algo que decir En esta avalancha de deshumanización, los cristianos tenemos y debemos decir algo. El ser humano es creación de Dios y, por lo tanto, tiene valor y dignidad. Sin embargo, el cristianismo no sólo debe ser creído, sino conocido como VERDAD. En Juan 3:16 Jesús dijo claramente: yo soy la verdad, no la “sophia” de los filósofos griegos, sino que la “aletheia”, o verdad última de las cosas. Él es la verdad absoluta que establece la diferencia entre lo verdadero y lo falso. Él es la medida de todas las cosas. Esta es la razón porque la que en Juan 1 el apóstol escoge para Jesús el título de “el Verbo” (el logos). Sus lectores griegos entendieron muy bien la supremacía de Jesucristo. Si Él es la verdad y todo lo contrario a Él, es falso. Yo soy el camino, el “(h) odos”, no una opción más, o una ruta modificable. La palabra en el griego alude a un camino de piedras ubicadas para pasar un río. Sólo atraviesas si pisas en ellas. Debemos caminar sobre las bases espirituales y morales que están establecidas: yo soy la vida, en el sentido de Juan 10:10. Vida significativa, realización. El cristianismo está íntimamente ligado con la historia y su impacto siempre ha sido positivo. Los hechos del cristianismo y las escrituras antiguo testamentarias que le precedieron son verificables. Donde quiera que el verdadero cristianismo ha llegado, la vida de hombres y comunidades han sido transformadas. Pareciera que hoy nos conformamos con una fe irreflexiva, no escritural. Hemos dado un salto al vacío sentimental que se vuelve creíble con las experiencias vividas o los aparentes resultados. Las bases de la Reforma Protestante deben ser redescubiertas: SOLA FE, SOLA ESCRITURA. Ellas fueron el fundamento de la democracia y las que dieron valor al individuo. El señorío de Jesucristo y Su palabra deben ser proclamados en la Iglesia y en la sociedad. El obrero, el empleado, el profesional, el estudiante, el político cristiano deben levantar sus voces y proclamar los valores éticos y espirituales cristianos. Las palabras que Isaías escuchó resuenan también hoy: ¿Quién irá por nosotros? ¿Quién escogerá ponerse al lado de la Santa Trinidad? Ojalá tú y yo podamos decir: HEME AQUÍ, ENVÍAME A MI.

  • Al pensar en la música, ¿qué hemos olvidado?

    por Les Thompson Como cristianos concordamos en que hay un Dios al que tenemos que darle nuestros mejores dones. Al decir «mejores» es porque hay otras que son «peores» —esto es, hay diversos grados de calidad en lo que le ofrecemos. En relación con la música cristiana en nuestras iglesias, creo que no nos hemos destacado por la calidad que le ofrecemos al Señor. Francamente, nos inclinamos más a darle lo «peor» que lo «mejor». En nuestro apuro por contarle a Dios cómo nos sentimos, hemos cedido a la tentación de sustituir estribillos de contenido superficial —además de mal hechos— por aquello que sería hermoso y digno de su divina e incomparable persona. Recordemos la condenación del Señor a los pastores que menospreciaban su nombre entregándole ofrendas deshonrosas: “Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo, cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 1.6-8). Es interesante estudiar la música que fue introducida a la Iglesia por Martín Lutero en los tiempos de la Reforma. Él quiso ofrecerle a Dios lo mejor. Nos cuenta Walter Buszin[1] que, deseando que fuera la mejor posible, «buscó el consejo del gran músico Johann Walter y se rodeó de otros reconocidos talentos.» Lutero mismo era músico y compositor, magnífico cantante, y ejecutaba el laúd. Sin duda, por eso es que se preocupaba por la excelencia que debía acompañar todo lo hecho para Dios. Insistió, pues, en que le ayudaran aquellos reconocidos músicos. «Él quería asegurarse de que el estilo de la música, su contenido, y su presentación fueran correctas… por lo que rehusó apurar el proceso, queriendo evitar todo error en las canciones que había escrito sobre las epístolas, los evangelios, y para la celebración de la Santa Cena.» En aquella visita inicial, los músicos pasaron tres semanas repasando, editando y mejorando lo que Lutero había escrito. Dice Paul Westermeyer:[2] «A Lutero no solo le gustaba la música, opinaba que ella cumple una función teológica, que es un don de Dios … que es única cuando se junta con palabras. Ya que puede incluir el texto de la Palabra de Dios, esta y la música están íntimamente ligadas… A la vez, decía: “Este don de la naturaleza y su arte puede ser prostituido por mentes depravadas… y fanfarronerías sensuales, contra lo cual tenemos que luchar, así como también censurar a los que la pervierten.» Desde aquellos días iniciales de la Iglesia Protestante hemos tenido una historia musical gloriosa: grandes compositores con gloriosos himnos. Pero entonces llegó Vietnam y su guerra con los Estados Unidos de América[3] (1964-1975). La desgracia de esa guerra introdujo numerosos cambios en los americanos (además influyeron mucho los asesinatos de John Kennedy y Martin Luther King). Recordemos, además, que lo que afecta a Estados Unidos pronto influye en América Latina, incluso en la Iglesia. Hagamos un poco de historia para ver como esto afectó nuestra música. Un pastor anglicano, Geoffrey Beaumont, comenzó a experimentar con la naciente música popular, usando ritmos “pop”, “folk” y “rock” en la liturgia de su iglesia. Otras congregaciones, en Inglaterra, comenzaron a usar esa nueva música, extrayendo lo que creían era demasiado “secular”. Pronto —a mediados de 1970— llegó a Estados Unidos y otros músicos empezaron a imitarla. Era una música que rompía con lo tradicional, música acorde con el espíritu posVietnam, música de cambio y de rechazo del pasado, cada día más y más aceptada. Al poco tiempo parecía toda una competencia, estas “alabanzas” o “coritos”, como algunos lo llamaban. Las primeras iglesias que lo incorporaron en sus servicios de adoración fueron las carismáticas, seguidas por iglesias de santidad como las wesleyanas. En estas iglesias poco enamoradas de las tradiciones, se apagaron los órganos, se cerraron los himnarios, y en su lugar aparecieron guitarras y baterías. Y como no había himnarios para esa clase de música, se colocaron a cuatro o cinco jóvenes de ambos sexos (atractivos, por supuesto) en la plataforma. A cada uno se les dio un micrófono, para “dirigir” y enseñar a la congregación estos estribillos hasta ahora desconocidos. De los carismáticos y wesleyanos, esta música saltó a las nuevas “megaiglesias”, que utilizan todo medio posible para popularizar el evangelio a fin de alcanzar a la gente que por curiosidad se acerca a la iglesia. Fue entonces que la letra de los estribillos se puso en pantallas, y… bueno, gradualmente llegó a reemplazar casi toda la himnología pasada, alcanzando al mundo entero. No cabe duda que ha llegado a ser la música más apreciada en las iglesias de América Latina —por supuesto con las innovaciones propias de nuestro “sabor” latino, como los ritmos de salsa, merengue y mariachis. Westermeyer afirma: La música tiene un profundo sentido para el pueblo cristiano, pues es una de las maneras principales en la que la fe cobra carne y vida… Es más, la iglesia puede ser indiferente a muchas cosas, pero nunca a la música… Hoy nos gustaría pensar que hemos establecido un nuevo paradigma que se ajusta a nuestro mundo descrito con el prefijo “pos” (poscristiano, posmoderno, pospuritano, posdenominacional, pospatriarcal, etc.). Estamos en lo cierto al concluir que nuestra era, como cada una de las previas, enfrenta nuevos retos que no pueden evitarse. Nos equivocamos cuando negamos nuestras raíces bíblicas y nuestro vínculo común con la Iglesia de todos los tiempos, la primitiva, la de la Edad Media, la reformada, y la del presente. Es triste cuando el deseo de ser novedosos, modernos o de estar a la moda espiritual nos separa de las hermosas huellas que marcó la Iglesia a través de la historia. Me uno a Jesús, que caminó los polvorientos senderos de Nazaret, me sumo a Pablo y Silas cantando a toda voz en la cárcel, me uno a los padres de la Iglesia que permanecieron fieles pese a tanta persecución. Me uno a Agustín, a Lutero, a Calvino, a Juan y Carlos Wesley entonando sus preciosos himnos, aquellos que honraban a Cristo a la vez que complacían al más refinado gusto musical. No quiero esconderme bajo una burbuja artificial que sólo reconoce y canta “pop”, “folk”, “rock”, “salsa” y “merengue”. Quiero escuchar un órgano explotar con la música de Bach; quiero oír un coro llenar la capilla con salmos gregorianos; quiero escuchar dúos, tríos y cuartetos que entonen los clásicos de Wesley. Deseo volver a disfrutar de las cantatas de Peterson y, sobre todo, ver los viejos himnarios regresar a sus puestos en las bancas de las iglesias. [1] Walter Buszin, Luther on Music, North Central Publishing Co., St. Paul Minnesota, 1958, p. 17. [2] Paul Westermeyer, Te Deum, The Church and Music, Fortress Press, Minneapolis, 1998, p. 144. [3] Paul Westermeyer, en su libro Te Deum, traza las consecuencias y efectos de estos eventos en cuanto a la música, comenzando con la página 312.

  • ¿ES AUN TIEMPO DE EVANGELIZAR? ¿QUE CREE UD.?

    Desde los primeros siglos de la era cristiana hasta el presente siglo, la evangelización ha sido parte vital en la vida de la iglesia. Muchos son los siervos, que, usados por el Señor, han llevado la luz del evangelio a millones de corazones en oscuridad. Hoy pastores y misioneros en diferentes países del mundo siguen las mismas pisadas, aunque experimentan cierta inconformidad al pretender una mayor efectividad en la presentación bíblica del evangelio, ante un pragmatismo y escepticismo marcado y falsos evangelios. Pienso que tal realidad nos estimula a reflexionar en cuán importante ha de ser la evangelización para el creyente en nuestros días. Entre las razones por las cuales debemos considerar la evangelización como una obra de gran importancia y la principal tarea de la iglesia, podemos citar: Su papel central en las Escrituras Toda percepción o análisis de evangelización ha de concentrarse en la Escritura (el Evangelio) y a partir de la Escritura. Ella es suficiente y nos ha sido dada con tal propósito. En términos bíblicos, el momento que surge la evangelización dentro del diseño de Dios se da en el Nuevo Testamento. Es Jesús, quien trae y anuncia de forma encarnada el evangelio de la promesa, vislumbrado en los profetas (Is.53:1-12). Se observa entre los cuatro capítulos iniciales de (Mateo, Marcos, Lucas, Juan) y al final de casi todos estos escritos, mención explícita a la evangelización (Mt.4:17). De igual firma, 25 capítulos en Hechos hacen referencia al tema; siendo los apóstoles o discípulos del Señor, quienes comparten las buenas noticias en presencia del pueblo (Hch.8:4-5), para con una persona en particular (Hch.8:26-38), a cierto grupo de parientes y amigos (Hch.10:24-48), en presencia del Concilio de Jerusalén (Hch.15), gobernadores regionales o del mismo Rey Agripa (Hch.24, 25, 26). Por último, las cartas de Pablo son ejemplo vivo y personal de evangelización. Como siervo y apóstol de Jesucristo, nos dejó el legado de una vida entregada totalmente a la misión de evangelizar, en la gracia del Señor, el poder del Espíritu y para la gloria de Dios Padre (2Co.10:13-17). Su rol dentro del plan eterno de Dios En cuanto al rol del evangelicalismo dentro del plan eterno de Dios, entendemos que, como creyentes, Dios no provee cierta confianza en la evangelización, gracias a su soberana elección (Ef. 1:4-5). Luego las conversiones no dependen de nuestra elocuencia ni de las estrategias que usemos. Sin embargo, esto no nos debe llevar al extremo de minimizar la seriedad la evangelización, pues Dios obra a través de causas secundarias. Él se sirve de medios, instrumentos y condiciones naturales para llevar a cabo sus propósitos salvadores. De ahí que Dios use la locura de la predicación para salvación (1Co.1:21). Por otra parte, la relación entre fe y oír, escuchar y la palabra de Dios, muestra la relevante implicación del llamamiento exterior (evangelización) dentro del plan eterno de Dios (Rom.10:17). Alcance y Dinamismo La evangelización también se distingue por su alcance. Jesús llama a sus discípulos a ser testigos desde Jerusalén y hasta lo último de la tierra (Hch.1:8). Siendo asì, esta forma particular (comunicación oral de la historia de Jesús) es la que permite sembrar la semilla en cualquier lugar donde halla vida humana. Esta misión goza de un dinamismo excepcional. Con ello quiero decir que el mensaje es presentado a través de los medios de difusión masiva, a través de intercambios personales o en plazas públicas usando ciertas expresiones, como, por ejemplo, el arte. En el caso de Cuba, todavía existen ciertos inconvenientes para la práctica de algunos métodos al compartir las buenas nuevas. Sin embargo, hace algunos años ha habido cierta cobertura para exponer el evangelio públicamente; llegando de manera muy discreta y controlada hasta algunos medios/espacios públicos. Es conveniente aclarar que este dinamismo no puede llevarnos a comprometer, ni a omitir, el puro y definido evangelio (Gál.1:8-9). Es necesario que tengamos conciencia bíblica, de lo que constituye y no constituye “hacer evangelización” pues en su praxis, se corre el riesgo de distorsionar esta valiosa y encomiable misión. ¡Ahora querido lector, que estas líneas en el poder del Espíritu, inquieten nuestra voluntad para compartir con más fervor y pasión el evangelio de Jesucristo! Hacia una evangelización fiel a la palabra La evangelización tiene un papel central en la Escritura. Su rol dentro del plan de la salvación, además, su alcance y dinamismo son aspectos de gran importancia para todo creyente. Se hace evidente hoy en nuestro mundo la urgencia de la predicación, pero bajo esta premisa suele descuidarse el valor cardinal del mensaje, de tal forma que no se transmite el evangelio con fidelidad a la Escritura. Es posible identificar varias de las tendencias erróneas en la evangelización, con un mensaje que sirve a las características de este mundo postmoderno, donde predomina en palabras de Bernard Coster “el hedonismo consumista como sinónimo de felicidad, el multicriterio y la opinión en contraste a un sistema de verdad y una religiosidad ligera en contraste con la fidelidad a una religión. Considerando estas desviaciones, proponemos algunos principios para aquellos que buscan ser fiel a la verdad bíblica. Hacer evangelización no es decir lo que las personas desean escuchar En el centro de este mensaje se describe a Dios como alguien que nos ama, que desea lo mejor para nosotros, que da solución a todos nuestros problemas y liberación de sufrimiento a quien le busca, y asimismo, desea que creamos en Él para darnos ¿algo? maravilloso en el futuro. Todo esto trae como resultado un evangelio sin la continuidad histórica plasmada en la Escritura (Hch 13:32), un anuncio soportado por el énfasis antropocéntrico, que pretende coincidir con las mayores demandas arraigadas en el corazón de los hombres de hoy. En cambio, la evangelización ha de caracterizarse por el carácter excluyente y único del evangelio (Gál. 1:8). El nombre de Jesús debe ser tema central de este mensaje. Su muerte sustitutiva, que hace posible una nueva relación del hombre culpable y rebelde con Dios, y su resurrección son los fundamentos de tal buena nueva (Hch. 4:12). De modo que una adaptación inadecuada, que conlleve a transformar la esencia de este mensaje, es traspasar los límites de la propia Escritura (Gál.1:8). Una evangelización fiel a la Escritura no implica comunicar “otra verdad” Los creyentes en ocasiones suelen comunicar el mensaje de salvación como si fuera “otra verdad”, dejando así una brecha abierta hacia “una verdad relativa”, como antesala del politeísmo. Esta idea es expresada en lenguaje popular como: “Tú crees en lo tuyo y yo en lo mío”. De tal manera puede darse a entender que existe otro camino de salvación, lo cual no corresponde fielmente con la Escritura (Jn. 14:6). Hacer evangelización fiel a la Biblia no cuenta el testimonio personal de manera que sustituya o ensombrezca la obra única y singular de Jesús Contar el testimonio personal es otra de las variantes comunes en la evangelización, que puede violentar la fidelidad al texto bíblico cuando suplanta o suprime los aspectos esenciales del evangelio. El apóstol Pablo usa el testimonio personal (Hch. 22:1-21), pero lo hace ante las autoridades y con el fin de testificar de Cristo, definiendo su obra de salvación (Hch 23:11). El testimonio personal puede ser usado para apoyar cierto efecto o fruto del Espíritu por la obra de Cristo en el arrepentido (Lc. 19:8-10), pero hemos de procurar que de ningún modo suplante u opaque la obra única que Dios hizo en Cristo para salvación y perdón de pecados. Algunos cristianos llegan a pensar que no es necesario usar palabras para hacer evangelismo, sino tan sólo “vivir la fe”. En realidad, el evangelio nos cambia y las buenas obras, como evidencia de la fe, sirve para atraer a ciertas personas a Cristo (Hch. 16:19-40), pero no se debe olvidar que el evangelio ha sido dado en palabras y con un contenido definido (Rom. 10:17). El mismo evangelio presenta una demanda de arrepentimiento y fe. Luego, si no es expuesto el evangelio bíblico en forma oral, el no creyente no sabrá de qué arrepentirse, ni qué es lo que ha de creer para ser salvo. La evangelización que persigue ser fiel al texto bíblico toma en cuenta que la vida, muerte y resurrección de Jesús son aspectos no negociables en dicha misión. De esta manera implica el anuncio del evangelio (1Co. 15:1-4), una explicación sin alterar el mensaje esencial definido en la Palabra (Hch.16: 32-34), una demanda (arrepentimiento y fe) (Lc. 5:32) y la advertencia de las consecuencias de no abrazar este anuncio (Jn. 3:18). Coster. Bernard “Unidad y Diversidad en la historia de la Iglesia”. 2008.(Libro en versión digital)

  • HISTORIA DE LA IGLESIA 500 años de Reforma Protestante

    El año 2017 se cumplió el aniversario número 500 de la Reforma Protestante, a pesar de que han trascurrido tres años ya, me resulta oportuno de descorrer el velo para que el verdadero significado de la Reforma Protestante, que tan pocos conocen realmente, quede claro como el cristal para nuestros lectores. Con este artículo iniciamos una serie informativa sobre el tema; que es nuestro privilegio compartirla con ustedes. ¿Cuál es la verdad detrás de la Reforma Protestante inspirada por Martín Lutero hace 500 años? ¡Este es el primer artículo en una interesantísima serie que explicará ese fenómeno que tan pocos entienden! El movimiento protestante está en el banquillo de los acusados. De la Reforma Protestante ha surgido una verdadera Babilonia de centenares de iglesias y sectas diferentes. Varían en su fe y sus prácticas; desde los cuáqueros fundamentalistas hasta los modernos congregacionalistas, desde los metodistas primitivos hasta los cientistas cristianos, desde los luteranos conservadores hasta los mormones, desde los adventistas del séptimo día y hasta los testigos de Jehová… y entre uno y otros, hay centenares de diferencias. ¿Cuál es la verdadera base de las iglesias protestantes que se encuentran por todo el mundo? ¿Qué llevó a sus primeros líderes a rebelarse contra la autoridad de la Iglesia Católica Romana? ¿En qué medida son responsables de la división de la cristiandad de nuestros días? ¿Lograron los reformadores protestantes los objetivos propuestos? Y todavía más importante, ¿lograron recobrar la fe y las creencias de Jesús y de la Iglesia primitiva e inspirada del Nuevo Testamento? La verdadera pregunta debe ser si los reformadores protestantes y sus sucesores han logrado o no regresar a “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). Estas preguntas son vitales. Muchos a través de la historia han crecido en alguna de las religiones o sectas nacidas de la Reforma Protestante. Y también muchos “sinceramente” dieron por hecho, como lo hace todo niño, que aquello que les era enseñado era enteramente cierto. Sin embargo, ¡a todos les enseñaban cosas diferentes! En las Escrituras se nos instruye: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Por lo tanto, el propósito de esta serie es presentar un examen objetivo de los verdaderos factores detrás de la Reforma Protestante. Averiguaremos por qué los primeros reformadores se rebelaron contra el sistema católico y por qué las diferentes entidades protestantes fueron tomando la forma que tomaron. Invocando los hechos imparciales de la historia, compararemos, en principio, las enseñanzas, métodos y acciones de los reformadores protestantes con la Biblia que ellos dicen seguir. Bases para juzgar Conscientes de la actual tendencia hacia el modernismo y al rechazo de la Biblia como autoridad inspirada, diremos sencillamente que la presente serie nace desde el punto de vista de un entendimiento literal y fundamental de la Biblia. La revelación inspirada de Dios será el criterio para determinar la verdad. Para aquellos lectores que sean modernistas o adeptos a la alta crítica, nos limitamos a preguntar: ¿Han comprobado ustedes si la Biblia es de inspiración sobrenatural o no? Una buena forma de desmentirla sería presentar pruebas definitivas de que las veintenas de profecías, que pronuncian juicios específicos sobre las principales ciudades y naciones del mundo antiguo, no se cumplieron. Desafortunadamente, para quienes defienden esta causa, nadie ha podido hacerlo. Otra forma sería poner a Dios a prueba sometiéndose a obedecer su voluntad y luego, con fe verdadera y en oración sincera y creyente, reclamar una de las promesas dadas en la Biblia para ver si un Dios obrador de milagros cumple o no su palabra. Naturalmente, el modernismo no lo ha hecho. No ha podido demostrar que la Biblia carece de inspiración. Por lo tanto, convendría recordar que es de una hipocresía intelectual evidente el burlarse y ridiculizar algo sin tener pruebas de respaldo En vista de lo anterior, mantendremos a la Santa Biblia como la medida espiritual general con la cual evaluaremos esta revisión de la Reforma Protestante. Citaremos además, las declaraciones de los propios reformadores respecto de lo que se proponían hacer. Examinaremos los anales históricos para ver lo que realmente hicieron. Luego, veremos afirmaciones de sus descendientes protestantes y dejaremos que ellos ayuden a pronunciar juicio sobre los resultados finales de la Reforma Protestante. Los objetivos de la Reforma Protestante Veamos lo dicho por el conocido teólogo protestante William Chillingworth: “La Biblia, toda la Biblia, y nada más que la Biblia; es la religión de los protestantes” (Schaff-Herzog, Encyclopedia of Religious Knowledge). En su constante afirmación de que las Escrituras constituyen “la norma inspirada de fe y práctica”, los líderes protestantes se han comprometido a seguir la religión de Jesucristo y sus apóstoles en todos los puntos. Los luteranos, en su libro de Torgau de 1576, declaran que “la regla única por la cual ha de medirse y juzgarse todo dogma y todo maestro, no es otra que los escritos proféticos y apostólicos del Antiguo y el Nuevo Testamentos” (T. M. Lindsay, A History of the Reformation, pág. 467). El común de los protestantes suele aceptar estas afirmaciones como ciertas, suponiendo que por lo menos se acercan mucho a la verdad. Nosotros preguntaríamos: ¿Fueron verdad en el curso de la Reforma Protestante? ¿Son verdad ahora? Conviene recordar también que, en sus escritos y enseñanzas, Juan Knox, entre otros reformadores destacados, reconoció “que toda adoración, honra o servicio a Dios inventado por el cerebro del hombre, dentro de la religión de Dios sin su mandamiento expreso, es idolatría”. Puntualiza con firmeza sus palabras agregando que “en nada os excusará decir: no confiamos en ídolos, por cuanto todos los idólatras sostendrán lo mismo; pero si vosotros o ellos por honrar a Dios hacen cualquier cosa contraria a la Palabra de Dios, mostráis que ponéis vuestra confianza en algo diferente de Dios, por lo cual sois idólatras. Ved, hermanos, que muchos hacen ídolos de su propia sabiduría o fantasía, confiando más en lo que ellos consideran que es bueno; no en lo que es bueno según Dios” (William Hastie, The Theology of the Reformed Church, pág. 50). La advertencia de Knox acerca del “servicio a Dios inventado por el cerebro del hombre”, hace eco sin duda en la condenación pronunciada por Jesús respecto de las “tradiciones de los hombres” (Marcos 7:7-8). Es muy importante comprender este principio antes de intentar comprender el verdadero significado de la Reforma Protestante, porque, como dijo en su sabiduría Salomón: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). No debemos mirar la Reforma Protestante a la luz de las ideas humanas ni de lo que parece razonable al hombre, sino a la luz de las palabras de Cristo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lucas 4:4). Debemos también considerar la advertencia de Jesús contra las tradiciones humanas y el hecho de que los reformadores entendían este principio y decían seguir un curso que se basaba “solo en la Biblia”. ¿Fue “reformada” la verdadera Iglesia de Dios? Para captar correctamente el significado de la Reforma Protestante, debemos considerar otro tema de mayor importancia y que muchos protestantes prefieren no considerar; a saber: ¿Acaso el movimiento protestante se fue por el camino equivocado al reformar la verdadera Iglesia de Dios? ¿Es en realidad la Iglesia Católica Romana la hija desorientada de la Iglesia que Jesucristo prometió edificar? Si no es así, ¿fue entonces el movimiento protestante un simple esfuerzo de hombres por separarse de un sistema falso y duro, el cual reconocen como pagano y endemoniado en muchas de sus creencias y prácticas? En este caso, ¿dónde estaba la verdadera Iglesia de Dios durante los siglos entre los primeros apóstoles y los reformadores protestantes? Jesucristo dijo: “Edificaré mi Iglesia; y las puertas del hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Al final de su ministerio en la Tierra les ordenó a sus apóstoles: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19- 20). ¿Dónde estaba al comienzo de la Reforma Protestante la Iglesia que Jesucristo edificó, la Iglesia a la cual prometió: “Yo estoy con vosotros todos los días”? Si era la Iglesia Católica, tal como aseveran los historiadores católicos, entonces los protestantes estaban simplemente rebelándose contra la Iglesia de Dios en la Tierra. En este caso, por mucho que desearan mejorar las condiciones dentro de la Iglesia, tendrían que haber recordado y obedecido las palabras dichas por Jesús a propósito de los líderes religiosos perversos que eran legítimamente constituidos: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23:3). Pero si la Iglesia Romana no era la Iglesia que Jesucristo edificó, ¿por qué entonces los reformadores no buscaron y se unieron a aquella Iglesia que nunca había participado en el paganismo de Roma, ni estaba contaminada por su falsa doctrina e influencia? Es decir, ¿por qué no se unieron a la Iglesia que Jesús prometió acompañar hasta el fin de los tiempos, la Iglesia de la cual Él es la Cabeza viviente? (Efesios 1:22). ¿Para qué comenzar muchas iglesias nuevas si la única Iglesia verdadera aún existía? O bien, ¿bastaría con purificar la fe la moral de los individuos que estuvieran dispuestos a salir de un sistema romano corrupto? ¡Estas preguntas exigen respuestas! Como veremos más adelante, muchos líderes protestantes, sabiendo que Roma es su verdadero origen, procuran reivindicarla como el verdadero cuerpo de Cristo en la Tierra. Esta suposición pide un examen detenido. ¿Es la única base histórica, invocada por los protestantes, la Iglesia “madre” en Roma para demostrar que descienden de Cristo y sus apóstoles? Veremos La “cristiandad” actual Toda secta o movimiento religioso debe pesarse en la balanza ante estas palabras proféticas de Cristo: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” (Mateo 7:16-17). Un historiador honesto no puede menos de reconocer que la Reforma Protestante trajo como secuela mayor interés y conocimiento de la Biblia entre la gente del común. Además, el conocimiento y las artes que revivieron a raíz del Renacimiento se extendieron más fácilmente a la población entera de las naciones que aceptaron el protestantismo. Es de reconocer que los territorios protestantes mantienen una educación muy superior a las naciones católicas. Y de igual manera, su estándar de vida en lo material, es mucho más alto. Pero volviendo a la raíz del problema, ¿cómo se comparan las normas espirituales de los protestantes modernos con las de la Iglesia inspirada del Nuevo Testamento? ¿Han llegado acaso a una verdadera restauración del “cristianismo apostólico”? O bien, ¿tendría que haber en el futuro, necesariamente, otro trastorno religioso de “limpieza y purificación”? Hablando con sus discípulos sobre los fariseos, líderes religiosos del momento, Cristo dijo: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mateo 15:13). ¿Son los frutos, o resultados, de la Reforma Protestante, capaces de demostrar que el movimiento fue plantado por Dios y utilizado para gloria suya? Recordemos una vez más, desde ahora, que todo cristiano honesto ha de mirar la Reforma Protestante a la luz de las claras enseñanzas y ejemplos de Cristo y los apóstoles: “la Biblia y solamente la Biblia”, que el protestantismo dice que es su “único modelo de fe y práctica”. Si la fe protestante es acertada, entonces podremos comprobarlo. Pero no debemos suponer, sin pruebas, que las doctrinas, creencias y prácticas del protestantismo moderno corresponden a la religión fundada por Jesucristo; el Hijo de Dios. En este más que en cualquier otro tema, es imperativo que lo sepamos. Tenemos que estar seguros. No temamos comparar a Cristo y su Palabra con lo que pretende ser su Iglesia en nuestros días. ¡Es un desafío válido! El cristianismo después de los apóstoles Todos los eruditos concuerdan en que los reformadores protestantes rompieron con la Iglesia Católica. Muy pocos legos conocen el grado de degeneración y depravación en el cual había caído esa entidad antes de la llamada Reforma. Para comprender bien la Reforma Protestante, hay que darse cuenta de ello y de los antecedentes históricos. Es ampliamente sabido que la Iglesia reconocida en los primeros tiempos del Imperio Romano alteró por completo muchas de las creencias y prácticas de Cristo y los apóstoles. Es preciso entender la naturaleza de esos cambios a fin de evaluar bien la Reforma Protestante que vino después. Y al considerar los hechos del sistema romano, debemos preguntarnos: “¿Es esta la historia de la verdadera Iglesia de Dios?” Primeras apostasías Un cambio misterioso transformó la vida, doctrina y culto de la Iglesia visible en los cincuenta años que siguieron a la muerte de los primeros apóstoles. Así lo describe Jesse Lyman Hurlbut: “Después de la muerte de san Pablo, y durante cincuenta años, sobre la Iglesia pende una cortina a través de la cual en vano nos esforzamos por mirar. Cuando al final se levanta alrededor del año 120 DC, con los registros de los padres primitivos de la Iglesia, encontramos una Iglesia muy diferente en muchos aspectos a la de los días de san Pedro y san Pablo.” (Historia de la Iglesia Cristiana, pág. 39). Esta extraña transformación trae a la mente el comentario pesimista del apóstol Pablo: “Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4). El apóstol Pedro hizo una advertencia parecida en su segunda epístola: “Hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado” (2 Pedro 2:1-2). De hecho, cuando el apóstol Juan escribió su última epístola, alrededor del año 90 DC, la adulteración de la fe verdadera ya era rampante, y los falsos maestros iban imponiéndose dentro de las congregaciones de la Iglesia. Juan dice que un cierto Diótrefes ya estaba excomulgando a los que insistían en la verdad, y “no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la Iglesia” (3 Juan 9-10). Edward Gibbon describe esta parte de la historia eclesiástica con el ojo frío del historiador secular: “Un deber más triste se impone al historiador. Tiene que descubrir la mezcla inevitable de error y corrupción que contrajo durante una larga permanencia sobre la tierra, entre una raza de seres débiles y degenerados” (Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, Vol. I). Las asambleas cristianas visibles, subvertidas por falsos maestros con sus ambiciones mundanas, comenzaron a adoptar las prácticas y costumbres de los antiguos paganos, en lugar de la fe y práctica inspirada de la Iglesia apostólica original. “El cristianismo ya empezaba a lucir el traje del paganismo” (James Wharey, Sketches of Church History, pág. 39). El culto a Dios desde el corazón empezó a reemplazarse con ceremonias y ritos hasta que finalmente toda la religión llegó a consistir en eso y poco más (Wharey, pág. 40). Esto se aplica, desde luego, solamente a la Iglesia reconocida en general. Algunos continúan la práctica apostólica Pese a la apostasía de las mayorías, abundan pruebas históricas que señalan la existencia de varias sociedades cristianas, unas aferradas a buena parte de la verdad, otras a muy poca, que continuaban siguiendo las doctrinas y prácticas básicas de la Iglesia original hasta los tiempos de la Reforma Protestante. Gibbon habla de la suerte de los principales imitadores de la Iglesia apostólica original, llamados los “nazarenos”, que “habían fundado la Iglesia (pero) se vieron luego arrollados por la creciente multitud, de todas las ramas del politeísmo, que se iba alistando bajo las banderas de Cristo; y los paganos que, con el beneplácito de sus propios apóstoles particulares se habían descargado del peso intolerable de las ceremonias mosaicas, denegando finalmente a sus hermanos la misma tolerancia que antes habían pedido rendidamente para su propia práctica” (Gibbon). Así, encontramos que los gentiles empezaron a introducir en la Iglesia las costumbres de sus antiguas religiones paganas, y una actitud de desprecio por quienes seguían fieles al ejemplo y la práctica de Cristo y los primeros apóstoles. Tal actitud fue, sin duda, la razón por la que Diótrefes podía “expulsar” a los verdaderos hermanos con la aprobación, según parece, de las congregaciones. No siendo el propósito de esta serie trazar la historia del pequeño cuerpo de creyentes que permanecieran fieles a la fe y al culto apostólico, y como es práctica común entre los historiadores eclesiásticos de las iglesias distorsionar o menospreciar las creencias de esos grupos, conviene incluir unas palabras de Hurlbut en que reconoce la dificultad de determinar las verdaderas creencias de esas personas, e incluso de las verdaderas “herejías” de la época: “Acerca de estas sectas, y por lo general denominadas herejías, la dificultad de comprenderlas surge de que (excepto los montanistas) sus propios escritos ya no existen. Para formar nuestros conceptos acerca de ellos dependemos de los que escribieron en su contra que sin duda estaban prejuiciados. Supongamos, por ejemplo, que los metodistas como denominación y con toda su literatura dejasen de existir y que mil años después los estudiantes procurasen investigar sus enseñanzas de los libros y folletos escritos en el siglo dieciocho en contra de Juan Wesley. ¡A qué conclusiones tan erróneas llegarían y qué cuadro tan falso del metodismo se presentaría!” (Historia de la Iglesia Cristiana, págs. 60-61). Súmese a tan escasos indicios históricos el hecho de que muchos historiadores eclesiásticos modernos escriben desde un punto de vista religioso que prejuzga las prácticas y creencias apostólicas, y resulta fácil percibir la dificultad inherente en llegar a la verdad acerca de tales cristianos en tiempos pasados. No obstante, el testimonio de los enemigos también trae pruebas abundantes de que hasta el día de hoy ha existido una cadena continua de fieles creyentes. El desarrollo de la Iglesia Católica Si bien como hemos visto, en el plazo de cincuenta años desde la muerte de los apóstoles, buena parte de la verdad pereció en las congregaciones locales, la Iglesia Católica no se desarrolló como tal hasta el siglo cuarto. Antes de eso, había muchas divisiones y fraccionamientos dentro de la Iglesia reconocida, pero el avance de la idolatría en sí se retardó a causa de la persecución por parte del Estado romano que impedía la entrada de muchos paganos y de tal modo conservó algo de la pureza de la Iglesia. Aun así, era en su mayor parte una pureza dentro del error, pues la teología de la época se había alejado a tal punto de las enseñanzas de Jesús y los apóstoles, que muchas doctrinas ya se basaban en las ideas de Platón y otros filósofos paganos. Orígenes, uno de los grandes “padres de la Iglesia” de ese período, era admirador de esa filosofía y la invocaba para explicar las doctrinas del evangelio. “Esto lo llevó a interpretar las Escrituras por el método alegórico” (Wharey, pág. 46). Refiriéndose a este período, Gibbon describe el desarrollo paulatino de lo que llegó a ser la jerarquía católica, que tuvo por modelo el gobierno de Roma imperial: “Los primitivos cristianos estaban fuera de los negocios y los placeres de este mundo, pero su afán por la acción, que nunca podría ser enteramente extinguido, pronto revivió y encontró una ocupación nueva en el gobierno de la Iglesia” (Gibbon). Del desarrollo de este gobierno eclesiástico nos dice que pronto siguió el modelo de los sínodos provinciales, con la unión de varias iglesias de una zona bajo el liderazgo del obispo de la iglesia que tenía más miembros y se situaba por lo general en la ciudad principal (Gibbon, págs. 413-415). Con la conversión de Constantino al cristianismo nominal, el gobierno de la Iglesia comenzó a seguir cada vez más el patrón del Estado romano. Wharey dice que “bajo Constantino el Grande, la Iglesia se conectó primero con el estado, y en su gobierno se acomodó a tal conexión sobre principios de las políticas de estado” (Church History, pág. 55). Corrupción y decaimiento moral Los crecientes vicios y corrupción entre los ministros se relata en la obra de Mosheim, quien describe el ansia de poder que entró primero en el corazón y la mente de los líderes espirituales de ese período: “Los obispos protagonizaban riñas vergonzosas respecto de los límites de sus sedes y el alcance de su jurisdicción; y mientras pisoteaban los derechos del pueblo y del clero inferior, rivalizaban con los gobernadores civiles de las provincias en cuanto a lujo, arrogancia y voluptuosidad” (Institutes of Ecclesiastical History, pág. 131). Cuando Constantino se convirtió en emperador único del Imperio Romano en el año 323 DC, en cuestión de un año el cristianismo, al menos de nombre, fue reconocido como la religión oficial del Imperio. Este reconocimiento no afectó en nada al gobierno de la Iglesia ni la moral de sus ministros, pero sí tuvo una influencia profunda sobre la Iglesia en su totalidad y sobre sus miembros. Toda persecución contra la Iglesia establecida cesó de una vez y para siempre. Pronto, se proclamó el antiguo “día del Sol” como día de reposo y culto. Los templos paganos se consagraron como iglesias. Los ministros no tardaron en convertirse en una clase privilegiada, por encima de las leyes imperantes. Ahora todo el mundo quiso afiliarse a la Iglesia. “Hombres mundanos, ambiciosos, sin escrúpulos, buscaban puestos en la Iglesia para obtener influencia social y política… No vemos al cristianismo que transforma al mundo a su ideal, sino al mundo que transforma a la Iglesia” (Hurlbut, pág. 73). “Los servicios de adoración aumentaron en esplendor, pero eran menos espirituales y sinceros que los de tiempos anteriores. Las formas y ceremonias del paganismo gradualmente se fueron infiltrando en la adoración. Algunas de las antiguas fiestas paganas llegaron a ser fiestas de la Iglesia con cambio de nombre y de adoración. Alrededor del 405 DC, en los templos comenzaron a aparecer, adorarse y rendirse culto a las imágenes de santos y mártires” (Hurlbut, pág. 73). Cuando el cristianismo se adoptó como religión del Imperio, la Iglesia y el Estado se convirtieron en un sistema integrado. El sistema romano católico había comenzado, y Hurlbut nos dice que “la Iglesia usurpó poco a poco el poder al estado. Como resultado, no había cristianismo, sino una jerarquía más o menos corrupta que dominaba las naciones europeas y que convirtieron fundamentalmente a la Iglesia en una maquinaria política” (Hurlbut, pág. 74). El catolicismo llega al poder En los dos años después que el llamado cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, Constantino eligió y construyó una nueva capital. Optó por la ciudad griega de Bizancio por su ubicación, que le ofrecía una seguridad relativa contra los estragos de las guerras que tantas veces habían asolado a Roma. Poco después se produjo la división del Imperio y Constantino nombró emperadores asociados para el Occidente. La división del Imperio preparó el camino para el cisma de la Iglesia Católica. Al mismo tiempo, facilitó la exaltación del obispo romano, que dejó de estar bajo la sombra del emperador. En ese período, la Iglesia establecida gobernó con supremacía, y todo intento por regresar a la fe apostólica era castigado con severidad como un atentado contra el Estado mismo. “Se decretó una ley para que nadie escribiera ni hablara en contra de la religión cristiana. De modo que todos los libros de sus opositores deberían quemarse” (Hurlbut, pág. 78). Es evidente que los que pudieron conservar mucha verdad en este período, estaban privados de medios para dejar constancia de su fe para las generaciones futuras. El edicto logró reprimir las herejías, pero también logró sofocar toda verdad que chocara con la doctrina católica. En cuanto al contenido de esa doctrina, dice Wharey: “La teología de ese siglo comenzó a sufrir mucha adulteración y corrupción con supersticiones y filosofías paganas. De allí que se vean rastros claros de veneración excesiva por los santos fallecidos, de la creencia en un estado del purgatorio para las almas después de la muerte, del celibato del clero, de la adoración de imágenes y reliquias, y de muchos conceptos más, que con el transcurso del tiempo llegaron casi a desterrar la religión verdadera o al menos la esfumó y corrompió en gran medida” (Church History, pág. 60). Vemos así, con el tiempo, que al avanzar la Iglesia Católica fueron aumentando la superstición, el paganismo y la idolatría. El desarrollo del poder papal fue un hecho sobresaliente en los diez siglos de la Edad Media. El pontífice de Roma llegó a reclamar potestad no solo sobre los demás obispos sino sobre las naciones, reyes y emperadores (Hurlbut, pág. 98). “Gregorio I (590-604) hizo de la Iglesia la virtual gobernante en la provincia alrededor de Roma, y fue él quien promulgó la doctrina del purgatorio, la adoración de imágenes y la idea de la transubstanciación. George Park Fisher se refiere a aquel período en estos términos: “La navidad como fiesta, se originó en el Occidente (Roma), y de allí pasó a la Iglesia Oriental. En ese tiempo muchos cristianos seguían tomando parte en la fiesta pagana del año nuevo” (History of the Christian Church, pág. 119). En cuanto a las controversias sobre doctrina que se propagaron por la Iglesia en ese tiempo, dice: “La interferencia del Estado en asuntos de doctrina es un hecho que pide atención particular. En la filosofía continuaba predominando la influencia de Platón: Agustín, lo mismo que Orígenes, estaban embebidos del espíritu platónico” (Fisher, pág. 121). ¡Esta es una afirmación inequívoca de que las enseñanzas filosóficas de pensadores paganos como Platón influyeron claramente en las posiciones doctrinales de muchos de los primeros “padres de la Iglesia”! Apogeo y declive del prestigio papal La supremacía papal llegó a su apogeo con Gregorio VII, nacido Hildebrando. En su papado vemos el espectáculo del emperador del momento, Enrique IV, buscando la absolución papal después de haber sido excomulgado: “habiendo puesto a un lado todas las posesiones reales, con los pies descalzos y vestido de lana, permaneció por tres días de pie ante la puerta del castillo” (Hurlbut, pág. 64). Otro punto culminante en el avance de la autoridad papal fue el mandato de Inocencio III. En su primer discurso como pontífice declaró: “El sucesor de san Pedro ocupa una posición intermedia entre Dios y el hombre. Es inferior a Dios, pero superior al hombre. Es el juez de todos, pero nadie lo juzga” (Hurlbut, pág. 64). Poco después sobrevino un período conocido como el “cautiverio en Babilonia” de la Iglesia (1305-1378). La influencia política del rey francés logró que el papado se trasladara de Roma a la ciudad de Aviñón, en el Sur de Francia. Los escándalos políticos y morales del papa y el clero en todo este período debilitaron la influencia papal y comenzaron a preparar las mentes para los intentos de reforma que vendrían (Mosheim, pág. 490). No se puede dudar que en la Iglesia Católica había muchos hombres buenos y sinceros, aun en este período. Pero quienes los antecedieron ya se habían desviado totalmente de las doctrinas y prácticas de Cristo y los apóstoles; reemplazándolas con filosofías y doctrinas paganas sobre fiestas paganas, ayunos, imágenes, reliquias y diversas prácticas más; todo lo cual haría virtualmente imposible para la mayoría de los hombres captar las sencillas verdades de la Biblia, aunque lo desearen. Y, dada la ignorancia y la barbarie imperantes entonces, la mayor parte de los hombres y mujeres del común serían incapaces de leer las Escrituras aunque las tuvieran a mano y desearan hacerlo (Mosheim, pág. 491). No obstante, el abuso continuo de la autoridad eclesiástica por parte de un clero ignorante y ávido, así como los constantes escándalos de la corte papal y la participación comprometedora de pontífices y cardenales en asuntos tanto temporales como religiosos, son factores que contribuyeron en gran medida al despertar de un espíritu de cuestionamiento entre las masas del pueblo. Al término del llamado “cautiverio en Babilonia” en 1378, el papa Gregorio XI regresó a Roma. A su muerte, las presiones y maniobras políticas acabaron por producir dos papas, ¡Ambos elegidos por los cardenales! Entonces el mundo presenció el espectáculo de los jefes nominales de la cristiandad lanzándose maldiciones, acusaciones y excomuniónes durante un lapso de muchos años. Mosheim describe así el triste estado de las cosas: “Durante cincuenta años la Iglesia tuvo dos o tres cabezas, y los pontífices contemporáneos se agredían con excomuniones, maldiciones y complots. Las calamidades y penalidades de aquellos tiempos son indescriptibles, pues, además de las contenciones y guerras perpetuas entre las facciones papales, que eran ruinosas para muchos, como que los hacían parte de la pérdida de vidas y propiedad; en muchos lugares llegó a extinguirse casi todo sentido de la religión, y la maldad alcanzó diariamente mayor impunidad y osadía; el clero, antes corrupto, ahora hizo de lado incluso la apariencia de piedad y rectitud, mientras los que se decían vicerregentes de Cristo libraban guerra abierta entre sí y el pueblo consciente, el cual creía que nadie podía salvarse sin vivir en sujeción al vicario de Cristo, caía en la mayor perplejidad y angustia mental” (Mosheim, pág. 496). Tal era el estado de provocación en que se hallaba la “cristiandad” en vísperas de la Reforma Protestante. Muy válida es la pregunta: “¿Era esta la Iglesia que Jesucristo edificó?” Precursores de la Reforma Protestante La historia nos presenta unos extraños dilemas. A menudo se acepta una de dos alternativas en cuanto a la existencia de la Iglesia verdadera durante la Edad Media. Una es que la Iglesia de Dios como cuerpo de creyentes organizado y visible dejó de existir durante cientos de años. La otra es que la Iglesia Católica, cuya total depravación acabamos de describir, era la única descendiente legítima de la Iglesia que Jesús prometió edificar (Mateo 16:18). Sin embargo, muchos historiadores empiezan a darse cuenta de que existían grupos de creyentes en la verdad apostólica dispersos por casi todos los países de Europa antes del tiempo de Lutero (Mosheim, pág. 685). Tiempo antes del amanecer de la Reforma Protestante propiamente, muchos de estos movimientos y sociedades religiosas independientes se hicieron sentir con más fuerza al declinar la influencia y el poderío de los papas. Algunos, sin duda, comprendían remanentes de quienes creían en la verdad apostólica, ahora reducidos al olvido impuesto sobre ellos por las persecuciones y agresiones periódicas. Entre ellos, los albigenses o cátaros “puritanos” llegaron a destacarse en el Sur de Francia alrededor del año 1170. Los cátaros se valían mucho de las Escrituras, si bien se dice que rechazaban partes del Antiguo Testamento (Williston Walker, A History of the Christian Church, pág. 250). Tradujeron e hicieron circular copias del Nuevo Testamento, repudiaban la autoridad de la tradición y atacaban las doctrinas católicas del purgatorio, el culto a las imágenes y varias reclamaciones sacerdotales. Parece que su doctrina era una mezcla de verdad y error, y su rechazo a la autoridad papal trajo sobre ellos una “cruzada” por orden del papa Inocencio III, en 1208. Como resultado, dicho grupo quedó casi erradicado por la matanza indiscriminada de la mayor parte de los habitantes de la zona, entre ellos también muchos católicos (Hurlbut, pág. 123). Los valdenses Otro grupo disperso de creyentes en las enseñanzas y prácticas apostólicas eran los llamados valdenses. Mosheim cuenta que los valdenses “se multiplicaron y extendieron con asombrosa rapidez entre todos los países de Europa, ni pudo exterminarlos ningún castigo, fuese la muerte o alguna otra forma de persecución” (pág. 429). Es indudable que entre los denominados valdenses había elementos diversos. Unos se atenían a más verdades apostólicas que otros. Unos, según se informa, “miraban la Iglesia romana como una verdadera Iglesia de Cristo, si bien extremadamente corrupta”. Pero otros “mantenían que la Iglesia de Roma había apostatado de Cristo, carecía del Espíritu Santo y era aquella ramera babilónica mencionada por San Juan” (Mosheim, pág. 430). Como ya hemos visto, los enemigos de estos grupos cristianos dispersos los han acusado a menudo y falsamente en cuanto a sus doctrinas, y buena parte de la verdad que conservaban de las Escrituras probablemente se ha perdido con la destrucción de sus escritos originales. Pero en ocasiones, aun sus enemigos daban testimonio elocuente de la moral y doctrina de los valdenses. La obra Church History de Wharey refiere en un apéndice el incidente que sigue, tomado de una fuente antigua y respetada, el cual es indicativo de la fe y la práctica de los antiguos valdenses: “El rey Luis XII, recibiendo información de los enemigos de los valdenses, habitantes de Provenza, en cuanto a diversos crímenes horrendos que les endilgaban, despachó al lugar a monsieur Adam Fumee, maestro de peticiones, y cierto doctor de la Sorbona, de nombre Parui, que era su confesor, para indagar sobre el asunto. Visitaron todas sus parroquias y templos, no hallando en ellos ni imágenes ni señal de los ornamentos pertenecientes a la misa, ni a las ceremonias de la Iglesia Romana. Mucho menos pudieron descubrir alguno de aquellos delitos de que los acusaban; sino más bien, que guardaban el día de descanso debidamente, hacían bautizar a sus hijos conforme a la Iglesia primitiva, les enseñaban los artículos de la fe cristiana y los mandamientos de Dios. El Rey, escuchando el informe de dichos comisionados, dijo, con juramento, que eran mejores hombres que él o su pueblo” (J. Paul Perrin, History of the Waldenses, Libro I, Cap. V). Es evidente que había mucho conocimiento de la “fe una vez dada” en la mente de muchos hombres y mujeres fieles durante la Edad Media. Solían reunirse en cuerpos religiosos para fines de culto. Aunque a veces dispersos y perseguidos, eran, de hecho, una Iglesia que llevaba adelante el espíritu, la fe y las prácticas de Cristo y sus apóstoles. Debemos tener presente que el conocimiento de la verdad y la práctica apostólica que ellos mantenían estaba allí para Lutero y los demás reformadores si la hubieran deseado. Además de estos grupos de creyentes dispersos que habían existido independientes de Roma durante cientos de años, había otros líderes religiosos dentro de la Iglesia Católica que se alarmaron ante la descomposición papal y que pidieron reformas antes de la Reforma Protestante propiamente dicha. La obra de John Wycliffe Uno de los reformadores más destacados antes de la Reforma Protestante fue John Wycliffe, nacido alrededor de 1324 en Yorkshire, Inglaterra, y conocido como “el lucero del alba de la Reforma Protestante”. En Oxford se distinguió como erudito y se hizo doctor en teología, con varios cargos honoríficos en la universidad. Pronto se convirtió en líder de los que intentaban combatir una serie de abusos descarados por parte del clero. Wycliffe dirigió sus ataques contra los frailes mendicantes y el sistema monástico y finalmente se opuso a la autoridad del Papa en Inglaterra. También se pronunció por escrito contra la doctrina de transubstanciación y abogó por servicios eclesiásticos más sencillos y conformes al modelo del Nuevo Testamento. Enseñó que las Escrituras son la única ley de la Iglesia. Sin embargo, no rechazó el papado del todo, sino únicamente lo que consideraba abuso del mismo (Walker, pág. 299). La incompetencia del clero lo llevó a despachar predicadores, sus “sacerdotes pobres”, que en parejas recorrían el país, laborando allí donde veían alguna necesidad. Su éxito fue grande porque ya había un fuerte resentimiento contra los impuestos papales del extranjero y un anhelo de regresar a una fe más bíblica. Wycliffe enseñaba la obediencia al decálogo Si bien nunca desarrolló su doctrina a fondo y desde su nacimiento estuvo muy imbuido de los conceptos católicos de su época, Wycliffe percibió claramente la necesidad de restaurar la obediencia a los diez mandamientos. No recurría jamás a las argucias de los reformadores posteriores para evadir esta doctrina apostólica. Augustus Neander, docto historiador, describe su actitud franca. Dice que una de las primeras empresas de Wycliffe como reformador “fue una exposición detallada de los diez mandamientos, en que contrastaba la vida de inmoralidad vigente entre todos los rangos de su época, y lo que se requiere en estos mandamientos. Sin duda debemos tener en mente lo que él mismo dice: que llegó a esto por el desconocimiento del decálogo que se manifestaba en la mayor parte de las personas y que se propuso contrarrestar una tendencia que indicaba mayor interés en las opiniones de los hombres que en la ley de Dios. Pero al mismo tiempo, no podemos menos de percibir una inclinación a adoptar en su totalidad la forma de ley del Antiguo Testamento, que se manifiesta en su aplicación de la ley del sábado a la observancia cristiana del domingo” (General History of the Christian Religion and Church, Vol. IX, Parte I, págs. 200-201). Fue quizá desafortunado que Wycliffe no dejara ningún seguidor claramente apto para llevar adelante su obra en Inglaterra, pero su traducción de la Biblia al idioma inglés, completada entre 1382 y 1384, trajo un beneficio grande y duradero a sus contemporáneos. “El mayor servicio que prestó al pueblo inglés fue su traducción de la Biblia y su defensa abierta del derecho de leer las Escrituras en su propia lengua” (Fisher, pág. 274). Aunque sus opiniones fueron condenadas por la jerarquía romana, los intentos por encarcelarlo resultaron sin efecto a causa de sus amigos y seguidores. Pudo regresar a su parroquia en Lutterworth, donde falleció de causas naturales. Con su muerte, la importancia política del movimiento de los lolardos, como se le llamaba, tocó a su fin. Algunos de sus seguidores, sin embargo, permanecieron activos, principalmente en secreto, hasta la Reforma Protestante. Pero sus escritos y enseñanzas habían salido al exterior, y cómo lo dice un historiador: “La influencia principal de Wycliffe sería en Bohemia y no en la tierra que lo vio nacer” (Walker, pág. 301). El renacer husita El hecho de que las ideas de Wycliffe tuvieran mejor acogida en Bohemia que en Inglaterra, se debió casi enteramente a los esfuerzos de Juan Hus. Hus nació en Bohemia en 1369. Era estudiante fervoroso de los escritos de Wycliffe y predicaba la mayor parte de sus doctrinas, en especial las que se dirigían contra las incursiones papales. Como rector de la Universidad de Praga, Hus ejerció desde muy pronto una influencia dominante en Bohemia. Al principio, según parece, tenía esperanzas de reformar la Iglesia desde adentro y contaba con la confianza de sus superiores eclesiásticos. Pero como predicador, denunció los pecados del clero con gran celo y empezó a despertar recelo. Nombrado para investigar algunos supuestos milagros de la Iglesia, acabó por declarar que eran espurios y dijo a sus seguidores que dejaran de buscar señales y prodigios, y escudriñaran más bien las Escrituras. Finalmente, “su apasionada condenación de la inicua sala de indulgencias trajo sobre él la excomunión papal” (Fisher, pág. 275). El Rey, que simpatizaba con él, lo convenció de que se exiliara. Pero lamentablemente, más tarde aceptó comparecer ante el Concilio de Constanza cuando el Emperador prometió extenderle un salvoconducto. Defendió sus enseñanzas argumentando que coincidían con las Escrituras, pero el Concilio terminó por condenarlo y entregarlo al poder civil para su ejecución. Este era el método acostumbrado para preservar la “inocencia de la Iglesia Católica” en asuntos como este. La promesa de “salvoconducto” del Emperador se incumplió conforme al principio católico de que “la fe no se guardaría con herejes” (Hurlbut, pág. 124). La cruel sentencia fue que Hus moriría en la hoguera. Su muerte valerosa, y un año después la de Gerónimo de Praga, quien compartía sus ideales y su espíritu reformador en Bohemia, habrían de influir en sus compatriotas por muchos años (Fisher, pág. 276). Girolamo Savonarola Alrededor de 1452 nació en Florencia, Italia, un individuo que había de plantear un desafío a la corrupción papal en su propio territorio. Ese individuo era Girolamo Savonarola. A tal punto llegó su disgusto con la vileza y el desenfreno a su alrededor, que se hizo monje de la orden dominicana, en parte para evadir la maldad que le rodeaba. Predicó contra los males eclesiásticos, sociales y políticos de su época; sin salvedades por la edad, sexo ni condición de las personas. Al principio, la ciudad se negó a escucharlo, pero más tarde llenaba la Catedral hasta el tope. Sus sermones dejaron de ser razonados, y comenzó a predicar en el nombre del Altísimo (Fisher, pág. 276). Durante algún tiempo, produjo lo que parecía ser una reforma en la ciudad, y fue por poco tiempo la virtual autoridad política y religiosa de la ciudad de Florencia. Pero sus políticas le ganaron enemigos acérrimos, entre ellos el papa Alejandro VI. Ante su negativa a guardar silencio, lo excomulgaron, prendieron y encarcelaron. Tras un juicio enteramente sesgado, Savonarola murió en la horca; luego lo quemaron y lanzaron sus cenizas al río Arno. Los historiadores concuerdan en que los intereses de Savonarola se inclinaban mucho menos a la reforma doctrinal que a la purificación de la moral. Era un objetivo que pretendía alcanzar desde el interior de la Iglesia Católica; y podemos señalar que fue igual, en gran medida, con Wycliffe y Hus. Los tres fueron formados dentro de la fe católica, con sus prácticas y sus puntos de vista. Y los tres, con la posible excepción de Wycliffe, murieron siendo católicos de hecho, si bien procuraban realizar una reforma dentro de ese cuerpo religioso. Parece claro que ningún hombre corriente, por hábil y celoso que fuera, sería capaz de purgar la depravación de la Iglesia Católica en general. Ante la ampliación del poder papal, los únicos que podrían efectuar una purificación así serían el pontífice y su corte más cercana. Obstáculos a una verdadera Reforma Protestante Pese a lo anterior, eran tales los excesos del inicuo sistema, tan flagrante la venta de cargos eclesiásticos, tan abundantes las ventas de indulgencias y demás ingresos de la Iglesia, que cualquier reformador sincero dentro de la corte papal habría comprendido la inutilidad de acometer semejante empresa. “Cuando los hombres habían dedicado la totalidad de su fortuna a la compra de un cargo lucrativo, que se ofrecía al mejor postor, ¿no sería acaso monstruoso abolir todos aquellos cargos? Y no había dinero para dar compensación. A la muerte de León X, el papado estaba no solo endeudado sino en bancarrota. Un pontífice reformador no tendría ninguna posibilidad de prevalecer. Toda puerta estaba cerrada, toda rueda frenada” (Plummer, The Continental Reformation, pág. 15). No obstante, en todas las naciones de Europa se estaban cometiendo muchos abusos políticos, sociales y económicos que exigían reforma… por no hablar de los abusos arrolladores en el ámbito religioso. De un modo o de otro, como veremos, una especie de trastorno universal estaba destinado a sacudir la fachada de tranquilidad de esa época. Como hemos visto, los mismos hombres que procuraron reformar el sistema corrupto estaban tan indoctrinados con las enseñanzas de Roma que les era muy difícil romper con ellas enteramente. Debemos tener en cuenta que todos estos hombres, al igual que Lutero, Zwingli, Calvino y sus asociados; se habían formado dentro de las doctrinas y prácticas de la Iglesia Católica. No se les había enseñado cosa diferente, y como prácticamente no había libros religiosos ni Biblias en las lenguas del pueblo, conocían muy poco aparte de la fe en las ceremonias, los rituales y las tradiciones del catolicismo. Siendo así, resultaba a todas luces imposible para ellos comparar objetivamente el sistema religioso en el cual se criaron con las creencias y prácticas de Jesucristo y la Iglesia inspirada del Nuevo Testamento. Sin embargo, desde el punto de vista espiritual, la verdadera incógnita del momento no era si habría o no algún tipo de reforma, sino si habría un regreso a la “fe una vez dada”. Había una necesidad imperiosa de regresar al auténtico cristianismo apostólico. Un regreso a la fe y la práctica apostólica de Cristo, y la Iglesia habría dado paso a una nueva era de rectitud y adoración, de paz y felicidad. ¿Se produciría una verdadera reforma de este tipo? Es la pregunta que debería grabarse en la mente y el corazón de todo hombre pensante, porque la respuesta final determinará en gran medida el verdadero alcance de la división y la confusión religiosa de nuestros días. La respuesta a estas preguntas vitales, la aclaración de este fascinante misterio, aparecerá en la siguiente entrega de esta serie de artículos.

  • EL ENGAÑO TRAS BLACK LIVES MATTER (BLM)

    10 de agosto de 2020 – Una revolución se desata en Estados Unidos. Si una imagen pudiera caracterizar esta revolución, sería la escena reciente de quemar la bandera estadounidense y las Biblias en uno de los disturbios nocturnos de Portland.  La quema es una clara provocación, destinada a ofender e indignar. Su objetivo es atacar aquellas cosas que todavía tienen significado para innumerables estadounidenses: Dios, el país, la familia. El acto simbólico comunica un deseo incendiario de ver reducidas estas cosas a cenizas. El movimiento Black Lives Matter (BLM) es el paraguas bajo el cual esto está sucediendo en Estados Unidos. Sus militantes circulan en estas protestas. El lema “las vidas negras importan” está pintado y coreado en todas partes por los alborotadores. El presidente de Greater New York Black Lives Matter, Hawk Newsome, amenazó con ” quemar el sistema y reemplazarlo ” si no se cumplían sus demandas.   Estos simpatizantes superficiales de BLM excusan la violencia como los excesos de quienes expresan su justa ira contra un establecimiento “racista” y la brutalidad policial. Los medios de comunicación hacen girar los informes sobre las protestas para apoyar este mito. Muy pocos se toman la molestia de profundizar más. Si lo hicieran, verían que el movimiento BLM no se corresponde con la imagen mental promovida por los medios. Las cofundadoras de BLM Patrisse Cullors y Alicia Garza son marxistas reconocidas y “formadas “. No ocultan su programa para destruir Estados Unidos, como la mayoría lo sabe. Cavando más profundo Sus objetivos radicales se pueden encontrar en el sitio web de BLM y en numerosos artículos, tweets y entrevistas. Se extienden mucho más allá de la lucha por los derechos civiles de antaño. El manifiesto de creencias de BLM quiere derrocar la sociedad “racista” actual y reemplazarla por una sociedad socialista igualitaria que abrace a todos los grupos e identidades “oprimidos” – incluyendo clase, identidad de género, orientación sexual y estatus migratorio.   Por ejemplo, el movimiento busca “interrumpir el requisito de estructura de la familia nuclear prescrito por Occidente al apoyarse mutuamente como familias extendidas y ‘aldeas’ que se cuidan colectivamente entre sí”. La suya es “una red de afirmación queer. Cuando nos reunimos, lo hacemos con la intención de liberarnos de las garras del pensamiento heteronormativo “. Quizás su creencia más peligrosa es su obstinada adhesión a la ideología de la lucha de clases, aplicándola a su causa. En este caso, reduce todos los problemas a un racismo “sistémico” al que hay que oponerse en todas las estructuras e instituciones sociales. Crea una división falsa de la sociedad y pone a todas las categorías raciales e identitarias en guerra con el orden establecido actual.    Así, por ejemplo, el movimiento BLM quiere abolir la policía y las prisiones como instrumentos del “ imperialismo heteropatriarcal capitalista supremacista blanco ” . “Apunta a todas las manifestaciones del capitalismo como herramientas de opresión y busca diferir y eventualmente abolir el alquiler, las hipotecas y las tarifas de servicios públicos.   Su posición religiosa recurre a la teología de la liberación infinitamente reciclada que aplica el Evangelio a la narrativa marxista de la lucha de clases. Cristo se convierte en el redentor de los oprimidos contra el establecimiento opresor. Su cofundadora Patrisse Cullors recurre a antiguos rituales paganos a los antepasados ​​y espíritus en busca de ayuda en la lucha.   La idea de lucha de BLM también apunta a la Iglesia tradicional y jerárquica que ve como una herramienta de opresión blanca. Así, militantes y simpatizantes como Shaun King piden el derrocamiento de las representaciones, santos y vidrieras de Jesús “blanco” . Todas las cosas que tradicionalmente representan a Dios y su ley moral deben desaparecer. Presentando un falso dilema Con objetivos tan radicales, es difícil imaginar por qué el público simpatizaría con el movimiento. Aún más desconcertante es el apoyo del sistema “racista” que BLM quiere destruir inequívocamente. Las figuras del deporte, los directores ejecutivos de tecnología y los clérigos parecen tropezarse entre sí para ver quién puede empatizar más que el otro al mimar la causa de BLM.  BLM enmarcó con éxito el debate para obtener el apoyo de muchos estadounidenses que están en contra del racismo. BLM y la izquierda culpan al racismo de los sufrimientos de todos los negros. Además, hicieron que el racismo fuera “sistémico” de modo que sólo un cambio radical del sistema estadounidense produciría resultados. Ningún individuo puede hacer nada al respecto, excepto para enmendar su participación en el sistema. A los estadounidenses se les presenta la opción de apoyar la lucha “antirracista” o arriesgarse a ser etiquetados como racistas. Como todas las alternativas de izquierda, las dos opciones representan un falso dilema.  Mientras no se denuncie y rechace este falso dilema, la causa BLM seguirá avanzando. Por qué la narrativa de BLM está mal Los estadounidenses deben asumir rápidamente el hecho de que esta narrativa de BLM es incorrecta. No corresponde a la realidad y destruirá la América cristiana.  La narrativa de BLM es incorrecta porque la principal causa del sufrimiento de la comunidad negra no es el racismo. El racismo puede influir en el problema, pero no es la causa principal de la difícil situación de gran parte de la comunidad negra.  Lo que hunde a los estadounidenses de cualquier color en la pobreza es la ruptura de la familia y la vida moral. La comunidad negra de Estados Unidos sufre especialmente de padres ausentes, madres solteras que luchan y niños sin una vida familiar estable y moral.   Esta ruptura familiar y moral crea un ciclo de pobreza y sufrimiento que dificulta, pero no imposibilita, la buena crianza de los niños. Generalmente, las personas de cualquier raza que establezcan una vida familiar estable y sigan fielmente el código moral cristiano prosperarán en la sociedad estadounidense. Estudio tras estudio apoya esta conclusión . Cualquier acción para debilitar estas dos cosas agrega más leña al fuego de la terrible crisis dentro de la comunidad negra y todas las comunidades estadounidenses.  La narrativa de BLM está equivocada porque toma este problema moral y se convierte en uno racial. Al hacer esto, el individuo que se porta mal es absuelto de la obligación de vivir moralmente y de todos los deberes hacia la familia, la comunidad, la nación y Dios. Toda la culpa se atribuye a un sistema racista impuesto por una mayoría blanca.    Aún peor, la narrativa de BLM está equivocada porque propone destruir las instituciones, tradiciones y estructuras sociales necesarias para ayudar a resolver el problema. En lugar de fortalecer la familia, BLM tiene como objetivo “interrumpir la estructura familiar nuclear prescrita por Occidente” en favor de formas más fluidas de vivir juntos. En lugar de trabajar dentro de un sistema probado que trae prosperidad, BLM propone esquemas socialistas y marxistas que son todos fracasos probados. El comunismo trajo una miseria y muerte indescriptibles a cientos de millones a lo largo del siglo XX y todavía lo hace hoy. BLM favorece la agenda LGBTQ + que subvierte la estructura familiar tradicional muy necesaria. El movimiento apoya el aborto que mata a los bebés negros en el útero y destruye la fibra moral de las personas y las comunidades. La narrativa de BLM también es incorrecta porque no refleja los verdaderos sentimientos de la comunidad negra, que es religiosa, patriótica y, en general, manifiesta una mayor desaprobación de la homosexualidad que otros grupos. Apuntando a la ley moral Los objetivos de los movimientos marxistas son siempre los mismos. Quieren derribar todas las manifestaciones de la ley moral natural y establecer una sociedad igualitaria e inmoral, en la que los individuos no sean responsables de sus acciones. Finalmente, se rebelan contra Dios, quien es el autor de esta ley. Por eso los marxistas atacan a la Iglesia; la Iglesia enseña a las personas a conocer, amar y servir a Dios.  Estados Unidos nunca fue y no es perfecto. Pero conserva algunos vestigios preciosos de la civilización cristiana. La mayor amenaza para Estados Unidos es la destrucción de lo que queda de la ley moral cristiana. Si esto ocurre, la nación se verá abrumada por el caos. Este peligro pone en peligro a todo Estados Unidos, no solo a la comunidad negra. Todo Estados Unidos está en un estado de decadencia moral y sufre de familias rotas, comunidades destrozadas e iglesias vacías. Todos, todas las razas, deberían unirse para luchar contra estos males comunes. En cambio, BLM sigue una política de división, rabia y lucha de clases que pone en peligro a la nación en este momento de crisis suprema.   Por lo tanto, no es de extrañar que las Biblias y las banderas estadounidenses se incendien. Representan el orden a derrocar en la revolución que se avecina. Los estadounidenses deben darse cuenta de que el giro BLM de los medios de comunicación es una gran mentira que debe ser rechazada. El movimiento es radicalmente marxista y homosexual y se afana por la destrucción de una América cristiana. El futuro de la nación está en riesgo. Solo un regreso a Dios y su ley puede evitar el desastre. John Horvat II es erudito, investigador, educador, orador internacional y autor del libro Return to Order

  • LA MADUREZ CRISTIANA A QUE ASPIRAMOS

    Los notorios efectos de la falta de madurez espiritual en el cristiano de hoy son evidentes, tanto en la experiencia de las iglesias como en la enseñanza de la Palabra de Dios, esto la Escritura lo destaca específicamente en tres pasajes que califican a los creyentes como seres inmaduros como niños. El texto de Efesios 4:14 les describe como “niños fluctuantes llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagemas de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”. Por su parte Hebreos 5:12-14 habla de tales niños como “inexpertos en al palabra de justicia” y agrega que “debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios”. Y en 1° de Corintios 3:1-3, tomado en relación con su contexto, indica que los “niños en Cristo” son creyentes “carnales” cuyos “celos, contiendas y disensiones” destruyen la unidad de la iglesia. Resumiendo, la enseñanza de estos tres pasajes, vemos que la falta de madurez espiritual en el cristiano perjudica tanto a los creyentes mismos como a la congregación de la cual forman parte. Y principalmente al creyente le hace doblemente incapaz, pues no puede defenderse de las falsas enseñanzas de aquellos que indicen al error, y tampoco están preparados para enseñar la Palabra de Dios a otros, ya sea a inconversos que necesitan que se les explique el evangelio, mucho menos a creyentes nuevos que necesitan de ayuda espiritual. Y en lo que respecta a la congregación, toda inmadurez crónica en sus miembros es una amenaza para la unidad del cuerpo y como consecuencia le resta credibilidad a su testimonio delante de la comunidad que le rodea y estorba la obediencia colectiva a los mandatos del Señor. Para prevenir y remediar estos graves perjuicios, lo primero que necesitamos es tener una comprensión clara de que se trata esta madurez que Dios desea producir en sus hijos y a la cual todo cristiano debe aspirar. Una manera de lograr comprender esto es revisar los pasajes del Nuevo Testamento en que se define lo que Dios quiere transmitirnos respecto de ser maduros, o experimentar la madurez y analizarlos a la luz de su contexto y de otros pasajes que sin mencionar los mismos términos, si tratan de llevarnos al mismo concepto. Localizando los términos Según lo que nos entrega la Versión Reina Valera del 1960, los términos definidos como “madurez” y “maduro” aparecen en el Nuevo Testamento solo tres veces y en cada caso constituyen una traducción de la voz “téleios”. Pero este vocablo se encuentra en el Nuevo testamento griego un total de diecinueve veces, la RVR60 lo traduce como “perfecto” en quince ocasiones; madurez en dos y una sola vez como “maduros y completo”. Barclay dice:” Téleios” es el adjetivo derivado del sustantivo “telos”, y significa “un fin, un propósito, un blanco, una meta”. Así que una cosa es “téleios” si realiza el propósito para lo cual proyectado; de donde, “un hombre llega a ser perfecto si realiza el propósito para lo cual fue creado y enviado al mundo”. Trench, por su parte dice: en un sentido natural, los “téleioi” (Plural de téleios) son los adultos, quienes habiendo alcanzado los limites completos de estatura y poderes mentales dentro de su alcance, es porque han alcanzado su “télos”, a diferencia de los “néoi o paîdes”, jóvenes o muchachos”. Luego, agrega que existe cierta ambigüedad en el uso que hacemos de la palabra “perfectos” que se traduce también del vocablo “téleios” ya que ambas palabras se usan indistintamente en sentido relativo o en sentido absoluto, pues solo así se entiende la traducción cuando el Señor dice:“Sed, pues, vosotros perfectos (téleioi) como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto (téleios) “. En otras palabras, “teleios” por lo que podemos entender, se emplea en el Nuevo Testamento en, a los menos tres sentidos. Tratándose de Dios y de sus obras se deduce “absolutamente perfecto, sin defectos, sin tacha alguna”. Al referirse a las cosas, “nos habla de aquellas que han cumplido su propósito, aquello para lo cual fueron proyectadas”, y cuando se refiere a nosotros, puede significar que “hemos alcanzado el fin o propósito para lo cual hemos sido creados y puestos en este mundo” significando que somos maduros, adultos, ya formados, plenamente desarrollados, y esto puede ser tanto en el sentido físico, mental, moral o espiritual. Encontramos también en el Nuevo testamento griego otras voces relacionadas con el adjetivo “téleios” y que comparten su significado básico. Dos de ellos “teleiótês y teléiosis” se sucedes dos veces cada uno y su significado es la misma (realización, cumplimiento, perfección, madurez). Existe otro, “teleiotês” que se encuentra una sola vez y significa “el que acaba, consumador o perfeccionador”. Una sola vez también encontramos el adverbio “teleíôs” y es traducido como “del todo, completa o perfectamente”. El verbo “teleióô”, aparece veintitrés veces y tiene el sentido de “llevar a cabo, realizo, perfecciono, cumplo” “ Estos términos aparecen citados en algunas de las siguientes escrituras: 1° de Corintios 2:6 “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen”. 1° Corintios 14:20, “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar”. Efesios 4:13 “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos niños…”. Con esta interpretación concuerdan la Biblia de las Américas, la NVI y la Versión Popular. Filipenses 3:15 “Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios”. Otras versiones colocan: completos, maduros, competentes. Colosenses 1:28 “a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre”, otros prefieren: “edad madura o competente”. Colosenses 4:12 “Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere”. Versión DPT “lleguen a ser maduros”; Biblia de las Américas y NVI: “que estén firmes, perfectos y completamente seguros”. Hebreos 5:14 “pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” Hebreos 6:1 “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios”. Las traducciones, Versión 1977, NVI, Hispano Americana; Fuenterrabía Revisada, todas traducen: “hacia la madurez” Santiago 1:4 “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Aquí la voz “téleios” aparece dos veces, la primera traduce “completa” y la segunda “perfectos”. Santiago 3:2 “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”, la casi totalidad de versiones al español aquí traduce “téleios” como perfecto, aquí se refiere a uno que ha alcanzado un desarrollo espiritual y moral completo” o sea “ya no se es niño en su proceder, sino completamente adulto”. Analizando el concepto Al analizar los pasajes citados que nos hablan de la madurez espiritual comprobamos la verdad de lo dicho por Trench en cuanto a la ambigüedad del uso de la palabra “téleios” y “perfecto”. Lo que nos lleva a pensar que existirían dos tipos de madurez, la madurez espiritual absoluta y la relativa. En el capitulo tres de Filipenses, Pablo nos expresa su profundo anhelo de conocer plenamente a Cristo, de “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”. Pero agrega “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”. Y luego en el verso 15 agrega: “Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios”. En el breve compas de cuatro versículos el apóstol niega haber sido perfeccionado y afirma ser perfecto. En otras palabras, niega haber alcanzado madurez absoluta, pero declara que participa de la madurez espiritual relativa. La madurez espiritual absoluta Como consumador (teleiotês) de la fe (Heb 12:2), Nuestro Señor se propone perfeccionar (completar) “hasta el día de Jesucristo” la “buena obra” que comenzó en nosotros (Fil 1:16). El contexto total de este versículo sugiere que la buena obra que Pablo tenía en mente pudo haber sido la obra misionera en que los filipenses colaboraban con él. Pero la enseñanza general del nuevo Testamento nos hace entender que la expresión tenga una aplicación mas amplia, y que se refiere a la obra completa de nuestra perfección y salvación. Nuestra salvación es de Dios (Sal 3:8, Jon 2:9; Apo 7:10) tanto en su principio como en su fin. En cuanto a los propósitos divinos, tuvo su principio “antes de la fundación del mundo” (Ef 1:3). Primeramente en lo que respecta a nuestra experiencia personal, tuvo su principio cuando el Espíritu Santo nos convenció “de pecado, de justicia y de juicio” (Jn 16:8-11) y nos movió a someternos por fe ante el señorío de Cristo (1°Co 12:3). Y el fin último que Dios tuvo en mente al tomar así la iniciativa de nuestra salvación era que “fuésemos santos y sin mancha delante de Él” (Ef 1:3). Y como dice en Romanos 8:29 “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, …”, esta es la buena obra que Dios ha comenzado en nosotros. Ahora, Filipenses 1:6, nos señala “…el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará (completará) hasta el día de Jesucristo”. Y este día se refiere al día de su retorno en poder y gloria, “la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13), el día de “la redención de nuestro cuerpo” (Ro 8:23) “el día de la resurrección” (1° Co 15:51-54), el día en que el Señor “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”(Fil 3:21). En aquel día como dice 1° de Juan 3:2 “seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. Entonces habremos llegado a “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (EF 4:13), allí habremos alcanzado “¡la madurez espiritual absoluta!”. Esta esperanza es bienaventurada porque nos pone por delante una perspectiva gloriosa con un futuro eterno, y también porque es un poderoso incentivo para vivir de mejor manera el tiempo presente. En 1° de Juan 3:3 “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”, quiere decirnos que la seguridad de llegar a tener una madurez espiritual absoluta nos impulsa a querer mejorar mas cada día, luchando por hacer crecer día a día nuestra madurez espiritual relativa. Madurez espiritual relativa Sabemos que el propósito divino es conformarnos a una madurez absoluta, pero esta no será completa sino hasta la segunda venida de Cristo, pero es importante saber que esta, ya está en marcha en nosotros. Es lo que quiere decirnos Pablo en Romanos 8:28, cuando nos habla de esa hermosa promesa “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” donde aquí el “bien” se refiere precisamente a que “seamos hechos conforme a la imagen de su Hijo”. En todas las circunstancias de nuestra vida diaria Dios está tratando con nosotros, limando las asperezas de nuestro carácter, llevándonos a ser más y más como Cristo. Ahora en la medida que nosotros coloquemos el máximo de esfuerzo, ello acrecentará más nuestra madurez espiritual. Pero… ¿Cómo podemos cooperar con Dios en eso?, la respuesta nos la da de nuevo la Escritura, en Colosenses 2:19 nos dice: “…asiéndonos de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, se nutre y uniéndonos por las coyunturas y ligamentos, crecemos con el crecimiento que da Dios”. En otras palabras, Dios da el crecimiento en nosotros por medio de la unión que mantenemos con su Hijo. El creyente maduro es aquel para quien “el vivir es Cristo”, aquel que puede decir con verdad “ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí, y lo que vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios”…(Gálatas 2:20). Ahora Cristo está en nosotros por medio del Espíritu Santo (Jn 14:16-18). Y en la medida que permitamos que ese Espíritu more en nosotros y nos llene (Ef 5:18) Él producirá en nosotros su fruto (Gal 5:22-23). Las nueve virtudes que componen ese fruto glorioso no son otra cosa mas que una completa descripción del carácter de Cristo. Estas condiciones las encontramos en Juan 7:37-39 “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” Observemos en este pasaje que Jesús nos dice: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” A primera vista parece estar proponiéndonos tres condiciones para tener una abundante vida espiritual, pero si observamos con atención, en realidad nos exige cuatro. La primera es “tener sed” y la ultima es “beber”. Pero el venir a Jesús es un proceso doble, porque primeramente incluye la decisión de volverse del pecado (conversión) y por otro lado incluye sumisión al Señorío de Cristo, porque lo que nunca debemos olvidar es quien es Aquel que nos ha llamado. Por lo tanto, si ponemos atención, el pasaje nos habla de un cuádruple desafío para poder entrar a disfrutar de la plenitud de Cristo. 1. “Tener sed”, significa estar afligido por la sequedad y esterilidad del estado en que se encuentra nuestra alma, tanto que deseamos ardientemente las aguas de la gracia divina. Porque, aunque Dios no hace distinción de personas a la hora de entregar sus bendiciones materiales (Mat 5:45), no es igual con sus bendiciones espirituales, las cuales son concedidas solamente a aquellos que lo deseen y busquen, Pablo lo grafica así: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”(Col 3:1-2) 2. “Limpiar el vaso”, significa enfrentarnos con toda honestidad con la cuestión de nuestros pecados y tratar con ellos de acuerdo a lo que nos indican las Escrituras. Dios está dispuesto a llenar vasos de barro, de piedra, de cristal, de plata, aun de oro. Está dispuesto a llenar vasos de color negro, moreno, amarillo o blanco. Llenar vasos de todos los tamaños y formas. Pero hay una cosa que Dios nunca hará: ¡Llenar un vaso sucio! Por lo que, si deseas experimentar verdaderamente la plenitud del Espíritu en tu vida, tienes que confesar y dejar todos tus pecados delante de Dios. (Prov 28:13; 1° Jn :9) y esto de abandonarlos, incluye restitución y reconciliación (Mat 5:23,24; Rom 12:18; Luc 19:8; Num 5:6-7) y también exige perdonar (Mat 6:14,15; 18:21-35) 3. “Entregar el vaso”: significa reconocer Su señorío, significa estar constreñidos por el amor de Cristo a fin de recordar “pensando esto: que, si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2° Cor 5:14-15). 4. “Beber del vaso” Finalmente este acto es sinónimo de creer. Habiendo cumplido las tres primeras condiciones, debemos recibir con gratitud la bendición de ser plenos en Él, tomándola con la convicción de que es así, sin esperar manifestación alguna que apele a nuestros sentimientos; Dios es soberano en ello y se mueve de manera misteriosa por lo que debemos aprender a esperar en Él y creer con fe que Él está obrando. Porque el cristiano maduro vive y se nutre por la fe, no por emociones. Por fe andamos, no por vista (2°Cor 5:7). Si hay manifestaciones gloriosas de la gracia divina estas se darán a diario en nuestra relación plena si es que confiamos en su fidelidad y le obedecemos. Como prometió nuestro Salvador, de dentro de todo aquel que tenga sed y venga a Él con un corazón limpio y beba “correrán ríos de agua viva”. Y no solo verá satisfechas sus propias necesidades espirituales, sino que él mismo se convertirá en canal de bendición para cuantos le rodeen. ¡Esta es la madurez cristiana a que aspiramos! LVogt2020

  • LA CONSOLIDACIÓN DE LOS NUEVOS CREYENTES

    La evangelización es un de las tareas prioritarias de la iglesia cristiana. En el Nuevo Testamento, la evangelización se daba por sentada; es decir, no encontramos a los apóstoles exhortando, planeando y organizando la evangelización. En la iglesia cristiana primitiva la evangelización era parte del estilo de vida de los creyentes; surgía espontanea, natural y permanentemente bajo la unción del Espíritu Santo, sin necesidad de técnicas ni de esfuerzos especiales. Lucas registra este crecimiento cuantitativo de la iglesia, como resultado del cualitativo, es decir de su vitalidad interior. (Hechos 2:46,47; 9:31; 16:5) Es interesante notar que, en la misma Gran Comisión dada por el Señor a sus discípulos, tal como se encuentra en Mateo 28:18-20, el único verbo que está en el imperativo, y que domina toda la oración, es “haced discípulos”, es decir la evangelización no estaba explicita, sino implícita, ya que no se puede discipular a una persona que previamente no haya sido evangelizada. Pareciera que el mismo Señor Jesucristo quiso destacar en este pasaje la necesidad de discipular a los convertidos, es decir de llevarlos a una madurez de la vida espiritual mediante un proceso de enseñanza hasta que sean capaces de discipular y enseñar a otros. En otras palabras, la producción de discípulos que se multipliquen es la única manera de cumplir efectivamente la gran comisión. En relación con este tema, Gary W, Kuhne dijo: "La multiplicación es un proceso que pasa por cuatro fases distintas… La primera es simplemente evangelizar. Esta fase se centra en que nosotros compartamos personalmente nuestra fe con las personas necesitadas que nos rodean. La segunda fase consiste en la obra de consolidación con el individuo que se ha arrepentido y ha recibido al Señor Jesucristo como Salvador personal. La tercera fase consiste en hacer del nuevo creyente un discípulo. La cuarta fase se cumple cunado la persona con la cual está uno trabajando tiene éxito en producir otros discípulos. Es entonces cuando 2° Timoteo 23:2 llega a ser una realidad en el ministerio de uno. La Gran Comisión nunca se ha de cumplir realmente mientras no se logre la multiplicación" La importancia en la consolidación de los nuevos creyentes. El termino consolidar significa “dar firmeza y solidez” es decir asegurar mas una persona o cosa. La Biblia nos enseña que el recién convertido es una persona que ha nacido de nuevo. Es una nueva criatura por lo tanto requiere de cuidado inmediato y atención especial (Juan 3:3, 5:7; 2°Corintios 5:17) Cuando nace un niño, llega al seno de una familia donde encontrará padres y hermanos dispuestos a recibirle y cuidarle con amor y esmero para que pueda crecer sano y normal. De lo contrario ese niño posiblemente enfermaría y moriría. De igual manera, un nuevo creyente que nace por obra del Espíritu Santo requerirá de cuidado y atención para poder crecer. Así como los primeros años de vida del ser humano son decisivos para su madurez futura, de igual forma los primeros días y meses del nuevo creyente son también decisivos para su desarrollo a fin de llegar a ser un discípulo fiel y lleno de frutos. El apóstol Pablo le dio mucha importancia a la consolidación de los nuevos creyentes e hizo todo el sacrificio necesario para cuidar de ellos y guiarles a la madurez. En hechos 14:21-24 y 18:22-23 vemos que el apóstol decide regresar a las ciudades donde había estado antes para confirmar a los nuevos hermanos. Estudiando el contexto de estos pasajes, vemos la serie de dificultades que debió enfrentar el apóstol en dichos lugares. En Antioquía de Pisidia lo habían expulsado junto con Bernabé; por instigación de los judíos; en Iconio tuvo que huir cuando supo que iba a ser apedreado y el Listra fue apedreado y arrastrado fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. Evidentemente, Pablo pensaba que la consolidación de los nuevos cristianos era un asunto de suma importancia y que por ello valía la pena cualquier sacrificio para realizarlo. Considerando todo esto podemos entender las palabras que se encuentra en su carta a los Colosenses 1:25-29, donde dice que ha trabajado luchando hasta la agonía para presentar maduro, o crecido a todo hombre en Cristo. Pablo no se limitó a evangelizar a las personas solamente, sino que de inmediato les brindó apoyo a través de su atención personal, o a través de sus discípulos, para asegurar su crecimiento espiritual. Todo esto contrasta vívidamente con lo que vemos hoy en nuestras iglesias; donde la congregación se esmera en la proclamación del evangelio, pero posteriormente no se les da una real importancia a los recién nacidos en Cristo, es por ello que se denota un gran vacío entre las personas que manifiestan su decisión de seguir en la fe y aquellos que llegan al bautismo y permanecen fieles a la iglesia y a Dios. Según las estadísticas uno de cada diez personas que se allegan alguna vez en su vida a la iglesia llegan al bautismo, pero creemos que ese porcentaje es aún más bajo en Chile y latinoamérica, una de cada 25 lo hace. Necesitamos comprender de mejor forma la tarea de la evangelización. Sin duda que la iglesia en Jerusalén crecía de una manera asombrosa, igual cosa pasaba con aquellas que iban siendo fundadas por los apóstoles y discípulos en su paso por distintas localidades del Asia menor, ello debido a que todos ellos cumplían con la primera fase de la multiplicación, ellos evangelizaban. Esto lo podemos comprobar en varios pasajes de la Biblia. Vemos a Andrés testificando a Pedro y luego Felipe a Natanael. En el libro de Los Hechos vemos que todos los creyentes se consideraban responsables de predicar y enseñar el evangelio, aun bajo la constante persecución de que estaban siendo objeto (Jn 21:40-42, 45 ; Hech 2:4; 8:4, 11:19-21). Pero esta no es toda la verdad, porque estos no se limitaban solo a testificar y llevar a las personas a la fe en Cristo, sino que también se esmeraron en cuidar a los nuevos convertidos y los consolidaron en la fe a fin de que ellos también pudieran evangelizar a otros, es decir se convirtieron en reproductores espirituales, e ahí el secreto de la multiplicación de la primera iglesia. El libro de Los Hechos abunda en ejemplos de reproducción espiritual. En el capitulo 11 del citado libro encontramos que la iglesia de Antioquía fue establecida por lo creyentes que huyeron de Jerusalén a cusa de la persecución que sobrevino por motivo de la muerte de Esteban. Otro ejemplo lo encontramos en el capítulo 18 de los Hechos, donde Pablo evangeliza a la pareja de Priscila y Aquila y los consolida en la fe. Posteriormente ellos mismos ayudan a Apolo, fortaleciéndole en su fe y la doctrina, y luego este viaja a Acaya donde es de mucha ayuda y bendición a la iglesia. El evangelismo no es un simple programa para predicar el evangelio, ganar incrédulos, darles palabras de consejo, registrar sus nombres en unas tarjetas y después abandonarlos a su suerte, dejándoles expuestos a los ataques fieros de Satanás, a merced de ideas profanas y de seudo evangelios o sectas. Necesitamos volver al Nuevo Testamento y recobrar la visión de lo que significa la evangelización plena y bíblica, aprender en la práctica de la iglesia apostólica y crear verdadera conciencia en el corazón de nuestras congregaciones de la necesidad de consolidar al nuevo creyente y de guiarle en el proceso de discipulado hasta que sea capaz de discipular también a otros. Esta es una responsabilidad de cada miembro de la iglesia en particular, no solamente de los líderes y pastores. ¿Qué elementos debemos considerar en la tarea de consolidación de los nuevos creyentes? 1. En todo programa de consolidación de nuevos creyentes debe tomarse en cuenta algunos puntos que son esenciales a fin llevar adelante con éxito tal empresa, primero que nada, despertar en ellos la firme convicción de sentirse seguros de su salvación, y que es la primera necesidad base para avanzar a otro estadio de la fe de un creyente (Jn 5:24; 10:28-29; Rom 8:35-39; 1° Jn 5:11-12), son textos que nos pueden ayudar en esta parte. 2. No debemos olvidar la parte esencial de nutrir al nacido de nuevo del alimento necesario para su crecimiento fuerte y sano a través de la esencial lectura de la Biblia, ello les permitirá alimentarse a si mismos y crecer en su vida cristiana. La práctica de la vida devocional es básica para este crecimiento, (Jn 5:39; 2° Tim 3:16-17; Jn 16:24; 1° Tes 5:17; Luc 11:1-13; 1° Ped 1:23 y 2:3) nos pueden ayudar. 3. Otro tema esencial es el ser instruido sobre la persona y obra del Espíritu Santo en el creyente, el Divino Consolador, quien es clave en la obra de consolidación y crecimiento del cristiano. Debemos iluminarles acerca de lo que Escritura nos dice respecto del bautismo y de la llenura del Espíritu Santo a fin de prevenirles contra errores doctrinales tan comunes en estos días, podemos usar (Jn 14:18-26; Efe 1:13-14; 5:18; 4:30; 1°Tes 5:19). 4. Enseñarles acerca de la conveniencia de congregarse y lo que el Nuevo Testamento enseña acerca de la familia de la fe y el compromiso de congregarse con otros cristianos a fin formar parte del cuerpo que es la iglesia de Cristo. Esto será de mucha ayuda y apoyo para los nuevos creyentes ya que la vida cristiana es una vida en comunidad y amor cristiano. (Ef2:19; Gal 6:10; Rom 8:29; 12:5; 1°Cor 12:25; Hech 10:24-25). 5. Una de las doctrinas importantes es la del bautismo cristiano, ello con al propósito de guiarles a tomar una decisión firme por Cristo y obedecer al Señor en esta importante ordenanza de fe. Enseñarles que este más que un sacramento es un acto de obediencia a un mandamiento de nuestro Señor, en el cual se da testimonio público de nuestra fe, el cual es y debe ser por inmersión emulando la muerte y nuevo nacimiento. (Mat 28:18-20; Hec 2:41; 8:12,36; 9:18; 10:47-48; 16:32-33; Jn 3:23; Rom 6:4). 6. Finalmente hacerles presentes en esta fase de la consolidación es muy importante el testimonio que se entrega a los demás, asimismo el papel de la mayordomía cristiana que nos corresponde como miembros responsables en nuestra relación con Dios y con su iglesia. De esta manera estamos instruyendo al nuevo creyente en los temas básicos de la fe y de la vida cristiana lo que a la vez les capacita para “toda buena obra”, de donde una vez bautizado debe iniciarse sin demora su periodo de discipulado, las iglesias mantienen en su material algún tipo de guía de discipulado que mantienen en sus programas lo que ayuda en la consolidación de nuevos creyentes. Importante la instrucción sobre las Doctrinas fundamentales de la fe cristiana utilizando tutores en las casas o vía online recomendables para estos días utilizando buen material ajustado a la sana doctrina bíblica. A manera de conclusión, la consolidación de los nuevos creyentes tiene una base bíblica muy clara y es una etapa muy importante en el proceso general del hacer discípulos, tema la cual las iglesias muchas veces dan poca importancia, de donde, si no tenemos un buen programa de capacitación y consolidación el nuevo creyente quedará huérfano de instrucción y terminará yéndose de la iglesia o crecerá de manera defectuosa y lo mas lamentable es que se perderán los frutos que este miembro podría dar para la obra del cuerpo de Cristo. Es tiempo que Ud. líder, o pastor o creyente consolidado vean con seriedad esta tarea y la estimen de suma urgencia si es que queremos experimentar un crecimiento cualitativo de los miembros de nuestras congregaciones para la honra de nuestro Dios y para beneficio de nuestros pueblos. Luis Vogt 2020

  • La Biblia: versión DIGITAL vs versión en PAPEL

    Más de la mitad de los lectores de la Biblia actuales provienen de alguna lectura digital en app, búsqueda o audiobiblia. ¿Es mejor en papel o en app?Las pantallas están cambiando la forma en que leemos las Escrituras. La mayoría de las personas que ven videos o leen artículos de la web, los hacen desde un dispositivo móvil. Al menos eso nos dicen las estadísticas de YouTube y de visitas a la web. Y se ven mayormente en móvil porque es el dispositivo que más usamos, y que se ha convertido en la pantalla a través de la cual consumimos casi todo el contenido que nos interesa. De la misma manera en la que consumimos todo tipo de contenido a través de dispositivos móviles, también estamos usando nuestro celular para leer la Biblia, hacer nuestros devocionales o seguir las citas del sermón dominical. La pregunta entonces es: ¿La forma en la que leemos y meditamos en la Biblia usando nuestros celulares está afectando la forma en la que nos acercamos a las Escrituras? El pueblo del libro Empecemos por poner las cosas en orden. El cristianismo es una fe basada en la Palabra. Los cristianos han sido conocidos a través de la historia como un "pueblo del libro". Este distintivo ha sido particular del cristianismo desde el principio, e incluso desde antes, en las raíces de la tradición judía. Antes de la existencia de los libros, la Palabra ha sido fundamental en la transmisión del mensaje de Dios, en el relevo generacional, y en la difusión de la fe. Sin embargo, a medida que entramos en una era post-alfabetizada, como muchos la llaman, debemos recordarnos que la base de nuestra fe es la Palabra y las palabras. Desde que Moisés tuvo que tallar los Diez Mandamientos en piedra, pasando por la escritura de la Ley, hasta la distribución de cartas entre las iglesias en los primeros siglos, el plan de Dios ha sido que su pueblo lea. Sin embargo, a medida que cambia la forma en que leemos en la era digital, las liturgias y las prácticas cristianas se están modificando. Entonces, ¿cómo afectarán estos hábitos de lectura la forma en la que interactuamos con la Biblia? Desde la ley de Moisés, el propósito de Dios es que Su pueblo lea. Esta pintura de Rembrandt de 1659 muestra a Moisés rompiendo las tablas de la ley. La Biblia para todos El ascenso de la iglesia trajo consigo una necesidad profunda de que la Biblia pudiera ser accesible a todas las personas en su idioma. Traducir el Antiguo Testamento al griego y que se escribiera el Nuevo Testamento en este idioma, provino del deseo de que las palabras de Dios estuvieran al alcance de cualquiera. Durante la Edad Media, incluso cuando la Biblia estaba muy restringida, las imágenes de los santos los presentaban frecuentemente con una Biblia o con algún tipo de escrito. A pesar de la aparente centralidad de la palabra escrita en la revelación de Dios, muchas generaciones no pudieron disfrutar del libre acceso al Texto Sagrado. Antes de la Reforma, la Palabra de Dios solo estaba disponible para los sacerdotes y el clero, en algunas representaciones en vitrales y pinturas, y a través de grupos itinerantes de teatro que a veces representaban escenas bíblicas. Sin embargo, ninguno de los medios anteriores podía proveer la profundidad y la introspección necesarios para afirmar o comunicar doctrina. En esa época pre-alfabetizada, antes de la Reforma, la Biblia fue entregada y entendida sólo en pequeñas fracciones. El nuevo enfoque de la reforma en la lectura personal del Texto Sagrado produjo una serie de beneficios, que no vamos a tocar en este artículo, pero que transformaron a sociedades enteras. Esto es evidente tan solo por el hecho de actuar bajo la necesidad de que todos pudieran leer, buscando que todos pudieran leer sus biblias. La Reforma puso en el centro la Palabra y, al hacerlo, enalteció el logocentrismo que atraviesa la Biblia de tapa a tapa, como un factor central en la relación de Dios con Su pueblo. Representación de Martín Lutero señalando las Escrituras / Imagen: Marginalia Review of Books La lectura y el cerebro humano Al parecer, la lectura no es algo natural para el cerebro humano. En el libro Lector, vuelve a casa: el cerebro lector en un mundo digital[2], la neurocientífica Maryanne Wolf explica que la lectura no está programada en el cerebro humano como el lenguaje. La notable plasticidad del cerebro no sólo hace posible la lectura, sino que la actividad de la lectura crea nuevos circuitos cerebrales. Estos ayudan a aprender conceptos abstractos y creativos que van más allá del funcionamiento genéticamente programado del cerebro. La lectura exige una complejidad cerebral extraordinaria, dice Wolf, y el cerebro requiere años para que se formen esos procesos de lectura profunda. Nuestros hábitos de lectura, entonces, tienen el potencial de moldear nuestros cerebros. La lectura profunda activa regiones del cerebro relacionadas con el tacto, el movimiento y los sentimientos. "El fortalecimiento constante de las conexiones entre nuestros procesos de conocimiento analógico, inferencial, empático y profundo, se generaliza mucho más allá de la lectura", explica Wolf. "Cuando aprendemos a conectar estos procesos una y otra vez en nuestra lectura, se hace más fácil aplicarlos a nuestras propias vidas". Sus hallazgos parecen confirmar la verdad del Salmo 119:11, que dice: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. Otra forma de explicar lo anterior, es que nuestros cerebros funcionan de una manera cuando estamos habituados a leer en patrones lógicos y lineales, y de otra forma cuando abundan las distracciones continuas de un nuevo mensaje de chat, una notificación o un nuevo email. Por otro lado, la investigación de la Dra. Wolf muestra que leer en dispositivos digitales no crea el mismo tipo de circuitos cerebrales que la lectura profunda. Nicholas Carr, en su libro The Shallows: Lo que Internet le está haciendo en nuestros cerebros[3], advierte que: “La mente lineal, enfocada y calmada está siendo desplazada por un nuevo tipo de mente que quiere y necesita asimilar y distribuir información muy rápidamente, información que generalmente viene desarticulada y a menudo en ráfagas". En un artículo titulado Tu cerebro de papel y tu cerebro de Kindle no son lo mismo[4], PRI informa que “el hábito de la comprensión superficial desarrollada en la lectura digital se transfiere a toda lectura de manera que, cuanto más lees en las pantallas, más la mente se desplaza hacia la lectura ‘no lineal’”. Al informar sobre otro estudio publicado en 2017, Inside Higher Ed señala que “los lectores pueden no comprender material extenso o complejo tan bien cuando lo consultan digitalmente como cuando lo leen en papel". Aunque parezcan iguales, la lectura en papel y la lectura en pantalla son experiencias distintas / Foto: João Silas en Unsplash La Biblia en la pantalla Entonces, ¿qué significa esto para los cristianos que, cada vez más, leen la Palabra en pantallas en lugar de en papel? Más de la mitad de los lectores de la Biblia actuales provienen de alguna lectura digital en app, búsqueda o audiobiblia. Una encuesta publicada en un artículo del Journal of Religion de 2015, reveló que el 58% mencionó la facilidad y la conveniencia como una de las principales ventajas de las Biblias digitales. Las versiones digitales de la Biblia proveen accesibilidad, comodidad y rapidez. Pero las versiones impresas de la Palabra de Dios nos ofrecen concentración, profundidad e introspección, ¿qué prefieres? Una de las desventajas de las versiones digitales es lo que parece ser una tendencia a un estudio ligero que aísla la lectura de versículos sin la comprensión del contexto. La encuesta de Journal of Religion encontró, por ejemplo, que los encuestados señalaron que la disposición física del texto bíblico es importante para la comprensión, la memorización y la "interpretación correcta". Por otro lado, las cifras nos dicen que la disponibilidad del texto bíblico en formato digital ha resultado en una mayor lectura de la Biblia, pero esto generalmente ha sido a expensas de una pobre memorización de textos y una mínima comprensión de los mismos. Muchos encuestados dijeron lo siguiente al respecto: "Probablemente leí la Biblia más, pero posiblemente menos profundamente". A esto sumémosle el hecho de que la lectura de la Biblia en formatos digitales va acompañada de una necesaria conexión a Internet, lo que supone que los usuarios a menudo intercambian pantallas a medida que su teléfono interrumpe la lectura con notificaciones; o la simple ansiedad que supone el estar conectado hace que la atención se distribuya repetidamente entre una pantalla y otra. Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, Email, etc, compiten con la App de la Biblia por la atención. La lectura de la Biblia en app ha aumentado la accesibilidad al Texto Sagrado / Foto: Aaron Burden en Unsplash También hay que tener en cuenta la multitarea y la multipantalla. Es común que los usuarios abran varias ventanas al mismo tiempo para realizar tareas paralelas. De hecho, es probable que estés leyendo este artículo, o mejor, solo escuchándolo la versión en video o podcast mientras realizas otras tareas, especialmente en la computadora. Finalmente, no podemos olvidar el hecho de que la capacidad de abstracción se está reduciendo progresivamente a medida que existen más cosas que compiten por nuestra atención, especialmente en nuestros móviles. Yo mismo, que escribí este artículo, tuve que desconectarme por varias horas de mi móvil, buscar un lugar en el que pudiera concentrarme y resistir la necesidad de revisar mi email o celular, para poder terminar este material. Por eso, vale la pena preguntarnos si de vez en cuando debemos apagar los datos de nuestro móvil o desconectar el router de Internet para leer la Palabra de Dios con profundidad, ya sea en un dispositivo o en la Biblia de papel para tener una lectura profunda y provechosa, memorizar la Palabra de Dios y reflexionar profundamente sobre lo leído. Paradójicamente, a medida que la tecnología gana más atención en nuestras vidas, nuestra forma de lectura se parece más a la de la época pre-alfabetizada, es decir, leemos fracciones pequeñas de textos y necesitamos que se nos ilustre cada vez más para poder comprenderlos. Estamos leyendo más, pero estamos perdiendo la capacidad de tener una lectura sostenida, lógica y coherente de la Biblia. Pero quizá la falla más grande que tenemos los creyentes de hoy es que esperamos a que otros desarrollen herramientas que nos permitan conocer las profundidades de la Biblia sin necesidad de trabajar en nuestro estudio personal. Como consecuencia, cometemos el error de construir nuestro conocimiento bíblico sobre una base superficial, quebradiza y que no soporta un crecimiento sólido. Hemos basado este artículo en una publicación de Christianity Today titulado [1] Original en inglés: Prior, K. (2019). Screens Are Changing the Way We Read Scripture. Recuperado de: https://www.christianitytoday.com/pastors/2019/spring/people-of-ebook.html. [2] Original en inglés: Wolf, M. (2018). Reader, Come Home: The Reading Brain in a Digital World. New York. Harper Collins Publishers. [3] Original en inglés: Carr, N. (2011). The Shallows: What Internet is Doing to Our Brains. New York. W. W. Norton and Company. [4] Original en inglés: Raphael, T. J. (2018). Your paper brain and your Kindle brain aren't the same thing. Recuperado de: https://www.pri.org/stories/2014-09-18/your-paper-brain-and-your-kindle-brain-arent-same-thing.

  • El hombre un ser moral

    La ética según la Biblia es sabiduría, una vida orientada por el temor del Señor; una ética que propone una vida responsable, consciente del ‘como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos’. La Biblia desde el inicio afirma que el hombre es un ser moral, una criatura con el llamamiento alto de cumplir el propósito para el cual fue creado. Los primeros capítulos de la Biblia explican las condiciones morales del hombre en la creación y como cambiaban por la caída en pecado. Labrar y guardar la tierra El libro de Génesis da un lugar especial al hombre en la creación de Dios, creado en la imagen y según la semejanza de Dios (Génesis 1.26,27). Es el representante de Dios en la tierra. Génesis 2 añade detalles a esta mayordomía: el derecho de dar nombres a los animales, labrar y guardar. Génesis 2.19-20). El primer verbo señala el trabajo de sembrar y de cosechar, el segundo se refiere a la responsabilidad de guardar la integridad de la creación. El carácter moral de este último encargo se precisa por el mandamiento de Dios de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 2.9). El árbol representa todo lo que Dios no quiere para el hombre: el caos, el vacío, la oscuridad y el sin sentido del inicio de la creación, igual que la vuelta a estas condiciones que es la muerte (Génesis 1.2; 2.17). El hombre responsable y víctima del pecado A continuación, la Biblia cuenta la historia de la caída en el pecado. Génesis 2.25 enfatiza que el hombre estaba desnudo, cierto, sin sentir vergüenza, pero también vulnerable. Cuando el mal entra en la buena creación en forma de una mentira, el hombre y la mujer no pueden defenderse. Son engañados con el mismo motivo falso que el diablo había usado para rebelarse contra Dios: la idea de ser igual a Él. Fue una mentira absurda, pero con consecuencias catastróficas. La relación entre el hombre y la mujer se hizo compleja y lo peor fue la separación de Dios por el propio carácter del pecado. Sabemos todos que cuando pecamos contra un amigo, perdemos su amistad. Cuando pecamos contra nuestra pareja, perdemos el matrimonio. De la misma manera: cuando el hombre peca contra Dios, pierde la relación con su Creador. Adán y Eva lo hicieron y al mismo instante el pecado hizo separación entre ellos y su Dios (Is. 59.2). Muerto en delitos y pecado La separación de Dios es muerte espiritual, pero el Señor tuvo misericordia de Adán y Eva y los buscó en su escondite. Cierto, los condenó a sufrir las consecuencias de su pecado en forma de una vida difícil y dolorosa. Hasta maldijo la tierra a causa de ellos y los expulsó del huerto de Edén. A la vez los protegió por separarlos del poder del diablo, prometiéndoles una salvación completa en el futuro. Mientras tanto puso enemistad entre el diablo y los seres humanos (Génesis 3.15). La conciencia moral del hombre Preguntamos, ¿cuál es esta enemistad? Podemos decir que es la conciencia moral del hombre. Si bien, la Biblia afirma con respecto a nosotros que no hay justo, ni aun uno (Rom.3.10), no significa que tenemos una relación cómoda con el mal. El mal nos asusta, nos provoca vergüenza y culpa, igual que a Adán y Eva. Dice el apóstol Pablo en Rom. 2.14, 15 que tenemos una ley en nuestro corazón que distingue entre cosas que debemos hacer y cosas que no debemos hacer. Y esta conciencia del bien y del mal nos hace seres morales. Existe la posibilidad preocupante de endurecernos. Esto pasa cuando no escuchamos las advertencias de nuestra conciencia, cuando hacemos conscientemente y con frecuencia las mismas cosas malas. Al final ya no sentimos culpa o vergüenza. Podemos conocer casos históricos o contemporáneos de hombres o mujeres endurecidos, que cometen las crueldades más terribles. En nuestro tiempo el endurecimiento con respecto a los pecados sexuales es muy frecuente. En todo caso, el susto y el horror por el mal de otros, una vez más es otra confirmación de nuestro carácter moral. Confirmamos que el hombre es un ser moral. Sabe del bien por la imagen y semejanza de Dios y del mal por el pecado, pero este saber es débil y confuso. Necesitamos una instrucción más precisa en cuanto al bien y mal que recibimos por la ley de Dios, revelada en la Biblia.

  • Ética cristiana hoy

    Vivimos en una generación donde a una relación homosexual se le llama una opción de vida. Las personas acceden al cobro de beneficios que nos les corresponden y sin pudor culpan al estado de injusto cuando son descubiertas sus intenciones. Un comunicador social llama sinceridad lo que es un hablar despotricado, injurioso, desenfrenado. No sólo hay una inversión de los valores morales, sino que peor aún, la conceptualización de las cosas se ha ido perdiendo. Pienso que usted y yo hemos oído algo así: “Soy una persona sincera, no tengo pelos en la lengua”, pero cuando oímos su discurso, notamos que él llama sinceridad el ser deslenguado; el tal ignora que la sinceridad es una virtud, y su ejercicio es válido solo si hace bien a uno y al prójimo. Dicho de otro modo, esas conciencias no están debidamente formadas. Es por eso que necesitamos de una ética correcta. Y ninguna mejor que la ética cristiana. La ética cristiana desde el inicio presupone o asume dos asuntos fundamentales: la existencia de Dios, y la autoridad de las Santas Escrituras como revelación de Su mente y voluntad. Dicho con otras palabras: que hay un sólo Dios Verdadero, Inmortal, Sabio e Invisible, y se ha revelado a Sí mismo. En relación con la conducta humana, significa que tenemos absolutos morales, y por tanto Ética, o lo que es lo mismo, un deber moral innato. Así que: la ética es ese deber moral innato que tiene que estar presente en todo ser humano. Por tanto, si la existencia de Dios es negada, entonces la moralidad y la ética no tendrían razón de ser; automáticamente desaparecen; la conducta humana caería bajo la esclavitud de un relativismo moral interminable. Allí quitarle la vida bajo anestesia a un niño de tres años porque sea paralítico (Eutanasia de hoy día), pudiera ser visto como un bien moral. Necesitamos, pues, una ética de valores morales absolutos, que regule la conducta recíproca de los hombres, o que mis deberes ciudadanos no sean establecidos por estadísticas que pueden ser manipuladas para probar cualquier cosa, sino por la verdad, equidad y compasión del carácter del Creador. Su naturaleza El fundamento de la Ética queda establecido en las palabras del Señor Jesucristo: “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos” (Mt.7:12). Este precepto es la regla de la vida. Su primer componente es la verdad, porque nadie se miente a sí mismo, la conversación interna o en nuestras mentes es sincera, franca, veraz; de manera intencional no nos mentimos a nosotros mismos; aunque si nos auto engañamos cuando tenemos una perspectiva errada de la realidad, lo cual es común en todo ser humano. Un segundo componente es la justicia o equidad, pues delante de la Ley de Dios todos los hombres son iguales, y los iguales no tienen poder de autoridad entre ellos. Nadie es ni debería ser juez de su prójimo. El tercer componente es la bondad, porque nadie es difamador ni cruel consigo mismo. En resumen, la ética es como una mesa de tres patas: Verdad, justicia y bondad. Cualquiera de estas columnas que falte, la mesa se cae. Ahondemos en estos tres conceptos. Elementos de la ética evangélica cristiana La verdad Previo a definir la verdad en la comunicación, es necesario explicar la mentira y el error. La mentira es una disociación entre lo que se piensa y lo que se dice, o lo que se dice con lo que se hace. Una persona miente al declarar que tiene cuarenta años de edad, cuando él sabe en su interior que tiene cincuenta. Si nuestro hablar no está de acuerdo con nuestro entendimiento, es mentira; aunque esté en conformidad con la esencia del asunto en cuestión. Un ejemplo de hablar y vivir una mentira es este: «Una persona que vive como si tuviera los ingresos que él sabe no tiene. Se le oye hablar y suena a que sí tiene esa posición económica y trata de vivir en esa apariencia, engañando a los otros». A diferencia del error o falsedad, que es una disociación entre lo que se piensa y la realidad, por ejemplo, el niño dice ser supermán; ¿está mintiendo? No, está en un error. En su naturaleza, la verdad es la conformidad de nuestras expresiones a la esencia de las cosas, o a nuestro entendimiento o comprensión de esas cosas. Por cierto, que acarrearía culpa cuando un comunicador dispone de los medios necesarios para conocer la esencia de un asunto, pero no hace uso de ello, o que por negligencia difunde rumores como si fueran verdad. La justicia Definir esta virtud es difícil por su amplia aplicación, y en la época que nos ha tocado vivir se dificulta aún más entenderla y aplicarla. Su definición bíblica y aplicable a todo trato con nuestro prójimo es dada en la regla que dio el Señor Jesucristo: “Todas las cosas que queráis que los hombres hablen de vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Esto es, habla de los otros lo que tú esperas que ellos hablen de ti en iguales circunstancias. En sentido general y humano, Hablar con justicia es aquella virtud del alma que inclina al hombre a hablar de su prójimo con bondad y sin engaño. Lo que se conoce como el hacer una buena construcción de las intenciones del prójimo. Esta justicia es un hábito de mente que nos dispone a decir del otro lo que es debido o es nuestro deber por amor a Dios. La fuente donde ha de brotar esta santa virtud es el deseo de ser bueno como Dios es bueno. El buen hombre guiado por la equidad todo lo cree, o que acepta como sana la intención del otro, mientras las evidencias no testifiquen lo contrario. Es un hábito mental que nace, no de una acción aislada, sino de una regla general de vida. Justicia es equivalente a equidad, rectitud, honradez, honestidad, amante de lo honesto y decente. Es alguien que procura de corazón mostrarse a los demás como lo que dice ser, un hombre de corazón justo. Por ejemplo, un ladrón no debería ser nombrado custodio de los bienes del Estado. Eso sería mayúscula injusticia; ni a un hombre de mente injusta darle cabida en los medios de comunicación social. La bondad Oigamos este mandamiento del Señor nuestro Dios: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:39). El amor o bondad a nuestro prójimo es algo que se discierne con facilidad, o que el amor me dice lo que es bueno para mí, y si es bueno para ti, dáselo a tu prójimo. Así que, en la ética, ejercer bondad es una regla bien sencilla: Lo que Tú quieres que se diga de ti, tanto en público como en privado, dilo de tu prójimo. Esta no es una tarea fácil, y quienes se comprometan a este virtuoso esfuerzo pudieran ser llamados con propiedad como nuestros líderes modernos. En breve No necesitamos las lecciones de los últimos experimentos que han desarrollado no pocos charlatanes modernos, maestros en el don de la palabra, o como dice la Biblia “sabios en su propia opinión”. El Creador nunca da un encargo sin darnos los medios para cumplirlo. Y una de las afirmaciones básicas en el fomento de la ética es que Dios, en Su bendita Gracia, nos ha dado los instrumentos para este deber. Como dijera un cristiano: “No es en las aulas universitarias donde se gana o pierde la batalla moral que hemos de librar, sino en los corazones de nuestros maestros espirituales. Si aspiramos a una ética que tenga influencia en la sociedad, entonces ellos necesitan la Biblia en sus conciencias, porque fuera del juicio justo y perfecto de Dios, todo se reduce a opiniones, y ¿quién va a determinar si tu opinión es mejor que la mía? No hay manera de hacerlo en justicia; las opiniones son “eso”, opiniones o meras ideas personales. Que con la regla bíblica alcance un conocimiento comprensivo, íntimo, y personal de la anchura de la Ley moral de Dios y sus respectivas aplicaciones a la vida diaria, que su comunicar sea informativo y formativo. Las lecciones para sus conciencias están sólo en la Biblia. Si han de ser instrumentos de transformación ética, la Palabra del Único y Sabio Dios ha de estar atesorada en sus corazones”. Amén. TGC

  • CRISTIANISMO Y ALGO MÁS: EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA.

    Cuando era joven y al igual que muchos de mi edad, vibraba con los movimientos políticos, sus ideales y su lucha por conseguir más y mejores cosas para todos, mi padre había sido un creyente de la política de izquierda y como tal sufría con las acciones y palabras de la vereda contraria, para mi dichos movimientos que intentaban cambiar el mundo para mejor y cuyos líderes hacían uso del “don de la palabra” encantándonos con sus diatribas y discursos, eran ideales que en nuestros nobeles corazones atesorábamos con pasión. Solíamos estar junto a otros jóvenes allí en primera línea de reuniones, trataba de no perderme charlas ni eventos, tanto artísticos como políticos y culturales. Pero unos años después llegó a mi vida Cristo y toda mi cosmovisión dio un giro radical de 180º. Recuerdo que me aislé de mis amigos, de repente aparecía alguno preguntándome sorprendido, si ya no quería cambiar el mundo, pero ya mi pensamiento era otro, porque comprendí “…es imposible cambiar el mundo si no cambian antes las personas.” La revolución, el cambio duradero y genuino empieza de adentro hacia afuera y no al contrario. Es por esta y otras razones, que me asombra el día de hoy la campaña mediática que está teniendo lugar en las redes, en apoyo de partidos ultras con tintes xenófobos, o en su defecto, animando los “cristianos” a la militancia activa en lobbies y grupos de presión, próximos al ultramontanismo católico-romano. Esto es a vista de pájaro lo que está sucediendo en Latinoamérica. Hoy lamentablemente podemos contemplar atónitos y con sorpresa como el “movimiento evangélico” espera transformar la sociedad sin que los corazones hayan sido transformados previamente por la obra del Espíritu de Dios. Estoy totalmente convencido de que la Ley y las leyes son impotentes para cambiar el corazón del hombre, ni lo hacen las reformas sociales, ni los sistemas políticos o filosóficos. Ya se ha intentado en diferentes momentos durante la historia y ha fracasado; lo volverán a intentar de nuevo y repetirán los mismos errores al querer instaurar el reino de los cielos, aquí y ahora. Haríamos bien en recordar que Dios no ha abdicado, ni ha mermado su poder, sigue gobernándolo todo y nada ni nadie, puede impedir que lleve a cabo su voluntad, Daniel ya lo decía “Él quita y pone reyes” (Daniel 2:21). Quizás no estemos satisfechos con su gobierno y nos unamos inconscientemente a la petición de los ancianos de Israel al viejo profeta Samuel: “Constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones” (1ª Samuel 8:5). Cristianismo y algo más. El profesor y escritor C.S. Lewis, en su libro “Cartas del diablo a su sobrino” que originalmente fueron mensajes radiados por la BBC, en plena Segunda Guerra Mundial, anima así a su neófito y diabólico sobrino, recién salido del seminario luciferino: “El verdadero inconveniente del grupo en el que vive tu paciente es que es meramente cristiano. Todos tienen intereses individuales, claro, pero su lazo de unión sigue siendo el mero cristianismo. Lo que nos conviene, si es que los hombres se hacen cristianos, es mantenerles en el estado de ánimo que yo llamo “el cristianismo y…”. Ya sabes: el cristianismo y la Crisis, el cristianismo y la Nueva Psicología, el cristianismo y el Nuevo Orden, el cristianismo y la Fe Curadora, el cristianismo y la Investigación Psíquica, el cristianismo y el Vegetarianismo, el cristianismo y la Reforma Ortográfica. Si han de ser cristianos, al menos que sean cristianos con una diferencia. Sustituir la fe por alguna moda de tonalidad cristiana. Trabajar sobre su horror a Lo Mismo de Siempre.” O podemos citar un extracto de un artículo de Otto Sánchez, pastor de la Iglesia Bautista Ozama (República Dominicana): “Los evangélicos en el mundo de la política, principalmente en el siglo XX van desde la ultra derecha recalcitrante de algunos sectores norteamericanos, los escándalos de corrupción, misticismo y crueldad en África y Asia, el liberalismo europeo, hasta la suma de todo lo anterior en Latinoamérica, lo cual deja un balance no muy positivo. Sin embargo, por todo esto no debemos dejar de dar respuestas a los males de la cultura desde una cosmovisión cristiana”. El reino de Dios en la tierra. Bueno, nadie niega que haya habido, hay y habrá cristianos que a nivel individual tengan una vocación de servicio público a través de la carrera política, pero lo que deberíamos sopesar como iglesias y organizaciones, es el coste que conlleva alinearnos colectivamente con programas, personas y partidos que bien pueden confundir el buen nombre de la causa del evangelio. Sería largo citar aquí los más variopintos personajes políticos que buscaron y consiguieron el apoyo de la Iglesia, denominándose incluso ellos mismos como cristianos “nacidos de nuevo”, para después ser acusados de abuso de poder, corrupción, inmoralidad sexual, enriquecimiento ilícito, represión de minorías, etc. Es triste ver a la iglesia actual inclinándose sin complejos políticamente, involucrada en diferentes campañas y descuidando lo más importante, la predicación del evangelio. Muchos sueñan con establecer el Reino de Dios en la tierra, sin entender que la utopía cristiana tendrá lugar sola y únicamente con el advenimiento de los nuevos cielos y la nueva tierra donde mora la justicia (Ap.21). Toda Reforma genuina comienza por la iglesia En palabras del teólogo y escritor, José de Segovia: “El movimiento evangélico no viene de las campañas moralistas que buscaban promover la decencia y las buenas costumbres. Eso hacían muchas iglesias, que no eran precisamente conocidas por su fe evangélica, sino por su humanismo y actividad social. Toda reforma y avivamiento han nacido de la predicación del Evangelio. Esa es la razón por la que predicadores como Lloyd-Jones se negaban a dejar su capilla en los años 20 la Liga de la Temperancia, para que los alcohólicos no dejaran de escuchar su predicación. ¡Cuánto tenemos que aprender de nuestros antepasados, cuando apoyamos dudosas campañas en pro de la moralidad! ¿Cómo queremos que un homosexual escuche el Evangelio, si nos dedicamos a luchar contra sus derechos? La homosexualidad es un pecado, la Biblia así lo declara, pero es también un pecador que necesita oír el Evangelio, no consejos morales. El anuncio del Evangelio es que “Cristo murió por nuestros pecados y resucitó” (1 Co.15:3-4). Predicamos a Cristo.” No es la primera vez que escuchamos citar las palabras del Señor: “así alumbre vuestra luz delante de los hombres” con el propósito de animarnos a tener mayor presencia en la arena pública de nuestros países, aunque el texto no habla de esto sino de tener cuidado de practicar nuestra piedad delante de los hombres. En palabras del teólogo escocés A.B. Bruce “Tenemos que mostrar cuando estamos tentados a esconder y esconder cuando estamos tentados a mostrar.” ¿Cómo pretendemos juzgar al mundo, ver su paja, sin juzgarnos a nosotros primero y ver nuestra propia viga?, “A los que están fuera ya los juzgará Dios” (1 Co.5:13). Toda verdadera reforma y avivamiento comienza por la confesión y el arrepentimiento del pueblo de Dios. No deja de llamarme la atención que la iglesia solo se movilice y levante su voz cuando salen a la palestra temas como el aborto, la LGTB, la trata, pero no contra la corrupción de los políticos, los abusos de la Banca, la defensa de la salud o educación pública, los salarios dignos, la solidaridad con el emigrante, etc. ¿Doble moral quizás? Cuidado con esto, mi opinión es que debemos de hacer lo uno sin dejar de hacer lo otro. Política cristiana, “en el filo de la navaja” Creo que la expresión “en el filo de la navaja” frase acuñada por el escritor británico W. Somerset Maugham, describe de forma visual, las arenas movedizas en las que nos movemos. El problema con el posicionamiento político de la iglesia y entidades evangélicas es como la política misma, excluyente. Se trata de nosotros y ellos, azules y rojos, progresistas y conservadores, derecha e izquierda. La iglesia por el contrario llama a todos los hombres independiente de su raza, color, status social o ideología política a abrazar las Buenas Nuevas de Jesucristo. En palabras del apóstol Pablo: “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.” (1 Co.9:19-22) ¿Cómo podremos alcanzar a aquellos que consideramos y nos consideran rivales políticos? ¿Cómo podremos ganar a todos si solo nos identificamos con algunos? ¿Cómo nos escucharan aquellos que son el objeto de nuestra confrontación política? No nos engañemos, la política del hombre natural y caído, desgraciadamente no une a los hombres, sino al contrario les divide y enfrenta, el evangelio derriba todo tipo de barreras. En palabras del apóstol Pablo: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Ga.3:28). Quién tenga un llamado, una vocación política, que la ejerza en el temor de Dios y para su gloria. En cuanto a la Iglesia, las palabras de Jesús no fueron: “id y haced política…”, sino “id y predicad el evangelio”.

  • LA OTRA PANDEMIA

    A pesar del pánico por el coronavirus, este padecimiento no representa la enfermedad más peligrosa que aqueja hoy día al mundo, la verdad es otra enfermedad la que ha estado entre nosotros desde hace años, tanto que, en ocasiones su contagio ha sido generacional, aunque también se puede presentar de forma espontánea a pesar de todos los cuidados que hayan puesto en nosotros. A este mal, se le conoce como Ignorancia. “En las cabezas huecas se puede tocar bien el tambor. Y cuanto más hueca la cabeza, mayor será el eco” Karlheinz Deschner La Real Academia de la Lengua la define como una falta de conocimiento, pero puede ir más allá, ya que se han dado casos que aun con conocimiento, esta sigue causando estragos en la vida de quien la padece, sobre todo por una falta de actualización de los conocimientos. Incluso puede llevar a las personas a tomar decisiones sin hacerle caso a la experiencia, a los registros históricos o peor aún, actuando igual que siempre, esperando resultados diferentes. Y es que esta negligencia por aprender, en muchas ocasiones silencia al conocimiento o, nos lleva a no saber qué hacer con él. Y si este desconocimiento va acompañado de la soberbia, puede hacernos pensar que, por tener la capacidad de recordar muchos datos de ser ya grandes entonces somos ya inmunes a cometer errores. Alguien dijo que, más horrible que un terrorista que se inmole con dinamita en una plaza, es alguien con ideas destructivas y sin fundamentos, y lo es más si este tuviera la ocasión de llegar a un puesto de poder. El daño que puede hacer desde la plataforma donde esté es mucho mayor, pues mayos será su radio de influencia y de acción. Ahora si colocamos esto en perspectiva. Acaso resultará que si yo guardo una enciclopedia dentro de un coche, ¿ya por eso el automóvil es más inteligente? O si esta misma enciclopedia está dentro de una computadora, ¿esta podría tomar decisiones inteligentes que favorezcan al resto? No sería quizás necesario que tuviera que anexarle observaciones, experiencias, realidades, perspectivas y muchos otros datos que han mostrado su efectividad ante la ignorancia. Ahora que, si tomamos a la ignorancia como una pandemia, ¿qué tan avanzada estaría? Fase 1, Fase 2, Fase 4. O peor aún, cuantos infectados llevaríamos en todo el mundo. Y no vayamos tan lejos, siendo sinceros, qué tan contagiados estamos cada uno de nosotros. Hoy más que nunca la aplicación del conocimiento y la importancia del aprendizaje será lo que nos saque adelante. Entre más leamos cosas útiles, nos ilustremos del pasado y salgamos a conocer las realidades de los demás. Y dejemos de esperar a que alguien más haga el trabajo por nosotros, tendremos las herramientas necesarias para saber cómo aplicar correctamente toda esa sapiencia. Pues vivimos en un momento en donde el conocimiento nunca había estado tan al alcance de todos. Vamos a enfatizar la reseña más antigua que encontramos de la biblia, en el libro de Oseas, fue escrito entre los años 787-747 d. C., sin lugar a duda es el aporte más antiguo que podemos encontrar para darle cuerpo a este post. Y analizamos un poco lo dicho por Dios a este profeta, “Mi pueblo fue destruido por que le falto conocimiento…” Y nos lleva a preguntarnos. -¿Qué fue lo que Israel no aprendió? -¿Donde se quedaron estancados? Basados en esto podríamos decir que la ignorancia destruye los pueblos. En el caso de las sociedades de la actualidad, no es el desconocimiento en técnicas de guerra lo que las destruye, sino la misma ignorancia que las estanca y las lleva a tomar decisiones erradas. En una oportunidad leí el comentario de un post publicado, que decía, “Los pueblos tienen los gobernantes que se merecen” De esto podríamos deducir la importancia que significa, que las sociedades se eduquen y enriquezcan sus conocimientos y sabiduría, para poder ser protagonistas de su propio progreso, del crecimiento de sus economías y de la disminución de las brechas sociales que les aquejan; de donde de persistir los niveles de desconocimiento seguirán los paradigmas de pensar y mantener una mentalidad pobre, y pensarán que el gobierno le debe proporcionar todo o lo mínimo para subsistir sin que el beneficiado se fatigue mucho o trabaje demasiado. Por otra parte, tenemos que una mentalidad culta, estudiada, entiende que el beneficio está en ser lo menos dependiente del estado que se pueda, entiende y anhela un país independiente en todos los aspectos, principalmente el económico, este tipo de personas saben que esta vía lleva al desarrollo personal y por ende al del país. Tanto así que incluso para ejercer el derecho de votar se tiene que poseer algo de sabiduría y sentido común. Hoy la pandemia existente se está combatiendo con sabiduría, conocimientos, ciencia, experiencia y aprendizaje. Despertémonos y pongamos en una balanza, ¿que es más importante para aprender a vivir en el mundo que nos rodea?, ¿que nos puede ayudar a superar cada obstáculo?, ¿la necedad, la ignorancia o la pasividad?. Y apostemos a aquello que nos mantenga despiertos, alertas y dispuestos, tanto como apostamos por permanecer vivos y sanos por el mayor tiempo posible. LVO/2020

  • El peligro de despreciar el estudio académico de la Biblia

    En el presente artículo queremos señalar una desviación que se está diseminando entre los evangélicos en América-Latina haciendo que el nombre de Dios está siendo rebajado y ridiculizado. Nos referimos al Peligro de despreciar los estudios teológicos. Uno de los representantes de esta tendencia, líder importante de una congregación, en reiterativas ocasiones refirió que era impropio hasta pecaminoso cualquier tipo de superación ministerial y teológica. Que de hacerlo sería una muestra atroz de falta de espiritualidad y de dependencia del Espíritu Santo. En palabras suyas, la forma correcta de predicación era ir al púlpito sin preparación y como él decía “en dependencia del Espíritu Santo”, el cual daría una palabra rhema fresca a la iglesia. El mismo líder se atrevió a decir, en presencia de algunos creyentes e incrédulos, que la diabetes era una enfermedad diabólica porque venía de diablo. Su justificación para semejante conclusión era que el prefijo del sustantivo diabetes, como él lo entendía diab, coincidía con el del sustantivo diablo. Preparación o iluminación No hemos de explicar lo ridículo de este comentario, que es solo un ejemplo de las atrocidades que se enseñan y practican en algunos círculos como consecuencia del menosprecio de los estudios. ¿Es acaso la espiritualidad sinónimo de desinformación? Lamentablemente el Espíritu Santo en estos sectores, es tomado como un tipo de espíritu desinformado bíblicamente de modo que la espiritualidad que se persigue es una explosión de emociones oscilantes, pero sin una regulación escritural. Además, la relegación que hacen las tendencias que señalamos de la predicación seria y expositiva de la palabra de Dios como pretexto de la iluminación interior, es muy peligrosa. Es posible que dicha iluminación no sea más que la voz interior del corazón engañoso de cada individuo. Pero la espiritualidad bíblica no tiene ninguna relación con esta suerte de espiritismo porque la sencillez de la fe cristiana nunca ha sido hermana de la necedad. Desorientación Una dama una vez, que no tenía ninguna relación con la fe cristiana, fue invitada a una iglesia marcada por estos ideales, después del evento admitió sentir agotamiento, reconociendo que se encontraba más desorientada y confundida en relación a la fe cristiana que antes de asistir a esa reunión. Tanto así que personas que ha pasado años de su vida sumergido en el espiritismo y la santería, que han asistido a campañas de sanidad en este tipo de iglesias muy espiritualizadas, después de vivir esas experiencias expresaron que no notaban mucha diferencia y si demasiada similitud entre prácticas espiritistas y lo que había percibido en aquellas congregaciones. Manipulación Una iglesia sin preparación y por ende desinformada será una iglesia fácil de manipular, fenómeno similar sucedió con los cristianos europeos del siglo XVI, el tiempo de la Reforma. El llamado período del oscurantismo fue una época en que se vedó el acceso a la Biblia, condición que favoreció que el pueblo fuese manipulado y alejado del correcto sentido de las Escrituras. Hoy día, a pesar de que tenemos la Biblia en nuestros propios idiomas y el de casi todas las etnias del mundo, esta oscuridad e ignorancia continúa haciendo daño como una versión más sutil de lo mismo, la falta de conocimiento. Ya nuestro propio Señor declaró: “Mi pueblo se pierde por falta de conocimiento”. Repetimos lo dicho anteriormente, una iglesia sin preparación bíblico-teológica será una iglesia fácil de manipular y llevada de aquí para allá por todo viento de doctrina. Sobre todo, en una época de tanto eclecticismo en el ámbito teológico y religioso. Pueblo de la Biblia, necesitamos como pueblo de Dios estar alertas sobre esta tendencia cada vez más común en nuestro contexto latinoamericano. Necesitamos mayor conocimiento de Dios el cual se ha revelado en su Palabra, para poder permanecer firmes ante estas nocivas ideologías. Y requerimos con urgencia de seguir siendo lo que históricamente hemos sido: “El pueblo del Libro, es decir la Biblia”. Regresemos a la Biblia, regresemos a la sana doctrina, unámonos a aquellos que tienen hambre por la Palabra de Dios. Y cuidémonos del peligro perjudicial de despreciar hasta satanizar lo académico de la fe cristiana, porque la fe cristiana es una fe fundamentada bíblicamente y racionalmente. De ELCR

  • América Latina y la Nueva Moral

    En el presente trabajo analizamos la situación moral actual en América Latina. Partimos de la pregunta ¿qué implicaciones éticas supone la nueva moral y en qué medida la nueva moral se ha aceptado en nuestra región? Un análisis objetivo de la realidad arroja que la nueva moral se ha arraigado fuertemente. La mayoría de los medios de comunicación están al servicio de dichas tendencias. Su penetración en las esferas sociales y políticas contribuyen a su expansión y desarrollo. Divorcio El divorcio en Chile fue instaurado en el año 2004, siendo uno de los últimos países en el mundo en regularlo. La revista Business Insider recogió las siguientes estadísticas sobre los divorcios, que, por cierto, no siempre muestran con total justeza la realidad: Ecuador 20%, Guatemala 5%, México 15%, Panamá 27%, Brasil 21% Venezuela 27%. ¿Qué diría Jesús? “Y yo os digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio” (Mateo 19: 9). La sexualización de la niñez. la hipersexualización precoz es un fenómeno ya muy difundido en Latinoamérica. Es la imposición de una sexualidad adulta a las niñas y niños que no están, emocional, psicológica ni físicamente preparados para ello. Los niños y las niñas se visten una ropa diseñada para resaltar las partes íntimas del cuerpo, de modo que no se nota casi ninguna diferencia entre la ropa de adultos y la de un niño. De igual forma se nota una asimilación por parte de los infantes de un lenguaje que incluye palabras con alto significado sexual, en no pocos casos palabras que rozan con la vulgaridad. Las películas infantiles (Disney) contribuyen a dicho influjo, ya que son muchas las que contienen en la trama palabras, conceptos, fotos, historias que lo promueven. Muchos niños a temprana edad tienen acceso a pornografía. El internet, cuando no es debidamente regulado por los padres, repercute en daño permanente en la mente del menor. El resultado: una generación de adolescentes y jóvenes latinoamericanos muy sexualizados. La sociedad, incluidos los padres, está forzando a los infantes a quemar etapas de su desarrollo forzándoles a la adultez. Edad de consentimiento sexual Lo anterior expuesto junto a otros factores repercutió en que en casi todos los países latinoamericanos la edad de consentimiento sexual se instituye sobre los 14 años, pero la experiencia deja ver que cada vez son más las niñas y niños que se inician sexualmente antes de la edad señalada. Aborto El aborto está legalizado en varios países latinoamericanos y se ha hecho cada vez más común entre adolescentes, ya que son más frecuentes los embarazos a esta edad. Es importante señalar lo riesgoso que es para la adolescente un embarazo, ya que su cuerpo está alcanzando la madurez, pero aún no está óptimo para procrear. Nos acordamos: “No matarás” (Éx. 20: 13). Ideología de Género Argentina fue el primer país latinoamericano en legalizar el matrimonio homosexual, además de refrendar la posibilidad de adopción en el año 2010. Otros países siguieron. En Cuba se esté discutiendo una posible inclusión constitucional a esta corriente. En la 47° Asamblea General de la OEA (2017) se intentó por países del llamado “grupo de Río”, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México y Uruguay, incorporar en el programa social del futuro nuevos términos del llamado “lenguaje inclusivo”, así como orientación sexual, identidad de género, etc. Otros países como Paraguay, Guatemala, Surinam, Barbados y Jamaica frenaron la iniciativa. Los promotores sin embargo llegaron al punto de releer los derechos humanos en clave de género. Los canales que los inspiradores de esta preferencia sexual utilizan son a la postre es autodestructivos, y son en los mismos sistemas educativos y los medios de comunicación, en donde en muchos de estos países se ha instaurado o está en vías de implementación las nefastas ESI (Educación Sexual Integral). Las escuelas y universidades se muestran como espacios propicios para su expansión que ya se diseña a fin llegue a los niños en edades muy tempranas. Lev. 18: 22, “No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación”. (Véase Rom. 1: 26, 27; 1Cor. 1: 6, 7). Nuestra oración es que en esta desorientación moral Latinoamérica toda se vuelva al Señor para que sean una alternativa en este mundo decadente e inmoral. Dios tiene un remanente, un pueblo escogido, e Isaías 53 nos indica que no son todos y tampoco son pocos, sino muchos por los cuales Cristo murió. Esperamos que vengan a Cristo y seamos nosotros como iglesia de Cristo, el faro que alumbre a un mundo sumergido en oscuridad.

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