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  • LA NATURALEZA HUMANA EN SUS CUATRO ESTADOS

    EL ESTADO DE INOCENCIA Es importante entender que el mundo como fue creado al principio era un lugar muy distinto al mundo en que vivimos hoy en día. El mundo en que vivimos es un lío enredado. Cada día, las noticias documentan desastres naturales y la conducta violenta de los seres humanos. Los primeros dos capítulos del Génesis describen la creación original intacta, lo que tiene implicaciones para nuestro entendimiento de la vida actual. Génesis 1 comienza con Dios, quien ha existido por toda la eternidad: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (v. 1). El primer capítulo de la Biblia narra el poder de Dios para tomar la tierra, que era un lugar inhabitable («sin orden y vacía»), y volverla habitable en seis días para los seres humanos (v. 2). Dios es poderoso, majestuoso y trascendente. Él habla, y las cosas comienzan a existir, y Él ordena el mundo que ha creado. En Génesis 1, Dios es Elohim, un nombre en la forma hebrea intensiva plural que enfatiza Su majestuosa Deidad. A diferencia de los relatos de la creación en el antiguo Cercano Oriente, en la narrativa de Génesis no hay un poder opositor que Dios tenga que vencer al crear el mundo ni tampoco está la muerte que pueda estropear la creación de Dios. Por el contrario, se hace varias veces la siguiente afirmación: «Y vio Dios que era bueno» (vv. 10, 18, 21, 25), además de la declaración final: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (v. 31). La creación de Dios es un lugar hermoso y magnífico para el disfrute de todas Sus criaturas, pero en especial de los seres humanos. Es importante discutir el lugar y la labor del ser humano en el contexto de un mundo que no ha sido afectado por el pecado. La creación de la humanidad por parte de Dios es distinguida de Su creación de los animales con las palabras «Hagamos al hombre» (v. 26). Ya sea que estas palabras expresen una autodeliberación o una autoexhortación por parte de Dios, ellas enfatizan que Dios se involucró personalmente en la creación de la humanidad, de una forma diferente a como interactuó con los animales. Los seres humanos son hechos a la imagen de Dios y exhiben la «semejanza» de Dios. A pesar de que existen muchas maneras en que podríamos describir la imagen y semejanza de Dios, los aspectos principales que separan a los seres humanos de los animales son la autoconciencia, la habilidad de comunicarse, la habilidad de razonar y la habilidad de tomar decisiones morales. La imagen de Dios nos da una dignidad que no poseen los animales porque somos un reflejo de Dios. Estamos hechos de una forma única en la creación de Dios. Somos capaces de tener una relación personal con Dios al comunicarnos y tener comunión con Él. Hemos sido creados para adorarlo y para encontrar nuestro mayor propósito en vivir nuestras vidas para Su gloria. Cuando fueron creados por primera vez, Adán y Eva se encontraban en un estado de inocencia que todavía no estaba manchado por el pecado, y poseían tanto la habilidad de pecar (posse peccare) como la habilidad de no pecar (posse non peccare). Esta era una condición natural llamada justicia original. Había armonía en las facultades humanas, de modo que la mente, la voluntad y los afectos eran rectos y sumisos a Dios. Esta condición habría sido legada a los descendientes de Adán si él no hubiera pecado. Por otro lado, el catolicismo romano argumenta que la justicia original era un don sobrenatural añadido a la condición natural de la humanidad, pero esa perspectiva contradice la enseñanza de la Escritura. Dicha perspectiva asume que había algo faltante en la condición original de la humanidad, pero toda la creación que Dios había hecho, incluyendo la humanidad, fue declarada buena (v. 31). Cuando Dios le dio a Adán el mandamiento de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (2:17), Adán tenía la habilidad de obedecerlo. En otras palabras, Adán tenía la habilidad de «no pecar». A pesar de que no tenemos la misma capacidad creativa que Dios tiene ―ya que Él creó el mundo ex nihilo (de la nada)―, somos creativos y tenemos la habilidad de entender la creación de Dios y utilizarla para nuestro bien. Cuando Dios creó a la humanidad a Su imagen, también les dio dominio sobre Su creación, mencionando específicamente a los peces, las aves y el ganado (1:26). El dominio humano se ha convertido en un punto de discordia debido a que muchos han negado el lugar especial de los seres humanos en la creación al atribuirles a los animales el mismo nivel de importancia. Sin embargo, el dominio debe entenderse en el contexto de Génesis 1 – 2, donde el papel de los seres humanos refleja la manera en que se presenta Dios. En Génesis 1, Dios es el Creador poderoso y majestuoso que le da forma a Su creación para que sea habitable para la humanidad. El dominio humano sobre la creación es un reflejo de la actividad de Dios. A pesar de que no tenemos la misma capacidad creativa que Dios tiene ―ya que Él creó el mundo ex nihilo (de la nada)―, somos creativos y tenemos la habilidad de entender la creación de Dios y utilizarla para nuestro bien. La palabra hebrea traducida como «dominio» en Génesis 1:26-28 significa «gobernar» y ocurre en contextos donde un grupo gobierna a otro grupo, por ejemplo, el del gobierno de Israel sobre sus enemigos (Is 14:2) y el de las naciones gentiles sobre los pueblos sometidos a ellas (v. 6). La palabra «sojuzgar» aparece en Génesis 1:28, donde la humanidad recibe la orden de ser fructífera, multiplicarse y llenar la tierra, orden que es seguida de los mandamientos de sojuzgarla y ejercer dominio sobre ella. Esta palabra es un término fuerte que se refiere a poner algo bajo control. Aparte de Génesis 1:28, aparece en el contexto de un mundo caído donde existe oposición expresa y, de ahí, la necesidad de que haya algún tipo de coerción (Nm 3:22, 29; Jos 18:1; Miq 7:10). Antes de la caída, Adán debía ejercer este papel llevando el mundo ordenado y domesticado del jardín hacia el mundo virgen y bueno pero salvaje fuera del jardín. Génesis 1 presenta una de las caras del papel de los seres humanos en la creación de Dios, que es descrita en los términos del dominio y el gobierno. Génesis 2 presenta la otra cara, donde el énfasis está en el cuidado de la creación. Este papel también sigue el modelo de la actividad de Dios, donde el Dios creador poderoso y trascendente de Génesis 1 ingresa a Su creación para crear personalmente a Adán y a Eva, y para prepararles un lugar especial para vivir. El nombre de Dios no solo es Elohim, como en Génesis 1, sino «SEÑOR Dios» (Yahweh Elohim). El nombre Yahweh se vuelve significativo como el nombre pactual de Dios en el éxodo de Egipto, donde Dios escucha el clamor de Su pueblo y lucha para librarlos. El papel de Adán en el jardín sigue el modelo de la actividad de Dios, pues es colocado «en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara» (2:15). De esta manera, el papel adecuado de los seres humanos en el mundo de Dios sigue el modelo de la actividad de Dios e incluye tanto el dominio como el cuidado de la creación. Génesis 1 presenta el panorama general de la creación de los cielos y la tierra por parte de Dios. Génesis 2 se enfoca en la actividad de Dios en el huerto al describir cómo creó a Adán y a Eva y les proveyó un lugar especial para vivir y trabajar. Estos capítulos son importantes porque establecen el diseño de Dios para la humanidad en varias áreas que son fundamentales para la vida humana. Dios interactúa con los seres humanos a través de un pacto, así que no es sorpresa que encontremos evidencia de una relación pactual en Génesis 2. A pesar de que la palabra pacto no aparece en Génesis 2, tampoco aparece en 2 Samuel 7, pero otros pasajes bíblicos señalan que en ese capítulo se establece un pacto (2 Sam 23:5; Sal 89:3, 28; 132:11-12). Hay una relación similar entre Génesis 3 y Oseas 6:7. La clave no es si el término pacto aparece, sino si los elementos de un pacto están presentes. Este pacto hecho con Adán es comúnmente llamado el pacto de obras, ya que ofrece vida con la condición de una obediencia personal y perfecta, la condición de que Adán haga perfectamente las obras que Dios le encomendó (Confesión de Fe de Westminster 7.2). Las partes del pacto eran Dios y Adán. La condición de su relación pactual era el mandato que Dios le dio a Adán de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn 2:16-17). La bondad abundante de Dios fue demostrada al permitirle a Adán comer de todos los árboles del jardín prohibirle comer de solo un árbol. Dios probó a Adán para ver si desdeñaría Su provisión benéfica de alimento para comer del árbol prohibido. Este mandato ligado a un castigo se enfoca en la necesidad de que Adán obedeciera a Dios en todo. Le enfrenta a una clara elección entre la obediencia y la desobediencia a Dios. Los pactos también tienen bendiciones y maldiciones. En Génesis 1:28, Dios bendice a la humanidad y les ordena que se multipliquen y llenen la tierra. Las bendiciones de Dios se experimentan en el cumplimiento de los mandatos de Dios. Las bendiciones de Dios también se ven en cómo Él provee todo lo que Adán necesita en el jardín para tener una vida plena y productiva (Gn 2). La maldición está conectada con la prohibición de que Adán comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal: «porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (v. 17). El castigo por quebrantar el mandato de Dios es la muerte. Si Adán desobedece, ocurrirán cambios trascendentales en su relación con Dios, su relación con su esposa Eva, su relación con la creación y su autopercepción. La muerte incluiría la pérdida de la vida física, pero también tendría consecuencias espirituales inmediatas. Los pactos operan sobre la base de un principio representativo, de modo que las acciones del representante pactual afectan a los demás que son parte de la relación del pacto, incluyendo a los descendientes del representante (Gn 17:7; Dt 5:2-3; 2 Sam 7:12-16). La pena establece claramente que si Adán come del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, morirá. La entrada del pecado y la muerte al mundo no solo lo afectaría a él (Gn 3:9-12) y a sus descendientes (ver las consecuencias del pecado en Gn 4), sino también al resto de la creación (Gn 3:17-19). Adán era la cabeza pactual de la raza humana, y su pecado afectó negativamente a todos sus descendientes naturales. Teológicamente hablando, a cada descendiente natural de Adán le fue imputado o acreditado el pecado debido a su transgresión (Rom 5:12-13). Esto implica que si Adán hubiera obedecido el mandato de Dios y hubiera pasado la prueba, habría disfrutado de la vida con una bendición aún mayor. Adán fue creado en un estado de santidad positiva y no estaba sujeto a la ley de la muerte, pero tenía la posibilidad de pecar. Todavía no disfrutaba de la vida plena en el grado máximo de la perfección, de la vida que no se puede perder. Habría alcanzado la condición de non posse peccare (no poder pecar). Esta vida era simbolizada por el árbol de la vida (Gn 3:22), una prenda del pacto de vida (Catecismo Mayor de Westminster, pregunta 20), la recompensa prometida por la obediencia. Aunque Adán no cumplió con los términos del pacto de obras al comer del fruto prohibido, las ordenanzas fundamentales de la creación establecidas por Dios para la humanidad en ese pacto continúan. Dios estableció el matrimonio para que se pueda cumplir el mandato de fructificar, multiplicarse y llenar la tierra (Gn 1:28). La creación de la humanidad como varón y hembra por parte de Dios está diseñada para establecer la relación de una sola carne del matrimonio, tanto para el compañerismo como para la procreación de hijos (2:24). Dios le dio a Adán la tarea de labrar y cuidar el jardín (v. 15), que incluía plantar y cultivar las plantas (v. 5), ejerciendo un papel de dominio real al nombrar a los animales del jardín (vv. 19-20), y cuidar su espacio sagrado (un rol sacerdotal que tiene su foco de atención en el capítulo 3). Adán debía cumplir su papel como mayordomo de la creación de Dios, como portador de la imagen de Dios sumiso a la voluntad de Dios (un rol profético) y como alguien que debía honrar a Dios en todo lo que hacía. Dios formó personalmente a Adán del polvo de la tierra, le infundió vida (2:7) y sacó una costilla de su costado para proporcionarle una ayuda idónea (vv. 21-22). Dios es el Creador de Adán, pero es más que su Creador, ya que el jardín era un lugar especial donde la primera pareja podía tener comunión con Dios (las asociaciones entre el jardín y el templo como los querubines, el árbol de la vida y el agua que fluía del lugar de la presencia de Dios respaldan esto). Dios debe haber acudido al jardín muchas veces para tener comunión con Sus criaturas antes de dirigirse a él para juzgarlas, ya que, en lugar de ir al encuentro de Dios, Adán y Eva se escondieron de Él (3:8). Nuestros primeros padres, al igual que todos los seres humanos, fueron creados para adorar (Rom 1:21-23). La tarea de Adán en el huerto era más que solo una manera de sostener físicamente a su familia; era una vocación porque tenía el propósito de glorificar a Dios. Al final del relato de la creación, Dios terminó Su obra de creación y reposó el séptimo día (Gn 2:1-3). De esta manera, ese día se volvió especial ya que Dios lo bendijo y lo apartó como santo. Más tarde, Moisés se refiere a este mismo patrón en el contexto del cuarto mandamiento como una razón para acordarse del día de reposo y santificarlo (Ex 20:11). Aunque no hay ninguna mención específica de la observancia del día de reposo en el huerto, tampoco hay menciones específicas de la adoración ni de ninguno de los otros mandamientos del Decálogo. Sin embargo, muchos de ellos están implicados en la estructura vital establecida en el jardín. Dios le dio a Adán un trabajo que debía realizar para cubrir sus necesidades diarias. El trabajo implica que las personas deben contentarse con lo que tienen (ver el décimo mandamiento) y no robar para conseguir lo que quieren (ver el octavo mandamiento). La relación exclusiva de una sola carne del matrimonio respalda la prohibición del adulterio del séptimo mandamiento. Las consecuencias negativas de las mentiras y el engaño de Satanás muestran la importancia de decir la verdad (ver el noveno mandamiento). El hecho de que Dios sea el único Dios verdadero y busque establecer una relación con Adán y Eva implica la importancia de los mandamientos sobre la adoración y el honor del nombre de Dios (ver el primero, el segundo y el tercer mandamiento). La bendición del séptimo día y el hecho de que haya sido apartado como santo es importante porque tiene implicaciones para la humanidad como un patrón de nuestros seis días de trabajo por uno de reposo (el cuarto mandamiento). Experimentamos este patrón todas las semanas cuando cesamos de trabajar y adoramos en el día de la resurrección de Cristo. La salvación que Cristo aseguró para nosotros trae el descanso final (Mt 11:28-29) porque Él cumplió toda justicia al guardar la ley en nuestro lugar (cumpliendo el pacto de obras). Sin embargo, no entraremos a la plenitud de ese reposo hasta que Él vuelva otra vez. Hasta entonces, qué privilegio tenemos de experimentar un anticipo de ese reposo en la presencia de Dios con el pueblo de Dios en la adoración semanal mientras nos preparamos para esa adoración gloriosa al final de los tiempos, cuando experimentaremos la plenitud del reposo de nuestra salvación al regreso de Cristo. Entonces alcanzaremos la gloria escatológica y el reposo de no poder pecar (non posse peccare), llegando a la meta que Dios había planeado originalmente para la humanidad.

  • TU, DIOS Y EL ABORTO

    A cincuenta años del caso Roe contra Wade (1973) que permitió a la Corte Suprema de Justicia la legalización del aborto en los Estados Unidos, este continúa siendo un tema polémico que divide a la sociedad y a la política. Los jueces nominados para la Corte Suprema de este país son evaluados de acuerdo a su perspectiva a favor o en contra del aborto. Éste se ha convertido en un conflictivo tema de opinión pública que enciende los ánimos y divide a la sociedad en grupos antagónicos, exaltando las emociones de todos. El continuo debate sobre el aborto deja al descubierto la existencia de profundos temores y divisiones, y es dolorosamente trágico ver cómo la vida de un niño en el vientre de su madre, algo que debería unir a la gente, divide y destruye la fibra moral de los pueblos. En 1973, en este histórico caso, Jane Roe, una mujer soltera y embarazada residente en Texas, Estados Unidos, desafió la constitucionalidad de un estatuto de ese estado que prohibía el aborto. Según Roe, ella deseaba un aborto “hecho por un médico competente y licenciado, bajo condiciones clínicas seguras”. Alegaba que el estatuto de Texas era inconstitucionalmente vago, y que violentaba su derecho a la intimidad protegido por las enmiendas primera, cuarta, quinta, novena y decimocuarta. La Corte Suprema dictaminó que el derecho a la privacidad de la mujer se extendía a su decisión de continuar o no con el embarazo, y por este fallo legalizó oficialmente el aborto. El resultado ha sido más de 60 millones de abortos en los Estados Unidos durante los últimos 50 años. Más de un millón de bebés son abortados en los Estados Unidos cada año, cifra muy superior a la población de cualquier ciudad estadounidense (con excepción de las nueve más grandes) y muy similar a la cantidad de militares fallecidos a raíz de todas las guerras en los 237 años de historia de la nación. A nivel mundial, la cantidad anual de abortos supera con mucho las estadísticas estadounidenses, alcanzando la horrorosa cifra de 44 millones. Solo China reconoce tener más de 13 millones de abortos al año. Y desde 1980, alrededor del mundo se han llevado a cabo entre 1.2 y 1.3 mil millones de abortos, cifra equivalente a casi una sexta parte de la población mundial actual. Esta cifra sobrepasa ampliamente la cantidad total de muertes en todas las guerras de los últimos siglos. Mentalmente, nos cuesta procesar estas cifras. Pero, ¿cuál debe ser nuestra perspectiva respecto al aborto? ¿Con qué bando simpatizamos? ¿Apoyamos el derecho de la mujer sobre su cuerpo? ¿Apoyamos el aborto solo en caso de violación, incesto, o cuando la vida de la mujer está en peligro? ¿O, como muchos lo hacen, nos oponemos a él sin importar las circunstancias? ¿Quién tiene derecho a emitir juicio en este asunto? Mucho más que política El aborto no es solo un asunto emocional, sino también un tema que puede adquirir estatus legal si el estado así lo determina. También es un asunto moral, pero por sobre todas las cosas, espiritual. Lamentablemente, la mayoría no se da cuenta de esto. Dios es el Creador de la vida, y lo que él dice es la última palabra. Su Palabra, emitida desde su trono en el cielo, es la máxima “corte suprema”: ningún hombre ni corte de justicia podrá jamás invalidarla. El debate sobre el aborto, que es quitar la vida a un ser no nacido en el vientre de su madre, debe entenderse a la luz de lo que el Creador de la vida dice en cuanto a su creación. La Palabra de Dios, la Biblia, es nuestro fundamento, nuestro punto de partida para entender este tema. Quitarle la vida a alguien no es un tema meramente político. Si usted lo piensa así, está equivocado. Es un tema ético y moral, porque la vida le pertenece a Dios. Él la creó y la sostiene en este planeta, por lo tanto, solamente su Palabra es la fuente para comprender verdaderamente este asunto. Recordemos lo que dice la Escritura, la cual comienza con el relato de la creación, para entender lo que dice respecto a la vida. “Entonces Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). Aquí se nos dice que Dios creó la vida humana y dio aliento de vida a Adán, el primer hombre. Dios, como Creador de la vida, tiene derecho a regirla. Un poco más adelante, en Éxodo, encontramos los Diez Mandamientos. El sexto dice “No matarás” (Éxodo 20:13, énfasis agregado en todo este artículo). Este mandamiento habla enérgicamente sobre la santidad de la vida creada. Solo Dios, quien da la vida, tiene la autoridad de quitarla u ordenar a otros que lo hagan. ¿Qué pasa con los nonatos? ¿Se aplica este versículo a los fetos? Si uno considera al niño nonato como un ser humano con vida, la respuesta es sí. Dios fue particularmente cuidadoso al redactar estos documentos fundamentales para la humanidad. Estos mandatos fueron escritos en un mundo diferente al nuestro y revelan la perspectiva que Dios tiene del ser humano. Las Escrituras dicen que los seres humanos son creados a su imagen, y que la vida comenzó cuando él infundió su aliento de vida al primer hombre, Adán. La vida humana es de Dios, y por lo tanto, es sagrada. Dios se esmeró por demostrar que la vida humana debe ser protegida, incluso en el vientre. Observe este ejemplo, nuevamente en Éxodo: “Si dos hombres mientras pelean golpean a una mujer embarazada y hacen que pierda su bebé [en hebreo dice y sus hijos salen], pero la mujer no queda gravemente herida, el responsable pagará una multa. El esposo de la mujer, con la ayuda de los jueces, decidirá de cuánto es la multa” (Éxodo 21:22, versión Palabra de Dios para Todos). En este versículo se menciona a una mujer embarazada cuyo “hijo o hijos” salen, en otras palabras, en su vientre tenía un ser humano, ¡no una masa o glóbulo de células! El versículo 23 dice: “Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida”. En otras palabras, si al golpear a una mujer embarazada tal acción provoca la muerte del no nacido, al que se considera como un ser viviente, esto cae en la categoría de asesinato. Según la Biblia, ¡el feto que está en el vientre de su madre no es ni más ni menos que una vida humana, y dice que es un crimen dar muerte a este ser en gestación! En el libro de Jeremías, uno de los profetas mayores de la Biblia, encontramos otra referencia bíblica acerca de la vida en el vientre. Dios dice: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). En la Biblia encontramos numerosas referencias a la vida intrauterina, que nos ayudan a entender que Dios considera al no nacido como un ser viviente. Veamos también el caso de Juan el Bautista, quien saltó de gozo en el vientre de Elizabet, su madre, cuando María se acercó llevando a Jesús en su propio vientre (Lucas 1:39-45). El argumento de que un niño nonato no es un ser humano, o de que en realidad no puede considerársele vivo, es una de las excusas más insidiosas esgrimidas por quienes están a favor del aborto. Para ser francos, este argumento pretende eliminar cualquier culpa frente a la decisión de acabar con una inocente vida humana. Dios, el Creador de todos los seres vivos, supervisa todos los aspectos de la vida concernientes a su creación. Él toma en cuenta la existencia de un niño desde que éste se encuentra en el vientre materno, incluso en este nivel de su desarrollo. Si Dios conoce al niño en el vientre de su madre, quiere decir que él es un ser vivo que debe ser protegido y cuidado. El gran propósito para la vida humana ¿Cuán importante es una vida humana? ¿Qué tan crucial es toda vida humana para el Creador? La respuesta es que la vida humana es la médula misma del plan de Dios y su propósito para el universo. Observe este pasaje que el rey David escribió en Salmos: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies” (Salmos 8:3-6). En Hebreos 2 este pasaje es citado y desarrollado con una revelación y explicación más detalladas del destino del hombre: “Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:8-9). El siguiente versículo explica que parte de la misión y propósito de Jesucristo era“llevar muchos hijos a la gloria”. Pero, ¿qué significa esto? El propósito de Dios para los seres humanos es expandir su familia divina con “hijos e hijas” (2 Corintios 6:18), mediante un proceso que culmina con un cambio que va desde la carne física a un espíritu glorificado por medio de la resurrección. Esta es la razón divina para la vida, y el acto humano de la reproducción es un modelo de aquel gran proceso que permitirá el nacimiento de hijos dentro de la familia espiritual e inmortal de Dios. Cuando los seres humanos deciden intervenir e interrumpir el proceso de la vida humana, equivocadamente deciden acabar con la vida de alguien creado para convertirse en parte de la familia de Dios. Una cultura de endiosamiento personal y muerte El aborto es quitarle la vida de forma deliberada a un inocente, un asesinato. Los argumentos que intentan rebuscadamente esclarecer cuándo comienza la vida y determinar si un bebé en el vientre de una mujer es una “vida viable”, son manifestaciones del exagerado orgullo humano. Los argumentos sobre los “derechos” y “libertades” que tiene una mujer sobre su cuerpo y si algún gobierno puede definir la vida, son una torre de Babel, un insulto a Dios y a su divina Palabra. Es una forma moderna de idolatría personal en la cual el yo, y los supuestos derechos del yo, son idolatrados y estimados más que Dios. Con el aborto hemos creado una cultura de endiosamiento personal. Creemos que somos como Dios (Génesis 3:5), que podemos determinar qué es bueno y qué es malo, lo correcto y lo incorrecto, que la vida humana no es más que un tejido insignificante del que podemos deshacernos a voluntad y en cualquier momento de los nueve meses de gestación, y que un hombre y una mujer pueden decidir si un ser creado a la imagen de Dios, con el potencial de convertirse en su hijo o hija, debe vivir o no. Si por casualidad conoces a alguna persona que esté pensando en abortar, hazle saber de esto y anímala a buscar ayuda apropiada. La vida de los no nacidos debe ser considerada como algo sagrado y digno de ser protegido, no como algo que puede eliminarse despiadadamente mediante este horroroso acto. Esta transformación debe comenzar con nosotros. Somos nosotros quienes debemos optar por cambiar, quienes debemos decidir darle la espalda a la muerte y la maldad características de esta cultura, y volverse al Dios de la vida. El Creador de todos los seres vivientes nos ofrece la posibilidad de amarlo y obedecer sus enseñanzas. Al tomar esta decisión de manera consciente, indudablemente vamos a mejorar nuestra calidad de vida. Si nos aferramos a Dios, a sus enseñanzas y leyes, habrá iniciado el viaje que nos sacará del abismo creado por este mundo sin ley. Debemos alejarnos de esta cultura egocéntrica que se atreve a redefinir la vida según sus propios términos. Debemos examinar nuestros valores y buscar siempre a Dios para pedir ayuda. Es claro lo que la Biblia nos dice acerca de nuestro destino, hay un plan maravilloso de Dios para tu vida, comienza a vivir hoy de acuerdo a los propósitos del Creador, permitiendo que ellos guíen su vida. Dime: ¿Has optado por terminar un embarazo alguna vez en tu vida? Dios nos ofrece perdón y esperanza. Su gracia está disponible cuando hay arrepentimiento y cambio en el corazón. Tú puedes superar ese episodio y construir una vida basada en el conocimiento de Dios. Dios, el Creador de la vida, nos ha ofrecido la increíble promesa de vida divina dentro de su familia. La vida que él sustenta actualmente en este planeta es la semilla de su familia espiritual y eterna. Toda vida humana es preciosa para Dios, incluso la vida de los no nacidos, ¡y no debemos transar en este sentido! Dios estableció las enseñanzas que protegen la vida. Él nos dice que debemos escoger la vida. Cuando lo hacemos, honramos al Creador mismo de la vida.

  • QUE ENTENDEMOS POR LIBERTAD III

    CARÁCTER Y CONVICCIONES Al hablar de la Libertad, Cristo se refiere a la posibilidad cierta de vivir bajo un estado de seguridad interna, en donde cada una de las cuestiones que debamos enfrentar, y cada decisión que debamos tomar, lo haríamos bajo esa seguridad. Esta vendría a ser el fruto de una relación de fe y comunión con El, la cual se vería acrecentada en la medida que también acrecentamos nuestra relación de dependencia con El. Podríamos decir que, "La libertad en Cristo es vivir libre de ataduras" Pero de acuerdo a esto nos surge la pregunta, a la luz de lo afirmado por Sartre: ¿Podemos vivir en libertad sin una autoridad en nuestra vida? La voluntad del hombre es inviolable, solo él tiene derecho a decidir qué hacer con su vida, pero también es débil y fácil de manipular. Por eso las figuras de autoridad que aparecen a través de nuestra vida cobran tanta importancia. Porque de una u otra manera van a influir en nuestras decisiones y de ello depende lo que hemos de ser y hacer. El hombre confunde la libertad con la permisividad, y cree que cuando se le permite el poder hacer lo que cree es su voluntad, entonces está ejerciendo su derecho a la libertad. Siempre, de una u otra forma estamos realizando acciones que van en obediencia a patrones que han sido formados en nosotros por estas figuras de autoridad. Sean estos: padres, maestros, líderes, políticos, artistas, etc. Sin darnos cuenta pasamos a ser dependientes de esos patrones implantados en nuestra voluntad. El deseo de tener, consumir u obtener todo lo que queramos de algo, no es libertad es atadura. Cuando algo se nos hace tan necesario que es imposible una actividad sin ese "algo" entonces pasamos a ser esclavos de ese "algo". "La libertad plena es el proceso de irnos liberando de lazos y ataduras" I El mundo mide "su libertad" en términos de lo que le conviene. El escoger la libertad verdadera significa "paradojalmente", no hacer más nuestra voluntad. -Somos libres de "vivir en nuestra libertad" y no "de hacer nuestra voluntad". Gálatas nos dice: "Porque a libertad fuisteis llamados, solo que no uséis la libertad como ocasión para la carne..." -Nadie puede servir a Dios y durar en ese servicio si primero no busca su libertad. ¿Que significa entones ser libre? "Significa la posibilidad de escoger lo que es bueno". - Una libertad que se vive todo el día. Las 24 horas del día. La mayor tristeza del hombre la vive al sentirse dividido interiormente y de no ser una sola persona todo el tiempo, se hace esclavo de sí mismo y de sus pasiones. Por ello debemos de entender que la libertad en el hombre es un proceso de crecimiento, y a fin de ser libres de la dictadura que ejercen sobre nosotros nuestras debilidades y pecados, necesitamos la autoridad en nuestra vida. Dios ve al hombre religioso deambular paso a paso a través de su vida como esclavo de tradiciones, rudimentos, sacramentos, leyes y liturgias religiosas. Acciones que con el paso del tiempo van haciéndose una necesidad obligada en la vida de una comunidad. II "La libertad en Cristo es vivir libre de la tiranía religiosa" Dios nos ofrece Su Autoridad, para hacernos libres de esa condición que impide el desarrollo integral y armónico del hombre a la real y maravillosa perspectiva de vida que Dios nos tiene. -Hemos de aprender a obedecer esa Autoridad para llegar a comprender en su real dimensión el significado de la libertad. -La Palabra es Autoridad, es fuente de ella y nos enseña la libertad. La libertad es tener convicciones, no es un regirse eternamente por reglas, es saber "escoger. "Y conoceréis la verdad y la verdad los hará libres" III La verdadera libertad comienza con nuestra rendición incondicional a Cristo. ¿Quieres ser libre? ¡­ Hazte esclavo de Cristo!. ¿Como somos entonces libres del pecado y del legalismo?, Hay dos pasos que tienen que sucederse en nuestra vida: 1.-Nos rendimos a la Autoridad de Cristo y 2. Dios viene y forma en nosotros nuestras propias leyes internas. La obediencia nos lleva a acatar leyes de la vida externa, pero la libertad será plena en nosotros cuando no necesitemos regirnos por esas leyes, sino somos libres porque en nosotros ha sido formada la sabiduría del escoger por medio de "convicciones internas" que reemplazan a las leyes externas. De ahí que la madurez va ligada a la libertad, ella nos muestra nuestros progresos y el nivel de libertad que hemos alcanzado. De donde la falta de madurez reflejará el bajo nivel de nuestra libertad. "...la libertad pasa por estar de acuerdo con Dios" El salmo 119: 32 dice: "...Por el camino de sus mandamientos correré y mi corazón será ensanchado". Por su parte Santiago a través de todo el libro nos insta a una vida de acción en la libertad que Cristo nos ofrece."...pero sed hacedores de la Palabra y no tan solamente oidores". En el capítulo 2:8, nos habla acerca de la ley, la de la "libertad"." Si en verdad cumplís la ley real...". Nos exhorta a ser libres comprendiendo el espíritu de esa ley, y no sujetarnos a sus reglamentos pues ser son ataduras imposibles de sobrellevar. -La obediencia ciega es negativa, la verdadera obediencia tiene conocimiento de Dios y convencimiento de ello. IV El Carácter y las Convicciones ¨ ¿Que es el carácter?, ¨ ¿Buen carácter o mal carácter? Quien tiene "carácter" no puede tener mal carácter. -Quien tiene mal carácter no tiene "carácter". En la antigua escritura cuneiforme y en la egipcia, cada signo o figura era destinado como un "carácter". Era una marca que tenía un significado definido. Hoy día tener carácter debería significar, tener cualidades que nos definan, que nos permitan mantener una posición u opinión sin variar nuestra forma de ser. ¿Qué es lo que nos ayuda a afirmar nuestra fe en Dios? La respuesta sería, el tener convicciones Debemos hacer compromiso con esas convicciones y ser fieles a ellas. El basar nuestra fe en "experiencias" o "creencias" de otros, nos lleva a una fe que es alquilada, no nuestra, pues no tenemos victorias propias en que afirmarnos. Tener convicción es estar convencidos interna y externamente de lo que creemos. Dios tiene una convicción grande respecto del hombre y es fiel a ella y mantiene su plan. Pero nosotros no estamos convencidos de las "convicciones" de Dios. Esto nos lleva a no actuar en aquello en lo cual no tenemos seguridad, producto de ello no somos seres equilibrados ni con principios firmes. Pedro dice en su segunda carta: "...vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud..." La "virtud" de Pedro es como la energía, la fuerza de salir adelante, la de buscar la excelencia. El hecho que nosotros mismos no conozcamos quienes somos, no nos deja tener convicciones. Para llegar a alcanzar la libertad de Juan 8:32, debemos conocer la "verdad". Entonces convicción pasa por tener un conocimiento profundo de la revelación de Dios. Para amarle debemos de palparle, no basta con decir "te amo", hemos de saber por qué le amamos y a quién amamos. El tener convicciones nos capacita para resistir mejor el dolor, las dificultades y tentaciones (Daniel, Job, etc.) -Convicción es creer y aceptar que Dios está trabajando, tanto en lo bueno y malo que está pasando en mi vida. Job se comprometió con su esperanza y no blasfemó. Convicción es compromiso de actuar en fe con esas convicciones. Es ser lo suficientemente honesto y sincero para dejar que Dios haga en nosotros "lo que debe hacer" y no postergar la decisión (Stgo.4:17) Pedro recalca esto y nos da un "quehacer" constante para nuestra vida diaria. Un "quehacer" que nos lleva en ascenso progresivo hacia la obtención de un carácter basado en firmes y nobles convicciones. I Corintios 15:30 nos exhorta: "...no erréis". Al hablar de buenas costumbres, Pablo se refiere al carácter. Al hablar de "malas conversaciones" se refiere también a las "malas compañías". Estas de tanto frecuentarlas, si no tenemos convicciones nos van a sacar del "camino". -Tener convicción es tener visión. Visión es libertad espiritual. "Si nos acercamos a El debemos creer que El está ahí cuando vamos" Hebreos 11:6 LuisVogtO.2016

  • QUE ENTENDEMOS POR LIBERTAD II

    LA IMPORTANCIA DE TOMAR DECISIONES Haciendo una retrospectiva del concepto básico de libertad podemos decir que la libertad es algo así como “la facultad del hombre de elegir, sin violencia ni presiones de ningún tipo, una o varias opciones en su vida siendo plenamente responsable de la conducta resultante”. De acuerdo a esa definición podemos deducir otras ideas asociadas con el concepto que de la LIBERTAD podemos adquirir, ello a fin de ir ampliando nuestro conocimiento al respecto. I LA LIBERTAD NO ES UN LUJO Es y ha sido esencial en el desarrollo cultural de la humanidad -La falta de ella inhibe la capacidad de realización en el hombre -El hombre que carece de libertad en su vida es semejante a una persona impedida. (Un miembro que no ejerce su función normal por medios externos se atrofia, es decir pierde paulatinamente su utilidad). Diariamente en nuestra vida ejercemos algún tipo de LIBERTAD, continuamente expresamos nuestro parecer respecto de todo tema. -La prensa habla de: Libertad de Expresión, -La iglesia y otros cultos hablan de libertad religiosa -Los políticos de Libertad de Opinión -El hombre común de libertad personal, etc. Desde pequeño el niño busca su independencia de los brazos que le atan, y hasta la muerte del hombre existir en este esa lucha por la libertad de valernos por nosotros mismos. Pero: ¨ Que es la libertad en realidad? ¨ ¿Vive hoy el hombre en esa libertad que tanto pregona? Si no es así: ¿Qué es lo que le ha llevado a perder esa libertad en diversas áreas de su vida? Muchos son incapaces y temen al cambio, permanecen toda la vida en la misma vereda donde nacieron. Son lo que son, porque se han estancado, y sienten un terror a cambiar lo conocido por experimentar algo nuevo. Están en cautiverio de sí mismas y de diseños inflexibles que han moldeado por años su entorno. VIKTOR FRANKL, médico y filósofo judío preso en el Campo de Concentración de Auschwitz en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, escribió: "Cada día, cada hora ofrecen la oportunidad para tomar una decisión, la cual determina el someternos o no a los poderes que nos privan de las libertades interiores" FRANKL nos habla de un tipo de libertad "interior" que a pesar de encontrarse físicamente imposibilitado de ejercerla no le podía ser quitada y hacía a su vida tener un significado y un propósito. Para el Comunismo, la libertad está supeditada a la victoria que pudiesen lograr las "masas obreras” al hacerse cargo de la producción convirtiendo al hombre en amo del producto en lugar de ser esclavo del sistema capitalista. Para el Capitalista en cambio esto es superficial y vacío. La libertad significa para este: libertad del dominio y abuso de una superestructura de poder estatista y corrupta, que manipula a cualquier costo al hombre dentro de un sistema. Afirma que a cada persona se le debe permitir contribuir en la medida que pueda, y recibir recompensa en proporción a lo que ofrece. Jean Paúl Sartre (1943) Sentó las bases del Existencialismo con su libro "El Ser y la Nada". Allí dice: "...la libertad total no está condicionada por ninguna necesidad cualquiera que esta sea" Este concepto de libertad, como una falta total de restricciones, es la característica predominante de la juventud rebelde de hoy. Viendo en la experiencia, la imposibilidad de que esto pueda ser una verdad práctica hoy día cabe preguntarnos: ¨ Hasta donde alcanza la libertad de un individuo? THIELICKE, por su parte dijo: "La libertad del hombre es una tarea que está establecida para nosotros. No es solo un don, sino también una carga; no solo una oportunidad sino también una tentación". II El Principio de Libertad En la Biblia, el principio de libertad expresada por Dios aparece plasmada en forma magistral en la historia que nos deja Jesús en la parábola del Hijo Pródigo. Vemos el papel del Padre amante, representando la naturaleza de un Dios que todo nos lo permite con el fin de llevarnos a nuestra transformación como individuos maduros y completos, capaces de valernos de las capacidades de las cuales Él nos dotó. El Hijo Pródigo se alejó del hogar con el fin de encontrarse a sí mismo. Mientras se encontraba en el hogar, estaba sujeto al dominio y a la influencia del Padre. Vivía opacado a su vez por la aparente perfección y entrega que representaba el hermano mayor y por la falta de comprensión de parte de este hacia su situación. Ante esto reconoció que solo le quedaba salir de allí. Ya lejos, sin experiencia ni capacidad de auto desarrollo llegó a una total bancarrota económica, social y física, y en el duro proceso de revisar su vida, la Biblia dice "...el volvió en sí". En otras palabras: Maduró. * La experiencia era humillante * Cuando se encontró al fin de sus recursos, solo, desamparado e impotente de hacer algo por sí mismo, por mejorar su situación, el regresó al hogar. La parábola en sí, enfatiza en el carácter y disposición que Dios muestra en una situación en la cual se ve involucrado el derecho a ejercer la libertad. De ello se puede desprender que en nuestra relación como hijos el Padre, nos ama, primeramente, nos comprende y nos perdona. Juntamente con ello permite situaciones en nuestra vida que logran la madurez de nuestro ser en forma progresiva. Jesús no justifica las acciones del hijo pródigo, sino nos revela el impulso, presente en cada uno de ejercer un principio de libertad personal en el interés de la autodeterminación. Pero: ¨ Es esto verdadera libertad? Jesús mismo se vio tentado apartarse del Padre y tomar el camino fácil de la autorrealización. (Lucas 4:14) ¨ ¿Usaría sus poderes personales para satisfacer sus necesidades físicas fundamentales? ¨ ¿Convencería a la gente de su pueblo haciendo uso de todo el arsenal milagroso de que disponía? Apartándose de cada una de estas posibilidades, Jesús escogió el camino difícil, el que requiere paciencia y autocontrol. Pero lo hizo en completa libertad, pero en sometimiento al Padre. Esta verdad es lo maravillosamente paradójico de la libertad. Al igual que el pródigo, Jesús nos muestra que la verdadera libertad se encuentra en nuestra relación con el Padre. La dirección sabia y correcta hacia la libertad es la del regreso a El hacia una reunión recreativa. La libertad comienza al iniciar un trabajo en armonía con el propósito que Dios tenía en mente cuando nos creó. Es a lo que se refiere Jesús cuando explica que: "...conoceríamos la verdad y esta verdad nos haría libres". Gálatas nos habla de la libertad que disfruta aquel que vive en el Fruto del Espíritu, dice de él, que no necesita ni leyes ni reglamentos ni normas. En lugar de ello somos libres para crecer en consonancia con nuestra relación con Dios. Pablo estableció un principio eterno para nuestra conducta cuando dijo: "Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que, si uno murió por todos, luego todos murieron" II Cor. 5:14 Sin un propósito valido para la vida un individuo puede estar trágicamente esclavizado aún más que si hubiera vivido bajo la tiranía más opresiva de la tierra. III.- La importancia de la Toma de Decisiones El hombre es libre al tener la libertad de escoger, pero al no conocer la verdad no cuenta con las herramientas que le permitan tomar la decisión correcta. La indecisión es fruto de esta falta de conocimiento y es fatal para el hombre que busca desarrollar su propia identidad. Esto puede convertirse en un "patrón" de su vida. * No saben cuáles son sus gustos * No saben en qué creen * No saben cuáles son sus metas en la vida * Tan pronto toman una decisión comienzan a cuestionarse si no han cometido un error. Si huimos de la toma de decisiones nos hundimos en la penumbra de la inseguridad. -Cuando las demandas de una decisión pesan sobre el hombre este sabe que solo el debe tomar la decisión. -Cuando el hombre es enfrentado con Cristo, siempre deber tomar una decisión. O bien se decide por la vida plena o "su vida". La necesidad de la DECISION es la libertad genuina. Hay solo dos factores fundamentales en nuestra vida que se encuentran fuera del radio de nuestras decisiones. 1.-Nuestra herencia: nada podemos hacer acerca de nuestras características físicas y capacidad mental, estas están presentes en nosotros desde el día que nacimos 2.-Tampoco podemos hacer nada acerca del tiempo y el lugar de nuestro nacimiento. Sin embargo, casi inmediatamente después de nuestro nacimiento comenzamos a influir en nuestro medio. * La familia y la sociedad deben hacernos un espacio donde vivir y ser * Se inicia una suerte de reacción del uno hacia el otro, algunas positivas y otras negativas. Como resultado de ello comenzamos a seleccionar deliberadamente. * Al final damos paso a opciones más permanentes * Si esas opciones son resistidas entonces luchamos por imponerlas. -Una Decisión es como un paso a lo desconocido, muchas veces a lo peligroso. -Muchas veces significa abandonar algo que nos agrada o satisface. -Significa dejar una vida sencilla y sin esfuerzo, a favor de una más difícil y con mayores riesgos y responsabilidad. Tomar decisiones requiere: valor, voluntad y fuerza y es el precio que debemos pagar a fin de ser libres del "determinismo". -Cada persona es "en parte", su propio proyecto y es responsable de sí mismo. -Debe decidir por su propia voluntad lo que quiere llegar a ser -Nadie puede seleccionar por ella, ni persuadirla a adoptar alguna forma particular de vida. IV El Escapismo El huir de la toma de decisiones es lo que se denomina "escapismo" y se revela en varias formas, las que adopta el hombre a fin de evitar enfrentar una decisión. Algunas de ellas son: 1.-Unirse a un grupo "perderse en el gentío". Allí no se necesitan decisiones personales. -La culpabilidad colectiva es frecuentemente ignorada -Un partido político nos dirá por quién votar -Una denominación nos dirá en que creer -Etc. 2.-Sentidos degradados por el abuso. Satisfaciendo nuestros deseos a los placeres. A nuestros sentidos físicos (gusto, glotonería, lujos) -El placer del sexo no es excusa para deshumanizar a una persona explotando su cuerpo. -El gozo estético del color y las formas no es licencia para drogarse a fin de estimular químicamente la percepción, so pretexto de la "expansión mental" o búsqueda de inspiración. Estas prácticas lejos de producir libertad arrastran al hombre a una total dependencia y reducen al mínimo su potencial desarrollo. 3.-La enfermedad. Muchas de ellas inducidas emocionalmente, otras mentalmente enfermas con síntomas físicos. -Somos disculpados si estamos enfermos -Es sabido que un alto índice de estudiantes se ausenta por enfermedad en periodo de exámenes. 4.-La complejidad del mundo lleva a algunas personas a una fanática simplificación al considerar al mundo desde un solo ángulo. -Los enemigos son: los comunistas, los católicos, capitalistas, herejes, negros, jóvenes, mujeres, hombres, etc. -Los héroes de sus fantasías son escogidos de la lista a la cual se dice pertenecer. 5.-Contrariamente el fanático, se encuentra el que se aleja del escenario. -Al eliminar a otros y crearse compañeros imaginarios, pueden reinar en forma omnipotente. -No, no es necesario hacer ajustes. Ellos son dueños y señores de su mundo. -A menos que sea pronto vuelto a la realidad será un caso perdido. 6.- Aún las necesidades fundamentales de la vida pueden convertirse en mecanismos de escape. -El vestirse. Nos escondemos tras la moda del día. Lo "in y lo out" del momento. -Las necesidades materiales (la casa, el auto, el celular, etc.) Pablo en Romanos 1:25 dice: "tienden a adorar lo creado en vez de su Creador" -Aún en la necesidad inherente del hombre de adorar escoge escapar de su realidad entregando su adoración a cosas. -También el abusar de nuestra prerrogativa de escoger nos puede llevar a la cárcel. O, por el contrario, renunciar a ella negando nuestra identidad es ser un títere, un número, un miembro más de la manada. Durante su juventud el hombre debe tomar tres decisiones importantísimas para su futura vida, el acertar o no acertar en esas decisiones cobrar mayor importancia día a día, por toda la vida. Estos son: 1.- Su perspectiva de la vida 2.- Su compañera o compañero 3.- Su trabajo o vocación Conclusión: Por lo comentado, hemos podido advertir la importancia que cobra en la vida del hombre el tomar una decisión. No podemos, por más que lo intentemos, obviar esta responsabilidad. Si decidimos asumir una postura o no respecto de alguna problemática presente es cosa nuestra, pero sea que lo hagamos o no, siempre llegaremos a ello, porque no hacer nada al respecto, también es una decisión. He aquí ¡algunos puntos que es conveniente tener en cuenta al asumir esta responsabilidad: 1.-Considera tu identidad (Rom. 12:2) 2.-Has frente a los hechos en forma lógica (di no a las emociones vagas) 3.-Considera las reacciones emotivas que ello te genera. ¿Por qué algo nos provoca aceptación o rechazo? 4.-Examina la tradición moral existente. No porque algo sea viejo no sirve, la experiencia a veces ayuda mucho. 5.-Toma una posición definida acerca de la problemática colectiva. Hazte de una opinión veraz acerca de la cuestión contingente. 6.-Procura un contacto diario con la demás gente, una buena decisión a veces depende del buen conocimiento que tenemos del medio que nos rodea y de cómo piensan acerca de ello otras personas. En la vida del cristiano el "ministerio personal" siempre debe estar volcado a satisfacer las necesidades de otros, así como también las nuestras. Todo ello de acuerdo a las demandas que Dios nos haga al respecto. Debemos ver a cada persona a la luz de "su real potencial", el que Dios le ha dado. Ello nos obliga a hacer lo que está a nuestro alcance para ayudarles a alcanzar ese potencial. Fin segunda parte…

  • QUE ENTENDEMOS POR LIBERTAD I

    I Introducción Lo cierto es que En nombre de la LIBERTAD se han hecho muchas cosas, se han iniciado guerras, se han invadido naciones, se han esclavizado pueblos. En su nombre también, se han dictado proclamas, se han escrito miles de libros y se ha convencido a miles de hombres para dar hasta su vida con el fin de defenderla a cualquier costo. Sin embargo, la LIBERTAD, para el común de los hombres sigue siendo una paradoja. Muchos se arrogan el derecho a definirla y verter términos absolutos acerca de ella como pretendiendo encasillarla o ponerle limites inexistentes, y aunque todo hombre guarda dentro de sí una idea o definición propia y personal acerca de ella y de acuerdo a esa definición encausa su vida, limitando el radio de acción a los demás; el sentir que dichos límites son traspasados activa de inmediato mecanismos de defensa preparados para el efecto. Estos mecanismos de defensa, dependen de la personalidad individual de cada uno, pero sea cual sea este mecanismo, lo cierto es que la violación de nuestro espacio libre individual jamás quedará sin una respuesta. Este hecho y esta verdad inmutable en la vida del hombre, ha sido la principal causante de los innumerables conflictos que han sacudido la historia. La paradoja de la libertad en la vida del hombre muchas veces nos lleva a comprobar que un mismo hecho o situación vivida por diferentes personas en un mismo lugar significan vivir distintos grados de libertad en sus vidas, con ello podemos afirmar que el concepto que hayamos internalizado de la libertad en nuestro aprendizaje diario define a ciencia cierta el grado de libertad que podamos disfrutar y sentir dentro de nosotros mismos. A la libertad en si entonces, no podríamos definirla en conceptos absolutos sino solo podemos tratar de clasificarla en tipos de libertades, ello con el fin de intentar medianamente tratar de abarcar su amplio significado. Lo cierto es que como dijimos, cada hombre acuna dentro de si un concepto primitivo de libertad que es el que finalmente prevalecerá como base en su percepción futura de su vida. I Definiendo lo que es LIBERTAD Podemos definir la LIBERTAD de muchas maneras, y de muchas formas, tantas como filósofos, pensadores, hombres de letras que se han dedicado a su estudio existen; tantas como realidades y épocas, pero todos al final coinciden en definiciones medianamente claras del concepto, o que al menos apuntan a algún tipo de libertad específica. Ya en su época Sartre, Hegel, Kant, Leibniz y muchos otros acunaron sus propias definiciones de este concepto tras años de profundo estudio. Si nos remontamos a muchos siglos antes, nos encontramos que el pueblo romano definía entre sus estudiosos las palabras “Libertas est potestas faciendi id quod iure licet": Libertad es la facultad de hacer lo que la ley permite, dándole un matiz jurídico a la definición, eso sin precisar absolutamente nada respecto del tipo de derechos, aunque si era claro ver a quienes beneficiaba dentro de la sociedad romana de entonces. Por su parte Justiniano, acuña un concepto similar al ya dictado por sus antecesores romanos, cuando afirma que la libertad “es la facultad de hacer cada uno lo que decida, salvo se lo impida la fuerzo o el derecho” Años después en Francia, donde la revolución francesa se constituyó en cuna de la libertad en Europa; Montesquieu en El Espíritu de las Leyes expresa así : "Sub lege libertas": La libertad esta debajo, está regulada por la ley , posteriormente en ese mismo país es consagrada la libertad como un derecho fundamental del hombre en la Declaración de los derechos del Hombre y se define como “la facultad de hacer todo aquello que no perjudique a otro” ampliando el beneficio del concepto a todo ámbito de vida y que hasta ese entonces estaba en cierta forma como derecho circunscrita solamente al ámbito legal. Durante la época de esclavitud era considerada un derecho de la raza dominante y hasta podía ser comprada por aquellos que la ansiaban, similar situación era vivida en la edad media en algunas regiones de Europa y norte de África, pero no vino a ser libertad real sino al promulgarse en estos países ya casi entrados el siglo XX la abolición total de la esclavitud. Hobbes en su Contrato Social defendía su tesis de que el ser humano era egoísta por naturaleza, por lo que a nivel de ciencia políticas afirmaba que había que fortalecer el poder controlador del estado para con los ciudadanos a fin de limitar su excesiva libertad con el fin de no dar oportunidades para el desarrollo o ejercicio del egoísmo individual, en cambio los seguidores de Russeau que afirmaban que el ser humano por naturaleza era bueno, abogaban por un mayor grado de autonomía y libertad en las decisiones del hombre. Engel por su parte precisó que la libertad no era un estado en el cual viviera el hombre en condiciones ideales ya que no era a priori una cualidad que estuviera sin equa non con el hombre, sino un logro de nuestra integración social, No iniciamos nuestro derrotero desde una posición de libertad, sino que procuramos llegar a ella. Para ser libres debemos liberarnos de nuestras propias limitaciones como la ignorancia y el determinismo las cuales jibarizan nuestro desarrollo mental y emocional. Algo así como que la libertad no es la carencia total de limitaciones ni condicionamientos sino el fruto de la conquista de esas mismas limitaciones llegando a ser plenamente autónomos en nuestras decisiones. Desde la antigüedad el debate sobre la libertad despertó las más enconadas discusiones en la Grecia de Platón, el hombre al ser dotado de la capacidad de elegir se transformó en un ser moral. A su vez el nacimiento de la república dotó a este del escenario ideal para el debate el cual se ha extendido por los siglos hasta nuestros días sin que nadie haya logrado imponer un solo concepto absoluto al respecto. II Libertad, Moral y Sociedad El concepto de “libre albedrío” que consigna la capacidad de elegir libremente y tomar decisiones por uno mismo sin presiones externas de ninguna índole, apunta a un tipo de libertad moral que emana del interior del alma humana, esta vive en el hombre porque existe la capacidad de escoger, de otra forma no podríamos hablar de un concepto moral dentro de la libertad si no contamos con esta para enmarcar la moral misma que mana del individuo. No podríamos calificar un hecho de moral o inmoral si no dotamos primero al hombre da la libertad de escoger sus decisiones. Porque en la medida que el individuo cuente con diversas opciones contrapuestas para decidir ante una misma situación estamos en condiciones de calificar dicha decisión o hecho en su grado de moralidad que corresponda. La libertad en este plano no podemos definirla como una “ausencia de restricciones” algo así como un anarquismo personal ante los que nos rodean, porque en la medida que esta ilimitación termina chocando con los límites individuales de quien está cerca nuestro se producirá inevitablemente el conflicto que amenazará esa libertad. La verdad es que el hombre no puede ser libre en el sentido absoluto que muchas veces se le da a la libertad, sino que para que esta tome realmente significado para toda lo sociedad que vive en un espacio común debe estar fijada por reglas, reglas que le fijen un molde de comportamiento y de limitación que garanticen la sana convivencia física y emocional de todos y cada uno de quienes viven en el entorno. Llámese a este entorno, casa, barrio, colegio, comunidad, ciudad, país o concierto de naciones. Lo cierto es que sea cual sea el ámbito en el cual se circunscriban los actores deberán existir reglas claras y definidas para reglamentar dicha convivencia. Es necesario precisar que mientras más amplio sea este entorno y mayor la cantidad de personas involucradas en el mismo, más compleja y difícil se hará el fijar dichas reglas y velar por su cumplimiento, de ahí que la historia nos ha enseñado que para llegar al grado de libertad y de convivencia actuales ha sido necesario ir perfeccionando dichos mecanismos de control debiendo obligadamente tener que contar con organismos que ejerzan dicho control y sean un efectivo elemento de disuasión en caso de potenciales conflictos. Pero volviendo al concepto básico de libertad podemos decir en pocas palabras que la libertad es algo así como “la facultad del hombre de elegir, sin violencia ni presiones de ningún tipo, una o varias opciones en su vida siendo plenamente responsable de la conducta resultante”. Fin primera parte...

  • ¿Qué es la “teoría de la estupidez” y por qué es importante?

    Teoría de la estupidez: Cuando se junta con el poder. Se hace evidente que todo fuerte ascenso del poder, ya sea de carácter político o religioso, infecta de estupidez a gran parte de la humanidad, razonaba Bonhoeffer. Casi como si se tratara de una ley psicológico-sociológica, donde el poder de uno necesita de la estupidez del otro. Un especialista de la Universidad de Oxford analizó este concepto político y social abordado por Dietrich Bonhoeffer, el famoso teólogo protestante opositor al nazismo que fue asesinado por el régimen de Adolf Hitler. Acá, sus conclusiones y argumentos sobre por qué opina que es más importante temerle a los “estúpidos” que a los “malvados”. Es una palabra habitual de escuchar. Cuando hay una conversación en la que uno de los interlocutores no comprende un aspecto que podría parecer obvio, es usual que se le califique como “estúpido” abiertamente o como un secreto a voces. Ya sea en un debate sobre la veracidad de hechos ampliamente corroborados por la comunidad científica o en una plática casual en la que —por ejemplo— alguien pregunta cuál era el apellido de Hitler. El término es común y a veces puede ser utilizado únicamente con el propósito de denigrar u ofender a otro individuo. También es una pieza clave a la que se hace referencia en comedias cinematográficas y rutinas humorísticas, pero, ¿qué hay más allá de las “estupidez” y por qué numerosos especialistas se han dedicado a estudiarla desde diversas áreas? El académico de la Universidad de Oxford y autor del libro Mini Philosophy: A Small Book of Big Ideas (2021), Jonny Thomson, analizó la “teoría de la estupidez” de Dietrich Bonhoeffer en un artículo que escribió para Big Think. En él, el profesor de filosofía describió los argumentos del alemán de por qué considera importante temerle más a los “estúpidos” que a los “malvados”, bajo una mirada política y social. La “teoría de la estupidez” de Dietrich Bonhoeffer Para Bonhoeffer, un teólogo protestante opositor al nazismo que fue asesinado por el régimen de Adolf Hitler en 1945, la estupidez es peor que la maldad (es decir, generar sufrimiento a otros conscientemente), debido a que la primera puede ser manipulada y utilizada para los fines de la segunda. Si bien, existen ciertos casos en donde la estupidez puede parecer divertida —por ejemplo, en una película hollywoodense que se transmite por televisión un fin de semana— , esta puede generar problemas en la vida cotidiana. Thomson explicó en su artículo sobre las ideas de Bonhoeffer que, a diferencia de las películas de superhéroes en donde los villanos suelen ser claramente identificables —por sus disfraces o actitudes estereotipadas—, en la vida real es más difícil de separar, ya que el “mal” tiende a operar de manera oculta. “Se puede protestar contra él; se puede denunciar y, si es necesario, impedir con el uso de la fuerza”, escribió Bonhoeffer. Pero el problema, es cuando aquello va de la mano con la estupidez, a través de factores que la hacen menos visible y, por lo tanto, más difíciles de reconocer. Aquello ocurre, según el autor, por dos motivos: porque tendemos a ser más tolerantes con la estupidez (debido a que muchas veces no la tomamos en serio) y porque las personas consideradas como “estúpidas” podrían omitir argumentos confeccionados desde un razonamiento lógico. “Ni las protestas ni el uso de la fuerza consiguen nada aquí; las razones caen en saco roto; los hechos que contradicen los prejuicios de uno simplemente no necesitan ser creídos —en esos momentos la persona estúpida incluso se vuelve crítica— y cuando los hechos son irrefutables, simplemente se dejan de lado como inconsecuentes, como incidentales. En todo esto, la persona estúpida, en contraste con la maliciosa, está completamente satisfecha de sí misma y, al irritarse fácilmente, se vuelve peligrosa al pasar al ataque”, detalló Bonhoeffer. El concepto de la “estupidez” de Bonhoeffer aplicado en la política Según la interpretación de Thomson, la estupidez como tal no es una amenaza seria para la sociedad, pero sí pasa a serlo cuando se encuentra con intenciones de “maldad” en el poder político. “Tras una observación más atenta, se hace evidente que todo fuerte auge del poder en la esfera pública, ya sea de naturaleza política o religiosa, infecta de estupidez a una gran parte de la humanidad”, escribió el alemán. Para él, esto ocurre porque la “estupidez” no inhabilita la posibilidad de obtener cargos públicos y porque, en palabras de Thomson, “la naturaleza del poder exige que las personas renuncien a ciertas facultades necesarias para el pensamiento inteligente”, tales como la reflexión, el pensamiento crítico y la independencia. Dicho de otra forma, “el argumento de Bonhoeffer es que cuanto más se integra alguien en el establishment, menos individuo se convierte”, en el sentido de que tiene menos control para operar bajo sus propios criterios, a pesar de que estos sean fundamentados. “Es como si ‘eslóganes, lemas y similares (...) se hubieran apoderado de él. Está hechizado, cegado, maltratado y abusado en su propio ser’”, citó el académico de Oxford, para luego añadir desde su perspectiva que cuando eso ocurre, “los pensadores inteligentes y críticos tienen ahora un guion que leer, en el que involucrarán sus sonrisas en lugar de sus cerebros”. Una de las conclusiones más destacadas de la “teoría de la estupidez” de Bonhoeffer es que esta tiene un enorme potencial para afectar a las personas que forman parte de un sistema, como se ve en las dictaduras y los grupos de personas que defienden ciegamente las violaciones a los Derechos Humanos. En palabras de Thomson: “Hace más daño un idiota poderoso que una banda de maquiavélicos intrigantes (...) sabemos cuándo hay maldad y podemos negarle poder”. “Pero la estupidez es mucho más difícil de eliminar, por eso es un arma peligrosa. Como a los malvados les cuesta hacerse con el poder, necesitan que los estúpidos hagan su trabajo. Como ovejas en un campo, una persona estúpida puede ser guiada, dirigida y manipulada para hacer cualquier cosa. El mal es un maestro de marionetas, y nada le gusta tanto como las marionetas descerebradas que se lo permiten, ya sea en el público en general o en los pasillos del poder”. Apuntaba Hegel que los grandes hombres son aquellos que en su tiempo tuvieron conciencia de lo que era necesario. Dietrich Bonhoeffer (Breslau, 1906), además de uno de los teólogos más importantes del siglo XX, fue un hombre que tuvo esa conciencia, que él llamó “teología de lo concreto”, y que llevó hasta las últimas consecuencias: morir por intentar salvar al resto. Rompió la distancia entre pensamiento y acción, y ello lo destinó a ser un profesor que en clase enseñaba que Cristo significaba libertad, a ser pastor para crear comunidad y, finalmente, a acabar ahorcado en el campo de concentración de Flossenbürg, acusado de estar detrás de la conspiración que intentó asesinar a Hitler.

  • ¿SON FIDEDIGNOS LOS DOCUMENTOS DEL NUEVO TESTAMENTO?

    Por F.F. Bruce ¿Importa que podamos creer o no en los documentos que constituyen el Nuevo Testamento? ¿Es de tanta importancia el que podamos aceptarlos como documentos históricos dignos de crédito? Personas hay que muy confiadamente contestan en forma negativa las dos preguntas formuladas. Alegan que los principios fundamentales del cristianismo están formulados en el Sermón del Monte y en otras porciones del Nuevo Testamento; que su validez no se ve afectada por la veracidad o falsedad del marco de la narración que están engarzados y, hasta podría suceder, —agregan—, que no estemos muy seguros del Maestro en cuyos labios se colocan tales palabras; que el relato de Jesús, tal cual nos ha llegado hasta el presente, puede ser mito o leyenda, pero que la enseñanza que se le adjudica, —sea Él el responsable de ella o no—, tiene un valor intrínseco propio, de modo que la persona que la acepta y la vive puede ser un cristiano verdadero, aunque crea que Cristo jamás existió. El argumento parece muy plausible y, en verdad, puede aplicarse a ciertas religiones. Se puede decir, por ejemplo, que la ética del confucianismo tiene un valor independiente de la narración de la vida del mismo Confucio. Lo mismo puede decirse de la filosofía de Platón que puede ser considerada tomando en consideración sus méritos innatos, totalmente separada de las tradiciones que nos han llegado sobre la vida de Platón y del problema de cuánto le debe a Sócrates. Pero si se quiere aplicar el argumento al Nuevo Testamento, es preciso ignorar la esencia real del cristianismo; porque el evangelio cristiano no es, fundamentalmente, un código de ética o un sistema metafísico. Es, en primer lugar y por encima de todo, Buenas Nuevas, tal como fueron proclamadas por los primeros predicadores. Es verdad que llamaron "el Camino Verdad y Vida" al cristianismo (Hechos 9:2; 19:9,23; 22:4; 24:14,22 y 5:20); pero el cristianismo es un Camino de Vida solamente cuando es aceptado como Buenas Nuevas, y tales Buenas Nuevas se hallan ligadas íntimamente con el orden histórico, porque nos informan cómo Dios penetró en los límites de la historia; cómo el Eterno se unió al tiempo; cómo el Reino de Dios invadió los dominios de la tierra, y todo ello en los grandes eventos de la Encamación, Crucifixión y Resurrección del Señor Jesucristo. Las primeras palabras que relatan el ministerio público del Señor y su predicación pública en Galilea, dicen: "El tiempo es cumplido, y el Reino de Dios está cerca. Arrepentíos y creed al Evangelio" (Marcos 1:15). Que el cristianismo tiene enclavadas las raíces en la historia lo muestra el hecho de que el credo más antiguo de la Iglesia atribuye la revelación suprema de Dios en un momento dado del tiempo cuando dice que "Jesucristo, su Hijo Unigénito, nuestro Señor. . . padeció bajo Poncio Pilato". Y tal perennidad histórica del cristianismo, que lo distingue de todos los sistemas religiosos y de todos los sistemas filosóficos que no guardan ninguna relación especial con ningún momento de tiempo particular, hace que la confianza que inspiren los documentos que pretendan narrar esa revelación, sea asunto de capital importancia. Se nos puede decir que, aunque se admite que la verdad de la fe cristiana se halla unida íntimamente con la historicidad del Nuevo Testamento, el problema de la historicidad de esos documentos carece de importancia para quienes niegan la verdad del cristianismo basados en otras consideraciones. Pero el cristiano puede contestar que la historicidad del Nuevo Testamento y la verdad del cristianismo no dejan de ser menos vitales en su importancia para la humanidad por el hecho de que sean ignoradas o negadas, y resulta que la veracidad de la documentación del Nuevo Testamento es, también, un asunto de suma importancia porque se basa sobre un terreno puramente histórico. Las palabras que siguen, provenientes del historiador Lecky, quien no creía en una religión revelada, se citan con frecuencia a los efectos que estamos considerando: “El carácter de Jesús no sólo ha sido el modelo más elevado de virtudes, sino también el incentivo más poderoso para practicarlas, y ha ejercido una influencia tan profunda que puede decirse con toda verdad que el simple relato de tres años cortos de vida activa, ha hecho más para regenerar y suavizar la humanidad, que todas las disquisiciones de los filósofos y las exhortaciones de los moralistas” (W. E. Lecky, History of European Moráis, ii, p. 88, 1869). Pero el carácter de Jesús puede conocerse solamente a través de la documentación del Nuevo Testamento; por consiguiente, la influencia de su carácter es equivalente, por tanto, a la influencia de los anales del Nuevo Testamento. ¿No resultaría paradójico,en consecuencia, que los anales que producen semejantes resultados, segúnlo testifica un historiador racionalista careciesen de verdad histórica? Naturalmente, esto no prueba de por sí la historicidad de tales documentos, porque la historia está llena de paradojas; pero sí aporta una razón adicional para que se investigue seriamente la veracidad de los relatos que tanta resonancia han tenido, y tienen, en la historia de la humanidad. Si nuestro interés es teológico o históricono tiene importancia por el momento; pero sí importa afirmar y tener seguridad de que los documentos del Nuevo Testamento son definitivamente documentos fidedignos y dignos de confiar. Del libro ¿SON FIDEDIGNOS LOS DOCUMENTOS DEL NUEVO TESTAMENTO? de F.F. Bruce

  • La Humildad del Conocimiento Reformado y el Servicio Religioso

    Una condición que todo cristiano debe tener en sus pensamientos, es que él debe pensar bíblicamente. Esto es un concepto muy frecuentemente afirmado dentro de la apologética presuposicional, Cornelius Van Til escribe: «Cuando, en el nivel de la existencia creada, el hombre piensa de acuerdo con los pensamientos de Dios, es decir, cuando el hombre piensa en sumisión consciente a la revelación voluntaria del Dios autosuficiente, tiene, con ello, la única base posible de certeza para su conocimiento».[1] Cornelius Van Til, Apologética Cristiana. Cuando uno no está tomando en consideración la humildad, fácilmente frases como la anterior pueden ocasionar que si pienso en armonía con lo expuesto por el autor, tengo alguna clase de superioridad por causa de conocer la fuente de la certeza del conocimiento, sin considerar lo que dicha certeza implica en la vida del cristiano. Teología Humilde = Conocimiento Humilde La finalidad de la teología reformada es, soli Deo gloria, pero también lo son los medios para alcanzar dicha finalidad y por supuesto el principio. Reconocemos la humildad de nuestra teología cuando vemos que la construcción de la misma es siempre para rendirle toda y total gloria a Dios. Dejaría de ser humilde si en el principio, los medios o el final, no es con la motivación de glorificar a Dios, sino quizá, al hombre o a cualquier otra criatura. Siempre que el Dios Trino sea el objeto de toda nuestra construcción teológica, habrá quedado el hombre relegado a su posición correspondiente, a saber, glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre.[2] Es esta humildad la que muchas veces pasamos por alto; Cornelius Van Til era un teólogo y filósofo reformado, él creía que la teología era para la gloria de Dios y del mismo modo nos enseñó una epistemología que exalta las perfecciones de Dios. Aunque nuestra teoría del conocimiento pueda sonar muy presuntuosa, es lo que menos tiene, nuestra teoría del conocimiento también carece de elementos que sean inspirados o proyectados en el hombre, lo cual equivale a decir, que es una epistemología humilde, muy humilde, porque el hombre afirma sus pensamientos sobre la base de los pensamientos de Dios y no sobre una base propia. Reconocemos que por nosotros mismos, nuestros pensamientos, nuestra epistemología, carece de coherencia y estaría muy limitada, por ello, Greg Bahnsen dice: «Van Til habla de nuestro “pensar los pensamientos de Dios después de Él”. Es decir, nosotros debemos pensar conforme a los patrones de la mente de Dios, realística y racionalmente. La coherencia perfecta caracteriza la mente de Dios así que para que nosotros razonemos debemos pensar con consistencia lógica».[3] Es bastante humilde reconocer que los pensamientos de los hombres son fútiles hasta que estos sean puestos en armonía con los pensamientos de Dios. Nuestra epistemología inicia reconociendo las diferencias entre Dios y los hombres y que como hombres, no podemos tener o ser base de conocimiento certero, nuestro conocimiento puede ser verdad, únicamente en sumisión a la Palabra revelada de Dios. La humildad de nuestro conocimiento, es porque no parte de nosotros mismos para «buscar» de alguna forma encontrarse con Dios, sino porque inicia renunciando a nuestro propio pensamiento pecaminoso para someterse a los pensamientos de Dios. Podemos decir que conocemos algo, solamente porque hemos sido humildes al reconocer que cómo hombres, poco o nada de conocimiento verdadero podríamos tener (Sal. 139:17-18). Conocimiento Humilde y el Servicio Religioso El puritano William Ames (1576-1633) decía que, «la teología es la doctrina o enseñanza de vivir para Dios».[4] De modo que según está definición, debemos aplicar la construcción de nuestra teología humilde y conocimiento humilde, a un servicio humilde también. En 1 de Crónicas 9:26-30, se relatan ciertas actividades que hacían los levitas en su servicio al templo. Como nuestro conocimiento funciona adecuadamente luego de pensar los pensamientos de Dios después de Él, entendemos entonces que la Palabra de Dios en el anterior pasaje enseña sobre cómo personas hacían sus oficios religiosos de servir en el templo. Entendiendo a la luz del Nuevo Testamento que la Iglesia de Cristo es una nación santa de reyes y sacerdotes (1 Pe. 2:9), entendemos también que en las iglesias locales hay servicios que hacer. Las labores pueden ser muy variadas, no obstante labores, y como tales deben ser hechas. Dios escribió sobre el servicio al templo por medio de los autores inspirados por los que otorgó su Palabra revelada. Nosotros también creemos que Él ha planificado el todo de la existencia con un orden extremadamente preciso, esto supone que hasta el más mínimo servicio hacia el Señor en nuestras congregaciones locales, Él también lo ha planeado. Esta es una verdad de nuestra teología y también lo es cuando alineamos nuestros pensamientos con los de Dios por medio de su Palabra revelada, el resultado directo es vivir nuestra teología en sumisión a los pensamientos revelados de Dios, lo cual hace que en nuestra condición de humildad veamos la necesidad de todo servicio en la iglesia local, desde lo más fundamental hasta lo más básico, todo forma parte del propósito eterno del Señor. Sirvamos con alegría a los hermanos, no importa si conocen más o menos que nosotros en algo, nuestra teología, nuestro conocimiento y nuestro servicio, deben ser humildes, porque son para la gloria de Dios. Por: Osward Daniel Rojas Notas: [1] Cornelius Van Til, Apologética Cristiana. (Buenos Aires: Tinta Puritana, 2019), pág. 58. [2] El Catecismo Menor de Westminster. Respuesta a pregunta 1. [3] Greg L. Bahnsen, ¡Prepárate para la Buena Batalla!: La Metodología Apologética de Greg L. Bahnsen. (Powder Springs, Georgia: American Vision, Inc., 2013), pág. 197. [4] William Ames, La Médula de la Teología, ed. John D. Eusden (1629; Boston, MA: Pilgrim Press, 1968), pág. 77.

  • ¿CUÁL ES LA RELACIÓN ENTRE EL CRISTIANO Y EL MUNDO?

    En el Nuevo Testamento algunas veces la palabra mundo significa lo mismo que en el Antiguo Testamento; o sea, esta tierra, el buen orden natural creado por Dios. Sin embargo, lo más usual es que se refiera a la humanidad como un todo, ahora caída en el pecado y el desorden moral, y convertida en radicalmente contraria a Dios y malvada. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: ¿No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Colosenses 2:20–22 Los cristianos Están En La Sociedad Para Servirla Y Transformarla Hay ocasiones en que ambos sentidos parecen fundirse, de manera que las afirmaciones acerca del mundo en algunas ocasiones llevan en sí el complejo matiz de una gente perversa que incurre en culpa y vergüenza por el mal uso que hace de las cosas creadas. Juan 17.18 “Como Tú Me enviaste al mundo, Yo también los he enviado al mundo. El cristiano y el Mundo. Los cristianos son enviados al mundo por su Señor (Juan 17:18) para que le testifiquen acerca del Cristo de Dios y de su reino (Mateo 24:14; cf. Romanos 10:18; Colosenses 1:6, 23) y para servirlo en sus necesidades. Sin embargo, esto lo han de realizar sin caer víctimas de su materialismo (Mateo 6:19–24, 32), su despreocupación con respecto a Dios y a la vida eterna (Lucas 12:13–21) y su orgullosa búsqueda del placer, las ganancias y las posiciones, con exclusión de todo lo demás (1 Juan 2:15–17). El mundo es actualmente el reino de Satanás (Juan 14:30; 2 Corintios 4:4; 1 Juan 5:19; cf. Lucas 4:5–7), y las actitudes y formas de pensar de las sociedades humanas reflejan más el orgullo que se ve en Satanás, que la humildad que se ve en Cristo. 1 Juan 2.15 No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Al igual que Cristo, los cristianos deben ser comprensivos ante las ansiedades y necesidades de los demás humanos, a fin de servirles y comunicarse con ellos de una manera eficaz. Sin embargo, lo deben hacer a partir de un despego de este mundo en sus motivaciones, puesto que todo lo que están haciendo es pasar por él momentáneamente, mientras viajan hacia su hogar con Dios, y con el único propósito de agradarlo a Él (Colosenses 1:9–12; 1 Pedro 2:11). No se aprueba el alejamiento monástico de este mundo (Juan 17:15), pero tampoco se aprueba la mundanalidad (es decir, toda internalización del bajo interés egoísta en sí mismos que tienen los habitantes de este mundo: Tito 2:12). Jesús exhorta a sus discípulos a ponerse a la altura del ingenio de los hombres mundanos, utilizando sus recursos para hacer avanzar sus metas, pero especifica que sus metas correctas no tienen que ver con la seguridad terrenal, sino con la gloria celestial (Lucas 16:9). Juan 17.15 “No Te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del (poder del) maligno (del mal). La tarea triple del cristiano. Por consiguiente, lo primero que les exige Dios a los cristianos en este mundo es que sean diferentes a quienes los rodean; que observen los principios morales absolutos de Dios, practiquen el amor, eviten una licencia vergonzosa y no pierdan su dignidad de portadores de la imagen de Dios con ninguna forma de autoindulgencia irresponsable (Romanos 12:2; Efesios 4:17–24; Colosenses 3:5–11). Lo que está pidiendo es un claro rompimiento con los sistemas de valores y estilos de vida del mundo, como base para practicar la semejanza a Cristo en unos términos positivos (Efesios 4:25–5:17 5:17). La tarea que tiene el cristiano ante sí es triple. El principal mandato recibido por la Iglesia es el de evangelizar (Mateo 28:19–20; Lucas 24:46–48), y todo cristiano debe buscar por todos los medios promover la conversión de los incrédulos. Aquí es significativa la huella que deja el cambio realizado en su propia vida (1 Pedro 2:12). También, el amor al prójimo debe llevar de continuo a los cristianos a la realización de obras de misericordia de todas clases. Además de esto, los cristianos son llamados a cumplir el “mandato cultural” dado por Dios a la humanidad en el momento de la Creación (Génesis 1:28–30; Salmo 8:6–8). Génesis 1.28–30 Dios los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.” También les dijo Dios: “Miren, Yo les he dado a ustedes toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto les servirá de alimento. Y a todo animal de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento.” Y así fue. El hombre fue hecho para administrar el mundo de Dios, y esta mayordomía forma parte de la vocación humana en Cristo. Exige trabajo duro, con la honra de Dios y el bien de los demás como meta. Ésta es la verdadera “ética de trabajo” protestante. Esencialmente, es una disciplina religiosa; el cumplimiento de un “llamado” divino. Conclusión. Sabedores de que Dios, en su providencial bondad e indulgencia, sigue conservando y enriqueciendo a su mundo descarriado aun ante el pecado humano (Hechos 14:16–17), los cristianos deben involucrarse en todas las formas de actividad humana legales, y al hacer esto en función del sistema de valores y la visión de la vida cristianos, se convertirán en sal (un conservante que hace que las cosas sepan mejor) y luz (una iluminación que muestra el camino por donde hay que ir) en la comunidad humana (Mateo 5:13–16). Cuando los cristianos cumplen de esta forma con su vocación, el cristianismo se convierte en una fuerza cultural transformadora.[1] [1] Tomado de: J. I. Packer, Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del cristianismo histórico (Miami, FL: Editorial Unilit, 1998), 237–239.

  • El derecho de nacer…

    El mundo reclama sus derechos. Todos exigen ser escuchados; exhiben sus planteamientos, su argumentación y las razones que les han llevado a levantar como banderas de lucha la defensa de sus derechos. Miles de organizaciones, minorías o grupos sociales existen organizadamente y plantean el poder disponer de una tribuna para defender y exponer sus planteamientos ya sea a través de foros televisivos, publicaciones, centros de estudios o simplemente en la calle. Todos reclaman, exigen y luchan, todos excepto los que aún no han nacido, permanecen ocultos inocentes en el vientre de sus madres, no saben nada de su futuro, no saben siquiera que algunos de ellos no tendrán derecho, aún al más básico de los derechos al que puede optar la persona humana, el derecho a vivir. Hoy día en el mundo, millones de personas están siendo violentadas; asesinadas impunemente y en la más absoluta indefensión, y no estamos hablando que mueren víctimas del narcotráfico o de las guerrillas que se suceden a diario en países sumidos en sus guerras intestinas; tampoco hablamos de muertes provocadas por grupos extremistas como el estado islámico o Al- Qaeda, ni por alguna pandemia o plaga que asola una región. No, estamos hablando de millones de personas que en todo el mundo están siendo asesinadas aún antes de nacer, allí en el vientre de sus madres–subrayamos, personas – porque es lo que son, y está sucediendo simplemente porque sus madres no los desean, a raíz de ser producto de un mero accidente, de un descuido. Son una mala noticia; fruto de un desliz o simplemente de la irresponsabilidad de quienes les concibieron. Esos millones de niños que no pidieron ser, están allí y como víctimas inocentes son silenciadas por la acción criminal, irresponsable y egoísta de médicos cómplices, que olvidando todos los códigos y juramentos que les obligan a preservar la vida, les ejecutan actuando respaldados por leyes impulsadas por gobiernos y legisladores que con sus eufemismos aprueban y promulgan, los mismos que ante la muerte de seres inocentes se lavan las manos, en nombre de la democracia. Si vemos el mundo antiguo ya en algunos lugares como Fenicia o Cartago, muchos niños eran sacrificados vivos, quemados para aplacar a las deidades paganas de turno; hoy en día estas muertes están elevadas a la enésima potencia, y este mismo ritual es practicado en todas partes del globo, pero la gran diferencia se produce esta vez, porque estas muertes son provocadas antes de que la criatura nazca, siendo cobardemente asesinadas cuando no puede reclamar, ni exigir y menos defenderse. Y todo esto en el marco de una sociedad, cuya cultura se autodenomina civilizada, culta, progresista y democrática Hoy cerca de 46 millones de mujeres en el mundo se someten a un aborto inducido; de las cuales, el 78% se ubican en los países en desarrollo y el 22% restante en los desarrollados, el 11% sufren un aborto residen en África, el 58% en Asia y el 9% en Latinoamérica y el Caribe. El continente europeo y otros países del primer mundo tienen el 22% faltante. Es paradójico que por un lado la sociedad se preocupa tanto por la precariedad de nacimientos de las ballenas y otros animales, y por el otro, condena al ser humano a no nacer, sino a ser asesinado en el seno materno antes de nacer. Ante tal horror incalificable e inconfesable, nos hacemos la pregunta ¿en qué podrían pretendidamente llegar a basarse los abortistas, legisladores, políticos, y hasta científicos para justificar tamaña abominación y pecado? La situación en Chile no es muy diferente, porque si bien no hay aún una ley que legitime el aborto libre como herramienta de control de los nacimientos no deseados, ya se ha aprobado en el congreso causales específicas que posibiliten la interrupción del embarazo, dicho en otras palabras, una manera de negarle al no nacido el derecho inalienable de la vida. Nadie tiene autoridad sobre la vida del otro, es más, la Constitución del Estado de Chile es explicita en este tema al consagrar en el artículo 19, número 1°, de la Carta magna donde dice: “La Constitución asegura a todas las personas: El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona. La ley protege la vida del que está por nacer…”, ante esto José Joaquín Ugarte, Profesor de Derecho Civil y Filosofía del Derecho de la Pontificia Universidad Católica sostiene, que para la adecuada comprensión del derecho a la vida consagrado en la Constitución es necesario entenderlo como un derecho natural y obra de Dios, que se tiene por el solo hecho de ser persona, y que consiste en el derecho de mantener la vida o conservarla frente a los demás hombres, o si se quiere, en el derecho a que nadie nos la quite, y a que no pueda suprimirla ni cercenarla ni siquiera su propio sujeto.* Los cristianos, tenemos la instrucción escrita de Dios, la cual llamamos la Biblia, y en ella encontramos clarísimamente que la vida humana empieza en el embrión: Dice el salmista: “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; Despierto, y aún estoy contigo.” (Salmo 139: 15-18). Entonces el embrión humano, ¡es humano! La realidad en todos los sentidos, es que el ser humano lo es a partir de su concepción, cuando al entrar en contacto el espermatozoide con en el óvulo se constituye en embrión. Ese embrión es un ser humano, y destruirlo per se, es una abominación y un crimen. El aborto (o interrupción voluntaria del embarazo como eufemísticamente le llaman) se transforma así en un asesinato en primer grado. * Revista Chilena de Derecho, vol. 33 Nº 3, pp. 509 - 527 [2006]

  • La gracia común y la gracia especial

    Para un gran numero de teólogos de tradición reformada, la doctrina mas importante de la reforma fue la de la gracia común. Fue esta doctrina la que trajo una revolución social y cultural a la Europa del siglo XVI-XVII. En este articulo quisiéramos dar una breve introducción a la doctrina de la gracia común y la gracia especial. Esperamos publicar algunos artículos sobre el tema en las semanas por venir. El Espíritu y la gracia común La gracia común es el favor general de Dios por medio del cual restringe el pecado y sus consecuencias, mantiene la vida y la cultura humanas, y otorga una serie de dones y bendiciones a todas las personas de manera indiscriminada. La gracia común es la gracia por la cual Dios se preocupa de la creación y la humanidad caída sosteniendo y guiando providencialmente a la creación a pesar de los efectos devastadores de la caída. Dejada a su suerte, el pecado habría destruido y diezmado la creación. Pero Dios no dejó a la creación ni a la humanidad solos, permitiendo que el pecado causara estragos. Por lo tanto, después de la caída, mediante la obra del Espíritu Santo Dios sostiene la creación interponiendo su gracia. A diferencia de la gracia especial, por la cual Dios renueva y redime a su pueblo, la gracia común refrena el pecado, mantiene la vida y la cultura humanas, y otorga dones a todas las personas indiscriminadamente. Este favor común no es salvífico. No puede renovar ni redimir; solamente puede restringir y forzar. Aun así, se trata de un aspecto de la providencia de Dios y se considera gracia, y con razón, ya que se refiere al sostenimiento inmerecido y misericordioso del orden creado por parte de Dios y la benevolencia general de Dios hacia la humanidad después de la caída. En las Sagradas Escrituras el sostenimiento misericordioso de la creación tras la caída está estrechamente relacionado con el pacto noético (Gn 9:8–17), en el que Dios no sólo promete no destruir el mundo nunca más mediante un diluvio, sino que también promete sostener y mantener el orden creado a pesar del pecado de los seres humanos. Si bien está relacionado con el pacto noético, el sostenimiento de la creación por Dios y la benevolencia general hacia toda la humanidad después de la caída es evidente en toda la Biblia. Dios está presente con sus criaturas, revelándose a la humanidad por las obras de sus manos de una manera general (no especial o salvífica) (Hch 17:24–28, Rom 1–2, Sal 19). A los malvados se les muestra gracia (Is 26:10). La creación funciona de acuerdo con su diseño (Sal 104). La lluvia cae sobre justos e injustos (Mt 5:45). Las habilidades, poderes y virtudes se consideran dones de Dios (Stg 1:17). La cultura, el arte y las instituciones sociales se mantienen y sirven al bien de la humanidad (Rom 13:4; Ap 21:24–6). En definitiva, las Escrituras muestran que todo lo bueno y hermoso tiene su origen en Dios. Él es quien sostiene y guía su creación. Sin embargo, la gracia común no es suficiente para traer salvación. Puede que restrinja los efectos del pecado y permita que haya cosas buenas y bellas dentro de la cultura y la sociedad, haciendo así posible el desarrollo cultural y cierta medida de florecimiento humano, pero no puede renovar el alma ni quitar la culpa del pecado y redimir a la humanidad caída. Por consiguiente, la gracia común es tan sólo un aspecto de la providencia de Dios; refrena pero no resuelve el problema del pecado. En la medida en que la gracia común mantiene la creación y la humanidad, es el fundamento de la gracia especial. De este modo, la gracia común también se puede considerar como la sufrida paciencia e Dios (la postergación de su juicio), para que pueda actuar a través de Cristo para redimir a su pueblo (2 Pe 3:9), y, en Cristo, toda la creación es verdaderamente restaurada. La doctrina de la gracia común es teológicamente significativa porque permite a los cristianos afirmar y deleitarse en la bondad, la belleza y el valor de la creación y la cultura, al mismo tiempo que reconocen la seriedad del pecado. Incluso después de la caída, hay un valor inherente en la creación de Dios. La gracia no se opone ni entra en conflicto con la naturaleza; se opone al pecado Así pues, la doctrina de la gracia común proporciona la base para una teología de la cultura que no repudia el mundo (ascetismo) ni lo abraza (mundanalidad). Los cristianos pueden apreciar y deleitarse cuando observan la verdad, la moralidad, los actos de bien cívico y la belleza (etc.) en la cultura y la sociedad como regalos de Dios. Pueden utilizar estos dones con frecuencia mientras trabajan junto a los no creyentes. Sin embargo, la realidad del pecado y sus consecuencias permanecen. La gracia común no redime. Ninguna de las buenas acciones de las criaturas caídas, ninguno de los elementos bellos que hay dentro de la cultura, pueden redimir o renovar el corazón; para eso hace falta la gracia especial de Dios. Esto significa que la doctrina de la gracia común también orienta nuestra adoración. En la doctrina, a los cristianos se les recuerda que deben dirigir sus ojos hacia el Dador en lugar de centrarse en sus dones. La doctrina de la gracia común no solo afirma la bondad de la creación sino, lo que es más importante, lleva al cristiano a adorar al Dios que sostiene su creación y la dirige después de la caída. Pasajes clave Gn 8:20–22; Gn 9:1–3; Is 26:10; Sal 104; Mt 5:45; Lc 6:35–36; Hch 14:16–17; Col 1:15–17; Stg 1:17; Ap 21:24–26 El Espíritu y la gracia especial La gracia especial es el favor inmerecido e irresistible de Dios mediante el cual él redime y renueva, salvando a los pecadores y restaurando la creación a través de la obra de Cristo y por el poder del Espíritu. La gracia es el favor inmerecido de Dios otorgado libremente a la humanidad caída. Toda bendición y don encuentra su origen en la gracia de Dios. Sin embargo, mientras que la gracia de Dios es una, se distingue entre gracia especial y común. Esta última se refiere al favor general de Dios, por el cual él restringe el pecado y sus consecuencias, mantiene la vida y cultura humanas, y otorga dones y bendiciones a todos de manera indiscriminada. La primera se refiere al favor especial de Dios, mediante el cual él redime y renueva, salvando a los pecadores y restaurando la creación por la obra de Cristo a través del poder del Espíritu. La gracia común restringe e impulsa, pero la gracia especial redime y renueva. La gracia común se da a todos; la gracia especial se limita a los elegidos. Es especial no sólo porque es salvífica, sino porque es específica y sólo se concede libremente al pueblo de Dios. Las Escrituras dan testimonio de la obra misericordiosa de Dios para redimir a su pueblo y restaurar a su creación caída de las consecuencias del pecado. Como tal, relaciona estrechamente la gracia especial de Dios con su consejo y elección eternos (Is 46:10, Ef 1:11, Lc 7:30, Hch 20:27), establece el pacto de la gracia como la forma que asume la gracia especial (Gn 17:7; Dt 4:31; Rom 11:1–2), identifica a Cristo como el mediador del pacto (2 Cor 1:20; Rom 3:24; Heb 9:20), da testimonio del poder del Espíritu al aplicar la obra de Cristo (Jn 3:3–5; Tito 3:5) y apunta a la renovación completa de todas las cosas en el éscaton (Rom 8:22–24; Ap 21–22). El origen de la gracia especial es Dios, y es únicamente a través de la revelación especial que su gracia especial se da a conocer. De él fluye una gracia especial hacia su pueblo, y en ella manifiesta su bondad y amor a los que ha elegido. La Biblia muestra que su manifestación no puede separarse de la obra de Cristo que, como mediador del pacto, adquiere la salvación en la cruz (Rom 5:20–21). La Escritura revela que la obra de redención de Cristo se aplica al creyente a través de la obra del Espíritu. Por lo tanto, la aplicación de la gracia especial al creyente está íntimamente relacionada con la misión del Espíritu Santo. La gracia especial es pura gracia. No surge de nada que pueda haber en el indigno destinatario. Es sólo por gracia que uno se salva, a través de la fe, que también es un don de la gracia (Ef 2:7–9). Dentro de las tradiciones agustiniana y reformada, la gracia especial se concibe como un don irresistible y eficaz de Dios que está enraizado en su consejo eterno y cambia el corazón de los creyentes para que se vuelvan voluntariamente a Dios (Jn 10:3; Rom 8:30). Así pues, la gracia especial no es una fuerza determinista, sino un don que renueva y restaura de tal manera a la persona que, una vez que la recibe, no puede resistirse a sus efectos. Por último, teniendo su origen en Dios, la gracia especial renueva a los creyentes desde dentro, los redime de la culpa y el castigo del pecado, los limpia de la contaminación del pecado (Fil 1:6) y les da dones espirituales (Gal 5:22–23). Por lo tanto, la gracia especial de Dios no sólo salva a los pecadores de la pena del pecado, sino que también renueva y restaura lo que fue corrompido por la caída. La gracia restaura la naturaleza. Mientras que en las tradiciones agustiniana y reformada, la gracia especial es irresistible, eficaz y se distingue de la gracia común, en la tradición wesleyana-arminiana, la gracia salvadora (justificadora) es resistible y se distingue de la gracia preveniente y santificante. La gracia preveniente de Dios se considera un don universal e inmerecido que precede y permite a la voluntad volverse hacia Dios. Es un don necesario debido a la incapacidad de la humanidad pecaminosa para volverse a Dios, pero no es efectiva y, por tanto, se la puede resistir. La gracia justificadora se produce cuando alguien responde libremente y se vuelve hacia Dios, aceptando la oferta de salvación. La gracia justificadora o perdonadora redime a los creyentes, salvándolos de la culpa y el castigo del pecado. La gracia santificadora, que sigue y fluye de la gracia justificadora, renueva y restaura a los creyentes desde dentro, otorgando dones espirituales y limpiando a los creyentes de la contaminación del pecado. La gracia especial es una doctrina de significado inconmensurable para los creyentes, porque por gracia Dios otorga el don inmerecido de la salvación (Gal 2:21). Además, la gracia especial también muestra que la salvación, aunque concreta, es integral. Dios actúa para redimir y restaurar todo lo que fue corrompido y contaminado en la caída, una obra que finalmente se completará en el éscaton (Ap 21–22). Pasajes clave Dt 4:31; Jn 1:16; Hch 15:11; Ro 3:24; Ro 5:15–21; Ro 11:6; Gl 2:21; Ef 1:11; Ef 2:8–9; Tit 2:11; Tit 3:4–7 El siguiente ha sido escrito por el Dr. Gayle Doornbos: Fuente: Gayle Doornbos, «El Espíritu y la gracia común», en Sumario Teológico Lexham, ed. Mark Ward et al. (Bellingham, WA: Lexham Press, 2018).

  • COMO ORAR

    Todo el que me ha oído en conferencias por un buen tiempo, se da cuenta rápido de que amo las Escrituras del Antiguo Testamento, porque las páginas de la narrativa del Antiguo Testamento las encuentro fascinantes, conmovedoras y emocionantes, porque incluyen a personas de la vida real con luchas de la vida real en medio de su búsqueda para desarrollar una relación personal con Dios. Creo que, una de las historias más conmovedoras que encontramos en el Antiguo Testamento es la historia de Ana, la madre de Samuel. Recordemos que en el segundo capítulo del primer libro de Samuel leemos el cántico de Ana que se compara mucho con el Magnificat de María del Nuevo Testamento y hay todo tipo de paralelismos entre esas dos mujeres. Pero el cántico de celebración y de gozo que Ana cantó, que cantó en el Antiguo Testamento, fue en respuesta a que Dios respondió a su oración. Lo que vamos a ver en las próximas sesiones es un enfoque cristiano de la oración y quiero hacer esto desde una perspectiva práctica porque estoy muy consciente de que muchas personas en el mundo cristiano luchan con todo este asunto de la oración. Las personas se sienten muy culpables porque creen que no han sido diligentes ni constantes con sus vidas de oración, e incluso una lectura superficial de las páginas de la Escritura revela que los santos de la antigüedad eran personas que se caracterizaban por una vida constante de oración. Entonces, lo que quiero tratar en el tiempo que resta, es la pregunta: ¿Cómo podemos aprender a orar como los santos bíblicos de la antigüedad? Y quiero empezar buscando, solo por un momento, este episodio que está registrado en 1 Samuel con respecto a Ana. Ana había estado casada y el deseo de su vida era tener hijos, pero se nos dice en el primer capítulo que «el Señor no le había dado hijos. Su rival, […] la provocaba amargamente para irritarla, porque el Señor no le había dado hijos. Esto sucedía año tras año; siempre que ella subía a la casa del Señor, Penina la provocaba, por lo que Ana lloraba y no comía. Entonces Elcana su marido le dijo: “Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?”. Pero Ana se levantó después de haber comido y bebido estando en Silo, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en la silla junto al poste de la puerta del templo del Señor, ella muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente». Ahora, veamos el escenario que tenemos, Ana es miserable y su condición no ha mejorado durante un período de años. Su vida había sido despreciada por su rival hasta el punto de la amargura. Y entonces, su esposo la ve y le preocupa que ella esté tan abatida y le dice: «¿Qué te está pasando? Está bien si no tenemos hijos. ¿Acaso no soy suficiente para ti? Esperaría ser tan valioso para ti como lo son diez hijos». Pero no fue suficiente para Ana. Ella quería ser madre, así es que, ella se acerca al tabernáculo donde Elí está ministrando a las personas y se nos dice que ella ora con un espíritu de angustia. Ahora, el Nuevo Testamento nos dice que la oración ferviente y efectiva de un hombre justo puede mucho, pero ese «hombre» allí es genérico. Es decir, podríamos traducir eso en el sentido de que la oración ferviente y efectiva de una persona justa puede mucho. No son solo las oraciones masculinas las que son eficaces. Pero noten que cuando se nos dice en el Nuevo Testamento que una de las claves para una oración efectiva es que las oraciones sean fervientes, que no sean esporádicas, que no solo sean casuales, sino que cuando las personas esperan tener respuestas a la oración tienen que entrar en el contexto de la oración es decir estar involucradas. Es decir, si Dios entrara en tu casa esta tarde y quisieras hablar con Él o suplicarle, implorarle alguna acción, o exaltarlo por Su grandeza o confesar tus pecados, ¿cuál sería el estado de tu alma en esa conversación? Estoy seguro de que no sería aburrida, ni casual. Cuando las personas en el pasado entraban en conversaciones con Dios, como Jacob, luchaban con Dios, se quedaban haciendo eso toda la noche, eran persistentes, eran celosos, porque las preocupaciones que traían ante Dios salían de la profundidad de su propia agonía, de la angustia de su situación y así clamaban desde lo más profundo de su corazón a Dios. Y eso es lo que pasa con Ana. «…muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente. Entonces hizo voto y dijo: “Oh Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de Tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de Tu sierva, sino que das un hijo a Tu sierva, yo lo dedicaré al Señor por todos los días de su vida y nunca pasará navaja sobre su cabeza”. Mientras ella continuaba en oración delante del Señor, Elí le estaba observando la boca. Pero Ana hablaba en su corazón, solo sus labios se movían y su voz no se oía. Elí, pues, pensó que estaba ebria. Entonces Elí le dijo: “¿Hasta cuándo estarás embriagada? Echa de ti tu vino”. Pero Ana respondió: “No, señor mío, soy una mujer angustiada en espíritu. No he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante del Señor. No tenga a su sierva por mujer indigna. Hasta ahora he estado orando a causa de mi gran congoja y aflicción”. “Ve en paz”, le respondió Elí, “y que el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho”». Y su oración fue contestada. Era una oración que ni siquiera fue pronunciada audiblemente. Fue una oración que ella hizo en silencio. Movió los labios mientras oraba, pero se dirigía al Dios que puede escuchar el grito interior de su alma desde el corazón. Justo anoche, hablé con una mujer que estaba casada con un ministro y ella dijo: «Sabes, mi esposo tiene el ministerio de la Palabra, pero mi ministerio es un ministerio de oración». Dijo que pasa sus días orando y a veces se encuentra hablando en voz alta aún cuando está en el supermercado yendo por el pasillo. Está levantando oraciones a Dios, orando por las personas de su congregación. Dice que a veces la gente la ve como si estuviera loca. Ella no está loca. Ella ha descubierto el secreto de la oración. Tengo que tomarme un momento para hacer un contraste entre la oración de Ana y su resultado. La primera vez que puedo recordar en mi vida haber orado intensamente, haber orado con angustia y preocupación del alma, pero como preámbulo les digo que las oraciones que hice en esa ocasión no eran las oraciones de un creyente. Esa oración que puedo recordar fue expresada y hecha por mí en una capilla, de rodillas, con gran fervor cuando ni siquiera era un creyente en Cristo. La ocasión fue el nacimiento del hijo primogénito de mi hermana. Estaba en la escuela secundaria y mi hermana fue al hospital para tener a su hijo y nos llamaron al hospital a altas horas de la noche porque luego que dio a luz a su hijo, empezó a sangrar y los médicos no podían detener la hemorragia. Entonces su vida estaba en gran peligro y cuando llegamos al hospital, no se me permitió ir a su habitación. Es decir, al ser una emergencia, a ninguno de los miembros de la familia se le permitió estar junto a ella en ese momento. Así que, recuerdo estar en el vestíbulo del hospital y era, como las dos de la mañana. No había otros visitantes alrededor. Estaba oscuro y en absoluto silencio. Yo sabía que ella estaba en el sexto piso y también conocía bastante este hospital como para saber que en el sótano estaba la morgue del hospital. Y fui a la capilla y oré para que mi hermana viviera y luego, después que terminé de orar, vine y me paré frente al ascensor y observé los números que pasaban por cada piso. Y en un momento vi que las puertas del ascensor se abrían en el piso del vestíbulo y vi un cuerpo al que habían cubierto con una sábana y luego, luego vi que las puertas se cerraron y el ascensor bajó a la morgue y mi corazón estaba aterrorizado. Y entonces observé y observé y vi los números del ascensor ir otra vez al sexto piso y vi los números bajar y pasar por el vestíbulo y luego dirigirse al sótano. Y otra vez, estaba aterrorizado de que estuvieran llevando el cuerpo de mi hermana, así que volví a la capilla y clamé. Estaba solo y estaba de rodillas y le rogaba a Dios. Le dije: «Por favor, Dios, no le quites la vida a mi hermana» y los médicos fueron capaces de detener la hemorragia y ella sobrevivió. No sé si alguna vez volví y me puse de rodillas para decir: «Gracias». Si existiera tal cosa como la religión en crisis o la oración en crisis, eso es lo que había experimentado. Realmente evidenció que sabía que había un Dios incluso antes de haber dedicado mi vida a Cristo o de haber sido cristiano y la oración no era parte de mi vida, pero cuando la vida y la muerte estuvieron frente a mí, yo recurrí a algo que debió haber sido natural y regular, y una práctica diaria, de mi parte, en mi vida. La siguiente oración que puedo recordar orando de rodillas fue tres años más tarde cuando oré junto a mi cama y le pedí a Dios que perdonara mis pecados y fue la noche en la que me convertí, pero puedo recordar desde el principio de mi vida cristiana amar los tiempos que tuve en comunión personal con Dios. Había una intimidad en ello y he tenido muchas experiencias en mi vida de pasar ocho horas de corrido en oración. No me malinterpreten. No hago eso todos los días, pero he tenido muchas experiencias así y no hay nada como eso, pero aprendí ese concepto de oración prolongada y oración intensa cuando era profesor universitario en el primer año de mi enseñanza. Enseñé en la misma universidad de la que me había graduado y era un pueblo pequeño. Era un colegio presbiteriano antiguo y había una parte de la ciudad que tenía viviendas para misioneros jubilados, y había un caballero que tenía más de 80 años, que era un médico misionero retirado y su nombre era el Dr. Jameson. Y el Dr. Jameson fue considerado por aquellos de nosotros de la generación más joven como un auténtico cristiano santo y genuino. Había practicado la medicina en un campo misionero, durante décadas, pero ahora había llegado a un tiempo en su vida donde sufría de ciertas enfermedades y estaba enfermo. Ya no podía ejercer la medicina. Nunca fue su plan o deseo jubilarse, pero ya no podía trabajar más, por lo que lo que hizo en esta etapa de su vida fue dedicarse a una nueva vocación. Su segunda carrera fue la de intercesor. Él dijo: «Todavía puedo trabajar ocho horas al día» y entonces lo que el Dr. Jameson hacía día tras día, ocho horas todos los días era estar de rodillas. Es lo que llamamos un guerrero de oración. Ahora, déjenme decirles algo. Cuando teníamos inquietudes, cuando vivía en esa ciudad y queríamos que la gente orara por nosotros, ¿quién creen que quería que orara por mí? Ya saben. Iba directo a la casa del Dr. Jameson y tocaba la puerta y le decía: «Dr. Jameson, ehh, ¿oraría por mí?», «sí, por supuesto». Y sabía que cuando él decía que oraría por mí, ciertamente, oraría por mí. Pienso en Santiago en el Nuevo Testamento, el autor de la epístola a Santiago, quien, según la historia de la iglesia primitiva, según las mejores fuentes que tenemos del pasado, era de hecho el hermano de nuestro Señor Jesucristo. Y era conocido en la iglesia primitiva, por dos nombres, dos apodos. Uno de sus nombres era Santiago el justo, porque desarrolló una reputación de una justicia personal de nivel extraordinario y este era un tipo que no se convirtió a su hermano hasta después de que su hermano resucitó de entre los muertos. Y pasó de escéptico a creyente con el título de «Santiago el Justo». Pero creo que su otro apodo fue aún más revelador. Y su otro apodo, según lo que se decía en el pasado, era «Rodillas de camello viejo». Rodillas de camello viejo. Hace poco pasé un tiempo con mis nietos en Virginia y estábamos sentados alrededor de una mesa, y mis nietos estaban jugando y me observaron y ellos, me llaman «Abu» y me dijeron: «Abu, ¿cómo es que tu cara parece de cuero?». Salió de la boca de los niños. La mayoría de gente no se acerca para decirme: «¿Por qué tu cara se parece al cuero?». Pero lo deben estar pensando, si eso es lo que se les ocurre a mis nietos. Y les dije: «Bueno, en realidad no lo sé. Tal vez sea porque ha hecho mucho trabajo. Recuerden, mi boca tiene 95 años, en términos de los kilómetros que lleva encima». «Así que supongo que me he curtido a lo largo de los años». Bueno, nunca se me ha acusado de tener rodillas de cuero, pero la frase «Rodillas de camello viejo» se le atribuyó a Santiago, el hermano de Jesús, porque tenía callos en las rodillas por pasar tanto tiempo en oración. Ahora, no todos son llamados al ministerio de la oración como el Dr. Jameson y no todos oran con la intensidad y persistencia de una Ana, pero cada uno de nosotros tiene la capacidad de crecer en nuestras vidas de oración y algo que me parece un poco triste, es que tendemos a ver la oración como un deber sagrado, tan solo como un deber, y la forma más rápida que conozco para que a la gente no le guste algo es exponerlo como una obligación, porque entonces se convierte en una carga y podemos culpar a las personas y demás. Pero en realidad, sí, la oración es un deber. No puedo negar que es un deber. Somos llamados y mandados por Cristo y los apóstoles a ser constantes en la oración. Tenemos ese mandato ante nosotros, pero ya sabemos que es nuestro deber, por lo que no voy a perder tiempo hablando de nuestra obligación de orar. Lo que quiero que veamos es la oportunidad que nos da. Qué dulce es para nuestras vidas estar comprometidos, tener la oportunidad de entrar en la presencia misma de Dios y hablarle a Él, hablarle desde el nivel más profundo de nuestras preocupaciones y de nuestros corazones. Y no debemos considerarnos fracasados, solo porque no hemos tenido tanto éxito en lograr una vida de oración constante. Creo que la razón básica por la que no lo hemos hecho, en muchos casos, no es porque no tengamos ningún deseo de tener comunión con Dios o de intimar con Dios. No es porque no tengamos suficiente tiempo. Ese no es nuestro problema. No es porque nos falta disciplina. Todo eso puede ser cierto, pero esas no son las razones principales por las que nos quedamos cortos de lo que podríamos lograr o disfrutar en la oración. Creo que la razón principal es que no sabemos cómo. No sabemos cómo orar. Y eso no me sorprende. Cuando leamos más adelante, cuando veamos el Padre nuestro, que lo único adicional que los discípulos de Jesús le pidieron a su maestro como crédito extra, como tareas adicionales, quiero decir, no hay muchos estudiantes que se acerquen a sus maestros y digan: «Gracias por todo lo enseñado hasta ahora, pero ¿qué tal si me enseñas un poco más?». La única vez que los vemos ir a Jesús y pedir un curso de posgrado es ¿cuál? «Señor, enséñanos cómo orar». Estoy convencido de que la razón por la que preguntaron eso, o dos razones por las que preguntaron eso, en primer lugar, porque no sabían cómo y en segundo lugar porque vieron lo que Jesús sí sabía cómo. Lo observaron. Lo vieron irse solo, sin hacer nunca una exhibición ostentosa de Su piedad. Se dieron cuenta de que Jesús no era nada parecido a los fariseos que exhibían su espiritualidad ante todos, orando en cada oportunidad como un despliegue de piedad, porque estaban tratando de obtener la aprobación de los hombres. Jesús no lo hizo de esa manera. Se iba solo, en silencio, en intimidad. Él derramaba Su alma al Padre. De hecho, antes de que Jesús seleccionara a Sus discípulos, recuerdan ¿qué nos dice la Biblia en el Evangelio de Lucas? Pasó toda la noche orando antes de elegirlos. ¿Cuándo fue la última vez que pasaste una noche entera antes de tomar una decisión importante en tu vida? Bueno, no hacemos eso, pero los discípulos dijeron: «Oye, hay una correlación aquí entre el poder espiritual de Jesús y la forma en la que Él está conectado al Padre en oración». Y entonces le dijeron: «Enséñanos, por favor, cómo orar». Y eso es lo que espero que podamos lograr si meditamos en las palabras y la petición de los apóstoles y esta pequeña reflexión, bendiciones R.C..SPROUL

  • ACERCA DE LA OBRA “LOS INSTITUTOS DE TEOLOGÍA ELÉNTICA DE FRANCIS TURRETIN”

    Aparentemente, los cristianos que llevan biblias y leen libros cristianos serios (como ética y teología) son anti-cool, y se clasifican en el nivel de las calcomanías superficiales, las modas pasajeras y el comportamiento infantil. Por el contrario, el "seguidor de Cristo" culturalmente relevante se define simplemente pragmáticamente. Esta separación contemporánea del cristianismo entre 'lo que creo' versus 'lo que hago' continúa sacando innecesariamente a la vida cristiana del desequilibrio para muchos. En su libro de 1993, “No Place for Truth” [Sin Lugar para la Verdad] David Wells lamentó la desaparición de la teología en la iglesia evangélica contemporánea: "Ser práctico ahora sustituye a ser teológico" (p. 112). Otros autores han advertido más recientemente que la cultura de la iglesia parece continuar hacia los populares modelos psicológicos / terapéuticos y posmodernos / de consumo en la predicación pública. Esta tendencia está empujando a la teología fuera del púlpito hacia la periferia de la vida de la iglesia (comúnmente limitada a listas de lectura sugeridas y estudios privados). A la luz de esta tendencia, vale la pena hacer una pregunta importante: ¿Es el estudio de la teología meramente intelectual, especulativo, teórico y fuera de contacto con el mundo real? Creo que la respuesta a esta pregunta no solo resalta la importancia general de la teología, sino que resalta específicamente la importancia de la obra: “Los Institutos de Teología Eléntica de Francis Turretin”. Naturaleza de la teología Francis Turretin (1623-1687) era hijo de un teólogo y saltó a la fama como teólogo en Ginebra. Se enfrentó a problemas similares a los de nuestros días; pero en lugar de los modelos terapéuticos / de consumo, Turretin se enfrentó a los Socinianos / Remonstrantes. Los remostrantes eran arminianos y definieron la salvación esencialmente como la libre elección de los hombres. Los socinianos estaban impulsados ​​racionalmente y creían en un "evangelio" unitario que enseñaba la obediencia general como un medio para estar bien con Dios. Ambos grupos infravaloraron la importancia de la doctrina. Según Turretin, ambos grupos tenían un propósito singular, "eliminar la necesidad del conocimiento de las doctrinas de la Trinidad, la encarnación, etc. y así allanar más fácilmente el camino a una religión común (es decir, al ateísmo) mediante el cual todo de manera promiscua puede salvarse"(1: 20-21). En otras palabras, el objetivo de minimizar la importancia de la teología en el siglo XVII fue, como en nuestro siglo, impulsado pragmáticamente. Teórico-práctico Turretin estaba preocupado por la relación entre lo teórico ("mirar") y la aplicación ("hacer") en teología. A la luz de este pragmatismo, volvemos a una antigua pregunta: ¿el estudio de la teología es teórico o práctico? Turretin responde: «Consideramos que la teología no es simplemente teórica [para ver] ni simplemente práctica [para hacer], sino en parte teórica, en parte práctica, como aquello que al mismo tiempo conecta la teoría de lo verdadero con la práctica del bien. Sin embargo, es más práctico que teórico.» (1:21). La teología es la articulación que conecta lo que es verdadero y lo que se practica. En teología lo teórico y lo práctico son inseparables. Entonces Turretin simplemente llamó al estudio de teología «teórico-práctico». Turretin define y distingue más claramente entre lo teórico y lo práctico. «Un sistema teórico es aquel que está ocupado solo en la contemplación y no tiene otro objeto que el conocimiento. Un sistema práctico es aquel que no consiste en el conocimiento de una sola cosa, sino que en su propia naturaleza y por sí mismo se pone en práctica y tiene operación para su objeto» (1:21). La teología es entonces teórica (a veces termina en una visión de los misterios divinos) pero también (y más comúnmente) de naturaleza práctica. Lo teórico es esencial para la adoración. «No se propone ningún misterio a nuestra contemplación como un objeto de fe que no nos impulse a la adoración a Dios o que no sea un requisito previo para su correcto desarrollo» (1:21). Dios usa el pozo profundo de la teología acerca de Sí mismo (revelado en Su Palabra) para incitar a la adoración. Por lo tanto, los aspectos teóricos de la teología son inmediatamente aplicables en la adoración. La teología "impulsa" la adoración y forma el "requisito previo" para adorar a Dios. Estos argumentos se originan en el Institutio Theologiae Elencticae de Turretin o más recientemente conocido bajo el nombre en inglés, Institutos de la Teología Eléntica (ver especialmente 1: 20-23). Los Institutos no son técnicamente una teología sistemática, aunque comúnmente se clasifican y son útiles como tales. Como obra eléntica, es de naturaleza polémica, escrita para exponer errores. Su formato sobresale al hacer preguntas, abrir las Escrituras y proporcionar refutaciones (por ejemplo: "¿Es la justicia y la obediencia de Cristo imputados a nosotros la causa meritoria y el fundamento de nuestra justificación con Dios? Afirmamos en contra de los romanistas y socinianos"). El objetivo de Turretin no es solo abrir debates y establecer la verdad bíblica sino también rastrear pensamientos opuestos hasta sus orígenes. Yo uso Turretin con frecuencia. En mi propia biblioteca, clasifico este trabajo como una teología sistemática. En el pasado, utilicé los Institutos para la investigación teológica sistemática y actualmente utilizo el trabajo para la preparación de sermones exegéticos. Cuando necesito una explicación precisa de una categoría teológica, me dirijo aquí primero (es por esta precisión que comúnmente se le conoce como el mejor calvinista erudito). Finalmente, uso los Institutos para comprender el desarrollo histórico de la teología. "El conocimiento de Turretin de la tradición cristiana es enciclopédico", escribe el editor James Dennison. "En el curso de la edición de la traducción de Giger, he extraído más de 3.200 citas de autores clásicos, patrísticos, medievales, judíos, socinianos, luteranos, arminianos, anabautistas y reformados" (3: 647). Los Institutos de Turretin son muy recomendados. Sirvió durante muchos años en la formación teológica de graduados del Seminario Princeton bajo Charles Hodge. Turretin era un favorito de Jonathan Edwards, especialmente en los puntos del calvinismo y la teología polémica. Paul Ramsay argumenta que Edwards era "demostrablemente dependiente de los escritos de ... Turretin" (Obras de Jonathan Edwards, Yale 8: 742). El teólogo contemporáneo Robert Duncan Culver considera a Turretin el "príncipe del calvinismo escolástico". Wayne Grudem simplemente considera que los Institutos son un "gran texto teológico". James Mongomery Boice escribió: "Si alguna vez se ha descuidado injustamente un gran trabajo teológico, han sido los volúmenes magistrales de Francis Turretin sobre toda la doctrina cristiana". John Frame escribe: "Estoy nuevamente impresionado con la verdadera grandeza del logro [de Turretin]... Uno puede encontrar una tensión pastoral y devocional muy profunda en Turretin... una enseñanza maravillosamente edificante". Paul Feinberg escribe: "Uno nunca se equivoca al leer a los gigantes. Francis Turretin es un gigante". Recientemente, Carl Trueman, profesor de teología histórica en el Seminario de Westminster, colocó a Turretin en una breve lista de trabajos sistemáticos favoritos. Los Institutos de Teología Eléntica de Turretin son legítimamente considerados una obra maestra reformada. Turretin es relevante, útil y proporcionará años de fructificación en una biblioteca personal. El Dr. C. Matthew McMahon ha escrito una conclusión apropiada: "Entre los teólogos reformados del mundo, tanto en el presente como en el pasado, el Insitutio de Francis Turretin se encuentra entre la mayor obra teológica protestante jamás escrita... Podemos comparar el trabajo de Turretin con las voluminosas producciones de Lutero, los escritos de Calvin y otros. Sin embargo, creo que la teología de Turretin, la compilación y la profundidad total los supera a todos. Algunos pueden estar en desacuerdo al conocer a Calvino y Lutero, y otros, donde surgieron los fundamentos sobre los cuales surgió la teología bíblica de Turretin, y esto puede ser cierto, sin embargo, su lógica, orden y perspicacia en las Escrituras brilla más entre los escolásticos que cualquiera que yo conozca". Tony Reinke. #FeReformada #DortPublicaciones #Estreno

  • No existe psicoterapia libre de religión

    La consejería secular o psicoterapia “profesional” que se enseña en las escuelas “laicas” no está libre de religión. Ningún ser humano ni ningún desarrollo humano pueden existir sin religión. Cabe aclarar que ni la psicoterapia ni la psicología son una religión en sí mismas pero pertenecen una religión y esta se llama: humanismo. Los psicoterapeutas son al humanismo lo que los pastores son al cristianismo. Un cristiano que acude a un psicoterapeuta es igual a un cristiano que recurre a otra religión en medio de sus problemas. ¿En qué consiste la religión del humanismo? Gerald McDermott, en su libro World Religions, presenta ciertas preguntas que toda religión responde: 1. ¿Cuál es la preocupación suprema de esa religión? (Esto significa la meta final que buscan los practicantes). 2. ¿Cuál es el punto de vista de lo que es la realidad en esta religión? 3. ¿Cuál es el problema básico del ser humano? 4. ¿Cómo se resuelve el problema básico del ser humano? El humanismo responde a estas y a otras preguntas similares de la siguiente manera: La visión de la realidad La visión de la realidad desde el humanismo secular es que no hay un ser divino trascendental que deba ser adorado, por lo que el hombre mismo termina convirtiéndose en el centro de su propia adoración y, al mismo tiempo, irónicamente, no es más que polvo cósmico, un animal superdesarrollado, sin significado ni propósito existencial. El mundo es solo material, no hay un mundo espiritual, por lo que todos los problemas y soluciones deben ser hallados en el mundo material. El propósito de la existencia humana Puesto que no hay un ser divino trascendental que determine el propósito de la existencia humana no hay ningún propósito definido, de modo que solo queda intentar disfrutar de esta vida tanto como sea posible. Así, en última instancia, esto se convierte en la meta de la religión humanista: la felicidad y realización personal. El problema básico humano Ya que en esta religión el hombre es el objeto principal de su propia adoración, y ya que su meta primordial es su propia felicidad y el mundo espiritual no existe, el problema básico del humano llega a ser todo aquello que sea externo al ser humano y que le impida alcanzar su felicidad personal, todo aquello que lo oprima, lo haga sentir mal o infeliz: Sus circunstancias, la sociedad, traumas del pasado, desbalances químicos, etc. El problema, sea como sea, nunca puede ser algo espiritual y nunca puede ser el hombre mismo sino algo externo a él en el mundo material. El hombre debe ser visto siempre una víctima de lo que le sucede, y como el centro y protagonista de su propia historia. La solución al problema básico humano Consecuentemente, la solución a los problemas humanos debe encontrarse en el mismo ser humano. En amarse, aceptarse, conocerse, perdonarse, consentirse, pensar más en sí mismo, creer en sí mismo, ¡vivir para sí mismo! Y, puesto que existe solo un mundo material, si el hombre no logra alcanzar estas cosas debe ser ayudado mediante el uso de medicamentos, dietas especiales, o la implementación de políticas que modifiquen su entorno social. El estándar último Finalmente, el humanismo secular enseña que la mente humana, su razón y sus sentimientos, son el estándar supremo de la verdad y el bien. Al mismo tiempo que enseña, inconsistentemente, que no hay estándares últimos. Así, el humanismo secular es a la vez irracionalista y racionalista, relativista y tiránico. No hay verdades absolutas, pero el humanismo secular es la verdad absoluta. ¡Esta es la religión de la consejería y psicoterapia seculares! Las escuelas “laicas” que enseñan psicología, por lo general pertenecen a la religión humanista, enseñan psicología humanista, psicología desde estos presupuestos religiosos. ¿Es lícito que un creyente recurra a esto? No lo sé… ¿será lícito que recurras a los líderes de una religión opuesta a lo que tú como cristiano amas y crees y abras tu corazón para recibir dirección de ellos? Juzgue cada quien. Alejandro González Viveros.

  • La definición de legalismo

    Por Nicholas T. Batzig Si quieres degradar a alguien en la iglesia, simplemente tienes que utilizar «una palabra que comienza con L» cuando hables con esa persona o sobre ella. El número de veces que un creyente ha llamado legalista a otro es incalculable. Los insultos suelen producirse cuando alguien de la iglesia cree que otro ha dicho o hecho algo que atenta contra la libertad cristiana. Al igual que su término hermano «fundamentalista…», la etiqueta de legalista se ha convertido en una especie de insulto religioso habitual en las iglesias orientadas a la gracia y centradas en el evangelio. Debemos ser extremadamente cuidadosos a la hora de utilizar esta palabra cuando hablemos con o sobre otros en una comunidad eclesiástica. Puede ser que un creyente simplemente tenga una conciencia más débil o más blanda que otro (Ro 14-15). Además, los que aman la ley de Dios y procuran caminar cuidadosamente de acuerdo con ella siempre serán susceptibles de ser llamados legalistas. Debemos cuidarnos de no lanzar descuidadamente la acusación de legalismo. Sin embargo, también debemos reconocer que el legalismo, en sus diversas formas, está muy vivo en las iglesias evangélicas y reformadas. También hay que evitarlo con la máxima determinación. Para evitar lanzar una falsa acusación contra un creyente, para evitar abrazar personalmente el legalismo y para ayudar a restaurar a un creyente que ha caído en el legalismo, debemos saber identificar este mal perenne tanto en sus formas doctrinales como prácticas. LEGALISMO DOCTRINAL El legalismo es, por definición, un intento de añadir algo a la obra terminada de Cristo. Es confiar en cualquier otra cosa que no sea Cristo y Su obra terminada para la posición de uno ante Dios. La refutación del legalismo en el Nuevo Testamento es principalmente una respuesta a las perversiones de la doctrina de la justificación por la fe sola. La mayoría de los oponentes del Salvador eran los que creían que eran justos por sí mismos, basándose en su celo y compromiso con la ley de Dios. Los fariseos, los saduceos y los escribas ejemplificaban, con sus palabras y sus actos, el legalismo doctrinal en los días de Cristo y los apóstoles. Aunque hacían ocasionales apelaciones a la gracia, con su auto justicia truncaron y tergiversaron el significado bíblico de la gracia. El apóstol Pablo resumió la naturaleza del legalismo judío cuando escribió: «Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree»[1] Comprender la relación entre la ley y el evangelio en nuestra justificación es primordial para aprender a evitar el legalismo doctrinal. Las Escrituras enseñan que somos justificados por las obras del Salvador, no por las nuestras. El último Adán vino a hacer todo lo que el primer Adán no pudo hacer[2]. Nació «bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley»[3]. Vino a ser nuestro representante para cumplir las exigencias legales del pacto de Dios, es decir, para rendir a Dios una obediencia perfecta, personal y continua en nombre de Su pueblo. Jesús hizo merecedores de justicia perfecta a todos aquellos que el Padre le había dado. Nosotros, mediante la unión de fe con Él, recibimos un estatus de justicia en virtud de la justicia de Cristo que se nos imputa. En Cristo, Dios proporciona lo que Él exige. Las buenas obras por las que Dios ha redimido a los creyentes, para que andemos en ellas, no intervienen en absoluto en nuestra justificación. Son simplemente la evidencia necesaria de que Dios nos ha perdonado y aceptado en Cristo. Sin embargo, el legalismo doctrinal también puede introducirse en nuestra mente por la puerta trasera de la santificación. El apóstol Pablo lo dio a entender en Gálatas [4].Los miembros de la iglesia de Galacia se habían dejado engañar creyendo que su posición ante Dios dependía en última instancia de lo que consiguieran en la carne en su andar cristiano. Es posible que comencemos la vida cristiana creyendo únicamente en Cristo y en Su obra salvadora y que luego caigamos en la trampa de imaginar tontamente que depende de nosotros terminar lo que Él ha comenzado. En la santificación, al igual que en la justificación, son ciertas las palabras de Jesús: «separados de Mí nada pueden hacer»[5]. El legalismo doctrinal en la santificación a veces es alimentado por predicadores apasionados que hacen hincapié en las enseñanzas de Jesús sobre las exigencias del discipulado cristiano, al tiempo que las separan de la enseñanza apostólica sobre la naturaleza de la obra salvadora de Cristo para los pecadores, o minimizan tal enseñanza. El renombrado teólogo reformado Geerhardus Vos explicó la naturaleza de esta forma sutil de legalismo cuando escribió: "Todavía prevalece una forma sutil de legalismo que quiere robar al Salvador Su corona de gloria, ganada por la cruz, y hacer de Él un segundo Moisés, ofreciéndonos las piedras de la ley en lugar del pan de vida del evangelio… [el legalismo] no tiene poder para salvar". En Colosenses el apóstol Pablo aborda otra forma de legalismo doctrinal que se cuela por la puerta trasera de la santificación. Él escribe: "Si ustedes han muerto con Cristo a los principios elementales del mundo, ¿por qué, como si aún vivieran en el mundo, se someten a preceptos tales como: «no manipules, no gustes, no toques», (todos los cuales se refieren a cosas destinadas a perecer con el uso), según los preceptos y enseñanzas de los hombres? Tales cosas tienen a la verdad, la apariencia de sabiduría en una religión humana, en la humillación de sí mismo y en el trato severo del cuerpo, pero carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne" [6]. Los que han abrazado esta forma de legalismo doctrinal prohíben lo que Dios no ha prohibido y ordenan lo que Él no ha mandado. Se obligan a sí mismos y a los demás a una norma de santidad externa a la que Dios no nos ha obligado en Su Palabra. Esta es una de las formas más prevalentes y perniciosas de legalismo en la iglesia actual. A menudo se presenta en forma de prohibiciones de comer ciertos alimentos y beber alcohol. A veces se cuela a través de convicciones personales sobre la crianza y la educación. LEGALISMO PRÁCTICO Hay otro tipo de legalismo ante el que debemos estar en guardia: el legalismo práctico, que puede tomar imperceptiblemente el control de nuestros corazones. Por naturaleza, nuestras conciencias están conectadas al pacto de obras. Aunque los creyentes se han convertido en nuevas criaturas en Cristo, todavía llevan consigo un viejo hombre, una vieja naturaleza pecaminosa adámica. El modo por defecto de la vieja naturaleza es volver a deslizarse mentalmente bajo el pacto de obras. Siempre corremos el peligro de convertirnos en legalistas prácticos al alimentar o pasar por alto un espíritu legalista. Es totalmente posible que un hombre o una mujer tenga la cabeza llena de doctrina ortodoxa y al mismo tiempo el corazón lleno de autosuficiencia y orgullo. Podemos estar comprometidos intelectualmente con las doctrinas de la gracia y hablar con nuestros labios de la libertad que Cristo ha comprado para los creyentes, y al mismo tiempo negarlas con nuestras palabras y acciones. El espíritu legalista es fomentado por el orgullo espiritual. Cuando un creyente experimenta un crecimiento en el conocimiento o algún poder espiritual, corre el peligro de empezar a confiar en sus logros espirituales. Cuando esto ocurre, los legalistas prácticos empiezan a mirar a los demás por encima del hombro y a juzgar pecaminosamente a quienes no han experimentado lo mismo que ellos. En su sermón «Llevar el arca a Sión por segunda vez», Jonathan Edwards explicó que había observado la realidad del orgullo espiritual y el legalismo práctico entre quienes habían experimentado el avivamiento durante el Gran Despertar: "Mientras viven, en los hombres hay una disposición excesiva para hacer una justicia de lo que hay en ellos mismos, y también una disposición excesiva para hacer una justicia de sus experiencias espirituales, así como de otras cosas… un converso es propenso a ser exaltado con pensamientos elevados de su propia eminencia en la gracia". Quizá lo más perjudicial sea la forma en que el espíritu legalista puede manifestarse en el púlpito. Un ministro puede predicar la gracia de Dios en el evangelio sin experimentar esa gracia en su propia vida. Esto, a su vez, tiende a alimentar un espíritu legalista entre ciertos miembros de una iglesia. LA CURA PARA EL LEGALISMO La gracia de Dios en el evangelio es la única cura para el legalismo doctrinal y práctico. Cuando reconozcamos el legalismo doctrinal o práctico en nuestras vidas, debemos huir hacia el Cristo crucificado. Al hacerlo, empezaremos a crecer de nuevo en nuestro amor por Aquel que murió para sanarnos de nuestra propensión a confiar en nuestras propias obras o logros. A diario, necesitamos que se nos recuerde la gracia que ha cubierto todos nuestros pecados, que nos ha proporcionado la justicia desde fuera de nosotros mismos y que nos ha liberado del poder del pecado. Solo entonces perseguiremos con gozo la santidad. Solo entonces amaremos la ley de Dios sin intentar cumplirla para nuestra justificación ante Él. El grito de un corazón liberado del legalismo es este: Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano.[7] [1] Ro 10:3-4 [2] Ro 5:12-21; 1 Co 15:47-49 [3] Gál 4:4-5 [4] Gálatas 3:1-4 [5] Jn 15:5 [6] Colosenses 2:20-23 [7] Gálatas 2:20-21

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