
134 resultados encontrados
- ¿QUÉ ES EL LIBRE ALBEDRÍO?
R.C.Sproul Quiero llamar su atención a una evaluación de lo que entendemos al decir las palabras ‘libre albedrío’. ¿Qué significa tener libre albedrío? ¿Qué significa ser un agente moral libre, una criatura volitiva bajo la soberanía de Dios? En primer lugar, déjenme decir que hay distintos puntos de vista en cuanto a lo que incluye el libre albedrío que se usan en nuestra cultura, y creo que es importante que reconozcamos estos puntos de vista. Al primero lo voy a llamar el punto de vista ‘humanista’, el cual diría que es la posición más ampliamente aceptada de la libertad humana que encontramos en nuestra cultura. Y me entristece decir, en mi opinión, que es la postura más difundida dentro de la iglesia, así como fuera de ella. En este esquema, el libre albedrío es definido como nuestra capacidad para elegir de forma espontánea; las elecciones que hacemos no están de ninguna modo condicionadas o determinadas por prejuicios, inclinaciones o disposiciones previas. Permítanme repetirlo: tomamos decisiones de forma espontánea, sin antecedentes previos a la decisión que determinen nuestra elección, sin prejuicio, sin preferencias o inclinaciones previas; viene literalmente por sí misma como una acción espontánea de la persona. Ahora, desde el principio puedo ver dos problemas serios que enfrentamos como cristianos con esta definición de libre albedrío. El primero es un problema teológico o moral, el segundo es un problema racional. Y en realidad debería decir que hay tres problemas ya que todo el tema se centrará en el tercero, pero empecemos viendo, en este momento, dos problemas. El primero es, como dije, un problema teológico, moral. Si nuestras elecciones son hechas meramente de forma espontánea, sin inclinación previa, sin preferencias, en cierto sentido lo que estamos diciendo es que no hay razón alguna para tal elección. No hay motivación o motivo para la elección. Solo sucede de forma espontánea. Y si así operan nuestras elecciones entonces enfrentamos inmediatamente este problema: ¿cómo podría tal acción tener algún significado moral? Porque, una de las cosas, por ejemplo, que la Biblia se preocupa en cuanto a las elecciones que hacemos, no es solo lo que elegimos, sino cuál fue nuestra intención al hacer esa elección. Recordamos, por ejemplo, la historia de José cuando fue vendido como esclavo por sus hermanos. Cuando él se reúne con ellos años más tarde, y ellos se arrepienten de ese pecado, ¿qué le dice José a sus hermanos? Cuando los acepta y los perdona, él dice: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien.” Así que Dios hizo una elección al respecto. Dios había elegido, al menos al permitir que esto pasara y que le sucediera a José. Sus hermanos tomaron una decisión en cuanto a qué hacer con José. Su inclinación al hacerla fue perversa. Dios también hizo una elección al permitir que esto suceda, pero la razón de Dios, la intención de Dios en este acto, era completamente justa y santa. Entonces, Dios, al considerar una buena obra, por ejemplo, no solo examina la acción externa en sí (el hecho), sino que también considera ¿el qué? las motivaciones internas, la intención detrás del hecho. Pero si no hay motivaciones internas, si no hay intenciones, no hay intencionalidad real, usando el término filosófico, entonces ¿cómo podría la acción tener algún significado moral? Solo sucede. Pero incluso más profundo que este problema, nos enfrentamos de inmediato a la pregunta de si en realidad se podría o no hacer tal elección, no simplemente si sería moral si se hiciera, sino que, ¿podría incluso una criatura sin ninguna disposición previa, inclinación, preferencia o razón hacer una elección? Veamos esto con un par de ejemplos. Si no tengo una inclinación o disposición previa, lo atractivo de esta idea es que eso significaría que mi voluntad es neutral. No está inclinada ni a la izquierda ni a la derecha. No está inclinada hacia la rectitud ni hacia el mal, sino que es simplemente neutral. No hay inclinación o preferencia previa. Pienso en la historia de Alicia en el país de las maravillas, cuando en sus viajes llega a una bifurcación de caminos y ella no puede decidir si escoger hacia la izquierda o la derecha. Y levanta la vista y está el gato Risón en el árbol sonriéndole y le pregunta al gato: “¿Qué camino debería yo tomar?” Y el gato Risón responde diciendo: “Eso depende. ¿A dónde vas?” Y ella responde: “No sé”. Entonces, ¿qué le dice él? “Entonces supongo que no importa”. Si no tienes intención, no tienes plan, no deseo de llegar a algún sitio, ¿qué más da si vas a la izquierda o a la derecha? Bueno, en este caso, lo vemos y pensamos: “Ahora Alicia tiene dos opciones. Ella puede ir a la izquierda o puede ir a la derecha.” Pero, en realidad, ella tiene cuatro opciones. Ella puede ir a la izquierda, puede ir a la derecha, ella puede regresar por donde vino o ella puede quedarse parada y no hacer nada, lo cual es también una opción, quedarse ahí hasta que perezca de inactividad. Así que tiene cuatro opciones. Y la pregunta que nos haremos es: “Por qué tomaría alguna de esas cuatro opciones? Si no tuviese razón alguna, o inclinación detrás de la elección, si su voluntad fuera completamente neutral, ¿qué le sucedería a ella en realidad? Si no hay razón para preferir la izquierda o derecha, permanecer ahí hasta el punto de regresar, ¿qué opción ella elegiría? Ella no haría una elección. Ella estaría paralizada. Entonces el problema que tenemos con la noción humanista de libertad es que se trata del mismo problema del conejo fuera del sombrero que se queda sin sombrero y sin mago. Es algo que sale de la nada, un efecto sin una causa. Una elección espontánea, en otras palabras, es una imposibilidad racional. Tendría que ser un efecto sin una causa. Ahora, solo de paso, añadiría que, desde una perspectiva bíblica, desde una perspectiva cristiana, el ser humano en su caída, no se ve como estando en un estado de neutralidad con respecto a las cosas de Dios. Él tiene un prejuicio, él tiene un sesgo. Él tiene una inclinación y su inclinación es hacia la maldad y lejos de las cosas de Dios. Pero permítanme decirlo, de paso, al observar varios puntos de vista cristianos sobre la libertad de la voluntad. Personalmente pienso que el mejor libro que se haya escrito en este tema, se titula simplemente: “La libertad de la voluntad” escrito por el más grande erudito de Estados Unidos, Jonathan Edwards. (Y dicho sea de paso, esa designación de “el mejor erudito de Estados Unidos” no es mía. Viene de la Enciclopedia Británica, que ha votado a Jonathan Edwards como la más grande mente erudita que los Estados Unidos jamás haya producido; y su obra: “La libertad de la voluntad”, creo que es la evaluación más profunda y el análisis de esta espinosa pregunta que yo haya leído.) Por supuesto, la famosa obra de Martin Luther sobre la esclavitud de la voluntad es también uno muy importante, que creo que los cristianos tienen que leer. Pero veamos por un momento la definición de Edwards acerca de la libertad de la voluntad. Edwards dice que: “La libertad o libre albedrío es la elección de la mente”. Ahora, lo que dice es que, aunque él distingue entre la mente y la voluntad, está diciendo que los dos están relacionados de forma inseparable. No hacemos elecciones morales sin que la mente apruebe la dirección de nuestra elección. Esa es una de las dimensiones que está muy relacionada con el concepto bíblico de conciencia: que en las elecciones morales está– la mente está involucrada en esas elecciones. Me doy cuenta de ciertas opciones y si prefiero una sobre la otra, para hacerlo tengo una preferencia, antes de poder hacer la elección, tengo que tener una idea de cuáles son esas opciones para que sea una decisión moral. De modo que la voluntad no es algo que actúa de forma independiente de la mente, sino que actúa en conjunción con la mente. Cualquier cosa que la mente considere como deseable, es lo que la voluntad está inclinada a elegir. Ahora, además de las definiciones, Edwards nos da una especie de regla de oro a la que llamo: “Ley de libre albedrío de Edwards” y creo que esta es quizá su contribución más importante a la discusión en cuanto a la libertad humana. Edwards declara esto: que “los agentes morales libres siempre actúan de acuerdo con la inclinación más fuerte que tienen en el momento de la elección”.Para decirlo de otra manera, siempre elegimos según nuestras inclinaciones y siempre elegimos según nuestra inclinación más fuerte en un momento dado. Déjenme decirlo de forma simple. Cada vez que pecas, lo que esa acción indica es que al momento de pecar, tu deseo de cometer el pecado es mayor en ese momento que tu deseo de obedecer a Cristo. Si tu deseo de obedecer a Cristo fuera mayor que tu deseo de cometer el pecado, ¿qué harías? ¡No pecarías! Pero al momento de la elección, siempre seguimos nuestra inclinación más fuerte, nuestra disposición más fuerte o nuestros deseos más fuertes. Ahora, nos parece, sin embargo, en este tema de la elección, que hay muchas veces que elegimos cosas sin alguna razón aparente en lo absoluto. Por ejemplo, si tuviera que preguntarte: “Por qué estás sentado en la silla en la que estás sentado en este momento? ¿Podrías analizar tus propios procesos de pensamiento interno y las respuestas a las opciones que tenías delante cuando entraste a esta sala y decir con claridad: “La razón por la que estoy sentado aquí es porque siempre me gusta sentarme en la última silla” o “porque quería sentarme junto a Carmen” o “quería estar en primera fila para salir en la cámara” o “era la única silla que quedaba libre y no que quería quedar de pie y prefiero sentarme que estar de pie; y entonces, mi deseo por sentarme era mayor que mi deseo por estar de pie”. Lo que les estoy diciendo es que hay una razón por la que están sentados donde están sentados y pudo haber sido una decisión muy rápida. Puede ser que simplemente seas perezoso y no te guste caminar y que la silla que viste vacía era la más cercana que estaba disponible. Es probable que las razones sean más profundas que eso. Hay algunos que si caminas con ellos al parque donde hay una banca desocupada con espacio para tres personas, entonces esas personas, si los llevas a una banca del parque, o los llevas a un parque y hay una banca vacía y se sientan en la banca, cien de cada cien se sentarán en el extremo de la banca en vez de sentarse en el medio de la banca. De hecho, generalmente se sentarán en el extremo izquierdo o en el derecho, donde otras personas siempre elegirán el medio. ¿Por qué? A algunos les gustan las multitudes. Les gusta estar en medio de la acción. Ellos tienen una personalidad gregaria. A otras personas les gusta estar seguros donde puedan tener una salida segura, se quedarán en el extremo de la banca. Y permítanme decir, no siempre estamos sentados allí analizando con sumo cuidado el por qué hacemos las elecciones que hacemos, pero hay una razón para cada elección y siempre actuamos de acuerdo con la inclinación más fuerte del momento. Ahora, hay dos cosas que Podemos plantear de inmediato para objetar la ley de elección de Edwards. La primera es: “Bueno, puedo decirte que muchas veces he hecho cosas que en realidad no quería hacer y he experimentado coerción.” Bueno, la coerción involucra fuerzas externas que entran en nuestras vidas y buscan obligarnos a hacer las cosas que, en igualdad de condiciones, no elegiríamos hacer. Pero, en la mayoría de los casos, el poder de la coerción puede generalmente reducir nuestras opciones a dos: pueden reducir drásticamente nuestras opciones. El pistolero se acerca a mí en la calle, me pone una pistola en la cabeza y dice: “Tu dinero o tu vida”. Él acaba de reducir mis opciones a dos. ¿Cierto? Por fuerza externa y coerción. Ahora, al ser todas iguales, no estaba buscando a alguien a quien darle mi billetera esa noche, así que no tenía ningún deseo de darle mi dinero a ese hombre. Pero cuando el arma está en mi cabeza y mis opciones son mi sangre en la acera o mi billetera en el bolsillo, de repente tengo un deseo fuerte de vivir y perder mi dinero, en vez de morir y también perder mi dinero. Y entonces, en ese momento, mi nivel de deseo de vivir podría ser más fuerte que mi nivel de deseo de resistir a ese hombre, por eso le doy mi billetera. Ahora, podría haber personas en esa misma situación que dirían: “prefiero morir antes que ceder a la coerción, aunque sé que si me niego a darle la billetera, me matará de todos modos y se llevará mi dinero. Aún así, de ninguna manera voy a ayudarlo”. Entonces dicen: “Dispárenme”. Pero aún ahí, su deseo de resistir es mayor que su deseo de no resistir y entonces se resisten. ¿Está claro? Por lo que incluso cuando nuestras opciones se reducen severamente y las fuerzas externas cambian nuestros niveles de deseo, porque este es el otro punto del que tenemos que estar conscientes, es que los deseos humanos fluctúan y son muchos. En situaciones donde hacemos elecciones, es raro que solo elijamos entre dos opciones, o incluso solo entre una buena opción y una mala. Una de las elecciones morales más difíciles para un cristiano es entre cosas buenas. “Tenemos dos oportunidades, pero no estoy seguro con cuál es con la que puedo servir mejor a Cristo.” Y eso resulta muy difícil. Sabemos que nuestros niveles de deseo cambian y fluctúan. Pero la segunda objeción que puedo escuchar es la declaración del apóstol pablo cuando dice: “lo bueno que quiero no lo hago, y lo que no quiero es lo que hago.” Y pareciera sugerir allí mismo que el apóstol Pablo, mediante autoridad apostólica, nos está diciendo que, de hecho, es posible que una persona elija en contra de sus deseos, elegir en contra de sus anhelos. Solo puedo decir en respuesta a eso que no creo que haya sido la intención del apóstol el darnos un tratamiento técnico de las complejidades del funcionamiento de la facultad de elegir; pero lo que él está expresando es algo que todos experimentamos, que tengo dentro de mí un deseo de agradar a Cristo, pero ese deseo presente no siempre triunfa cuando llega el momento de la verdad. Todo es igual como cristiano, si me dijeras: “RC, ¿te gustaría liberarte del pecado? Yo diría: “Por supuesto que me gustaría ser libre del pecado”. Sin embargo, lo digo ahora hasta que la tentación del pecado me presione y mi deseo por ese pecado se intensifique: y luego me rindo a él, libremente. Porque cuando obro y actúo según mis deseos, estoy obrando y actuando libremente. Bien, déjenme continuar. Calvino, al examinar el asunto del libre albedrío, dijo: “si queremos decir por libe albedrío que el hombre caído tiene la capacidad de elegir lo que quiere, entonces por supuesto, el hombre caído tiene libre albedrío. Si queremos decir con ese término que el hombre en su estado caído tiene el poder moral y la capacidad de elegir la rectitud, entonces Calvino dijo, “el libre albedrío es un término demasiado grandioso como para aplicarlo al hombre caído.” Y con esa opinión, yo estaría de acuerdo. Hemos visto el punto de vista de Edwards, el punto de vista de Calvino, ahora veremos el punto de vista Sprouliano del libre albedrío, apelando a la ironía o a una forma de paradoja. Me gustaría hacer esta afirmación: que en mi opinión, cada elección que hacemos es libre y cada elección que hacemos está determinada. Cada elección que hacemos es libre y cada elección que hacemos está determinada. Ahora, eso suena completamente contradictorio porque normalmente vemos las categorías de “determinar” y “libre” como categorías mutuamente excluyentes. Decimos que si algo está determinado por otra cosa, quiere decir que es causado por otra cosa, pareciendo indicar que no puede ser libre. Pero a lo que me refiero aquí, de lo que estoy hablando, no es determinismo. El determinismo significa que las cosas me pasan estrictamente en virtud de fuerzas externas. Pero además de las fuerzas externas, que son factores determinantes en lo que nos pasa, también hay fuerzas internas que son factores determinantes. Lo que hemos estado diciendo todo este tiempo, junto con Edwards y Calvino, es que si mis elecciones fluyen de mi disposición y de mis deseos, y si mis acciones son un efecto que tienen causas y razones detrás de ellas, entonces mi deseo personal, en un sentido muy real, determina mi elección personal. Ahora, si mis deseos determinan mi elección, ¿cómo puedo ser libre? ¿Recuerdan que dije que en cada opción, nuestra elección es libre y determinada? Pero lo que la determina soy yo, y a esto llamamos ‘auto’, tú la completas con determinación. Auto-determinación, lo cual no es la negación de la libertad, sino la esencia de la libertad. Para que mi yo pueda determinar sus propias elecciones es de lo que se trata el libre albedrío. Ahora, de manera simple trato de plantear que no solo podemos elegir de acuerdo con nuestros propios deseos, sino que de hecho siempre elegimos según nuestros deseos; y llevaré esto al grado superlativo y diré que, de hecho, debemos elegir siempre según la inclinación más fuerte en ese momento. Y esa es la esencia de la libre elección: poder elegir lo que quieres. Ahora, el problema con el pecador, obviamente, no es que el pecador en su caída haya perdido la facultad de elección. Los pecadores todavía tienen mentes, pueden pensar, todavía tienen deseos, tienen voluntades. Y la voluntad sigue siendo libre en la medida que sea capaz de hacer lo que el pecador desea hacer. ¿Dónde radica el problema? El problema está en la raíz de los deseos del corazón del ser humano caído porque tiene una inclinación al mal, un deseo por el pecado, él peca. Los pecadores pecan porque ellos quieren pecar. Por lo tanto, pecan libremente. Los pecadores rechazan a Cristo porque ellos quieren rechazar a Cristo. Por lo tanto, lo rechazan libremente. Y antes de que una persona pueda responder positivamente a las cosas de Dios y elegir a Cristo y elegir la vida, debe tener un deseo de hacer eso. Ahora, la pregunta es: ¿conserva el hombre caído algún deseo en su corazón por Dios y por las cosas de Dios? Rápidamente presentaré nuestro siguiente tema, es la visión bíblica del carácter radical de la caída del hombre con respecto a su deseo por las cosas de Dios. Pero antes de llegar a ese tema, vamos a concluir hablando de otra distinción que Jonathan Edwards ha hecho famosa. Él hace una distinción entre habilidad moral y habilidad natural. La habilidad natural tiene que ver con habilidades que tenemos por naturaleza. Como ser humano tengo la habilidad natural de pensar. La habilidad de hablar. Puedo caminar erguido. No tengo la capacidad natural de volar por el aire sin ayuda de máquinas. Los peces tienen la capacidad de vivir bajo el agua por largos periodos de tiempo sin tanques de oxígeno ni equipos de buceo, porque Dios les ha dado aletas y branquias. Les ha dado el equipo natural necesario para que puedan vivir en ese entorno. Por lo tanto, tienen una habilidad natural que yo no tengo. Dios ha dado a las aves habilidades naturales que yo no tengo. ¿Correcto? Pero estamos hablando de habilidad moral; estamos hablando de la capacidad de ser rectos, así como de ser pecadores. El ser humano fue creado con la habilidad de ser recto o ser pecador, pero el hombre ha caído. Y lo que Edwards está diciendo es que, en su estado caído, ya no tiene la capacidad en sí mismo de ser moralmente perfecto porque ha nacido en pecado, en pecado original. Tiene una naturaleza caída, una naturaleza pecaminosa, lo que hace que sea totalmente imposible para él alcanzar la perfección en este mundo. Todavía tiene la facultad de pensar, la facultad para tomar decisiones. Pero lo que le falta es la inclinación o la disposición hacia la piedad. Ahora vamos a ver si eso concuerda o no con lo que la Biblia enseña acerca de la condición caída del ser humano, pero solo te lo estoy dando a manera de adelanto. Hasta ahora, Edwards simplemente está repitiendo lo que Agustín había enseñado siglos antes con una distinción similar. Agustín dijo que el hombre tenía un “liberum arbitrium” o un libre albedrío, pero que el hombre perdió en la caída era “libertas” o libertad, lo que la biblia llama libertad moral. La biblia habla de los humanos caídos como esclavos del pecado. Y aquellos que están en esclavitud han perdido alguna dimensión de libertad moral. Todavía toma decisiones, todavía tiene libre albedrío, pero esa voluntad ahora se inclina hacia el mal y no se inclina hacia la rectitud. No hay quien haga el bien. No hay justo. No hay quien busque a Dios, ni aún uno. Eso indica que algo nos ha sucedido en el interior. Jesús habla de que el fruto del árbol proviene de la naturaleza del árbol; la higuera no produce naranjas. No obtienes un fruto corrupto de un árbol recto. Hay algo malo dentro de nosotros, en donde residen nuestros deseos, nuestras inclinaciones. Es eso lo que está en esclavitud. Pero incluso esa caída no elimina la facultad de elegir. Así que realmente no hay diferencia entre lo que Agustín llama cuando dice: “Todavía tenemos libre albedrío, pero no libertad”, que es la misma distinción que Edwards hace entre la habilidad moral y la habilidad natural. Bueno, necesito parar porque mi tiempo se está acabando y solo quisiera decir que en nuestra próxima sesión veremos esto desde una perspectiva bíblica para ver lo que la Biblia dice de la capacidad moral del ser humano o la falta de ella con respecto a las cosas de Dios.
- EUTANASIA: ¿MUERO PORQUE NO MUERO?
“Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré” (Isaías 46:4) Estamos en la batalla cultural. Y al parecer la lucha se está desarrollando en varios frentes. Aborto, matrimonio homosexual, ideología de género, concepto de familia, ley mordaza etc. La mayoría de estos tópicos poseen claras referencias bíblicas en cuanto a lo que ordena, prohíbe y permite nuestro Señor. Sin embargo, cuando hablamos de eutanasia nos encontramos con pocas alusiones bíblicas respecto de cómo los cristianos debemos enfrentar este delicado tema. Es cierto, tenemos textos bíblicos como “no matarás”, o su expresión en positivo, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Claramente estos mandamientos apuntan a buscar el bienestar del otro, y a permitir su máxima realización y vocación en la tierra. No obstante, los insumos bíblicos para hablar de eutanasia no son tan claros ni evidentes como es el caso del aborto o matrimonio homosexual, donde sí encontramos mandamientos expresos y explícitos. Por esta razón, pretendo abordar cuáles serían algunos de los criterios y/o indicadores que debiéramos utilizar al momento de explicar y enfrentar la eutanasia. En general existen dos tipos de eutanasia. La eutanasia pasiva, y la eutanasia activa (hay un tercer tipo dentro de la categoría que recibe el nombre de “suicidio asistido”, y que por motivos de espacio no analizaré aquí) En primer lugar, la eutanasia pasiva es aquella donde no existe una acción directa para quitar o poner fin a la vida de una persona. En otras palabras, se le suspenden todos los tratamientos “extraordinarios” que la mantienen con “vida”. Podríamos decir que son tratamientos extraordinarios los que resultan carísimos, riesgosos, o asimétricos en relación a los efectos esperados, que conllevan la recuperación del enfermo. Serían aquellos donde el “remedio” resulta peor que la enfermedad. Esto también incluye lo que he llamado la “experimentación darwiniana”, es decir, tratar al ser humano como un conejillo de indias, y someterlo a toda clase de procedimientos médicos que violan la dignidad de la persona, o lo que comúnmente se conoce como el “encarnizamiento terapéutico”. Hacer esto sería violar la máxima kantiana que nos prohíbe tratar a otros como un medio y no como un fin. Y esto es lo que sucede en todo procedimiento médico donde los profesionales, sabiendo que el paciente no tiene posibilidad alguna de sobrevivir, sin embargo, aplican estos medios extraordinarios para experimentar y aprender a costa del paciente. Un ejemplo de esto es la muerte cerebral, donde la persona vive artificialmente conectada a una máquina. Como decía un teólogo: “las luces de la casa están encendidas, pero ya nadie vive ahí” En la práctica los cristianos siempre hemos aceptado (consciente o inconscientemente) la eutanasia pasiva. ¿Cuantas veces hemos pedido a Dios que se lleve pronto a un familiar, hermano o amigo que sufre, y que no tiene posibilidad alguna de recuperación?, o ¿cuántas veces le hemos dicho al mismo enfermo, que no se aferre más a esta vida y que acepte la voluntad del Señor para que descanse en paz? Estas prácticas, lejos de ser impías e inmorales, son el fruto de la reflexión cristiana. Hay un “tiempo de nacer, y tiempo de morir” (Ecl. 3:2) También para el cristiano la muerte es ganancia (Fil. 1:21) Y su único deseo es encontrarse con su Señor (2 Cor. 5:8) Por lo tanto, no tenemos el derecho de obligar a ninguna persona a que sea sometida a procedimientos médicos infructuosos e inútiles que solo extienden artificialmente la vida unas cuantas horas, o tal vez un par de días. En segundo lugar, definimos la eutanasia activa como aquella acción que interviene directamente sobre la persona y que busca quitarle la vida. Y esta práctica es lo que actual y convencionalmente se conoce como eutanasia propiamente tal. Por lo tanto, a contar de ahora, cuando hablemos de eutanasia (a secas) nos estaremos refiriendo a la eutanasia activa. Quienes proponen la legalización de la eutanasia, generalmente invocan dos argumentos: por un lado el irresistible sufrimiento que padece la persona, y por el otro la autonomía de la voluntad de la persona. Para ambos casos se aduce que cada persona tiene la absoluta libertad de poner fin a su vida, sin que nadie coarte o conculque su derecho a morir. En el papel suena muy lógico, convincente y sensible, ¿A quién se le ocurriría ir contra la libre voluntad de un individuo que sometido a un terrible sufrimiento decide poner fin a su vida? No obstante, en la práctica se observa otro escenario. ¿Hasta qué punto es “libre y autónoma” una persona que está sometida a un grado de sufrimiento superlativo?, ¿Conserva esta persona sus facultades mentales estables y competentes para tomar una decisión tan drástica como dejar de vivir? Si nosotros nos estremecemos cuando vemos morir a alguien en un fatal accidente, o cuando asistimos al velorio de un amigo ¿Cuánto más difícil será para una persona que está bajo condiciones de dolor, pánico y angustia, tomar una decisión tan radical y dramática como acabar con su vida? Claramente el argumento de la supuesta libertad y autonomía se nos derrumba, ya que un individuo en condiciones de enajenación no está en las mejores circunstancias como para ejercer su libertad y autonomía. Y para ser honestos, en los países donde se practica la eutanasia, no son los enfermos quienes deciden, sino los familiares más cercanos, o en su defecto el verdugo de turno, perdón, el médico de turno. Pero también hay otro argumento que podemos esgrimir en contra de la eutanasia. Este argumento se sustenta en el principio que nos dice: “el que puede lo más, puede lo menos”. En otras palabras, si la persona puede disponer de su propia vida (que es el bien mayor que poseemos), entonces también podrá disponer de algunos elementos que constituyen esa misma vida, por ejemplo, su libertad. Bajo esta lógica, si una persona puede poner término a su vida (eligiendo la muerte), entonces también podrá poner término a su libertad (eligiendo la esclavitud). Si el sufrimiento es la fuente que franquea la posibilidad de terminar con mi vida, entonces también lo será para renunciar a otros derechos como la libertad. Imagine una persona que padece de un profundo sufrimiento y depresión debido a sus precarias condiciones de pobreza, y la única opción para salir de su situación es vender su libertad a cambio de una suculenta suma de dinero, ¿justificaríamos entonces la esclavitud? ¡Por supuesto que no! ¿Por qué? Porque hay derechos a los que no podemos renunciar. Porque detrás del derecho a la vida (y los otros derechos que emanan de ella), está la imagen de Dios, la que nos otorga un valor y una dignidad única, e irrepetible (Gen. 1:26-27). Pero también nos hace mayordomos de Dios. Ante quién algún día tendremos que rendir cuentas y explicaciones respecto de cómo administramos la vida que se nos entregó (Lc. 16:2) Por lo tanto, descubrimos que la eutanasia no respeta ni la libertad del enfermo, ni mucho menos su dignidad. Lejos de ser una “muerte buena”, es la forma más brutal e inhumana que se le puede aplicar a una persona que sufre. Aprobar este proyecto de ley implicaría satanizar socialmente todo tipo de enfermedades, incluyendo a las personas diferentemente capacitadas: ciegos, sordos, trisómicos (síndrome de Down), y especialmente aquellos pacientes que padecen de enfermedades graves, crónicas y degenerativas. Cuando la eutanasia (y también el suicidio asistido) es legal, inevitablemente pasa a ser consideraba como una opción legítima por los miembros de la sociedad (incluyendo a los familiares) y que por lógica consecuencia sería casi inmoral no allanarse a este “beneficio”. Quien se empecina en seguir viviendo bajo condiciones de salud complejas y difíciles, comienza a dar la imagen de ser una persona mezquina, que obcecadamente impone su dolencia y sus problemas al resto de la familia y sociedad. De esta manera, la legalización de la eutanasia lejos de calmar el sufrimiento, y de reivindicar la autonomía del paciente, en realidad lo discrimina y estigmatiza como un problema. El foco del problema ya no es la enfermedad, sino la persona. Si no puedo eliminar el sufrimiento, entonces eliminemos al que sufre. Y con este paradigma surge un problema más dramático, ya que va dando forma a una sociedad de tipo espartana, donde las enfermedades y el sufrimiento, aparte de tornarse repulsivas, transforman al paciente en un estorbo y alguien moralmente indeseable. Esta es la verdad que oculta el N.O.M. (nuevo orden mundial), formar una sociedad que deshecha a los débiles y premia a los físicamente aptos, al más puro estilo del Partido Nazi. Al inicio de esta columna dijimos que los textos bíblicos que se referían explícitamente a la eutanasia eran pocos. Y me remití a Isaías 46:4 ¿Por qué? Porque claramente refleja el compromiso de Dios con los más débiles. La cosmovisión judeo-cristiana no discrimina ningún tipo de vida. Porque toda vida es sagrada (2 Cor. 5:15) desde la concepción hasta las canas. Y porque para defender la vida hay que amarla y creer que tiene sentido. Para transmitir la vida, se debe ser feliz y abrirse a la esperanza. Tal vez, los enemigos de la libertad, no saben lo que es la verdadera alegría, o el gozo de vivir. Promueven el aborto y la eutanasia porque no tienen razones para la vida, porque detrás de su relajo, de su cinismo, o vida light, hay una terrible soledad y larvada desesperanza. (Copiado) Rev. Walter Vega,
- UNA PERSPECTIVA CRISTIANA SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD
Una de las controversias más difíciles e importantes a las que se enfrenta la iglesia de hoy es la cuestión de la homosexualidad como un estilo de vida alternativo. La iglesia no puede esquivar esta pregunta. Acontecimientos como el brutal asesinato de Matthew Shepherd, el estudiante homosexual en el estado de Wyoming, Estados Unidos, o la conocida corriente de escándalos que implica a sacerdotes pedófilos que ha sacudido a la iglesia católica del país del norte y Latinoamérica, como asimismo, la cuestionable apertura hacia el liberalismo y la proliferación de los movimientos LGBT son suficientes para traer esta cuestión al frente y al centro de los debates hoy. Es muy común que los cristianos que rechazan la legitimidad del estilo de vida homosexual sean habitualmente etiquetados de homofóbicos, intolerantes e, incluso, odiosos. A causa de eso, la cuestión de la homosexualidad ha provocado una tremenda intimidación, al punto que algunas iglesias han endorsado el estilo de vida homosexual y hasta han acogido a aquellos que lo practican a ser sus ministros. Y no piense que esto ha sucedido solamente en iglesias liberales. Una organización llamada “Evangelicals Concerned” [Evangélicos Preocupados] formada por un grupo de personas quienes, a apariencia de todos, dicen ser cristianos nacidas de nuevo y creyentes en la Biblia, pero también son también practicantes de la homosexualidad. Ellos alegan que la Biblia no prohíbe la práctica homosexual o que sus mandamientos no son válidos hoy, sino que simplemente son un reflejo de la cultura en la que fueron escritos. Esas personas a pesar de ser ortodoxas sobre Jesús y cualquier otra área de enseñanza; piensan que está bien ser homosexual practicante. Pues bien, la perfectamente buena naturaleza de Dios emite a nosotros mandamientos que se convierten en nuestros deberes morales. Por ejemplo, “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, “No matarás, robarás, o cometerás adulterio”. Estas cosas son buenas y malas basadas en los mandamientos de Dios, y los mandamientos de Dios no son arbitrarios, sino que fluyen necesariamente de su perfecta naturaleza. Ese es el entendimiento cristiano del bien y el mal. Hay un ser que es Dios, quien hizo el mundo y nos creó para que le conozcamos. Él realmente ha ordenado ciertas cosas. Estamos realmente obligados a hacer ciertas cosas (y a no hacer otras). La moralidad no es sólo un asunto que está en tu cabeza. La moralidad es algo real. Cuando fallamos en guardar los mandamientos de Dios, realmente nos hacemos realmente culpables ante Él y necesitamos de su perdón. El asunto no es solamente que nos sintamos culpables; sino que en realidad somos culpables, sin importar como nos sintamos. Pudiera no sentirme culpable debido a mi conciencia insensible, una que está entorpecida por el pecado; pero si quebrantado la ley de Dios, soy culpable, independientemente de cómo me sienta. Entonces, por ejemplo, si los Nazis hubiesen ganado la Segunda Guerra Mundial y obtenido éxito en lavarle el cerebro o exterminando a todos los que no estuvieran de acuerdo con ellos, de manera que todos pensaran que el Holocausto era bueno, aún habría estado mal, porque Dios dice que está mal, independientemente de la opinión humana. La moralidad está basada en Dios por lo que independiente de la opinión existente y de moda que exista, el bien y mal existen y no son afectados por las opiniones humanas. Hacemos hincapié sobre este punto porque es muy extraño a lo que, en la actualidad, muchas personas en nuestra sociedad piensan. Hoy, muchas personas piensan del bien y el mal, no como un asunto de hecho, sino como un asunto de gusto. Por ejemplo, no hay ningún hecho objetivo de que el brócoli sabe bien. Sabe bien para algunas personas, pero sabe mal para otras. Pudiera que te sepa mal a ti, pero ¡sabe bien para mí! Las personas piensan que es lo mismo con los valores morales. Algo pudiera parecerte mal para ti, pero bien para mí. No hay ningún bien y mal real. Es sólo es un asunto de opinión. Ahora bien, si Dios no existiera, entonces pienso que esas personas tendrían absolutamente toda la razón. En la ausencia de Dios, todo se vuelve relativo. Lo correcto e incorrecto se vuelven relativos a diferentes culturas y sociedades. Sin Dios, ¿quién puede decir que los valores de una cultura son mejores que los de otra? ¿Quién puede decir quién está correcto y quién está incorrecto? ¿De dónde vienen el bien y el mal? Richard Taylor, un conocido y prominente filósofo quien, a propósito, no es cristiano, defiende ese punto con mucho énfasis. Veamos cuidadosamente lo que dice: La idea de […] obligación moral es muy clara, provista esa referencia a un dador de leyes superior… que aquellos de los que el Estado se comprende. En otras palabras, nuestras obligaciones morales pueden […] ser entendidas como esas que son impuestas por Dios.… Pero, ¿qué si este legislador superior al humano no se toma más en cuenta? ¿Sigue teniendo sentido el concepto de obligación moral?[1] De acuerdo a Taylor, la respuesta a esa pregunta es “No.” Él dice: “El concepto de obligación moral es ininteligible aparte de la idea de Dios. Las palabras permanecen, pero se pierde su significado”.[2] Y continúa diciendo: La era moderna, más o menos repudiando la idea de un legislador divino ha, no obstante, tratado de retener las ideas del bien y mal morales, sin observar que al dejar de lado a Dios ellos también han abolido el significado de bien y mal. Por lo tanto, incluso personas cultas a veces declaran que tales cosas como la guerra, o el aborto, o la violación de ciertos derechos humanos son moralmente malas, y al declarar eso se imaginan que han dicho algo verdadero y significativo. Sin embargo, a las personas cultas no se le tiene que decir que preguntas como esas nunca han obtenido respuestas fuera de la religión.[3] ¿Entiendes lo que incluso este no-cristiano está diciendo? Si no hay Dios, ningún legislador divino, entonces no hay ley moral. Si no hay ley moral, entonces no hay bien y mal reales. Lo correcto e incorrecto simplemente son costumbres humanas y leyes que varían de sociedad en sociedad. Incluso si todas ellas concordaran, ellas sólo serían inventos humanos. Entonces si Dios no existe, lo correcto e incorrecto tampoco existen. Todo se vale, incluyendo la homosexualidad. Así que una de las mejores maneras de defender la legitimidad del estilo de vida homosexual es convertirte en ateo. Pero el problema es que muchos defensores de la homosexualidad no quieren convertirse en ateos. En particular, ellos quieren afirmar que el bien y el mal existen. Por ello, tú los escuchas haciendo juicios morales todo el tiempo, por ejemplo: “es incorrecto discriminar contra los homosexuales”. Y esos juicios morales no tienen el objetivo de ser relativos a la cultura o sociedad. Ellos condenarían una sociedad como la Alemania Nazi, la cual arrojaba a homosexuales a campos de concentración, junto con judíos y otros indeseables. Cuando el estado de Colorado en los Estados Unidos aprobó una enmienda que prohibía derechos especiales para homosexuales, Barbara Streisand, la conocida cantante norteamericana llamó a un boicot del estado, diciendo: "El clima moral en Colorado se ha hecho inaceptable". Pero hemos visto que esa clase de juicios de valor no son significativos a menos que Dios exista. Si Dios no existe, todo es permisible, incluso la discriminación y persecución de homosexuales. Pero eso no termina ahí: los asesinatos, violaciones, tortura, abuso infantil—ninguna de estas cosas sería mala, ya que sin Dios lo correcto e incorrecto no existen. Todo está permitido. Así que, si queremos poder hacer juicios morales sobre lo que está bien o mal, tenemos que afirmar que Dios existe. Pero entonces la pregunta que nos podrían hacer los activistas: “¿Quién eres tú para decir que la homosexualidad es incorrecta?” bien se la podríamos hacer de vuelta: “Y ¿Quién eres tú para decirnos que la homosexualidad es correcta?” Si Dios existe, entonces no podemos ignorar lo que Él tiene que decir sobre el tema. La respuesta adecuada a la pregunta “¿Quién eres tú” Es “¿Yo? ¡Yo no soy nadie! Dios es quien determina lo correcto y lo incorrecto, y yo simplemente debiera estar interesado en aprender y obedecer lo que Él dice”. Entonces déjenme resumir lo que hemos visto hasta ahora. La pregunta sobre la legitimidad del estilo de vida homosexual es una pregunta sobre lo que Dios tiene que decir algo al respecto. Si no hay Dios, entonces no hay bien ni mal, y no hay diferencia en qué estilo de vida tú escojas—el perseguidor de homosexuales es moralmente equivalente al partidario de la homosexualidad. Pero si Dios en efecto existe, entonces ya no podemos continuar sólo sobre la base de nuestras propias opiniones. Tenemos que descubrir lo que Dios piensa sobre el asunto. Entonces ¿cómo tú descubres lo que Dios piensa? El cristiano dice que tienes que leer la Biblia. Y la Biblia misma nos dice que Dios prohíbe los actos [o prácticas] homosexuales. ¿Por lo tanto, quien está en lo cierto y quien está equivocado? De modo que el razonamiento debe ir de la siguiente manera: Estamos todos obligados a hacer la voluntad de Dios. La voluntad de Dios está expresada en la Biblia. La Biblia prohíbe el comportamiento homosexual. Por lo tanto, el comportamiento homosexual está en contra de la voluntad de Dios o es incorrecto. Ahora, si alguien va a resistir este razonamiento, él tiene que negar el punto (2) de que la voluntad de Dios está expresada en la Biblia o el (3) de que la Biblia prohíbe el comportamiento homosexual. Veamos el punto (3) primero: ¿Prohíbe, en efecto, la Biblia el comportamiento homosexual? Ahora bien, notemos de cómo formulé la pregunta. “¿Prohíbe la Biblia el comportamiento homosexual?” Ser homosexual es un estado o una orientación; una persona que tiene una orientación homosexual puede que nunca exprese esa orientación en acciones y jamás advirtamos que esa persona tiene inclinaciones hacia la homosexualidad, por lo que no podríamos juzgarlo ni acusarlo de algo que no sabemos y que ni el mismo ha confesado ni practicado. En contraste, podemos encontramos ante una persona que voluntariamente se involucra en actos [o prácticas] homosexuales incluso teniendo una orientación heterosexual. Por su parte la idea de que una persona sea homosexual por orientación, es una característica que sido advertida por la psicología moderna y puede haber sido desconocida y aun no advertida por las personas en el mundo antiguo. Más bien con lo que ellos estaban familiarizados era con la práctica homosexual (Sodoma), y es esa práctica la que vemos condenada en la Biblia. Ahora bien, esto tiene enormes implicaciones. Siempre existirá en la sociedad el debate si esa orientación homosexual que afecta a algunos individuos de la población es algo con lo que nacieron genéticamente o es el resultado del medio en que se desarrollaron desde niños. Pero lo importante no es de cómo llegaron a esa orientación, sino qué hacer con ella. Algunos defensores de la homosexualidad están muy ansiosos por probar que tus genes, y no tu crianza, determinan si eres homosexual porque entonces así la conducta homosexual sería normal y correcta. Pero esta conclusión no se deduce. Sólo porque estes genéticamente predispuesto a un comportamiento no quiere decir que ese comportamiento sea moralmente bueno. Para dar un ejemplo: algunos investigadores sospechan que puede existir un gen que predisponga a algunas personas al alcoholismo ¿Significa eso que está bien que alguien con tal predisposición siga adelante y beba hasta que alegre su corazón y se convierta en un alcohólico? ¡Obviamente no! Por el contrario, ese conocimiento debería alertarle de abstenerte del alcohol para prevenir que ello suceda y evitar consecuencias fatales. Ahora la verdad sobre el asunto es que no entendemos a plenitud las circunstancias que nuestro ambiente desempeña al llevar a un individuo a la homosexualidad. Pero eso realmente no importa, incluso si creyésemos que la homosexualidad fuese completamente genética, ese hecho por sí no lo haría diferente de un defecto de nacimiento como el labio leporino o la epilepsia. Y eso no quiere decir que sea normal y que no deberíamos tratar de corregirla. Así como un alcohólico que se encuentra sobrio todavía se pone de pie en una reunión de Alcohólicos Anónimos y dice: “Soy alcohólico,” también alguien que tenga tendencias de homosexualidad y que se esté luchando en su interior con tales inclinaciones debiera poder ponerse de pie una reunión de oración y pedir ayuda a fin Dios pueda restaurarle a plenitud a su estado original con que fue creado. Y esperamos en Dios que los demás, “que somos espirituales” tengamos el coraje y el amor para recibirle y apoyarle a él o ella como hermano o hermana en Cristo. Entonces, una vez más, la pregunta es: ¿prohíbe la Biblia el comportamiento homosexual? Bueno, ya dijimos que sí. ¡La Biblia es muy realista! Tal vez no pudieras esperar que ella mencionara un tema como el comportamiento homosexual, pero de hecho hay seis lugares en la Biblia—tres de ellos se encuentran en el Antiguo Testamento y tres en el Nuevo Testamento—donde este tema se aborda de una manera directa—sin mencionar todos los textos que lidian con el matrimonio y la sexualidad los cuales tienen implicaciones para este asunto. En todos los seis textos, se condenan los actos homosexuales inequívocamente. En Levítico 18:22, la Biblia dice que es una abominación que un hombre se acueste con otro hombre como quien se acuesta con una mujer. En Levítico 20:13 se ordena la pena de muerte en Israel para tal acto, juntamente con el adulterio, incesto y bestialidad. Ahora bien, a veces algunos defensores de la homosexualidad no les dan importancia a estas prohibiciones porque las comparan con prohibiciones del Antiguo Testamento de tener contacto con animales impuros como los cerdos. Así como los cristianos hoy no obedecen todas las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento, tampoco, dicen ellos, nosotros debemos obedecer las prohibiciones de no cometer actos homosexuales. Pero el problema con este argumento es que el Nuevo Testamento reafirma la validez de las prohibiciones del Antiguo Testamento del comportamiento homosexual, como veremos más adelante. Esto muestra que esas prohibiciones no sólo son parte de las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento, las cuales se eliminaron, sino que ellas eran parte de la ley moral eterna de Dios. El comportamiento homosexual es, a la vista de Dios, un pecado serio. El tercer lugar en el Antiguo Testamento donde se mencionan actos homosexuales es la horrorosa historia en Génesis 19 del intento de violación en grupo (pandilla) que los hombres de Sodoma que visitaban a Lot querían cometer, de la cual se deriva la palabra “sodomía”. Dios destruyó la ciudad de Sodoma por causa de su maldad. Ahora, como si esto no fuese suficiente, el Nuevo Testamento también prohíbe el comportamiento homosexual. En 1 Corintios 6:9-10 el apóstol Pablo escribe: ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”. Las palabras griegas aquí que se traducen como “afeminados y homosexuales” se refiere en la literatura griega al compañero pasivo y activo en la relación homosexual. (¡Como dije la Biblia es muy realista!) La segunda de estas dos palabras también se encuentra enlistada en 1 Tim. 1:10 junta con fornicarios, vendedores de esclavos, mentirosos y asesinos como “contraria a la sana doctrina” El trato más extenso de la actividad homosexual se encuentra en Romanos 1:24-28. Aquí Pablo habla sobre como las personas se han desviado del Dios Creador y, en vez, han comenzado a adorar falsos dioses hechos a imagen de ellos mismos. Él dice, “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que, al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” Eruditos liberales han hecho acrobacias para tratar de explicar el sentido claro de estos versículos. Algunos de ellos han dicho que Pablo simplemente está condenando la práctica pagana de los hombres explotando sexualmente a [niños] jóvenes. Pero esa interpretación es obviamente errónea, ya que Pablo dice en los versículos 24 y 27 que estos actos homosexuales de hombres son cometidos “unos con otros” y en el versículo 26 él también habla de actos homosexuales lésbicos. Otros eruditos han dicho que Pablo está solamente condenando a heterosexuales que participan en actos homosexuales, no a los homosexuales que lo hacen. Pero esa interpretación está ingeniada y es anacrónica. Ya hemos dicho que es simple y llanamente fue en tiempos modernos donde se ha tratado de minimizar el pecado llamándolo “orientación heterosexual u homosexual”. Lo que Pablo está condenando son actos homosexuales, independientemente de la orientación sexual. Dado el trasfondo del Antiguo Testamento de este texto y también lo que Pablo dice en 1 Corintios 6:9-10 y en 1 Timoteo 1:10, está bien claro que Pablo está prohibiendo aquí dichos actos. Él ve ese comportamiento como la evidencia de una mente corrompida que se ha apartado de Dios y que ha sido abandonada por Él debido a la depravación moral. Por lo tanto, la Biblia es muy directa y clara cuando en lo que trata con el comportamiento homosexual. La homosexualidad es contraria al diseño de Dios y es pecado. Incluso si no hubiese todos estos textos explícitos que lidian con los actos homosexuales, tales prácticas aún serían prohibidas bajo el mandamiento “No cometerás adulterio”. El plan de Dios para la actividad sexual humana es de ella sea reservada para el matrimonio; cualquier actividad sexual fuera de la seguridad del lazo matrimonial—ya sea sexo pre-marital o sexo extramarital, ya sea heterosexual u homosexual—está prohibido. El sexo está diseñado por Dios para el matrimonio. Alguien pudiera decir que, si la intención de Dios para el sexo era dentro del matrimonio, ¡entonces dejemos que los homosexuales se casen y así ellos no estarían cometiendo adulterio! Pero esa sugerencia mal interpreta por completo la intención que Dios tiene para el matrimonio. En la historia de la creación de Génesis, se nos dice cómo Dios hizo a la mujer. La creó como la compañera idónea para el hombre, su complemento perfecto y regalo de Dios. Luego dice “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Este es el patrón de Dios para el matrimonio y en el Nuevo Testamento, Pablo cita este mismo texto y dice, “Grande es este misterio; más yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Ef. 5:32). Pablo dice que la unión entre un hombre y su esposa es un símbolo viviente de la unidad de Cristo con su pueblo, la Iglesia. Cuando pensamos en esto, podemos ver cuán terrible sacrilegio, la gran burla del plan de Dios, que es la unión homosexual. Ella contradice la intención de Dios que Él tiene para la humanidad desde el momento de la creación. Lo anterior también muestra cuán absurdo es cuando algunos defensores de los homosexuales dicen, “Jesús nunca condenó el comportamiento homosexual, así que ¿por qué deberíamos hacerlo nosotros? Jesús no mencionó específicamente muchas cosas que nosotros sabemos que están mal, como la bestialidad o la tortura, pero eso no quiere decir que las aprobó. Lo que Jesús sí hace es citar del Génesis para afirmar el patrón de Dios para el matrimonio como base para su propia enseñanza sobre el divorcio. En Marcos 10:6-8, él dice, “pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno”. El que dos hombres se hagan una sola carne en la relación homosexual sería una violación al orden y propósito creado por Dios. Él creó al hombre y a la mujer para ser indisolublemente unidos en matrimonio, no dos hombres o dos mujeres. Entonces como repaso de todo; la Biblia clara y consistentemente prohíbe la actividad homosexual. Por lo que, si la voluntad de Dios está expresada en la Biblia, se deduce que el comportamiento homosexual está en contra de la voluntad de Dios. Pero de nuevo, supongamos que alguien niega el punto (2) de que la voluntad de Dios está expresada en la Biblia. Supongamos que esa persona diga que las prohibiciones contra el comportamiento homosexual fueron válidas para ese tiempo y cultura pero que no son válidas hoy. Después de todo, la mayoría de nosotros probablemente estaríamos de acuerdo que ciertos mandamientos en la Biblia son relativos a la cultura. Por ejemplo, la Biblia dice que las mujeres no deben usar joyas y que los hombres no deben tener el cabello largo. Pero la mayoría de nosotros diría que a pesar de que esos mandamientos sí tienen un fundamento atemporalmente válido—como, por decir, el mandato de vestir moderadamente—ese fundamento principal puede ser diferentemente expresado en variadas culturas. De la misma manera, algunas personas están diciendo que las prohibiciones de la Biblia contra el comportamiento homosexual ya no son válidas para nuestro tiempo. Pero creo que esa objeción representa un mal entendido serio. No hay evidencia de que los mandamientos de Pablo relacionados a las prácticas homosexuales son culturalmente relativos. ¡Lejos de ser un reflejo de la cultura en la que él escribió, los mandamientos de Pablo son completamente contracultura! La actividad homosexual estaba tan ampliamente practicada en la sociedad de la antigua Grecia y la antigua Roma como hoy en el mundo entero, incluso así, Pablo luchó contra la cultura y se opuso a ella. Más importante, hemos visto que las prohibiciones de la Biblia contra la actividad homosexual están arraigadas, no en la cultura, sino en el patrón dado por Dios para el matrimonio el cual estableció en la creación. Tú no puedes negar que la prohibición de la Biblia de las relaciones homosexuales expresa la voluntad de Dios a menos que también tú rechaces que el matrimonio mismo expresa la voluntad de Dios. Pues, supongamos que alguien se vaya a un extremo y diga: “Creo en Dios, pero no en el Dios de la Biblia. Así que no creo que la Biblia exprese la voluntad de Dios”. ¿Qué tú le dirías a esa persona? Me parece que hay dos maneras de responder. Primero, podrías tratar de mostrar que Dios se ha revelado así mismo en la Biblia. Esta es la labor de la Apologética Cristiana. Tú pudieras hablar sobre la evidencia de la resurrección de Jesús o de profecía cumplida. La Escritura realmente nos manda a que, como creyentes, tengamos lista esa defensa para compartirla con cualquiera que nos cuestione sobre el porqué creemos lo que creemos (1 Pedro 3:15). O, en segundo lugar, podrías tratar de demostrar que el comportamiento homosexual está mal recurriendo a las verdades morales que son generalmente aceptadas, las cuales incluso personas que no creen en la Biblia aceptan. Una estrategia que es más difícil, no obstante, creo que es crucial si nosotros, como cristianos, vamos a tener un impacto en nuestra cultura contemporánea. Estamos viviendo en una sociedad que es más y más secular, más y más post-cristiana. No podemos simplemente apelar a la Biblia si vamos a influenciar los legisladores o escuelas públicas u otras instituciones porque la mayoría de las personas ya no creen en la Biblia. Necesitamos dar razones que tengan una apelación más amplia. Por ejemplo, creo que muchas personas estarían de acuerdo con el principio de que está mal involucrarse en un comportamiento autodestructivo. Pues dicho principio destruye a un ser humano que es intrínsecamente valioso. Por lo tanto, muchas personas dirían que está mal convertirte en un alcohólico o un fumador compulsivo. Ellos dirían que es bueno comer bien y mantenerse en forma. Además, pienso que casi todos estarán de acuerdo con el principio de que es malo involucrarse en un comportamiento que hiera a otra persona. Por ejemplo, restringimos el fumar a ciertas áreas o lo prohibimos por completo para que otras personas no tengan que inhalar humo de segunda mano, y aprobamos leyes contra conducir en estado de ebriedad para que personas inocentes no salgan heridas. Casi todos están de acuerdo de que tú no tienes derecho de involucrarte en un comportamiento que sea destructivo a otro ser humano. Según el Dr. Thomas Schmidt, en su extraordinario libro “Straight and Narrow” [Derecho y Estrecho].[4] la práctica del homosexualismo es altamente auto destructiva y dañina. Este hecho no es ampliamente divulgado. Hollywood y los medios de comunicación están incasablemente empeñados en ponerle un rostro feliz a la homosexualidad, a pesar de ser un estilo de vida oscuro, distorsionado y peligroso, justamente tan adictivo y destructivo como el alcoholismo o el fumar. Las estadísticas citadas por Thomas Schmidt son altamente reveladoras: El señala, que hay una promiscuidad casi compulsiva asociada con el comportamiento homosexual. 75% de los hombres homosexuales tienen más de 100 parejas sexuales durante el transcurso de su vida. Más de la mitad de esos compañeros son personas desconocidas. Sólo 8% de los hombres y 7% de las mujeres homosexuales han tenido una relación que dure más de tres años. Nadie sabe la razón para esa extraña y obsesiva promiscuidad. Pudiera ser que los homosexuales están tratando de satisfacer una necesidad psicológica profunda con encuentros sexuales, y sencillamente eso no es satisfactorio. Los varones homosexuales promedian más de 20 parejas al año. Según Thomas Schmidt. El número de hombres homosexuales que experimentan algo como una fidelidad de por vida es, estadísticamente hablando, casi insignificante. La promiscuidad entre los hombres homosexuales no es un mero estereotipo, y no es meramente la experiencia de la mayoría—es virtualmente la única experiencia. La fidelidad de por vida es casi inexistente en la experiencia homosexual. Asociado con esa promiscuidad compulsiva está el gran uso de drogas por los homosexuales para elevar sus experiencias sexuales. Los homosexuales en general son tres veces más propensos a ser bebedores de alcohol que la población en general. Estudios muestran que 47% de los hombres homosexuales tienen una historia de abuso de alcohol y 51% tienen una historia de abuso de drogas. Hay una correlación directa entre el número de parejas (compañeros sexuales) y la cantidad de drogas consumidas. Además, según Schmidt, “Hay evidencia abrumadora de que ciertos desórdenes mentales ocurren con mucha más frecuencia entre los homosexuales”. Por ejemplo, 40% de los hombres homosexuales tienen una historia de depresión grave. Eso se compara con sólo el 3% de los varones en general. De igual manera, 37% de las mujeres homosexuales tienen una historia de depresión. Esto conlleva, a su vez, a tasas altas de suicidio. Los homosexuales son tres veces más propensos a contemplar suicidio que la población en general. De hecho, los hombres homosexuales tienen una tasa de intento de suicidio seis veces mayor que el de los hombres heterosexuales y las mujeres homosexuales intentan el suicidio dos veces más frecuente que las mujeres heterosexuales. La depresión y el suicidio no son los únicos problemas. Hay estudios que muestran que los homosexuales tienen más probabilidad de ser pedófilos que los hombres heterosexuales. Cualesquiera sean las causas de estos desordenes, el hecho permanece que cualquier persona que esté contemplando un estilo de vida homosexual no debería hacerse ilusiones sobre qué se está metiendo. Otro secreto muy bien guardado es cuán físicamente peligroso es el comportamiento homosexual. No describiré los tipos de actividad sexual practicados por homosexuales, sólo permítanme decir que nuestros cuerpos, de hombres y mujeres, están diseñados para la relación sexual de una forma en la que dos cuerpos masculinos no lo están. Como resultado, la actividad homosexual (de la cual 80% es llevada a cabo por hombres) es muy destructiva, resultando con el tiempo en problemas físicos y de salud severos. Además de estos problemas físicos, las enfermedades sexualmente transmitidas están desenfrenadas entre la población homosexual. 75% de los hombres homosexuales llevan consigo una o más enfermedades sexualmente transmitidas, totalmente aparte del SIDA. Esas enfermedades incluyen toda clase de infecciones no-virales las cuales son incurables (estas afectan el 40% de hombres homosexuales). Y ni siquiera he incluido el SIDA. Probablemente la estadística más impactante y atemorizante es que, dejando de lado aquellos que mueren de SIDA, la expectativa de vida de un hombre homosexual es de 45 años. Eso se compara con la expectativa de vida de alrededor de 70 años para los hombres en general. Si tú incluyes aquellos que mueren de SIDA, el que infecta al 30% de los hombres homosexuales, la expectativa de vida cae a 39 años de edad. Por lo tanto, pienso que con todos estos antecedentes, se puede formular un caso muy sólido sobre la base de los principios generalmente aceptados de que el comportamiento homosexual es malo. Es terriblemente autodestructivo y perjudicial hacia otra persona. Por lo tanto, totalmente aparte de la prohibición bíblica, hay razones sólidas y sensibles para considerar la actividad homosexual como mala. Ahora bien, esto tiene implicaciones muy importantes para la política pública concerniente al comportamiento homosexual. Pues las leyes y las políticas públicas están basadas en esos principios morales que son generalmente aceptados. Es por eso que, por ejemplo, tenemos leyes que regulan la venta de alcohol en muchas maneras o leyes que prohíben las apuestas o regulaciones que restringen el fumar. Estas restricciones sobre la libertad individual se imponen para el bien general. Ahora bien, en otros casos, leyes exigibles por la ley que regulen la homosexualidad pudieran ser propuestas y los cristianos tendremos que pensar mucho sobre ellas de forma individual. Por ejemplo, un cristiano no verá una buena razón de por qué no se le deba garantizar a personas homosexuales una oportunidad equitativa en comprar o rentar una casa. Pero yo pudiera imaginarme bien que un cristiano pueda oponerse a una propuesta de ley que garantice oportunidades equitativas para homosexuales. Pues algunos trabajos pudieran ser inapropiados para tales personas. Por ejemplo, ¿Te gustaría que una lesbiana practicante fuera la maestra de educación física de tu hija en la escuela? ¿Te gustaría que el entrenador de tu hijo fuese un homosexual, quien estaría en los vestidores con los chicos? Yo, por mi parte, no apoyaría tal ley que obligaría a las escuelas públicas a emplear a tales individuos. Por su parte, ¿Deberían las clases de salud en las escuelas públicas enseñar que la homosexualidad es un estilo de vida legítimo?, o ¿se les deberían dar a los estudiantes lecturas como “Nicolás tiene dos papás” o el libro en inglés “Heather has Two Mommies” (Heather tiene dos mamás) ?, ¿Deberían las uniones homosexuales ser reconocidas al mismo nivel legal que los matrimonios heterosexuales?, ¿Deberá permitírseles a los homosexuales adoptar niños? En todos estos casos, podemos argumentar a favor de restricciones sobre las libertades homosexuales en base al bien y a la salud pública. Esto no es un asunto de imponer los valores personales sobre otras personas, ya que está basado en los mismos principios morales generales que son usados, por ejemplo, para prohibir el uso de droga o para aprobar leyes de armas de fuego. Libertad no significa licencia para involucrarse en acciones que hieran a otras personas. Para resumir, hemos visto, primeramente, que el bien y el mal son reales porque están basados en Dios. Así que, si queremos averiguar lo que es bueno y malo, deberíamos ver lo que dice Dios al respecto. En segundo lugar, vimos que la Biblia consistente y claramente prohíbe las prácticas actos homosexuales, tal y como lo hace con todas las prácticas sexuales fuera del matrimonio. En tercer lugar, vimos que la prohibición de la Biblia de tal comportamiento no puede ser explicado convincentemente solamente como un reflejo del tiempo y la cultura en que fue escrita porque está fundamentada en el plan divino de Dios para el matrimonio entre un hombre y una mujer. Además, incluso aparte de la Biblia, hay principios morales generales aceptados los cuales implican que el comportamiento homosexual es incorrecto. Ahora para aquellos que somos heterosexuales, necesitamos recordar que una persona por ser homosexual, no es alguien condenado a quien debiéramos rechazar de plano, sino alguien que necesita ayuda, que puede ser regenerado por Dios como tal, no es pecador condenado. La mayoría de los homosexuales están confundidos y no saben porque se encuentran en esa condición y muchos anhelan cambiar. Necesitamos aceptarlos y con amor apoyarles a fin ayudarles a salir de ello pues están luchando con este problema. Y, en general, necesitamos extender el amor de Dios a todas las personas. Palabras vulgares o bromas sobre su condición nunca deberán estar en los labios de un cristiano. Si te encuentras a ti mismo sintiéndote alegre cuando alguna aflicción sobreviene a una persona en esa condición o sentimientos de odio se encuentran brotando en tu corazón hacia personas homosexuales, entonces necesitas reflexionar profundamente en las palabras de Jesús escritas en Mateo: “Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti”(Mateo 10:15; 11:24). · [1] Richard Taylor, Ethics, Faith, and Reason (Englewood Cliffs, N.J.: Prentice-Hall, 1985), pp. 83-4. · [2] Ibid. · [3] Ibid., pp. 2-3. · [4] Thomas Schmidt, Straight and Narrow? (Downer’s Gove, Ill.: Inter-Varsity Press, 1995).
- Fundamentos de la Doctrina Cristiana
¿Qué es la Doctrina Cristiana y por qué hay que estudiarla? 1. El primer y principal propósito de estudiar la doctrina, aparte de cimentar y solidificar nuestra fe y convicción en la obra de Cristo; es entrenar a los cristianos a comprender, articular y defender las verdades cristianas básicas. Cada uno de esos verbos es importante y no es solo un discurso donde se acumulan varios verbos en una oración. Es ciertamente entrenar al cristiano para que entienda las verdades bíblicas de manera de que este pueda comprender lo que todo cristiano debe saber. En segundo lugar, estudiar doctrina nos permite ayudar a articular lo que se cree, darle sentido y así poder explicarlo a los demás coherentemente cuando alguien nos pregunte exactamente qué es lo que, como cristianos creemos y porque lo creemos. En tercer lugar, sin conocimiento de la doctrina es imposible defender lo que se cree, así cuando alguien nos pida dar razón de por qué tenemos esta esperanza y del porque creemos lo que creemos estar preparados. Al respecto Pedro señala: 1 Pedro 3:15 “Estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia” (LBLA). Entonces, el primer y principal propósito de estudiar la doctrina bíblica es entrenarnos para comprender, articular y defender lo que como cristianos, creemos. 2. Estudiar la doctrina es también extender el Evangelio a aquellos que aún no han llegado a conocer a Cristo, y estar siempre listos para defender a cualquiera que pida una razón de nuestra esperanza. Muchas veces nos encontramos inundados de conocimientos y teorías sobre tal o cual verdad y tendemos a confundirnos, y no es que los demás estén equivocados y nosotros no, sino que, en medio de todo este cúmulo de conocimientos y verdades, debemos entender que estudiar la doctrina bíblica es también seguir el sendero correcto en humildad y oración, para que sea Dios quien nos guie a toda verdad. La idea es que al estudiar las Escrituras nos empapemos en ellas y seamos como leños encendidos que arden al ir adentrándonos en las verdades que Dios nos revele, y que podamos extender ese fuego a aquellos que tenemos cerca, si tomas algunos leños en llamas y los separas – los pones aparte – pronto se apagarán. Pero a medida que se juntan, se refuerzan mutuamente y tú tienes un fuego ardiente, brillante y cálido. Esa es la forma correcta de encendernos en este estudio de la doctrina y que la Palabra corra y sea glorificada. Al estudiar la doctrina empezamos a hablar los siguientes temas: 1. La doctrina de la revelación – ¿El cómo se revela Dios a nosotros? De qué manera Dios se revela a sí mismo al hombre, ya sea en la naturaleza o en Jesucristo o en las Escrituras 4 2. ¿Cómo aprendemos la verdad acerca de Dios? La doctrina de Dios, cómo es Dios y por qué debemos creer que Dios existe. 3. Estudiaremos sobre la doctrina de la creación–¿Cómo se relaciona Dios con el mundo que Él mismo ha creado? 4. Acerca de la doctrina de Cristo–la persona de Cristo como también la obra misma de Cristo. 5. Estudiaremos la doctrina del hombre–ese hombre creado a la imagen de Dios, así como la consecuencia del hombre caído, de la necesidad de la salvación y del perdón de Dios. 6. Estudiaremos acerca de la doctrina de la justificación, incluida la doctrina del pecado y la doctrina de la salvación. 7. La doctrina de la iglesia. ¿veremos cuál es la iglesia que Dios quiere y la que está estableciendo aquí en la Tierra? 8. Por último, estudiaremos sobre la doctrina de las últimas cosas que será el final de la historia humana y el estado eterno. Pero, ¿Qué es doctrina? Antes de iniciar cualquier estudio debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué es la doctrina cristiana? Es verdad que esto asusta a algunos porque esos algunos no saben en que se están metiendo. A todos nos pasó en un momento que no sabíamos si estábamos en los correcto al estudiar o creer ciertos conceptos, pero fue el amor a descubrir más y más de Dios, y nuestro corazón sincero y ávido de conocerle, suficiente combustible para hacer arder nuestra hoguera. Creo que la doctrina cristiana puede definirse muy bien como lo sugiere el famoso historiador de la iglesia Jaroslav Pelikan en su libro The Christian Tradition [La tradición cristiana], al decir que la doctrina cristiana es aquello que la iglesia cree y enseña. La doctrina cristiana es simplemente lo que la iglesia cristiana cree y enseña. Es posible que tengas algunas reservas sobre esa definición y se podría decir: "¿No es la doctrina cristiana lo que la Biblia enseña y lo que debemos creer?" y no deja de ser verdad, pero esta misma doctrina cristiana implica una reflexión humana sobre los datos de la Escritura, de modo que la doctrina en realidad no está completa hasta que hayamos reflexionado sobre los datos duros de la Escritura e intentemos analizarla sistemáticamente y ponerla en forma doctrinal. Entonces, por ejemplo, las doctrinas, como la Trinidad y las dos naturalezas de Cristo, no se enseñan explícitamente en la Escritura, sino que son el resultado de la reflexión de la iglesia sobre esos datos duros de la Escritura, entonces hacemos un intento de sistematizarlos en una declaración coherente de lo que, como cristianos, creemos. Creo que la necesidad en muchos casos de tener una reflexión racional sobre los datos de la Biblia indica que la doctrina es más que simplemente lo que dice la Biblia; es lo que la iglesia cree y enseña a medida que se refleja fielmente los datos que están en las Escrituras. Además, creo que la definición de Pelikan es mejor porque la iglesia es una institución muy amplia que a menudo tiene diferentes interpretaciones de lo que la Biblia enseña. Como veremos, muy a menudo católicos, ortodoxos y protestantes de todo tipo difieren doctrinalmente en la forma en que leen la Biblia.[2] Existe, por lo tanto, tanto la verdadera doctrina como la falsa doctrina. Eso no tendría sentido si sólo dices que la doctrina es lo que la Biblia enseña. Tenemos entonces que la doctrina es una reflexión y sistematización de lo que la Biblia enseña y, por lo tanto, puede ser diferente para diferentes denominaciones y personas. Creo que algunas doctrinas pueden ser falsas y otras doctrinas serán verdaderas. Entonces concluimos que la definición de Pelikan es buena. Cuando estudiamos la doctrina cristiana, estamos estudiando lo que la iglesia cree y enseña en toda su diversidad. Luego intentaremos discernir qué es la verdadera doctrina–cuál es la verdad acerca de Dios o el tema que estamos debatiendo. Podemos preguntar de esta manera nuestra siguiente pregunta: ¿por qué estudiar la doctrina después de todo? ¿Por qué no simplemente contentarse con disfrutar la vida cristiana e ir por la vida asistiendo a la iglesia, yendo a reuniones de oración, haciendo evangelismo y todos los demás aspectos prácticos de la fe cristiana? ¿Por qué deberíamos estudiar doctrina? Puedo pensar en por lo menos cuatro razones por las que creo que es importante estudiar doctrina: 1. Cada cristiano es un teólogo. No son sólo los profesores de teología o aquellos que han estudiado académicamente en el seminario que hacen teología. Cada cristiano es un teólogo. En virtud del hecho de que eres cristiano, estás comprometido con ciertas creencias sobre la realidad–una determinada cosmovisión de que Dios existe, que Dios es tres personas, que Cristo es a la vez humano y divino, que Dios ha creado el mundo, que estamos moralmente caídos ante Dios y en necesidad de su perdón y purificación. Todas estas son doctrinas cristianas, o asuntos o temas de las doctrinas cristianas. Por lo tanto, la pregunta no es si vas a ser un teólogo o no; la pregunta es si vas a ser un mal teólogo o un buen teólogo. Sólo por ser cristiano, por ende, estás comprometido a ser un teólogo. Observemos lo que Pablo dice sobre esto en Efesios 4:13-14. Aquí Pablo habla sobre los dones que Dios le ha dado a la iglesia. “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”. Aquí Pablo señala, que parte de la madurez espiritual cristiana es el discernimiento doctrinal para que no seamos zarandeados por cada nuevo viento de doctrina que se presente. Tendremos una comprensión de lo que es verdadero y lo que es falso y, por lo tanto, podremos discernir doctrinalmente. O veamos la carta de Pablo a los Gálatas, Gálatas 1:6-9. Aquí Pablo está tan enojado con los falsos apóstoles que han venido a las iglesias en Galacia y están enseñando falsa doctrina. Y señala: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”. ¡Aquí Pablo está diciendo literalmente que estos proveedores de falsa doctrina a las iglesias de Galacia eran dignos de condenar. Él dice que se les deje ir al infierno a esos proveedores de falsas doctrinas. Así de extraordinario era para Pablo la importancia de tener la enseñanza correcta sobre Cristo y sobre el Evangelio de la gracia que Él mismo predicaba. Finalmente, miremos su carta a Tito, Tito 1:9. El contexto aquí es la lista de Pablo de las cualidades para ser un anciano en la iglesia. De las diversas cualidades que enumera para ser un anciano, dice en el versículo 9: “Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”. Como cristianos, seguramente todos querríamos tener este tipo de madurez cristiana y cualidades de carácter que nos califiquen para llegar a ser como un anciano en la iglesia. Quizás nunca llegues a ser un anciano en una iglesia, pero cuán importante es cumplir lo mejor que puedas con esta lista de cualidades para ser un cristiano maduro. Parte de esas cualidades son para poder dar instrucción en sana doctrina, y luego también para refutar a aquellos que la contradicen. Repito: cada cristiano es un teólogo y pertenece a la madurez cristiana tener una comprensión correcta de la doctrina correcta y discernir doctrinalmente cuando la gente viene a uno trayendo una falsa doctrina. 2. Vivir correctamente presupone pensar correctamente sobre Dios. Observemos el patrón en las epístolas de Pablo. En sus cartas, típicamente, la primera mitad más o menos de la carta estará dedicada a la enseñanza doctrinal. Luego, en la segunda mitad de la carta, cambiará a la aplicación práctica y a su aplicación cotidiana de las enseñanzas que él está dando. Observe, por ejemplo, en su carta a los Efesios. En Efesios 1-3, él da instrucciones sobre la doctrina cristiana. Luego, comenzando con Efesios 4:1, uno puede ver la transición: “Yo, pues, prisionero del Señor, os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados”. El "pues" indica la transición entre estas verdades doctrinales–si estas son verdaderas, pues, ahora vive una vida digna de este llamado que uno tiene. Mire también en Filipenses el mismo patrón. En Filipenses 1-3 tenemos su enseñanza doctrinal comenzando en el capítulo 4, dice: “Así que, hermanos míos, amados y añorados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados”. Luego comienza a dar una aplicación práctica. Entonces, si queremos vivir correctamente para Cristo como sus discípulos, primero debemos pensar correctamente acerca de Cristo. Si nuestro pensamiento es sesgado y fuera de base, va a afectar nuestra vida y nuestro discipulado cristiano. 3.- El estudio de la doctrina es una expresión de amar a Dios con toda nuestra mente. Mateo 22:37-38. Jesús, cuando se le preguntó cuál es el mayor mandamiento, dijo: “Y Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento”. Entonces debemos amar a Dios con todo nuestro ser–todos los aspectos de nuestra personalidad. Eso incluye amar a Dios con tu mente. Yo diría que una de las mejores formas en que podemos cumplir este mandato de amar a Dios con nuestra mente es estudiando su verdad. Reflexionando sobre su verdad. Conociendo su verdad con exactitud. Explorando su verdad. Esta es una forma de expresar nuestro amor hacia el Señor porque amamos su verdad y queremos estudiarla. 4.- Cristo no puede separarse de las verdades acerca de Cristo. Miremos 2 Juan 9-10. Aquí, Juan está advirtiendo acerca de las personas que afirman ser cristianas – afirmando seguir a Jesús – pero que están enseñando falsa doctrina. En el versículo 9 dice, “Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios”. [Eso es realmente interesante. Observemos que él no dice que todo el que se desvía y no permanece en Cristo. Sino dice: Que alguien que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios.] “El que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa, ni le digáis bienvenido”. Lo que Juan nos está diciendo es que no es suficiente decir: "Amo a Jesús, y sigo a Jesús, y tengo sentimientos cálidos y confusos acerca de Jesús". Si no estás permaneciendo en la doctrina de Cristo, él dice que no tienes a Cristo. No puedes separar a Cristo de las verdades acerca de Cristo. Ambas van de la mano. Entonces necesitamos una combinación de sabiduría doctrinal junto con un entusiasmo lleno del Espíritu para Cristo. La doctrina sin el Espíritu Santo conduce al legalismo, a la letra muerta. Por su parte el solo pretender vivir del Espíritu Santo sin doctrina conduce al fanatismo. Uno no tiene control sobre esa experiencia subjetiva. Uno necesita la combinación de buena doctrina con una experiencia cristiana llena del Espíritu. Por lo tanto, no podemos separar a Cristo y las verdades acerca de Cristo. Una relación viviente vibrante con Cristo en el poder del Espíritu Santo debe ser una que involucre una apreciación por la doctrina cristiana. Por todas estas razones, creo que el estudio de la doctrina cristiana es una parte integral del discipulado cristiano y de convertirse en un cristiano maduro. Cada cristiano es un teólogo, vivir correctamente presupone pensar correctamente sobre Dios, el estudio de la doctrina es una forma en que expresamos nuestro amor por Dios con nuestra mente y Cristo no puede separarse de las verdades acerca de Cristo. Respondiendo preguntas. Ahora, ¿Cuáles serían las diferencias que se podrían advertir hoy, ante la existencia de múltiples denominaciones y sus propias interpretaciones particulares de la doctrina? ¿Qué es lo que significa que no podemos separar a Cristo de la verdad acerca de Cristo? Creemos que las diferencias denominacionales invariablemente tienden a enraizarse en la doctrina. Difieren en lo que creen que es la enseñanza cristiana. Hay algunas denominaciones que doctrinalmente están muy juntas (son casi indistinguibles en ese ámbito), pero hay tal vez diferencias en los estilos de adoración; o tal vez existan incluso diferencias culturales, raciales o étnicas que podrían encausarse de diferente forma dando pie a otras denominaciones. Pero la verdad es que, en su mayor parte, las principales fallas en la iglesia cristiana de hoy se trazan sobre líneas doctrinales. Y respecto de la segunda pregunta, Creemos que la forma en que se ha llevado la doctrina de un tiempo a esta parte ha ido variando porque han variado los enfoques y la importancia que se ha estado dando o dejado de dar a través del tiempo a las verdades bíblicas. Así las antiguas denominaciones–como los metodistas, congregacionalistas, presbiterianos o episcopales–solían ser los pesos pesados culturales en la sociedad del pasado siglo. Esas denominaciones hoy día, en muchos casos, o se han desviado de la fidelidad a la ortodoxia bíblica, y ahora están en caída libre o han derivado en movimientos más proclives a la llamada nueva espiritualidad y a los aspectos carismáticos, desechando en parte importante el estudio de la Palabra, lo que como dijimos antes puede derivar peligrosamente hacia el fanatismo, pues se aleja del centro que es el estudio de la Palabra a la luz del Espíritu Santo. Es así como lamentablemente los seminarios de estas denominaciones antiguas se están cerrando, su asistencia está disminuyendo, mientras que las denominaciones que no pertenecían a este grupo principal, pero que han permanecido bíblicamente ortodoxas, tienden a ser las que todavía están creciendo o defendiéndose. No pretendemos sugerir que cada doctrina es una doctrina cardinal. Es decir, que si uno está en desacuerdo doctrinalmente, entonces esa persona se convierte automáticamente en un hereje. Hay puntos finos de la doctrina que casi pueden ser como una división de cabello y que realmente no importan. Realmente hay muy pocas doctrinas que diríamos que son doctrinas cardinales. Es decir, doctrinas que son esenciales para la salvación. Ciertamente, la existencia de Dios sería una de esas doctrinas, ¿no es así? No podríamos, por ninguna imaginación concebible, ser cristiano si no creemos que Dios existe. O que Jesucristo resucitó de entre los muertos y murió por nuestros pecados. Esos parecen ser doctrinas cardinales. Pero en muchos otros casos, las diferencias doctrinales entre los cristianos son leves, pero dramáticamente exacerbadas por intereses mezquinos que persiguen otros fines distorsionados que no son la Gloria de Dios.
- ¿EL MULTIVERSO HA REEMPLAZADO A DIOS?
Varios años atrás Robin Collins, un filósofo cristiano que se especializa en cosmología, justamente después de haber regresado de una conferencia sobre ciencia y teología patrocinada por la Fundación John Templeton. "Bill", dijo, "Cuando estos científicos hablan del multiverso, ¡esa es en realidad su forma de hablar sobre teología! ¡Esa es su manera de hacer metafísica sin utilizar la palabra Dios!" De hecho, sospecho que para muchos en nuestra cultura contemporánea el multiverso sirve como una especie de sustituto para Dios. El multiverso desempeña el rol de creador y diseñador del universo. Él explica por qué el universo vino a la existencia y por qué el universo está finamente ajustado para la existencia de vida inteligente e interactiva. Por lo tanto, es una especie de deidad sustituta. ¿Qué es el multiverso? El término proviene de la cosmología inflacionaria, la cual se emplea a menudo para defender la visión de que nuestro universo no es más que un dominio (o "universo de bolsillo") dentro de un universo mucho más grande, o multiverso. En un intento para explicar la asombrosa suavidad a gran escala del universo, ciertos teóricos propusieron que una fracción de segundo después de la singularidad del Big Bang, el universo pasó por una fase de expansión súper rápida o inflacionaria que sirvió para empujar más allá de nuestro horizonte de eventos las irregularidades. Según la teoría inflacionaria, nuestro universo existe en un estado de vacío verdadero con una densidad de energía que es casi cero. Pero algunos teóricos proponen una hipótesis que dice que es sólo una burbuja de vacío verdadero en un estado más amplio de vacío falso con una densidad de energía muy alta. Si postulamos que las condiciones que determinan la densidad de energía y la evolución del estado de vacío falso simplemente fuesen ciertas, entonces el vacío falso se expandirá tan rápidamente que, a medida que se deteriora en burbujas de vacío verdadero, los "universos de burbujas" formados en este océano del vacío falso, aunque ellos mismos se expanden en proporciones enormes, no podrán mantenerse al ritmo de la expansión del vacío falso y, por eso, se encontrarán cada vez más separados con el tiempo. Ahora bien, por supuesto, la existencia de un multiverso no es incompatible con el teísmo. Dios pudo haber creado un multiverso, si así hubiese querido. De hecho, creo que veremos que el teísmo es la mejor esperanza para aquellos que quieren creer en el multiverso. La mejor apuesta para pensar que existe un multiverso es si Dios existe. ¿Será, pues, que la creencia en un multiverso hace a Dios innecesario? Ahora bien, en cierto sentido, la respuesta es obviamente “no”. Un multiverso no nos proporciona un fundamento para los valores morales objetivos ni tampoco nos ama o nos salva del pecado. Pero la afirmación es que el multiverso hace a Dios innecesario con respecto a la creación y al diseño del universo. Por lo tanto, el multiverso es significativo en lo que trata con un derrotador [defeater] de los argumentos cosmológicos y teleológicos para la existencia de Dios. La pregunta es si el teólogo natural puede lograr construir un caso a favor de Dios como el creador y diseñador del universo frente a la hipótesis del multiverso. El Argumento Cosmológico Comencemos, primero, con los argumentos a favor de Dios como el creador del universo. Una versión del argumento cosmológico procura probar que Dios trajo el universo a la existencia en algún momento [especifiico] en el pasado finito. El argumento cosmológico kalam se originó de los intentos de los pensadores cristianos para poder refutar la doctrina de Aristóteles de la eternidad del universo y se desarrolló en las manos de los teólogos islámicos medievales en un argumento para la existencia de Dios.[1] Veamos la formulación de este argumento por Al-Ghazali (1058-1111). Él raciocina de la siguiente manera: "Todo ser que comienza tiene una causa para su comienzo; Ahora el mundo es un ser que comienza; Por lo tanto, él posee una causa para su comienzo”.[2] Podemos resumir el raciocinio de Ghazali en tres sencillos pasos: Todo lo que comienza a existir tiene una causa. El universo comenzó a existir. Por lo tanto, el universo tiene una causa. Durante la Edad Media, antes del nacimiento de la ciencia moderna, las personas disponían de indicios científicos para el comienzo del universo. Ghazali presentó argumentos filosóficos ingeniosos para explicar el motivo por el cual el pasado tenía que ser finito. Durante el siglo XX, con el descubrimiento de Albert Einstein de la teoría general de la relatividad y su aplicación a la cosmología, indicios empíricos impresionantes surgieron a favor del comienzo del universo. Los indicios empíricos a favor del comienzo del universo provienen de lo que es, sin lugar a dudas, uno de los campos científicos en desarrollo más excitante de la actualidad: la astronomía y la astrofísica. Antes de la década de 1920, los científicos siempre habían supuesto que el universo era estacionario y eterno. Los temblores del inminente terremoto que derrocaría esta cosmología tradicional se hicieron sentir por primera vez en 1917, cuando Albert Einstein hizo una aplicación cosmológica de su recién descubierta teoría gravitacional, la Teoría General de la Relatividad. Para su disgusto, Einstein descubrió que su Teoría General no permitiría un modelo eterno y estático del universo, a menos que él manipulara las ecuaciones para poder compensar el efecto gravitacional de la materia. Consecuentemente, el universo de Einstein se equilibraba en un filo de una navaja, y la mínima perturbación—incluso el transporte de la materia de una parte del universo a otra, haría que el universo explotase o se expandiese. Tomando en serio esta característica del modelo de Einstein, el matemático ruso Alexander Friedman y el astrónomo belga Georges Lemaître pudieron formular, independientemente del uno al otro en la década de 1920, soluciones a sus ecuaciones que predecían un universo en expansión. La importancia monumental del modelo de Friedman-Lemaître se encuentra en su historización [historization] del universo. Como ha observado un comentarista, hasta la época la idea de la expansión del universo "estaba absolutamente más allá de la comprensión. A lo largo de toda la historia humana, se consideraba que el universo era fijo e inmutable, y la idea de que eso pudiera realmente cambiar era inconcebible".[3] Pero si el modelo de Friedman-Lemaître estuviese correcto, el universo ya no podría ser tratado adecuadamente como una entidad estática existente, en efecto, atemporalmente. Más bien, el universo tiene una historia, y el tiempo no será cuestión indiferencia en nuestra investigación del cosmos. En 1929, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble demostró que la luz de las galaxias distantes es sistemáticamente desplazada hacia el extremo rojo del espectro. Este desplazamiento hacia el rojo era considerado un efecto Doppler, lo que indicaba que las fuentes de la luz estaban retrocediendo en la línea de visión. Lo increíble es que aquello que Hubble descubriría era la expansión del universo prevista por Friedman y Lemaître sobre la base de la Teoría General de Einstein. Fue un verdadero punto de inflexión en la historia de la ciencia. John Wheeler declaró lo siguiente: "De todas las grandes predicciones que la ciencia ha hecho a lo largo de los siglos, ¿hubo alguna mayor que esta, la de predecir y predecir correctamente y predecir contra toda expectativa un fenómeno tan fantástico como la expansión del universo?"[4] Según el modelo de Friedman-Lemaître, a medida que avanza el tiempo, las distancias que separan las galaxias se hacen mayores. Es importante comprender que el modelo no describe la expansión del contenido material del universo en un espacio vacío preexistente, sino, más bien, la expansión del propio espacio. Se concibe que las galaxias están en reposo con respecto al espacio, pero retroceden progresivamente unas de las otras a medida que el propio espacio se expande o se extiende, así como los botones pegados a la superficie de un balón retrocederán uno del otro a medida que se infla el balón. A proporción que el universo se expande, él se vuelve cada vez menos denso. Esto tiene la asombrosa implicación de que cuando se invierte la expansión y se extrapola de vuelta en el tiempo, el universo se vuelve progresivamente más denso hasta que se llegue a un estado de densidad infinita en algún punto en el pasado finito. Este estado representa una singularidad en la que la curvatura de espacio-tiempo (como también la temperatura, presión y densidad) se hace infinita. Por lo tanto, se trata de un límite o frontera al propio espacio-tiempo. P. C. W. Davies comenta: "Si extrapolamos esta predicción hasta su extremo, alcanzamos un punto cuando todas las distancias en el universo se han reducido o contraído hasta cero. Por lo tanto, una singularidad cosmológica inicial forma una extremidad pasada temporal al universo. No podemos continuar el razonamiento físico, o incluso el concepto de espacio-tiempo, a través de esa extremidad. Por esta razón, la mayoría de los cosmólogos piensan de la singularidad inicial como el comienzo del universo. En esta visión, el big bang representa el acontecimiento de la creación; la creación no sólo de toda la materia y energía en el universo, sino también del propio espacio-tiempo".[5] Por lo tanto, el término "Big Bang" o “Gran Explosión” (originalmente una expresión burlona acuñada por Fred Hoyle para caracterizar el comienzo del universo predicho por el modelo de Friedman-Lemaître) es potencialmente engañoso, ya que la expansión no puede ser visualizada desde el exterior, (ya que no hay ningún “exterior" así como tampoco hay un “antes” con respecto al Big Bang). El modelo patrón del Big Bang, como el modelo de Friedman-Lemaître llegó a ser llamado, describe, pues, un universo que no es eterno en el pasado, sino que llegó a existir en un tiempo finito. Además,—y esto merece subrayarse—el origen que postula es un origen absoluto de la nada, ya que no sólo toda la materia y la energía, sino también el espacio y el tiempo llegan a la existencia en la singularidad cosmológica inicial. Como los físicos John Barrow y Frank Tipler enfatizan: "En esta singularidad, el espacio y el tiempo vinieron a la existencia; literalmente nada existía antes de la singularidad, así que, si el Universo se originó en tal singularidad, tendríamos verdaderamente una creación ex nihilo (de la nada)”.[6] Por lo tanto, podríamos gráficamente representar el espacio-tiempo como un cono (figura 2). Figura 2: Representación Cónica del Modelo Patrón Espacio-Tiempo. El espacio y el tiempo comienza en la singularidad cosmológica inicial, antes que literalmente no existiera nada. En ese modelo, el universo se originó ex nihilo en el sentido que en la singularidad inicial es verdad que No hay un punto espacio-temporal anterior o es falso que Algo existió antes a la singularidad. He finally felt forced to conclude, “The beginning seems to present insuperable difficulties unless we agree to look on it as frankly supernatural.”[8] The problem of the origin of the universe, in the words of one astrophysical team, thus “involves a certain metaphysical aspect which may be either appealing or revolting.”[9] Ahora bien, tal conclusión es profundamente inquietante para cualquiera persona que reflexione sobre ella. Pues la siguiente pregunta no puede ser suprimida: “¿Por qué surgió el universo a la existencia? Sir Arthur Eddington, contemplando el comienzo del universo, opinó que la expansión del universo era tan absurda e increíble que "siento casi una indignación de que cualquiera pueda creer en ella, con excepción de mí".[7] Al final él se sintió forzado a concluir diciendo: “Finalmente se sintió obligado a concluir "El comienzo parece presentar dificultades insuperables a menos que nos estemos de acuerdo de mirarlo francamente como sobrenatural”.[8] El problema del origen del universo, en palabras de un equipo de astrofísicos, "implica un aspecto metafísico determinado que pueda ser atrayente o repulsivo”.[9] Como repulsivo por las implicaciones metafísicas del modelo patrón, algunos teóricos han procurado formular modelos no estándares [patrones] para evitar el comienzo del universo. La postulación de un multiverso es uno de los modelos más celebrados. El cosmólogo ruso Andrei Linde ha defendido la idea de que la inflación es eterna en el futuro. Eso quiere decir que, en el modelo de Linde, la inflación nunca acaba: cada burbuja inflacionaria del universo, cuando alcanza cierto volumen, da origen via inflación a otro dominio, y así sucesivamente, ad infinitum. El modelo de Linde tiene, por lo tanto, un futuro infinito. Sin embargo, Linde está preocupado con la idea de un comienzo absoluto. Él escribe lo siguiente: "El aspecto más difícil de este problema no es la existencia de la propia singularidad, sino la cuestión de lo que había antes de la singularidad […] Este problema se encuentra en algún lugar en la frontera o límite entre la física y la metafísica".[10] Linde, entonces, propuso que la inflación no sólo no tiene fin, sino que tampoco tiene comienzo. Cada dominio en el universo es el producto de la inflación en otro dominio, de modo que la singularidad es evitada y, con ella, también se evita la cuestión de lo que vino antes (o, para ser preciso, de qué lo causó). Nuestro universo observable resulta siendo nada más que una burbuja en un eterno y multiverso más amplio de mundos. Así, el multiverso eterno y sin causa es el creador de nuestro universo. En 1994, sin embargo, Arvind Borde y Alexander Vilenkin demostraron que cualquier espacio-tiempo que esté en inflación eternamente en dirección hacia el futuro no puede ser "geodésicamente completo" en el pasado, es decir, debe haber existido en algún punto del indefinido una singularidad inicial. De ese modo, la hipótesis del multiverso no puede ser eterna en el pasado. Ellos escriben de la siguiente manera: Un modelo en que la fase inflacionaria no tenga fin […] conlleva naturalmente a esta pregunta: ¿Puede este modelo extenderse también hacia el pasado infinito, evitando así el problema de la singularidad inicial? […] esto, de hecho, no es posible en el espacio-tiempo inflacionarios eternos en el futuro, siempre y cuando obedezcan ciertas condiciones físicas razonables: tales modelos deben necesariamente poseer singularidades iniciales. […] el hecho de que los espacios-tiempos inflacionarios son incompletos en el pasado nos obliga a abordar la cuestión de qué, si es que existiera algo, vino antes.[11] En respuesta, Linda concordoo con la conclusión de Borde y Vilenkin: Debe haber una singularidad de Big Bang en algún punto en el pasado.[12] En 2003 Borde y Vilenkin, en colaboración con Alan Guth, el padre de la cosmología inflacionaria, lograron reforzar su conclusión elaborando un nuevo teorema independiente de la suposición de la llamada "condición de energía débil", que los partidarios de la inflación eterna en el l pasado talvez habían negado, en un esfuerzo para salvar su teoría.[13] El nuevo teorema, en las palabras de Vilenkin, “parece cerrar aquella puerta por completo”.[14] El teorema de Borde-Guth-Vilenkin prueba que el espacio-tiempo clásico, en una condición única y muy general, no puede extenderse hasta la infinidad pasada, sino que debe llegar a un límite en algún momento en el pasado finito. Ahora bien, o había o no algo en el otro lado de ese límite. Si no lo había, entonces el límite es simplemente el comienzo del universo. Si hubiera algo en el otro lado, entonces será una región descrita por la teoría de la gravedad cuántica, aún esa región no ha sido descubierta. En ese caso, dice Vilenkin, ese algo será el comienzo del universo. Sea como sea, el universo comenzó a existir. En 2012 en Cambridge en la conferencia conmemorando el cumpleaños número 70 de Stephen Hawking, Vilenkin presentó un artículo que hacía un sondaje de la cosmología actual referente a la pregunta: “¿Tuvo el Universo un Comienzo?” Él argumentaba que “ninguno de esos escenarios puede realmente ser eterno en el pasado”.[15] Él concluyó diciendo: “Todas las evidencias que tenemos dicen que el universe tuvo un comienzo”.[16] Ahora bien, esa es una declaración extraordinaria. Vilenkin no dice simplemente que las evidencias a favor de un comienzo sopesan la evidencia en contra de un comienzo. Más bien, él dice que todas las evidencias que tenemos dicen que el universo tiene un comienzo. Vilenkin no titubea en afirmar: Se dice que un argumento es lo que convence a los hombres razonables y una prueba es lo que se toma para convencer inclusive a un hombre irracional. Los cosmólogos ya no pueden esconderse detrás de la posibilidad de un universo con un pasado eterno. No hay ninguna salida, tienen que enfrentar el problema de un principio cósmico".[17] Por lo tanto, los modelos del multiverso, así como sus predecesores, no logran evitar el comienzo predicho por el Modelo Patrón. Lejos de eliminar la necesidad de un creador, el propio multiverso requiere que un creador lo traiga a la existencia. Argumento Teleológico Pero, ¿qué se puede decir de la necesidad de un diseñador del universo? Talvez el más antiguo y más popular de todos los argumentos a favor de la existencia de Dios sea el argumento teleológico. Los antiguos filósofos griegos se impresionaban con el orden que permea el cosmos, y muchos de ellos atribuyeron ese orden a la obra de una mente inteligente que formó el universo. Los cielos en constante revolución en todo el firmamento eran especialmente impresionantes a los ojos de los antiguos. La Academia de Platón dedicaba mucho tiempo y pensamiento al estudio de la astronomía porque, según creía Platón, era la ciencia la que “llevaría al hombre a creer en los dioses”: el argumento basado en el alma y el argumento "del orden del movimiento de las estrellas y de todas las cosas bajo el dominio de la mente que ordenó el universo".[18] Platón empleó los dos argumentos para refutar el ateísmo y concluyó que debe haber un "alma mayor" que es el “creador y el padre de todos”, el “Rey", quien ordenó el caos primordial, haciendo de él el cosmos racional que observamos hoy.[19] Supuestamente demolido por las críticas de Hume y de Kant, el argumento teleológico a favor de la existencia de Dios ha venido rugiendo de nuevo, ocupando un lugar prominente en los últimos años. La comunidad científica ha sido sorprendida al descubrir lo complejo y sensible que debe ser hilo de condiciones iniciales para que el universo tan siquiera permita el origen y la evolución de vida inteligente. Sin lugar a dudas, fue ese descubrimiento el que más ha servido para reabrir los libros sobre el argumento teleológico. El descubrimiento del ajuste fino cósmico para la vida inteligente ha llevado a muchos científicos a concluir que un equilibrio tan delicado de las constantes y cantidades físicas exigidas para la vida no puede ser descartado como si fuese mera coincidencia, sino que necesita de algún tipo de explicación. ¿Qué se entiende por "ajuste fino"? Las leyes físicas de la naturaleza, cuando reciben una expresión matemática, contienen varias constantes (como la constante gravitacional) cuyos valores no están determinados por las propias leyes; un universo regido por esas leyes podría ser caracterizado por cualquier valor de una amplia gama de valores para esas constantes. Además de estas constantes, existen determinadas cantidades físicas arbitrarias, como el nivel de entropía, que simplemente son puestas en el universo como condiciones limítrofes por las cuales operan las leyes de la naturaleza. Por tanto, también son independientes de las leyes. Por "ajuste fino" se pretende que los pequeños desvíos de los valores reales de las constantes y cantidades en cuestión harían que el universo fuese hostil para la vida o, por otro lado, que la gama de valores propicios a la vida sería minuciosamente estrecho en comparación con la gama de valores asumibles. En un sentido más fácil de discernir de articular, ese ajuste fino del universo parece manifestar la presencia de una inteligencia de diseño [o inteligencia arquitectural]. La inferencia de diseño se entiende mejor no como un ejemplo de raciocinio por analogía (como a menudo se retrata), sino como un caso de inferencia a la mejor explicación.[20] La clave para detectar el diseño es eliminar las explicaciones rivales de la necesidad física y del azar. De la misma forma, un argumento teleológico que apele al ajuste fino cósmico podría ser formulado de la siguiente manera: 1. El ajuste fino del universo se debe a la necesidad física, al azar o al diseño. 2. No se debe a la necesidad física o al azar. 3. Por lo tanto, se debe al diseño. Consideremos, primero, la hipótesis de la necesidad física. Algunos años atrás, Stephen Hawking abordó esa pregunta en una conferencia sobre cosmología en la Universidad de California, Davis. Observemos las respuestas alternativas que él identifica a la pregunta fundamental que él plantea: ¿La teoría de cuerdas o la teoría M predice las características distintivas de nuestro universo, como un universo de cuatro dimensión en expansión espacialmente plano con pequeñas fluctuaciones y el modelo estándar de la física de partículas? La mayoría de los físicos creería en vez que la teoría de cuerdas predice únicamente el universo, más que las alternativas. Estas (alternativas) son que el estado inicial del universo, está prescrito por una agencia externa, un código llamado Dios. O que hay muchos universos y que nuestro universo es seleccionado por el principio antrópico.[21] Estas cosas representan precisamente las tres alternativas formuladas en la premisa (1). Hawking argumenta que la primera alternativa, es decir la necesidad física, es una esperanza vana. “La teoría M no puede predecir los parámetros del modelo estándar [patron]. Es obvio que los valores de los parámetros que medimos deben ser compatibles con el desarrollo de la vida […] Pero dentro de la gama antrópicamente permitida, los parámetros pueden tener cualquier valor. ¡Basta ya con que la teoría de cuerdas predice la constante de estructura fina”. Él concluye diciendo, Incluso cuando entendemos la teoría última, ella no nos va a decir mucho sobre cómo comenzó el universo. Ella no puede predecir las dimensiones del espacio-tiempo, el grupo de simetría o grupo gauge, u otros parámetros de la teoría eficaz de baja energía […] No va a determinar cómo esa energía está dividida entre materia convencional, y constante cosmológica, o quintaesencia […] Así que para regresar a la pregunta […] ¿la teoría de cuerdas predice el estado del universo? La respuesta es que no lo hace. Ella permite un paisaje vasto de posibles universos, en los que ocupamos una localización antrópicamente permitida. De hecho, esa idea de un "paisaje cósmico" previsto por la teoría de cuerdas se ha convertido en algo de un fenómeno en su propio derecho.[22] Resulta que la teoría de cuerdas permite alrededor de 100500 diferentes universos regidos por las leyes presentes de la naturaleza, modo que la teoría, de forma alguna, hace que los valores observados de las constantes y cantidades sean físicamente necesarios. Además, mientras que talvez haya un enorme número de universos posibles que yace dentro de la región del paisaje cósmico que permite la vida, esa región propicia para la vida será comprensiblemente minúscula cuando se compara con el paisaje entero, de modo que un dardo arrojado aleatoriamente no tendría ninguna posibilidad significativa de pegarle un universo que permita la vida [es decir, que sea propicio para]. ¿Qué, pues, podemos decir sobre la alternativa del azar? Algunos teóricos han tratado de apoyar la hipótesis del azar recurriendo al llamado Principio Antrópico. Según la formulación de Barrow y Tipler, el Principio Antrópico afirma que cualquier propiedad observada del universo que, a primera vista, pueda parecer asombrosamente improbable sólo puede ser vista en su perspectiva real después de haber explicado el hecho de que ciertas propiedades jamás podrían ser observadas por nosotros, ya que sólo podemos observar propiedades compatibles con nuestra propia existencia. Sin embargo, el Principio Antrópico sólo puede ser utilizado legítimamente, con todo, con la hipótesis de Muchos Mundos [Conjunto de Mundos], según la cual existe un conjunto de mundos de universos concretos, materializando una amplia gama de posibilidades. La hipótesis de muchos mundos es esencialmente un intento por parte de los partidarios de la hipótesis del azar de multiplicar sus recursos probabilísticos para poder reducir la improbabilidad de la ocurrencia de ajuste fino. Ahora bien, si la hipótesis de Muchos Mundos [Conjunto de Mundos] quiere merecer aceptación como una hipótesis plausible, entonces algún mecanismo plausible para generar los muchos mundos necesita ser identificado. Es ahí donde el multiverso entra al escenario. La inflación generará los muchos mundos que son necesarios para que el efecto de auto-selección del principio antrópico entre en juego. Pues bien, un problema para la explicación del multiverso es que, como ya vimos, el teorema Borde-Guth-Vilenkin requiere que el multiverso sea finito en el pasado y que tenga un comienzo. Como el teorema de BGV requiere que el propio multiverso no pueda extenderse en el pasado infinito, sólo puede haber tantos universos de burbujas en existencia ahora como los que se han formado en el vacío falso desde la concepción del multiverso en su límite en el pasado finito. Dada la incomprensible improbabilidad de todas las constantes y cantidades cayendo aleatoriamente dentro de la gama propicia para permitir la vida, tal vez sea altamente improbable que un universo que permite o que sea propicio para la vida se haya deteriorado tan pronto, saliendo del vacío falso. En ese caso, el aguijón del ajuste fino no se ha eliminado. Además, es mejor que el multiverso no requiera el propio ajuste fino para generar los muchos mundos, de lo contrario, el problema del ajuste fino no se ha eliminado, pero sólo se ha pateado hacia arriba. Toda la hipótesis del multiverso depende de la hipótesis de la inflación eterna en el futuro, que, a su vez, se basa en la existencia de ciertos campos escalares primordiales que rigen la inflación. Aunque Vilenkin observa que "la inflación es eterna en prácticamente todos los modelos sugeridos hasta ahora",[23] él también admite que "otra cuestión importante es si realmente existen o no en la naturaleza esos campos escalares. Desafortunadamente, no lo sabemos. No hay evidencia directa de su existencia”.[24] Esta falta de evidencia debe mitigar la confianza con la cual se presenta la Hipótesis del Conjunto de Mundos [Muchos Mundos] Sin embargo, totalmente aparte de su naturaleza especulativa, la hipótesis del Conjunto de Mundos confronta un problema potencialmente letal. Dicho de una manera simple, si nuestro universo no es más que un miembro de un conjunto infinito de universos aleatoriamente diferentes, entonces es muchísimo más probable que deberíamos estar observando un universo muy diferente a este que, de hecho, nosotros observamos. Roger Penrose calcula que la probabilidad de que nuestro universo obtenga, por mero azar, su condición de la baja entropía están en el orden de uno de 1010 (123), un número inconcebible.[25] La probabilidad de que nuestro sistema solar debiera formarse de manera instantánea por la colisión al azar de partículas está en 1:1010(60) (Penrose le llama a eso “completamente alimento para pollos” en comparación). Siendo así, es inimaginablemente más probable la reformación instantánea de nuestro sistema solar por la colisión aleatoria de partículas que la existencia de un universo con ajuste fino. Entonces, si nuestro universo fuese simplemente un miembro al azar de un Conjunto de Mundos, es incalculablemente más probable que debiéramos estar observando un universo ordenadamente más pequeño que nuestro sistema solar. Pues existen mucho más universos observables en el conjunto de mundos en el que nuestro sistema solar llega a existir instantáneamente por medio de la colisión accidental de particular que universos que tienen ajuste fino para la vida inteligente. De hecho, el universo observable más probable es aquel en que el único cerebro viniendo a la existencia a partir del vacio cuántico y observa su mundo que, de otro modo, estaría vacio. Los universos observables de ese tipo son mucho más abundantes en el Conjunto de Mundos que en mundos como el nuestro y, por lo tanto deben ser observados por nosotros, Como no tenemos tales observaciones, ese hecho niega con firmeza la hipótesis del multiverso. En el ateísmo, por lo menos, es pues altamente probable que no haya un Conjunto de Mundos. Como la alternativa del azar se para o se cae con la Hipótesis del Conjunto de Mundos, esa explicación se considera muy improbable. Por lo tanto, parece que el ajuste fino del universo es plausible no debido a la necesidad física ni al azar. Se deduce que el ajuste fino, pues, se debe al diseño. Por esa razón, como ya dije anteriormente, la mejor esperanza para la hipótesis del multiverso es el teísmo. Dios pudo haber creado un Conjunto de Mundos llenos de mundos deliberadamente bien ajustados. [1] “Kal-am” es la palabra árabe para el discurso, pasando a denotar una declaración de doctrina teológica y, por último todo el movimiento de la teología islámica medieval. [2] Al-Gazali, Kitab al-Iqtisad fi’l-I’tiqad, citado en S. de Beaurecueil, “Gazzali et S. Thomas d’Aquin: En sur la preuve de l’existence de Dieu proposée dans l’Iqtisad et sa comparaison avec les ‘voies’ thomistes”, Bulletin de l’Institut français d’archéologie orientale 46 (1947): 203. [3] Gregory L. Naber, Spacetime and Singularities: An Introduction (Cambridge: Cambridge University Press, 1988), pp. 126-127. [4] John A. Wheeler, “Beyond the Hole,” in Some Strangeness in the Proportion, ed. Harry Woolf (Reading, Mass.: Addison-Wesley, 1980), p. 354. [5] P. C. W. Davis, “Spacetime Singularities in Cosmology” [Singularidades del Espacio-Tiempo en la Cosmología], en el Study of Time III [Estudio del Tiempo III], editor J. T. Fraser, publicado por Springer Verlag en el 1978, páginas 78-79. [6] Stephen W. Hawking, A Brief History of Time [publicado en castellano por Editora Crítica como: Brevísima Historia del Tiempo] p. 123 [7] Arthur Eddington, The Expanding Universe (New York: Macmillan, 1933), p. 124.. [8] Ibid., p. 178. [9] Hubert Reeves, Jean Audouze, William A. Fowler, and David N. Schramm, “On the Origin of Light Elements,” Astrophysical Journal 179 (1973): 912. [10] Linde, “Inflationary Universe,” p. 976. [11] Borde e A. Vilenkin, “Eternal Inflation and the Initial Singularity”, Physical Review Letters 72 (1994): 3305, 3307. [12] Andrei Linde, Dmitri Linde y Arthur Mezhlumian, “From the Big Bang Theory to the Theory of a Stationary Universe,” Physical Review D 49 (1994): 1783-1826. Desde entonces, Linde intenta sugerir una manera de escapar la conclusión de un comienzo (“Inflation and String Cosmology”, [24 de marzo de 2005], p. 13). Él no logró, pues, extender caminos de espaço-tempo pasados hasta la infinidad, lo que es la condición necesaria para que el universo no tenga un comienzo. [13] Arvind Borde, Alan Guth, y Alexander Vilenkin, “Inflation Is Not Past-Eternal,” http://arXiv:gr-qc/0110012v1 (1 Oct 2001): 4. El artículo fue actualizado en enero de 2003. [14] Alexander Vilenkin, “Quantum Cosmology and Eternal Inflation,” http://arXiv:gr-qc/0204061v1 (18 April 2002): 10. [15] Audrey Mithani y Alexander Vilenkin, “Did the universe have a beginning?” [¿Tuvo el universo un comienzo?] ArXiv 1204.4658v1 [hep-th] 20 April 2012. Cf. su declaración “no hay ningún modelo en este momento que proporcione un modelo satisfactorio para un universo sin comienzo” (A. Vilenkin, “Did the Universe Have a Beginning?” conferencia en Cambridge University, 2012). Específicamente, Vilenkin cerró la puerta a tres modelos que intentan evitar la implicación de su teorema: la inflación eternal, un universo cíclico, y un universo emergente, el cual existe por la eternidad como una simiente estática antes de expandirse. [16] Lisa Grossman, “Why physicists can't avoid a creation event,” New Scientist 11 de enero de 2012. [17] Alex Vilenkin, Many Worlds in One: The Search for Other Universes (Nova Iorque: Hill and Wang, 2006), p. 176. [18] Platón, Leis 12.966e. [19] Platón, Leis 10.893b-899c; Timeu. [20] Véase a Peter Lipton, Inference to the Best Explanation (London: Routledge, 1991). [21] S. W. Hawking, “Cosmology from the Top Down” (La Cosmología de Arriba hacia Abajo), un artículo presentado en la Conferencia Inflación Cósmica en Davis, Universidad de California. Davis, May 29, 2003. [22] Véase a Leonard Susskind, The Cosmic Landscape: String Theory and the Illusion of Intelligent Design (El Paisaje Cósmico: La Teoría de Cuerdas y la Ilusión del Diseño Inteligente) publicado por Little, Brown, & Co. en el 2006. [23] Vilenkin, Many Worlds in One, p. 214. [24] Ibid., p. 61. [25] Roger Penrose, The Road to Reality (New York: Alfred A. Knopf, 2005), pp. 762-5. Penrose concluye que las explicaciones antrópicas son tan “impotentes” que es algo “mal-concebido” recurrir a ellas para explicar las características especiales del universo. [3] Gregory L. Naber, Spacetime and Singularities: an Introduction (Cambridge: Cambridge University Press, 1988), pp. 126-27. [4] John A. Wheeler, “Beyond the Hole,” in Some Strangeness in the Proportion, ed. Harry Woolf (Reading, Mass.: Addison-Wesley, 1980), p. 354. [5] P. C. W. Davies, “Spacetime Singularities in Cosmology,” in The Study of Time III, ed. J. T. Fraser (Berlin: Springer Verlag, 1978), pp. 78-9. [6]John Barrow and Frank Tipler, The Anthropic Cosmological Principle (Oxford: Clarendon Press, 1986), p. 442. [7] Arthur Eddington, The Expanding Universe (New York: Macmillan, 1933), p. 124. [8] Ibid., p. 178. [9] Hubert Reeves, Jean Audouze, William A. Fowler, and David N. Schramm, “On the Origin of Light Elements,” Astrophysical Journal 179 (1973): 912. [10] Linde, “Inflationary Universe,” p. 976. [11] A. Borde and A. Vilenkin, “Eternal Inflation and the Initial Singularity,” Physical Review Letters 72 (1994): 3305, 3307. [12] Andrei Linde, Dmitri Linde, and Arthur Mezhlumian, “From the Big Bang Theory to the Theory of a Stationary Universe,” Physical Review D 49 (1994): 1783-1826. Linde has since tried to suggest a way to escape the conclusion of a beginning (“Inflation and String Cosmology,” arXiv:hep-th/0503195v1 (24 Mar 2005), p. 13. But he does not succeed in extending past spacetime paths to infinity, which is a necessary condition of the universe’s having no beginning. [13] Arvind Borde, Alan Guth, and Alexander Vilenkin, “Inflation Is Not Past-Eternal,” http://arXiv:gr-qc/0110012v1 (1 Oct 2001): 4. The article was updated in January 2003. [14] Alexander Vilenkin, “Quantum Cosmology and Eternal Inflation,” http://arXiv:gr-qc/0204061v1 (18 April 2002): 10. [15] Audrey Mithani and Alexander Vilenkin, “Did the universe have a beginning?” ArXiv 1204.4658v1 [hep-th] 20 April 2012. Cf. his statement “There are no models at this time that provide a satisfactory model for a universe without a beginning” (A. Vilenkin, “Did the Universe Have a Beginning?” lecture at Cambridge University, 2012). Specifically, Vilenkin closed the door on three models attempting to avert the implication of his theorem: eternal inflation, a cyclic universe, and an “emergent” universe which exists for eternity as a static seed before expanding. [16] Lisa Grossman, “Why physicists can't avoid a creation event,” New Scientist 11 January 2012. [17] Alex Vilenkin, Many Worlds in One: The Search for Other Universes (New York: Hill and Wang, 2006), p. 176. [18] Plato, Laws 12.966e. [19] Plato, Laws 10.893b-899c; idem Timaeus. [20] See Peter Lipton, Inference to the Best Explanation (London: Routledge, 1991). [21] S. W. Hawking, “Cosmology from the Top Down,” paper presented at the Davis Cosmic Inflation Meeting, U. C. Davis, May 29, 2003. [22] See Leonard Susskind, The Cosmic Landscape: String Theory and the Illusion of Intelligent Design (New York: Little, Brown, & Co., 2006). Susskind apparently believes that the discovery of the cosmic landscape undercuts the argument for design, when in fact precisely the opposite is true. Susskind doesn’t seem to appreciate that the 10500 worlds in the cosmic landscape are not real but merely possible universes consistent with M-Theory. To find purchase for the anthropic principle mentioned by Hawking as the third alternative, one needs a plurality of real universes, which string theory alone does not provide. [23] Vilenkin, Many Worlds in One, p. 214. [24] Ibid., p. 61. [25] Roger Penrose, The Road to Reality (New York: Alfred A. Knopf, 2005), pp. 762-5. Penrose concludes that anthropic explanations are so “impotent” that it is actually “misconceived” to appeal to them to explain the special features of the universe.
- ¿CUÁL ES LA RELACIÓN ENTRE CIENCIA Y RELIGIÓN?
William Lane Craig En 1896, el presidente de la Universidad de Cornell, Andrew Dickson White, publicó un libro titulado A History of the Warfare of Science with Theology in Christendom. Bajo la influencia de White, la metáfora de la "guerra" para describir las relaciones entre la ciencia y la fe cristiana se generalizó durante la primera mitad del siglo 20. La visión culturalmente dominante en Occidente, incluso entre los cristianos, llegó a ser que la ciencia y el cristianismo no son aliados en la búsqueda de la verdad, sino adversarios. Para ilustrar, hace varios años tuve un debate con un filósofo de la ciencia en la Universidad Simon Fraser en Vancouver, Canadá, sobre la pregunta "¿Son la ciencia y la religión mutuamente irrelevantes?" Cuando entré en el campus, vi que los estudiantes cristianos que patrocinaban el debate lo habían anunciado con grandes pancartas y carteles que proclamaban "Ciencia vs. Cristianismo". Los estudiantes estaban perpetuando el mismo tipo de mentalidad de guerra que Andrew Dickson White proclamó hace más de cien años. Lo que ha sucedido, sin embargo, en la segunda mitad de este siglo es que los historiadores y filósofos de la ciencia se han dado cuenta de que esta supuesta historia de la guerra es un mito. Como señalan Thaxton y Pearcey en su reciente libro The Soul of Science, durante más de 300 años entre el surgimiento de la ciencia moderna en la década de 1500 y finales de 1800, la relación entre la ciencia y la religión se puede describir mejor como una alianza. Hasta finales del siglo 19, los científicos eran típicamente creyentes cristianos que no veían ningún conflicto entre su ciencia y su fe, personas como Kepler, Boyle, Maxwell, Faraday, Kelvin y otros. La idea de una guerra entre la ciencia y la religión es una invención relativamente reciente de finales del siglo 19, cuidadosamente alimentada por pensadores seculares que tenían como objetivo socavar el dominio cultural del cristianismo en Occidente y su reemplazo por el naturalismo: la opinión de que nada fuera de la naturaleza es real y la única forma de descubrir la verdad es a través de la ciencia. Tuvieron un éxito notable en impulsar su agenda. Pero los filósofos de la ciencia durante la segunda mitad del siglo 20 se han dado cuenta de que la idea de una guerra entre la ciencia y la teología es una simplificación excesiva. El libro de White ahora se considera una especie de broma de mal gusto, una pieza de propaganda unilateral y distorsionada. Ahora bien, algunas personas reconocen que la ciencia y la religión no deben ser consideradas como enemigas, pero sin embargo tampoco piensan que deban ser consideradas amigas. Dicen que la ciencia y la religión son mutuamente irrelevantes, que representan dos dominios no exagerados. A veces escuchas eslóganes como "La ciencia se ocupa de los hechos y la religión se ocupa de la fe". Pero esta es una burda caricatura tanto de la ciencia como de la religión. A medida que la ciencia explora el universo, se encuentra con problemas y preguntas que son de carácter filosófico y, por lo tanto, no pueden resolverse científicamente, pero que pueden ser iluminados por una perspectiva teológica. De la misma manera, es simplemente falso que la religión no haga afirmaciones fácticas sobre el mundo. Las religiones del mundo hacen afirmaciones diversas y contradictorias sobre el origen y la naturaleza del universo y la humanidad, y no todas pueden ser ciertas. La ciencia y la religión son, por lo tanto, como dos círculos que se cruzan o se superponen parcialmente. Es en el área de intersección donde se lleva a cabo el diálogo. Y durante el último cuarto de siglo, un floreciente diálogo entre la ciencia y la teología ha estado ocurriendo en América del Norte y Europa. En un discurso antes de una conferencia sobre la historia y la filosofía de la termodinámica, el prominente físico británico P. T. Landsberg de repente comenzó a explorar las implicaciones teológicas de la teoría científica que estaba discutiendo. Observó: Hablar sobre las implicaciones de la ciencia para la teología en una reunión científica parece romper un tabú. Pero los que piensan así están desfasados. Durante los últimos 15 años, este tabú ha sido eliminado, y al hablar de la interacción de la ciencia y la teología, en realidad me estoy moviendo con una marea. Han surgido numerosas sociedades para promover este diálogo, como la Sociedad Europea para el Estudio de la Ciencia y la Teología, el Foro de Ciencia y Religión, el Centro de Teología y Ciencias Naturales de Berkeley, etc. Especialmente significativas han sido las conferencias en curso patrocinadas por el Centro berkeley y el Observatorio del Vaticano, en las que destacados científicos como Stephen Hawking y Paul Davies han explorado las implicaciones de la ciencia para la teología con teólogos prominentes como John Polkinghorne y Wolfhart Pannenberg. No solo hay revistas profesionales dedicadas al diálogo entre ciencia y religión, como Zygon y Perspectives on Science and Christian Faith, sino que, lo que es más importante, revistas seculares como Nature y british Journal for the Philosophy of Science, también publican artículos sobre las implicaciones mutuas de la ciencia y la teología. La Fundación Templeton ha otorgado su Premio Templeton de un millón de dólares en Ciencia y Religión a destacados pensadores integradores como Paul Davies, John Polkinghorne y George Ellis por su trabajo en ciencia y religión. El diálogo entre ciencia y teología se ha vuelto tan significativo en nuestros días que tanto la Universidad de Cambridge como la Universidad de Oxford han establecido cátedras en ciencia y teología. Comparto todo esto para ilustrar un punto. Las personas que piensan que la ciencia y la religión son mutuamente irrelevantes necesitan darse cuenta de que el gato ya está fuera de la bolsa; y me atrevo a decir que hay pocas perspectivas de volver a meterlo. La ciencia y la religión han descubierto que tienen importantes intereses mutuos e importantes contribuciones que hacer el uno al otro, y aquellos a quienes no les gusta esto pueden optar por no participar en el diálogo, pero eso no va a cerrar el diálogo o mostrar que no tiene sentido. Así que exploremos juntos las formas en que la ciencia y la religión sirven como aliadas en la búsqueda de la verdad. Permítanme sugerir seis formas en que la ciencia y la religión son relevantes entre sí, comenzando con la más general y luego volviéndose más particulares. 1. Religion furnishes the conceptual framework in which science can flourish. Science is not something that is natural to mankind. As science writer Loren Eiseley has emphasized, science is “an invented cultural institution” which requires a “unique soil” in order to flourish. [1] Although glimmerings of science appeared among the ancient Greeks and Chinese, modern science is the child of European civilization. Why is this so? It is due to the unique contribution of the Christian faith to Western culture. As Eiseley states, “it is the Christian world which finally gave birth in a clear, articulate fashion to the experimental method of science itself.” [2] In contrast to pantheistic or animistic religions, Christianity does not view the world as divine or as indwelt by spirits, but rather as the natural product of a transcendent Creator who designed and brought it into being. Thus, the world is a rational place which is open to exploration and discovery. Furthermore, the whole scientific enterprise is based on certain assumptions which cannot be proved scientifically, but which are guaranteed by the Christian world view; for example: the laws of logic, the orderly nature of the external world, the reliability of our cognitive faculties in knowing the world, and the objectivity of the moral values used in science. I want to emphasize that science could not even exist without these assumptions, and yet these assumptions cannot be proved scientifically. They are philosophical assumptions which, interestingly, are part and parcel of a Christian world view. Thus, religion is relevant to science in that it can furnish a conceptual framework in which science can exist. More than that, the Christian religion historically did furnish the conceptual framework in which modern science was born and nurtured. 2. La ciencia puede falsificar y verificar las afirmaciones de religión. Cuando las religiones hacen afirmaciones sobre el mundo natural, se cruzan con el dominio de la ciencia y, en efecto, están haciendo predicciones que la investigación científica puede verificar o falsificar. Permítanme dar algunos ejemplos de cada uno. Primero, ejemplos de falsificación. Algunos ejemplos son obvios. Las opiniones de las antiguas religiones griega e india de que el cielo descansaba sobre los hombros de Atlas o el mundo a lomos de una gran tortuga fueron fácilmente falsificadas. Pero también hay ejemplos más sutiles disponibles. Uno de los ejemplos más notorios fue la condena de la Iglesia medieval a Galileo por su afirmación de que la Tierra se mueve alrededor del sol en lugar de viceversa. Sobre la base de su mala interpretación de ciertos pasajes de la Biblia como Salmos 93.1: "El Señor ha establecido el mundo; nunca se moverá", negaron los teólogos medievales que la Tierra se moviera. La evidencia científica finalmente falsificó esta hipótesis, y la Iglesia tardíamente finalmente llegó a admitir su error. Otro ejemplo interesante de la falsificación de una visión religiosa por parte de la ciencia es la afirmación de varias religiones orientales como el taoísmo y ciertas formas de hinduismo de que el mundo es divino y, por lo tanto, eterno. El descubrimiento durante este siglo de la expansión del universo revela que lejos de ser eternas, toda la materia y la energía, incluso el espacio físico y el tiempo mismos, llegaron a existir en un punto en el pasado finito antes del cual nada existía. Como dice Stephen Hawking en su libro de 1996 The Nature of Space and Time, "casi todo el mundo cree ahora que el universo, y el tiempo mismo, tuvo un comienzo en el Big Bang". [3] Pero si el universo surgió en el Big Bang, entonces es temporalmente finito y contingente en su existencia y, por lo tanto, ni eterno ni divino, como las religiones panteístas habían afirmado. Por otro lado, la ciencia también puede verificar las afirmaciones religiosas. Por ejemplo, una de las principales doctrinas de la fe judeocristiana es que Dios creó el universo de la nada hace un tiempo finito. La Biblia comienza con las palabras: "En el principio Dios creó los cielos y la Tierra" (Génesis 1.1). La Biblia enseña así que el universo tuvo un comienzo. Esta enseñanza fue repudiada tanto por la filosofía griega antigua como por el ateísmo moderno, incluido el materialismo dialéctico. Luego, en 1929, con el descubrimiento de la expansión del universo, esta doctrina se verificó dramáticamente. Los físicos John Barrow y Frank Tipler, hablando del comienzo del universo, explican: "En esta singularidad, el espacio y el tiempo llegaron a existir; literalmente nada existía antes de la singularidad, por lo que, si el Universo se originara en tal singularidad, realmente tendríamos una creación ex nihilo (de la nada)". [4] Contra toda expectativa, la ciencia verificó así esta predicción religiosa. Robert Jastrow, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, lo imagina de esta manera: [El científico] ha escalado las montañas de la ignorancia; está a punto de conquistar el pico más alto; mientras se detiene sobre la roca final, es recibido por una banda de teólogos que han estado sentados allí durante siglos. [5] Una segunda verificación científica de una creencia religiosa es la afirmación de las grandes religiones monoteístas de que el mundo es el producto del diseño inteligente. Los científicos originalmente pensaron que cualesquiera que fueran las condiciones iniciales del universo, eventualmente el universo evolucionaría las complejas formas de vida que vemos hoy. Pero durante los últimos cuarenta años más o menos, los científicos se han sorprendido por el descubrimiento de cuán complejo y sensible debe darse un equilibrio de condiciones iniciales en el Big Bang para que el universo permita el origen y la evolución de la vida inteligente en el cosmos. En los diversos campos de la física y la astrofísica, la cosmología clásica, la mecánica cuántica y la bioquímica, los descubrimientos han revelado repetidamente que la existencia de vida inteligente depende de un delicado equilibrio de constantes y cantidades físicas. Si alguno de estos se alterara ligeramente, el equilibrio se destruiría y la vida no existiría. De hecho, el universo parece haber sido incomprensiblemente afinado desde el momento de su creación para la producción de vida inteligente. Ahora sabemos que los universos que prohíben la vida son mucho más probables que cualquier universo que permita la vida como el nuestro. ¿Cuánto más probable? La respuesta es que las posibilidades de que el universo permita la vida son tan infinitesimales que son incomprensibles e incalculables. Por ejemplo, Stephen Hawking ha estimado que si la tasa de expansión del universo un segundo después del Big Bang hubiera sido menor incluso en una parte en cien mil millones de millones, el universo habría vuelto a colapsar en una bola de fuego caliente. [6] P. C. W. Davies ha calculado que las probabilidades en contra de que las condiciones iniciales sean adecuadas para la formación estelar posterior (sin las cuales los planetas no podrían existir) es una seguida de mil millones de mil millones de ceros, al menos. [7] También estima que un cambio en la fuerza de la gravedad o de la fuerza débil por solo una parte en 10100 habría evitado un universo que permitiera la vida. [8] Hay una serie de tales cantidades y constantes presentes en el Big Bang que deben ser afinadas de esta manera si el universo ha de permitir la vida. Así que la improbabilidad se multiplica por la improbabilidad hasta que nuestras mentes se tambalean en números incomprensibles. No hay ninguna razón física por la que estas constantes y cantidades deban poseer los valores que poseen. El ex físico agnóstico Paul Davies comenta: "A través de mi trabajo científico he llegado a creer cada vez más firmemente que el universo físico está unido con un ingenio tan asombroso que no puedo aceptarlo simplemente como un hecho bruto". [9] De manera similar, Fred Hoyle comenta: "Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que un superintellecto se ha topado con la física". [10] Nuestro descubrimiento del ajuste fino del Big Bang para la vida inteligente es como si alguien caminara por el desierto de Gobi y, redondeando una duna de arena, de repente se enfrentara a un rascacielos del tamaño del Empire State Building. Descartaríamos con razón como loca la sugerencia de que simplemente se reunió allí por casualidad. Y nos parecería igualmente loca la idea de que cualquier disposición de partículas de arena en ese lugar es improbable y, por lo tanto, no hay nada que explicar. ¿Por qué? Porque el rascacielos exhibe una complejidad que está ausente de los arreglos aleatorios de arena. Pero, ¿por qué la complejidad del rascacielos nos parece especial? John Leslie dice que es porque hay una explicación aparente del complejo rascacielos que no se sugiere solo por una disposición aleatoria de granos de arena, a saber, el diseño inteligente. [11] De la misma manera, concluye Leslie, el ajuste fino de las condiciones iniciales del universo para la vida apunta a la explicación aparente del diseño inteligente. Por lo tanto, la ciencia puede falsificar y verificar las afirmaciones de la religión. 3. La ciencia se encuentra con problemas metafísicos que la religión puede ayudar a resolver. La ciencia tiene una sed insaciable de explicación. Pero eventualmente, la ciencia alcanza los límites de su capacidad explicativa. Por ejemplo, al explicar por qué existen varias cosas en el universo, la ciencia finalmente se enfrenta a la pregunta de por qué existe el universo mismo. Note que esto no tiene por qué ser una pregunta sobre el origen temporal del universo. Incluso si el espacio-tiempo es sin principio e interminable, todavía podemos preguntarnos por qué existe el espacio-tiempo. El físico David Park reflexiona: "En cuanto a por qué hay espacio-tiempo, esa parece ser una pregunta científica perfectamente buena, pero nadie sabe cómo responderla". [12] Aquí la teología puede ayudar. Los teístas tradicionales conciben a Dios como un ser necesario cuya inexistencia es imposible, que es el Creador del mundo contingente del espacio y el tiempo. Por lo tanto, la persona que cree en Dios tiene los recursos para saciar la sed de la ciencia por la explicación última. Podemos presentar este razonamiento en forma de un argumento simple: 1. Todo lo que existe tiene una explicación de su existencia (ya sea en la necesidad de su propia naturaleza o en una causa externa). 2. Si el universo tiene una explicación de su existencia, esa explicación es Dios. 3. El universo existe. 4. Por lo tanto, la explicación de la existencia del universo es Dios. 4. La religión puede ayudar a juzgar entre las teorías científicas. Lawrence Sklar, un prominente filósofo de la ciencia, ha comentado: "La adopción de una teoría científica en lugar de otra, a veces en casos muy cruciales, se basa tanto en ... presuposiciones filosóficas como lo hace sobre los datos duros...". [13] Particularmente en los casos en que dos teorías en conflicto son empíricamente equivalentes, de modo que no se puede decidir entre ellas sobre la base de la evidencia, entran en juego las preocupaciones metafísicas, incluidas las preocupaciones religiosas. Un excelente ejemplo es la Teoría Especial de la Relatividad. Hay dos maneras de interpretar el núcleo matemático de la Relatividad Especial. Según la interpretación de Einstein, no hay un "ahora" absoluto en el mundo; más bien lo que es ahora es relativo a diferentes observadores en movimiento. Si tú y yo nos estamos moviendo el uno con respecto al otro, entonces lo que es ahora para mí no es ahora para ti. Pero en la interpretación de H. A. Lorentz, hay un ahora absoluto en el mundo, pero simplemente no podemos estar seguros de qué eventos en el mundo están sucediendo ahora porque el movimiento afecta a nuestros instrumentos de medición. Los relojes en movimiento funcionan lentamente y las varillas de medición en movimiento se contraen. Las interpretaciones einsteiniana y lorentziana son empíricamente equivalentes; no hay ningún experimento que puedas realizar para decidir entre ellos. [14] Pero quiero argumentar que si Dios existe, entonces Lorentz tenía razón. Aquí está mi argumento: 1. Si Dios existe, entonces Dios está en el tiempo. Esto es cierto porque Dios está realmente relacionado con el mundo como causa de efecto. Pero una causa de un efecto temporal debe existir antes o al mismo tiempo que su efecto. Así que Dios debe estar en el tiempo. 2. Si Dios está en el tiempo, entonces existe un observador privilegiado. Puesto que Dios trasciende el mundo y es la causa de la existencia de todo en el mundo, Su perspectiva sobre el mundo es la verdadera perspectiva. 3. Si existe un observador privilegiado, entonces ahora existe un absoluto. Puesto que Dios es un observador privilegiado, Su "ahora" es privilegiado. Por lo tanto, hay un absoluto ahora, tal como afirmó Lorentz. Esta es una conclusión muy sorprendente, de hecho. Pero estoy firmemente convencido de que si Dios existe, entonces una teoría lorentziana, en lugar de einsteiniana, de la relatividad es correcta. Es difícil imaginar cómo la religión podría tener mayor relevancia para la ciencia que esta, para mostrar que una teoría está equivocada y otra es correcta. 5. La religión puede aumentar el poder explicativo de la ciencia. Uno de los pilares de la visión científica contemporánea del mundo es la evolución de la complejidad biológica a partir de formas de vida más primitivas. Desafortunadamente, la síntesis neodarwiniana actual parece ser explicativamente deficiente en su explicación del aumento gradual de la complejidad biológica. En primer lugar, los mecanismos neodarwinianos de mutación aleatoria y selección natural funcionan demasiado lentamente para producir, sin ayuda, vida sensible. En su Principio Cosmológico Antrópico, Barrow y Tipler enumeran diez pasos en la evolución del homo sapiens, incluyendo pasos tales como el desarrollo del código genético basado en el ADN, el origen de las mitocondrias, el origen de la fotosíntesis, el desarrollo de la respiración aeróbica, y así sucesivamente, cada uno de los cuales es tan improbable que antes habría ocurrido, el sol habría dejado de ser una estrella de la secuencia principal e incinerado la tierra. [15] Informan que "ha habido un consenso general entre los evolucionistas de que la evolución de la vida inteligente, comparable en capacidad de procesamiento de información a la del homo sapiens es tan improbable que es poco probable que haya ocurrido en cualquier otro planeta en todo el universo visible". [16] Pero si este es el caso, entonces uno no puede evitar preguntarse, ¿por qué, aparte de un compromiso con el naturalismo, deberíamos pensar que evolucionó por casualidad en este planeta? En segundo lugar, la mutación aleatoria y la selección natural tienen problemas para explicar el origen de sistemas irreduciblemente complejos. En su reciente libro Darwin's Black Box, el microbiólogo Michael Behe explica que ciertos sistemas celulares como los cilios o el sistema de transporte de proteínas son como máquinas microscópicas increíblemente complicadas que no pueden funcionar en absoluto a menos que todas las partes estén presentes y funcionando. [17] No hay comprensión dentro de la síntesis neodarwiniana de cómo tales sistemas irreduciblemente complejos pueden evolucionar por mutación aleatoria y selección natural. Con respecto a ellos, la teoría evolutiva actual tiene cero poder explicativo. Según Behe, sin embargo, hay una explicación familiar adecuada para dar cuenta de la complejidad irreductible, una que en otros contextos empleamos sin dudarlo: el diseño inteligente. "La vida en la Tierra en su nivel más fundamental, en sus componentes más fundamentales", concluye, "es el producto de la actividad inteligente". [18] La evolución gradual de la complejidad biológica se explica mejor si existe una causa inteligente detrás del proceso en lugar de solo los mecanismos ciegos. Por lo tanto, el teísta tiene recursos explicativos disponibles de los que el naturalista carece. 6. La ciencia puede establecer una premisa en un argumento para una conclusión que tenga significado religioso. El teólogo medieval Tomás de Aquino siempre asumió la eternidad del universo en todos sus argumentos a favor de la existencia de Dios, ya que asumir que el universo comenzó a existir hizo las cosas demasiado fáciles para el teísta. "Si el mundo y el movimiento tienen un primer comienzo", dijo, "se debe postular claramente alguna causa para este origen del mundo y del movimiento" (Summa contra gentiles 1. 13. 30). Además, simplemente no había forma empírica de probar la finitud pasada del universo durante la Edad Media. Pero la aplicación de la Teoría General de la Relatividad a la cosmología y el descubrimiento de la expansión del universo durante este siglo parece haber caído en el regazo del teólogo filosófico precisamente esa premisa que había faltado en un argumento exitoso para la existencia de Dios. Por ahora puede argumentar lo siguiente: 1. Todo lo que comienza a existir tiene una causa. 2. El universo comenzó a existir. 3. Por lo tanto, el universo tiene una causa. La premisa (2) es una declaración religiosamente neutral que se puede encontrar en casi cualquier texto sobre astronomía y astrofísica. Sin embargo, pone al ateo en una situación muy incómoda. Porque como insta Anthony Kenny de la Universidad de Oxford, "Un defensor de la teoría del Big Bang, al menos si es ateo, debe creer que... el universo vino de la nada y por nada". [19] Pero seguramente eso es metafísicamente imposible. De la nada, nada viene. Entonces, ¿por qué existe el universo en lugar de simplemente nada? Es plausible que haya habido una causa que dio origen al universo. Ahora, desde la naturaleza misma del caso, como la causa del espacio y el tiempo, esta causa debe ser un ser no causado, inmutable, atemporal e inmaterial de poder inimaginable que creó el universo. Además, yo diría que también debe ser personal. Porque, ¿de qué otra manera podría una causa atemporal dar lugar a un efecto temporal como el universo? Si la causa fuera un conjunto impersonal de condiciones necesarias y suficientes, entonces la causa nunca podría existir sin el efecto. Si la causa estuviera eternamente presente, entonces el efecto también estaría eternamente presente. La única manera de que la causa sea atemporal y el efecto comience a tiempo es que la causa sea un agente personal que elija libremente crear un efecto a tiempo sin ninguna condición determinante previa. Por lo tanto, somos llevados, no sólo a una causa trascendente del universo, sino a su creador personal. Todo esto no es para hacer un juicio simplista e ingenuo como "La ciencia prueba que Dios existe". Pero es decir que la ciencia puede establecer la verdad de una premisa en un argumento para una conclusión que tiene significado religioso. En resumen, hemos visto seis formas diferentes en que la ciencia y la religión son relevantes entre sí: 1. La religión proporciona el marco conceptual en el que la ciencia puede florecer. 2. La ciencia puede falsificar y verificar las afirmaciones de religión. 3. La ciencia se encuentra con problemas metafísicos que la religión puede ayudar a resolver. 4. La religión puede ayudar a juzgar entre las teorías científicas. 5. La religión puede aumentar el poder explicativo de la ciencia. 6. La ciencia puede establecer una premisa en un argumento para una conclusión que tenga significado religioso. Por lo tanto, en conclusión, hemos visto que la ciencia y la religión no deben ser consideradas como enemigas o como mutuamente irrelevantes. Más bien hemos visto varias formas en que pueden interactuar fructíferamente. Y es por eso que, después de todo, hay un diálogo tan floreciente entre estas dos disciplinas que está teniendo lugar hoy en día. [1] Loren Eiseley, "Francis Bacon", en The Horizon Book of Makers of Modern Thought (Nueva York: American Heritage Publishing, 1972), pp. 95-96. [2] Loren Eiseley, Darwin's Century (Garden City, N. Y.: Doubleday, 1958), p. 62. Estoy en deuda por las referencias de Eiseley a Nancy Pearcy y Charles Thaxton, The Soul of Science (Wheaton, Ill.: Crossway Books, 1994). [3] Stephen Hawking y Roger Penrose, The Nature of Space and Time, The Isaac Newton Institute Series of Lectures (Princeton, N. J.: Princeton University Press, 1996), p. 20. [4] John Barrow y Frank Tipler, The Anthropic Cosmological Principle (Oxford: Clarendon Press, 1986), p. 442. [5] Robert Jastrow, Dios y los astrónomos (Nueva York: W. W. Norton, 1978), p. 116. [6] Stephen W. Hawking, A Brief History of Time (Nueva York: Bantam Books, 1988), pág. 123. [7] P. C. W. Davies, Other Worlds (Londres: Dent, 1980), págs. 160-61, 168-69. [8] P. C. W. Davies, "The Anthropic Principle", en Particle and Nuclear Physics 10 (1983): 28. [9] Paul Davies, La mente de Dios (Nueva York: Simon & Schuster: 1992), p. 16. [10] Fred Hoyle, "The Universe: Past and Present Reflections", Engineering and Science (noviembre de 1981), p.12. [11] John Leslie, Universes (Londres: Routledge, 1989), pp. 10, 121. [12] David Park, The Image of Eternity (Amherst: University of Massachusetts Press, 1980), p. 84. [13] Lawrence Sklar, Space, Time, and Spacetime (Berkeley: University of California Press, 1976), p. 417. [14] En realidad, esta afirmación tiene calificación; ya que como resultado de los experimentos de Aspect que verifican las predicciones de la mecánica cuántica con respecto al Teorema de Bell, ahora tenemos fundamentos empíricos sustanciales para afirmar relaciones de simultaneidad absoluta entre eventos distantes, reivindicando así la interpretación lorentziana. [15] Barrow y Tipler, Principio cosmológico antrópico, pp. 561-65.I [16] Ibíd., pág. 133. [17] Michael J. Behe, Darwin's Black Box (Nueva York: Free Press, 1996). [18] Ibíd., pág. 193. [19] Anthony Kenny, The Five Ways: St. Thomas Aquinas Proofs of God's Existence (Nueva York: Schocken Books, 1969), pág. 66.
- LA REVELACION DE DIOS
¿A QUE LLAMAMOS REVELACIÓN? ¿CÓMO SE NOS REVELA DIOS? Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo. Heb1:1-2 INTRODUCCIÓN En el sentido teológico, “revelación” se refiere a esa manifestación propia de la soberanía de Dios, de revelarse al hombre y su voluntad. En el NT el sustantivo griego “apokalupsis”1 y el verbo “apokaluptö” se traducen como revelación y revelar respectivamente. «...y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar»[1]. Nos da el sentido de que el conocimiento de Dios sólo es posible si es Él mismo quien inicia el proceso «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos»[2]. La revelación General La iglesia habla de dos tipos de revelaciones, la una es llamada la “Revelación General.” Que es la revelación que Dios da a conocer a todos los pueblos de todos los tiempos. En otras palabras, la Revelación General es la revelación a la que todo el mundo tiene acceso. Hay un versículo central en el Nuevo Testamento que nos explica donde opera la revelación general: «Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y divinidad, se ven claramente desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas, de modo que son inexcusables. »[3]. Debemos saber que, desde el principio de los tiempos Dios ha intentado comunicarse con el hombre; siendo el hombre un ser finito y limitado, hecho digno de la creación de Dios. Si bien el hombre mismo era un ser creado, su llegada al mundo fue para coronar todo aquello que el supremo Diseñador había hecho, tanto que, Dios mismo le dio potestad y dominio sobre todas las cosas, y las puso a su cuidado. La comunicación con el hombre era cara a cara con el Creador, Adán y Eva disfrutaban de esa intima comunión y lo único que debían hacer para conservarla era obedecer. Nunca fue el deseo de Dios apartarse del hombre, fue el hombre en su desobediencia quien decidió apartarse de Él. Pero, aun después de la caída, Dios no interrumpe inmediatamente su revelación, sigue dirigiéndose a ellos para emitir su juicio ante el pecado cometido y en medio del proceso se revela como futuro Salvador. A través de la Biblia, de continuo vemos a Dios buscando al hombre, de la misma forma que le buscó en Edén el día de la caída, en ese proceso de búsqueda, siempre hubo alguien que encontró gracia ante sus ojos para ser digno de comunicársele su voluntad. Entonces vemos como Dios establece alianza con Noé y le muestra sus intenciones de lo que necesita que el patriarca haga, y ya al final le comunica su deseo de no volver a maldecir la tierra con un diluvio. Siglos después, se allega a Abram en la tierra de Ur, en Mesopotamia, y le ordena «… Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré».[4] Dios decide establecer un pacto con Abram, y cumple con él, hasta entregarle un hijo de su esposa Sara ya anciana, ello a fin mostrar fidelidad a su promesa de hacer de él una gran nación, y le dice: «…en Isaac te será llamada descendencia»[5]. Así es como a través de los años de acompañar a Israel como su pueblo; Dios sería reconocido por la nación israelita como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, graficando en ello Dios el cumplimiento de la promesa. La descendencia de Abraham sería depositaria de las promesas divinas hechas a los patriarcas. Dios llama a Israel para ser su pueblo elegido, le saca de donde no era pueblo, le salva de la esclavitud egipcia, establece pacto con ellos en Sinaí, y le da su Ley por medio de Moisés, y tal era su grado de comunión de Dios con el patriarca, que las Escrituras nos revelan: «Y hablaba el Eterno a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero»[6]. Por años los Profetas fueron fruto de un llamado especial, consagrados a ese propósito; debiendo renunciar a los privilegios del pueblo a fin ser preparados para su misión y recibir la revelación de Dios «…Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas[7]» La revelación especial Existe entonces este otro tipo de revelación, una que cumple la invitación de Dios al hombre de hacer morada con Él, y ha estado siempre presente en la historia, y nos dice que Dios desea comunicarse con nosotros. Él quiere y nos entrega la forma, de hacer de esta revelación, una relación. Una que sea permanente y continua; para ello Él mismo nos entrega las llaves para llegar a ello, «Dios es Espíritu…»[8], por lo cual, para allegarnos a Él, es necesario estar en el mismo Espíritu, porque tal es Su naturaleza. Pero, un corazón no renacido, no transformado, tiene nulas posibilidades de entrar a esa comunión, por muchas capacidades mentales o sensoriales que este tenga, no es dado al hombre común el acercarse a Dios, sino solo por los medios que Dios nos proporciona. Pero hay un momento en la historia en que somos testigos de la suprema revelación de Dios al hombre, y este nos fue entregado con la llegada del Señor Jesucristo al mundo, fue el acontecimiento que cambió radicalmente la forma en como Dios había estado comunicándose y dando a conocer su voluntad; ahora la Palabra misma estaba con nosotros «…Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»[9]. Esta revelación de Dios en Cristo, debe considerarse como «definitiva» y «completa», ya que, en Jesús, Dios el Señor nos revela, todo lo que, en su misterio de amor, quería comunicar a la humanidad. Dios se allegaba una vez mas al hombre para mostrarnos a través de Jesucristo, que su deseo de establecer una alianza eterna siempre había sido real; en Cristo encontramos la esencia misma del Padre comunicándose a nuestra vida, «…El que me ha visto a mí, ha visto al Padre»[10], la fuente de revelación estaba ahora ante la vista de los hombres y se comunicaba audiblemente con ellos. Es que Dios, en su amor, ante la imposibilidad del hombre en su pecado de poder acercársele; en Jesús «…se hizo carne, y habitó entre nosotros»[11] Los apóstoles tuvieron el privilegio de escuchar de propia boca del Maestro sus enseñanzas, a ellos les eran revelado misterios que al común del pueblo no les pertenecían, y aunque en principio el proceso de cambio fue muy complejo para sus vidas, supieron reconocer en Jesús al enviado del padre “…Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente… respondiendo Jesús le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos»[12]. Finalmente podemos decir que esa revelación ha llegado a nosotros, y aunque Jesucristo regresó al cielo, volvió al lugar que le pertenecía desde siempre, dejó con nosotros su esencia; la Palabra. El Verbo sigue con nosotros y está entre nosotros, ha sido preservado a través de los siglos; el Espíritu Santo que es Dios mismo está en medio de la iglesia y le da vida, Él se nos revela a través de su Palabra y nos muestra nuevamente su voluntad. La Biblia no es un libro histórico, si bien contiene mucho de la historia en él, tampoco es un libro científico, aunque algunos digan que hay en ella mucha ciencia de lo alto, la Biblia es ante todo un libro religioso, uno que nos comunica la verdad de Dios, allí está contenida la revelación, toda la revelación que el hombre necesita para conocerle, allí Dios colocó cuidadosamente todo lo necesario para la vida a fin el hombre pueda alcanzar salvación y establecerse en plena comunión. «…Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre»[13][14][15]. Para el hombre común, existe una imposibilidad de acceder a recibir revelación del Dios « Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver»15 y esta no se da solamente por una suerte de capricho de Dios, sino porque la naturaleza carnal de la cual está revestido el hombre sin Cristo, esa de la cual no se ha despojado y que gobierna sus miembros, su mente y voluntad; le hacen ciego a las cosas de Dios; porque su corazón está en tinieblas y no puede acceder a esa luz, a menos que sea Dios quien transforme su corazón y le haga nueva criatura. «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente»16. CONCLUSION Revelación es entonces un descorrer el velo, una acción graficada en el dramático momento cuando junto al último suspiro del Hijo en la Cruz, el velo del templo se rasgó en dos, aquel día por medio del sacrificio de Jesucristo se terminaba la maldición que nos separaba del Padre; la ley había sido cumplida, la pared había sido derribada y quedaba ante nosotros una puerta abierta, por lo cual podemos ahora: «…acercarnos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro»[16] Luis Vogt Opazo Docente y Licenciado en Teología Pastoral, Saint Alcuin of York Anglican College; Licenciatura en Estudios Teológicos, Academia de Ginebra 1 https://es.wikipedia.org/wiki/Apocalipsis [1] Mateo 11:27 [2] Mateo 16:17 [3] Romanos 1.20 [4] Génesis 12:1 [5] Génesis 21:12 [6] Éxodo 33:11 [7] Amos 3:7 [8] Juan 4:24 [9] Juan 1:14 [10] Juan 14:9 [11] Juan 1:14 [12] Mateo 16:16-17 [13] Juan 20:30-31 [14] ° Timoteo 6:16 [15] °Corintios 2:14 [16]Hebreos 4:6
- 7 Concilios: El Segundo Concilio de Nicea
Hoy estoy completando una serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, cada uno de los cuales intentó comprender y establecer una teología cristiana unificada. En esta serie hemos analizado brevemente cada uno de los siete concilios. Para cada uno de ellos hemos considerado el escenario y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto, y luego los resultados y la importancia duradera. Hoy cerramos la serie con el último concilio: el Segundo Concilio de Nicea. Marco y finalidad El Segundo Concilio de Nicea se inauguró el 24 de septiembre de 787, unos 452 años después de que se reuniera en esa misma ciudad el primer concilio ecuménico. Estuvieron presentes entre 258 y 335 obispos, presididos por Tarasio, que era Patriarca de Constantinopla. El concilio había sido convocado por la emperatriz Irene para discutir el uso de iconos, práctica que había sido condenada por el Concilio de Hieria en el año 754. Personajes principales y conflicto Constantino V (718 - 775) había dirigido una campaña contra los iconos que había comenzado con su padre, el emperador León III. La campaña culminó en el Concilio de Hieria en 754. Este concilio pretendía ser ecuménico y logró establecer la iconoclasia (el rechazo y la destrucción de los iconos religiosos) como la enseñanza ortodoxa de la Iglesia. A la muerte de Constantino V, su hijo León IV asumió el trono. Mantuvo la iconoclasia de su padre, aunque fue menos contundente contra los que seguían siendo partidarios de usarlos, quizá porque su esposa, Irene, era iconófila. Cuando León IV murió en el 780, apenas cinco años después de subir al trono, Irene le sucedió. En el año 784, el patriarca saliente de Constantinopla, Pablo IV, instó a Irene a convocar un concilio para ayudar a reparar algunas de las divisiones entre la Iglesia de Oriente y Occidente y examinar el uso de los iconos. Ella aceptó y poco después nombró a un nuevo patriarca de Constantinopla, Tarasio, para que la ayudara. También escribió al Papa Adriano en Roma, pidiéndole que preparara un concilio. Él estuvo de acuerdo y expresó su apoyo al uso de iconos basándose en su comprensión de las Escrituras y los escritos de los Padres de la Iglesia. Aunque no viajó a Nicea, envió a dos representantes. Las actas El concilio constó de 8 sesiones que tuvieron lugar en el transcurso de un mes (24 de septiembre - 23 de octubre) y los debates fueron agotadores. Leo Davis escribe: "El Patriarca [Tarasio] exhortó a los obispos a la brevedad, pero fue en vano, ya que las discusiones que siguieron resultaron largas y ampulosas, a un nivel intelectual muy inferior al de los concilios precedentes". En varias sesiones se discutió si debían volver a recibir en sus cargos a los obispos que habían apoyado la iconoclasia. En otras sesiones se revisaron las Escrituras y los escritos de los Padres para mostrar su apoyo al uso de los iconos. Según Wikipedia, se citaron los siguientes: Éxodo 25:19 sqq.; Números 7:89; Hebreos 9:5 sqq.; Ezequiel 41:18, y Génesis 31:34. La mayoría de estos pasajes se refieren a los querubines del propiciatorio. Otra sesión se dedicó a leer el Horos, el decreto del Concilio de Hieria, y a refutarlo línea por línea. La sesión final se celebró en Constantinopla, en el Palacio de Magnaura, ante Irene y su hijo Constantino VI, para que pudieran aprobar y firmar la declaración final que aprobaba los iconos. Los resultados El principal resultado fue un prolijo decreto oficial sobre los iconos. Para abreviar nuestra confesión, mantenemos inalteradas todas las tradiciones eclesiásticas que nos han sido transmitidas, ya sea por escrito o verbalmente, una de las cuales es la realización de representaciones pictóricas, de acuerdo con la historia de la predicación del Evangelio, una tradición útil en muchos aspectos, pero especialmente en este, que así la encarnación del Verbo de Dios se muestra como real y no meramente fantasmática, ya que estas tienen indicaciones mutuas y sin duda tienen también significados mutuos. Nosotros, por lo tanto, siguiendo el camino real y la autoridad divinamente inspirada de nuestros Santos Padres y las tradiciones de la Iglesia Católica ... definimos con toda certeza y exactitud que así como la figura de la preciosa y vivificante Cruz, así también las venerables y santas imágenes, tanto en pintura y mosaico como de otros materiales adecuados, deben ser expuestas en las santas iglesias de Dios, y en los vasos sagrados y en las vestiduras y en las colgaduras y en los cuadros tanto en las casas como en los caminos, a saber, la figura de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo, de nuestra inmaculada Señora, la Madre de Dios, de los honorables Ángeles, de todos los Santos y de todas las personas piadosas. Porque cuanto más frecuentemente se les ve en la representación artística, tanto más fácilmente se elevan los hombres a la memoria de sus prototipos, y a un anhelo de ellos; y a éstos se les debe dar la debida salutación y la honrosa reverencia... Además, el concilio aprobó veintidós cánones que abarcaban una amplia variedad de cuestiones a las que se enfrentaba la Iglesia en aquella época, incluido el problema de la simonía (la compra o venta de cargos eclesiásticos). Importancia duradera Este debate ha llegado a llamarse la Controversia Iconoclasta y tuvo grandes y duraderas consecuencias en Oriente y Occidente. Leo Davis las identifica en cuatro categorías: 1. "Políticamente fue un factor de alejamiento de Occidente del Imperio de Oriente en un momento crítico". Roma se enfrentaba a la presión de los invasores y buscó la ayuda de los francos. Esto llevaría a un nuevo alineamiento político entre la iglesia romana y los reyes francos (mientras que antes se dirigían al emperador bizantino en Constantinopla). La coronación de Carlomagno en el año 800 como emperador de Occidente y defensor de la autoridad papal es una muestra de este realineamiento. 2. "Artísticamente, la iconoclasia detuvo el progreso y destruyó innumerables tesoros antiguos". Mientras que, una vez terminada la controversia, "el arte bizantino se elevó a nuevas alturas y continuó ejerciendo una fuerte influencia en Occidente". 3. "Eclesiásticamente, la decidida defensa de las imágenes sagradas por parte de los monjes frente a las presiones imperiales y episcopales aumentó su prestigio entre los laicos". Los monasterios llenos de imágenes se convirtieron en "lugares de mediación vital entre lo divino y lo humano". Y los propios monjes se convirtieron en el foco de lo sagrado en el mundo". 4. "Teológicamente, la controversia fue realmente un intento de recuperar el significado de la humanidad de Cristo. ... Jesús, divino y humano, era y es el camino hacia el Padre. Las imágenes sagradas de Cristo, que lo retratan como verdaderamente encarnado, reflejando verdaderamente su prototipo divino y humano, son un recordatorio perpetuo de ese hecho." Tendrían que ser los reformadores del siglo XVI los que vieran el peligro de los iconos y exhortaran a la Iglesia a eliminarlos de nuevo.
- 7 Concilios: El Primer Concilio de Nicea
El Primer Concilio de Nicea (Por Tim Challies) Hoy día estoy empezando una nueva serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en el año 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en el 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, cada uno de los cuales trataron de comprender y establecer una teología Cristiana unificada. En esta serie tomaremos una mirada a cada uno de los siete concilios. Para cada uno consideraremos el entorno y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto, y luego los resultados y la importancia duradera. Hoy empezaremos con el Primer Concilio de Nicea. Entorno y Propósito. El Primer Concilio de Nicea fue convocado en el 325 por el Emperador romano Constantino. Constantito tenía la esperanza de unir su imperio bajo el estandarte del cristianismo, pero vio esa unidad amenazada por una grave disputa teológica. Osio de Córdoba recomendó un concilio como el medio para responder a la creciente controversia y Constantino respondió llamando a los líderes de la Iglesia a Nicea en Bitinia (Iznik, Turquía en los días actuales). Asistieron entre 250 y 318 obispos desde todo el Imperio Romano, y el concilio empezó con sus deliberaciones formales el 20 de Mayo. El principal asunto del concilio se encargó de responder sobre la naturaleza divina de Cristo, y en particular, la relación entre el Padre y el Hijo. Y como materia secundaria el concilio debatió sobre la celebración de la Pascua. Personajes Principales. Las dos figuras más importantes en el concilio fueron Atanasio, un joven diácono que vino como un compañero del Obispo Alejandro de Alejandría, y Arrio, un controversial presbítero y sacerdote de Alejandría. Constantino estuvo presente como un supervisor, pero él no votó. El Conflicto El conflicto en el corazón del Primer Concilio de Nicea involucró la naturaleza de Dios el Hijo en relación a Dios el Padre. Por un lado del conflicto estaban aquellos que mantenían que Jesucristo fue creado por el Padre y por otro lado aquellos que mantenían que Jesucristo fue engendrado por el Padre. Arrio era el proponente principal de la posición creada. El mantenía que Dios el Hijo fue la primera creación de Dios y a través de él todo lo demás fue hecho (Colosenses 1:15). Esto hizo al Hijo la única creación directa del Padre y por lo tanto, único entre toda la creación como el primer y gran ser creado. El creía que la divinidad del Padre era mayor que la del Hijo, y citó Juan 14.28 en apoyo a su posición: “Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.” Arrio dijo, “Si el Padre engendró al Hijo, el que fue engendrado tuvo un principio de existencia: y desde esto es evidente, que hubo un tiempo que el Hijo no fue” Alejandro de Alejandría y su protegido Atanasio mantenían que Cristo fue engendrado, no creado, y era, por lo tanto, completamente igual al Padre. El concilio estuvo de acuerdo con esta mirada y entendió que el Arrianismo quebrantaba la unidad de la Deidad, haciendo al Padre mayor que al Hijo y contradiciendo escrituras como Juan 10:30 y Juan 1:1. En el transcurso del concilio, la gran mayoría de los delegados estuvieron de acuerdo con Atanasio en que el Hijo tuvo una derivación eterna del Padre pero no obstante era co-eterno e igualmente divino. Atanasio explicó, “El Jesús que yo conozco como mi Redentor no puede ser menos que Dios”. El Resultado. El debate duró desde el 20 de Mayo al 19 de Junio. En cuyo punto el concilio produjo una forma inicial del Credo de Nicea que explícitamente afirma la posición de engendrado y condenó el arrianismo. Todos, excepto dos de los asistentes votaron a su favor y esos dos, junto con Arrio, fueron excomulgados y expulsados a Illiria. Todos los escritos de Arrio fueron confiscados y quemados. Aquí está la versión original del Credo (el cual fue ajustado en el Segundo Concilio Ecuménico en Constantinopla en 381) «Creemos en un Dios Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del Padre, es decir, de la substancia del Padre, Dios de Dios; luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no hecho; consubstancial al Padre; mediante el cual todas las cosas fueron hechas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra; quien para nosotros los humanos y para nuestra salvación descendió y se hizo carne, se hizo humano, y sufrió, y resucitó al tercer día, y vendrá a juzgar a los vivos y los muertos. Y en el Espíritu Santo. A quienes digan, pues, que hubo cuando el Hijo de Dios no existía, y que antes de ser engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son, o que fue formado de otra substancia o esencia, o que es una criatura, o que es mutable o variable, a éstos anatematiza la iglesia católica.» El concilio también estuvo de acuerdo en una fecha para celebrar la Pascua. En una carta circular que Constantino emitió después del concilio, explicó :” En el concilio también consideramos el tema de nuestro día más sagrado, la Pascua, y se determinó por común acuerdo que todos, en todas partes, deben celebrar en un mismo día” Importancia duradera. El Primer Concilio de Nicea es más significativo en la resolución de un asunto esencial relacionado con la divinidad y humanidad de Jesucristo. Jesucristo fue decretado para ser eterno y divino, igual con el Padre, e infinitamente mayor que cualquier ser creado. Sin embargo, el Concilio es también significativo como el primer intento de lograr un consenso entre los cristianos a través de un debate entre los representantes de las partes opuestas. Se puso un precedente para mantener concilios para decidir otras materias doctrinales y prácticas de la iglesia, y para convertir estas decisiones en credos y derechos canónicos. Serían 56 años antes de la próximo concilio, el Primer Concilio de Constantinopla. Por Tim Challies. Traducido con permiso. Check the original article / Visita el artículo original «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.» Juan 1:1
- El Verdadero Apologista
…Apologética, una actividad en peligro de extinción […] santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. 1 Pedro III:15 0. Aproximación No es de extrañar que para muchos, los términos “apología” y “apologista” sean confundidos con “ecología” o “ecologista”, hoy en día, cuando la menor discrepancia argumentativa sobre un determinado punto de vista suele tildarse de “intolerancia”. En medio de una sociedad que promueve la tolerancia, preferimos ocuparnos de problemas relacionados con la paz o con el medio ambiente, lo cual es indiscutiblemente importante. Pero a quienes procuran ser intransigentes en algún punto de vista moral o religioso, se los cataloga de fanáticos e intolerantes. El concepto de tolerancia es el más intolerante que hay, puesto que tolera las mayorías, pero discrimina las minorías. Este distorsionado concepto de tolerancia incluso se ha filtrado en las iglesias cristianas, donde cualquier intento por mantener una postura doctrinal estricta es tomado como un atentado contra la unidad de la iglesia. Y precisamente la unidad, que no analizaremos aquí, es otro de los conceptos que han sido contaminados con el error. En la Biblia, principios como el amor, la tolerancia, la humildad, la paz y la unidad están en perfecto equilibrio con principios como la integridad, el temor de Dios, el celo, la justicia, la verdad y la pureza doctrinal. Un buen ejemplo de este equilibrio es el pasaje considerado al comienzo (1 Pedro 3:15): aquí el apóstol Pedro nos insta a prepararnos para responder con mansedumbre a la pregunta “¿por qué crees?”. Responder fue traducido de ἀπολογίαν que significa “defensa”, esta palabra es un sustantivo, pero en el contexto cumple la función de verbo, así que puede ser mejor traducida como “presentar defensa” o simplemente “defender”. De modo que una buena paráfrasis del pasaje sería “estén siempre preparados para exponer su defensa con mansedumbre y reverencia a quien les pregunte porqué creen”. Esto se puede resumir en dos conceptos claves: (1) defender la fe y (2) hacerlo con humildad y respeto. Además de lo ya mencionado, no debemos descuidar el hecho de que, mediante el ejercicio de la defensa de la fe, estamos “santificando a Dios en nuestros corazones”, es decir, retribuyéndole su Gloria. I. Apologética de los apóstoles ü Fe en hechos reales Apologética deriva del término griego ἀπολογία, cuyo sentido original era el de “discurso en defensa de la verdad que uno cree”. La apologética, como actividad necesaria, estuvo arraigada en los mismos comienzos de la iglesia cristiana. La defensa que argüían los primeros cristianos, incluyendo los mismos apóstoles, trataba de lograr el reconocimiento de la fe cristiana como revelación verdadera. En aquellos tiempos, los cristianos eran, ante todo, personas que predicaban la verdad del evangelio, aquello que habían visto y oído[1]. Esta declaración puede ser rastreada a lo largo de todo el Nuevo Testamento y su importancia radica en que le otorga veracidad a la creencia cristiana. En otras palabras, el cristianismo nunca fue tomado como una fe ciega en fantasías, sino al contrario, la fe de los apóstoles siempre estuvo fundada en hechos. Según lo expresa el mismo Pablo, “si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Corintios 15:14). Por esto sabemos que lo valioso de la fe es el objeto de nuestra fe -es decir, Cristo, la resurrección, la Biblia- y no la fe en sí misma. Pues no sirve de nada creer en un castillo en las nubes, si tal hecho es absolutamente falso. El Cristianismo, contrario a lo que muchos piensan, está fundado en hechos. Nosotros creemos en un Dios vivo y verdadero que, si bien no podemos ni pretendemos demostrar, Él ha dispuesto las cosas de tal suerte que podemos reconocer sus efectos y evidencias. El ejemplo bíblico más claro con respecto a este asunto es el que ya citamos acerca de la resurrección de Jesús (1 Corintios 15:14). Aquí Pablo deja muy claro que la fe cristiana es fe en Cristo. Su valor no radica en el que cree o en la fe en sí misma, sino en aquel en el cual se cree. De hecho, si el objeto de nuestra fe fuera falso, la fe sería vana. Esto queda claramente ilustrado en 1 Corintios 15:19 “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres.” Esto significa, “si ponemos nuestra fe en un Mesías no resucitado”. Que la fe apostólica estuvo fundada en hechos se demuestra de modo satisfactorio con los siguientes dos argumentos. § Razón y fe Una de las acusaciones comunes hacia los creyentes en nuestros días dice lo siguiente: “ustedes los creyentes tienen una fe ciega”. Como si para ser cristianos, tuviéramos que cometer suicidio intelectual. Pero nada hay más distante de la fe de los apóstoles. La fe que demandó Jesús de nosotros, no era un salto hacia la oscuridad, sino hacia la luz, la luz del evangelio. Él mismo señaló en Juan 8:32 “Y conoceréis la verdad [no ignoraréis], y la verdad os libertará.” El apóstol Pablo dijo: “Yo sé a quien he creído” (1 Timoteo 1:12). El Espíritu Santo no obra una fe sin fundamento en el corazón de los cristianos. Para creer, no solo necesitamos integrar emociones y voluntad, sino también nuestra mente. Para el mundo la fe cristiana es contradictoria, pero para nosotros no es contradictoria, sino paradojal, aquí está la diferencia. La paradoja es una contradicción aparente. Aquellos que no logran entenderla (es decir, los incrédulos) seguirán pensando que es un atentado contra la razón, pero aquellos cuyo entendimiento ha sido iluminado por el Espíritu Santo somos capaces de distinguir la contradicción aparente, es decir, la paradoja. Por ejemplo, la creencia en un Dios trino, que es uno y que es tres al mismo tiempo; o la creencia en un mesías que es perfecto hombre y perfecto Dios a la vez; o la creencia en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, contradicen la lógica humana. Por eso Pablo, enseñando a los corintios, dijo que “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). Pero la fe va más allá de la razón, no en dirección contraria, sino en la misma dirección, aunque llega más lejos. Nosotros negamos que nuestro Dios todopoderoso esté limitado por las dimensiones lógicas de la mente humana. Pero asimismo sabemos que la razón es don de Dios y que podemos amarlo, no solo con nuestra alma o con nuestro corazón, sino también con toda nuestra mente. Por ello, los cristianos creemos que “la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan, es a saber, a nosotros, es potencia de Dios” (1 Corintios 1:18). § “Lo que hemos visto y oído” Los escritores bíblicos fueron testigos oculares de los acontecimientos que relataron. Su cercanía a estos eventos es clara, por la clase de afirmaciones que ellos hicieron: Pedro: “Porque no os hemos dado á conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad.” (2 Pedro 1:16) Juan: “LO que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida; (Porque la vida fué manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido;) Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.” (1 Juan 1:1-3) Lucas: “HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra; Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo […]” (Lucas 1:1-3) Los escritores no solo dijeron “nosotros vimos y oímos esto”, sino que además apelaron al conocimiento verdadero que sus mismos oyentes y críticos tenían de los sucesos. Los apóstoles los desafiaban diciendo: “ustedes también saben de estas cosas, ustedes también las vieron y saben que son así como las contamos nosotros”. ü Cartas apologéticas La actividad apologética, es decir, la denuncia de las doctrinas heréticas, junto con la defensa de las doctrinas cristianas, continuó desarrollándose en la expansión del cristianismo a lo largo de todo el imperio. La enorme variedad cultural y religiosa que caracterizaba a las personas de la época fue, desde un punto de vista, un obstáculo para la predicación, pero estos predicadores iban en nombre de Uno cuyo poder supera al hombre. No obstante, estos discípulos de Jesús, no dejaron libradas las nuevas iglesias a la suerte de las doctrinas que iban adquiriendo. Ellos no toleraron ni un milímetro de desviación doctrinal. Este celo por las verdades cristianas puede ser detectado en la mayoría de las cartas apostólicas cuyo propósito principal fue, precisamente, defender la fe. Ejemplos: · A los Gálatas Escrita a un grupo de iglesias ubicadas en la provincia de Galacia. Pablo defiende el evangelio de la Gracia, contra los judaizantes, es decir, los legalistas judíos que querían imponer las conductas rituales de la ley a los nuevos cristianos. Conductas como la circuncisión, las comidas y el calendario. · A los Efesios Contra el gnosticismo. · A los Filipenses Contra un grupo perfeccionista de gnósticos. Se menciona a ciertos “enemigos de la iglesia” y la necesidad de estar firmes en la doctrina correcta. · A los Colosenses Pablo había recibido noticias inquietantes referentes a falsas enseñanzas que amenazaban con apartar a los colosenses de la verdad de Cristo. Estas falsas enseñanzas incluían el culto a los ángeles y la sujeción a leyes rituales judías, las cuales pueden catalogarse como gnosticismo judaico. · Segunda de Pedro Contra falsos maestros que enseñaban creencias erróneas como la inmoralidad, la insubordinación ante los líderes de la iglesia, el falseamiento de las Escrituras, la avaricia, entre otras. · Epístolas de Juan Contra un grupo esotérico de falsos maestros que intentaban seducir a los cristianos. Ellos decían tener un conocimiento superior al de los cristianos y fueron precursores de los gnósticos. Esta es solo una selección, pero casi la totalidad de las cartas del Nuevo Testamento tenían por objetivo, ya sea principal o secundario, la defensa de las verdades evangélicas. II. Apologética de los padres de la iglesia Con la rápida propagación de la fe cristiana, surgieron las primeras acusaciones y las primeras herejías. ü Acusaciones contra los cristianos Los apologistas de la iglesia de entonces tuvieron que defender al cristianismo contra los cargos de ateísmo (porque se negaban a adorar al emperador o a los dioses greco-romanos), canibalismo (por la celebración de la Santa Cena), inmoralidad (porque se juntaban al anochecer y por el gran amor que manifestaban entre sí) y actividades antisociales (pues se retiraban de muchas actividades públicas, sobre todo en día domingo). Uno de los apologistas del segundo siglo fue Justino Mártir, el filósofo cristiano más reconocido de la época. Justino Mártir defendió el cristianismo contra los cargos de ateísmo e inmoralidad, se esforzó por demostrar que Jesucristo era el Mesías y sostuvo debates públicos con los incrédulos. En el año 165 d.C. fue martirizado por Marco Aurelio. ü Las primeras herejías A la par que el cristianismo se expandía, aparecían nuevas herejías, las cuales exigieron a los defensores de la fe tanto el reconocimiento natural de las principales doctrinas, como el reconocimiento natural del Canon del Nuevo Testamento. Las herejías más perturbadoras fueron las siguientes: § Gnosticismo No se trata del agnosticismo actual, que niega la posibilidad de conocer la divinidad. Se trata más bien de un movimiento religioso y filosófico que atraía a las masas por sus creencias esotéricas. Según los gnósticos solo una elite privilegiada podía acceder a un conocimiento verdadero y elevado llamado gnosis. La doctrina gnóstica destacaba principalmente por los siguientes rasgos: · Dualismo El gnosticismo fundaba su creencia en la oposición de las fuerzas del bien y del mal. Para el gnóstico, el bien solo podía estar asociado al espíritu, en cambio, la materia y el cuerpo solo encarnaban el mal. Por eso los escritores bíblicos protestan contra esta herejía en sus cartas. Ejemplo: “AMADOS, no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios: Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y éste es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.” (1 Juan 4:1-3) Sincretismo Los gnósticos tomaban elementos de todas las religiones populares y los mezclaban dentro de la gnosis. Era común, para la literatura gnóstica, tomar personajes clásicos de las tradiciones religiosas. De ahí que hayan tomado al Judas relatado por los evangelios y lo hayan convertido en aquel personaje de texto ficticio, hecho para ilustrar su filosofía dualista. En el año 2006 La National Geographic publica burdamente este texto con el nombre de “Evangelio Prohibido de Judas”, pretendiendo lograr con él cierta credibilidad histórica, pero cualquiera que tenga cierta noción del gnosticismo antiguo, sabe que se trata simplemente de ficción literaria y que de ningún modo pone en duda la imagen bíblica del Judas traidor. Ireneo (año 180 d.C.) en su libro Contra las Herejías, escribe lo siguiente: “Dicen que Judas conoció todas estas cosas y precisamente porque solo él conoció toda la verdad más que los otros apóstoles, ejecutó el misterio de la traición. Presentan estas invenciones llamándole el evangelio de Judas.” (Ireneo: Contra las Herejías, 31:1) § Ebionismo Fue desarrollado en Palestina por judíos que insistían en guardar la ley como modo esencial de salvación. Ellos negaban la divinidad de Jesús, rechazaban el apostolado de Pablo junto con sus escritos, pero veneraban a Pedro como “apóstol de la circuncisión”. No tuvo mayor efecto en la iglesia y desaparece por completo en el siglo V. § Montanismo Surge por la enseñanza escatológica de Montano, quien afirmaba que el fin del mundo estaba cerca, que él era el iniciador de la Era del Espíritu Santo y que este hablaba a través de él. Los montanistas insistieron sobre los dones espirituales tales como la continuación de la revelación profética. § Monarquianismo Error doctrinal que desvirtuaba la trinidad por mantener la unidad de Dios. Por ejemplo, algunos sostenían que solo el Padre poseía personalidad (socinianos y unitarios) y que el hijo y espíritu eran solo manifestaciones de Dios (modalismo). § Arrianismo Conjunto de doctrinas desarrolladas por Arrio en el siglo tercero, quien consideraba que Jesús no era Dios, sino una criatura de Dios. Agustín de Hipona se opone tenazmente a esta herejía. Ante estas doctrinas y muchas más se enfrentó la iglesia cristiana de los primeros siglos. Como verán, el panorama actual no dista mucho de aquel entonces. La diferencia está en que en tiempos antiguos, los cristianos estaban dispuestos a conocer y a defender su fe. La religión se encarnó en el alma de los cristianos justamente en tiempos que era necesario pensar la fe, como en tiempos del imperio romano y la reforma, donde asumir la fe implicaba entenderla y dar razón de ella. Esto hacía arder la pasión por Dios en los cristianos. La razón por la que el credo cristiano se vuelve frío, formal y vacío, y no llega al espíritu de las personas, es porque las personas se niegan a discutir y defender la fe, es decir, dialogar y razonar acerca de sus creencias. Ante los actuales embates contra el evangelio de Jesús, nuestro deber como sus seguidores es anunciar las evidencias que confieren al cristianismo el carácter de verdad y la adecuada apología de la fe. Somos responsables de asumir este rol tan olvidado como un compromiso personal, día a día. III. El adecuado uso de la apologética Al emplear la apologética como un arma en favor del evangelio, debemos tener los siguientes cuidados: ü Dios es el que salva Quien salva es Dios, no la apologética. No obstante, Dios frecuentemente usa las evidencias para ayudar a quitar los obstáculos que los incrédulos ponen a la fe y, asimismo, para mostrar que la fe en Cristo no es una fe irracional. Por lo mismo, necesitamos reconocer el adecuado uso de la defensa, es decir, debemos predicar el evangelio, pero también debemos estar “aparejados para responder […] a cada uno que demande razón de la esperanza que hay en [nosotros]”. De modo que las evidencias nos ayudarán a compartir nuestra fe a otros de una manera más efectiva. ü La fe y las evidencias Asimismo, no debemos olvidar que Jesús reprendió a Tomás por dudar de su resurrección diciendo: “bienaventurados los que no vieron y creyeron”, pero tampoco debemos desmerecer el hecho de que Tomás fue guiado a declarar con plena convicción su creencia en Jesús como Señor y Dios. Es decir, la evidencia fortaleció su fe. Del mismo modo, la apologética podrá ser usada para fortalecer nuestra fe en Cristo, pero aquella fe que ya hemos depositado en Él, sin previas demostraciones o razonamientos argumentativos, sino por Gracia de Dios. ü Condiciones desfavorables Para muchas personas en el mundo, el cristianismo es un cheque por una cantidad enorme de millones, pero un cheque sin firma al pie. Es decir, muchos consideran el cristianismo una religión falsa y el hombre solo puede creer aquello que tiene por verdadero. Nosotros, que somos cristianos, tenemos el cristianismo por verdadero, pero otros lo tienen por falso. ¿Quién tiene razón? Gresham Machen responde a esta pregunta, diciendo: “Esta es una cuestión que solo puede resolverse examinando y comparando las razones aducidas por ambos bandos. Cierto es que una de las bases de nuestra creencia es una experiencia interior que no podemos compartir con nadie –la gran experiencia que empezó por la convicción de pecado y la conversión y que continuó con la comunión con Dios- una experiencia que otros hombres no poseen y, en la cual, por consiguiente, no podemos basar directamente un argumento. Mas si nuestra posición es correcta, deberíamos, por lo menos poder demostrar al otro hombre que sus razones pueden no ser concluyentes.[…] Dios, por lo general, ejerce [su] poder en conexión con ciertas condiciones previas en la mente humana, y nuestra tarea debe ser crear, dentro de nuestras posibilidades, con la ayuda de Dios, esas condiciones favorables para la recepción del evangelio”.[2] IV. La preparación de un apologista Hasta aquí, hemos vislumbrado la necesidad de defender y de evidenciar la fe cristiana. Ahora bien, ¿qué pasos nos conviene seguir para emprender esta labor? Sin duda, podemos hablar de variados modos de preparación, de los cuales los aspectos morales ocupan un lugar prominente. En esta oportunidad, en cambio, nos referiremos a tres principios, no menos importantes, para una preparación de tipo intelectual. El racionalismo y el empirismo del siglo XVII, junto con la Ilustración del siglo XVIII, le dieron a la razón un lugar prominente entre las facultades humanas. Esto se trasuntó en un daño posterior a las iglesias cristianas, con las tendencias modernistas y naturalistas. Por lo mismo, los cristianos hemos dejado el intelecto para los estudios seculares, pero para las Escuelas Dominicales o para los seminarios simplemente hemos dejado las emociones. Pues creemos que el rigor intelectual es incompatible con la fe sencilla. De los mismos cristianos, muchas veces se oyen afirmaciones prejuiciadas acerca de la razón, que la conciben como un instrumento antirreligioso. Sin duda, esto se debe a la nociva influencia que ejerció el racionalismo en las congregaciones cristianas durante los últimos siglos. Pero no debemos olvidar que el intelecto es don de Dios y su voluntad es renovarlo[3] para sus propósitos santos. Por lo mismo, nuestra gran responsabilidad es ocuparlo en el estudio apasionado de la Escritura y, junto con ello, atender a aquellos aspectos relevantes que evidencian a favor de o que atentan en contra de la fe. No usamos la apologética para satisfacer la arrogancia intelectual de los incrédulos, sino para responder apropiadamente a la pregunta “¿por qué eres cristiano?”. Tomando en cuenta lo anterior, consideramos fundamental que todo cristiano apologista se concentre en indagar continuadamente en los asuntos de la fe cristiana. Recomendamos iniciar un estudio personal progresivo que incluya los siguientes tres principios. ü Introspección En primer lugar, necesitamos auto-reflexionar sobre lo que creemos, es decir, nuestras doctrinas. Introspección, desde su etimología, sugiere una mirada hacia dentro, para examinar a la luz de la Biblia nuestras convicciones, nuestro conocimiento sistemático de Dios. Requerimos destinar esfuerzos en conocer, con toda reverencia, a quien nos ha amado desde antes de la fundación del mundo. En este principio tiene lugar tanto el estudio de las doctrinas básicas de la fe, consignadas en los credos históricos, incluyendo el adoptado por el CIIC, como las secundarias. Un estudio profundo de las doctrinas básicas nos permitirá fundamentar bíblicamente las doctrinas relacionadas con la Biblia (Bibliología), con Dios (Teología), con Cristo (Cristología), con la salvación (Soteriología), con el hombre (Antropología) y con los acontecimientos futuros (Escatología). Aparte del conocimiento sistemático, debemos procurar un conocimiento expositivo de la Biblia, atendiendo al propio argumento discursivo entregado por los escritores sagrados. Para ello, debemos prestar especial atención a las ciencias que se cruzan con el estudio bíblico, es decir, la historia, las lenguas originales, la arqueología, la geografía, la hermenéutica, la filosofía, etc. Un cristiano que no ame su Biblia es porque está dejando de amar a su Autor. ü Retrospección En segundo término, nuestro llamado es a fortalecer la memoria de los grandes eventos del pasado, que han sido guiados por Dios para nuestra enseñanza. Un panorama de los hechos históricos más incidentes en el desarrollo de las ideas religiosas nos dotará de herramientas claves. En esto consiste mirar hacia atrás: aprender de los errores y aciertos históricos. Este estudio debe incluir una revista a las confesiones y credos pasados, las herejías antiguas y su permanente aparición bajo ropajes nuevos, en suma, un panorama global de la historia eclesiástica. ü Apologética Finalmente, nos corresponde alzar la voz con bríos enérgicos, cada vez que las verdades bíblicas son amenazadas. Debemos advertir o denunciar el error, junto con anunciar la verdad. Así se constituye la genuina defensa. En esta fase, será preciso permanecer atentos a las embestidas recientes que el enemigo se encarga de perpetrar contra el evangelio. Quien no se entera, no puede opinar cuando el momento de hacerlo llega. No sea que por nuestra ignorancia e indiferencia, la fe cristiana sea desvirtuada y tenida por falsa, por utopía y por fe ciega. Solo por mencionar algunos de estos ataques, citaremos: · la hipótesis documentaria del Pentateuco; · el naturalismo; · los métodos de interpretación naturalista, mítico, del acomodamiento; · la crítica textual moderna; · la literatura con pseudo pretensiones históricas (al estilo “Código da Vinci”); · y los documentales recientes, como “La tumba perdida de Jesús” y “El evangelio prohibido de Judas”. Algunos libros de apologética recomendados son: · Josh McDowell: Nueva Evidencia que Demanda un Veredicto. Más que un Carpintero. · Lee Strobel: El caso del Creador, El caso de Cristo, El caso de la Fe. · Roger Dickson: El ocaso de los incrédulos. · Norman Geisler y Ron Brooks: Apologética, herramientas valiosas para la defensa de la fe. · Werner Keller: Y la Biblia tenía razón. · James Kennedy: ¿Por qué creo?. Unámonos a la arenga de batalla que algún día pregonaron los apóstoles por el testimonio de Jesucristo y, así como ellos, “no dejemos de decir lo que hemos visto y oído”. [1] Comparar con Hechos 4:20; 22:15; 1 Juan 1:3. [2] Machen, Gresham. 1912. Cristianismo y Cultura. pp.11-12. [3] Comparar con Romanos 12:1-2.
- COSMOVISIÓN REFORMADA
Del libro: COSMOVISIÓN CRISTIANA, UNA VISIÓN TRASFORMADORA POR B. J. WALSH Y J. R. MIDDLETON EL RECONOCIMIENTO DE LA CAÍDA Es nuestra responsabilidad servir al Señor nuestro Hacedor y, con todo, no estamos forzados a hacerlo. Es posible desobedecerlo, alejarnos de lo que estamos llamados a ser. Y esta posibilidad se hizo realidad con la caída. La cosmovisión cristiana responde a la tercera interrogante básica, “¿qué está mal?”, en función de la desobediencia a Dios. Los seres humanos son inherentemente criaturas religiosas. No podemos vivir sin un dios, aunque éste último sea producto de nuestras manos. Necesitamos un centro, un enfoque último, un punto de orientación para nuestras vidas. Tenemos, de hecho, dos alternativas. O bien servimos al Señor, y acatamos su voluntad, o bien practicamos la idolatría en desobediencia. Éstos son las antítesis espirituales, los “o bien, o bien” de la vida que la Biblia repetidamente toca. En todos nuestros quehaceres, en todas nuestras actividades humanas y culturales ordinarias, encaramos constantemente estos dos caminos de pacto. La cuestión de las antítesis espirituales nos puede ayudar a entender lo que la Biblia quiere decir con “imagen de Dios”. Aunque el principio subyacente de la imagen de Dios sea nuestra naturaleza como seres culturales, encargados de gobernar la tierra en lugar de Yahvé, la orientación bíblica predominante del término se debe entender explícitamente dentro del contexto de la caída. Esto es, el significado completo de la imagen de Dios comprende la desobediencia humana, particularmente la idolatría. ¿Cómo es esto posible? ¿Cuál es la relación entre nuestra creación a la imagen de Dios y la elección federal de servir a Dios o a los ídolos? La respuesta se halla justo en la naturaleza de la idolatría, una práctica que tiene mucho que ver con los cristianos hoy en día, pero que se menciona seguido en la Escritura. A la luz de esta frecuencia, un análisis de la idolatría es esencial para nuestro entendimiento de lo que significa ser creados en la imagen de Dios. LOS ÍDOLOS: LA USURPACIÓN DEL LUGAR DE DIOS Comencemos con el estudio de Pablo acerca del pecado en el primer capítulo de Romanos. Según Pablo, vivimos en el mundo de Dios y estamos intuitivamente conscientes de que hay un poderoso Creador digno de nuestra alabanza. Pero suprimimos este conocimiento. Los seres humanos a través de las edades han rechazado la revelación de Dios de sí mismo a través de la creación. No le han reconocido ni honrado como a Dios. En su lugar, “cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y reptiles ... ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén” (Romanos 1: 23,25). Sólo hay dos categorías básicas: el Creador y lo creado. Si no adoramos a Dios, entonces nos centramos en algo dentro de la creación, y lo elevamos al rango de divinidad. Adoraremos a un dios falso. Nuestra naturaleza intrínsecamente religiosa nunca nos permitirá no adorar. O bien, juramos lealtad a Yahvé, al único Dios verdadero, o bien nos comprometemos con algo creado y hacemos de ello un dios. Debemos escoger el uno o el otro, porque no podemos vivir sin un dios, y no podemos tener dos–al menos no por mucho tiempo. Jesús dijo que es imposible servir a dos amos. Uno tendrá que ceder ante el otro porque la adoración es una práctica exclusiva. Por esta razón Pablo habla acerca de la idolatría como un intercambio: es algo que hacemos en lugar de servir a Dios. Sin embargo, sólo Yahvé es digno de alabanza. Las cosas creadas no son dignas de alabanza, porque son sólo sus siervos, dependiendo de su gobierno para su existencia. La idolatría es esencialmente una declaración de autonomía y de independencia de nuestro Creador, nuestro rechazo a su reinado legítimo. Las consecuencias son terribles. Si no adoramos al Rey de la creación, si rechazamos su gobierno, entonces desobedeceremos sus leyes. Es por eso que los profetas trajeron un mensaje doble de juicio a Israel: la gente había abandonado a Yahvé por los ídolos, y la tierra estaba llena de anarquía y de injusticia. Los ídolos son la raíz de la desobediencia. ¡No ha de sorprendernos que la idolatría, pues, sea denunciada al inicio del Decálogo, o que Pablo en Romanos 1 viera la idolatría como el principio de la desobediencia humana! Si nuestra lealtad no es para con Dios, no tenemos razón alguna para mantener sus estándares. También la idolatría es descrita en la Biblia no sólo como un pecado entre muchos otros, sino como la representación misma del pecado. Es el acto central de desobediencia que trastorna el gobierno de Yahvé en la vida humana. Pero hay aún más. La idolatría presupone ídolos. Aunque la esencia de la idolatría sea el rechazo al reinado de Dios y un intento de adoración de algo dentro de la creación, la idolatría en los tiempos antiguos fue aún más allá. La gente trató de representar a Dios (o lo que el adorador pensó que era dios) por medio de una estatua labrada o fundida. Los idólatras construyeron una imagen visual de la deidad, el objeto de adoración. Sin embargo, observa que esta práctica no se registra en los primeros capítulos de Génesis. Allí el pecado y la rebelión humanos en contra de Dios están claramente anotados; empero, no se hace referencia alguna a ídolos literales y físicos. Las referencias no aparecen hasta el tiempo de los patriarcas.[1] Y no sería prudente tratar de fechar el comienzo de la idolatría a partir de esta sola evidencia, pero nótese un segundo hecho intrigante. Esta misma sección pre-patriarcal de Génesis que no hace mención de ídolos es la única parte del Antiguo Testamento que hace referencia a los seres humanos como imagen de Dios. Es una observación asombrosa. Aparte de las cuatro referencias a la humanidad como imagen de Dios en los primeros capítulos de Génesis (1:26-27; 5:1; 9:6), el Antiguo Testamento guarda silencio al respecto. ¿Por qué? Podrían estas primeras referencias a nuestra creación como imagen de Dios estar relacionadas con la falta de referencias tempranas a la idolatría? Una pista, en sí, se sugiere por el hecho de que la Biblia usa el término ‘imagen’ para referirse tanto a los seres humanos como a los ídolos. La misma palabra hebrea se usa al respecto.[2] Pero más importante que la palabra misma es la idea subyacente. ¿Qué significa que un ídolo sea una imagen, particularmente la imagen de un dios? LOS ÍDOLOS: LA USURPACIÓN DE NUESTRO LUGAR En el mundo antiguo nunca se pensó que un ídolo fuera de hecho un dios. No se identificaba ingenuamente con la deidad que se suponía que representaba. En cambio, el ídolo se consideraba como el medio local por el cual la deidad se presentaba a las personas. Era la encarnación visible del dios, que representaba su poder y majestad. Siendo una imagen, el ídolo constituía un símbolo; mediaba y manifestaba la gloria del dios y el gobierno a aquellos alrededor.[3] Este entendimiento de lo que significa la imagen de un dios coincide con nuestra interpretación anterior de la imagen de Dios en el ser humano. Así como el ídolo se suponía era la manifestación visible y local del dios, los medios por los cuales él se hacía presente, de la misma forma los seres humanos se supone en Génesis que representan a Yahvé en la tierra. Su Espíritu y poder los acompañan, y él ejerce su gobierno sobre la tierra por medio de ellos. De ahí que el nexo esencial entre la imagen de Dios y el mandato cultural se confirmen. Los seres humanos son los embajadores de Dios, sus representantes, para el resto de la creación. Somos los mayordomos a quienes ha colocado en autoridad sobre la tierra para manifestar su presencia y reflejar su gloria en todos sus quehaceres culturales. Pero observa que la imagen consiste en nuestra representación corporal de Dios. La persona entera, y no sólo la parte espiritual interna, es creada a la imagen de Dios. Reflejamos la gloria de Dios, y lo representamos en la tierra por medio de nuestra presencia física total. De hecho, es la visibilidad de la esencia, ya que hemos de hacer visible al Dios invisible en nuestras vidas. En el espectro total de nuestras actividades culturales hemos de demostrar el gobierno amoroso de Yahvé.[4] De ahí que la idolatría está mal no porque trata de hacer visible a Dios (lo cual es precisamente una tarea humana), sino porque realiza esta tarea de la manera equivocada. En vez de aceptar y cumplir nuestra responsabilidad creada de representar al Señor en el espectro total de nuestras actividades culturales, proyectamos esta responsabilidad hacia los ídolos. De este modo, negamos nuestro llamado a vivir de forma tal que el gobierno amoroso de Dios pueda ser visto; al contrario, comenzamos a cultivar la tierra en desobediencia. La idolatría es, por ende, una alternativa ilegítima a la genuina tarea humana de reflejar a Dios. Es equivalente a vivir una vida tan distorsionada por una falsa adoración que cese de reflejar los estándares de Dios. La idolatría, pues, tiene dos cualidades distintas, aunque relacionadas. Presupone no sólo una falsa adoración, sino, por consiguiente, un reflejo falso. Los Diez Mandamientos nos advierten en contra de esto. Escucha lo que Dios dice en Éxodo 20:3-5: l. No tendrás dioses ajenos delante de mí. 2. No te harás imagen de ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni en la tierra ni en las aguas abajo. No te inclinarás a ellas ni las honrarás.[5] Hay una distinción importante entre estos dos mandamientos. El primero se enfoca en Yahvé como el único Dios verdadero; el segundo se enfoca en la humanidad como la única imagen de Dios. No es nuestra prerrogativa inventar arbitrariamente cualquier cosa que queramos adorar, porque sólo hay un solo Dios. De manera similar, no tenemos autoridad para nombrar lo que la imagen de Dios va a ser. Dios ya lo acordó cuando nos creó. Y les dice a sus criaturas humanas, ¡tú serás mi imagen! No los ídolos. Los ídolos simplemente no son representaciones adecuadas de Yahvé. Esa tarea se reserva a los seres humanos. La idolatría pues usurpa no sólo el lugar propio de Dios, sino el nuestro también. Contradice tanto el justo reinado de Dios como Señor del universo, como nuestro llamado humano fundamental de representarlo en obediencia diaria y cultural–ser su imagen en nuestras vidas. La relación de la idolatría con nuestra creación a la imagen de Dios indica, por lo tanto, nuestra naturaleza intrínsecamente religiosa, la estructura de “o bien esto, o bien aquello” de nuestra vida. Como seres humanos constantemente nos encontramos ante dos caminos: uno que conduce a la verdadera adoración de Yahvé, el otro que conduce al servicio de los ídolos. O bien somos la imagen de Dios en la administración amorosa de la tierra, o bien perdemos el derecho a esa tarea con la desobediencia. ESCOGE ESTE DÍA Los seres humanos deben, entonces, escoger entre dos caminos federales, entre las dos posibles respuestas a las leyes de Dios para nuestra vida. No podemos no responder. Vivimos únicamente bajo una relación de pacto con nuestro Hacedor. Existimos únicamente en respuesta a su gobierno soberano. De la misma manera en que no podemos permanecer neutrales en relación a él, él no permanece neutral hacia nosotros. Dios juzga nuestra respuesta a sus leyes. El pacto, en otras palabras, tiene sus sanciones. El libro de Deuteronomio es particularmente instructivo aquí. Deuteronomio es el único texto completo de la Biblia acerca de una ceremonia de la renovación de pacto. Documenta lo que pasó entre Yahvé e Israel en las planicies de Moab antes de que el pueblo entrara en la Tierra Prometida. El clímax del libro y del clásico resumen del pacto se encuentra en Deuteronomio 30:15-20. Aunque estos versículos se dan en el contexto de un pacto histórico específico entre Yahvé e Israel, están basados en el pacto de la creación y presentan la misma estructura básica.[6] El pasaje comienza con Moisés, quien llama al pueblo a elegir entre los dos caminos federales. Dice: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal...”. Describe el primer camino: ... porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. Después se vuelve al segundo camino: Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella. Trayendo su mensaje a una culminación, Moisés entonces dice: A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar. Lo que tenemos en el libro de Deuteronomio, centrado en este pasaje, es la imagen de Yahvé, el gran Rey, el soberano Señor, que emite sus leyes, sus instrucciones para una vida recta, y llama a su pueblo a un compromiso y obediencia totales y sin vacilaciones. Las dos opciones federales de una obediencia amorosa o de una desobediencia idólatra están delante de ellos. Las consecuencias son claras. Dios responde a nuestra respuesta. El camino a la obediencia es el camino hacia el shalom; tiene como resultado la vida y la bendición de la mano de Dios. Pero el camino de la desobediencia es el camino de muerte y de la maldición del juicio. Las consecuencias son inevitables. Ya que la desobediencia va en contra del mismo corazón de la creación misma. El pecado es rebelión tanto en contra de la estructura como del Estructurador de la realidad. Tal rebelión conduce inevitablemente a la frustración de uno mismo y a la destrucción de uno mismo. En contraste, cumplir con la naturaleza creada de cada uno, estar en armonía obediente con las leyes de Dios, es la plenitud de la vida. Por ello encontramos en el formato cuidadosamente estructurado de Génesis 1 una declaración repetitiva de Dios de que la original respuesta de la creación a su palabra era buena, aún más, muy buena. Y la humanidad en la creación recibe las bendiciones federales (1:28). No obstante, en Génesis 3 lo opuesto es también verdad. Ahí, en el relato de la caída, encontramos que el resultado de la desobediencia humana es la declaración de una serie de maldiciones (3:14-18). O bien, como Pablo explica en Romanos 6:23, “la paga del pecado es muerte”. Éste es el único resultado posible cuando desobedecemos la palabra de vida. La Biblia en otra parte llama estas dos direcciones vitales últimas los caminos de sabiduría y de necedad. Así como el diseño maravilloso de Dios para la creación muestra su sabiduría (evidente en sus leyes sabias para toda la vida), así también nuestra respuesta obediente a estas leyes constituye nuestra sabiduría. Rebelarse en contra de los estándares creacionales de Dios es considerado en las Escrituras como la locura última. ¿UN CISMA ENTRE LO SAGRADO Y LO SECULAR? Los caminos de la sabiduría y obediencia, y de la locura y desobediencia cruzan a lo largo de todo lo que hacemos. Estamos llamados a servir al Señor y a reconocer su reinado en todo el espectro de nuestras actividades culturales. No hay compartimentos aquí entre lo sagrado y lo secular. Nuestro servicio a Dios no es algo que hacemos aparte de nuestra vida humana ordinaria. La Biblia no sabe de tal dicotomía. En el mundo bíblico toda la vida, en todas sus dimensiones, está constituida como religión. Desde nuestras decisiones económicas hasta nuestra recreación, desde nuestra vida de oración hasta la forma de bañar a nuestros bebés, en cada acción y hecho culturales, vivimos sólo en respuesta de la ley de Dios cósmica para la creación. Es el universo de Dios en toda su extensión. Y estamos llamados a ser dadores de respuestas responsables a su Torah global. Pero el cisma entre lo sagrado y lo secular no muere fácilmente. Muchos objetan, arguyendo que Dios tiene estándares para algunas acciones humanas, pero para otras él es simplemente indiferente. Argumentan que la vida es de hecho religiosa en algunos aspectos, pero no puede identificarse estrictamente con la religión. Después de todo, creen que nuestro cristianismo no se aplica directamente a todo lo que hacemos. No se aplica, por ejemplo, a actividades "seculares" tales como la agricultura y el arte. ¿Que acaso sí? Escucha lo que la Biblia dice en Isaías 28: El que ara para sembrar, ¿arará todo el día? ¿Romperá y quebrará los terrones de tierra? Cuando ha igualado su superficie, ¿no derrama el eneldo, siembra el comino, pone el trigo en hilera, y la avena en su borde apropiado? (Isaías 28:24-25 ). ¿Cómo sabe el campesino arar los campos y sembrar la semilla? “Porque su Dios lo instruye, y le enseña lo recto” (v. 26). El pasaje continúa: ... que el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el comino se pasa rueda de carreta; sino que con un palo se sacude el eneldo, y el comino con una vara. El grano se trilla; pero no lo trillará para siempre, ni lo comprime con la rueda de su carreta, ni lo quebranta con los dientes de su trillo (vv. 27-28). ¡Todo esto acerca de una actividad tan mundana como la de los métodos para trillar de un granjero! ¿Cómo sabe cuál es la manera correcta de trillar el grano? “También todo esto salió de Jehová de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría” (v. 29). En otras palabras, el entendimiento de la forma correcta de labrar la tierra –la práctica de la buena agricultura– se considera en la Biblia como dada por Dios. El agricultor está en contacto con la sabiduría de Dios. Ha discernido y está siguiendo las leyes sabias de Dios, sus normas creacionales en esta área de la vida aparentemente secular. Tomemos otro ejemplo bíblico, esta vez acerca de la construcción del tabernáculo (Éxodo 31). Dios le explica a Moisés que él ha elegido a un artesano maestro llamado Bezalel para que supervise el trabajo del tabernáculo. El punto significativo aquí es la razón dada en cuanto a la experiencia de Bezalel. El Señor dice: “... y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastadas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor” (Ex. 31:3-5). Este pasaje hace añicos nuestras preconcepciones de lo que significa servir a Dios; puede estrellar nuestra cosmovisión. Éxodo 31 puede causar un cambio de “Gestalt”' en la manera de ver la relevancia del cristianismo para la vida. Habla de los propósitos de Dios en el hecho de que somos llenos con el Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios nos capacita para vivir obedientemente, para vivir una vida santa de acuerdo con sus estándares. Dios llenó a Bezalel con su Espíritu para que fuera guiado en “obediencia santa”. Yahvé, el Creador y Señor del universo, quien nos creó como seres artísticos, quiso que un buen trabajo se hiciera en su tabernáculo. Así que capacitó a Bezalel para discernir y obedecer sus estándares creacionales para el trabajo de artesanía y arte. Estos dos ejemplos de Isaías y Éxodo ilustran la enseñanza bíblica central: todo lo que hacemos debe ser hecho con un corazón lleno del amor de Dios. Si nuestras vidas no son una expresión de nuestro amor hacia él, expresarán entonces rebelión en contra de él. Esto es simplemente nuestra naturaleza religiosa como portadores de la imagen de Dios. Toda nuestra vida cultural está sujeta a las normas de Yahvé, y estamos llamados a responderle en obediencia. REINOS EN CONFLICTO No obstante, hemos caído de nuestro llamado. Somos gente corrupta que ha servido a los ídolos en vez de reflejar la imagen de Dios. Vivimos en una creación caída que gime por redención. El pecado no es una posibilidad creada; sino es un hecho presente. Esto es nuestra experiencia humana común. La caída ha tenido lugar, y la maldición ha sido proferida. Pero, ¿cómo fue que esto pasó? ¿Cómo entró el pecado en la buena creación de Dios? Satanás intentó controlar la creación al incitar a sus habitantes, súbditos de Yahvé, a cometer alta traición en contra de su justo Señor. Encabezó una rebelión en contra del legítimo Rey de la creación y plantó su propio reino renegado, llamado en Colosenses 1:13 el dominio de las tinieblas. Satanás se otorgó a sí mismo el título de gobernador (las Escrituras lo llaman un príncipe) aunque es sólo un pretendiente al trono que no tiene derecho legítimo a la autoridad.[7] Su reino, establecido en contraposición al de Dios, es parasitario. Puesto que Satanás no tiene una esfera legítima (o creación) propia para gobernar, vive a expensas del gobierno de Dios. Su dominio consiste en intentos para distorsionar la buena creación de Dios. Su reino de destrucción trabaja en contra del bueno y sabio orden de la creación de Dios. Satanás, pues, condujo a la humanidad a la desobediencia del pacto. Tentó a la humanidad a rechazar el gobierno de Yahvé y a emitir su “declaración de independencia” de su Creador. Las consecuencias son devastadoras. Cuando la comunión con el Creador de la vida se rompe, la muerte es el resultado inevitable. La vida no es más algo íntegro, sino algo corrupto. Las crisis personales, interpersonales y sociales abundan porque la vida esta amputada de su fuente. Aún más, la declaración de independencia prueba ser una ilusión. En vez de encontrar autonomía, nos damos cuenta de que somos aún siervos –atados a un déspota que gobierna sobre un reino de esclavos. Con todo, la caída afectó más que sólo a la humanidad. Nuestro pecado ha esclavizado la tierra. Porque Dios nos había dado autoridad única sobre la creación, nuestra desobediencia trajo maldición sobre toda la creación. Por consiguiente, la tarea cultural, la vida humana en todos sus aspectos, es una batalla. Dejar de reflejar la imagen de Dios en nuestro gobierno de la tierra es ir en contra del corazón de la vida; contradecimos la manera en que las cosas deberían ser. De hecho, contradecimos nuestra misma persona. No cuidamos más de la creación; de hecho, comenzamos a experimentar la tierra como enemigo. En lugar de conservar y desarrollar la creación, la destruimos y explotamos. Gobernamos la tierra en desobediencia. Al actuar como déspotas, seguimos el ejemplo del usurpador despótico (Juan 8:41-44). Como resultado, “toda la creación”, dice Pablo en Romanos 8:19-23, gime y espera el tiempo cuando sea “libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”. La creación esté en espera, en otras palabras, de nuestra liberación. Sólo entonces será verdaderamente restaurada. Porque fue esclavizada por nuestro gobierno pecaminoso (la maldición que era la consecuencia de nuestra desobediencia), sólo nuestra redención garantizará su libertad. Dos reinos están en guerra. Una batalla espiritual está en marcha, un conflicto entre reinos que permea el espectro entero de las actividades humanas. Así como los caminos del pacto cruzan a través de todo lo que hacemos, así también los dos reinos. De la misma manera que nuestra vida cultural es creada y está bajo el gobierno de Dios, y así como estamos llamados a servirle en todo lo que hacemos, así también toda nuestra vida está ahora caída. No hay nada en la creación que el pecado no haya tocado: “... él mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Aunque Dios todavía nos llame a una ejecución obediente de nuestra tarea cultural, el usurpador nos obliga a jurarle lealtad a su reino renegado y con ello rebelarnos en contra de nuestro verdadero llamado. Las penetrantes palabras de de C.S. Lewis cortan hasta el corazón de nuestra condición ulterior a la caída: “No hay terreno neutral en el universo: cada metro cuadrado, cada milésima de segundo, Dios los declara suyos, mientras que Satanás le da la contra”.[8] [1] Las dos primeras referencias se hallan en las historias de Jacob, Génesis 31:19 ("dioses de casa") y Génesis 35:2, 4 ("dioses extranjeros"). [2] Aunque varias palabras hebreas se traducen como “imagen” en el Antiguo Testamento, los seres humanos son llamados selem de Dios en Génesis 1:26-27; 5: l; y 9:6. Esta palabra también se usa en relación con los ídolos en Números 33:52; 2 Reyes 11:18; 2 Crónicas 23: 17; Ezequiel 7:20; 16:17; y en Amos 5:26. Walter Kaiser, en la p. 76 de Towards an Old Testament Theology [Hacia una teología veterotestamentaria ], traduce selem como “estatua o copia esculpida o tallada”. [3] Ver Berkouwer, Man: The Image of God [El hombre: La imagen de Dios] pp. 67-118; también el artículo "Imagen" por Ralph P. Martin en The New International Dictionary of the New Testament Theology [El nuevo diccionario de la teología neotestamentaria], vol. 2, Colin Brown (ed.) (Grand Rapids: Zondervan, 1976), especialmente p. 287. [4] A la luz del estudio anterior diferiremos de la interpretación reciente e influyente de Francis Schaeffer de la imagen de Dios en el hombre. Él considera que el término meramente significa nuestra humanidad-o, para ser más preciso, nuestra “personalidad”, nuestra naturaleza única como personas humanas. Véase The God Who is There [El Dios que está allí] (Downers Grove: InterVarsity Press, 1968), p. 87; Genesis in Space and Time [La Génesis en espacio y tiempo] p. 47; y también Thomas V. Morris, Francis Schaeffer's Apologetics: A Critique [La apologética de Francis Schaeffer: una crítica] (Chicago Moody Press, 1976), p. 26. Mientras que Schaeffer está en lo correcto al conectar nuestra humanidad con la imagen de Dios (puesto que los seres humanos son quienes están hechos a la imagen), esta opinión necesita dos calificaciones importantes. Primero, la imagen de Dios no es nuestra humanidad en el sentido de nuestra “personalidad”, que es una noción restringida, sino incluye nuestra experiencia corporal. Segundo, la imagen no simplemente hace referencia a nuestra naturaleza humana (como Macaulay y Barrs lo indican en Being Human: The Nature of Spiritual Experience [El ser humano: La naturaleza de la experiencia espiritual], cap. 1) sino a nuestra humanidad normativa, nuestro esfuerzo de vivir según los estándares de Dios en todo lo que hacemos. Además, debemos ver esta humanidad como nuestro cumplimiento del mandato cultural (un punto que no enfatizó Macaulay y Barrs). Nuestra humanidad y la imagen de Dios, por lo tanto, están relacionadas pero no se pueden identificar sin precisar diferencias. Como Meredith Kline lo señala en Images of the Spirit [Las imágenes del Espíritu] p. 33, “no son simplemente equivalentes”. [5] Hemos empleado el término imagen, que es más preciso que el término más laxo ídolo, en el versículo 4. [6] Para aclarar el análisis bíblico-teológico del pacto en el Antiguo Testamento, ver Meredith G. Kline, The Structure of Biblical Authority [La estructura de la autoridad bíblica] (Grand Rapids: Eerdmans, 1975). [7] Ver Mt. 12:24; Mr. 3:22; Le. l 1:15; Jn. 12:31; 14:30; 16:11; ver también Ef. 2:2. [8] C. S. Lewis, “Peace Proposals for Brother Every and Mr. Bethell”, [“Propuestas de paz para el hermano Every y para el señor Bethell”] Christian Reflections [Reflexiones Cristianas] Walter Hooper (ed.) (Glasgow: Collins, Fount Paperbacks, 1981), p. 52. Soli Deo Gloria
- LA UTILIDAD DE LAS HEREJÍAS
Medios de contraste para la verdad “Pues nada podemos hacer contra la verdad, sino a favor de la verdad” escribió el apóstol Pablo en 2 Corintios 13:8. Pero ¿Qué significa? En primer lugar, es una garantía, una promesa segura dada a los creyentes en cuanto a que la verdad del evangelio al final y más temprano que tarde prevalecerá sobre toda argumentación y ataque en contra de ella. Esto, por supuesto, brinda una enorme tranquilidad a los creyentes a la hora de defender la fe, pues tenemos la certeza de que estamos del lado triunfador. Pero si lo miramos con más detalle, Pablo no sólo dice que al final la verdad del evangelio prevalecerá, sino que en último término todo juega a favor de la verdad. Es decir que no sólo la defensa que los creyentes en la iglesia hacemos de los asuntos de nuestra fe sirve, por supuesto, a la causa de la verdad; sino que también los ataques que los no creyentes en el mundo dirigen contra la fe terminan, al final jugando también a favor de la verdad. Pero, ¿pero cómo es esto posible? Voy a explicarlo acudiendo a una frase del apologista Os Guinness que dice: “El contraste es la madre de la claridad”. ¡Contraste! Eso es lo que la mentira le brinda a la verdad: un medio de contraste para que la verdad pueda verse y apreciarse con mayor claridad. Veamos esto muy gráficamente desde el ángulo que nos brinda uno de los cinco sentidos del cuerpo: el sentido de la vista. En relación con él decía C. S. Lewis que: “Si usted ve a través de todo, entonces todo es transparente. Pero un mundo… transparente es un mundo invisible. El ‘ver a través de’ todas las cosas es lo mismo que no ver”. Si recordamos nuestras clases de física en el colegio, en ese entonces se nos enseñó que transparente, traslúcido y opaco son las tres características físicas que exhibe la materia en relación con la luz y el sentido de la vista y nos brindan los medios de contraste necesarios para apreciar y comprender las cosas mediante la observación y las consecuentes imágenes visuales que nos formamos de ellas. Piensen, entonces, en esto: si todo lo que existe fuera opaco o transparente no podríamos ver nada, pues en el primer caso, si el aire o el vacío transparentes a través de los cuales podemos ver debido a que dejan pasar la luz casi sin restricción alguna, fueran en realidad opacos, no podríamos ver nada a través de ellos y sería como si estuviéramos permanentemente a oscuras. Y si todo fuera transparente la luz no serviría para nada pues no habría nada que ver. Lo opaco no deja ver nada más allá mientras que lo transparente lo deja ver todo, por eso necesitamos ambas cosas: lo transparente para que haya un medio a través del cual ver, y lo opaco para que exista algo que ver. De igual modo en el campo del pensamiento necesitamos las ideas falsas para poder apreciar mejor las ideas verdaderas. Esto era lo que el apóstol Juan tenía en mente cuando dijo en 1 Juan 2:19: “Aunque salieron de entre nosotros, en realidad no eran de los nuestros; si lo hubieran sido, se habrían quedado con nosotros. Su salida sirvió para comprobar que ninguno de ellos era de los nuestros”. Por eso es que aún la mentira y las ideas falsas divulgadas por las ideologías del mundo y el pensamiento secular terminan sirviendo, aún a su pesar, a la causa de la verdad haciéndola resaltar más sobre el trasfondo que le brinda la mentira. Examinemos esto con mayor detalle observando algunos ejemplos a lo largo de la historia antigua y reciente que nos muestran el papel que las herejías han desempeñado a la hora de divulgar el evangelio de manera más convincente. Un papel que, contrario a lo que muchos piensan, no es tan malo como a veces se nos quiere hacer creer. Tanto así que un historiador del cristianismo tan prestigioso como el cubano Justo L. González afirma que: “A pesar de sus errores y en buena medida gracias a ellos, los herejes han tenido una función positiva en los designios de Dios”. Algo que no dejar de sonar sorprendente si tenemos en cuenta que los herejes y sus herejías han despertado tradicionalmente tan ardiente oposición y condenación por parte de la iglesia –son la “bestia negra” de la sana doctrina− que el celo mostrado en estos casos en defensa de la fe no nos permite ver algunas verdades sobre las que Justo L. González llama nuestra atención. Una de ellas es que un gran porcentaje de los herejes de los primeros cuatro siglos de la iglesia ‒particularmente quienes le dan su nombre a las herejías‒ fueron cristianos comprometidos y bien intencionados. Y es que, como continúa diciendo Justo L. González: “lo que para unos es renovación, para otros es herejía”. ¡Claro! Para la iglesia católica Lutero y compañía eran herejes. Para nosotros fueron reformadores que estaban renovando a la luz de la Biblia el entendimiento equivocado que para entonces se hacía de la doctrina cristiana. El problema es que la buena intención por sí sola no garantizaba que su postura fuera la correcta. Por eso es que las herejías, es decir las enseñanzas de los heresiarcas y sus herejes seguidores, deben ser combatidas y condenadas, como lo indica la Biblia en multitud de pasajes al exhortarnos a hacerlo de este modo. Pero sea como fuere, bien o mal intencionados, los herejes han prestado un servicio histórico a la iglesia al forzarla a reflexionar y establecer con rigor metódico y sistemático, con apego a la Biblia y a la experiencia cristiana, la doctrina correcta sobre los temas que se hallaban en discusión con los herejes y, de paso, a rescatar las verdades que ellos enfatizaban sin caer en los condenables errores a los que estos énfasis dieron lugar, separando así el grano de la paja, pues: “… ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? −afirma el Señor−” (Jeremías 23:28), y “entresacando lo precioso de lo vil”: “… Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos” (Jeremías 15:19 RVR). Y al hacerlo así, la iglesia estableció las doctrinas que han servido luego de salvaguarda y de medio de contraste para identificar y dejar expuestos a los nuevos herejes que no hacen más que reencauchar las viejas herejías con nuevo ropaje. Permítanme ilustrar el punto con los siguientes ejemplos. Gnosticismo. La herejía más temprana que tuvo que enfrentar la iglesia fue el gnosticismo griego que afirmaba que el espíritu es bueno, pero la materia es mala y se infiltró en el cristianismo para negar la condición auténticamente humana de Cristo. Es decir que los gnósticos no tenían problema en afirmar que Jesucristo era Dios y como tal, perteneciente al mundo bueno del espíritu. Pero negaban que él era hombre, porque ser hombre significaba que Cristo participaría de la materia, pues los hombres somos seres de carne y hueso. Y fue justo gracias a la temprana infiltración del gnosticismo que los autores del Nuevo Testamento tuvieron que escribir en las epístolas, bajo la inspiración del Espíritu Santo, porciones que nos permiten a todos los cristianos posteriores a ellos identificar a los gnósticos y combatirlos siempre que hacen nueva aparición; porciones entre las que encontramos, por ejemplo, Colosenses 2:8, 16-23 y 1 Juan 4:1-3. De hecho buena parte de las epístolas paulinas se escribieron para combatir y aclarar algún tema controvertido, exponiendo la verdad contra el trasfondo que le brindaban los errores que se estaban divulgando en un momento dado. Marción. Una de las acusaciones que han ganado fuerza a nivel popular entre los inconversos en contra del cristianismo es la que cuestiona la autoridad de las Escrituras debido al papel que la iglesia habría desempeñado en el establecimiento del canon o el conjunto de libros que constituyen nuestras Biblias actuales, particularmente los que tienen que ver con el Nuevo Testamento. El pensamiento secular ve este proceso con sospecha, presumiendo que a lo largo de él la dirigencia de la iglesia manipuló los libros de la Biblia y seleccionó de manera arbitraria y tendenciosa los que más convenían a su agenda encubierta para servir a sus intereses de poder y de control sobre las conciencias de los fieles. La novela El Código Da Vinci postuló como punto culminante de este proceso el Concilio de Nicea en 325 d. C., convocado por el emperador Constantino para eliminar, según Dan Brown, en complicidad con la facción dominante de la iglesia las disidencias existentes hasta ese momento al interior de la iglesia cristiana, entre las que estarían los gnósticos, cuyos libros quedarían proscritos a partir de este momento. ¿Cómo respondemos a esto? ¡La iglesia ya había respondido a esto desde Marción! La iglesia antigua se vio literalmente empujada a tratar este asunto cuando Marción, un hereje de mediados del siglo II d.C., estableció de manera arbitraria y unilateral su propio canon de las Escrituras, al cual la iglesia tuvo que responder pronunciándose sobre el particular mediante consultas y consensos. Porque Marción era antisemita, es decir que tenía una actitud hostil hacia los judíos y todo lo que tuviera que ver con ellos y tal vez por eso no le gustaba la manera en que Dios se revela en el Antiguo Testamento a través de ese Dios justiciero, tirano y cruel que manda matar sin distinción hombres, mujeres, niños y animales, sino que únicamente le gustaba el Dios de amor del Nuevo Testamento revelado en Jesucristo. Por eso diseñó una Biblia a su gusto, sin Antiguo Testamento, y con un Nuevo Testamento en el que únicamente había un evangelio, el de Lucas –por aquello de que Lucas era el único de los cuatro evangelistas que no era judío sino gentil−, el libro de los Hechos de los Apóstoles, también escrito por Lucas y las epístolas paulinas, pues Pablo era el apóstol de los gentiles. Ante esto la iglesia respondió convocando reuniones de consulta y deliberación llamadas sínodos y concilios en los que, por consenso le brindó su reconocimiento formal a los libros del Nuevo Testamento que hoy figuran en nuestras Biblias y que ya circulaban masiva y providencialmente desde tiempo atrás entre todas las iglesias del imperio sin que hubiera existido una decisión previa al respecto por parte de las autoridades eclesiásticas. En otras palabras, las iglesias nunca se pusieron de acuerdo ni consultaron conjuntamente para determinar los libros que debían ser leídos y estudiados por los creyentes para alimentar la fe y establecer la doctrina correcta en las múltiples congregaciones cristianas locales que conformaban la iglesia primitiva. Lo sorprendente es que cuando la dirigencia de la iglesia se vio empujada por el hereje Marción a tratar este asunto, consultando y pronunciándose oficialmente al respecto, encontraron que existía casi una total coincidencia en la lista de libros utilizada por todas estas congregaciones regadas a lo largo y ancho del imperio y que fueron muy pocos los que no contaban con el consenso universal de la iglesia, dando así su ratificación formal a estos libros que venían gradualmente dándole forma desde tiempo atrás a la iglesia bajo la sutil pero eficaz supervisión de Dios por medio de su Espíritu. Así, pues, a su pesar, el hereje Marción le prestó un buen servicio a la iglesia al obligarla a pronunciarse de manera temprana sobre este tema. Arrio. Este fue el promotor de una herejía que lleva su nombre: arrianismo, que le dio muchísimo trabajo a la iglesia, pues tuvo muchos adeptos −incluso entre la dirigencia de la iglesia− y que consistía en negarle a Cristo su condición divina afirmando que Él no era Dios, sino la primera y más elevada criatura creada por Dios con lo que, de paso, ponía en entredicho también la doctrina de la Trinidad. Justamente, fue gracias a las discusiones generadas alrededor del arrianismo que la Iglesia le dio por fin un tratamiento debidamente metódico y sistemático a esta controvertida doctrina distintiva del cristianismo: la Trinidad, dejándonos además como resultado esos tres valiosísimos y muy bien trabajados documentos doctrinales de la antigüedad cristiana que conocemos como los tres credos de la iglesia primitiva: el apostólico, el niceno y el atanasiano, depurados referentes doctrinales obligados para toda la iglesia posterior en lo que tiene que ver con lo que la Biblia llama “la sana doctrina”. Todo gracias a Arrio. Pelagio. Pelagio fue un monje británico que vivió en el cruce del siglo IV y V d.C. y negó la doctrina cristiana clásica del pecado original con todo lo que esto implicaba para la práctica de la fe, pues al afirmar que en realidad no nacemos con esa heredada inclinación a la desobediencia que la teología cristiana llama “pecado original” Pelagio pasó por alto lo que la experiencia humana universal nos muestra en el sentido que la obediencia no es algo natural en el ser humano, como se deduce de la labor de crianza llevada a cabo por los padres con sus hijos, tomada en cuenta por la Biblia con toda la seriedad debida cuando dice: “La necedad es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina la corrige” (Pr. 22:15). No es casual que en la Biblia la corrección o disciplina de los hijos sea un tema fundamental y recurrente de la vida práctica cristiana, abordado con especialidad en el libro de los Proverbios. La postura de Pelagio al respecto fue combatida y condenada como herejía por la iglesia, confirmando lo que cualquier padre o madre medianamente razonables tienen que admitir: los niños no obedecen a sus padres de manera natural. La doctrina del pecado original es el único planteamiento razonable disponible que explica la inclinación de todos los seres humanos a la desobediencia, al pecado y al mal. Y esta doctrina le debe su forma más madura y acabada disponible a la herejía de Pelagio cuando la negó y atacó. Tanto así que John Ortberg descartó esta herejía diciendo simplemente: “Pelagio, por supuesto, no tuvo hijos”. Así es, era monje. Si los hubiera tenido, hubiera reconsiderado su postura, como se cuenta que lo hizo un conferencista sin hijos que dictaba una conferencia titulada Reglas para criar a los hijos. Tan pronto tuvo hijos cambió el título de la conferencia, llamándola Sugerencias para criar a los hijos. Cuando los hijos llegaron a la adolescencia canceló la conferencia. Eso en lo que tiene que ver con la utilidad que las herejías le prestaron a la iglesia en la antigüedad para prepararla mejor para defender la fe. Pero ¿Qué decir de hoy? ¡Pues lo mismo! Alfonso Torres de Castilla nos recordaba que: “Cuando se ha logrado hacer desaparecer la herejía en un siglo ha rebrotado con otro nombre en el siglo próximo… fatigando a la iglesia dominante en su vano empeño perseguidor”. Las herejías no son tan variadas como podría creerse, sino que pueden ser relacionadas en una lista básica más bien corta, no obstante lo cual, una vez identificadas, combatidas, condenadas y extirpadas de su seno por la iglesia, vuelven con frecuencia a resurgir posteriormente con nuevas vestiduras, puesto que, como lo dijo el sabio rey Salomón: “Lo que ya ha acontecido volverá a acontecer; lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡y no hay nada nuevo bajo el sol! Hay quien llega a decir: ¡«Mira que esto sí es una novedad!» Pero eso ya existía desde siempre, entre aquellos que nos precedieron… Dios hace que la historia se repita” (Eclesiastés 1:9-10; 3:15). Comencemos, entonces, con Pelagio. El pelagianismo resurge hoy ya no en la iglesia, sino fuera de ella, a través de la filosofía de la ilustración que dio lugar a la revolución francesa. Particularmente, de la filosofía de Juan Jacobo Rousseau y su ingenua creencia en que: “El hombre nace puro y la sociedad lo corrompe” o el llamado “mito del buen salvaje”. Y aunque esto vaya en contra de la evidencia, hay mucha gente hoy que cree esto a pie juntillas. Creen que el hombre es bueno por naturaleza. Pero para hacerlos entrar en razón tenemos a nuestra disposición los contundentes argumentos de la doctrina del pecado original con la que la iglesia combatió al pelagianismo en su momento. ¿Y Arrio? Este personaje reaparece de varias maneras: en la teología liberal del siglo XIX que le prestó un muy flaco servicio al cristianismo (¡con amigos así, para qué enemigos!) al afirmar que Jesucristo era el más grande hombre que ha existido sobre la faz de la tierra, pero meramente hombre al fin y al cabo ¡otra vez Arrio! De hecho, esto amerita otra conferencia dedicada al tema de las herejías cristológicas en particular. Y Arrio también reaparece en las doctrinas de la secta de los Testigos de Jehová. En contra de ambos grupos ya tenemos los 3 credos de la Iglesia primitiva y la doctrina de la Trinidad desarrollada con más que razonable y bíblica solvencia en todos los volúmenes de teología sistemática que tenemos hoy ya disponibles. ¿Y los gnósticos? Esta herejía también reaparece de manera sofisticada con los descubrimientos y divulgación relativamente reciente de los llamados “evangelios apócrifos” entre los que encontramos el evangelio de María Magdalena que fue el utilizado por Dan Brown en su novela El Código Da Vinci, el evangelio de Tomás y el de Judas Iscariote, entre los más divulgados en los últimos años por los medios de comunicación para atacar mediante ellos al cristianismo histórico. Pues bien, estos evangelios apócrifos no son más que gnosticismo barato reencauchado, pues existe un consenso entre los estudiosos de todos los trasfondos en el sentido que estos evangelios apócrifos son evangelios escritos por los gnósticos con más de un siglo de posterioridad a los cuatro evangelios canónicos de nuestras Biblias y reflejan sus variadas, contradictorias y disparatadas creencias ya desmentidas con suficiencia por la iglesia del primer siglo. Y finalmente ¿Marción? Ah… éste personaje reaparece hoy por cuenta de los ataques de los llamados “nuevos ateos” contra la Biblia, entre los cuales sobresale el muy mediático Richard Dawkins con sus muy vendidos libros El espejismo de Dios, El relojero ciego y El gen egoísta. Justamente, en uno de estos libros Dawkins escribió: “El Dios del Antiguo Testamento es posiblemente el personaje más molesto de toda la ficción: celoso y orgulloso de serlo; un mezquino, injusto e implacable monstruo; un ser vengativo, sediento de sangre y limpiador étnico; un misógino, homófobo, racista, infanticida. Genocida, filicida, pestilente, megalómano, sadomasoquista; un matón caprichosamente malévolo”. Pero en otra parte dice lo siguiente: “No puede negarse que, desde un punto de vista moral, Jesús es una gran mejora con respecto al ogro cruel del Antiguo Testamento” ¡Aquí lo tienen! ¡Otra vez Marción! En lo personal, puedo decirles que cuando en años relativamente recientes surgieron las polémicas alrededor de la novela El Código Da Vinci llevada también al cine y que reivindicaba los contenidos del Evangelio gnóstico de María Magdalena como si fuera la versión correcta sobre los sucesos narrados en los cuatro evangelios, o el posterior hallazgo del Evangelio gnóstico de Judas Iscariote, lejos de preocuparme, me entusiasmaron estas controversias por la oportunidad que me brindaron de predicar sendos sermones sobre estos dos temas para dejarle a la iglesia las cosas en claro sobre estos asuntos, aprovechando el gran interés que se despertó dentro y fuera de la iglesia alrededor de esto, pues todo el mundo hablaba de ello y muchos cristianos se manifestaban muy preocupados por esta situación y, en su ignorancia, sentían incluso que les estaban moviendo el piso en el que se apoyaba su fe al no contar con respuestas para estos ataques. Porque estoy seguro que si hubiera predicado estos sermones en otras circunstancias, a muchos les hubieran parecido muy áridos y aburridos y se hubieran quedado dormidos a la mitad del sermón. Podemos afirmar, entonces, que la Biblia y el evangelio de Cristo no le temen a nada de esto porque Dios sabe que en toda confrontación de la verdad con la mentira, la verdad prevalecerá tarde o temprano. Pero nosotros podemos acelerar la victoria de la verdad sobre la mentira si estamos preparados y tenemos la fe y el conocimiento necesario para aprovechar las mentiras de moda y utilizarlas sabia y estratégicamente como medio de contraste para hacer que la verdad eterna resalte con mayor nitidez y claridad. Porque si no estamos preparados, la alternativa puede ser muy diferente y peligrosa, como lo advierte el apóstol Pablo a quienes carecen de una fe madura y no están, por tanto, preparados para presentar una defensa consistente de su fe ante estos ataques periódicos que el mundo le dirige con estas peregrinas, apresuradas y malintencionadas teorías y malas interpretaciones de los hechos: “Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (Efesios 4:14-15). De nosotros depende, entonces, cuál de estas dos opciones escogemos. Arturo Rojas, licenciado en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursó enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fue honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.
- Somos una construcción tripartita – Parte II
En el debate del tema de la dicotomía o tricotomía del ser humano, el Dr. Boice opta por el tripartismo. Nótese que sus argumentos son básicamente racionalistas. ¿Cuál postura le parece más en concordancia con las Escrituras? Existe una polémica entre los que creen en una construcción tripartita de nuestro ser y los que creen que es posible considerar adecuadamente al hombre en dos niveles únicamente. Esta polémica no tiene que concernirnos. Todas las partes en esta polémica reconocen que el ser humano consiste por lo menos de una parte física que muere y que necesita ser resucitada, y de una parte inmaterial que vive más allá de la muerte, la parte propiamente llamada persona. La única cuestión es si pueden diferenciarse dos partes en la parte inmaterial una parte que los hombres y las mujeres compartirían con los animales —la personalidad en un sentido limitado— y el espíritu, que los vincularía con Dios. En este punto, la información lingüística debería ser determinante, si bien no es tan clara como se desearía. En ocasiones, en particular en las primeras partes del Antiguo Testamento, tanto alma (nephesh) como espíritu (ruach) son usados indistintamente, lo que ha introducido cierta confusión. Sin embargo con el transcurso del tiempo, ruach comenzó a designar el elemento por el cual los hombres y las mujeres se relacionan con Dios, diferenciándolo de nephesh, que significa entonces simplemente el principio vital. De acuerdo con esta distinción, se usa “alma” y no “espíritu” con referencia a los animales. De igual modo, se nos dice que los profetas que oyeron la voz de Dios y estuvieron en comunión con él en un sentido especial, fueron animados por el “espíritu” de Dios (pero no se menciona el “alma”). En el Nuevo Testamento, la información lingüística es similar. Es así que mientras alma (psyche y espíritu (pneuma) son a veces usadas indistintamente, como en el Antiguo Testamento, pneumasin embargo sirve para expresar esa capacidad especial de relación con Dios, que es la gloria de una persona redimida, en contraposición con psyche que aun los que no han sido salvos poseen (1 Co. 2:9-16). Es posible, aunque no esta totalmente determinado, que en los escritos paulinos el espíritu del hombre y la mujer se consideran perdidos o muertos como resultado de la Caída, y que sólo es restaurado en aquellos que han sido regenerados. Sin embargo, no debemos perder de vista lo siguiente. Ya sea que hablemos de dos partes o de tres partes que componen el ser del hombre, un individuo es una unidad. Su salvación consiste en la redención de todo su ser, no sólo de su alma o de su espíritu, del mismo modo que (estableciendo un paralelismo en sentido opuesto) cada parte es afectada por el pecado. En esta área las palabras usadas en cada caso en particular son menos importantes que las verdades que transmiten. Hasta aquellos que más insisten sobre la unidad del hombre creen que el hombre es más que sólo materia. O, si se adhieren a un esquema de dos partes reconocen, sin embargo, que el hombre posee algo que sirve para diferenciarlo de los animales. Y esto es todo lo que implica la diferencia entre espíritu y alma en el esquema de tres partes. Espíritu, alma y cuerpo son simplemente términos útiles para hablar de lo que realmente significa ser un ser humano. El cuerpo, entonces, es la parte visible de la persona, la parte que tiene vida física. A primera vista, parecería que es esta parte la que nos diferencia de Dios, y en un sentido esto es así. Tenemos un cuerpo; Dios no tiene un cuerpo. Pero si continuamos nuestra consideración del tema, esta diferencia no resulta tan obvia como parecía ser en un primer momento. ¿Cómo explicar la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo, por ejemplo? O también, ¿qué fue lo primero en la mente de Dios, el cuerpo de Cristo o el cuerpo de Adán? ¿Cristo se hizo como nosotros por la Encarnación, o nosotros nos convertimos como él por-medio de un acto creativo de Dios? Calvino, que brevemente considera este tema en su Institución no cree que Adán haya sido modelado de acuerdo con el patrón del Mesías que había de venir. Calvino no acepta la idea de que Cristo hubiera venido si Adán no hubiera pecado. Pero estas dos ideas no son necesariamente contradictorias. Se podría especular que cuando Dios caminaba en el huerto con Adán y Eva antes de la Caída, lo hacía como la segunda persona de la Trinidad, en una forma pre-encarnada pero, de todos modos, corporal. Lo que importa de esta discusión es que nuestros cuerpos son de gran valor y deberían ser honrados por la manera como los tratamos. Como hombres y mujeres redimidos, deberíamos considerar nuestros cuerpos como “templos” de Dios (1 Co. 6:19). El alma es la parte del hombre que llamamos su “personalidad”. Tampoco es un tema fácil de tratar. Es evidente que el alma está relacionada con el cuerpo a través del cerebro, y constituye una parte del cuerpo. Resulta difícil, además, pensar en el alma desligada de las propiedades que asociamos con el espíritu. Sin embargo, en términos generales, el alma se refiere por lo menos a eso que hace de los individuos un individuo único, singular. Podríamos decir que el alma se concentra en la mente y que incluye todo lo que nos gusta y lo que no nos gusta, nuestras habilidades especiales y nuestras debilidades, nuestras emociones, nuestras aspiraciones y todo lo demás que diferencia al individuo de los demás miembros de su especie. Porque tenemos alma es que podemos tener comunión, amor y comunicación entre unos y otros. Pero no sólo tenemos comunión, amor y comunicación con los miembros de nuestra especie. También amamos y tenemos comunión con Dios, para lo cual necesitamos un espíritu. El espíritu es, por lo tanto, la parte de la naturaleza humana que entra en comunión con Dios y participa en cierta medida de la esencia misma de Dios. En ningún lugar se nos dice que Dios sea cuerpo o alma, si bien puede poseer cada uno de estos aspectos en alguno de los sentidos que acabamos de mencionar. Pero Dios está definido como espíritu. “Dios es espíritu”, dijo Jesús. Por lo tanto, “los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24). Como el hombre es espíritu (o llega a poseer un espíritu por medio de un nuevo nacimiento) puede tener comunión con Dios y amarlo. Es aquí donde reside todo nuestro valor. Hemos sido formados a imagen de Dios, y por lo tanto somos valiosos para Dios y para los demás. Dios ama a los hombres y a las mujeres, más que a los animales, las plantas y el resto de la materia inanimada. Más aún, tiene sentimientos hacia el hombre y la mujer, se identifica con ellos en Cristo, sufre por ellos e interviene en la historia para hacer de nosotros lo que él se ha propuesto que seamos. Podemos tener una idea de la naturaleza especial de esta relación cuando recordamos como la mujer, Eva, de manera similar, fue hecha a imagen del hombre. Por lo tanto, aunque diferente, Adán pudo observarse en ella y amarla como su compañera y el miembro correspondiente en el universo. No es una equivocación decir que los hombres y las mujeres son para Dios algo similar a lo que la mujer es para el hombre. Son los compañeros valiosos y únicos de Dios. Como prueba de esta idea alcanza recordar la enseñanza del Nuevo Testamento con respecto a Cristo como el novio y la iglesia como su esposa. por James Montgomery Boice
- Somos una construcción tripartita – Parte I
EL CASO DE LA DICOTOMÍA O TRICOTOMÍA Una discusión sobre el ser no material humano. ¿Seremos cuerpo, alma y espíritu, o será que los términos “alma” y “espíritu” son sinónimos e intercambiables? Con toda la variedad de términos y distinciones en los varios nombres usados para los diferentes aspectos funcionales del ser no material del hombre, han surgido de tiempo en tiempo en la iglesia grupos que han considerado el alma y el espíritu como entidades sustantivas distinguible y separable. La herejía apolinarista del siglo IV d.C. se basa en esta teoría. El hombre era considerado tricótomo, es decir, hecho de tres partes distinguibles y separables —cuerpo, alma, y espíritu. Este punto de vista erróneo de la naturaleza humana se usó como base para una explicación errónea de la encarnación que dejó la naturaleza humana de Cristo radicalmente incompleta. A diferencia de la tricotomía, el punto de vista común de los teólogos ortodoxos a través de la historia eclesiástica ha sido que el hombre es dicótomo. Es obvio que su cuerpo se separa de su ser no material al morir. El hombre no material, una complejidad a la cual se hace mención por una variedad de nombres funcionales, es sin embargo una sola entidad sustantiva no material, indivisible. 1. Hebreos 4:12 Tal vez el argumento más importante de los tricotomitas se basa en Hebreos 4.12: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón». El argumento es que si se puede «partir el alma y el espíritu» tienen que ser separables y, por lo tanto, distinguibles. En respuesta debemos notar que este texto no indica una división o separación del alma del espíritu. Eso habría demandado alguna preposición tal como metaksu y una fraseología que sugiera «dividido entre alma y espíritu». En realidad, los objetos del infinitivo «partir» son una serie de genitivos, cada uno en sí mismo nombrando algo que se divide. La versión Reina-Valera (1960) dice correctamente «hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos». Se dice que la Palabra parte el alma y parte el espíritu por su poder penetrante, tal como las coyunturas y los tuétanos se parten con la espada que mata al animal para el sacrificio. Que no se indica una división entre, sino una división de, es evidente de la última parte del versículo: «Discierne los pensamientos y las intenciones del corazón». Obviamente, los pensamientos e intenciones no se pueden considerar como entidades sustantivas separables. En realidad, las intenciones son un tipo de pensamiento. La Palabra es discernidora de los pensamientos y de las intenciones. El significado de Hebreos 4:12 se ve más claramente en el versículo 13: «No hay cosa creada que no sea manifestada en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta». Vemos, entonces, que Hebreos 4:12 no da ayuda alguna al punto de vista tricótomo de que el alma y el espíritu son entidades sustantivas distinguibles o separables. No son más separables que los pensamientos y las intenciones. 1 Tesalonicenses 5:23 Después de Hebreos 4:12, los tricotomitas basan su argumento en 1 Tesalonicenses 5:23: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma, y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo». Los tricotomitas a veces repiten con gran énfasis las palabras de este texto, «espíritu, y alma, y cuerpo», dando énfasis a la palabra «y», tal como si fuera prueba irrefutable de que el espíritu y el alma son entidades sustantivas, separables, y distinguibles. Pero el mismo argumento nos llevaría a una división cuádruple si uno quisiera citar Lucas 10:27, «Con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente», con el mismo énfasis. Es sorprendente que en la historia eclesiástica nunca se ha desarrollado una división cuádruple basada en este dicho de Jesús (Lc 10:27; Mt 22:37; Mr 12:30). La teología cristiana no se ha tenido que preocupar nunca por algún partido que sostenga que el «corazón», «mente», y «entrañable amor» (splangchna) no son sinónimos; y los argumentos ordinariamente presentados para la tricotomía serían tan acertados para una distinción sustantiva entre lo que estos tres términos designan como para una distinción sustantiva entre «alma y espíritu». La mención del alma y del espíritu en 1 Tesalonicenses 5:23 no solamente no abunda más en favor de la tricotomía que la enumeración de corazón y mente y alma y fuerza en Lucas 10:27 hacia una división cuádruple sino que el contexto en Tesalonicenses apunta en la dirección opuesta. Las palabras «por completo» y «todo» muestran que Pablo no estaba pensando en las partes del hombre sino más bien en los aspectos del hombre como un todo. J.I. Marais, en su artículo sobre la psicología en International Standard Bible Encyclopedia, cita a Abraham Kuyper, quien dijo: «El apóstol no emplea la palabra jolomereis, «en todas vuestra partes», para luego resumir estas partes en cuerpo, alma y espíritu, sino joloteleis, una palabra que no se refiere a las partes…» Marais luego hace este comentario: «[En la Escritura] el hombre se representa como una unidad y los varios términos empleados para indicar la unidad en su diversidad de actividades o pasividades no implican necesariamente existencia de diferentes esencias, o de órganos separados, por las cuales estas se realizan». Esta es exactamente la posición que yo recomendaría al estudiante asumir, con la excepción de que donde Marais habla de «esencias» y «órganos» yo he usado las palabras «entidades sustantivas». La nota sobre 1 Tesalonicenses 5:23 en la edición Scofield de la Biblia dice en parte: «Alma y espíritu se distinguen decididamente en la sepultura y resurrección del cuerpo. Se siembra un cuerpo animal (soma psychikon —cuerpo del alma), resucitará cuerpo espiritual (soma pneumatikon —cuerpo espiritual), 1 Corintios 15:44. Por eso, decir que no hay diferencia entre el alma y el espíritu es lo mismo que aseverar que no hay diferencia entre el cuerpo mortal y el cuerpo resucitado». 1 Corintios 15:44 A esto replicaríamos que en primer lugar, el dicotomista no dice que «no hay diferencia» entre alma y espíritu. Estas palabras no son sinónimas sino nombres funcionales que difieren uno del otro como «corazón» y «mente» difieren uno del otro. En segundo lugar, el autor de esta nota debiera haber recordado que es una doctrina importante de la fe cristiana que la identidad numérica del cuerpo no se pierde en el cambio de la naturaleza del cuerpo, ya que el mismo cuerpo pasa por las experiencias de muerte, corrupción, y resurrección. Es parte fundamental de nuestro sistema de doctrina cristiana que el cuerpo de Cristo con que nació, en que vivió su vida en la carne, en que fue crucificado, es la misma identidad numérica que su cuerpo resucitado y glorioso, como el que seremos nosotros en nuestra resurrección (Fil 3:21). Las palabras soma psychikon, «cuerpo del alma», designan bien claramente al cuerpo humano como que tiene estos atributos que son apropiados para la vida de la persona en la carne en este mundo durante la época presente. De la misma manera, las palabras soma pneumatikon, «cuerpo espiritual», se refieren al mismo cuerpo, cambiado tal cual será en la resurrección, y apropiado para la vida de la persona, asociada con Cristo resucitado en su reino futuro. Delitzsch sobre la tricotomía He hecho referencia anteriormente a la gran obra Biblical Psychology [Sicología bíblica] del profesor Franz Delitzsch. No hay duda de que fue un erudito de extraordinaria habilidad e influencia y que su obra contiene una tremenda cantidad de información detallada. Puesto que los tricotomitas lo citan con frecuencia como una autoridad en su punto de vista, será bueno examinar algunas de sus declaraciones para ver cuál en verdad era ese punto de vista. En una sección titulada «La falsa y la verdadera tricotomía» empieza con la declaración: «Es inútil decir que la dicotomía o la tricotomía es exclusivamente la representación bíblica de la constitución de la naturaleza humana. La Escritura habla en algunos lugares de una manera definitivamente dicotomista, como por ejemplo Mateo 6:25; Santiago 2:26; 1 Corintios 6:20; (según la lectura del textus receptus), en otros, de una manera absoluta e innegablemente tricotomita, como 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 4:12. Porque hay una falsa tricotomía y en oposición a ella una dicotomía bíblica, y hay una falsa dicotomía y en oposición a ella una tricotomía bíblica». (p. 103) En una nota anterior indiqué que Delitzsch no hace distinción de categorías entre entidades sustantivas y atributos funcionales. Si se reconoce esta distinción, entonces la cuestión llega a definir claramente. No conozco a nadie que niegue que el ser no material del hombre tiene muchos atributos funcionales y estos se pueden llamar por numerosos nombres. La única tricotomía que es censurable es aquella que mantiene que hay dos entidades sustantivas en el ser no material del hombre, y esta tricotomía tiene que ser verdadera o falsa. Cuando Delitzsch habla, como lo hace en la cita de arriba, no sostiene una tricotomía sustantiva, ni cualquier clase de tricotomía a la cual se haga objeción aquí. En realidad, aunque Delitzsch no lo reconoce explícitamente, hay en el fondo de mucho de lo que él dice un reconocimiento inconsciente de la verdad del punto de vista dicotomista y la falsedad de la tricotomía que hemos rechazado. Dice él, por ejemplo: «Según su representación [de la Escritura], el hombre es la síntesis de dos elementos absolutamente distintos…. El cuerpo no es el precipitado del espíritu ni el espíritu el sublimado de la materia». (p.105 ss.). Que la distinción de Delitzsch entre alma y espíritu es una distinción de función y no de entidades sustantivas es evidente de esta declaración: «El alma es el aspecto externo del espíritu, y el espíritu el aspecto interno del alma; y la parte más interna de la naturaleza del hombre es su ego, que es distinto del espíritu, alma, y cuerpo». (p. 179) Debe ser evidente al lector que en esta cita la palabra «distinto» significa distinto funcionalmente y no distinto sustantivamente, una distinción de «aspecto», no de sustancia. Nada hay en la obra de Delitzsch que muestre que la diferencia entre «alma» y «espíritu» sea otra que una diferencia de nombres funcionales para la misma entidad sustantiva, el mismo tipo de diferencia que prevalece entre corazón y mente. El hombre no es una trinidad Una idea bien establecida en la mente de la mayoría de los tricotomitas es que el hombre como cuerpo, alma, y espíritu es un reflejo de la Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, y que esta naturaleza tricótoma del hombre es lo que constituye la imagen de Dios o por lo menos es un aspecto de esa imagen. Se ha mostrado más arriba, que «ciencia, justicia, y santidad, con dominio sobre las criaturas» o, en otras palabras, la naturaleza no material del hombre, en sus funciones intelectuales, morales, y espirituales, y su reinado potencial sobre lo demás de la creación son, según la Biblia, lo que constituye la imagen de Dios en el hombre. Se ha mostrado que el cuerpo del hombre no es en ningún sentido una parte o un aspecto de la imagen de Dios. Cuando se dice que Cristo, la segunda persona de la Trinidad, es la imagen del Padre debe ser argumento suficiente para mostrar que no hay base para la tricotomía en la doctrina de la imagen de Dios en el hombre. En 2 Corintios 4:4 Pablo hace referencia a «la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios». En Colosenses 1:15 se refiere a Cristo como «la imagen del Dios invisible». Si pues la segunda Persona de la Trinidad es en sí misma la imagen de Dios, «el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia» (He 1:3), sígase que la expresión «imagen de Dios» no tiene referencia a su naturaleza trina, sino que se refiere a su naturaleza personal espiritual. Por eso, la imagen de Dios en el hombre no es una trinidad, sino que es la semejanza de la naturaleza personal y espiritual de Dios. Cualquier tentativa por fabricar una analogía entre las personas de la Trinidad y la supuesta naturaleza tricótoma del hombre resultaría en una seria herejía. Según los tricotomistas el espíritu es muy superior al alma, y el alma y el espíritu son muy superiores al cuerpo. ¿Cómo entonces podría haber una analogía al Ser Trino de Dios, cuyas tres personas son «las mismas en sustancia, iguales en poder y en gloria»?1) ¿A qué persona de la Trinidad correspondería el cuerpo, si el Dios Trino en la esencia de Su Ser pre-encarnado es incorpóreo? Cualquier tentativa de encontrar la imagen de Dios, desde el punto de vista tricótomo del hombre tiene pues que llevarnos a absurdas, contradicciones y serias herejías. por J. Oliver Buswell, Jr.
- El desafío de la teología de Herman Bavinck (1854-1921) a cien años de su muerte
Un esbozo de la vida y teología de Herman Bavinck, el gran teólogo holandés. El 29 de julio de 1921 murió uno de los teólogos que de acuerdo con James I. Packer (1926-2020), estuvo a la altura de Agustín de Hipona (354-430), Juan Calvino (1509-1564) y Jonathan Edwards (1703-1758). Su nombre fue Herman Bavinck, un pastor que sin lugar a duda puede ser de tremenda importancia para el desarrollo de la teología reformada en nuestros seminarios e iglesias hispanohablantes. ¿Por qué motivo? Porque Bavinck heredó, estudió, enseñó, desarrolló y aplicó -en su contexto eclesiástico y social- las verdades escriturales de la confesionalidad cristiana reformada. Estas declaraciones evangélicas las podemos resumir en lo que enseñan las primeras preguntas y respuestas del Catecismo de Heidelberg (1563) y del Catecismo Menor de Westminster (1647), es decir, que el cristiano no se pertenece a sí mismo, sino a su fiel Salvador Jesucristo, y que, a la vez, el único fin principal del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. En este artículo, describiremos un esbozo de la vida y teología de Herman Bavinck. Herman Bavinck nació el 13 de diciembre de 1854 en el pueblo de Hoogeveen, Holanda.1 Hijo de Jan Bavinck (1826-1909), un pastor de la Iglesia Cristiana Reformada (Christelijke Gereformeerde Kerk), cuyos comienzos se remontan a la Secesión de 1834. Los orígenes de esta denominación son claves para entender la teología y cosmovisión de Bavinck. A comienzos del siglo XIX, la teología protestante holandesa se vio influenciada por el espíritu de la Ilustración y Revolución, trayendo como consecuencia una oposición a las clásicas doctrinas de la ortodoxia cristiana, como, por ejemplo, la doctrina de la Trinidad y la doble naturaleza (humana y divina) de Cristo. No sólo la ortodoxia cristiana fue atacada, sino también la ortodoxia reformada fue desplazada, reflejándose en el olvido de la doctrina y piedad enseñada en los Cánones de Dort (1618-19) y Catecismo de Heidelberg. Lamentablemente, la predicación cristiana reformada fue reemplazada por predicaciones moralistas, reflejándose en dichos como “Niet de leer, mar het leven… niet de leer mar de Heer”. Es decir, “No a la doctrina, pero sí a la vida... no a la doctrina, pero sí al Señor”. Frente a este panorama, y ante la intervención del Estado en asuntos eclesiásticos, se levantan algunos hombres que se contraponen a los principios revolucionarios. Esta oposición se fundamentó en el inquebrantable compromiso con la Palabra de Dios y con los estándares confesionales reformados. Fue en este contexto donde el padre de Herman experimenta su conversión, educando posteriormente a su hijo Herman en un ambiente familiar nutrido por la herencia calvinista experiencial de los viejos teólogos reformados holandeses. La educación de Bavinck es un aspecto que no debe ser descuidado a la hora de estudiar su pensamiento. Si bien luego de terminar su educación secundaria Bavinck se inscribe como estudiante en la Escuela Teológica de Kampen, su tiempo ahí no fue muy extenso. Después de un año como estudiante en el seminario de la denominación reformada ortodoxa, donde además su padre era ministro en Kampen, Herman toma la decisión de estudiar teología en el centro del modernismo o liberalismo teológico: la universidad de Leiden. Este hecho no debe ser visto como un abandono de su fe cristiana y reformada, sino por la búsqueda de una educación teológica más rigurosa, académicamente hablando. Dicho sea de paso, fue justamente en Leiden, bajo la predicación de un pastor reformado de su denominación, donde Bavinck participa por primera vez de la Santa Cena en Octubre de 1875. En un futuro, él escribirá un libro devocional con respecto a piedad que se desarrolla antes, en y después de participar en la Mesa del Señor. De esta manera, Bavinck fue consolidando una formación teológica que tomaba en serio la academia, la confesionalidad y la piedad. Sala de lectura, Biblioteca Universitaria de la Universidad de Leiden hacia 1880. Mientras sus profesores negaban puntos esenciales de la fe cristiana, la fe viva y confesional de Bavinck se fortalecía al entrar en contacto con un pastor que había experimentado una cierta conversión de un cristianismo reformado liberal a un cristianismo reformado ortodoxo y experiencial. Aquel hombre era el mismo que había conocido previamente en su periodo en Kampen, y que además, se estaba levantando como uno de los líderes de un movimiento posteriormente denominado como neo-calvinismo: Abraham Kuyper (1837-1920). De hecho, Herman Bavinck se convertiría en uno de los exponentes de este movimiento. Cuando Bavinck tenía 19 años, escuchó las siguientes palabras de Kuyper en Kampen: «El calvinismo no es un poder rígido e inalterable que había alcanzado sus conclusiones finales, [y] su forma definitiva, ya en los tiempos de Calvino. Por el contrario, es un principio que solamente revela gradualmente su poder, que tiene una visión única para cada época, [y] que asume una forma adecuada para cada país.» De esta manera, un joven Bavinck comenzaba a formar una cosmovisión reformada ortodoxa que respondía a los desafíos de la modernidad europea. Cosmovisión, que, dicho sea de paso, comenzaba en una comunión íntima con Dios, y que se extendía a cada centímetro cuadrado del orden creado. Esa cosmovisión fue consolidada a través del neo-calvinismo holandés. Abraham Kuyper Es importante detenernos en este punto. ¿Qué es el neo-calvinismo? Es un movimiento que comienza a finales del siglo XIX y comienzos del XX en Holanda. Frente al liberalismo teológico que atacaba a los seminarios reformados -reflejándose en predicaciones moralistas en los púlpitos- Kuyper y Bavinck se levantan para proclamar y desarrollar las viejas verdades reformadas en un nuevo contexto. En otras palabras, Bavinck y Kuyper recuperaron y aplicaron la visión y confesionalidad del viejo calvinismo dentro de los desafíos que planteaba el nuevo contexto social de la modernidad tardía. Ante las corrientes teológicas revolucionarias que se infiltraban en las iglesias y universidades holandesas, Kuyper se levanta para decir que todo el orden creacional debía reflejar el fin por el cual fueron creados: la gloria de Dios. Una frase que resume la cosmovisión reformada del neo-calvinismo nace justamente en la Universidad fundada por el propio Abraham Kuyper. En octubre de 1880, en plena inauguración de la Universidad Libre de Ámsterdam, Kuyper declaró que «no hay una pulgada cuadrada en todo el campo de la existencia humana sobre la que Cristo, que es Señor sobre todo, no clame “¡mío!”» Fue en esta universidad donde a partir de 1902 Herman Bavinck comienza a enseñar dogmática. Luego de terminar sus estudios doctorales en 1880 en Leiden -presentando una tesis sobre la Ética de Zuinglio- Bavinck acepta el llamado pastoral de una congregación en Franeker en 1881. Un año después es elegido como profesor de teología en la Escuela Teológica de Kampen. Dentro de las distintas asignaturas que enseñó, Bavinck enseña «Dogmática Reformada», material que durante su periodo en Kampen será publicado en cuatro tomos, desde el 1895 a 1901, y en una segunda edición revisada durante su periodo como profesor en la Universidad Libre de Ámsterdam. Universidad Libre de Amsterdam alrededor de 1900. Uno de los aspectos más importantes que se refleja en su dogmática, y en general en todo el pensamiento de Bavinck, es una teología profundamente trinitaria. En su magnus opus, el profesor reformado describe que «la mente del cristiano no está satisfecha hasta que toda forma de existencia haya sido referida al Dios Trino y hasta que la confesión de la Trinidad haya recibido el lugar de preeminencia en nuestro pensamiento y vida». Esta teología trinitaria lo llevó a desarrollar una cosmovisión trinitaria y práctica. De esta manera, la dogmática reformada estaba unida a una ética reformada. De acuerdo con Bavinck, «La dogmática describe las obras de Dios para, en y dentro del hombre. La ética describe las obras que el hombre renovado ahora realiza basado en y en el poder de las obras de Dios... Dogmática es el sistema del conocimiento de Dios, ética es aquel del servicio de Dios.» En otras palabras, la teología sistemática y la ética son disciplinas que se encuentran orgánicamente unidas. De esta manera, el estudio de la teología de Herman Bavinck nos presenta un panorama donde no es posible tener una doctrina reformada sin vidas reformadas por la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. Esta concepción de la doctrina como algo teorético-práctico llevó a Bavinck a aplicar la teología reformada en las distintas esferas de la vida. Debido a que el modernismo teológico no lograba satisfacer las necesidades más profundas del hombre, fue entonces necesario desarrollar una misma teología que lograse impactar desde las ciencias, el arte, la política, y la familia hasta el lecho de muerte. Esta teología era una ciencia que llevaba a cada hombre y mujer a vivir en la presencia de Dios. En otras palabras, era un calvinismo experiencial para toda la vida. De hecho, así describe Bavinck la vida del reformador de Ginebra: «Para Calvino, Dios no era meramente un Dios que estaba lejos; él también estaba cerca. Él sintió la presencia de Dios. Él caminó en la luz de su rostro. Él dirigió toda su alma y cuerpo a Dios como una ofrenda y fue consumido por su obediencia. Para él, la doctrina y la vida eran una. Él quería que la vida cristiana fuese así. La palabra tenía que actuar en él, la doctrina tenía que vivir, la fe tenía que convertirse en acción». Al desarrollar una teología delante del rostro de Dios, Bavinck logró relacionarla y aplicarla en distintas áreas de la sociedad. De esta manera, se convirtió en un reformador educacional (apoyando la educación y el sufragio femenino), un parlamentario, un pionero en psicología, y en un hombre de ciencias. Todo esto lo pudo lograr porque su vida estaba escondida en su Creador y Redentor mientras era profesor de teología (tanto en Kampen, como luego en la Universidad Libre de Ámsterdam) y miembro activo de su iglesia. De hecho, Bavinck luchó por la unión de dos denominaciones reformadas en Holanda. La catolicidad reformada era un aspecto importantísimo en su mente y corazón. En sus palabras: «las Iglesias Reformadas nunca deben descansar hasta que los hermanos que pertenecen a la misma casa se reúnan en amor y paz bajo un mismo techo.» En 1920, y luego de participar en el Sínodo de Leeuwarden, Herman sufre un ataque al corazón, debilitando su salud. Al siguiente año, Bavinck parte a la presencia del Señor el día 29 de julio de 1921, es decir, hace exactamente cien años atrás. Conclusión Dios está despertando a la Iglesia Hispana a volver a la única regla de fe y conducta: la Biblia. Esto nos debería llevar tanto a profundizar como también a desarrollar la fe y doctrina confesada por la iglesia cristiana a lo largo de los siglos. Esta fe tiene su origen y propósito final en la gloria del Dios Trino. Sin la doctrina de la trinidad no hay teología, ni vida ni mucho menos una cosmovisión cristiana. En otras palabras, necesitamos una teología reformada que predique que el mismo Dios que es soberano en la salvación, es también Señor en todas las áreas de la vida. Tal como dijo Bavinck en su libro Cosmovisión Cristiana, «el mismo Dios necesitado por el creyente piadoso y el filósofo, es aquel que se hace a sí mismo conocido a ambos en sus obras. Es la misma Palabra que hizo todas las cosas, y que, en el cumplimiento del tiempo, se hizo carne. El mismo Espíritu que renueva la faz de la tierra, cambia el corazón del pecador. Y, por lo tanto: verus philosophus amator Dei (El verdadero filósofo es un amante de Dios), y Christianus verus philosophus (Un cristiano es un verdadero filósofo).» Este amor por Dios nos debe llevar las buenas nuevas a todas las esferas de la vida. En su discurso titulado El Reino de Dios, el Bien Supremo, Bavinck indicó que «la iglesia es lo que debería ser cuando ella trabaja más allá de sí misma, y no está satisfecha cuando la gente es piadosa solamente los domingos en la iglesia». A cien años de su muerte, Bavinck nos desafía a no estar satisfechos con buenas publicaciones en redes sociales, sino más bien a trabajar comprometidamente en nuestras iglesias locales, a prepararnos teológicamente lo mejor posible (humildemente y seriamente, tanto en las iglesias locales como también en seminarios o universidades) y velar activamente por la unidad, santidad y catolicidad de las iglesias hispanas que proclaman fielmente que el fin principal del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre. 1 Para este artículo utilicé la siguiente bibliografía: James Eglinton, Bavinck: A Critical Biography (Grand Rapids: Baker Academic, 2020) y Trinity and Organism. Towards a New Reading of Herman Bavinck’s Organic Motif (London; Bloomsbury T&T Clark, 2012) Herman Bavinck, Reformed Dogmatics (Grand Rapids: Baker Academic, 2003-2008); Christian Worldview (Wheaton: Crossway, 2019); “Het Calvinisme in Nederland en zijne toekomst” en Tijdschrift voor Gereformeerde Theologie 3 (1896): 129–63 y “The Kingdom of God, The Highest Good.” Translated by Nelson D. Kloosterman en The Bavinck Review 2 (2011): 133–70. Israel Guerrero Israel Guerrero, MTh de la Universidad de Glasgow y del Seminario Teológico de Edimburgo. Actualmente cursa sus estudios de PhD en Teología Sistemática de la Universidad de Edimburgo para luego servir a la Iglesia Hispanohablante a través de la educación teológica. Está casado con Camila. Juntos tienen dos hijas llamadas Emma y Eilidh y sirven en la Free Churc h of Scotland.